La rutina como compañera

Publicado: 5 de octubre de 2014 en Artículos
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“No son los males violentos los que nos marcan,

sino los males sordos, los insistentes, los tolerables,

aquellos que forman parte de nuestra rutina

y nos minan meticulosamente como el tiempo”

(Emil Cioran)

***

A casi nadie le gusta, ni le atrae, pero sin embargo, caemos en sus redes muy fácilmente. Acaso porque es cómoda, nos alivia sin pensar, nos acoge sin proponerlo, nos alienta sin meditar, nos abriga sin frío y nos enseña lo conocido sin excusas, sin otras formas de alimentar lo más desconocido. La rutina nos indica un camino, casi siempre alicaído, inerte, cansino y falto de emoción. Y solemos ser rutinarios casi por costumbre. El ser humano es un animal de costumbres, aunque las vaya cambiando casi sin darse cuenta. Y podría considerarse una contradicción pensar y estar convencidos de que cayendo en lo mismo no evolucionamos, nos detenemos y no somos capaces de avanzar. Pero, inconscientemente, sin un segundo de meditación, volvemos a hacer lo mismo.

Para muchos la rutina puede ser hermosa, un ritual severo pero que deleita. Mientras que, para otros, la rutina puede ser la puerta hacia la nada, hacia el abismo del aburrimiento, del tedio y de la falta total de ilusión. De todas formas, nuestra vida siempre está repleta de rutinas, nuestras, creadas por nosotros. Esas rutinas no aparecieron de la nada ni nadie nos las impuso. Son rutinas que se van creando con el tiempo y algunas de ellas las conservamos durante mucho tiempo, mientras que otras van decayendo en su protagonismo y en su interés, para quizá desaparecer en un futuro próximo. Cambiar o no de rutinas depende de nosotros mismos. Si solemos hacer lo mismo es porque nos sentimos cómodos con ello. Por lo tanto, si nos sentimos cómodos con ello tampoco debemos considerarlo tan malo.

Todas las personas tienden a inclinarse por lo conocido como forma de resguardarse de lo que podría llegar. Ante lo conocido reaccionamos con más alegría y, sobre todo, con más seguridad. Una seguridad que a todas luces puede ser engañosa pero que concretamos de forma práctica y natural. Ante lo desconocido reaccionamos de otra manera, tenemos que mantenernos en guardia, en alerta y en constante atención. Eso aparte de agotarnos física y mentalmente nos traslada a otro escenario de inseguridad en el cual no nos sentimos tan cómodos. Aunque como en tantas y tantas otras cosas, todo depende de cómo se mire o interprete. Nuestra perspectiva de las cosas tiende a crear en nuestra mente esferas de ‘aparente comodidad’. Cuando algo no sale como normalmente debería se convierte automáticamente en un obstáculo que nos provoca angustia y ansiedad.

“Creo que mi mejor cualidad en el mundo del ajedrez

radica en que nunca juego de forma rutinaria,

sino que juzgo la posición una y otra vez antes de cada jugada,

cambiando, si es preciso,

mi estrategia al responder a las jugadas de mi contrincante.”

(David Bronstein)

***

Quizá lo más inteligente sería ir alternando nuestras formas de encarar las vicisitudes diarias. Ir cambiando de rutinas o de formas de hacer, de pensar y de sentir. Intuir lo que podría ser y buscar para encontrarlo. Adivinar lo que se podría uno estar perdiendo simplemente cambiando de visión. La aventura de lo desconocido transformada en algo suficientemente atractivo como para no dejarlo escapar. Ser capaces de albergar nuevas formas de pensamiento, de obra y de emoción. Vislumbrar otros modos de acción, no quedarse con lo que ya hemos experimentado sino seguir investigando hasta descubrir que existen otras muchas formas en todos los ámbitos. Fácil es darse cuenta de que a diario algo nos deslumbra, nos sorprende y nos hace vivir de otra forma. 

Podría ser que la rutina es sólo una forma de ser, de pensar y de sentir. Si pensáramos diferente la rutina se rompería, cambiaría o se multiplicaría. Con un sólo intento de cambiar las cosas, las cosas cambian. No es magia, es actitud. Pero eso no quiere decir que haya que eliminar todas las rutinas, porque muchas de ellas nos pueden hacer sentir bien, son parte de nosotros y tampoco tendría sentido que desaparecieran. Eliminar sólo aquellas que no nos llevan a ningún lugar, que simplemente conducen a lo cotidiano, a lo aburrido y a la falta de todo. Las conocemos, las detectamos y somos capaces de identificarlas a diario. Si la actitud desea borrarlas de nuestra cotidianidad lo hará y además de la misma forma natural como las aceptaba anteriormente.

“A veces me salto el almuerzo y cambio la rutina.

Salgo a dar un paseo.

O me compro un pequeño regalo para mí…

Algo que me haga sentir que estoy cuidando de mí mismo.

O salgo en coche, en busca de un paisaje hermoso, o saco una entrada para un concierto.

A veces negocio una cita conmigo mismo a media mañana, un compromiso estrictamente personal.”

(Spencer Johnson)

***

No todo pasa porque sí. Algunas cosas ocurren porque nosotros decidimos que así ocurran. En el cambio se potencia la apertura de ideas, de sorpresas y de ilusiones. Y quién quiere perder todo eso. Nadie. Sería insensato por nuestra parte dejar de sentir nuevas formas, dejar de ver nuevos mundos, nuevas ideas y proyectos, nuevas personas. Todo va evolucionando, también nosotros. Y en esa evolución se van rompiendo muchas de esas rutinas. Sólo hace falta echar la vista atrás para recordar todas las que tuvimos y que ya han quedado en el olvido, puesto que las circunstancias cambian, también las rutinas, también nosotros. Todo es un movimiento continuo de formas y conjuntos que van originando nuevas sensaciones. 

De nada sirve quejarse, quejarse de lo evidente, de que la rutina puede matarnos. Por eso, mucho más eficaz que el simple hecho de quejarse puede ser el accionarse para cambiar. Ante la evidencia de una rutina no deseada tan sólo debemos cambiarla. Y no podemos decir que no se puede, porque se puede. A lo mejor esa mal llamada rutina no lo es tanto, sino simplemente la forma en cómo la vemos. Quizá no es ni rutina ni costumbre, la hemos adoptado a nuestro quehacer diario y ya le damos el calificativo de tal, sin haber sido ni siquiera artífices de su creación. Ante la rutina que no queremos sólo nos queda el combate, y con el combate desaparecerá, ante la desidia y la falta de actitud seguirá con nosotros. No hacen falta más argumentos para saber si una rutina nos hace bien o no. Nosotros somos suficientemente capaces para detectarlo. Y al hacerlo, de nosotros depende hacer girar el escenario. No le quitemos valor al poder que albergamos. Porque, aunque en muchas otras circunstancias no tenemos más que el remedio de la resignación, en otros aspectos podemos ser capaces de dominar la situación.

“Cuando hay libertad del condicionamiento mecánico, hay simplicidad.

El hombre clásico es justo un paquete de rutina, de ideas y de tradición.

Si sigues el patrón clásico, estás entendiendo la rutina, la tradición, la sombra…

No te estás entendiendo.”

(Bruce Lee)

***

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