Frases para seguir despiertos

Publicado: 1 de noviembre de 2014 en Frases de portada
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‘La paciencia es la más heroica de las virtudes, precisamente porque carece de toda apariencia de heroísmo’ (Giacomo Leopardi)

‘La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más’ (S.Kierkegaard)

‘No hay espejo que mejor refleje la imagen de una persona que sus palabras’ (Juan Luis Vives)

‘El momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos’ (Proverbio chino)

‘Cuando alguien tiene algo que decir, la dificultad no está en conseguir que lo diga, sino que lo repita a menudo’ (George Bernard Shaw)

‘La palabra es libre; la acción muda; la obediencia ciega’ (Friedrich Schiller)

‘Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee’ (Miguel de Unamuno)

‘El que miente necesita tener buena memoria’ (Quinitliano)

No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero’ (María Zambrano)

‘No arrepentirse ni hacer reproches a los demás, son los pasos de la sabiduría’ (Denis Diderot)

‘Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño’ (Friedrich Nietzsche)

‘No se desea lo que no se conoce’ (Ovidio)

‘Todo el mundo comete errores. La clave está en cometerlos cuando nadie nos ve.’ (Peter Ustinov)

‘La sabiduría de vivir consiste en eliminar lo que no es indispensable’ (Lin Yutang)

‘El ignorante, si calla, será tenido por erudito, y pasará por sabio si no abre los labios’ (Salomón)

‘Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. El hombre elude siempre el contacto con lo extraño…’ (Elías Canetti)

‘En realidad hay tantas variantes que cualquiera sirve para justificar la vida’ (Luis Landero)

‘En esta vida algunos hombres nacen mediocres, otros logran mediocridad y a otros la mediocridad les cae encima’ (Joseph Heller)

‘Estaré donde menos lo esperes, en un lejano horizonte sin horas’ (Mario Benedetti)

‘Sentí que tenía que hacer saber mi voluntad. Expresar algo no es lo mismo que comunicarse’ (Ryu Murakami)

‘Las palabras duermen hasta que alguien las despierta, les da sentido, las necesita’ (Belén Gopegui)

‘Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso y no puedo dejar de pensar’ (Jean Paul Sartre)

‘El caso es que uno siempre tiene la ilusión de que controla lo que ocurre; nada nos parece definitivo’ (Muriel Barbery)

‘Todas las cosas fluyen, son transitorias. Nada permanece indefinidamente en el mismo lugar ni con la misma forma’ (Haruki Murakami)

‘Los hombres avanzan unidos en la misma dirección. Mientras están juntos, perciben el peligro como repartido’ (Elías Canetti)

El foie

Publicado: 30 de octubre de 2014 en Hostelería/Restauración
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“Si las acciones humanas pueden ser nobles,
vergonzosas o indiferentes,
lo mismo ocurre con los placeres correspondientes.
Hay placeres que derivan de actividades nobles,
y otros de vergonzoso origen.”
(Aristóteles)
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El foie es el diminutivo de foie gras que en francés significa hígado graso. Lo que ocurre es que en los últimos tiempos, el término francófono ya se ha apoderado del producto en sí, y en cualquier parte del planeta se le conoce con ese nombre. En español no dejaría de ser un hígado de pato graso, conveniente y conscientemente sobrealimentado. Para que se pueda denominar como tal la legislación europea establece algunas condiciones, como que el hígado de estas aves tiene que tener un peso mínimo de 300 gr. para los patos y de 400 gr. para los gansos; también es indispensable la alimentación forzosa mediante el proceso conocido como cebado. Un apunte importante es advertir que no se puede ni se debe confundir el término foie o foie gras con el de paté, puesto que no tienen nada que ver. El paté de hígado de pato o ganso requiere otro proceso de fabricación, como lo requiere cualquier tipo de paté de cerdo o ave diversa.

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En la actualidad, hay más de quince países que tienen prohibida la producción de foie gras debido a su forma de alimentación forzada por sonda y que se considera como maltrato para las propias aves. Algunos de esos países son europeos y consumidores de foie aunque no produzcan, tal es el caso de Alemania, Italia o Gran Bretaña. En muchos países se sigue produciendo foie gras pero mediante formas de alimentación naturales. Una de las características propias de estas aves es su capacidad general de acumular grasa en el hígado sin tener que enfermar por ello y que utilizan para posteriores migraciones que llevan a cabo. Ya son varias las asociaciones en defensa de los animales que están investigando a multitud de granjas productoras de foie gras para ver si hay irregularidades al respecto. Los vídeos sobre el maltrato que reciben estos animales es constante y cada vez más países van prohibiendo esta producción.

La alimentación forzosa consiste en introducir un tubo metálico de entre 20 y 30 cm de largo en la garganta del pato o ganso hasta casi su estómago. Esa reacción es lo que provoca que su hígado llegue a enfermar. La cantidad de comida que traga en segundos es tal que su hígado hasta casi diez veces su tamaño normal y le produce una enfermedad hepática. El rechazo a dicho tubo provoca arcadas en el animal además de sentir asfixia y perforaciones en su cuello que provocan a su vez inflamaciones muy dolorosas. Ese tipo de alimentación también les provoca dolores estomacales crónicos, así como diarreas constantes y jadeos. El tamaño que alcanza su hígado les provoca enfermedades de su aparato digestivos que en muchos casos son mortales. También provoca problemas respiratorios y de movimiento. Todo ello conllevaría su muerte pero eso también está calculado mediante su matanza justo antes de que las consecuencias de su cebo lleguen a matarlo de forma severa. Muchas de las aves no llegan al matadero y otras muchas llegan moribundas.

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La tortura que sufren no se queda ahí, puesto que este tipo de aves están acostumbradas a pasar la mayor parte de su vida en el agua, mientras que en estas granjas generalmente están concentrados en jaulas y encerrados en cobertizos, donde los suelos les dañan sus patas. Son jaulas tan diminutas que no pueden ni darse la vuelta, como tampoco pueden levantarse o agitar sus alas. Muchas sufren fracturas de sus huesos al ser transportados y manipulados, siendo colgados cabeza abajo para ser eletrocutados y degollados. Al nacer se seleccionan solamente los machos, mientras que a las hembras se les mata mediante aplastamiento o gas debido a que su hígado es más venenoso.

Esta actividad ha sido denuncia durante años por muchas asociaciones protectoras de los derechos de los animales y la concienciación ha tardado en dar sus frutos. Nadie puede negar el gran placer de comer dicho hígado, un producto rey en Francia y que se cocina en innumerables países del mundo, pero tampoco es necesario tener que construir este tipo de industrias donde se denigra y se tortura la vida de un animal por el simple hecho de ser un plato apetitoso en los restaurantes. Otra vez la jauría humana suele ser mayor que la producida por los mismos animales. Podríamos evitar el consumo de dicho producto, sin más. Muchas serían las voces de su pérdida, sobre todo por los conocedores de su sabor único, pero es evidente que nada puede justificar esta forma de maltrato animal por un simple plato gastronómico.

Curiosamente, es un producto que sigue subiendo su coste año tras año. Y su consumo tampoco es nada bueno para el ser humano, por ser extremadamente graso. La evolución del hombre no deja de sorprender en muchos casos. Y nos debemos plantear seriamente hacia dónde nos dirigimos mediante semejantes actividades contra los animales, sin necesidad alguna. Debemos replantearnos también nuestra propia alimentación, sabiendo cómo se producen los alimentos que consumimos, sean éstos más o menos caros, más o menos sofisticados. Una mayor información al respecto de los organismos de la salud también sería aconsejable y, como siempre repetimos, una mayor y mejor educación alimenticia en los colegios. Algunos ya hemos comprendido el sentido ético de su no consumo, y a pesar de ser amantes de dicho plato durante muchos años, hemos retirado el producto de nuestra dieta, aunque ya fuera mínimo. Uno puede arrepentirse aunque parezca demasiado tarde, aunque las autoridades también deberían ayudar a que estos casos no se reproduzcan nunca más.

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 “Cuando pierdes una oportunidad ganas una lección”.

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Hay que ser paciente. No desesperar. No pretender que todo salga cuando queremos, ni cuando buscamos. Las cosas son sencillas. La vida va pasando y, en su transcurso, el vaivén de sensaciones, emociones, vivencias y experiencias no para en ningún momento. Si echamos la vista atrás nos daremos cuenta de todo lo vivido, de todo lo que una vez decidimos vivir. Porque en el destino de nuestras vidas todo depende de lo que decidamos. Somos dueños de nuestras acciones, aunque en determinados momentos dependamos más de las circunstancias que nos obligan a decidirlas. No hay más. El hecho de elegir implica una acción. Y esa acción se transformará en una vivencia. Puede ser buena o mala, pero será vivencia al fin y al cabo. Tenemos que saber que todo puede ocurrir y en cualquier momento. No es que tengamos que estar obsesionados y pendientes de cualquier situación, pero sí que debemos tener siempre conectada la antena de nuestras sensaciones para poder descubrir que algo está pasando. Si nos distraemos en el momento justo quizá luego será tarde y la oportunidad se desvanecerá.

Dicen que la suerte se busca y que no aparece de la nada. Muchos podrían estar en contra de ese argumento. Los momentos afortunados posiblemente son proporcionales a los momentos desafortunados. Es como una ley de probabilidades. Hoy estamos bien y mañana mal. Hoy nos sale todo bien y mañana no. Hoy nos sorprende una persona y mañana nos decepciona otra. Y así es la vida: una sucesión de situaciones, una multitud de caminos que van apareciendo y que debemos elegir. Los cruces en ese camino se multiplicarán y deberemos elegir siempre uno de ellos. NO podemos detenernos y esperar a que alguien nos indique la dirección a tomar, y quizá en una de esas direcciones estará la oportunidad que nunca imaginábamos. ¿Suerte? Sería muy simple pensar así. Quizá es simple intuición. Nos dejamos atrapar por señales. Y si las señales nos cautivan accedemos.

Las oportunidades se van presentando. Como bien se dice a menudo, hay trenes que de repente pasan. Así de simple. A veces somos capaces de darnos cuenta de eso, nos subimos a ellos y aprovechamos la ocasión. Pero la mayoría de las veces ni caemos en la cuenta de que el tren está pasando, y es pasado cierto tiempo, cuando despertamos de ese letargo personal en el que nos hallamos sumidos y reconocemos la equivocación. Pero las oportunidades traen consigo decisiones. Tenemos que decidir constantemente a todas las vicisitudes que vamos encontrando. En muchos casos analizamos la situación, vemos los pros y los contras, reflexionamos ante todas las posibilidades que observamos, tenemos tiempo necesario para tomar una decisión firme, adecuada y convencida. En otros muchos casos, nos toca decidir con muy poco tiempo para meditar sobre ello, tan sólo nos queda ese rápido momento de sucesión de imágenes en nuestra mente viendo lo que podría pasar, lo que podría ser, para finalmente tener que responder ante un acontecimiento determinado.

Sería absurdo decir que no se presentan oportunidades a lo largo de nuestra vida. Y en todos los ámbitos. Puesto que vivimos se nos suceden todo tipo de opciones donde elegir. Lo que a veces ocurre es que ni siquiera reconocemos una oportunidad. Decidimos hacer una cosa u otra, elegir una opción u otra sin prestar demasiada atención, y lo que ocurre después es la consecuencia de nuestra elección y decisión. Si el resultado es positivo suponemos que hemos aprovechado nuestra oportunidad, pero si sale mal lo calificamos como fracaso, tanto a la hora de elegir como de actuar. Se vea de una manera u otra, las oportunidades se siguen presentando día a día. Lógicamente, no habrá nadie que pueda decir que aprovechó todas las que se presentaron.

“La vida no es sino una continua sucesión

de oportunidades para sobrevivir”.

(Gabriel García Márquez)

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La foto de la semana (120)

Publicado: 28 de octubre de 2014 en Fotos de la semana
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“Los países fascistas siempre exhiben un gran orgullo por su bandera.

Las banderas me ponen incómodo.”

(Norman Mailer)

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Thomas Peter Odell nació en Inglaterra en 1990. Cantante y compositor que ganó los BRIT Critics Choice Awards a principios de 2013 y que justo ese mismo año lanzó su álbum de debut ‘Long way down’. Sus primeros pasos musicales los hizo en el Instituto de Música Moderna de Brighton (Inglaterra). Sus influencias en la infancia no se detuvieron pasando desde Elton John a Leonard Cohen o Bob Dylan. Su repertorio es melódico, silencioso, atrayente y seductor, siendo su voz la protagonista principal. Muchos críticos le han comenzado a comparar con Jeff Buckley, aunque es pronto para saber si podrá superarle. Su primer disco es una buena prueba de lo que es capaz.

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ANOTHER LOVE’

TOM ODELL

Álbum: LONG WAY DOWN (2013)

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I wanna take you somewhere so you know I care
But it’s so cold and I don’t know where
I brought you daffodils in a pretty string
But they won’t flower like they did last spring

And I wanna kiss you, make you feel alright
I’m just so tired to share my nights
I wanna cry and I wanna love
But all my tears have been used up

On another love, another love
All my tears have been used up
On another love, another love
All my tears have been used up
On another love, another love
All my tears have been used up

And if somebody hurts you, I wanna fight
But my hands been broken, one too many times
So I’ll use my voice, I’ll be so fucking rude
Words they always win, but I know I’ll lose

And I’d sing a song, that’d be just ours
But I sang ‘em all to another heart
And I wanna cry I wanna learn to love
But all my tears have been used up

On another love, another love
All my tears have been used up
On another love, another love
All my tears have been used up
On another love, another love
All my tears have been used up

I wanna sing a song, that’d be just ours
But I sang ‘em all to another heart
And I wanna cry, I wanna fall in love
But all my tears have been used up

On another love, another love
All my tears have been used up
On another love, another love
All my tears have been used up
On another love, another love
All my tears have been used up

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“En el mundo hay sólo dos maneras de triunfar:

por la propia capacidad o por la ineptitud ajena.”

(Jean De La Bruyere)

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Es una frase que ya se ha convertido en clásica. Y a fuerza de repetirla hasta la saciedad para mucha gente ya casi suena a realidad. Aunque ni de lejos se pueda asemejar a algo verídico. Lanzar una frase así es algo gratuito, falto de rigor y, sobre todo, de experiencia, aunque de eso últimamente parezca que no hace falta poseer demasiada. La experiencia de una persona en un oficio determinado parece haberse convertido incluso en un hándicap, cuando ha sido hasta hace muy poco el requisito imprescindible para poder evaluar el perfil de un candidato. Una de las primeras preguntas que le hacía un entrevistador a un aspirante a un puesto de trabajo ‘x’ era habitualmente: ¿Qué experiencia tiene…? Y lo cierto es que, para muchos puestos concretos sigue siendo un requisito imprescindible, como no podía ser de otra manera. Para puestos determinados deseamos, exigimos y preferimos personas con un buen nivel, conocimiento y experiencia en el puesto ofrecido. La persona en cuestión se puede vender gracias a sus conocimientos adquiridos, así como por su experiencia ganada con los años. 

Llegados a este punto, muchos de los lectores (y según su sector laboral) podrían pensar que lo que acabo de explicar es evidente y carente de interés. Considerar a una persona para un puesto determinado según su conocimiento y experiencia es la primera condición para poder considerarla apta e idónea para ello. Y calculando que si para la mayoría de las personas a las que les preguntáramos la respuesta sería más o menos parecida todavía llama más la atención cómo en determinados sectores ese conocimiento y esa experiencia carecen absolutamente de valor. Sin ir más lejos eso es lo que ocurre en el mundo de la hostelería. Ser camarero se ha convertido en algo que ya no pocos valoran, sino que, además, cualquiera se siente capacitado para realizar, como también muchos empresarios del sector están convencidos que para ser camarero sirve cualquiera.

Y yo me pregunto: ¿Cualquier sirve para camarero? ¿De verdad alguien puede estar convencido de eso? Propongo un pequeño ejercicio de imaginación. En la viñeta de la portada, un camarero alza una bandeja con una botella y varios vasos mientras con la otra mano es capaz de leer un libro al mismo tiempo mostrando además una sonrisa al hacerlo. Se le ve confiado y seguro de sí mismo. ¿Es una ilusión? Para nada. Para aquel que sepa manejar una de esas bandejas repleta de vasos y/o botellas la dificultad de usar la otra mano para, por ejemplo, leer un libro, es meramente anecdótica. No sólo podría leer un libro sino que se le podrían ocurrir mil cosas que hacer a la vez. Porque el uso de la bandeja no le provoca ningún contratiempo. Alguno ahora puede pensar: ‘Eso ocurre porque es un profesional’. ¿Y qué es un profesional? Alguien que ya tiene una trayectoria contrastada en el medio en el que trabaja. ¿Y cómo se consigue dicha experiencia? Lógicamente, con la práctica y con el paso del tiempo. Preguntas y respuestas lógicas que se pierden en el desagüe del fregadero cuando el debate consiste en considerar a alguien para el puesto de camarero o camarera.

Al llegar a ese punto todo cambia. Da igual si tiene experiencia. Comenzamos a escuchar entonces otros requisitos o capacidades que se convierten como por arte de magia en mucho más importantes que el conocimiento o la experiencia. Me estoy refiriendo a la imagen, la belleza o la actitud… Aptitudes que no carecen de importancia pero a las que se les podría considerar secundarias. Quizá son sólo excusas y la verdadera razón para elegir una persona que no tiene experiencia alguna para desempeñar un puesto como camarero radique principalmente en que como le van a dar un sueldo ridículo y unas condiciones laborales que nadie aceptaría a no ser que estuviera muy desesperado, pues bastante tendrán con encontrar personas que estén encantadas con la oferta de trabajo y accedan a ello como para ponerse a buscar a alguien que esté sobradamente preparado/a para el puesto en concreto. Además da igual si están capacitados o no para el puesto porque tampoco ningún cliente se va a quejar de ello.

“Aprendemos de la experiencia
que los hombres nunca aprenden
nada de la experiencia.”
(George Bernard Shaw)
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Lo más curioso del asunto es que una vez dentro, uno se puede dar cuenta de que da igual tener experiencia o no, puesto que el sueldo va a ser el mismo para el que la tiene como para el que no. Sin olvidar que al que la tiene se le exigirá más por ello y se le encargará que vaya enseñando sobre la marcha a los demás, mientras que si puede desempeñar otras funciones añadidas también será bienvenido, pero sin que represente por ello un aumento de salario. La jugada es redonda. Y muchos incluso la pueden considerar ‘de listos’. Ese es el principal problema del asunto: la cantidad, cada vez mayor, de listos…

Como representante de este sector durante tantos años este tema siempre me ha tenido la mente ocupada, puesto que nunca he llegado a entender porqué sucede. He preguntado a muchas personas ajenas al sector sobre ello, pidiendo que me dijeran qué piensan cuando van a un local de hostelería (ya sea de bebidas o de alimentación) y el servicio carece por completo de la experiencia mínima para desempeñar sus funciones. Las respuestas han sido variadas, pero la mayoría coincide en quejarse por ello, porque aunque ajenos al sector, son suficientemente válidos para valorar la capacidad y el conocimiento de una persona que desempeña un puesto así. Pero, aunque la mayoría se queje, esos locales siguen siendo frecuentados por muchas personas, con lo que parece que el asunto no es realmente importante como para dejar de visitar dicho establecimiento. La conclusión parece evidente: quizá es que no hacen falta esos ‘profesionales’ y cualquiera puede servir para ser camarero, al menos a la mayoría tampoco les importa demasiado.

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El vicio de pedir favores

Publicado: 18 de octubre de 2014 en Artículos
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“Como me crecieron los favores, me crecieron los dolores”

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Si se analiza a simple vista, quién se negaría a hacer un favor a alguien en un momento determinado. Casi parece descartada la negación a ello. Pero, qué sucede cuando el pedir favores se convierte en algo habitual, constante y casi siempre proveniente de las mismas personas. Porque hay personas que se dedican la mayor parte de su vida a pedir favores, de todo tipo. Han hecho de su hábito una forma de vida. El problema es que encuentran a muchas personas bondadosas que generosamente no expresan ningún problema en ayudar a las personas que forman su entorno, haciendo esos favores que son reclamados, pero lógicamente,  la paciencia de muchas estas buenas personas tiene un límite y cuando eso ocurre se plantan y niegan el siguiente favor para dejar de ser queridos, próximos y necesarios automáticamente. Podríamos considerar entonces que todas esas personas que suelen pedir favores tan sólo se mueven por interés, algo que en nuestros días está muy de moda. El lema podría ser: ¡Si no hay algo que sacar para qué moverse! 

Un favor debería pedirse cuando realmente lo necesitamos y también deberíamos saber a quién pedírselo. No todas las personas pueden ayudarnos en ese momento determinado y de la forma adecuada que necesitamos. Quizá nadie de nuestro entorno puede ayudarnos. Y también es bueno conocer eso y aceptarlo. Sin que tenga que haber una frustración, impotencia o enfado de por medio. Todos nos podemos ver abocados en un instante a pedir un favor. No es un gran problema. Analizamos dicho problema, intentamos arreglarlo o encontrar la solución, y si concluimos en que no podemos solventarlo por nuestros propios medios intentamos que alguien nos saque del apuro. Incluso a veces el simple hecho de pedir consejo explicando el problema nos puede descubrir algún tipo de solución en la que no habíamos pensado, sin necesidad de pedir dicho favor finalmente.

“Hay almas esclavizadas

que agradecen tanto los favores recibidos

que se estrangulan con la cuerda de la gratitud”

(Friedrich Nietzsche)

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¿Nos cuesta pedir favores? A veces. Según a quién. Según quién. Hay personas muy vergonzosas a la hora de pedir favores, incluso a familiares muy cercanos o a amigos de muchos años. Ya sea por timidez, por evitar un compromiso a la otra persona, por orgullo o por intentar no molestar a alguien en concreto, muchas personas intentan solventar sus problemas sin pedir favores a nadie. Quizá es una reacción equivocada aunque totalmente respetable. El carácter de cada uno está por encima de lo que puedan pensar los demás. Otras personas en cambio suelen pedir favores cuando los necesitan. Acuden a la persona que piensan que puede echarles un cable y solucionar una situación que se ha convertido en un problema. Ese favor no tiene que ser compensado obligatoriamente. Se pide y se desea recibirlo. Sin más. NO debe haber mayor intención, ni por una parte ni por otra. Si se acepta ayudar a alguien con una petición de favor no debemos esperar que ese favor deba ser recompensado de otra forma. Se ofrece la ayuda y punto. En la mente y en la memoria de cada uno quedan los favores pedidos y los recibidos. Sabemos perfectamente quién nos ayudó con alguno de ellos en aquellos momentos críticos y a quien ayudamos cuando nos solicitaron ese favor ‘x’.

Pero qué sucede con esas personas que viven en la petición de favores continuos y que no mueven un dedo por ayudar a otros simplemente porque no encuentran ningún interés en ello. Personas que se dedican a pedir ayudas y favores a todo su entorno y que van dejando de lado a las personas que en un momento dado se cansan de ofrecer tantos favores, observando que la otra persona nunca se mueve por los demás y que además hace de esa urgencia un arma habitual de comportamiento. Una práctica habitual entre muchas personas y que llega a cansar, provocando a los que suelen dar ayuda y contestar favorablemente a los favores que se lo piensen en el futuro a la hora de hacer algo parecido. Abusar de la confianza no lleva a ningún buen estado de bienestar, puede ser que salga bien durante un tiempo, pero a la larga las ayudas desaparecerán y con toda la razón.