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Alfred Hitchcock

Publicado: 24 de noviembre de 2013 en Cine
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Alfred Hitchcock

“Existe algo más importante que la lógica: la imaginación”

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Escribir sobre este genio del cine ya parece que no atrae. Y además se hace difícil. Se ha escrito mucho y quizá demasiado. Cuando uno es una figura indiscutible en su campo de actuación la recepción de críticas, elogios, artículos y demás casi casi se desordenan por su número. Lo curioso es que pasado mucho tiempo de su obra y de su figura sigue estando en boca de todos. Y eso es realmente impresionante. Alfred Hitchcock fue un innovador en el suspense, aplicando recursos que se sacaba de la manga en un cine que se aventuraba moderno. Sabía manejar al espectador a su manera. Sin que hubiera un momento de pausa, de distracción. Dominaba las técnicas como nadie. Se le conocía como el ‘Mago del suspense’ y era por algo. Y supo mezclar la calidad con la comercialización del producto. Algo poco habitual.

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“Si has sido educado en los jesuitas como yo lo fui, estos elementos tienen importancia.

Yo me sentía aterrorizado por la policía,

por los padres jesuitas,

por el castigo físico,

por un montón de cosas.

Éstas son las raíces de mi trabajo”

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La figura de su padre le marcó su carácter de forma especial. Un hombre criado en el East End londinense quien tenía la disciplina y el orden como sus prioridades. Y quizá el tema de la culpa, tan habitual en sus películas, proceda de esos años de infancia junto a su padre. También le marcaron sus años en escuelas católicas en el barrio de Poplar. Estudió Ingeniería y Dibujo en la sección de Bellas Artes mientras ayudaba al negocio familiar. De adolescente devoraba las películas de Chaplin, Keaton y Fairbanks. El cine mudo constituyó su mundo durante muchos años. La literatura fue otra de sus aficiones. A la muerte de su padre se vio obligado a vivir con su madre solo dado que los hermanos mayores ya no vivían allí. Y con sólo 21 años tuvo el valor de presentarse en los estudios de Famous Players Lasky con unos bocetos propios para decorados de películas mudas que había diseñado. Fue contratado como diseñador de rótulos y decorados y así comenzó su carrera en la industria del cine. Tres años más tarde le llegó la ocasión de codirigir un film menor.

“Dales placer, el mismo que consiguen cuando despiertan de una pesadilla”

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Pero a finales de 1927 dirigió la película muda ‘The ring‘ y se convirtió en uno de los directores más cotizados de Inglaterra. De ahí a la fama mundial sólo había un paso. Y lo consiguió. Las primeras películas sonoras que dirigió ya anunciaban lo buen director que era. Siempre estuvo preocupado por tener un estilo propio, un hilo narrativo especial, creando nuevas técnicas de montaje y en los movimientos de la cámara. Al igual que el uso de la luz. Era un dominador nato de la imagen. Y es en la década de los años 30 cuando comenzó a erigirse como uno de los grandes directores de todos los tiempos con títulos como ‘El hombre que sabía demasiado’ (1934), ‘39 Escalones’ (1935), ‘Agente secreto’ (1936) y ‘Sabotaje’ (1936).

“El público debe sufrir tanto como sea posible”

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Con el tiempo desarrolló sus artes, sobre todo su capacidad para realizar el suspense y la intriga. Y comenzó su etapa en Hollywood. La oferta del productor David Selznick no se podía dejar escapar. Su primera película fue ‘Rebeca‘ (1940). Con el tiempo se convertiría en unos de sus filmes más célebres. En 1943 realizó ‘La sombra de una duda’. Fue ese año cuando murió su madre, lo que le provocó una pequeña depresión, la cual le hizo adelgazar más de 40 kilos en unos meses. Pero la década de los 40 continuó alimentado su ingenio. Títulos como ‘Encadenados’ (1945), ‘El proceso Paradine‘ (1947) o ‘La soga’ (1948) son buenos ejemplos. Pero es en la década de los 50, cuando su nombre ya está en boca de todos y es admirado por la industria cinematográfica mundial cuando estrenó sus mejores películas. ‘Pánico en la escena‘ (1950), Extraños en un tren (1951), Yo confieso’ (1953), fueron sus primeros títulos. Pero a partir de ahí surgió una estrella en su firmamento particular: Grace Kelly. Con ella rodó ‘Crimen perfecto’ (1953), ‘La ventana indiscreta’ (1954) y ‘Atrapa a un ladrón’ (1955). Pero le sucedieron títulos inolvidables como ‘El hombre que sabía demasiado’ (1956), ‘Falso culpable’ (1957), ‘Vértigo‘ (1958), ‘Con la muerte en los talones’ (1959).

“Conseguir la realidad exige meterse dentro, hacer que el público se sienta.

Así se obtiene la verdadera realidad”

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Los años 60 trajeron nuevos títulos pero ya representaron su etapa final. En 1960 estrenó ‘Psicosis‘, quizá uno de sus éxitos más aclamados. Fue una de las primeras películas que abordaba el thriller psicológico, inédito hasta entonces. Los réditos que consiguió por esa película los pudo invertir en adquirir parte de la compañía Universal Pictures. Después vendrían ‘Los pájaros’ (1963), ‘Marnie, la ladrona‘ (1964), ‘Cortina rasgada’ (1966) y ‘Topaz’ (1969), éstas últimas muy ambientadas con el tema de moda entonces como era el de la Guerra Fría. En 1972 estrenó ‘Frenesí’ y en 1976 ‘La trama‘, la cual sería su última película. Para entonces, sufría artritis y su corazón ya estaba debilitado. Contaba setenta y seis años y sufrió un colapso, su alcoholismo nunca ayudó. En abril de 1980 murió pero su obra sigue viva y para siempre.

“Un buen drama es como la vida, pero sin las partes aburridas”

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Quadrophenia

Publicado: 21 de noviembre de 2013 en Cine
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Película estrenada en el Reino Unido en 1979 y basada en la ópera rock de 1973 del mismo nombre realizada por el grupo The Who causó impacto al instante y durante varios años después. Hoy en día es considerada una película de culto. Quadrophenia fue dirigida por Franco Roddam con guión escrito por él mismo, apoyado por Dave Humphries y Martin Stellman. Una historia que narraba los inicios de la década de los 60 en Londres, donde las bandas de ‘mods’ se movían orgullosos e impecables con sus scooters italianas por las calles londinenses mientras escuchaban su música favorita. El término ‘mod’ provenía del inglés modernist (modernista), una subcultura que se originó en el mismo Londres a finales de los años 50 y que alcanzó su punto más álgido entre principios y mediados de los 60. Sus rasgos más significativos fueron la moda, la música y los scooters. Dentro de los gustos musicales se encontraban el ska jamaicano, la música beat británica y el soul afroamericano aunque también se escuchaba R&B. El movimiento se asoció desde un principio a bailar durante toda la noche en las discotecas inducidos por los efectos de las anfetaminas. El término mod se extendió a finales de los 60 para determinar todo aquello que se consideraba popular o de moda. Aunque nunca dejó de estar en apogeo, a finales de los 70 hubo un revival mod en el Reino Unido que se extendió por los EEUU a comienzos de la década de los 80, sobre todo en el sur de California.

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Otra característica de ese movimiento fue su odio y confrontación contra otro movimiento de la época: los rockers. Al contrario que aquéllos, los rockers representaban otro extracto de la juventud del momento. Preferían estilos de música norteamericanos de los años cincuenta, sobre todo las influencias de Elvis Presley, que ponían a todo volumen en sus radios. Aunque quizá lo que más les diferenciaba era la forma de vestir, el atuendo y los aspectos. Los mods eran chicos bien cuidados, bien peinados, muy presumidos, cuyo atuendo era normalmente un traje, corbata y zapatos bien lustrados. Los rockers vestían de forma desaliñada, con chaquetas de cuero negras y zapatillas normalmente rotas. Las motos que identificaban a los mods eran iguales que ellos, bien vistas y relucientes, brillantes, con espejos retrovisores por todas partes que les hacían ser muy llamativas; mientras que las de los rockers eran viejas y grasientas motos de carretera. Los mods eran arrogantes y con gran violencia verbal, mientras que los rockers utilizaban más la fuera bruta.

La película era un reflejo claro de la Gran Bretaña pre-punk y pre-thatcheriana. Criticando una juventud alimentada por música y pastillas que intentaban evadirse de la realidad que les hundía en el desasosiego y en la mediocridad. Batallas campales entre bandas callejeras que predominaban en la mayoría de las grandes ciudades británicas. Tuvo una gran acogida quizá por la carga de sexo, drogas y violencia que contenía, nada habitual en ese época. La publicidad del boca a boca entre los jóvenes hizo el resto.

Una de las escenas más recordadas por todos los grandes admiradores de esta película es la última, justamente cuando el protagonista lanza su motocicleta al vacío de un acantilado y se estrella entre las rocas. Siempre quedó el debate abierto si realmente el protagonista se lanza al vacío también o no junto a su scooter. Aunque si se aprecia con detenimiento se ve como el protagonista está de pie en lo alto del acantilado mientras la moto va cayendo. La caída o el lanzamiento de la moto es el símbolo del fin del movimiento mod, de sus devaneos continuos, de sus desencuentros con sus amigos, en una palabra: significaba romper con su estilo de vida juvenil que había llevado hasta ese momento. Quizá lo que quiere decir es que ningún movimiento juvenil puede considerarse como algo que perdurará en alguien, algo que se tambalea hasta que finalmente se cae y pierde todo su sentido, alimentado por la mente de sus protagonistas.

 

Michael Caine

Publicado: 13 de septiembre de 2013 en Cine
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“Lo hice todo.

Me pasé la vida exactamente como yo quería todo el tiempo.

Nunca he escuchado a nadie”

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Si habláramos de Sir Maurice Joseph Micklewhite, Jr. quizá muy pocas personas adivinarían a quién nos estábamos refiriendo. En el mundo del cine se le conoce con el nombre de Michael Caine. De origen irlandés por parte de su padre, nació en el este de Londres (Reino Unido) en marzo de 1933, en el seno de un barrio obrero y humilde. Un barrio donde la característica principal es la forma que tienen sus habitantes de hablar el idioma inglés, el famoso ‘cockney’ (https://lostinbergen.wordpress.com/2012/12/20/cockney/). Una forma de hablar que para la mayoría de londinenses resulta vulgar. Y un acento que tuvo que ir limando cuando comenzó su carrera como actor. Sobre todo cuando tuvo que interpretar papeles de personajes de clase alta, como en su primera película ‘Zulú’ (1964), basada en una sangrienta batalla que tuvo lugar en Sudáfrica en enero de 1879, en la que 140 soldados británicos tuvieron que enfrentarse a 4000 guerreros zulúes.

Pero aunque no le fue difícil disimular su acento nunca se desvinculó de él y siempre se sintió orgulloso de su origen y de su entorno. De hecho su padre se dedicó a transportar pescado en el mercado y el propio Michael dejó los estudios a los quince años para desarrollar trabajos de poca monta hasta que lo llamaron a filas y fue destinado a la guerra de Corea, donde incluso llegó a entrar en combate. A su vuelta comenzó a trabajar como asistente de producción en un teatro londinense. Y fue allí cuando decidió desarrollar su carrera como actor. Al principio en pequeños papeles sin importancia que le ayudaron a abrirse camino dentro de la industria. En esos inicios adoptó el nombre de Michael Scott, dado que no encontraba adecuado el suyo propio. Curiosamente, un día su agente le apremió para que se cambiara ese apellido porque otro actor ya lo estaba utilizando. Como estaba hablando por teléfono desde una cabina miró a su alrededor para inspirarse y vio en un cine un gran cartel anunciando una película ‘El motín del Caine’. Le gustó y se lo quedó. A partir de ese día sería conocido como Michael Caine. 

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” A pesar de mi educación,

de mis logros

y de la llamada sabiduría…

no puedo ni imaginar mi propio corazón”

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Sus primeros años trabajó en diversas películas y en series de televisión, compartiendo piso con otro que llegaría a ser un gran actor, Terence Stamp. Tras su primera película como protagonista trabajó en dos que le dieron mucho éxito: la primera interpretando al espía Harry Palmer, “Ipcress” (1965) de Sidney J. Furie, y la segunda ‘Alfie’ (1966). Con la primera marcó estilo interpretándolo en varias ocasiones, como en “Funeral en Berlín” (1966) de Guy Hamilton y “Un cerebro de un billón de dólares” (1967), y poniendo de moda las gafas que utilizaba. Y quizá esta última no tuvo tanto éxito en los países no anglosajones debido a que no se supo apreciar uno de los mayores atractivos de la película: los monólogos de Caine con su acento ‘cockney’. Con todo ello se le comenzó a considerar como uno de los actores más atractivos de esa época. Su aspecto británico y sus casi 1,90 le daban un porte muy interesante para la pantalla. Con el paso de los años su prestigio fue aumentando, haciendo papeles más complejos y atractivos. La exigencia creció mientras él lo hacía como actor. Desde entonces hasta la actualidad ha interpretado papeles de todo tipo. Y quizá en esa gran diversidad y en su facilidad para transformarse en cualquier personaje le ha hecho obtener un gran respeto y admiración por todos los amantes al cine.

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En 2000 recibió el nombramiento de caballero por parte de la Corte Real Británica. Así se convirtió en Sir Maurice Micklewhite. Y lo recibió con su verdadero nombre tal y como él decidió, como un signo de respeto a su padre. Aunque él nunca he dejado de utilizar su nombre entre sus amigos durante toda su vida. Durante los años 60 interpretó ‘La caja de las sorpresas’ (1966), ‘Ladrona por amor’ (1966), ‘7 Veces mujer’ (1967), de Vittorio de Sica o ‘La batalla de Inglaterra’ (1969). Pero la década de los 70 le consagró a nivel mundial con títulos como: ‘El último valle’ (1970), ‘Comando en el mar de China’ (1970), ‘Asesino implacable’ (1971), ‘Historias peligrosas’ (1972), ‘La huella’ (1972), ‘Una inglesa romántica’ (1975), ‘El hombre que pudo reinar’ (1975), ‘La conspiración’ (1975).

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“Hay que ser como un pato.

Con calma en la superficie,

pero siempre remando como un demonio por debajo”

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Pero durante los siguientes años y décadas supo administrar su talento para continuar con su espléndida carrera. Y siempre a un buen ritmo. También se dedicó a la producción, tanto en cine como en televisión. Los títulos más conocidos de los 80 fueron: ‘Vestida para matar’ (1980), ‘La mano’ (1981), ‘Evasión o victoria’ (1981), ‘La trampa de la muerte’ (1982), ‘Educando a Rita’ (1983), ‘Half moon street’ (1986), ‘Hannah y sus hermanas‘ (1986), por el que recibió el primer Óscar como actor de reparto, y ‘El cuarto protocolo’ (1987). Durante los 90 recibió su segundo Óscar por su interpretación en ‘Las normas de la casa de la sidra’ (1999).

“Mi mayor talento es haber sido un superviviente”

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Daniel Day Lewis

Publicado: 10 de febrero de 2013 en Cine
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 “No me importa lo que mi personaje provoque en el público, 

en ese sentido tengo que ser completamente irresponsable.

Obviamente hay peligros, 

y uno de ellos es alejar a la gente de la película,

pero parte de mi trabajo es no juzgar y tener una identificación muy fuerte con mi personaje,

algo que se desarrolle de un modo íntimo.

Para bien o para mal, 

cuando trabajo no tengo conciencia de lo que provoco con mi personaje.

Si especulas con el resultado chocas

porque ahí no yace el verdadero trabajo del actor”

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Daniel Blake Day-Lewis nació en abril de 1957 en Inglaterra, aunque nacionalizado irlandés en 1993. Aunque ha rebasado los 50 hace un tiempo nadie lo diría. Atrae a partes iguales a seguidores y cámaras. Su estilo es muy personal y profundo. Si hiciéramos una lista de los mejores actores en activo sin duda su nombre estaría en ella. Y se lo ha ganado a pulso. Actor  que se podría decir que comenzó su vocación en su propio hogar familiar. Su abuelo era productor británico, su padre era poeta y su madre actriz de teatro.

Aunque sus primeros papeles fueron pequeños y casi pasaron inadvertidos, se formó realmente realizando obras de teatro y en series para la BBC británica. Quizá 1985 fue su año, si por eso entendemos cuando se dio a conocer más allá de sus fronteras y cuando dos papeles en dos películas le hicieron ganarse las primeras buenas críticas. La primera fue poniéndose el rostro de un homófobo punky londinense en ‘Mi hermosa lavandería’, y más tarde un papel más secundario en ‘Una habitación con vistas’.

Su formación artística la realizó en la Bristol Old Vic Theatre School. Una escuela de arte dramático inaugurada en 1946, unos meses después de fundarse la Bristol Old Vic Theatre Company por el gran Laurence Olivier. El origen de esa escuela fue una habitación, junto al almacén de frutas, conocida como ‘la escuela fruta’, dado que el edificio estaba rodeado por mercados de fruta. Desde entonces, grandes actores y actrices han pasado por sus aulas.

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Philip Kaufam, director norteamericano,  lo reclutó junto a Juliette Binoche para dar vida al protagonista de la gran novela de Milan Kindera ‘La insoportable levedad del ser’ en 1987. La novela, cargada con grandes dosis de erotismo y profundidad filosófica no era fácil de interpretar, sin embargo, Lewis consiguió que su papel fuese realmente digno de la novela. Sorprendió su interpretación porque tampoco era en aquel entonces tan conocido. En 1989 le ofrecieron el papel de Christy Brown, un artista irlandés discapacitado en ‘Mi pie izquierdo’. Ese papel le consagró, dándole fama, prestigio y un Óscar, además de muchos más premios.

En esa película fue cuando conoció y trabajó por primera vez con el director irlandés Jim Sheridan, quien comenzó su carrera en el teatro como uno de los fundadores del Project Art Centre de Dublín. De ahí que sus primeros años estuvieran centrados en la producción teatral. Se fue a vivir con su familia a Nueva York y allí se matriculó en la Escuela de Cine de la Universidad de Nueva York. Y a finales de la década de los 80 se adentró en el mundo del cine.

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Lewis comenzó entonces una trayectoria que le ha subido al pedestal de los mejores actores en activo. A principios de la década de los 90 trabajó en ‘El último mohicano’ (1992) y en ‘La edad de la inocencia’ (1993), dirigida por Martin Scorsese. Consiguió su primera nominación al Óscar por su rol en la película de Sheridan ‘En el nombre del padre’ (1993) y más tarde realizó ‘The boxer’ (1997). Su colaboración con Scorsese se repitió en ‘Gangs of New York’ en 2002 por la que también fue nominado a los Óscar. Se le conoce por haber rechazado papeles muy comerciales y que le hubieran puesto en el candelero de forma más rápida y eficiente, pero siempre ha intentado elegir sus guiones de acuerdo a sus emociones.

La lista de sus relaciones entre actrices es extensa. Nombres como Isabelle Adjani, Julia Roberts o Winona Ryder son bien conocidos pero los rumores sobre otros muchos romances con otras actrices no se han detenido nunca. Aunque es raro encontrarle en revistas del corazón y contando algo con respecto a su vida privada. También es poco propenso a conceder entrevistas. Su privacidad y su intimidad son bastante sagradas para él. Pero su fama no se ha detenido y, muy al contrario, ha aumentado. Gracias a sus interpretaciones y a saber madurar de forma sublime dentro de una industria que encumbra a sus integrantes de la misma forma que los hunde. Ha sabido mantener su puesto. Su fama y su prestigio. Con el tiempo ha demostrado que su capacidad como actor se ha desarrollado como su madurez. Ha crecido como actor y como persona.

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Lo que ha demostrado con las últimas películas que ha protagonizado es que cada vez más es el protagonista de la trama y de la cámara. Tiene tanto poder su figura y su actuación que por momentos deja a sus compañeros de reparto un tanto apartados. Aglutina poder de atracción y sólo el hecho de estar su nombre le da a la siguiente película un éxito asegurado de antemano. Un ejemplo claro de ello fue ‘Pozos de ambición’ (2007). Su última aportación al séptimo arte ha sido ‘Lincoln’ (2012). Pero no hay duda de que sigue madurando y que tiene por delante muchos retos que afrontar como actor. Seguramente sabrá envejecer aportando nuevos papeles que recordaremos por su calidad. Pocos actores tienen la fuerza que tiene Lewis en la actualidad. Sabe manejarla y la amolda a sus necesidades del guión. Un ejemplo claro de lo que debe ser un actor con letras mayúsculas. Un verdadero ejemplo para jóvenes que tienen intención de dedicarse a este mundo.

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Helen Mirren

Publicado: 11 de enero de 2013 en Cine
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“Soy sexy desde los 14 años”

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Se ha ganado un lugar entre las más grandes actrices británicas de la historia. Y lo ha hecho con paciencia, paso a paso. No fue la jovencita que rompió el mercado del cine  por sus polémicas actuaciones. Se fraguó una carrera con tesón y con independencia. Y con el paso del tiempo ha sido reconocida como lo que es: una auténtica fuera de serie. Porque se ha convertido en una actriz que se ha hecho a sí misma. No ha perdido nunca su estilo y ha sabido crecer y madurar de la mejor manera posible. Pocas actrices son capaces de adaptarse al paso de los años y saber ocupar un lugar destacado en la industria del cine.

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“Ahora soy más grande.

Esas cosas pasan.

Hay un momento de temor cuando te das cuenta de que ya no eres la persona más joven en la reunión.

 Después de eso, naturalmente te das cuenta de que eres la persona más vieja de la reunión.”

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 Aquella frase que pronunció al diario The Guardian hace cuarenta años le acompañó durante muchos años, quizá más de los que hubiera deseado. Pero nunca ha negado su deseo de ser seductora, ya en su vida personal como delante de la cámara. Muchos periodistas tuvieron durante años el morbo de conocer más sobre la vida sexual y privada de esta mujer, y el paso del tiempo ha llenado de admiración a todos los que la siguen desde hace tantos años. Pero ahora se la ve como una inteligente, independiente y atractiva mujer de más de 65 años. Ahora es adorada, reverenciada y envidiada. Se confiesa feliz con lo que hace y con lo que es. Ha sido fiel a sus ideas y eso le ha llevado a la cumbre. El tesón y los principios personales le han hecho triunfar y no niega su alegría por ello.

Ha sido capaz de culminar una carrera con un Oscar, por su papel protagonista en ‘The Queen‘. Se le ha tachado de indomable y lo es. Sus toques peculiares como sus tatuajes, su forma de vestir y su estilo particular forman un carácter que cautiva. Para muchos es conocida desde hace pocos años, a pesar de que su carrera como actriz comenzó hace muchos años.

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“En el pasado a veces fui una chica mala”

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Nació en el barrio de Chiswick (Londres, Reino Unido) en julio de 1945. Curiosamente, nació con el nombre de Ilyena Vasilievna Mironova, nieta de un aristócrata ruso que negoció acuerdos de armas entre Rusia y Japón en Londres justo en el momento que comenzó la Revolución Rusa. Por la relación que tenía con la familia del Zar se vio obligado a exiliarse con su familia. La madre de Helen era hija de un carnicero. Fue educada en Essex y se aficionó desde pequeña al mundo de la interpretación.

En 1965, con veinte años, se estrenó en la obra de teatro ‘Cleopatra’. A ésta le siguieron más, entre las que destacaron ‘Macbeth’ y ‘Troilo y Crésida’. Su trabajo en el cine comenzó en 1968 con ‘El sueño de una noche de verano’. Fue entonces cuando Peter Brooks se fijó en ella y la ofreció una gira por el norte de África con la obra ‘The conference of the birds’ (1971). En 1976 interpretó a Ofelia en ‘Hamlet’. Pero si llegó a ser famosa en esa época fue por sus escenas eróticas en la película ‘Calígula‘ (1979). Comenzó a ser conocida por ser una mujer liberal y sexualmente abierta.

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“Realmente no me gustan las películas románticas mucho

y no me gusta hablar de los sentimientos,así que tengo un hombre disfrazado”

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John Boorman la contrató para interpretar a Morgana en ‘Excalibur’ (1981) y Peter Weir para el papel de esposa de Harrison Ford en ‘La costa de los mosquitos’ (1986). A partir de ahí comenzó una época de gran éxito en su carrera profesional. Aceptó el papel en ‘Cal’ (1984),  en ‘El placer de los sentidos’ (1990) de Paul Schrader y en la famosa ‘El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante’ (1989) de Peter Greenaway y banda sonora de Michael Nyman. En esa película se originó cierto escándalo aunque su actuación fue muy  aclamada.

credit: Mike McGregor / Contour by Getty Images

En 1994 recibió los elogios por su papel secundario en la película ‘La locura del rey Jorge’. Ya por aquel entonces había recibido premios por sus trabajos. Como en su siguiente papel en ‘A month in the country’ (1995). Ya consolidada recibe grandes ofertas de papeles y acepta el de la película de Terry George ‘En el nombre del hijo’ (1996). Su nombre se asocia ya con la imagen de mujer madura, idealista y con fuerza para afrontar todo tipo de retos.

En la década de 2000 apareció en nuevos papeles que la consagraron como: ‘El juramento’ (2001) de Sean Penn, ‘Last Orders’ (2002) y ‘Gosford Park’. Pero la racha continuó con títulos como ‘La sombra de un secuestro’ o ‘Ray’ (2004). El techo y el reconocimiento le llegan con ‘The Queen’, donde interpreta a la Reina Isabel II en el momento que Lady Di fallece en accidente de coche y por el que recibe el Oscar a la mejor actriz. 

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“En mi profesión, no te castigan por ser joven,

pero no ocurre lo mismo con la mayoría de las mujeres.

Soy parte de la primera generación de mujeres que recibimos educación

y pudimos ir a la secundaria aun sin tener dinero.

Esa generación se dedicó a la medicina o ingresó en la policía,

y chocó con esa muralla de discriminación de hombres que no se habían puesto a tono”

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Analizando su pasado y su fama anterior tiene sentimientos enfrentados. Parece haber perdonado el trato que se le dio de joven pero también sabe que algo de eso le ha ayudado a ser como es en la actualidad. Ha sabido madurar fantásticamente. Tiene facilidad para reírse. Y ante todo es natural. Tuvo que soportar el sexismo en diferentes entrevistas en la década de los 70. Critica a los hombres y no tiene pelos en la lengua. Apoya a las mujeres jóvenes a actuar de forma natural y sensual. Hay que ser femeninas sin perder de lado la dignidad y la personalidad. Era capaz de dar giros en los guiones. Se le ve inteligente y lo es. Es una mujer con letras mayúsculas, hecha a sí misma. Y eso se nota. Un ejemplo para nuevas generaciones. Siempre eterna…

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Cyrano de Bergerac

Publicado: 5 de diciembre de 2012 en Literatura
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“Sí, todo me lo quitaréis,

el laurel y la rosa.

Lleváoslos, pero me queda una cosa que llevo.

Y esta noche, cuando entre en la casa de Dios,

brillará intensamente mientras diga mi adiós algo que,

inmaculado,

meceré en un arrullo, y me lo llevaré para siempre;

y es…. mi orgullo”

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Cyrano de Bergerac nació en París (Francia) en marzo de 1619 y murió en Sannois en julio de 1655. Su verdadero nombre era Hercule-Savinien de Cyrano. Fue conocido por ser poeta, dramaturgo y pensador, de la misma época que Molière y Boileau. Calificado de libertino por su forma de de pensar y por su actitud un tanto o bastante irrespetuosa frente a instituciones religiosas de su tiempo, también ha sido considerado como un precursor de la ciencia ficción, aunque quizá su popularidad y su fama actual le vengan por su obra de teatro con su mismo nombre. Casi toda su vida la pasó en París, aunque su infancia la vivió en la antigua localidad de Saint-Forget, que actualmente se conoce como Yvelines. Con casi veinte años adoptó el nombre de Bergerac, debido a unas tierras que su abuelo había comprado en esa zona del país. Y gracias a ese abuelo y a sus negocios, la familia pudo permitirse entrar en el pequeño círculo de la nobleza. Cyrano eligió la carrera militar y fue famoso por su valor en el campo de batalla. Fue célebre por haber retado a infinidad de adversarios. Famoso por sus numeroso duelos. Pero siendo todavía muy joven tuvo que retirarse del ejército debido a una herida en la batalla de Arras. Fue el momento en que decidió estudiar filosofía. Murió también joven, a consecuencia de las heridas que le causó una viga que le cayó encima. Cyrano fue uno de los más importantes escritores de su siglo, poseyendo una gran personalidad y capaz de tocar muchísimos temas. Su corta vida mostró sus dotes como novelista y como dramaturgo pero también como poeta y autor satírico. Justo antes de morir estaba intentando liderar un movimiento cultural, una nueva filosofía de la vida. Como cualquier talento de su época, fue muy criticado, discutido y controvertido. Fue tachado de científico incomprendido o de racionalista militante, entre otros calificativos.

“Así es mi vida.

He sido el inventor de todo

y al que todo el mundo olvida”

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Y si Cyrano ha sido conocido fue gracias a la obra de Edmond Rostand, dramaturgo francés que nació en Marsella en abril de 1868 y que murió en París en diciembre de 1918. Rostand estrenó su obra ‘Cyrano de Bergerac’ en París, concretamente en el Teatro de la Renaissance en 1897. Su éxito no se hizo esperar, puesto que desde las primeras representaciones causó una gran diversidad de opiniones y sus seguidores se aglutinaban con el paso de los meses. Esa obra se ha representado desde entonces por todo el mundo, en muchísimos idiomas y el éxito no se ha detenido. Ya es conocida como un clásico del teatro francés y está asociada al neorromanticismo. Una corriente literaria que se originó en la Restauración borbónica española a finales del siglo XIX. Tuvo mayor impacto en el teatro con nombres como Echegaray, Cano o Sellés. Mediante este estilo se acentuaba el dramatismo y el melodrama con el rasgo peculiar de la exposición de lo negativo. Se adaptó a la sociedad del momento, una sociedad burguesa caracterizada por un romanticismo exagerado, además de sus aromas positivistas y realistas. Todo eso condujo a un teatro de costumbres más moralizante que usaba de procedimientos románticos y abusaba de las situaciones trágicas y patéticas. Se planteaba con cada obra un caso de moral y de conciencia, un problema de índole ideológica o de deberes. Lo curioso de la obra de Rostand es que incluso él no sabía ni estaba seguro de que su impacto iba a ser el deseado y temía por el riesgo de semejante obra. Pero ya en el entreacto del estreno la sala se puso en pie a aplaudir. La conclusión fue que Rostand recibió la medalla de la Legión de Honor por el gobierno de turno. Al final de ese estreno los aplausos duraron casi media hora. La obra partía del amor como premisa de vida, pero también describía el orgullo francés tras la pérdida militar de Alsacia-Lorena de 1870.

“Hay personas silenciosas

que son mucho más interesantes

que los mejores oradores”

(Benjamin Disraeli)

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Aunque se hizo un estreno en el cine de la misma obra en 1950 con la dirección de Michael Gordon, el éxito vino con el segundo intento. En 1990, el director francés  Jean Paul Rappeneau estrenó la obra de Rostand en la gran pantalla con un éxito rotundo. Nació en Auxerre (Francia) en abril de 1932 e inició su carrera cinematográfica como asistente y guionista en varias películas. Su primera película como director  fue ‘La vie de château’ (1966), y aunque tuvo su cuota de éxito no volvió a dirigir hasta 1971 con la película ‘Les Mariés de l’an II’. Dirigió varias películas más pero sin mucho éxito hasta que en 1990 consiguió la gloria con su Cyrano. Gracias a la interpretación de un magnífico Gérard Depardieu y frente a todas las críticas que le habían llegado por lo costoso de su producción. La obra narraba el amor o la atracción que sienten tres hombres por la misma mujer. Uno de ellos ostenta el poder, otro cuenta con la belleza y el último con el talento literario. Cada uno juega sus bazas para conquistar a la mujer deseada. Una mezcla de pasión, amor, guerra y drama real de la vida de la época. Un cierto aroma de nacionalismo francés, de orgullo herido, de soledades intempestivas, de mentiras sumergidas, de pasiones no confesadas, de inseguridad, de cobardía, de injusticia y de tristeza. Una mezcla perfecta que llevaba al espectador a no perder ni un segundo de atención desde el inicio hasta el final. Bajo la luz de la joven Roxana se escondía un cúmulo de emociones contenidas, de realidades perversas y de infelicidades escondidas. Complejos de unos y de otros para llevar a cabo lo que se desea. Mentes cercadas por el miedo a perder o a fracasar en el intento. Un experto poeta y hábil espadachín que expresará su amor por Roxana mediante un apuesto soldado, a escondidas, en silencio. Su carácter fanfarrón, de genio vivo e irónico, lleno de nobleza y de orgullo operará en su contra para conseguir lo amado. Porque detrás de su apariencia fuerte se esconde la personalidad del complejo, del ridículo, de su fealdad y de su pensamiento. Ayudará a su amada a encontrar el amor pero no en él sino en el soldado apuesto, gracias a unas cartas que él mismo siente desde su corazón.

“De las cosas que tienes,

escoge las mejores

y después medita cuán afanosamente

las hubieras buscado si no las tuvieras”

(Marco Aurelio)

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“Lo importante

es ver aquello

que resulta invisible para los demás”

(Robert Frank)

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William Klein nació en abril de 1928 en Nueva York, aunque casi toda su vida se desarrolló en Francia. Construyó su carrera gracias a la fotografía y al cine. Dirigió un buen número de largometrajes y ganó el Premio Nadar de fotografía en 1956. Un galardón anual que se otorga por un jurado de expertos fotoperiodistas al mejor libro de fotografía editado en Francia. Premio que se comenzó a conceder en 1955. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial desarrolló su trabajo desde París. Trabajó junto al escultor Fernando Leger y estudió pintura y fue en la década de los 50 cuando descubrió el mundo de la fotografía y todas las posibilidades que ese mundo le permitían abarcar. Fue el inicio de la búsqueda de la imagen perfecta, todas esas imágenes que le rodeaban, que estaban simplemente en su entorno y que su ojo debía plasmar en su cámara. Colaboró en el revista Vogue  desde 1954 con la moda como tema principal, y gracias a ese trabajo pudo financiar sus propios proyectos personales, dedicándose más adelante al cine.

“Empecé a tomar fotografías de moda para ganar dinero”

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Los temas que tocó mediante el mundo del cine rozaban la estética social, la política y la moda. Todos esas escenas le atraían especialmente. Participó en la película ‘Lejos de Vietnam’ (1967), producida por Chris Marker. Como bien declaró, muchos lo consideraron comunista por apoyar el proyecto, además de tener también el adjetivo de ‘intelectual francés’. El largometraje pretendía dar respuesta a la penetración del imperialismo norteamericano durante la Guerra de Vietnam. Otro proyecto fue ‘Mr.Freedom’ (1969), una caricatura del super hombre norteamericano que destruía todo lo que encontraba a su paso, una estética auténticamente pop con toques de Warhol. Pero su apoyo al cine independiente fue una constante. Donde consiguió la fama mundial fue con ‘Muhamed Alí’ (1974), retrato del famoso boxeador. Entre el deporte y el racismo, una crítica social gracias a la fama de uno de los grandes ídolos negros del momento.

“Siempre pensé

que las buenas fotos son como las buenas bromas,

si se tienen que explicar es que no eran tan buenas”

(Anónimo)

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Su trabajo fue considerado un tanto revolucionario por su enfoque ambivalente e irónico sobre todo en el mundo de la moda. Era claro su rechazo intransigente de las reglas vigentes de la fotografía. Usaba casi siempre el gran angular y lentes con teleobjetivo, iluminación natural y desenfoque del movimiento. También calificado como uno de los padres de la fotografía de la calle junto a Robert Frank.  De todas formas siempre fue difícil clasificarle como artista. Durante toda su carrera dirigió numerosos documentales cortos, largometrajes y más de 250 anuncios publicitarios. Se crió en el seno de una familia judía de Nueva York, y con catorce años se matriculó en el City College para estudiar sociología. Tras unirse al ejército de los EEUU se instaló en Alemania y después en Francia, donde se afincó tras recibir el alta hospitalaria. En 1948 se matriculó en la Sorbona. Siempre estuvo atraído por la escultura y la pintura abstracta.