Interpretar los silencios

Publicado: 1 de octubre de 2014 en Artículos
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silencios

‘Hay personas silenciosas

que son mucho más interesantes

que los mejores oradores.’

(Benjamin Disraeli)

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Los silencios son necesarios. No son eternos pero sí pueden ser maravillosos. También pueden resultar tristes. Un silencio a tiempo puede significar una victoria, pero también una huida. Los silencios hay que entenderlos, interpretarlos, analizarlos y saborearlos. Un silencio puede adueñarse de la escena para significar lo más bello. Un silencio hay que valorarlo. Su belleza es limitada y hay que saber descubrirla. Se dice que hay silencios en la noche, pero también los hay en el día. En una esquina abandonada, en un paseo nocturno, en un camino solitario. Existen los silencios motivados, caracterizados por una circunstancia que nos absorbe la reacción.

El silencio puede ser eso simplemente, una opción ante una esperada respuesta. Y, a veces, resulta gratificante estar callado. En silencio. No es necesario decir siempre algo, sea lo que sea, aunque parezca descortés o desconsiderado. No siempre se espera una respuesta, y el silencio puede ser una respuesta en sí mismo. Y una respuesta contundente. El silencio nos apacigua, nos hace reflexionar. Nos presta un escenario de análisis interesante, donde la mente despejada aumenta su poder, para crecer, para evolucionar. Para comunicar no siempre hace falta un sonido, ni una palabra. El mismo silencio puede hacerlo. Discreto, distante, cercano o íntimo. En un silencio podemos comprenderlo todo. O nada. Nos puede acercar o alejar. Nos puede hacer amar u odiar. Puede crear indiferencia o acercamiento. Puede ser un vínculo, una complicidad, un arrebato de amistad, pero también nos puede oscurecer, entristecer y amargar.

Y, en muchas ocasiones, nos vemos en la tesitura de tener que interpretar un silencio determinado. Generalmente inesperado. Porque, la mayoría de las veces, esperamos respuestas, queremos palabras que rellenen esos huecos imprecisos, esas dudas eternas y esas preguntas que parecen no tener nunca respuestas. Queremos buscar explicación a todo, y creemos que existe explicación a todo. No queremos quedarnos vacíos, sin argumentos, queremos que nos den una buena causa para entender, aunque no entendamos. Interpretar un silencio es una cuestión de práctica, pero a veces cuesta. Cuesta aceptar el silencio como respuesta, cuando es la mejor respuesta. Cuesta interpretar lo que es tan evidente, puesto que ésa no es, precisamente, la respuesta que estábamos esperando.

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‘Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio’
(Proverbio hindú)
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El tiempo, nuestro tiempo, es demasiado valioso como para no concentrarlo en lo que realmente nos importa. Un silencio puede ser tan importante y tan decisivo como todas las palabras que jamás escuchamos. Debemos hacer caso de esos silencios, degustarlos, darles la importancia que tienen y extraer de ellos las mejores lecciones de vida. Con un silencio conoceremos más de lo que imaginamos. En muchos silencios encontraremos muchas respuestas. En los silencios hay claves, sólo hay que identificarlas y entenderlas. Utilizar los silencios también nos ayudará. Puesto que, gracias a ellos, podremos expresar todo aquello que no podemos expresar, pero de otra manera. Comunicándonos con el silencio daremos por sentados muchos más significados escondidos de los que podemos descubrir con palabras superfluas y explicaciones sin sentido. 

Interpretar los silencios no es tarea fácil. Requiere de astucia, experiencia e iniciativa. Pero, sobre todo, necesitamos de esa dosis exacta de deseo. Porque si nos bloqueamos y no nos abrimos a esa interpretación difícilmente extraeremos algo positivo. Es importante encararlos como se debe. No esquivarlos. Enfrentarse a ellos nos hará entender, nos hará evolucionar. No todos los silencios son provocados, pero eso también lo comprobaremos cuando los analicemos. Porque no todas las personas utilizan los silencios de la mejor manera posible. Algunos surgen espontáneos, otros son parte de la incapacidad de expresión. Muchos silencios guardan grandes verdades, pero también, otros muchos,  grandes mentiras. Hay algunos silencios valientes y otros cobardes.

‘Este silencio, blanco, ilimitado, este silencio del mar tranquilo, inmóvil’

(Eliseo Diego)

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La foto de la semana (118)

Publicado: 30 de septiembre de 2014 en Fotos de la semana
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‘Lo más incomprensible del mundo es que sea comprensible’
(Albert Einstein)
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Nuevo grupo del cual se tiene pocas referencias pero que acaba de sacar un disco que sorprenderá a más de uno. Su página web es una alternativa para conocer algo más de ellos. Frescura, melancolía, canciones que denotan placer en todos sus detalles. Un golpe de aire fresco y natural, que desprende belleza por los cuatro costados. Un deleite musical para devorar. En 2013 apareció su álbum de debut homónimo. 

http://torrestorrestorres.com/MUSIC

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‘JEALOUSY AND I’

TORRES

Álbum: Torres (2013) 

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What am I supposed to say babe?
I’ll be up all night to tell the truth
Would you really have a stranger in your bed?
Rather than let someone like me take care of you?
It’s no one’s problem but my own
I think I’ve always cared too much
I’m suffocating you, I know
It’s just the only way I know to love
Know to love

Jealousy it’s me sometimes
But I don’t mind, no I don’t mind
Jealousy it’s me sometimes
But I don’t mind, no I don’t mind
‘Cause jealousy and I
We’re two of a kind and she’s all mine
She’s all mine

You don’t owe me anything
But you’ve got to spell it out for me
‘Cause if you’re saying things that you don’t mean
Then you don’t really want me at your feet
At your feet

Jealousy it’s me sometimes
But I don’t mind, no I don’t mind
Jealousy it’s me sometimes, 
But I don’t mind, no I don’t mind
‘Cause jealousy and I
We’re two of a kind and she’s all mine
She’s all mine
She’s all mine
She’s all mine

I’ll never let her go
I’ll never let her go
I’ll never let her go
I’ll never let her go

Jealousy it’s me sometimes
But I don’t mind, no I don’t mind
Jealousy it’s me sometimes 
But I don’t mind, no I don’t mind
‘Cause jealousy and I
We’re two of a kind and she’s all mine
She’s all mine
She’s all mine
She’s all mine

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Hoy es un día especial

Publicado: 9 de agosto de 2014 en Narrativa / Poesía
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Hoy es un día especial
día triste por el recuerdo de la pérdida
pero alegre por lo que representa evocar tu eterno recuerdo…

*

Hoy hace veinte años que te perdí
pero todavía sigues conmigo…
Hoy hace veinte años que te fuiste
pero sigo notando tu afecto
tu sonrisa desinteresada
tu cariño espontáneo…

*

Hoy me llegan imágenes del pasado
de mi infancia
junto a ti
tantas horas junto a ti…
que ya no acierto a saber si las aproveché como debía
pero sé que las disfruté
a mi manera
como supe
como pude…

*

Hoy sigo intentando buscar en mi mente
esos recuerdos vagos
casi minúsculos
que me den más señales de ti
de tus ojos
de tu mirada
de tu sonrisa
de tu compañía…

*

Y aunque pasen veinte años más seguirás estando presente
en mis días
en mis noches
en mi vida…

***

PD: Dedicado a todos aquellos que siguen disfrutando de sus madres…para que sigan valorando su compañía.


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‘¿Servicio de habitaciones?

Mándenme una habitación más grande.’

(Groucho Marx)

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Habría que comenzar explicando el significado de la palabra hostelería, dado que en muchos países de habla hispana no se tiene ni conocimiento de su existencia, al menos del término. Por hostelería (hospitality, en versión anglosajona) se conoce al nombre que reúne a todas las actividades económicas relacionadas con la prestación de servicios tanto a nivel de alojamiento como de alimentación y bebidas, casi todos ellos ligados a la rama industrial del turismo. Hay muchas actividades comerciales ligadas a ese nombre, dado que a todos nos resultan familiares ejemplos como hoteles, hostales, albergues, casas rurales, bodegas, bares, restaurantes, chiringuitos, etc… La lista es larga, y dependiendo del país donde nos encontremos las definiciones varían, disminuyen o aumentan.

Los tipos y clasificaciones tienen que ver también según la reglamentación de cada país. La evolución de estos establecimientos comerciales ha sido constante desde la Edad Media cuando se empezaron a originar. Y su desarrollo ha sido evidente en el siglo XX, ofreciendo cada vez más, unas formas y unos conceptos distintos e innovadores para sugerir diferentes formas de servicio pero con una raíz bastante similar. Hoy en día, muchos de estos negocios tienden a especializarse en temas muy concretos, consiguiendo ser un poco más atractivos y escapando de la masiva competencia. Porque la competencia en esta industria es la sal de la vida, es el necesario impulso para renovarse por encima de todo o morir siendo algo que ya existía y que no ha cambiado.

A pesar de lo que muchos piensan y de los que otros muchos ignoran, para cualquier actividad o ejercicio de algunos de los cientos de puestos de trabajos especializados dentro del ramo de la hostelería se debe tener un pequeño conocimiento. Ni básico ni máximo. Un conocimiento suficiente para poder ejercerlo. Nada extraño en todas las ramas profesionales que nos vengan a la mente. Las formas son diversas: se puede estudiar en alguna de las escuelas determinadas para ello, ya sean de hotelería, cocina o servicio; o se puede comenzar desde cero e ir descubriendo el negocio en cuestión desde lo más bajo hasta lo más alto, desde dentro. El problema general que está relacionado con este sector, es que la mayoría de la gente ajena a él cree o piensa que para determinados puestos de trabajo de hostelería no es necesaria ninguna experiencia anterior. Es decir, cualquier puede servir una cerveza. Una frase escuchada mil veces y que hace que tiemblen las entrañas, al menos las mías.

Para ejercer cualquier profesión es necesaria una mínima formación y/o una mínima experiencia. De lo contrario carecemos de ello y seremos aprendices nada más. De ahí surge la figura correspondiente. Me refiero al aprendiz. Nadie nace enseñado. Todo se debe aprender. Tanto la parte teórica como la práctica. Lógicamente, con el paso del tiempo, aprenderemos los entresijos y los secretos de cada profesión y ascenderemos en categoría. NO podremos ejercer un puesto para el cual carecemos de capacidad y experiencia aunque nos digan que sí. Pero del dicho al hecho nos encontramos con una sorprendente realidad, que consiste en comprobar cómo en este sector cualquiera se ve, se siente y se convence de estar suficientemente preparado como para poder ejercer y cobrar como si de un profesional contrastado se tratase.

No voy a entrar en las razones personales de cada uno en creer o no si está capacitado para cualquier puesto de hostelería. Allá cada uno con su capacidad de análisis. Pero lo más sorprendente es que ocurre lo mismo con los empresarios. La hostelería se ha convertido en un territorio en el cual cualquiera con dinero se siente capacitado y totalmente confiado en poder abrir y emprender un negocio. ¿Por qué? Esa pregunta carece de respuesta. Es un enigma en sí misma. La exposición del asunto es simple y la pregunta obvia: ¿Invertiría usted mucho dinero en un negocio o en una industria de la que carece de conocimientos básicos? Y lo que es más importante: ¿Lo haría sin ningún tipo de asesoramiento? Pues la respuesta es sí. Y a las dos preguntas. De hecho, ocurre con una frecuencia bárbara.

Para algunos, esta facilidad para tirarse al abismo y utilizar el dinero de uno como si de un capricho se tratara podría resultar incluso simpático, sobre todo si se tienen muchos recursos económicos. Sería más que una apuesta a ciegas un asunto de entretenimiento. Si sale bien bien, y si sale mal no pasa nada. A otra cosa. Pero, contrariamente a lo que se podría imaginar, la mayoría de los empresarios de hostelería no son adinerados aburridos que no saben dónde meter el dinero. Sí es cierto que muchos buscan una salida económicamente fallida para blanquear posible dinero negro que le entra por otros recursos. Invertir grandes cantidades de dinero en un negocio de hostelería que, además, no funciona bien, puede resultar interesante a la hora de evadir impuestos. Pero la mayoría de estos empresarios a los que me estoy refiriendo no están ligados a esa categoría. Emprenden negocios de hostelería porque creen que pueden ganar mucho dinero, por estatus, porque les da un plus de celebridad o popularidad, o simplemente porque se creen muy capacitados y con muchas ideas para abrir un día las puertas de un local y ponerlo de moda en pocas semanas. O el capricho de poder comentar a todos sus amigos y conocidos que tienen un restaurante.

La hostelería no es la gallina de los huevos de oro, aunque muchos estén convencidos de ello y no quieran escuchar a los profesionales del sector, los cuales están hartos de advertir que hay muchos factores de éxito a la hora de emprender un negocio de este tipo. No basta encontrar una buena ubicación, adecuarlo convenientemente, utilizar los más eficaces métodos de trabajo, buscar y seleccionar la mejor plantilla posible… Exige muchas más claves. Pero para alguien que no tiene nada que ver con el sector será como andar a oscuras. Irá descubriendo los baches mientras se va tambaleando y hasta que un día diga basta y deje el negocio harto de poner dinero y de no sacar lo que ya estaba imaginando que iba a ganar. La hostelería, en todos sus niveles, necesita de profesionales dotados de capacidad mínima, de una experiencia contrastada y de una motivación añadida, porque no es de recibo decirle a cualquier empleado con todos esos atributos que va a ganar lo mismo que el que acaba de llegar a este mundo y que, además, no se valora en absoluto su recorrido por dicha industria.

Bienvenidos todos los empresarios de hostelería que han dedicado muchos años de su vida esforzándose, que han sabido degustar las mieles de un trabajo bien hecho, que han conseguido extraer las sonrisas de unos clientes satisfechos, que han visto como todas sus ideas han evolucionado y han triunfado gracias al sacrificio de muchas horas y de mucho empeño. Bienvenidos todos aquellos que han hecho de este oficio una parte importante de su vida, intentando mejorar y aprender cada vez más del pequeño detalle, asumiendo los errores y aprendiendo de todas las quejas de un cliente insatisfecho. Aquellos que sin haber aglutinado ni una mínima parte de toda esa experiencia, por favor, absténganse de emprender cualquier negocio de hostelería, hay muchos más sectores también interesantes y que pueden llamar la atención y llenar ese ego vacío que necesita atención. Aléjense de un oficio que, cada vez, está siendo más pisoteado y menos valorado. Esa clase de empresarios no hacen falta. Muy al contrario, se necesitan personas con carácter, expertas y eficaces, que conozcan los negocios desde lo más profundo de sus entrañas, desde cualquier rincón, y que solamente necesitan un poco de suerte en el momento adecuado.

‘La virtud de la vocación de servicio

es rodearnos de maestros constantemente,

porque enseñan al instante y el aprendizaje nunca tiene fin,

aunque la academia lo limite.’

(Franko Castle de Montenegro)

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Que no nos quiten la imaginación

Publicado: 19 de julio de 2014 en Artículos
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 ‘Nuestra imaginación nos agranda tanto el tiempo presente,

que hacemos de la eternidad una nada,

y de la nada una eternidad.’
(Blaise Pascal)
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¡Qué haríamos sin ella! Estaríamos perdidos. O , mejor dicho, más perdidos que de costumbre. Sin ella habitaríamos un espacio indefinido, incalificable, puesto que, gracias a su existencia, nos hundimos en otro mundo paralelo, creado por nuestra mente, que nos acompaña siempre, que nos evade de la realidad, para bien y para mal, pero que resulta a fin de cuentas siempre necesaria. La imaginación nos seduce continuamente, con arte desmedido, con estilo impecable, con astucia contenida, con delirios metódicos, con destreza magistral. La imaginación nos abre ventanas, puertas, y sueños también. Nos hace vivir otras vidas, otras escenas cotidianas, otras esferas diferentes, que también existen, aunque no las vivamos realmente. Porque la imaginación es eso precisamente, vivir las cosas de otra manera, a nuestra manera. Es diseñar lo que nos gusta con nuestro propio estilo. Y gracias a ella nos sentimos diferentes, divergentes y múltiples. Nos sentimos carentes de límites o de barreras. No sentimos la opresión de los obstáculos, más allá de donde queramos definirla. Y para qué habría que definirla…

La imaginación nos permite elevarnos, manipular lo evidente, lo ajeno y lo propio, crear espacios confusos, o perfectos. Nos estimula la mente de una manera salvaje, sin puntos ni comas, sin directores ni peones. Nos muestra un camino que recorrer, en el cual podemos detenernos tantas veces como queramos y en el momento justo que deseemos, pudiendo cambiar de carril, de orientación o de punto cardinal. No se trata de visionar, se trata de vivir de otra manera. Debemos sentir por los cuatro costados. Y aún más. Adelantarnos a los sentimientos, con un simple cierre de ojos, con la única misión de abrir cada poro de nuestra piel y sumergirnos en el más absoluto placer…

‘El que tiene imaginación sin instrucción tiene alas sin pies’
(Joseph Joubert)
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La imaginación nos ayuda a percibir, construir abstractos que parecen reales, objetos que no se detienen y que dan vueltas a nuestro alrededor, lugares escondidos que de repente aparecen y parecen familiares, imágenes manipuladas gracias a nuestro cerebro que se encargan de mostrarnos lo que no hemos conseguido ver hasta entonces, para disfrutarlas, para ensalzarlas y evocarlas, para guardarlas en la memoria, para pensar que algún día aparecerán de verdad. La imaginación se sirve de la memoria, nuestra memoria, para aumentar, para distorsionar o para diseñar la perfección, la dulzura, la belleza, lo deseado y lo necesario, nos hace albergar esperanzas aunque estemos abandonados a la suerte, nos hace parecer gigantes aunque estemos perdidos, nos hace parecer diferentes aunque seamos conocidos. 

Que no nos quiten la imaginación. ¡Qué nos quedaría! Sin ella aún estaríamos más perdidos, sin ella perderíamos una parte de nuestra propia alma, de nuestro propio estilo y carácter. Una seña de identidad única, indefinible, particular y nuestra. La imaginación necesita poco para funcionar y, sin embargo, nos ofrece tanto… Percibimos, pero queremos percibir más. Y todavía más. No queremos límites. Deseamos la realidad, y también el reverso de esa realidad. Siempre deseamos observar diferentes opciones aunque sepamos que, a lo mejor, jamás llegarán. Pero alimentando la imaginación con un poco de ilusión todo es posible, incluso alguna parte de ella se asemeja a los sueños. Experimentamos sensaciones, emociones y somos capaces de aumentarlas y multiplicarlas. Entonces, porqué deberíamos autolimitarnos.

Y lo mejor de todo es que cualquier tiene capacidad para imaginar. Todos somos creativos. Cada uno a su manera. Y la capacidad de abstracción y de diseño mental particular no tiene fronteras ni limitaciones. Eso es lo más grande. Podemos dejarnos llevar por ella. No nos causará daño, tan sólo nos sorprenderá. Y tampoco se trata de conseguir hacerla realidad. Es vivirla de otra manera. Pero vivirla. Olerla, sentirla, verla, tocarla y emocionarse con ella. Sin ella, los inventos serían mínimos, o quizá hallados por casualidad. Los inventores se dejan arrastran, se invaden por ella, y nos ofrecen realidades. Que no nos quiten la imaginación. Luchemos por conservarla, por aumentarla, desarrollarla y sentirla más que nunca. Placeres simples de la vida que son gratis y que surgen de la nada. Un valor añadido en un vida que, de vez en cuando, parece hecha a medida. A nuestra medida…

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La extraña costumbre de usar joyas

Publicado: 18 de julio de 2014 en Artículos
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‘Prefiero estar adornado por la belleza del carácter que por las joyas.

Las joyas son el regalo de la fortuna,

mientras que el carácter viene de dentro’

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Una joya en sí misma no tiene mucho sentido. Si la miramos fríamente, es tan sólo un material. Que se le haya llamado con la evolución del ser humano ‘preciosa’ quizá puede ser debido a su belleza (también discutible). El hombre desde sus ancestros ha utilizado los materiales preciosos como objetos ornamentales, para distinguirse, para llenarse de estatus, para cerciorarse de ser diferente del resto. Así fueron apareciendo los anillos, los collares, los colgantes, los brazaletes, los pendientes, etc. No había distinción entre sexos, puesto que su uso era habitual en ambos. Como tampoco había excepción en los pueblos que las usaban ni en las culturas, ni en los continentes. Es decir, el uso y la costumbre en portar joyas es habitual y está relacionado con el ser humano.

Adornarse siempre ha sido un principio universal, pero utilizar joyas no estaba ni está al alcance de todos. Y una cosa puede ser la estética y otra, muy diferente, utilizar joyas para sentirse superior o más atractivo. Que una joya nos haga destacar debe ser motivo de preocupación para cualquiera. El oro, la plata, materiales que han servido y que sirven como monedas de cambio, de ostentación, de riqueza y de distinción. Porque no nos equivoquemos, gran parte del uso de las joyas viene refrendado por la distinción que se le suponen. A las personas en general les motiva el simple hecho de ser o aparentar ser diferentes o distintas a los demás. Es como un ADN particular de cara a la galería. Ser diferentes lo somos por simple naturaleza y sucesos que se van acumulando en nuestra vida, ya sea entorno, familia, amigos y vivencias. No necesitamos muchas más o menos joyas para ser distintos de los demás. Pero las joyas pueden ser simplemente una forma, como también puede serlo el coche que usamos, la ropa que nos ponemos o el peinado que mostramos.

‘La diferencia entre los recuerdos falsos y los verdaderos

es la misma que con las joyas:

siempre es el falso el que parece el más real,

el más brillante.’

***

Hoy en día, la moda marca tendencia continuamente, de hecho, muchas cosas se ponen de moda sin ni siquiera un motivo definido o determinado. La gente, en masa, se va moviendo por tendencias, modas o simples mareas de comportamiento. Otra cosa diferente es poder alcanzar esas cuotas de distinción. No todo el mundo puede tomarse un cocktail en el bar más de moda de Nueva York, o probar un menú degustación en el mejor restaurante del mundo, ni puede gozar de lo que se siente conduciendo el coche más caro del mundo. Y es un suceso que se ve incrementado conforme la riqueza de una persona aumenta, por el mero hecho de querer hacer y parecer todavía más exclusivo que el resto de seres humanos. Lo que ocurre es que la delgada línea entre la distinción y la ordinariez es muy fina, y muchas la traspasan con demasiada facilidad y demasiado a menudo. 

Para muchos, lo caro es mejor y demuestra mayor distinción. Las joyas entran dentro de esta familia.  Y muchos piensan que el hecho de mostrarse con joyas ‘tan preciadas’ son motivo claro y absoluto para ser envidiados. Claro que la envidia va por barrios, y cada cual tiene su forma de utilizarla también. Muchas envidian riquezas, otros salud, otros felicidad. Ninguna joya nos dará absoluta felicidad ni salud, si es eso precisamente lo que andamos buscamos. Pero si buscamos llamar la atención, ser envidiados, ser admirados, las joyas son otra forma de conseguirlo. Para otros, las joyas no llaman la atención, a no ser por el asombro de llevar una considerable cantidad de dinero en un cuello, en un brazo o en una oreja. El significado ya queda a expensas de cada uno, pero fríamente parece ser desorbitado, insulso y carente de personalidad.

No hace falta ostentar para ser rico, ni hace falta ser rico para ostentar; y ser rico se puede conseguir de muchas formas, no necesariamente aparentando serlo o pretendiendo que todo el mundo se dé cuenta de que lo somos realmente. En ese caso estaríamos cruzando la línea anteriormente citada. Las joyas y su uso a través de la historia representan diferentes motivos para ser o parecer importantes: ya sea como símbolo de riqueza, por su simbolismo o por lo que pueden llegar a conseguir por sí solas. Lo que pasa que este uso también se ha convertido en un arte. El diseño y el negocio han provocado que muchos artistas joyeros se adentren en el mercado para ofrecer bellezas únicas. Un arte que comenzó con maestros como Peter Fabergé o René Lalique y que ha ido evolucionando hasta nuestros días.

El valor de dichas joyas siempre queda un tanto fuera de mercado. Y es curioso observar como muchas religiones y grupos religiosos han utilizado las joyas y su simbolismo como distinción. Una frase conocida en esta industria es la que reza: ‘Una joya es para siempre’. Claro que habría que recordar que muchos objetos y recuerdos pueden ser para siempre y no necesariamente ser tan costosos. Todo tiene que ver con el nivel de romanticismo que practiquemos. Lo cierto es que podemos lograr distinción y admiración sin necesidad de lucir joyas. Y no tiene que ver con el hecho de tener el dinero suficiente para adquirirlas, sino sabiendo valorar las verdaderas cosas importantes que nos ofrece la vida, y todavía más cuando se descubre todo lo que se puede hacer por conseguirlas, ya sea robando, esclavizando o matando por ellas. Otro claro ejemplo de que el sentido común en el hombre es poco común.

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