Diario de pensamientos: ¿Tememos por nuestra reputación?

Publicado: 3 de octubre de 2014 en Diario de pensamientos
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‘El que sólo practica la virtud para conquistar una gran reputación
está muy cerca de caer en el vicio’
(Napoleón)
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La reputación es simplemente la opinión que tienen los demás sobre nosotros. ¿Es importante? Quizá en según qué casos sí lo será, pero no en todos ni en la mayoría. La reputación es muy particular. Muy de cada uno. Y tiene el valor que le queramos dar, ni más ni menos. La podemos cuidar, año a año, tratar de hacerla mejor, día a día, evolucionarla, desarrollarla, mejorarla, pero a lo mejor, bajo una circunstancia inesperada, se puede venir abajo como un castillo de naipes y en cuestión de segundos, y en muchos casos quizá sin razones aparentes o causas que hubiesen sugerido tal desenlace.

¿Nos importa realmente lo que digan o piensen de nosotros? O quizá dependerá de quién lo haga. O quizá dependerá del momento o de la situación. ¿Tan importantes somos realmente (o creemos ser) como para pensar que es trascendente la opinión de los demás con respecto a nosotros. Si de nosotros comentan una buena opinión la tomamos automáticamente como buena, ya que es positiva, porque suena bien, porque nos hace quedar bien de puertas para afuera; mientras que si el comentario o la opinión que se hace de nosotros es malo nos lo tomamos al instante como equivocado y erróneo, no falso, pero sí como una escena que no se asemeja a la realidad de lo que nosotros creemos ser. Naturalmente, porque esa opinión puede perjudicar nuestra imagen y nuestra reputación.

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‘He perdido mi reputación.
Pero no la echo en falta.’
(Mae West)
***

Si en la vida diaria nos mostramos tal como somos, naturales, sin poses, ni posturas, ni casualidades convertidas en necesidades según el momento y la situación, si somos realmente nosotros mismos, la gente que nos rodea, que nos conoce cada día, que nos trata normalmente, nos conocerá tal y como somos. A todos no podemos caer bien, eso es una utopía, además tampoco se trata de eso, no puede ser el fin en sí. La personalidad de cada uno no puede intentar encajar con las de todos los demás. Eso es imposible. Caeremos bien a unos cuantos, y a otros no tanto. Quizá a algunos les caeremos incluso mal. Pero si es así no será por nuestra reputación, sino por nuestro carácter y nuestra personalidad. Si los hemos mostrado de forma natural no podremos reprocharnos nada en absoluto. Otra cosa distinta sería que hubiéramos fingido un forma de ser con tal de caer bien o de hacer ver que somos otra cosa. Esa opinión creada sobre nosotros sería no falsa, sino simplemente ficticia. No nos conocerían realmente, pero ya se habrían hecho la imagen de un nosotros ideado y retocado, nunca auténtico. 

Lógicamente, cometemos errores, y los seguiremos cometiendo. Pero los que nos conocen y nos aceptan con ellos sabrán perdonárnoslos. No porque sientan pena o compasión, simplemente porque estarán por encima de lo que realmente somos. Al conocernos bien y en profundidad, los detalles o las circunstancias no podrán hacer cambiar la imagen que tienen y que ya tenían de nosotros. Pero, igualmente, podemos cometer errores mucho más graves, crear decepciones en gente que confió en nosotros, que creía en nosotros, y eso será difícil de reparar. Para ello hay que tener tacto y valorar a esas personas, sobre todo, si no las queremos perder. Pero, si al final, hemos cometido esos errores será necesario enmendarlos como se merece, ante todo con humildad y dando las explicaciones oportunas. Con naturalidad. Porque esa es la clave de todo.

La reputación es muy importante para las empresas, ya sea por su servicio, por su calidad, por su estabilidad. Lograr esa reputación con el paso de los años requiere sacrificio, trabajo y suerte, pero es uno de los grandes objetivos de cualquier empresario. Múltiples estudios han intentado descifrar los secretos para conseguir esa ansiada reputación en las empresas y en las marcas comerciales. La conclusión: ‘Lo más importante es cumplir con lo que se dice’. Así de sencillo. ¡¡Y tan difícil de conseguir!! La reputación no la podemos crear de un día para otro. Es un lento caminar. Una construcción que depende de muchos factores, y no todos dependen de nosotros. Si nos hemos creado una buena imagen no la vamos a perder tan fácilmente. Tampoco la podemos medir. Y tampoco es necesario.

‘¿De quién dependen las reputaciones?
Casi siempre de los que no tienen ninguna.’
(Carlos José de Ligne)
***
Consejos-para-mantener-una-buena-reputación-en-el-trabajo

 

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