Cuando aguantar se convierte en un triunfo

Publicado: 21 de septiembre de 2015 en Artículos
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“Dar todo lo que tienes,

aguantar todo lo que tengas que aguantar

y saber que puedes estar satisfecho”

(Haruki Murakami)

***

En muchas etapas de la vida nos vemos abocados a ‘aguantar’. Dicho así parecería ser un escenario un tanto triste y deprimente. Muchos podrían decir que, si el único objetivo que tenemos a la vista es el de aguantar, no va a crearnos un gran estímulo, poca o ninguna atracción y, mucho menos, alguna que otra motivación. Lo que ocurre en realidad es que ese escenario no es una verdadera elección. Sobreviene. Las circunstancias suelen mandar en la mayoría de nuestros momentos. Sobre todo a la hora de tomar decisiones. Solemos valorar todas las posibilidades dentro de nuestros límites, dentro de nuestras circunstancias actuales, antes de tomar esas decisiones. De poco nos sirve imaginar otros escenarios que no concuerden con la realidad, puesto que, al fin y al cabo, lo que cuenta es el presente, ese momento oportuno en que nos vemos abocados a tomar una determinada decisión.

Quizá ahí radique el verdadero sentido de ‘aguantar’. El verse obligado a elegir entre no muchas decisiones. Sentirse atado a la hora de determinar qué hacer. Descubrirse limitado, encogido, atado o encerrado en un laberinto del cual es bastante complicado encontrar la salida. Y cuando nos encontramos ante semejante situación no nos queda otra que aguantar. Y así tantas veces como sea necesario. Pero todas las etapas de la vida están definidas por unos determinados espacios de tiempo. No todo es para siempre, ni lo bueno ni lo malo. En algunas ocasiones, son sólo momentos, tiempos efímeros que se evaporan casi sin dejar rastro. En otras, por el contrario, pueden significar muchos meses o varios años. Pero por uno u otro motivo debemos aguantar. Y aguantar ya se ha convertido en algo muy común para la mayoría de los habitantes de este planeta. Ya estamos más o menos acostumbrados, aunque cuesta entender que uno se acostumbre a ciertas situaciones. Digamos que la necesidad hace el resto. Porque no queda otra. Acaso sólo cambia la forma de encarar dicha circunstancia. Para algunos se convierte en una ansiedad y un agobio constantes. Para otros, es sólo un simple contratiempo pasajero. Todo se verá según  la manera como lo percibamos, quizá muy diferente a cómo realmente es. Aguantar se puede hacer insoportable. Aguantar también puede resultar cómodo por convertirse en algo totalmente rutinario.

“El hombre puede aguantar mucho si aprende a aguantarse a sí mismo”

(Axel Munthe)

***

La forma en la que nos lo tomemos tendrá repercusiones, sobre todo a largo plazo. Quizá sería más fácil analizar el porqué de la situación. Indagar sobre los hechos que nos han transportado a esa realidad, a esa limitación. En la mayoría de los casos comprobaríamos que no se debe a un error nuestro. Todo lo contrario. Esas situaciones son sobrevenidas. Por causas ajenas a nosotros. Porqué enfadarnos entonces, porqué agobiarnos sacando de quicio las cosas, porqué fustigarnos  por nuestra mala suerte, porqué quejarnos amargamente una y otra vez por las circunstancias que nos han tocado en suerte… La respuesta es que quizá nos gusta envolvernos de desdicha, inquietarnos demasiado, ver las cosas mal antes que bien. Quizá es más simple no definir la situación como algo que se tenga que aguantar, sino como algo que se tiene que vivir, de una manera distinta a cómo nos hubiera gustado disfrutarla. No se trata de que debamos gozar ante cualquier situación, sino que debemos encarar las circunstancias tal y como vienen, sin angustiarnos, sin precipitarnos en adelantar lo que se avecina, sin aventurar algo negativo.

“Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor”

(Arturo Graf)

***

Decía Albert Einstein que entre las dificultades se esconden las oportunidades. Nunca mejor dicho. Ante una situación sobrevenida, en lugar de decir que debemos aguantar porque no nos queda otra solución, quizá deberíamos concentrarnos en encontrar la oportunidad que no vemos, por estar escondida, por querer ver tan sólo lo que nos aplasta, lo que nos agobia y no nos deja levantar. Suele pasar que si uno aguanta mucho y durante mucho tiempo se convierte en un ganador. Es una auténtica victoria. De la que debemos estar muy orgullosos. Es ahí que aguantar se convierte en un triunfo. Y debemos saborearlo. Saber aguantar, y aguantar sin perder el ritmo adecuado, el orden que nos hemos impuesto, la motivación que nos llevó hasta ese punto, el interés que nos da ánimos, el camino que nos hemos marcado desde un principio; no es otra cosa que un triunfo de todo nuestro esfuerzo, de nuestra capacidad de aguante, de nuestro saber estar y luchar, una pugna ante las adversidades. Aguantar es luchar por algo, por el hoy, por el mañana, por lo que apareció, por lo que vendrá, por lo que no nos gusta, por lo que celebraremos, por lo que sabremos valorar en el futuro. 

La realidad de nuestros días es cada vez más evidente, más desesperante. Da la sensación de que no avanzamos, de que nos hemos quedado estancados como sociedad global, como comunidad humana. De hecho, en muchos aspectos retrocedemos a pasos agigantados, como si escapásemos de lo que ya hemos conseguido con el paso de las décadas. La evolución humana, que debería ser natural, y hacia adelante, como su propio nombre indica, parece haber perdido atractivo, seguidores y apoyo incondicional. Ha sobrevenido una época donde mirar para atrás, retroceder sin objetivos y anclarse en el pasado, se han convertido en las directrices a seguir. En muchos aspectos, parece que la única tabla de salvación es la de aguantar. Aguantar hasta que la tormenta pase, que se calme todo y vuelva a ser como antes, como deseábamos, como habíamos soñado alguna vez. Pero nadie nos quitará que aguantar ya lo hemos convertido en un auténtico triunfo. Y lo vamos a celebrar.

silencio-de-dios

 

comentarios
  1. Aquello que no eres capaz de aceptar, es la única causa de tu sufrimiento. Nuestro malestar no es una consecuencia de lo que nos pasa, sino de la interpretación negativa que hacemos del hecho en sí. La cuestión es y consiste en elegir en cada momento la actitud más favorable y positiva. Está elección interna es lo único que podemos controlar, pero requiere esfuerzo, disciplina y perseverancia.

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  2. Muy bueno y con lo que me siento muy identificada. La verdad es que entre todo el “aguante” que llevo acumulado, veo con satisfacción todo lo que voy consiguiendo aunque a veces se hace cuesta arrriba. Pero todo se arregla con un salto de “allà voy!” Besos

    Cris

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