La siesta

Publicado: 3 de julio de 2014 en Artículos
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‘El arte del descanso es una parte del arte de trabajar’
(John Steinbeck)
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Existen costumbres o hábitos que se adquieren desde la niñez. Otras se van desarrollando y aplicando según pasan los años. Los usos del ser humano se extienden por todos sus rincones. Algunos pueden ser indicativos y representativos de un país, sociedad o grupo. Solemos tener rutinas porque en la rutina se basa nuestro comportamiento a diario. Y muchas de esas rutinas se van transmitiendo de una generación a otra de forma totalmente natural. Copiamos lo que vemos, lo que nos indican, lo que nos han enseñado. Vemos actuar de una forma y lo hacemos también.

Una de las costumbres más curiosas del ser humano es el de la siesta. Se dice que el término se comenzó a utilizar en el siglo XI, gracias a una de las reglas de San Benito: reposo y tranquilidad en la hora sexta (entre las 12 del mediodía y 3 de la tarde). San Benito era un abad de la localidad de Nursia (Umbría, Italia). La idea era que todos los religiosos de la abadía se recostasen en su lecho para descansar y cargar baterías para lo que quedaba del día debido al gran madrugón que realizaban cada mañana. Como buena costumbre se extendió por la zona y comenzó a adaptarse en otras abadías y monasterios.

Pero es que hacer la siesta tiene una lógica, puesto que la solemos hacer tras la ingesta de comida. La digestión es ese proceso de transformación de los alimentos en sustancias más sencillas para ser absorbidos. Y en ese proceso el individuo suele tener un terrible golpe de sueño. La mente se diluye y, de repente, tenemos la necesidad de cerrar los ojos, que ya por su cuenta suelen cerrarse. Lógicamente, no siempre estamos en la tesitura de poder desvincularnos de lo que estamos haciendo en ese momento y reparar en descansar esos minutos que el cuerpo nos pide, pero el día o el momento en que podemos hacerlo nos viene muy bien.

Ingerir alimentos produce somnolencia. La sangre desciende desde el sistema nervioso hacia el digestivo. El nivel de dicha somnolencia será proporcional al consumo de alimentos. En países donde la comida suele ser copiosa la costumbre de la siesta se vio mucho más extendida, y es por eso que países como España tengan buena fama de realizarla mucho más frecuentemente que en otros países. Pero hay muchos factores que influyen para poder hacerlo. Por ejemplo, los horarios de trabajo. En muchos países, a la hora del almuerzo, hay un buen tramo de tiempo que se puede utilizar para dar una cabezadita, mientras que en otros países, el tiempo que se utiliza para el almuerzo es breve y no da tiempo para nada más, continuando la jornada laboral a continuación.

La siesta consiste generalmente en descansar algunos minutos (puede ser entre veinte y cuarenta minutos) después de haber comido el almuerzo. Un breve sueño que tiene como propósito regenerarse para lo que queda del día. Habitual en la cultura y en la historia de países latinos, también es muy familiar en países asiáticos, árabes y africanos. Sobre todo en países cálidos. Y en países donde la comida es copiosa. Además, está demostrado que la siesta ayuda a la salud en general y previene el estrés, el agobio y la ansiedad. Favorece la memoria y todo lo que tiene que ver con mecanismos de aprendizaje. Ayuda a prolongar la jornada laboral o de estudio y refuerza la energía consumida hasta entonces. Muchos famosos alabaron su potencial y ensalzaron sus propiedades.

Pero, curiosamente, en los países del sur de Europa se acostumbra a realizar una siesta tras la ingesta del almuerzo, y esto ha hecho que se propague también por otros países europeos. De hecho, en un estudio realizado en Alemania, se asegura que el 22% de los habitantes de ese país incluyen la siesta como un hábito de su vida cotidiana. Curioso porque sólo el 15% de los italianos lo afirman, mientras que en Gran Bretaña es el 14%. Lo que más llama la atención es que sólo el 9% de los españoles y el 8% de los portugueses lo llevan a cabo como rutina. Como muchas cosas en esta vida, los tópicos siguen cayendo a peso de plomo, mientras que la gran mayoría de las personas siguen creyendo en ellos. La fama dice que España y los españoles son los más siesteros de todo el mundo. Una cosa es lo que se pregona y otra la que se practica…

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