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Gore Vidal

Publicado: 7 de agosto de 2012 en Literatura
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“No tenemos país,

nadie tiene la sensación de vivir en un país:

vivimos en un lugar donde si tienes dinero estás bien,

y si no estás en la mierda”

***

Se llamaba Eugene Luther Gore Vidal. Había nacido en West Point, New York (EEUU) en 1925 y murió tan sólo hace unos días. Todo el mundo lo conocía como Gore Vidal. Tuvo mil facetas pero por lo que destacó sobradamente fue por su capacidad para la literatura, el periodismo y el ensayo. Incluso fue candidato al Premio Nobel de Literatura.  Si era amado y odiado a la vez era, tal vez, por su lengua, capaz de provocar al mismo tiempo ira, felicidad, risa, maravilla y hasta violencia. Porque ya dicen que la lengua puede ser el instrumento más preciado y el arma más peligrosa.

Su nacimiento en la famosa academia militar de West Point no fue una casualidad. Su padre estaba destinado allí como instructor aeronáutico. Desde joven adoptó como nombre propio el apellido de su abuelo materno, quien llegó a ser senador demócrata por Oklahoma. Gore siempre estuvo relacionado con el partido demócrata norteamericano. Desde niño creció en Washington DC y estudió en el colegio St. Albans. Tras graduarse en la Phillips Exter Academy se alistó en el ejército, corría el año 1943. Fue autor de más de 20  novelas y con sólo 21 años ya publicó la primera, titulada ‘Williwaw’, basada en las experiencias adquiridas como militar en el destacamento de la bahía de Alaska. La crítica recibió muy bien aquella primera novela.

“Somos los Estados Unidos de la Amnesia. 

No aprendemos nada porque no recordamos nada”

***

Unos años más tarde publicó ‘La ciudad y el pilar de sal’, aproximando su narrativa al mundo del colectivo gay, con lo que causó controversia a nivel nacional, llegando incluso a que el periódico The New York Times se negara a publicar algunas reseñas de sus siguientes libros. Parece ser que aquella novela estaba dedicada a un tal Jimmie Trimble (JT), que tras multitud de rumores tuvo que llegar a admitir que fue su amante durante su estancia en St. Albans. La triste historia de Trimble, quien murió en la batalla de Iwo Jima en 1945 descubrió al hombre que según Gore fue el único amor de su vida.

Acompañó su obra literaria dedicando su tiempo a escribir obras de teatro, películas y series de televisión. Su faceta de guionista también llegó a ser importante. De hecho, está considerado como uno de los mejores ensayistas norteamericanos de la historia, frecuentemente comparado con Mark Twain, tanto por su talento literario como por su crítica social y política. Pero destacó sobradamente por su feroz crítica al sistema, a la política interna y externa norteamericana, que le marcaron incluso por encima de su talento literario. Acaso no fue un revolucionario al uso pero sí un rebelde que no cayó ante todo lo que consideraba injusto.

“Todo es trampa en este país, corrupción y robo. 

Miren nuestras elecciones: uno recauda suficiente dinero,

compra suficiente tiempo en televisión y puede resultar electo

aunque nadie lo conozca y a la nadie le importe”

***

En 1949 escribió la novela ‘En busca del rey’, una historia de picaresca y aventuras con la amistad como eje central. A principios de los 50 y usando un seudónimo escribió tres novelas de misterio con un detective ficticio como protagonista. Luego fue contratado por la productora MGM para el guión de Ben-Hur junto a Christopher Fry. A continuación escribió algunas novelas con las que obtuvo un gran éxito: ‘Juliano‘ (1964), ‘Washington DC’ (1967), sobre la vida de Franklin D. Roosevelt, y en 1968 apareció ‘Myra Breckinridge‘, una comedia satírica sobre la transexualidad.

A partir de ese momento explora y se centra en el ensayo, aunque también se adentró en el terreno de la novela histórica con ejemplos como ‘Burr’ (1973), ‘1876’ (1976), ‘Lincoln’ (1984), ‘Imperio’ (1987), ‘Hollywood’ (1989), ‘La edad de oro’ (2000). No hay que olvidar por el medio la satírica ‘Myron’ (1975). Nunca abandonó su trabajo en cine y en televisión. Pero quizá es más admirado por su aportación ensayista. Y más que admirado, podríamos decir respetado. Escribió sobre política, sobre historia y sobre sociología, además de sobre temas literarios. Ganó el National Book Award en 1993 por su obra ‘Estados Unidos’ (1952-1992). Publicó panfletos contra la política del dúo Bush-Cheney. Su visión política liberal era clara y bien definida.

“Bush ha demolido la Constitución. 

Con su llegada se perdió la República y las instituciones.

La elección del 2000, como la del 2004, fue ganada por un fraude”

***

Fue feroz en sus críticas a las guerras llevadas a cabo por sus gobiernos. Desde la de Vietnam hasta la de Irak. Viajó a Cuba en 2007 para denunciar las políticas de Washington y también criticó el trato llevado a cabo por los israelíes contra los palestinos. Su vida personal estuvo marcada por el arte y por la cantidad de amantes, que según él mismo sobrepasaron más de mil las relaciones con hombres y mujeres, y donde destacó la relación personal con su compañero Howard Austen durante más de 50 años, cuyo secreto para mantenerla durante tanto tiempo y ,según declaró, fue la ausencia de sexo. Siempre rechazó la etiqueta de ‘gay’. No aprobaba la separación entre heterosexuales u homosexuales. Para él todo era más sencillo que todo eso, puesto que todo consistía en actos homosexuales o heterosexuales. Nada más.

Gore fue admirado por su lucidez crítica. Considerado una de las mentes más hábiles y lúcidas que volcó su crítica contra su propio país. Denunció abusos políticos, la conciencia de muchos políticos, de muchos gobernantes, la base ética y moral de los norteamericanos; se enfrentó a la hipocresía, a las altas esferas del poder, a los grandes poderes económicos; era un creador nato que no desperdició ni un momento de su vida para pregonar todo aquello que su mente tramitaba. Uno de los grandes ensayistas de la historia norteamericana y al que se le echará de menos, pues abundan poco. Quizá hoy en día, el único que se le puede acercar por obra, volumen y calidad como ensayista sea Noam Chomsky. Pero autores como él hacen falta siempre, en todas las generaciones, porque la voz crítica es necesaria para abrir puertas y, porqué no, para abrir mundos, puertas que jamás se abren, para conseguir sueños, utopías… Voces como la de Gore hacen falta para poder encontrar soluciones a las grandes injusticias sociales, a las grandes mafias que generan tantos y tantos problemas en el mundo entero.

Malasia (Tribus, idiomas y religiones)

Publicado: 29 de enero de 2012 en Historia
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Si miramos el mapa sociológico de la actual Malasia vemos que los chinos representan la población mayoritaria con más del 75% del total. Los malayos sólo representan un 14% y los indios un 8%, el resto pertenecen a otras etnias.

Según los datos que maneja el gobierno de Malasia, en 2005 sólo quedaban 150 mil ‘orang asli’, el pueblo original del país, digamos que los originarios o nativos. Entre ellos existían tres grupos: los negritos, los senoi y los protomalayos. Y dentro de estas tres divisiones se podrían hacer más grupos hasta 18 etnias diferentes. La más pequeña de esas tribus serían los ‘orang kanak’ que no alcanzarían los 100 miembros y la mayor quizá sería la ‘semai’ que llegaría a más de 40 mil miembros. Son de religión animista aunque se ha intentado con el paso de los siglos a que se conviertan al islamismo, sin éxito hasta el momento.

Hay que recordar que los ‘orang asli’ desempeñaron un fuerte e importante papel en el inicio del comercio nacional cuando los productos demandados procedían de la jungla. Cuando esos productos pasaron a ser más sofisticados perdieron su influencia. Curiosamente, en la década de los 50 y cuando las guerrillas comunistas libraban una batalla en la jungla, los ‘orang asli’ se convirtieron en parte esencial dado que eran perfectos para suministrar alimentos, medicamentos e información. Los británicos se dieron cuenta rápidamente de ello y vieron que si querían ganar esa guerra los necesitaban. Cómo se ganaron su confianza, pues sencillo, levantando fuertes en la jungla, junto a sus asentamientos, con lo cual la tribu se vio provista de atención médica, alimentos y todo lo más prioritario.

Otro dato curioso dentro del mapa poblacional malayo es la casta de los ‘peranakan’, o quizá deberíamos decir media casta puesto que es lo que verdaderamente son. De hecho, son descendientes de inmigrantes chinos que se establecieron sucesivamente en Singapur, Penang y Malaca a partir del siglo XVI y que se unieron a mujeres malayas. Su cultura y su idioma es una interesante mezcla de tradiciones chinas y malayas. Y eso les hace especiales. Adaptaron el nombre y la religión de sus padres chinos, pero en cambio, adoptaron las costumbres, el idioma y el modo  de vestir de sus madres malayas. Muchos les apodaron ‘chinos del estrecho’. Aunque a veces son conocidos como ‘baba-nonya‘, una combinación de palabras que traducidas significan respectivamente varón y mujer. Su origen económico era fuerte debido a su facilidad con el comercio y era habitual que se permitieran presumir de joyas y de muebles caros y únicos. Otra característica de esta población eran los colores vivos con los que pintaban sus casas e incluso decoradas con coloreados azulejos. Estaban fascinados por los muebles de calidad y por los tallados por ebanistas, los que eran únicos y muy deseados. Su lengua era un dialecto del malayo con mezcla de hokkien, un idioma que se hace difícil de entender para la mayoría de malayos. De todas formas adaptaron a su dialecto multitud de expresiones y palabras provenientes del francés y del inglés e incluso utilizaban un malayo que invertía el orden de las palabras y que solamente utilizaron ellos.

Si nos referimos a los idiomas que se hablan en el país vemos que es un país de gran facilidad con los idiomas, dado que es fácil encontrarse con que cualquier persona domina dos idiomas como mínimo, además de defenderse en un inglés que le viene determinado por la historia y por el colonialismo. El idioma nacional del país se conoce con el nombre de ‘bahasa malaysia’, que no se debe traducir literalmente como idioma malasio, pues la correcta denominación sería idioma malayo. Pero hay muchos idiomas que se hablan por todo el país; como el tamil, el cantonés, el mandarín, el hokkien, muchísimos dialectos chinos, otros idiomas indios, algunas formas del portugués que viene del origen del siglo XVI y que se conoce con el nombre de ‘kristang’. Hay que recordar, no obstante, que todos los malayos hablan malayo, por encima de su idioma de origen y que dominan otro idioma aparte de ese. Algo en lo que muchos occidentales deberían entrar a analizar.

Otra cosa curiosa es la forma que se tiene en la mayoría de malayos de utilizar el inglés, mezclándolo e incluso generando un nuevo idioma o jerga conocido como ‘manglish’.

Otro tema diverso y que da carácter y personalidad al país es el de las religiones. Tan diversas como las etnias que lo componen. Quizá el Islam es la religión mayoritaria aparte de ser la oficial. Pero se garantiza la libertad de culto, y así se practican otras religiones importantes como el hinduismo, el budismo, muchas religiones chinas y algunas minorías que siguen al catolicismo, aunque hay que señalar que nunca ha tenido una gran importancia dentro de la cultura e historia malayas.

El Islam llegó a Malasia con los comerciantes indios y no de ningún país árabe. Se implantó de forma pacífica a través de los puertos comerciales. Se integraron creencias en lugar de imponerlas o combatirlas. Los chinos suelen utilizar el budismo, el confucianismo y el taoísmo. El budismo lo utilizan para el más allá, el confucionismo se usa más para aspectos políticos y morales de la vida cotidiana y el taoísmo aporta esas creencias animistas que sirven para mantener la armonía con el mundo en el que se vive. El hinduismo llegó al país hace más de 1500 años pero hasta hace relativamente cien años no se volvió a utilizar con fuerza. El hinduismo se centra básicamente en tres prácticas básicas: la puja (adoración), la incineración de los muertos, y las normas y regulaciones del sistema de castas. El animismo no tiene un sistema rígido de principios o creencias codificadas, pero se puede decir que los pueblos animistas perciben los fenómenos naturales como acciones de los diversos espíritus o deidades.

Malaca (Malasia)

Publicado: 29 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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La Malaca de hoy ya tiene poco que ver con la Malaca de los libros de historia. Es cierto que muchos edificios quedaron intactos y que su bella arquitectura colonial permanece intacta para goce de los turistas que se agolpan por sus calles céntricas.

La vitalidad de la ciudad es evidente. La influencia china se ve en todos los rincones. La actividad comercial es frenética, no se detiene, desde primeras horas de la mañana hasta bien entrada la noche, los pequeños comercios permanecen abiertos ininterrumpidamente, el tráfico no se detiene, personas que recorren las calles arriba y abajo se mezclan con las oleadas de turistas que recorren todas sus esquinas, atentos para recoger esa foto que permanecerá en el recuerdo.

Eso es Malaca hoy, un paseo ameno, entretenido y alucinante por esas calles que albergaron tanta historia colonial, tanta historia local y tanto y tanto comercio. Sin duda si hubiera que ponerle un adjetivo a esta ciudad sería ‘comercial’. Y se nota esa experiencia porque han sabido adaptarse los lugareños a su nueva industria, la del turismo, y todo hoy, sobre todo la zona céntrica de influencia colonial y china, está enfocado hacia el turista.

Acaso es de todas las ciudades que se visitan en Malasia hasta hoy, la que sabe enfocar mejor su negocio hacia el turismo. Se nota en pequeños detalles pero se nota. Locales enfocados para que la gente entre y deambule por ellos de forma tranquila, sin agobios, tiendas de recuerdos por doquier, tiendas de artesanía local enfocada a la venta para el extranjero, así como sus locales de hostelería más occidentalizados, atrayentes para un público que busca complicidad con sus costumbres.

Existen cafés bien decorados, con flores en la mesa, con carta de tés y de cafés, con atractivas neveras expositoras repletas de dulces de la zona y de otros más clásicos. Existen locales con gastronomía occidental, mezcla y fusión entre la gastronomía china, malaya y europea. Sus habitantes se sienten orgullosos de todo ello y lo transmiten con naturalidad. Aquí el extranjero se siente como en casa puesto que es tratado como si estuviera en ella.

Mi paseo comienza con la visita al centro histórico, en la plaza llamada Town Square. Su principal emblema es la antigua casa roja de la ciudad de la época holandesa (Stadthuys) y junto a ella, en la misma plaza, la fuente que se erigió en honor de la Reina Victoria en 1904. También en la misma plaza está la iglesia de Cristo. Justo en frente está situado el puente sobre el río Malaca que da acceso directo a Chinatown. Sus engalandas calles por el reciente festejo del año nuevo chino no deja de sorprender. Llamativo y ancestral, tradicional y enormemente cargado. Pasear por las calles de este barrio emblemático se debe hacer sin prisas, parando tantas veces como haga falta e imaginando todo lo que se vivió en sus casas, en sus mansiones, en sus templos, en sus casas de opio y en sus pequeños comercios. Muchos edificios han caído en la dejadez, abandonados por circunstancias, pero otros permanecen muy bien conservados y dan una emoción indescriptible por ser parte natural del panorama de la zona.

Es una ciudad que está repleta de templos chinos e hindúes, además de algunas hermosas mezquitas y también posee una gran variedad de museos : desde el del Patrimonio Baba-Nonya, el Marítimo y Naval o el Cultural Cheng Ho.

Sin prisas y con toda la tranquilidad del mundo, no son ni necesarias cuatro horas para poder decir que se ha visitado a conciencia dicho barrio chino, que enlaza con el barrio colonial. La vitalidad no se detiene ni un solo momento y da igual que sean las primeras horas de la mañana o las horas más tardías de la noche para comprobar que los lugareños y los numerosos visitantes siguen disfrutando del revuelo natural que se forma en sus calles.

Malaca (Un poco de historia)

Publicado: 27 de enero de 2012 en Historia
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Sólo hace falta ver un mapa de la zona donde se encuentra el estado y la ciudad portuaria de Malaca (Melaka) para darse cuenta de su importancia. En sus orígenes se trataba de una aldea repleta de pescadores nada más que intentaban pasar desapercibidos. Pero en el siglo XIV, el príncipe hindú de Sumatra (Indonesia), Parameswara, desleal al Imperio de Majapahit huyó a Temasek (hoy conocido como Singapur). Allí se dedicó al oficio de la piratería y provocó la ira de los siameses que le atacaron y le obligaron a escapar y refugiarse en Malaca en 1398. Allí fue donde estableció su nuevo cuartel general.

Y bajo su poder Malaca pronto se convirtió en un puerto que se usaba para reabastecer a todos los barcos que surcaban el estratégico estrecho . Ese puerto atrajo a toda clase de comerciantes de toda Asia, pero sobre todo de China y de la India. Los chinos por medio del ‘príncipe eunuco de las tres joyas’ y bajo orden directa del emperador Ming propusieron protección frente a los siameses y así fue como los colonos chinos comenzaron a llegar.

Cuando Parameswara murió en 1414 Malaca era una poderosa nación mercantil y su posición se consolidó con la adopción del islam como religión del estado a mediados del siglo XV. En 1509 arribaron los portugeses en busca de especias y del comercio con China pero los lugareños acabaron atacando a los extranjeros y fue la ocasión que aprovechó Portugal para atacar y tomar la ciudad en 1511, obligando al sultán a escapar y refugiarse en Johore. Fue entonces cuando se construyó la Fortaleza A’Famosa y se quiso instituir el catolicismo. Pero el dominio portugués duró poco en la zona.

La decadencia se apoderó de la zona y más cuando los holandeses provenientes de Indonesia llegaron a sus costas. Malaca fue holandesa durante casi 150 años aunque casi todos sus esfuerzos de inversión de futuro los establecieron en Indonesia. No obstante, los holandeses levantaron magníficos edificios e iglesias y hoy permanece como la cultura europea más establecida culturalmente.

Pero cuando los franceses ocuparon Holanda en 1795 fueron los británicos quienes asumieron la administración de las colonias holandesas. Los británicos comenzaron a derribar la fortaleza y a desplazar a la población holandesa hacia Penang. En 1824 Malaca fue cedida a los británicos a cambio del puerto de Bengkulu en Sumatra. Malaca, Penang y Singapur se convirtieron en el corredor del comercio del estrecho en manos de la corona británica. Pero con esa influencia Malaca dejó de tener tanto protagonismo para dárselo a Singapur.

Todo continuó así a excepción de algunas épocas en las que el caucho fue muy demandado y ya en el siglo XX cuando el turismo volvió a darle una vitalidad que ya no ha abandonado. Su temperatura que oscila entre los 20 y 30 grados y con una humedad que no suele bajar del 80% acompaña a establecer una estabilidad turística a la zona durante todo el año, a pesar de las continuas lluvias, sobre todo entre septiembre y noviembre.

Estado de Malaca (Malasia)

Publicado: 27 de enero de 2012 en Historia
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Es uno de los destinos más deseados de toda Malasia. Posee diferentes atractivos que le hacen ser una zona única dentro del panorama malayo. Ambiente multicultural, arquitectura colonial y una gran gastronomía son algunos de los ingredientes que ofrece a sus visitantes. Situado estratégicamente en el estrecho que lleva su nombre, la zona siempre estuvo en continuo conflicto por los intereses que se generaban a su alrededor. Comerciantes chinos, malayos, indonesios y tailandeses siempre estuvieron obligados a compartir aguas y negocios varios.

Sin duda alguna Malaca (Melaka para los malayos) es uno de los mejores lugares que Malasia puede ofrecer. Posee un tesoro histórico, colonial, la capital homónima conserva las tradiciones más auténticas entre sus calles y sus fachadas. Su barrio chino (Chinatown) es por sí solo atrayente para una visita obligada, y aunque en los últimos años se ha visto amenazado por un tráfico constante y un ir y venir de personas, parece que su riqueza cultural e histórica sobrevive por encima de las circunstancias.

La ciudad de Malaca se convirtió en el siglo XV en el mayor puerto comercial del sudeste asiático, eso atrajo a manadas de colonos con hambre de riquezas, conquistadores europeos que buscaban el beneficio a cualquier precio pero que aportaron algo de su cultura, historia y arquitectura. De hecho, lo más atractivo que tiene este estado es que ha sabido aglutinar todas las costumbres, historia  y cultura tanto asiáticas como europeas. Una mezcla perfectamente diseñada de forma natural que ha hecho convertirse en el centro histórico en uno de los más visitados de todo Asia.

Malaca ciudad posee por sí sola una personalidad tan grande que se basta y se sobra para merecer una visita, de todas formas  hay más atractivos y no todo acaba ahí. Muchísimos turistas prefieren aprovechar la visita a este estado para acercarse a Pulau Besar y disfrutar de sus playas de arena blanca, además de poder ver algunas tumbas históricas y recorrer la isla en busca de paz o del frescor de las palmeras o de sus colinas selváticas.

También es posible visitar la localidad de Tanjung Bidra, a unos 30 km al norte de Malaca y famosa por su playa y por sus cabos rocosos, por no olvidar sus arrozales y las distintas granjas agrícolas de su entorno.

Malaca fue la base para la fundación del estado de Malasia, sus habitantes están orgullosos de patrimonio cultural, de sus museos, de sus atractivos centenarios y se refleja en sus rostros. Un estado que domina el negocio del turismo que lo atrae con naturalidad, con una experiencia comercial que les avala durante muchos siglos y que hace que hoy Malaca tenga dos orientaciones: por un lado, la parte histórica, y por otro lado, la parte comercial, moderna y pertrechada por grandes centros comerciales.

De una forma u otra lo que no se puede negar es que la vida, el ambiente y la atmósfera que se respira en sus calles convierten a Malaca en una zona inolvidable para el viajero, venga de donde venga. Tan sólo debe abrir los ojos y el corazón y dejarse invadir por la magia de todo lo que le rodea, sumergirse con su imaginación a esas épocas cuando el opio era el dominador de las noches y cuando el futuro tan sólo era una utopía. En cierta forma uno pasea por sus calles mientras se va adentrando en un melancólico pasado.

Cameron Highlands (Malasia)

Publicado: 26 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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Las Cameron Highlands son las montañas más famosas y visitadas de toda Malasia. En sí es una estación de montaña que está situada a unos 60 km de Tapah. Su altitud base es de 1300 metros pero llega alcanzar casi los 2000 metros. Comprende una zona muy amplia, llena de colinas verdes, jungla espesa, bosques frescos y plantaciones de té, todo ello alrededor de la carretera que une las ciudades que comprenden la zona: Tanah Rata, Brinchang y Ringlet. Aunque pertenecen al estado de Pahang todos los visitantes acceden a ellas desde el estado de Perak por ser de mejor acceso.

El nombre le viene en recuerdo de William Cameron, un explorador inglés que trazó el mapa del lugar en 1885. Más tarde se añadieron los cultivadores de té, granjeros chinos y colonos con dinero que buscaban tierras frescas y fértiles y una temperatura más baja que en el resto del país. Y esa es otra de las claves del lugar, puesto que la temperatura media de las Highlands no supera casi nunca los 25 grados y tampoco baja de los 10 grados. Y lo cierto es que después de unos días visitando el país se agradece este clima.

Su terreno es muy fértil y es favorable a las hortalizas y flores. De hecho las flores que se cultivan aquí nutren a todo el país. Otro producto por el que se conoce esta zona son las fresas. Las hay de todos los tipos y son el primer recuerdo que compra cualquier visitante a su llegada además, lógicamente, del .

Es una zona para pasear, para descansar, para deleitarse con las plantaciones, con el panorama. Es un terreno ideal para hacer excursiones a través de la jungla o ascender algunas de sus montañas: Gunung Brinchang (2031 m), Gunung Berembam (1812 m), Gunung Jasar (1670 m) o Gunung Perdah (1576 m). También se pueden visitar templos, jardines de rosas y de fresas, granjas de té, todo ello en una atmósfera que se valora muchísimo por parte de todos los turistas.

Pero, como siempre ocurre, esa tranquilidad de antaño se está viendo empañada por la actividad urbanística y la construcción en los últimos años de enormes bloques de apartamentos  que han alterado de forma espeluznante el panorama visual de la zona. Se han producido muchos daños medioambientales, se han producido erosiones, se han secado arroyos y se han sufrido desprendimientos e inundaciones debido a todo ello.

Me decido por usar una de las rutas marcadas para caminar y ascender entre la jungla a una de las cimas próximas. La ruta la comienzo en Tanah Rata a eso de las diez de la mañana y aunque el termómetro marca 25 grados hay una ligera brisa y se siente fresquito a pesar de todo. La incursión por bosques, maleza y jungla hace que no se sienta tanto el sol aunque la humedad se va notando a medida que se va ascendiendo. La primera fase se alarga unos 2,5 km y es una caminata entretenida, con los sonidos de los pájaros y de las aguas de las cascadas próximas. No es agotadora puesto que combina el falso llano con zonas más escarpadas. Tras casi una hora se accede a un cruce donde hay dos posibilidades: o bien seguir ascendiendo hasta la cumbre Berembam, o bien elegir  la otra posibilidad y descender por el camino que va a dar a Brinchang.

Según la guía de viaje me informo de que a partir de ahora el camino se vuelve más duro y la hora y media que queda puede hacerse interminable. Me decido a continuar. Y la verdad es que la guía no mentía. El acceso cada vez se hace más escarpado, más pendiente y de más difícil acceso. Creo leer que son otros 2,2 km hasta la cima pero el rimo que se maneja es muy lento y tienes que ir descansando cada dos por tres. Además el terreno no te permite sentarte y tienes que ir descansando de pie. Sin embargo, la sensación es fantástica, todavía no he encontrado a ningún caminante en mi ruta y la soledad te envuelve como si formaras parte de la misma naturaleza. Y a pesar de que el sudor y el cansancio parece que no te dejen gozar del entorno el cuerpo se transforma para incorporarse a la escena en una maravillosa mañana.

La cima es un poco decepcionante porque la maleza y la cantidad de árboles que hay no te dejan ver con nitidez todo lo que te rodea. Para el descenso opto por una ruta que me llevará hasta las Cascadas Robinson. Aquí ya encuentro a varios excursionistas ascendiendo por la otra cara. Me avisan de que ese recorrido es largo y estrecho, y es que la parte dura comienza ahora. Descender se hace complicado, es un terreno muy escarpado, angosto, resbaladizo y de difícil movilidad, lo más sencillo es ir agarrándose a troncos y ramas que aparecen por cualquier sitio. Otros casi 4 km y casi dos horas de descenso que se convierten en agotadoras. Pero de nuevo  la sensación de caminar entre medio de la jungla, de vislumbrar los rayos de sol entre las cimas de los pinos y respirar un aire muy puro ya merece ese paseo.

La ruta termina prácticamente tras cruzar las cascadas que no seducen para nada pero que ayudan a refrescarte tras la caminata y a limpiarte de todo el barro que se te ha adherido durante la bajada. En algunos momentos las botas quedaban completamente hundidas en el fango y las manos ya aparecen manchadas de todo tipo de residuo natural.

Otra caminata me lleva de nuevo hacia Tanah Rata, en total casi 10 km de ruta y unas cuatro horas para acabar por contemplar desde la base todo el maravilloso panorama. El sol ha bajado un poco y la temperatura también, el viento que sopla se agradece para sentarse en un banco céntrico y disfrutar del bullicio del pueblo. La vida continúa al otro lado del bosque.

Estado de Perak (Malasia)

Publicado: 24 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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Perak es un extenso estado que limita al norte con Tailandia y por el sur hasta el estado de Sengalor. Un estado que posee una rica historia, un variado paisaje y una gente muy agradable. Una de sus atracciones es la isla de Pangkor, en la costa, popular para los jóvenes viajeros desde hace décadas. Otra isla cercana, Pangkor Laut está orientada al turismo de lujo, una exclusiva zona dentro de Malasia.

Kuala Kangsar es donde se originó la industria nacional del caucho, en sus tiempos el motor de la economía nacional. Taiping es otro de los destinos interesantes pero por causas diferentes, aquí destacan sus jardines, sus restos coloniales y su zoo. Otra zona adorada por su entorno es la Reserva Forestal de los Manglares de Matang. La capital del Estado es Ipoh, una gran ciudad un poco destartalada con pequeños residuos coloniales algunas cuevas-templo budistas.

Perak es el lugar de acceso a las montañas donde se encuentran las conocidas Cameron Highlands (que pertenecen al estado de Pahang). Es la estación de montaña más importante del país sin duda alguna y uno de los destinos turísticos adorados por turistas y viajeros.

La historia de Perak se basa en su fama y en su riqueza debido a las abundantes minas de estaño. De hecho el nombre Perak significa ‘plata’ en malayo. El origen se remonta a principios del siglo XVI cuando el hijo del que fue último sultán de Malaca, Muzaffar  Shah, que comenzó su propia dinastía a orillas del río Perak (Sungai Perak). Lógicamente sus reservas de estaño fueron muy atractivas para las potencias extranjeras y sus vecinos más cercanos. Los holandeses fracasaron en su intento en el siglo XVII. En el XVIII los bugis por el sur y los siameses por el norte lanzaron ataques conjuntos pero la intervención de los británicos desbarató sus planes. Los chinos también se vieron atraídos por las minas y se registraron una gran cantidad de flujos de inmigrantes que formaron clanes rivales en cuanto se establecieron. El resultado de todo ello fue el caos absoluto.

Todo eso fue ‘aprovechado’ por los británicos para iniciar su primera incursión en la zona en 1874 mediante el gobernador Sir Andrew Clarke que presionó para que el sultán aceptara el pacto que denominaron Tratado de Pangkor, por el cual se comprometía a aceptar a un general británico al que debía consultar sobre cualquier asunto que no tuviera que ver con la religión o las costumbres malayas. Todo contribuyó a consolidar el poder británico en la zona. En 1875 el sultán Abdullah se vio obligado a aceptar las condiciones pero ese mismo año varios jefes locales de Perak unieron sus fuerzas para finalmente asesinar al general James Birch. Consecuencia de todo ello una pequeña batalla que se saldó con el exilio del sultán y el nombramiento de otro sultán por parte de los mismos británicos. Se nombró a otro gobernador que le dio otro aire a la zona, Sir Hugh Low, quien hablaba malayo con fluidez, botánico aficionado y gran experto en las costumbres locales. Los sultanes mantuvieron su estatus pero fueron más bien figuras decorativas. En 1885 se construyó la primera línea férrea del estado para transportar el estaño, eso conllevó un rápido desarrollo de la zona. Invadido por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, Perak se unió a la Federación de Estados malayos en 1948 y en 1957 se unió al nuevo estado independiente de Malasia.

Palau Pangkor está a 40 minutos desde Lumut. Una isla turística sin más, famosa por sus buenas playas y una carretera que recorre la isla abarrotada de colinas cubiertas de jungla. El turismo y el pescado fresco son sus motores económicos. Es un destino de fin de semana para los lugareños más cercanos. Ipoh, la capital toma su nombre de un árbol venenoso que abundaba antiguamente en la zona. Se fundó en 1870 y prosperó rápidamente por el estaño. Hoy se la conoce como la ‘ciudad de las buganvillas’. Quizá hoy en día es más conocida por ser el lugar donde se cocinan los fideos de arroz denominados ‘kway teow’ y se dice que es la ciudad donde mejor se come de todo el país. Otro producto típico de la ciudad son los pomelos, algunos llegan a conseguir el tamaño de un balón de fútbol. El café blanco de Ipoh es otro de los atractivos: se elabora con margarina de palma y se sirve con leche condensada.

Kuala Kangsar fue sede de la realeza del estado cuando el sultán trasladó su corte allí. Ahí fue también donde se afianzó el dominio británico y es donde tuvo origen la gran industria del caucho aunque luego fuera eclipsada por otras ciudades. El centro de la ciudad es viejo y caótico, como casi todos los centros malayos, pero tiene zonas tranquilas y espaciosas. Una de las ciudades más atractivas de todo el país.

Chinatown (Penang)

Publicado: 24 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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Inmiscuirse en este barrio garantiza unas horas de diversión, sorpresa, entusiasmo, excitación, animación, en definitiva, un paseo por el pasado dentro del futuro, o un paseo en el hoy con marcado acento antiguo. Se mire por donde se mire la visita no tiene un momento de descanso ni de aburrimiento. No se puede pretender pasar por sus calles como si la cosa no fuera con nosotros.  Una vez dentro eres uno más, compartiendo los miles de olores, a comida cruda, a fruta, a verdura, a especias, a pescado, a marisco, a carne variada, a cloaca, a gasolina, a perfume, a incienso, a una y mil combinaciones de aromas que te dejan el olfato hecho trizas en tan sólo unos veinte minutos. No eres capaz pasada una hora de distinguir ninguno de ellos, tu capacidad para distinguirlos queda bajo sospecha en cuanto giras la primera esquina.

Y lo bueno del caso es que por muy distinto que parezcas al resto de personas que deambulan sin parar por todas sus pequeñas callejuelas siempre pasas desapercibido, aunque te metas dentro de una cocina para fotografiar a una señora anciana mientras cocina o prepara algún plato típico, nada molesta del ajetreo continuo, de la actividad diaria. El mercado callejero llama a cientos de personas que transitan todas las calles en busca de sus productos. Y hay productos para dar y regalar, no hay manera de calificarlos. Aunque al principio puede parecer que están los puestos de fruta y luego los de verdura, enseguida averiguas que los de  pollo ya estaban entre los últimos y que los de pescado se van descubriendo a medida que avanzas. El espectáculo no tiene nombre, es para detenerse unos minutos y observar, detenerse y ser una parte del espectáculo. Un elemento más dentro de la escena. Una rata más dentro del laberinto de calles que serpentean a izquierda y derecha y de arriba abajo, junto a templos, junto a mezquitas, junto a comercios tradicionales semejantes a los del siglo XIX. Artesanos, mecánicos, pintores, cesterías, decoradores, dibujantes, todos completan una delicia para el visitante que asiste al show de la forma más natural posible, intentando no perder detalle alguno del panorama.

Se podría decir que la visita a este barrio de Georgetown ya da sentido a la visita a Penang. No hay momento para el descuido, cualquier segundo puede ser clave para detectar un detalle que se nos había quedado en el aire. Y da igual hacerlo de día para contemplar el maravilloso mercado matinal o hacerlo por la tarde para visitar algún templo o de noche para degustar algún plato típico en unos de sus puestos callejeros.

Además coincide mi visita al barrio con los prolegómenos y preparaciones para los festejos del nuevo año chino y todos buscan los últimos adornos, los últimos detalles para que la fiesta sea memorable. Muchas calles ya están engalanadas y la actividad en todos los comercios aseguran un éxito seguro a todas las celebraciones.

Georgetown (Malasia)

Publicado: 23 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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La capital de Penang ofrece un panorama fantástico para el visitante. Esta bulliciosa ciudad está llena de pequeños comercios de marcado carácter chino dado que es la población mayoritaria. No dejará indiferente a ninguno de los viajeros que quieran descubrirla. Está llena de colorido, de movimiento y de arquitectura colonial intacta que permanece para gusto de los ojos foráneos. Los trishaws (bicicletas que tiran de un pequeño carruaje para pasajeros cubiertos por un pequeño toldo)  se entremezclan entre los turismos por todas las calles de la ciudad, transportando a turistas sedientos de emoción y deseosos de descubrir los secretos que esconde esta deslumbrante ciudad malaya. Un laberinto de estrechas calles no dejan de mostrar toda clase de sorpresas.

Pequeñas tiendas que venden productos antiguos, con taller artesanal incluido, oficios que parecían abandonados por la humanidad renacen ante la mirada atenta y asombrada del viajero más sagaz. Hombres y mujeres tejiendo cañas o varillas de incienso, o tallando madera al estilo tradicional, adivinos del futuro (o lo que sea), un retroceso a siglos atrás según la esquina que decidas girar. Todo puede cambiar si la elección final es hacia la izquierda o hacia la derecha.

Cantidad de templos chinos e hindúes se mezclan con mezquitas musulmanas. Una interminable lista de tiendas de todos los productos imaginables se agolpan puerta a puerta para que el paseo sea entretenido y fascinante. Porque esta ciudad es para eso, para pasear. Sin prisas, deteniéndose donde nos apetezca, donde haga falta. No hace falta andar mucho para sorprenderse con algún pequeño detalle y además no nos quedaremos sin oferta tanto gastronómica como de hoteles para todos los gustos.

Es una ciudad con vida, de eso no cabe duda. Y la vida la dan también toda la multitud de turistas que caminan de arriba abajo, de una calle a otra, mezclándose con los comerciantes chinos que van de aquí para allá. Una ciudad que se descubre a pie, caminando, contemplando las arquitecturas coloniales que permanecen intactas,  bien cuidadas, dentro del barrio colonial, justo al lado del barrio indio conocido como ‘Little India’, aunque con mucho encanto se queda diminuto frente al gran Chinatown, que domina buena parte de la mayoría de la actividad comercial de la ciudad.

Acaso andar y andar para perderse es lo deseable. Perderse para encontrarse de nuevo, dentro de un callejón con alguna casa abandonada, con algún puesto de un mercado callejero. Acaso andar y perderse es la opción más elegida puesto que absorber todos los detalles que impregnan sus calles no permite estar concentrado al cien por cien para poder guiarse correctamente.

Mi paseo comienza temprano, para intentar no coger demasiado calor aunque a las nueve de la mañana ya está pegando el sol de lleno. Lo primero que visito es la Torre del reloj que se construyó en honor a la reina Victoria de Inglaterra en 1897. Justo al lado deslumbra el Padang, que consiste en un campo de césped para el juego y abierto que es típico de todas las ciudades coloniales malayas. Éste alberga el edificio del ayuntamiento de la ciudad y el consistorio y llega hasta el paseo que da al mar justo al lado del Fuerte Cornwallis, una vieja muralla, lugar donde por primera vez desembarcó el capitán Light en 1786. Al principio el fuerte que se construyó era de madera pero más adelante y gracias a la mano de obra de convictos se sustituyó por la actual estructura de piedra. Hoy sólo quedan en pie los muros externos del fuerte y la zona interior es un parque. Hay una iglesia anglicana que destaca por ser la más antigua del sudeste asiático, la de San Jorge, construida en 1818 por presos.

Little India, es un pequeño enclave animado que usa varias calles envueltas en el aroma de incienso y con esquinas desbordadas de música de Bollywood, aparte de las típicas tiendas de ropa hindi y saris, templos y restaurantes, que posee una atmósfera especial y es muy interesante para visitar.

Capítulo aparte merece el barrio de Chinatown por su espectacular colorido y animación. Y tampoco falta sitio en esta ciudad para su barrio financiero con sus grandes centros comerciales dispuestos a ofrecer lo último en tecnología y en restauración occidental. Una ciudad con atractivo, abierta al visitante y experta en comerciar con lo que sea. Muchos siglos de experiencia en esa clase de actividad dan una solvencia y una categoría fuera de duda.

Penang (Malasia)

Publicado: 21 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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Unas tres horas tarde el ferry que lleva desde Kuah (Langkawi) hasta la capital de Penang (Georgetown). Un trayecto tranquilo por las aguas del Mar de Andamán que se decora con los islotes que aparecen a un lado y el otro durante buena parte del recorrido hasta introducirse en el Estrecho de Malaca. Penang es uno de los lugares más visitados de Malasia. De hecho se la conoce como la ‘Perla de Oriente’. La característica principal de este estado malayo es que es el único donde predomina la población china. Eso le da un aspecto diferente, colorido, atractivo y muy particular. Uno se percata de esta circunstancia nada más atracar el ferry. Ya no se ven tantos velos en la cabeza de las mujeres malayas. Aquí predominan los rostros más amarillos y pálidos, los ojos más cerrados, la actividad comercial se vuelve enérgica y activa y el  movimiento comercial fuera de lo común si lo comparas con lo que has ido viendo durante los últimos días.

Penang y sus orígenes son poco conocidos. Parece ser que en el siglo XV los chinos ya conocían la isla que estaba deshabitada. Fue un mercader inglés, el capitán James Lancaster, quien en 1593, atracó por primera vez. Se encontró con un panorama solitario y salvaje. Y parece ser que hasta el siglo XVIII no aparecieron los primeros colonos procedentes de Sumatra .  La isla estuvo en manos del sultán de Kedah hasta 1771 cuando firmó un acuerdo con la Compañía Británica de las Indias Orientales. El acuerdo era muy básico: se cambiaban derechos comerciales a cambio de ayuda militar contra Siam (Tailandia).

En 1786 los británicos tomaron posesión de Penang. Lo hizo el capitán Francis Light que la renombró como Georgetown en honor al príncipe de Gales que luego pasaría a ser rey de Inglaterra con el nombre de Jorge IV. La idea de Light fue poblar la isla y para eso ideó un plan con varios detalles e ideas muy sugerentes: primero permitió a todos los recién llegados reclamar todo aquel trozo de tierra que pudieran limpiar por ellos mismos; más tarde creó un puerto libre para el comercio y libre de impuestos; y finalmente promovió un ambiente tolerante y liberal para que fuera atractivo para todos los colonos de todo Asia que desearan asentarse  en la zona. Los resultados de su plan fueron un hecho  puesto que a principios del siglo XVIII en Penang vivían más de 10 mil personas.

La economía tardó en desarrollarse en la isla porque  los primeros europeos que se instalaron establecieron sólo plantaciones de especias (la demanda dominaba el mercado), pero eran cosechas  que tardaban mucho tiempo en recogerse y además requerían un gran desembolso y una gran inversión inicial. Los siguientes colonos fueron más prácticos y sembraron azúcar y coco, aunque la agricultura siempre tuvo el problema de la falta de mano de obra.

A mediados del siglo XIX Penang ya se había convertido en un comercio importante del opio chino, lo que aportaba más de la mitad de todos los ingresos de la isla. Ahí comenzó a conocerse a Penang por su mala reputación, por sus burdeles, por sus garitos de apuestas. En definitiva, un lugar peligroso donde dominaban las mafias chinas.

En 1867 fue cuando la violencia alcanzó su clímax. Unos disturbios graves se sucedieron entre dos sociedades secretas chinas rivales. Los británicos multaron a los dos grupos con grandes sumas de dinero y se vieron obligados a establecer una fuerza policial permanente dentro de la colonia.

Aunque posteriormente se desarrolló económicamente nunca pudo llegar a alcanzar el esplendor de Singapur, pero quizás, gracias a ello, pudo conservar todas sus riquezas y arquitecturas culturales y coloniales. En la década de 1960 Penang se convirtió en puerto libre. Y desde entonces experimentó un rápido crecimiento económico aunque más tarde perdió su condición de puerto libre que se fue a parar a manos de la isla de Langkawi. De todas formas, actualmente el turismo sigue siendo la fuente de ingresos que no se detiene y que sigue en aumento y que le da vida a toda la isla.

El panorama que ofrece la isla es una sucesión de jungla y costa. Hay tierras de labranza por donde se mire, al igual que plantaciones y pueblos de pescadores.  Sigue siendo una visita obligada para cualquier viajero que se preste a descubrir Malasia. Destacan las playas del norte donde los hoteles de lujo y los resorts privados ya se han instalado desde hace años y que presumen de una ocupación muy alta durante todo el año debido a las buenas temperaturas que posee el territorio.

Los piratas de Malasia

Publicado: 21 de enero de 2012 en Historia
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Hablar de piratería en la zona marítima de Malasia o en el estrecho de Malaca ha sido algo muy habitual desde siempre. Se tiene constancia de sus fechorías desde el siglo XIV en esa franja  marítima de 900 km de extensión. Aunque ya en la época de del Imperio Srivijaya, entre los siglos VII a XIII ya eran un problema. Los antiguos lugareños idearon un plan para defenderse de tales criminales. Utilizaron a los orang laut (conocidos como los ‘gitanos del mar’) para custodiar las rutas marítimas comerciales. Pero ocurrió que en el siglo XI se cambiaron de bando y pasaron a convertirse en nuevos piratas. Incluso Parameswara, fundador de Malaca, también fue pirata y se dedicaba a atacar a los barcos mercantes que atravesaban las aguas de Temasek (Singapur), su base en aquella época.

A finales del siglo XX , los gobernantes de Indonesia, Malasia y Singapur firmaron un tratado conjunto para coordinar la lucha y la seguridad de sus aguas mediante navíos que harían reducir la piratería. Porque siglos después sigue siendo una realidad con la que combatir. La región del Estrecho de Malaca hace que la región sea muy susceptible a la piratería. Era y es un canal y una vía de comunicación muy importante entre China y la India y era y es muy utilizada por el comercio. En la actualidad, es una ruta entre Europa, por los países exportadores de petróleo desde el Golfo Pérsico y los puertos del Este de Asia. El estrecho en cuestión es muy angosto, posee miles de islas abandonadas o poco habitadas, muchos ríos desembocan allí y todo unido lo convierten en una zona ideal para que los piratas puedan esconderse y puedan escapar de la persecución de las autoridades.

Aunque la piratería en esa zona no solo ha sido un medio para lucrarse sino una herramienta utilizada políticamente. Los mismos gobernantes han utilizado a los piratas de la región para mantener el control sobre la misma. El ejemplo más claro el antes citado con Parameswara, el príncie de Palembang. De hecho, durante los siglos XV y XIX las aguas del estrecho jugaron un papel determinante por las luchas de poder del sudeste asiático. Además de las potencias locales se unieron en la puja otras potencias coloniales como Portugal, Holanda o Gran Bretaña. El ejemplo más claro de toda la contienda que se llevó a cabo son los numerosos navíos que descansan en las tumbas marinas en el fondo del mar procedentes de todos esos países.

Con el paso de los siglos la piratería iba en aumento y todo fue a consecuencia de la llegada de europeos a la zona. Muchos iban cargados con tesoros, con productos muy atractivos y con especias, que era el oro de la época. El afán por controlar la ruta de las especias llevaba a los piratas hasta los extremos más insospechados, al igual que ocurrió con los europeos. En cierta manera, no sabemos realmente calificar a los europeos, puesto que de alguna forma también podrían ser considerados piratas.

A principios del siglo XIX los dominadores de sus aguas fueron los británicos y los holandeses y ambos decidieron frenar el aumento de la piratería. Señalaron y delimitaron la demarcación británico-holandesa a lo largo de todo el Estrecho y llegaron a un acuerdo para combatirla desde su propio lado de demarcación. Hoy, esa línea de demarcación es la frontera entre Malasia e Indonesia. Se aumentó el nivel de patrullajes y se actualizó la tecnología de las navegaciones por parte de las potencias europeas, se mejoró la estabilidad política de la región y las condiciones económicas de sus habitantes y todo hizo que el nivel de la piratería se viera al menos frenado a finales de ese mismo siglo.

No debemos olvidar la importancia del tráfico de especias en aquella época, tampoco debemos olvidar las situaciones económicas, sociales y políticas de los habitantes y nativos de la zona, todo puede hacernos entender el porqué se creó la piratería. Pudo utilizarse como un medio para resistir a un colonialismo que se basaba en el hecho de hace negocio como fuese. También era una forma de rebelión y de resistencia política hacia ese colonialismo. Todos o casi todos los piratas originarios provenían de un pueblo llamado Lanun, un pueblo nativo que habitaba los pueblos costeros de toda la región. Incluso algunos piratas chinos, rechazados y desterrados por la dinastía Quing llegarón también al estrecho para cometer delitos y fechorías y para robar a los barcos mercantes.

Toda forma de rebelión es vista siempre como delito por parte del que gobierna u oprime. Si los europeos, colonos, no hubieran arribado a esas costas quizá la piratería jamás se hubiera hecho un hueco en la zona. Pero como en todas las facetas de la vida del ser humano, el dinero, la riqueza y el poder hacen y provocan toda esta triste cabalgata de pasiones desenfrenadas, donde todo vale y donde lo que impera es el ganar más, siempre más. Hoy en día, aunque la piratería ya forma parte de residuos muy determinados y localizados , los delitos siguen siendo cometidos por grandes compañías alrededor de todo el mundo, explotando a una población que intenta por lo menos sobrevivir. Si mañana se rebela y comienza a correr la sangre  no seamos tan hipócritas de sorprendernos. Tan sólo es cuestión de tiempo. Mientras sigan existiendo opresores, explotadores y gente con ansias de colonizar de una forma u otra, la piratería tan sólo significará la lucha por la supervivencia.

La historia del doctor Mahatmir Mohamad

Publicado: 20 de enero de 2012 en Historia
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Una de las figuras políticas destacadas de la sociedad contemporánea malaya ha sido sin lugar a dudas el Dr. Mahathir Mohamad. Algunos llegaron a adorarle y otros a odiarle. Como suele ser habitual con todos estos personajes que hacen del populismo un estandarte y que parecen ser salvadores de la patria aparezcan de donde aparezcan. Sus remedios parecen infalibles y los demás simples ignorantes ante su capacidad incuestionable ante las adversidades, problemas y situaciones varias que puedan ir surgiendo a medida que avanzan sus años en el poder.

Era un médico célebre y carismático de Langwaki que llegó a ser primer ministro en 1981 y que se mantuvo en el poder durante más de dos décadas. En concreto, más de 22 años al frente de un país, hasta que fue relevado por una coalición opositora que le venció en las elecciones de octubre de 2003. Estuvo ligado al UMNO (Organización Nacional de Malayos Unidos), el primer partido político que se creó en Malasia tras la Unión Malaya que organizaron e idearon los británicos. Pero fue expulsado del mismo partido por criticar al que entonces era primer ministro y por provocar tensiones y discordias dentro del núcleo duro de la organización.

También fue conocido por publicar su primer libro titulado ‘The Malay Dilemma’ (El dilema malayo) donde argumentaba que la razón por la cual existía el atraso colectivo de los malayos se debía a factores meramente hereditarios y culturales. Dicho libro se prohibió en 1970, pero su carrera política no se detuvo ahí y continuó luchando hasta alcanzar el poder. Lo consiguió en 1981. Tras tomar posesión de su puesto lo primero que encargó fue crear una política de compra de liquidación de todo lo que fuera británico, generando críticas desde sus primeros días por estatalizar la más antigua empresa malaya de plantaciones británica y por girar su vista hacia Oriente, en concreto hacia Japón, Corea del Sur y Taiwán, países que admiraba por su ética laboral y por la estrecha relación que existía en esos países entre el gobierno y la empresa.

Y lo cierto es que durante su primera época al frente del Gobierno la economía de Malasia se disparó. Pasó de dedicarse exclusivamente a productos como el caucho a hacerlo con industrias y manufacturas. Todos los monopolios del Gobierno se privatizaron y se promovieron industrias pesadas como la del acero y la construcción de coches malayos. Y sobre todo se fomentó la instalación y la inversión de las multinacionales y las exportaciones de manufacturas que empezaron a dominar el espacio económico. Para ello se basó en convertir a los medios de comunicación en portavoces fieles y leales a su gobierno, puso fin a la práctica de otorgar a los sultanes la última palabra sobre leyes y sobre el sistema judicial.

Pero sin duda donde tuvo una labor clave y que le sirvió para ganarse adeptos fue en materia económica sobre todo con la que denominó ‘Wawasan 2020’ (Visión 2020). Según el doctor, esa era la fecha límite en la cual Malasia debía de haberse convertido en un tigre económico de la alta tecnología del sudeste asiático. Pero tuvo un contratiempo, ya que en 1997 la crisis económica que comenzó en Tailandia generó la propia en Malasia. Eso provocó la ira de Mahathir contra Occidente, culpando a los especuladores sin escrúpulos de todos los males de su economía. Y tras hacer oídos sordos de las teorías y de los consejos del FMI para salir de la crisis prescribió sus célebres remedios para salir de dicha situación. Lo primero que hizo fue establecer la paridad entre la moneda local (ringgit) y el dólar norteamericano, fusionó bancos a la fuerza y puso impedimentos a muchas inversiones extranjeras. Por todo ello fue criticado duramente y muchas voces procedían de su propio entorno, dentro de su mismo partido. Una de esas voces más críticas fue la de Anwar Ibrahim que en septiembre de 1998 fue despedido del gobierno y además acusado de corrupción y de homosexualidad (delito vigente en el país). Eso provocó una división a nivel nacional, entre los que apoyaban la inocencia de Anwar y los que seguían confiando en Mahathir. Pero su éxito en la recuperación económica (uno de los primeros países en salir de la crisis) aumentó más su prestigio. Sin embargo, el juicio de Anwar creó un aumento de las manifestaciones  que se produjeron reclamando su libertad. Esas marchas fueron reprimidas violentamente y fue el principio del fin para el mandatario político. Al año siguiente, en 1999, su partido ya sufrió un grave correctivo en las elecciones, sobre todo en las zonas rurales. Ahí comenzó el éxito a su vez del primer partido islámico integrista (PAS) el cual había apoyado públicamente a Anwar. Eso condujo a elevar la importancia del islamismo en el país que hasta entonces no había tenido tanta profundidad como su importante papel dentro de la sociedad hubiera hecho sospechar. Y lo que se veía venir vino, y en octubre de 2003 Mahathir dejó el gobierno dando paso a su sucesor Abdullah Badawi al frente del Partido de Coalición Barisan Nasional obteniendo 199 escaños de un total de 219.

Y a pesar de que políticos de estas características continúan apareciendo en la escena mundial parece que nadie se dé cuenta de que el rumbo de los países continúa a pesar de los pesares, ellos sólo escriben una corta etapa de la historia política de sus países y al final pasan a rellenar los libros de historia. Los países siempre están por encima de sus personajes políticos pero muchos de ellos reflejan muy bien y con detalles su identidad y su personalidad dando poder a líderes populares que acaban haciendo del poder un deporte particular regulando ellos mismos las reglas a su antojo.

Langkawi (Malasia)

Publicado: 20 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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Hay muchas leyendas que cuentan la historia de esta isla del Mar de Andamán. El nombre que tiene, Langkawi, combina dos palabras malayas que significan águila (helang) y fuerte (kawi). Quizá la leyenda que más gusta a los lugareños es esa que habla de una doncella llamada Mahsuri, quien fue acusada injustamente de adulterio y que antes de ser ejecutada lanzó una maldición a la isla que sería capaz de prolongarse durante más de siete generaciones. Dicen que al ser inocente brotó de ella sangre blanca y por eso son blancas las arenas finas de las playas de la isla.

Quizá Langkawi posee las mejores playas de todo Malasia. Son muchas y todas ellas de alta calidad. La más conocida, popular y concurrida es la llamada Pantai Cenang, y es la que concentra mayor número de visitantes, de hoteles. Además es popular para todo tipo de turistas, para todo tipo de edades y todavía no da la sensación de estar plenamente masificada. Sólo el tiempo podrá decir si aguantará como está o no. Pero hay más, como por ejemplo, su continuación que se llama Pantai Tengah, u otras más alejadas como Pantai Kok Beach, Tengkorak Beach o Tanjung Rhu. Su entorno es un paraíso, eso que todos imaginamos de vez en cuando queremos desconectar de nuestra rutina habitual. Playas de arena blanca rodeadas de colinas y montañas verdes, llenas de jungla, decorada por arrozales y por una selva viva y fresca. Lugar ideal para parejas, familias y mochileros. Está situada a unos 30 km de la costa y se accede a ella mediante un ferry que se toma en el puerto de Kuala Kedah, aunque desde varios puertos cercanos es posible hacerlo. También desde la cercana Tailandia.

Es una isla donde se puede practicar infinidad de deportes y aficiones. Aventuras varias, excursiones, caminatas, ascensiones, rafting o simplemente disfrutar de la tranquilidad de su entorno. Porque eso realmente es lo que proyecta su visita. Tranquilidad. Y se nota que todavía no ha sido convenientemente explotada ni por turistas ni por explotadores turísticos, en comparación a otras zonas turísticas próximas. En total alberga esta área casi cien islas desperdigadas por toda la zona del estado de Kedah, aunque sólo la principal, Langkawi puede decirse que está habitada. Para añadir atractivo al lugar desde 1986 la isla se declaró como zona libre de impuestos y cada vez recibe más visitantes nacionales que aprovechan su estancia o un breve espacio de tiempo para aprovisionarse con todo lo que puedan. Un litro de gasolina no representa ni 0,4 céntimos de euro por poner solamente un ejemplo. Aunque el alcohol y el tabaco juegan un papel importante, los productos de primera necesidad son hasta un 20% más baratos.

Acoge esta isla diversos acontecimientos que le han dado una cierta importancia como la Feria Internacional Marítima y Aeroespacial (LIMA), el Festival de las Artes y Oficios (LACRAF), el Festival Internacional del Agua y el Festival Internacional de las Artes (LIFA) y gracias a su pequeño aeropuerto recibe cada año más visitantes. La capital de la isla se llama Kuah, es el punto de llegada de los ferries y está dedicada a los servicios y a los grandes comercios. Las zonas playeras quedan al otro lado de la isla. La oferta hotelera ha ido aumentando con el paso de los años pero hay opciones para todos los presupuestos, desde los lujosos resorts, totalmente cerrados al exterior y con playas privadas, hasta los sencillos moteles u hostales para mochileros. La oferta culinaria también se extiende por los mismos cauces.

Una de las mejores formas de conocer la isla es alquilando un coche, una motocicleta o una simple bicicleta, todo va según los gustos o el presupuesto de cada uno. Pero no queda otra manera dado que no existen los autobuses públicos. Yo me he decidido por una motocicleta, más práctica y más cómoda que las dos otras opciones. Y nada más arrancar y dejar atrás Cenang (2 km) ya me doy cuenta de que la masificación carece de importancia en esta isla. Enseguida me envuelven colinas verdes, me veo rodeado de palmeras por todos lados y una selva amable y fresca por todos los lados de la carretera. Se accede fácilmente a cualquier punto de la isla puesto que las pocas carreteras construidas son muy buenas. Lo primero que hago es recorrer la parte costera cercana a Cenang hasta Pantai Kok pero antes he tenido que dejar a mi derecha y rodeándolo el aeropuerto. Al final de la zona de playas la carretera finaliza en 7 Wells Waterfall. Una montaña con pequeñas cascadas que se asciende por un sendero rodeado de selva y que deja algunas pozas para poder bañarse. Arriba de todo se puede coger un teleférico (Cable Car) que desciende hasta Oriental Village.

Siguiendo la carretera por el interior se llega a un cruce, la opción de la izquierda nos lleva hasta el otro extremo de la isla donde se encuentra Datai Bay, una zona relajada y medio abandonada donde se ha puesto en práctica el negocio del golf, y la opción de la derecha recorre la parte norte de la costa hasta Tanjung Rhu, pasando por otras playas, no tan hermosas como las de Cenang. El camino deja después dos opciones nuevamente, siguiendo por el interior se accede al mausoleo de Mahsuri, aquí seguimos leyendo más cosas sobre ella, como sus poderes mágicos que servían para que todo aquel que intentaba ejecutarla fracasaba en sus intentos hasta que concedió su muerte. Hoy en día esta zona es conocida como Kota Mahsuri. El complejo consta de un santuario con el mismo nombre, una reproducción de una casa tradicional, un teatro y algunos puestos de comida. De vez en cuando se realizan actuaciones musicales. Si se continúa por el otro lado del cruce la carretera nos lleva hasta Durian Perangin, unas cascadas que según cuentan es mejor visitar entre septiembre  y octubre por la caída grande de agua y finalmente a la capital Kuah, donde no hay mucho que ver pero sí que hacer si se tienen ganas de chafardear en tiendas y pequeños comercios.

La isla no es grande y es agradable pasear con la motocicleta pero cuando te quieres dar cuenta han pasado casi cinco horas entre paradas y demás y el sol agota. He hecho sin darme cuenta casi ciento cincuenta kilómetros y casi toda la isla recorrida. Para los que pasen muchos días en la zona son interesantes los circuitos que se realizan a islas cercanas como Beras Besar o Singa Besar, aunque la más grande es la de Dayang Bunting.

Estado de Kedah (Malasia)

Publicado: 18 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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El estado de Kedah junto al de Perlis son los motores económicos del país. Los dos tienen frontera con Tailandia y ambos generan por sí solos más de la mitad de los recursos de toda Malasia. Se dice pronto porque si nos fijamos en la extensión de estos dos estados tampoco parecen ser tan grandes. Sin embargo, y a pesar de ser tierras eminentemente agrícolas, dedicadas al arroz básicamente, han sabido hacer del turismo una fuente de ingresos con una energía más que evidente.

Es obvio que el poder natural del terreno radica principalmente en el hermoso centro vacacional que se ha creado en la zona insular de Pulau Langkawi, con hermosas playas de arena blanca y colinas selváticas visitadas por miles de turistas durante todo el año. De hecho el desarrollo turístico está siendo imparable incluso para el medio ambiente, aunque quedan algunos reductos que permanecen un tanto vírgenes o lo bastante tranquilos a pesar de la masificación que se está produciendo en la zona.

Además existe un aliciente mayor para todos los asiáticos que visitan la zona ya que la isla de Langkawi está exenta de impuestos con lo que la convierten en un atractivo aún mayor y un imán para la compra intempestiva de miles de vecinos, generalmente malasios y de otros países colindantes. El clima en esta zona es totalmente tropical con temperaturas que oscilan todo el año entre los 20 y 30 grados centígrados y con una humedad que no suele bajar del 90%.

Kedah es un estado eminentemente malayo aunque los tailandeses tuvieron su influencia hasta el siglo XIX y los británicos no lograron establecerse en dicha zona a pesar de que lo hicieron por casi todo el país. Debido a la gran cantidad de kilómetros cuadrados llenos de arrozales el estado toma un carácter muy rural y agrícola.

Durante los siglos VII y VIII, Kedah pagaba tributos al Imperio de Sumatra. En el siglo XVII la zona fue atacada por los portugueses para pasar luego a manos de los siameses. Siam se la cedió a los británicos a principios del siglo XX y fue esta la primera zona que invadieron los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

Para recorrer los 460 kilómetros que hay desde Kuala Lumpur hasta Alor Setar decido coger un autobús. Según me cuentan tarda unas seis horas siempre y cuando salga a su hora. Primer apunte: no sale a su hora. De hecho, tengo que esperar más de veinte minutos en la plataforma número 10 (por donde me dijeron que salía)y no hay manera de encontrarlo. Y si pregunto a alguno de los trabajadores o chóferes que deambulan por el recinto ninguno es capaz de decirme algo concreto. Luego me doy cuenta de que para los malayos la ciudad es conocida como A.Star, literalmente. Y el autobús, aunque con retraso, finalmente aparece. Y aunque en algunas paradas próximas se suben varias personas no lo llenamos ni a la mitad de su capacidad. Me doy cuenta de que soy el único extranjero dentro de él. Eso sí, llegamos puntuales. Han sido seis horas.

Para llegar a Langkawi debo ir primero a Kuala Kedah, una pequeña ciudad pesquera a 11 km de A.Star. Me dicen los taxistas que no hay autobús directo hasta Kuala y que lo mejor es coger un taxi. Y aunque el precio no es desorbitado (entre 5 y 6 euros) me parece una opción demasiado obvia y me decanto por seguir con la aventura y coger un viejo autobús que según el conductor me dejará en un sitio donde puedo coger otro autobús que me llevará a la estación de ferries. Y digo todo esto no porque entienda lo que me dice sino gracias a la traducción amable que me hace en un perfecto inglés una agradable chica malaya mientras el conductor sigue entretenido en llenar de agua el radiador del autobús. Quizá lo mejor de mi elección será poder conocer a Naz, que es el nombre de mi improvisada guía. Gracias a ella me entero de que aunque los ferries salen cada media hora, el último del día sale a las siete de la tarde y según sus cálculos no está segura de que lleguemos a tiempo. Son las seis y según ella está a veinte minutos de donde nos encontramos. Tranquila, le digo. Tenemos una hora para llegar. Qué iluso. El primer autobús no tarde mucho, pero el segundo… quién iba a creer que el autobús va a parar cada veinte metros y que iría dejando a todos los pasajeros que se iban subiendo en la misma puerta de su casa. Las paradas son continuas y sucesivas hasta que la sonrisa tonta se apodera de mí recordando mi afirmación: ‘tranquila, tenemos una hora para llegar’. Pues menos mal, porque justo cuando llegamos a la estación quedan diez minutos para que zarpe el último ferry. Un ferry que tardará casi dos horas en llevarnos a la isla. Un tiempo que aprovecho para conocer algo mejor a Naz y la vida en Malasia según ella. Me cuenta de que es encargada de uno de los dos Starbucks que hay en la isla, justo en el que está situado en el aeropuerto. Le gusta viajar y siempre intenta ahorrar para escaparse unos días donde sea. La empresa le paga la vivienda que comparte con algunos compañeros de trabajo y aunque dice estar contenta con su sueldo me dice que acaba de llegar de pasar unos días en Singapur visitando a algunos amigos y que los sueldos allí no se pueden comparar. De todas formas, a pesar de que está enamorada de Singapur, de su organización y de su estructura, me cuenta que los habitantes de allí no dejan de ser soberbios y pijos, serios y distantes, difíciles de carácter y poco sociables en comparación a los malayos. Se declara feliz en la isla de Langkawi y me cuenta que de momento no quiere cambiar de aires.

Naz no es alta, digamos que está dentro de la media de las chicas malayas. Pero sí tiene detalles que le hacen parecer muy occidental. Su pelo corto, moderno, sus ropas y complementos, por no citar su ‘Blackberry’ de la que dice estar encantada le dan una apariencia completamente distinta a la mayoría de chicas malayas.  Me dice que sólo paga 5 euros por el servicio básico de internet y que le encanta estar conectada. Aunque no le pregunto su edad aparenta la treintena y a la pregunta de que si está casada me dice que no, que hoy en día una mujer malaya con trabajo y dinero no necesita un marido. Aunque ella no es la norma me comenta. Le pregunto a qué edad es normal tener hijos para una mujer malaya y me dice que eso ha cambiado, antes era normal tenerlos muy  jóvenes, de quince a veinte años. Ahora esto ha cambiado, una puede tenerlos cuando crea oportuno. La puesta de sol desde el ferry se ve preciosa tras un largo y duro día de viaje. Tan sólo dos horas más y habré llegado a mi destino de hoy.

Adat (Una ley tradicional)

Publicado: 18 de enero de 2012 en Artículos
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Cuando la modernidad se impone, el capitalismo consigue arraigarse y la mayoría de una sociedad se occidentaliza, pasando a tener una vida más rápida, estresada y ocupada en nuevos menesteres, los hábitos y las tradiciones suelen ir cambiando poco a poco, o se tiende sin pretenderlo a abandonar ciertas costumbres que estaban arraigadas en el entorno familiar o social de un pueblo.

Esto es lo que le ha ocurrido al pueblo de Malasia en cierta forma. La mayoría de los malayos eran tradicionalmente musulmanes, devotos de una vida tradicional con sus antiguas creencias y un sistema social basado en los pueblos y conocido como adat.

El adat era y es una ley tradicional que daba y da importancia a lo colectivo por encima de la responsabilidad y de los intereses individuales, era y es una forma de mantener la armonía y el equilibrio social basado en la convivencia de una comunidad. Su origen se dice que pudo ser hindú o incluso mucho más antiguo y tenía su base de realización en el kampung (pueblo o aldea) para luego pasar a utilizarse en las nuevas  zonas urbanas. Esa comunidad del kampung se ha ido perdiendo con el paso del tiempo y con el cambio socioeconómico provocado por la modernidad y el capitalismo. De todas maneras son muchos los malayos urbanos que echan de menos aquella vida del kampung a pesar de las ventajas y comodidades de su vida en la gran ciudad.

Según el adat, todos los habitantes de una aldea o de un pueblo tienen el mismo estatus social, pero para hacer más efectiva su vida suelen nombrar un jefe o un líder en función de sus riquezas, de su mayor experiencia o de su nivel de conocimiento espiritual. Por tradición, el fundador de cada pueblo ya era nombrado jefe (penghulu o ketua kampung) y muchas veces ocurría que algunos miembros de su familia también se convertían en líderes o jefes.

El líder religioso musulmán, el imán, detentaba una posición de gran importancia como no podía ser de otra manera al ser ésta una comunidad musulmana, y era el encargado de dirigir las oraciones al grupo. Los llamados pawang y bomoh eran los guardines de la sabiduría espiritual que formaba parte de la tradición más antigua. Un pawang tenía ciertas habilidades y conocimientos esotéricos sobre algunas cosas como la cosecha, el clima o la pesca, por citar algunos ejemplos. El bomoh, por el contrario, era un sanador espiritual que ostentaba un conocimiento de la ciencia de las plantas curativas y era poseedor de poderes varios.

Quizá estas dos últimas figuras han ido perdiendo influencia debido al fundamentalismo islámico y al racionalismo occidental, pero ciertas cosas como el espiritualismo, la magia y el culto a los santos (keramat) siguen muy vivos, a pesar de que ciertas de estas creencias entran en conflicto con las enseñanzas islámicas tradicionales. Se ha recurrido a adaptar ciertas creencias tradicionales y costumbres antes de ceder el terreno al islam por completo. Incluso algunos políticos continúan hoy acudiendo en períodos electorales a un bomoh para orientar su estrategia y prevenir ciertos riesgos que puedan contrariar sus opciones.

Es curioso como el tiempo sacude ciertas tradiciones arraigadas durante siglos. Los cambios y las evoluciones de un pueblo, de una comunidad o de una sociedad cualquiera desarrollan cambios continuos que provocan que sus gentes tengan que decidir entre abandonar ciertos hábitos, acondicionar los nuevos o simplemente adaptar ciertas características de uno dentro del otro. Lo cierto es que la evolución es constante y las tradiciones tienen algo de anacrónico se mire como se mire. Quizá es por eso que en algunas sociedades cueste tanto conseguir que éstas permanezcan intactas. El tiempo es capaz de devorar todo a su paso.

No importa el origen, lo importante es el desarrollo y el ser humano está en pleno ciclo dinámico constante, al cual no debe negarse pues negaría su propia realidad. Las tradiciones de ayer nada tienen que ver con el hoy ni las de hoy tendrán nada que ver con las de mañana. Los cambios que se producían siglos atrás eran mucho más lentos que los que se producen en nuestros días. Arraigar algo definitivamente dentro de un núcleo es tarea más que complicada. Tan sólo debemos analizarnos a nosotros mismos y a nuestros hábitos para darnos cuenta de que éstos van cambiando con una pasmosa facilidad y rapidez.

Aquello que considerábamos apto hace unos años ya no lo encontramos del todo óptimo hoy, lo mismo que ocurrirá dentro de unos años con lo que nos ocurre hoy. El ser humano evoluciona tanto a nivel individual como colectivo hasta extremos inescrutables y no por eso hay que pulsar el botón de alarma. Las cosas suceden de forma natural y esa naturalidad enciende la espontaneidad y las formas de vida, sean como sean y se encuentren donde se encuentren.

Kuala Lumpur /2 (Malasia)

Publicado: 15 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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Un domingo a las 8 de la mañana parece que va a ser tranquilo en cualquier parte del mundo. No es así. A esa hora muchos locales ya están abiertos y muchos capitalinos se sientan en sus terrazas para saborear desde un té, un café (o lo que sea), algo de comer o simplemente para charlar o leer el diario. Hay una vida intensa a pesar del día y a pesar de la hora. Y el tráfico, a medida que pasan las horas se hace cada vez más intenso, como si de un día laboral se tratara. Además los comercios abren y los centros comerciales también. Los pequeños comercios parece que no cierran nunca y los puestos ambulantes lentamente van levantando sus pequeñas puertas metálicas o simplemente colocan sus productos en los lugares previstos para ello o en los mismos carros que sirven de estructura y de base para su negocio.

Un domingo parece un día estupendo para pasear y visitar la gran plaza de la Independencia. La gran Dataran Merdeka tiene en sí misma mucha historia. Para conocerla lo mejor es dirigirse al Museo Nacional, completamente gratuito y que solo por su edificación colonial ya merece la pena. Solo se está utilizando la primera planta puesto que las obras de rehabilitación continúan en la segunda planta. Varios murales indican en breves fotografías y vestigios del pasado lo que fue la etapa colonial del país, así como su cultura, su arte, su artesanía y su historia. También ayudan las fotografías a darse cuenta de cómo era la plaza en su origen y el cambio que ha experimentado con el tiempo.

Fue en esta plaza histórica donde los malayos se congregaron el 31 de agosto de 1957 para proclamar su independencia. Varios son los edificios interesantes que se congregan alrededor de la citada plaza. El mismo Museo Nacional, la Biblioteca de Kuala Lumpur, un edificio de estilo colonial de la época Tudor, el edificio del sultán Abdul Samad y sus bellísimas cúpulas color cobre que pasa ahora por acoger la sede de los altos tribunales del país. Al otro lado del enorme campo de césped (antigo campo de cricket) se observan los arcos conmemorativos de la independencia y justo detrás la Iglesia de Santa María construida en 1894. La fuente de la Sarracenia en medio de los jardines es un oasis de frescura con el sol dando de lleno en la plaza.

Más allá de la plaza y dirección norte se accede lentamente al barrio conocido como Little India. No hacen falta más que recorrer unos 500 metros para observar con detalle que el panorama colonial ha desaparecido para internarse de lleno en la cultura comercial india. Un mercado callejero en forma de media luna hace de entrada al gran mercado  de puestos de todo tipo de artilugios, saris, pañuelos, ropa deportiva falsificada, relojes que andan y no, joyas de oro, de plata o lo que haga falta, tiendas de DVD y de CDs, todo ello ambientado con las bandas sonoras más conocidas de las películas de Bollywood y con el aroma imprescindible de incienso, curry y putrefacción. Los olores forman parte del recorrido.

Sin ellos nada parece lo mismo. Mientras vas caminando te das de lleno con diferentes puestos de comida y de bebida. Algunos te hacen un zumo de frutas, otros ya lo tienen preparado y sólo te lo sirven en vasos de plástico y algunos puestos sirven comida típica para llevar. Los asientos y el espacio escasean, con lo cual no es menester sentarse en ningún de ellos. Tan sólo se trata de mirar y comprar. Se agradece que los vendedores no sean pesados, ni intenten a toda costa que compres algo. Algunos simplemente se dirigen a ti con una mirada, sonríen y saludan amablemente con la cabeza. Comparado con otros países es algo que se agradece profundamente.

Varios edificios coloniales y de art decó sobresalen entre las derruidas construcciones del barrio. Algunos hoteles ya abandonados, cines legendarios que ya sólo permanecen en la memoria por el nombre que todavía reza en las fachadas tristes y medio derruidas. El paso del tiempo es un síntoma evidente en este barrio, al igual que en muchos otros. Mientras alzas la vista y los rascacielos de las diferentes multinacionales sobresalen a los cuatro lados. Seguimos asistiendo al espectáculo de los contrastes.

Hoy será hora de probar la comida india que para eso me encuentro en pleno barrio original. La verdad es que se hace difícil elegir un lugar puesto que ninguno de los cientos que ves te seducen o te atraen. De todas formas una típica comida india siempre sienta bien. Tras ella es hora de volver paseando hasta la zona del Triángulo Dorado , donde sí que se hace evidente el cambio. Aquí relucen los centros comerciales y la vida parece diferente. Los locales ya son muchos internacionales y lugares ya globales mundialmente conocidos se encuentran desde hace tiempo ocupando las mejores esquinas.

Malasia (Un poco de historia)

Publicado: 15 de enero de 2012 en Historia
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Se supone que los primeros habitantes de esta región del mundo procedieron del sur de Tailandia hacia 2500 a.C. Los protomalayos, procedentes de Indonesia entre 1500 y 1000 a.C. fueron los primeros en asentarse en la costa para adentrarse más adelante en la jungla. Hacia el siglo II d.C. la cultura malaya ya era conocida en Europa y se le dio el nombre de ‘Tierra de Oro’. También los indios que comerciaron por primera vez en el lugar la denominaron igual. Esos primeros visitantes indios tuvieron una influencia bastante importante, ya que llevaron el hinduismo, el budismo y el concepto de imperio. De hecho, muchas palabras malayas provienen del sánscrito.

Pero el Imperio budista Srivijaya, que se extendió del siglo VII al XIII y con origen en Sumatra sí que tuvo un fuerte dominio sobre la zona. Controló el estrecho de Malaca, Java y el sur de Borneo. Creó un estado de mercaderes malayos de cierta importancia en Bujang.

El Imperio Malaca fue fundado por Parameswara, un príncipe hindú renegado. Malaca se convirtió en un puerto de escala para los enormes juncos chinos durante décadas. Y esos juncos atrajeron la visita de otros mercaderes de la época como los indios. Llegó a gozar de una situación ideal. Entre dos aguas comerciales y con una actividad mercantil que se disparó hasta cotas impensables.

Hacia la mitad del siglo XV, el tercer soberano de Malaca Mohammed Shah ya se había convertido al Islam. Y su hijo Mudzaffar adoptó el título de sultán y declaró el estado islámico. Para esa época, Malaca ya se había convertido en el mayor puerto de la región.

Los portugueses arribaron a la zona en los primeros años de 1500 con la intención de controlar la ruta marítima entre Malaca y Lisboa. Aquellos primeros comerciantes salieron mal parados debido al ataque del sultán. Pero eso provocó la excusa perfecta para que el Reino de Portugal atacara la ciudad y provocara la huida del sultán y su corte para crear entonces dos sultanatos nuevos: el de Perak (norte) y el de Johore (sur). Éste último no perdió la fe en hacerse de nuevo con el control de Malaca. Y la llegada de los holandeses a Johore supuso esa opción. Los holandeses no pretendían control sino dinero y aliados con Johore atacaron en 1641 la ciudad. Tras varios meses de asedio se hicieron con ella. Pero los holandeses nunca fueron capaces de darse cuenta de la importancia del lugar.

Los que sí se dieron cuenta fueron los ingleses cuando en el siglo XVIII necesitaban un puerto que sirviera de escala para los barcos que circulaban entre China y la India. En 1876 Francis Light negoció un convenio con el sultán Kedah para crear un asentamiento en la isla de Penang que estaba prácticamente deshabitada. Y allí instauró una nueva zona de libre comercio, inaudita por aquellos lares hasta entonces, eso provocó la prosperidad de la región y que en escasos diez años albergara más de 10 mil habitantes. Como siempre que negociaban, los ingleses supieron jugar sus cartas y se hicieron prácticamente con el control completo del país gracias al atractivo acuerdo de preservar el prestigio de los sultanes. Y fueron los británicos los que comenzaron a explotar los recursos naturales de la zona. Construyeron ferrocarriles, carreteras y puertos. Dedicaron el trabajo de la agricultura y pesca a los malayos para lo que eran más aptos y promovieron la inmigración de chinos para trabajar en las minas de estaño y de indios para la exportación del caucho y para la policía.

Pero todo ello no detuvo el ansia de los malayos de ser un país independiente. De hecho se sabe que en 1931 había más chinos que malayos en el censo de la nación. En 1926 se creó la Unión Malaya-Singapur y antes de la Segunda Guerra Mundial ya reclamaban su independencia. En 1941, los japoneses invadieron el país y en menos de un mes ya habían tomado Kuala Lumpur. Al siguiente mes estaban en las puertas de Singapur. Los japoneses gobernaron desde Singapur y con dureza. Se ejecutaron a miles de comunistas chinos contrarios a la invasión japonesa. Los japoneses firmaron su rendición frente a los británicos en 1945 tras los lanzamientos de las dos bombas atómicas.

Los británicos convencieron a los sultanes para forma la Unión Malaya en 1946 pero el pueblo nunca estuvo de acuerdo con la idea y en 1948 se declaró la Federación de Estados Malayos. Los sultanes mantuvieron su soberanía y los ciudadanos sus privilegios. El partido comunista recién creado (MPC) comenzó entonces una guerra de guerrillas contra los británicos que duraría más de diez años. Realmente era una guerra civil. En 1955 los británicos prometieron la independencia en dos años y la celebración de elecciones. El Partido de la Alianza obtuvo una victoria arrolladora y el 31 de agosto de 1957 se declaró la Merdeka (Independencia) y se optó porque los sultanes de los nueve estados gobernaran por turnos a partir de entonces.

Hoy en día Malasia se compone de 13 estados y tres territorios federales. Cada estado tiene su asamblea y un gobierno encabezado por un primer ministro. Nueve de esos 13 estados tienen soberanos hereditarios (sultanes) y los otros 4 tiene gobernadores electos cada cinco años.

Kuala Lumpur (Malasia)

Publicado: 15 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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Kuala Lumpur ha ocupado un segundo plano durante mucho tiempo en el marco del sudeste asiático. Actualmente pasa por un buen momento y en la vitalidad de sus habitantes se comprueba rápidamente. Es una ciudad donde emergen decenas y decenas de grandes ‘Malls’ o grandes almacenes al más puro estilo norteamericano. Son grandes consumidores y se denota con facilidad con sólo echar un vistazo en sus calles.

Aún así sigue siendo una ciudad de contrastes. Contrastes continuos con los que el viajero se va encontrando en cada esquina, en cada calle y en cada barrio. Hay un Kuala Lumpur sorprendentemente  rico, moderno y cosmopolita y otro Kuala Lumpur decadente, viejo y desarreglado. Todo tiene su encanto, sólo hace falta saber encontrarlo.

El primer paseo de la mañana va dedicado a la zona más financiera y más próspera de la ciudad. Es quizá la zona más famosa fuera de Malasia, dominada por las impresionantes Torres Gemelas llamadas ‘Petronas’ por ser la sede de la compañía nacional de petróleo y gas y, hasta hace poco, las más altas del mundo con 452 metros de altura y 88 plantas. Las dos están unidas  por un paso suspendido a 170 metros de altura y que es conocido como ‘Skybridge’ por ser la zona de visita para contemplar la panorámica de la ciudad.

Pero junto a las Torres Gemelas se concentra un núcleo de recreo, negocio y vitalidad fuera de lo normal. Varios grandes bancos internacionales tienen su sede en la zona dentro de edificios de diseño, junto a varios edificios que albergan grandes cadenas hoteleras y acompañando al KLCC  (Kuala Lumpur City Center), un recinto que alberga un parque con un pequeño lago, un centro de convenciones, un gran centro comercial, un auditorio de fama mundial, un centro científico interactivo y un Acuario, que permite ver tiburones tigre en un pasillo submarino de casi cien metros de largo. También hay una galería de fotografía y pintura contemporánea.

Pero si sigues caminando te das cuenta de que la ciudad no se ha hecho para ello. Las aceras son imperfectas, irregulares o inexistentes, según por dónde te mueves. No existen grandes aceras, ni grandes paseos, sí que existen grandes avenidas pero todas dedicadas a los turismos y motocicletas que marcan el ruido y el paso de la gran urbe. Y mientras caminas puedes darte de cara con un edificio de última generación, completamente nuevo y recién estrenado, con un diseño fuera de lo normal junto a una zona de viviendas derruidas o semiderruidas. Son estos los contrastes habituales. Sin embargo, cuando observas a los habitantes y paseantes te das cuenta de que no hay tantos tipos de clases sociales, al menos en apariencia. Sí que existen multitud de razas debido a los orígenes histórico-culturales del país. Y esas razas y culturas se divisan en todas sus calles y en todas sus expresiones.

Pero quedan todavía algunas zonas de marcado estilo original como Chinatown. No es esta una zona tan extensa como el famoso Chinatown de Bangkok pero guarda las mismas características. Calles estrechas, aceras inservibles por los productos de los comerciales, tráfico embutido por doquier y una mezcla horrorosa de olores a todo y a nada. Si realmente cerraras los ojos y dedicaras unos minutos a intentar describir todos los aromas que siente tu olfato la lista sería extensa pero ahí van los más llamativos y los que más recuerdo: incienso de mil aromas, comida frita, refrita o comida en general, fruta variada, flores diversas, putrefacción y cloaca, gasóleo quemado, todo sin orden establecido y con la proporción a gusto del consumidor. La lista, como digo, podría ser más extensa, pero todos esos detalles conforman el ambiente del barrio. Bullicioso lugar delimitado por unas cuantas calles, algunas peatonales aunque se nieguen algunos, constituye una gran aventura a gusto del turista ávido de color y olor, acaso intrépido comprador dentro de su gran Mercado Central.

Una comida en cualquier lugar de esa zona garantiza un plato típicamente chino y a un muy buen precio. Buen momento para deleitarse con alguna apuesta culinaria conocida para comenzar la tarde y para olvidarse de la cultura gastronómica occidental. Dejamos atrás ciertos hábitos para adentrarnos en otro mundo igualmente fascinante. Una sopa del día compuesta de verduras y pollo me sirve de aperitivo (1 euro), para continuar con un sorprendente cerdo crujiente servido de forma sencilla pero limpia, cortado en filetes y acompañado de salsa de soja, arroz blanco y algo de pepino natural (2,5 euros). El precio del refresco parece no guardar relación con el resto de la comida (1,5 euros). En resumen, 5 euros muy bien utilizados y que sirven para dar la energía suficiente para continuar el paseo.

A los habitantes de Kuala Lumpur les encanta salir a comer, ya sea en un puesto callejero o en uno de los miles de establecimientos dedicados a ello. El servicio es limpio en general y muy rápido y no ocupan mucho tiempo en hacerlo, puesto que una vez que han terminado de comer pagan y se van. No hay cultura de sobremesa al menos por el día. Quizá al ser sábado es momento para visitar alguno de sus centros comerciales y no tanto para charlar en un local. Y eso es precisamente lo que hago a continuación, meterme de lleno en uno de esos grandes centros comerciales por donde no sabes realmente cómo moverte. La experiencia es abrumadora por inquietante aunque no tiene que ser muy extensa en el tiempo para poder hacerte una idea.