Tintín (Algo más que un compañero de infancia)

Publicado: 6 de julio de 2014 en Artículos
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‘Este es un parque de entretenimiento.

Y el entretenimiento nada tiene que ver con la realidad.

El entretenimiento es la antítesis de la realidad’

(Michael Crichton)

***

Todos hemos sido niños. Y la mayoría hemos tenido unos héroes que nos acompañaban. Podemos llamarlos héroes, pero también iconos, figuras, símbolos, personajes que rellenaban un lugar en nuestra mente y que, gracias a nuestra imaginación, eran capaces de transportarnos a otros lugares, a otros mundos. La gran parte elegíamos los protagonistas de algún cómic.  El cómic es esa serie de dibujos que constituyen un relato. Una forma de arte elaborada, con imaginación, estilo y capacidad de creación. Un mundo de ilustraciones  que describen lugares, historias, narraciones que pueden mostrar realidades alternativas. La historia del cómic ha evolucionado como todas las formas de diseño y de arte. Existen muchas clases de cómics y cada uno se siente atraído por alguno de sus conceptos.

Yo he de reconocer que nunca he sido un gran aficionado a los cómics, aunque como cualquier otro niño de mi época, engullí muchos de ellos. La mayoría de mis compañeros de escuela devoraban todos aquellos que tenían que ver con los superhéroes, esos que aparte de tener una mayor publicidad, llenaban sales de cine una vez que sus historias llegaban al séptimo arte. Eran cómics de masas. Y uno podía seguirlos sin tampoco demasiada devoción. Eran una atracción lejana simplemente. En cambio, otros muchos nos decantábamos por leer historias de personajes menos mediáticos, menos populares. Mi héroe de infancia fue un tipo llamado Tintín. Y recuerdo que cuando lo comentaba en el colegio ninguno de mis compañeros me acompañaba en el gusto. Me quedaba siempre en un segundo plano y un tanto en minoría.

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‘En los momentos de crisis,
sólo la imaginación es más importante que el conocimiento’
(Albert Einstein)
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No puedo explicar cómo comencé a leerlo. Puede ser que mi madre, una gran amante de la lectura, me regalara uno de sus ejemplares cuando cumplí pocos años y ya comenzaba a interesarme la lectura de todos los libros que llenaban sus estanterías. Supongo que ella decidió que comenzara a leer la historia de ese personaje, o quizá fue simple casualidad. Lo cierto es que se lo agradecí siempre. Puedo explicar todo lo que me llamó la atención de sus historias. Un tipo solitario, viajero empedernido, investigador, periodista, inquieto, que simplemente se acompañaba de su perro Milú. Lógicamente, sus ansias de descubrir me engancharon. Desde niño me produjo una sensación incomparable observar el mapa del mundo, imaginar todos los rincones del planeta, recorrer todos los lugares desconocidos, lejanos o no, comparar olores, sabores, colores y miradas.

Tintín me ofrecía una parte importante de todo eso. Sobre todo cuando tienes tan pocos años. La única forma de vivir todas esas historias en todos esos países era gracias a sus ejemplares que, con cuentagotas iban llegando hasta mi particular mundo, ya fuera gracias a un cumpleaños o a unos reyes magos. La colección aumentaba lentamente pero la relectura de todos ellos todavía sabía mejor. Porque en cada nueva descubría nuevos detalles que se me habían escapado de la vez anterior. Me fijaba en las ropas, en los decorados, en las casas, en la ambientación. Un mundo en cada historia. Una historia en cada toma.

La historia de Tintín apareció por primera vez en un suplemento infantil del diario belga Le Vingtième Siècle en enero de 1929. Y desde esa primera entrega, su perro Milú estaba a su lado. En un principio era un reportero de dicho diario, aunque más adelante ya continuó como reportero independiente a pesar de que nunca se sabría para qué periódico o publicación trabajaba. Con el paso de los volúmenes se vio acompañado de otros personajes, como el capitán Haddock, el profesor Tornasol, la diva Bianca Castafiore o los policías Hernández y Fernández. Parece que su lugar de residencia era Bruselas, aunque todo es un tanto complicado de confirmar.

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El creador del personaje fue Georges Prosper Remi, un historietista belga nacido en mayo de 1907, conocido en el mundo artístico por su seudónimo Hergé (el sonido en francés de sus iniciales al revés R.G.) El éxito de ‘Las aventuras de Tintín’ todavía sigue vigente, sobre todo en Europa. La primera aventura tuvo como país protagonista a la Unión Soviética, donde se enfrentaba a los bolcheviques. El éxito de la publicación le animó a seguir con las aventuras del reportero. La segunda fue ‘Tintín en el Congo’ en 1930. En 1932 se publicó ‘Tintín en América’. Los títulos se sucedieron: ‘Los cigarros del faraón’,El loto azul’ o ‘Tintín en el país del oro negro’. En 1939, su diario cerró y fichó por Le Soir, un medio tratado como filonazi. Su primera publicación ahí fue ‘El cangrejo de las pinzas de oro’ y le siguieron cinco más, todas con temas un tanto diversos debido a estar inmerso en plena guerra mundial.

En 1943, conoció a Edgar Jacobs, a quien contrató para que le ayudara en la revisión de sus primeros álbumes de Tintín. Su contribución más importante fue el rediseño de los vestuarios y los paisajes. Su primera colaboración con Hergé fue con ‘Las siete bolas de cristal’. Tintín era un personaje muy peculiar. Rubio, joven, de mediana altura, solitario y con un característico tupé. Nunca se supo su edad, porque era adulto pero no demasiado, aunque tampoco adolescente. Y con el paso de los años nunca cambió de aspecto. Durante los casi 50 años en los que Hergé trató al personaje continuó apareciendo igual. Tan sólo cambiaban sus ropas o su calzado, dependiendo de donde se encontrara. Un personaje muy ético, donde nunca se le vio bebiendo, ni fumando, preocupado por su entorno, bondadoso, sin aficiones importantes aparte de viajar y de indagar, inteligente, enigmático, ingenioso, más fuerte físicamente de lo que aparenta, con una increíble facilidad para los idiomas y para adaptarse a todas las circunstancias, sensible ante las injusticias y capaz de socorrer a todo aquel que lo necesite. La serie completa de ‘Las aventuras de Tintín’ contaba 24 fascículos.

Con el paso de los años, la obra de Hergé aumentó tanto en ventas como en admiración y consolidación. A pesar de las muchas críticas y sospechas sobre su idealismo fascista, la obra del autor belga quedó ahí. Tintín es el ejemplo de una generación infantil que creció fuera de internet, sin más posibilidad de búsqueda de datos que los que la biblioteca de cada lugar pudiera almacenar. Sorprendió a todos con una visión diferente de manos de un joven reportero inquieto y audaz, capaz de moverse por todos los rincones del planeta con una gran naturalidad, respetando las culturas, los pueblos y las tradiciones. Tintín me acompañó en toda esa infancia. Era, por así decirlo, un compañero de viaje imaginario. Y con el paso del tiempo fui descubriendo que había muchos aficionados a su lectura como yo. Muchos más de los que yo imaginé. Hoy en día, Tintín se ha convertido en un personaje de culto. Pero para mí siempre será una parte de mi infancia. De hecho, en muchos de mis viajes recuerdos sus historias. Y una parte de él me acompaña todavía.

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‘La imaginación sirve para viajar y cuesta menos’
(George William Curtis)
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