Posts etiquetados ‘Historia’

La extraña costumbre de usar joyas

Publicado: 18 de julio de 2014 en Artículos
Etiquetas:, , ,

JOYAS-Y-LOS-SIGNOS-DEL-ZODIACO

‘Prefiero estar adornado por la belleza del carácter que por las joyas.

Las joyas son el regalo de la fortuna,

mientras que el carácter viene de dentro’

***

Una joya en sí misma no tiene mucho sentido. Si la miramos fríamente, es tan sólo un material. Que se le haya llamado con la evolución del ser humano ‘preciosa’ quizá puede ser debido a su belleza (también discutible). El hombre desde sus ancestros ha utilizado los materiales preciosos como objetos ornamentales, para distinguirse, para llenarse de estatus, para cerciorarse de ser diferente del resto. Así fueron apareciendo los anillos, los collares, los colgantes, los brazaletes, los pendientes, etc. No había distinción entre sexos, puesto que su uso era habitual en ambos. Como tampoco había excepción en los pueblos que las usaban ni en las culturas, ni en los continentes. Es decir, el uso y la costumbre en portar joyas es habitual y está relacionado con el ser humano.

Adornarse siempre ha sido un principio universal, pero utilizar joyas no estaba ni está al alcance de todos. Y una cosa puede ser la estética y otra, muy diferente, utilizar joyas para sentirse superior o más atractivo. Que una joya nos haga destacar debe ser motivo de preocupación para cualquiera. El oro, la plata, materiales que han servido y que sirven como monedas de cambio, de ostentación, de riqueza y de distinción. Porque no nos equivoquemos, gran parte del uso de las joyas viene refrendado por la distinción que se le suponen. A las personas en general les motiva el simple hecho de ser o aparentar ser diferentes o distintas a los demás. Es como un ADN particular de cara a la galería. Ser diferentes lo somos por simple naturaleza y sucesos que se van acumulando en nuestra vida, ya sea entorno, familia, amigos y vivencias. No necesitamos muchas más o menos joyas para ser distintos de los demás. Pero las joyas pueden ser simplemente una forma, como también puede serlo el coche que usamos, la ropa que nos ponemos o el peinado que mostramos.

‘La diferencia entre los recuerdos falsos y los verdaderos

es la misma que con las joyas:

siempre es el falso el que parece el más real,

el más brillante.’

***

Hoy en día, la moda marca tendencia continuamente, de hecho, muchas cosas se ponen de moda sin ni siquiera un motivo definido o determinado. La gente, en masa, se va moviendo por tendencias, modas o simples mareas de comportamiento. Otra cosa diferente es poder alcanzar esas cuotas de distinción. No todo el mundo puede tomarse un cocktail en el bar más de moda de Nueva York, o probar un menú degustación en el mejor restaurante del mundo, ni puede gozar de lo que se siente conduciendo el coche más caro del mundo. Y es un suceso que se ve incrementado conforme la riqueza de una persona aumenta, por el mero hecho de querer hacer y parecer todavía más exclusivo que el resto de seres humanos. Lo que ocurre es que la delgada línea entre la distinción y la ordinariez es muy fina, y muchas la traspasan con demasiada facilidad y demasiado a menudo. 

Para muchos, lo caro es mejor y demuestra mayor distinción. Las joyas entran dentro de esta familia.  Y muchos piensan que el hecho de mostrarse con joyas ‘tan preciadas’ son motivo claro y absoluto para ser envidiados. Claro que la envidia va por barrios, y cada cual tiene su forma de utilizarla también. Muchas envidian riquezas, otros salud, otros felicidad. Ninguna joya nos dará absoluta felicidad ni salud, si es eso precisamente lo que andamos buscamos. Pero si buscamos llamar la atención, ser envidiados, ser admirados, las joyas son otra forma de conseguirlo. Para otros, las joyas no llaman la atención, a no ser por el asombro de llevar una considerable cantidad de dinero en un cuello, en un brazo o en una oreja. El significado ya queda a expensas de cada uno, pero fríamente parece ser desorbitado, insulso y carente de personalidad.

No hace falta ostentar para ser rico, ni hace falta ser rico para ostentar; y ser rico se puede conseguir de muchas formas, no necesariamente aparentando serlo o pretendiendo que todo el mundo se dé cuenta de que lo somos realmente. En ese caso estaríamos cruzando la línea anteriormente citada. Las joyas y su uso a través de la historia representan diferentes motivos para ser o parecer importantes: ya sea como símbolo de riqueza, por su simbolismo o por lo que pueden llegar a conseguir por sí solas. Lo que pasa que este uso también se ha convertido en un arte. El diseño y el negocio han provocado que muchos artistas joyeros se adentren en el mercado para ofrecer bellezas únicas. Un arte que comenzó con maestros como Peter Fabergé o René Lalique y que ha ido evolucionando hasta nuestros días.

El valor de dichas joyas siempre queda un tanto fuera de mercado. Y es curioso observar como muchas religiones y grupos religiosos han utilizado las joyas y su simbolismo como distinción. Una frase conocida en esta industria es la que reza: ‘Una joya es para siempre’. Claro que habría que recordar que muchos objetos y recuerdos pueden ser para siempre y no necesariamente ser tan costosos. Todo tiene que ver con el nivel de romanticismo que practiquemos. Lo cierto es que podemos lograr distinción y admiración sin necesidad de lucir joyas. Y no tiene que ver con el hecho de tener el dinero suficiente para adquirirlas, sino sabiendo valorar las verdaderas cosas importantes que nos ofrece la vida, y todavía más cuando se descubre todo lo que se puede hacer por conseguirlas, ya sea robando, esclavizando o matando por ellas. Otro claro ejemplo de que el sentido común en el hombre es poco común.

diamantes

 

Anuncios

Las guerras y el hombre

Publicado: 21 de junio de 2014 en Artículos
Etiquetas:, , , , ,

guerra_de_vietnam-estados-unidos-alfondo

‘Las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el de los ojos’
(Bob Marley)
***

La guerra y el hombre. El hombre y la guerra. Unidos desde el origen y hasta el fin. Uno parece no poder existir sin el otro. El hombre inventó la guerra y la sigue alimentando. La creó, la estudió, la manejó, la extendió, la instituyó, la comercializó, la enseñó y la propagó. Las consecuencias de todas las guerras siempre han sido las mismas: pobreza, caos, muerte, violencia gratuita, miseria, destrucción. Todo un proceso negativo que termina de la peor manera posible. Siempre con ganadores. De eso se trata. Siempre con perdedores. El concepto de la guerra siempre es un tanto confuso. Se dice que dos no discuten si uno no quiere. Y, en la mayoría de los casos, así ocurre. Pero cuando dos no dan su brazo a torcer, la guerra es el medio para resolver el conflicto.

Los conflictos suelen aparecer entre dos o más individuos que se ven en una tesitura de intereses totalmente opuestos. Una situación de confrontación difícil de solucionar. El ser humano ama tener razón, y ama que se la den. Los argumentos pueden o no ser de una absoluta grandeza o no, eso puede quedar al margen. Pero el ser humano no se contenta con lo que digan al respecto de su conflicto con cualquier otro ser humano. Para solucionarlo, el hombre creó la justicia. Gracias a la justicia, se podían arreglar situaciones límite, condiciones que, a menudo, llegaban a un escenario sin salida. Pero existe algo más poderoso que la justicia, el mismo poder. El hombre se dio cuenta de que si tenía más poder que el otro siempre vencería. Para ostentar ese poder se pueden usar diversas condiciones: sobre todo la económica, pero también la numerosa, la talentosa y las ayudas externas y apoyos ajenos que se puedan conseguir.

‘Todas las guerras son santas,
os desafío a que encontréis un beligerante
que no crea tener el cielo de su parte’
(Jean Anouilh)
***
El hombre ha sido agresivo desde que apareció en el Universo. Es un animal social que responde a las notas y al instinto de competición y a sus propias ansias de emoción y ambición. Una situación aparentemente sencilla y poco complicada puede convertirse en irrespirable. La convivencia social que ha existido en la raza humana ha propagado el sentimiento de imponerse por encima del resto. Ahí entraría también el carácter particular de cada individuo o masa social. Un conflicto individual puede convertirse en social y global. Los estudiosos del conflicto social siempre han abogado porque tanto los individuos como los grupos sociales buscan maximizar sus beneficios y sus calidades de vida. Lógicamente, esa forma de actuar genera conflicto con el resto. Y, finalmente, no es el objeto de interés en sí el causante de los conflictos, sino las situaciones o las maneras a través de las cuales se resuelve el conflicto. Para que alguien defienda una idea se debe acudir a la sociedad. Los grupos sociales y las acciones de esos individuos otorgarán la fuerza necesaria para poder conseguir el objetivo. Aquí llegaríamos a plantear como solución el consenso.

El consenso es el acuerdo. Puede ser entre dos o más personas. Pero la decisión que se tome por consenso no quiere decir que sea del agrado de una o ambas partes. Se acepta. Y, a veces, en la negociación, se pierde algo para poder ganar algo. Es la negociación. Unos individuos, unos grupos sociales o unas sociedades que actúan por consenso tienen mucho ganado. Son inteligentes, prácticos y ganan tiempo y energía. Puesto que es imposible poder imponer las propias ideas en todos los terrenos y circunstancias, aunque creamos tener razón. Cuando no hay consenso regresa el conflicto, esta vez acentuado. Y ante tal situación, las salidas ya son mínimas. O se impone una idea a la fuerza o por mayoría o la conclusión del conflicto será revolucionaria o violenta. Los elementos claves en este proceso son el grado de inteligencia entre las partes, así como su nivel de orgullo, ambos relacionados con las relaciones de los seres humanos.

¿Todas las sociedades son violentas? Todas, quizá no. Pero en alguna etapa de su historia sí lo fueron o lo han sido. Pues los conflictos se generan entre seres humanos, allá donde estén. Con el tiempo, muchas sociedades han aprendido cómo resolver los conflictos, mientras que otras siguen ancladas en las mismas soluciones violentas. Hay un gen de violencia en el ser humano, que se manifiesta tristemente muy a menudo, provocando daño o sometimiento a un individuo o a una masa o colectivo. Con la violencia se pierde el argumento, la razón. Pero si es fuerte, suficientemente fuerte, más fuerte que el otro que entra en conflicto con nosotros, saldremos como ganadores. Y el poder de la violencia nos garantizará sobrevenir la situación. Para muchos, las guerras traen aspectos positivos. Argumentan que potencian los desarrollos tecnológicos o que la muerte de muchas personas evita la sobrepoblación. Todos esos argumentos serían muy discutibles. Si en algo han servido las guerras en desarrollo tecnológico ha sido para mejorar las armas de combate. La evolución de las armas es un ejemplo claro de cómo el hombre no cesa en su empeño de mejorar su defensa y ataque en caso de conflicto.

Las causas de las guerras son múltiples, aunque siempre se generan por un deseo: ya sea de un terreno, de una disputa, de una ambición económica o por venganza u odio. Las ideologías han imperado en todas las sociedades, aunque es debatible que los millones y millones de hombres que integraron en alguna ocasión una guerra en cualquier parte del mundo supieran o estuvieran al tanto de esas ideologías en conflicto. La manipulación de varias personas hacia la masa ha sido y es una constante en el ser humano, puesto que, gracias a ello, se dispone de más número de efectivos en el terreno bélico. Las tácticas de manipulación de una sociedad también han evolucionado y mejorado con el paso de los siglos. Y ha sido el talento de los líderes políticos y militares los que han hecho posible esa realidad.

‘Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren’
(Jean Paul Sartre)
***
Y pudiera parecer difícil y complicado que, con el paso del tiempo, algunas mentes sean capaces de manipular el cerebro de las personas para inducirlas e involucrarlas en un espacio bélico, pero sigue siendo así lamentablemente. El imperialismo de algunos hombres ha provocado millones de muertes. Cuando hablamos de imperialismo nos referimos a la actuación de una sociedad en sí, pero no nos damos cuenta de que los inventores de la idea y de la acción que conlleva han sido creadas por un determinado número de individuos y no por toda la sociedad. Millones de personas en todo el mundo y a través de la historia han sido obligadas a ir a una guerra, para defender principios e ideas por las que, en muchas ocasiones, no estaban de acuerdo. Para defender patrias, banderas y tierras que decían algunos que había que defender. Para ello se alzan palabras como la obligación o el honor, el orgullo y el deber. También muchos individuos aprovecharon su inclusión en un ejército ‘x’ para poder asesinar impunemente. Personas violentas por naturaleza, monstruos anónimos que, gracias al salvoconducto de una guerra, ha matado a diestro y siniestro, ya fueran ancianos, niños o mujeres.

Y para contrarrestar todo esta historia de guerras, el hombre creó también la idea de la paz. Una palabra llena de alegría y gozo que pocas veces llega a consolidarse. La paz es un estado idílico de sosiego, de buena convivencia entre individuos de una sociedad o sociedades. Una tranquilidad que debiera ser eterna. Todo lo opuesto a la guerra. Ejemplos de paz existen pocos, quizá son espacios o épocas determinados. La paz, como palabra, como acción, parece un tanto irreal. Y cuando existe parece circunstancial y efímera.

‘El supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar’
(Sun Tzu)
***
La guerra ha sido un instrumento político al servicio de un estado u organización con fines políticos. Es un elemento común en todos los países y culturas. Para muchos, es política pero por otros medios. Las formas de hacer guerra han variado. Para los romanos se trataba de expandir terreno e imperio, se trataba de conquistar dominios para incorporar pueblos al original. La evolución de las guerras ha sido constante. Hoy se establecen distinciones entre guerras y conflictos armados. Para que haya o exista una guerra debe ser ésta declarada por ambas partes. Para muchos es la defensa de unos intereses. Para otros la defensa de unos derechos. La guerra escapa a la razón. Todos los instintos más salvajes del ser humano relucen en un estado de guerra. Pero también los más tiernos. Los más cooperativos, los más empáticos. Se ayuda, se colabora, se piensa en los demás. Seguimos en guerra, aunque no sepamos ni en qué bando estamos…

explosion_nuclear


cama-de-madera

‘Ningún lugar en la vida es mas triste que una cama vacía’

(Gabriel García Márquez)

***

Cuántas veces nos hemos hecho esa típica pregunta: ¿Quién inventó la cama? En esa pregunta coincidimos casi todos al cien por cien. Es una unanimidad absoluta. Y es que muy pocas personas, por no decir ninguna, puede afirmar que el invento de la cama no revolucionó la vida de la humanidad. Según cuenta la historia, fueron los egipcios y lo asirios, aproximadamente en la misma época, allá por el año 3500 a.C., quienes inventaron lo que hoy podría considerarse como las primeras camas. Pero, lógicamente, la evolución del invento no se detuvo, hasta el siglo XIX, cuando se comenzaron a fabricar y a utilizar las camas que hoy solemos usar.

En la antigüedad era habitual dormir en el suelo. Para que fuera más confortable se solía cubrir de paja o palma. Las primeras camas que se elevaron del suelo fueron muy primitivas. Y de ahí surgió la idea de la almohada y del colchón. Ya los romanos rellenaban bolsas de tela con lana o plumas para que hiciera la función de colchón. De hecho, la paja se convirtió durante mucho tiempo en el protagonista del descanso y de la comodidad. Fue imprescindible a la hora de conciliar el sueño. La cama, tal y como hoy la conocemos, tuvo su pequeña revolución gracias al invento del colchón, en concreto el colchón de muelle, gracias al muelle helicoidal fabricado por el alemán Heinrich Westphal en 1865. Pero esos primeros muelles resultaron ser algo inestables y más tarde se creó el muelle cónico, que supuso una mejora considerable.

‘Con el dinero se puede comprar la cama, pero no el sueño’

***

cama-suspendida-4

La cama, en su origen, era un mueble rectangular alargado, de madera o de metal, sostenido por pies que se elevaban del suelo y que terminaba en un extremo o en ambos por un cabecero o respaldo, en ocasiones adornado. Fueron los griegos los primeros en colocar dichos cabeceros sobre el armazón de la cama. Los persas adornaban sus camas con tapices, pero también con bordados, metales preciosos, marfil y perlas. Los romanos fueron los que introdujeron el uso de diversos tipos de maderas para constuirlas, ya fueran de ébano o de cedro, aunque seguían usando los sacos de paja o de plumas como colchones. El tamaño de las camas tenían en la Edad Media la proporción de la figura que dormía en ella. Los príncipes encargaba camas enormes para destacar entre la plebe. En cierta forma, el uso de ciertas camas supuso un lujo determinado. Muchas de esas camas eran tan grandes que muchas familias de la realeza europea las utilizaban para dormir con toda la familia. 

La moda en la cama, tanto en vestirla como en decorarla fue evolucionando a medida que los siglos iban transcurriendo. También se introdujo el uso de cortinas alrededor de la cama, un uso que se entendía para mantener el calor en el interior, así como dar privacidad. Cuanto más rico era el usuario de la cama más ornamentación, joyas, lujos y tapices podían observarse. Ejemplos de ello los tenemos en todas las épocas. El siglo XX fue revolucionario en esa industria. Las camas han ido mejorando, tanto en comodidad, como en diseño. Forman parte de la vida del hombre. Sin ellas estaríamos un tanto desamparados. El descanso es tan necesario como la comida. En la cama se puede hacer de todo, de hecho, lo hacemos. La cama da garantía de comodidad, de tranquilidad, de descanso, de placer, de sueño, de ocio y de ilusión. La cama nos sirve para pensar, para hablar, para amar, para besar, para leer o para escribir. La cama, ese placer infinito que compartimos cada día por unas horas y que echamos de menos cuando la perdemos de vista. La cama, algo más que un invento. Un bien muy necesario.

Las drogas y el ser humano

Publicado: 6 de junio de 2014 en Artículos
Etiquetas:, , , ,

hombre-fumando-mariguana-300x350

‘En una cultura no orgiástica, el alcohol y las drogas son los medios a su disposición’

(Erich Fromm)

***

La relación entre las drogas y el ser humano está perfectamente constatada. Ha sido una relación debida a diversas razones, pero siempre y, a través de la historia, ha permanecido unida con el paso de los siglos. La humanidad siempre ha hecho uso de las drogas, tanto a nivel social, medicinal, religioso y/o personal.  Negar esa realidad y esa evidencia no sirve para profundizar a la hora de pararse a pensar en el porqué su uso nunca mengua si no que, muy al contrario, sigue aumentando. Las antiguas civilizaciones utilizaron las drogas para provocar estados alucinógenos excepcionales. Lo que provocaban era adivinar el futuro. Drogas que salían de la tierra, como hierbas, que se fumaban o inhalaban, ejemplos claros de ello podrían ser el cannabis o el peyote. Según la sociedad o la cultura la droga variaba, pero existía de una forma u otra.

Se anhelaba conseguir el éxtasis, el sentimiento más efervescente, el más valiente, el que pudiera saciar el ansia, el que pudiera combatir el miedo, la incertidumbre. Se deseaba ser gigante a pesar de las limitaciones, y por momentos se conseguía. Se trataba de llegar a los dioses, de tocarlos, de acercarse lo máximo posible a sus terrenos para conseguir su gracia, su fuerza o su vitalidad. Se trataba de conocer el futuro, el tiempo que iba a llegar, el destino que iba a deparar. Era una búsqueda continua para encontrar respuestas, para encontrarse tanto a nivel individual como colectivo.

El ser humano ha intentado desde siempre alcanzar un estado de trance que le permitiera abarcar lo que en la realidad no podía. Idealizar, imaginar, soñar, pensar en el más allá, rozar el cielo, volar, bordear los límites, creerse superior, separar el alma del cuerpo, independizarse de uno mismo, viajar hasta el infinito, considerar el transcurso de la vida como un trámite, como un camino hacia la muerte, intercalando mitos, creencias e ideologías. Antiguamente, se apelaba a los sentidos más primitivos: el olfato y el gusto. Aspirando humos, ingiriendo hongos. Fumando se combinaba ambos. Se trataba de maximizar el sentido de la vista y del oído también. Las cosas podían parecer diferentes, sentirse diferentes, escucharse diferentes.

Con la evolución, el ser humano se da cuenta de que puede utilizar esos tratamientos a nivel medicinal. Y ahí se crea la industria especializada. Ya comenzó con los griegos y sus herbolarios. Aunque la droga favorita de los griegos de la época era el vino. El vino se convirtió en el protagonista de todas las fiestas, cuanto más se tomaba significaba que se disfrutaba más de la fiesta. Pero los remedios caseros se multiplicaban con las generaciones. El uso de las drogas ya se consideraba peligroso entonces, aunque nunca se dejaron de usar. El vino ayudaba a quebrantar el miedo reinante, daba ánimos, alegría y heroísmo. Donde se tomaba se formaban grupos dispuestos a celebrar, reuniones que se pusieron de moda y que se prolongaron a lo largo de los siglos hasta nuestros días.

El vino dio paso a la cerveza con la Edad Media, la cual se tomaba con mandrágora rayada en algunos lugares. Las hierbas se pusieron cada vez más de moda y los herbolarios ya eran habituales en todas las ciudades de Europa. En esa época destacó un hongo alucinógeno que provocaba fenómenos masivos: el cornezuelo de centeno. Con el paso de los siglos los nuevos usos y costumbres trajeron el consumo del café, pero también de la canela y del chocolate. Muchas drogas causaban la distorsión de las imágenes, así como alucinaciones. Y el consumo estaba relacionado con diversos estados emocionales. Se podía consumir por nostalgia, por tristeza, por depresión, pero también por alegría o por simple placer. La euforia estaba ahí, se podía conseguir fácilmente. Se estimulaba la mente, se atenuaba el cansancio, se agilizaba el pensamiento, se multiplicaba la fantasía.

Las drogas se fueron haciendo cada vez más populares. Cada consumidor buscaba algo distinto con ellas. Desde espacios sensoriales nuevos y nunca descubiertos, hasta momentos para resolver esos problemas imposibles. Esos estados especiales, nunca descubiertos, que de repente brillaban y se esparcían en la mente, espacios soñados, imaginados. Ahí aparece el éxtasis, la marihuana, la cocaína, las pastillas, los alucinógenos, el opio, el hachís, la heroína. Pero, curiosamente, algunas se convirtieron en legales y otras en ilegales. En la actualidad, se define a la droga como la sustancia que se usa sin fines terapéuticos, que alteran los aspectos afectivos cognitivos y conductales. Lo que se denomina sustancia psicoactiva.

Existe ahora una hipocresía acerca del consumo de drogas. Mientras algunas son legales y se administran en establecimientos creados para tal fin, y mientras la industria farmacéutica se enriquece año tras año gracias a la venta de medicamentos que provocan la dependencia de su consumo, surge una tendencia moralista que predica la prohibición de las drogas, cuando se sabe que el consumo seguirá existiendo, que el mercado negro seguirá enriqueciéndose a su vez, que la violencia que deambula alrededor de ese mercado negro no se detendrá, que la lucha contra ello ha sido y es inútil. Quizá lo que se alienta es que ese mercado negro continúe, puesto que el dinero generado irá a parar a muchas manos. El consumidor de drogas seguirá existiendo con el paso de los años, de las décadas y de los siglos, puesto que el consumo de drogas está relacionado íntimamente con la vida del ser humano. Eso no cambiará. Esa es la realidad. Tan sólo hay que entender que la búsqueda y el uso de las drogas es tan natural como el resto de las costumbres de la raza humana.

 

‘Hasta que tengamos un conocimiento más preciso de la electrónica del cerebro,

las drogas seguirán siendo una herramienta esencial

del interrogador en su ataque a la identidad del sujeto’

(William Burroughs)

***

esquizofrenia_drogas

 

La época que nos ha tocado vivir

Publicado: 5 de junio de 2014 en Artículos
Etiquetas:, ,

PerroflautaDylan

‘No creas en el tiempo y cree en el ahora, que es lo único que sabes con certeza…’

***

Si nos preguntaran en qué época nos hubiera gustado vivir seguramente la mayoría elegiría otra distinta a la que le ha tocado. Una de las razones es por lo que imaginamos acerca de esa época, por lo que hemos leído, visto, o por lo que nos han contado. Cada época tiene lo bueno y lo malo. No hay una época que marque más que otra. Es más cuestión de azar. Nacemos, y en ese preciso momento, nos instalamos en una sociedad ‘x’ que se ubica en un lugar ‘x’. Hay muchos tipos de vida en una misma época. No tiene nada que ver la vida que lleva un ciudadano de Australia con uno de Mozambique, como tampoco tiene nada que ver la vida que pueda tener un iraní con un hondureño, por ejemplo.  Cada época es distinta, pero a la vez, en cada lugar es distinta también. Todo depende de muchos factores. La sociedad de un lugar a otro cambia por completo, las costumbres, la economía, las opciones, las normas, etc. No podemos imaginar una época cualquiera porque habría que saber primero dónde estaríamos viviéndola. No es lo mismo vivir en los sesenta en Inglaterra que en España, como tampoco lo era vivir en los años veinte en Francia o en Brasil. Los factores determinantes y sus características particulares deberían ser analizadas profundamente antes de tomar una decisión, aunque sea ficticia, porque la época que nos ha tocado vivir es la que tenemos en nuestras manos ahora mismo.

Seguramente, si hubiéramos podido decidir en algo acerca de cómo queríamos que fuera la época en que vivimos, habríamos hecho mil cambios, habríamos añadido mil cosas que no hay, y habríamos eliminado otras tantas que creemos que sobran. La evolución del ser humano viene marcada por los acontecimientos. Por un lado, se ve esa evolución en la tecnología, en las máquinas, en los adelantos; pero, por otra parte, parece que la sociedad global sigue anclada en el pasado y en épocas anteriores en muchos aspectos, y parece que se hace difícil desprenderse de esas herencias. Las opiniones al respecto y ante temas tan generales podrían ser numerosas y de mil interpretaciones posibles. Cada uno tiene en su mente lo que le gusta y lo que no de lo que vive a diario. Nos guste o no las cosas suceden, se repiten y parece que ya son habituales. Nos acostumbramos a ellas, y debemos hacerlo. Las cosas que se van sucediendo tienen fecha de caducidad, pero nunca sabemos a ciencia cierta esa fecha, con lo cual toca lidiar con todo hasta que algo desaparece o algo nuevo aparece.

 Cada uno vive su época a su manera, e incluso los que viven en un mismo ambiente, entorno o sociedad pueden vivir su época de forma diferente. Las sensaciones, las compañías, las experiencias y las emociones varían de uno a otro, así como la forma de encarar el día a día. Cada uno desprende una energía, una forma de ser. Un carácter que se va estableciendo según las vivencias, por lo tanto, lo que se va descubriendo adquiere tonos y estilos distintos. Las formas de ver todo varían según el día, el momento y el estado de ánimo. Nuestra época no es mejor ni peor que otra. Nuestra época es la que es. Además no hay otras donde poder elegir. Teniendo esto claro, no vale de mucho quejarse continuamente sobre la situación que nos ha tocado, o repitiendo aquélla en la que nos hubiera gustado estar inmersos. Nos ha tocado una época que varía a una velocidad impresionante en muchos factores, pero que en otros tantos parece seguir estancada. Hay que intentar por todos los medios que la forma de transcurrir por nuestras vidas tenga un sentido, y ese sentido se lo tenemos que dar nosotros. Porque, a fin de cuentas, muchas de las situaciones que vayamos a vivir dependerán de nuestra actitud y de nuestra decisión. Todo ocurre, pero ocurre por algo. Algunos tratan de reaccionar y otros se dejan llevar.

Y dentro de una vida pueden aparecer diferentes períodos. Son etapas tras etapas, incluidas dentro de una época, dentro de una vida. Vamos abriendo y cerrando etapas casi sin darnos cuenta, y nada tiene que ver la vida que llevábamos hace veinte años a la que llevábamos hace cinco. Si echamos la vista atrás nos daremos cuenta de que vamos adquiriendo experiencias de vida, que actuamos según éstas, y que reaccionamos muchas veces por el conocimiento que ya hemos adquirido anteriormente. Vamos cambiando porque vamos evolucionando, aunque esto no ocurre con todas las personas. Pero, dentro de esa evolución, surgen cambios, muchos cambios, que nos permiten ver variantes, que nos dejan reinventarnos tantas veces como deseemos o como seamos capaces de realizar. Evolucionamos dentro de la evolución, nos transformamos dentro de nuestra propia transformación. Vamos moldeando nuestra forma de pensar a medida que los acontecimientos se suceden.

Y lo único seguro que tenemos es que nuestro período tiene fecha de caducidad, aunque nunca sepamos cuándo será. La muerte nos define el final de un camino. Y todo ese camino es nuestro período, nuestra época. Algunas veces queremos regresar al pasado, pero en el futuro querremos regresar más veces al presente. La conclusión es que pensando en el pasado que pudo haber sido y el futuro que podrá ser nos vamos perdiendo lo que está siendo. Intentamos adivinar lo que vendrá sin darnos cuenta de que lo que estamos viviendo en este mismo instante es enorme, intenso, inolvidable e irrepetible. La pasión de un momento no tiene límites, y tampoco volverá. La belleza de ese segundo mágico no tiene parangón. Lo sabemos. Pero, aún así, no reparamos en ello. Seguimos actuando igual. Imaginando lo que podría haber sido, arrepintiéndonos por lo no hecho, creyendo que todo podría haber sido diferente, albergando dudas y más dudas y sin conseguir las respuestas. Más pendientes del mañana que de hoy. Y así vamos pasando las épocas, las etapas, los años y los días, entre horas muertas y segundos sin sentido, analizando pasados ya muertos que sólo habitan en nuestra mente, que sirven pero que no dominan, con futuros indefinibles y opacos, siempre sorprendentes, a menudo inútiles, porque esos presentes que vamos dejando escapar ya no vuelven.

‘Coged las rosas mientras podáis
veloz el tiempo vuela. 
La misma flor que hoy admiráis, 
mañana estará muerta…’
(Walt Whitman)
***

Neopan+400+(1)

La foto de la semana (114)

Publicado: 3 de junio de 2014 en Fotos de la semana
Etiquetas:, ,

522

Esta foto nos muestra el primer cadáver de un inmigrante en las costas españolas.

Ocurrió el 1 de noviembre de 1988 en la localidad de Tarifa (Cádiz).

Más de 25 años después el drama de muchos sigue vigente.

***

‘No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas.
Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas.
Esto significa que vives’
(Franz Kafka)
***

 

Hamacas

Publicado: 24 de mayo de 2014 en Artículos
Etiquetas:, ,

Review-Hamacas-64

 

‘El arte del descanso es una parte del arte de trabajar’
(John Steinbeck)
***
El término ‘hamaca’ viene del idioma taíno y significa ‘red para pescado’. También procede de otra palabra americana ‘chinchorro’ que significa red de pesca. El uso de esas hamacas fue ideado para descansar en medio de la faena de la pesca y en lugares apartados de la propia casa. Realmente son una serie de hilo de fibras vegetales muy resistentes, ya sean de cáñamo, de cumare o fique, bien anudados y con mucha resistencia. Lo cierto es que las hamacas están hechas de diversos materiales, pero su calidad depende, sobre todo, de la calidad y del número de hilos utilizados. Su origen está en el Caribe y es una parte fundamental del decorado caribeño. Es muy utilizada y se ha exportado la idea a todo el mundo. Incluso en el mismo Caribe se utilizan dentro de las casas y todas ellas tienen ganchos en sitios estratégicos para colgarlas.

Su uso comenzó a ser popular a principios del siglo XVII por los marineros de los barcos que llegaban a puerto tras la pesca. Aunque parece ser que su uso tiene ya más de mil años. Los marineros las utilizaban en los barcos, pues la hamaca suele moverse al ritmo del barco y el que la usa no tienen problemas o riesgos de ser arrojado al suelo. Originalmente, se utilizó el algodón para fabricarlas, aunque también se usó la cabuya o la pita. Se teñían con tintes vegetales y con mucha variedad de diseños, colores y tamaños. En la actualidad, el material más utilizado para su producción es el polipropileno, y en muchos lugares se ha retrocedido a los orígenes de su fabricación y se vuelve a utilizar la fibra vegetal. Ya en el siglo XVII su uso se extendió gracias a todas las compañías comerciales navieras que recorrían el Caribe y que apreciaron sus características para el descanso.

‘La lectura, la reflexión y el descanso guardan al corazón de pensar tonterías’

***

Nadie se extraña de verlas en cualquier hogar del Caribe o en el sur de México. Muchos lugares de costa también la han añadido a su decorado habitual. Su origen era maya. Hoy no es raro observar su uso en casi todos los países de Latinoamérica. En el sur del continente se distingue de la conocida ‘hamaca’ (columpio) denominándola ‘hamaca paraguaya’. Una de las zonas más famosas por su producción es la zona del Istmo de Tehuantepec (México). Un poco más al norte se encuentra la localidad de San Pablo Yaganiza, donde se fabrica una hamaca única, y que ahora también se fabrica en España gracias a artesanos textiles. Pero llama la atención que, con el paso de los siglos, su fabricación artesanal no haya variado casi nada, con lo cual se puede valorar mucho más el gran invento que tuvieron los pobladores de la zona hace más de diez siglos. 

Para muchos pobladores de lugares cálidos y rurales, la hamaca es el lugar ideal donde dormir. Muchos la sustituyen por la tradicional cama. La costumbre y la comodidad son buenas razones para ello. Las  primeras hamacas se tejieron gracias a la corteza del árbol conocido como Hamack. Esa hamaca original se convirtió en la cama de muchos millones de indígenas de la época. La evolución en los materiales se multiplicó, así como el uso de colores y diseños. Gracias a los conquistadores españoles, la hamaca llegó por fin a Europa. De hecho, el uso de la hamaca en los barcos europeos duró casi tres siglos. Ahí se utilizó un tipo de lona impermeable, poco higiénica, más estrechas y más incómodas. Los ingleses introdujeron su uso incluso en las prisiones. No sólo era cómoda sino que ahorraba espacio.

La visión y el uso de la hamaca en la actualidad están relacionados con el descanso, las vacaciones y el ocio. Cualquier viajero que recorre algún país caribeño no tarda en usarla, en dormir sus siestas en ella, leer un libro o contemplar una puesta de sol frente al mar. Dan sensación de tranquilidad y de descanso. Sólo verlas uno puede caer en la absoluta paz y escapar de todas las preocupaciones. Otro buen uso es cuando cae la noche y el calor y la humedad de esos países caribeños hacen que el dormir en una cama convencional cueste más de la cuenta. Ya es habitual verlas en terrazas, jardines y salas de estar de medio mundo, sobre todo donde el calor hace mella.

Una hamaca se mide en cuartas, una medida tradicional basada en el espacio que se abarca con la mano abierta (unos 20 cm.) Un tamaño normal está sobre 10 y 11 cuartas. El largo se calcula en cuartas, pero no el ancho, puesto que la hamaca se estira. Para fabricarla, lo primero es forma la orilla, luego la hamaca, lo que se conoce como cuerpo. Cuando se termina una porción de 20 vueltas se llama franja, un total de 80 hilos, 40 de guía y 40 de lanzadera. El número de mallas a utilizar varía según el largo de la hamaca, pero también del tipo de material y de la figura de la red. Al terminar la hamaca se coloca la otra orilla. Para terminar se forman los brazos, por donde cuelgan las hamacas, normalmente de un material mucho más grueso. Lo ideal es que todos los hilos del brazo sean exactamente del mismo largo para que la hamaca no se deforme al acostarse en ella, ni forme un incómodo lomo en el centro.

‘Descansar demasiado es oxidarse’
(Walter Scott)
***

Hamaca-en-la-playa-by-Carlos-Guzman---m