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Alfred Hitchcock

Publicado: 24 de noviembre de 2013 en Cine
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Alfred Hitchcock

“Existe algo más importante que la lógica: la imaginación”

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Escribir sobre este genio del cine ya parece que no atrae. Y además se hace difícil. Se ha escrito mucho y quizá demasiado. Cuando uno es una figura indiscutible en su campo de actuación la recepción de críticas, elogios, artículos y demás casi casi se desordenan por su número. Lo curioso es que pasado mucho tiempo de su obra y de su figura sigue estando en boca de todos. Y eso es realmente impresionante. Alfred Hitchcock fue un innovador en el suspense, aplicando recursos que se sacaba de la manga en un cine que se aventuraba moderno. Sabía manejar al espectador a su manera. Sin que hubiera un momento de pausa, de distracción. Dominaba las técnicas como nadie. Se le conocía como el ‘Mago del suspense’ y era por algo. Y supo mezclar la calidad con la comercialización del producto. Algo poco habitual.

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“Si has sido educado en los jesuitas como yo lo fui, estos elementos tienen importancia.

Yo me sentía aterrorizado por la policía,

por los padres jesuitas,

por el castigo físico,

por un montón de cosas.

Éstas son las raíces de mi trabajo”

***

La figura de su padre le marcó su carácter de forma especial. Un hombre criado en el East End londinense quien tenía la disciplina y el orden como sus prioridades. Y quizá el tema de la culpa, tan habitual en sus películas, proceda de esos años de infancia junto a su padre. También le marcaron sus años en escuelas católicas en el barrio de Poplar. Estudió Ingeniería y Dibujo en la sección de Bellas Artes mientras ayudaba al negocio familiar. De adolescente devoraba las películas de Chaplin, Keaton y Fairbanks. El cine mudo constituyó su mundo durante muchos años. La literatura fue otra de sus aficiones. A la muerte de su padre se vio obligado a vivir con su madre solo dado que los hermanos mayores ya no vivían allí. Y con sólo 21 años tuvo el valor de presentarse en los estudios de Famous Players Lasky con unos bocetos propios para decorados de películas mudas que había diseñado. Fue contratado como diseñador de rótulos y decorados y así comenzó su carrera en la industria del cine. Tres años más tarde le llegó la ocasión de codirigir un film menor.

“Dales placer, el mismo que consiguen cuando despiertan de una pesadilla”

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Pero a finales de 1927 dirigió la película muda ‘The ring‘ y se convirtió en uno de los directores más cotizados de Inglaterra. De ahí a la fama mundial sólo había un paso. Y lo consiguió. Las primeras películas sonoras que dirigió ya anunciaban lo buen director que era. Siempre estuvo preocupado por tener un estilo propio, un hilo narrativo especial, creando nuevas técnicas de montaje y en los movimientos de la cámara. Al igual que el uso de la luz. Era un dominador nato de la imagen. Y es en la década de los años 30 cuando comenzó a erigirse como uno de los grandes directores de todos los tiempos con títulos como ‘El hombre que sabía demasiado’ (1934), ‘39 Escalones’ (1935), ‘Agente secreto’ (1936) y ‘Sabotaje’ (1936).

“El público debe sufrir tanto como sea posible”

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Con el tiempo desarrolló sus artes, sobre todo su capacidad para realizar el suspense y la intriga. Y comenzó su etapa en Hollywood. La oferta del productor David Selznick no se podía dejar escapar. Su primera película fue ‘Rebeca‘ (1940). Con el tiempo se convertiría en unos de sus filmes más célebres. En 1943 realizó ‘La sombra de una duda’. Fue ese año cuando murió su madre, lo que le provocó una pequeña depresión, la cual le hizo adelgazar más de 40 kilos en unos meses. Pero la década de los 40 continuó alimentado su ingenio. Títulos como ‘Encadenados’ (1945), ‘El proceso Paradine‘ (1947) o ‘La soga’ (1948) son buenos ejemplos. Pero es en la década de los 50, cuando su nombre ya está en boca de todos y es admirado por la industria cinematográfica mundial cuando estrenó sus mejores películas. ‘Pánico en la escena‘ (1950), Extraños en un tren (1951), Yo confieso’ (1953), fueron sus primeros títulos. Pero a partir de ahí surgió una estrella en su firmamento particular: Grace Kelly. Con ella rodó ‘Crimen perfecto’ (1953), ‘La ventana indiscreta’ (1954) y ‘Atrapa a un ladrón’ (1955). Pero le sucedieron títulos inolvidables como ‘El hombre que sabía demasiado’ (1956), ‘Falso culpable’ (1957), ‘Vértigo‘ (1958), ‘Con la muerte en los talones’ (1959).

“Conseguir la realidad exige meterse dentro, hacer que el público se sienta.

Así se obtiene la verdadera realidad”

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Los años 60 trajeron nuevos títulos pero ya representaron su etapa final. En 1960 estrenó ‘Psicosis‘, quizá uno de sus éxitos más aclamados. Fue una de las primeras películas que abordaba el thriller psicológico, inédito hasta entonces. Los réditos que consiguió por esa película los pudo invertir en adquirir parte de la compañía Universal Pictures. Después vendrían ‘Los pájaros’ (1963), ‘Marnie, la ladrona‘ (1964), ‘Cortina rasgada’ (1966) y ‘Topaz’ (1969), éstas últimas muy ambientadas con el tema de moda entonces como era el de la Guerra Fría. En 1972 estrenó ‘Frenesí’ y en 1976 ‘La trama‘, la cual sería su última película. Para entonces, sufría artritis y su corazón ya estaba debilitado. Contaba setenta y seis años y sufrió un colapso, su alcoholismo nunca ayudó. En abril de 1980 murió pero su obra sigue viva y para siempre.

“Un buen drama es como la vida, pero sin las partes aburridas”

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Quadrophenia

Publicado: 21 de noviembre de 2013 en Cine
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Película estrenada en el Reino Unido en 1979 y basada en la ópera rock de 1973 del mismo nombre realizada por el grupo The Who causó impacto al instante y durante varios años después. Hoy en día es considerada una película de culto. Quadrophenia fue dirigida por Franco Roddam con guión escrito por él mismo, apoyado por Dave Humphries y Martin Stellman. Una historia que narraba los inicios de la década de los 60 en Londres, donde las bandas de ‘mods’ se movían orgullosos e impecables con sus scooters italianas por las calles londinenses mientras escuchaban su música favorita. El término ‘mod’ provenía del inglés modernist (modernista), una subcultura que se originó en el mismo Londres a finales de los años 50 y que alcanzó su punto más álgido entre principios y mediados de los 60. Sus rasgos más significativos fueron la moda, la música y los scooters. Dentro de los gustos musicales se encontraban el ska jamaicano, la música beat británica y el soul afroamericano aunque también se escuchaba R&B. El movimiento se asoció desde un principio a bailar durante toda la noche en las discotecas inducidos por los efectos de las anfetaminas. El término mod se extendió a finales de los 60 para determinar todo aquello que se consideraba popular o de moda. Aunque nunca dejó de estar en apogeo, a finales de los 70 hubo un revival mod en el Reino Unido que se extendió por los EEUU a comienzos de la década de los 80, sobre todo en el sur de California.

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Otra característica de ese movimiento fue su odio y confrontación contra otro movimiento de la época: los rockers. Al contrario que aquéllos, los rockers representaban otro extracto de la juventud del momento. Preferían estilos de música norteamericanos de los años cincuenta, sobre todo las influencias de Elvis Presley, que ponían a todo volumen en sus radios. Aunque quizá lo que más les diferenciaba era la forma de vestir, el atuendo y los aspectos. Los mods eran chicos bien cuidados, bien peinados, muy presumidos, cuyo atuendo era normalmente un traje, corbata y zapatos bien lustrados. Los rockers vestían de forma desaliñada, con chaquetas de cuero negras y zapatillas normalmente rotas. Las motos que identificaban a los mods eran iguales que ellos, bien vistas y relucientes, brillantes, con espejos retrovisores por todas partes que les hacían ser muy llamativas; mientras que las de los rockers eran viejas y grasientas motos de carretera. Los mods eran arrogantes y con gran violencia verbal, mientras que los rockers utilizaban más la fuera bruta.

La película era un reflejo claro de la Gran Bretaña pre-punk y pre-thatcheriana. Criticando una juventud alimentada por música y pastillas que intentaban evadirse de la realidad que les hundía en el desasosiego y en la mediocridad. Batallas campales entre bandas callejeras que predominaban en la mayoría de las grandes ciudades británicas. Tuvo una gran acogida quizá por la carga de sexo, drogas y violencia que contenía, nada habitual en ese época. La publicidad del boca a boca entre los jóvenes hizo el resto.

Una de las escenas más recordadas por todos los grandes admiradores de esta película es la última, justamente cuando el protagonista lanza su motocicleta al vacío de un acantilado y se estrella entre las rocas. Siempre quedó el debate abierto si realmente el protagonista se lanza al vacío también o no junto a su scooter. Aunque si se aprecia con detenimiento se ve como el protagonista está de pie en lo alto del acantilado mientras la moto va cayendo. La caída o el lanzamiento de la moto es el símbolo del fin del movimiento mod, de sus devaneos continuos, de sus desencuentros con sus amigos, en una palabra: significaba romper con su estilo de vida juvenil que había llevado hasta ese momento. Quizá lo que quiere decir es que ningún movimiento juvenil puede considerarse como algo que perdurará en alguien, algo que se tambalea hasta que finalmente se cae y pierde todo su sentido, alimentado por la mente de sus protagonistas.

 

Michael Caine

Publicado: 13 de septiembre de 2013 en Cine
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“Lo hice todo.

Me pasé la vida exactamente como yo quería todo el tiempo.

Nunca he escuchado a nadie”

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Si habláramos de Sir Maurice Joseph Micklewhite, Jr. quizá muy pocas personas adivinarían a quién nos estábamos refiriendo. En el mundo del cine se le conoce con el nombre de Michael Caine. De origen irlandés por parte de su padre, nació en el este de Londres (Reino Unido) en marzo de 1933, en el seno de un barrio obrero y humilde. Un barrio donde la característica principal es la forma que tienen sus habitantes de hablar el idioma inglés, el famoso ‘cockney’ (https://lostinbergen.wordpress.com/2012/12/20/cockney/). Una forma de hablar que para la mayoría de londinenses resulta vulgar. Y un acento que tuvo que ir limando cuando comenzó su carrera como actor. Sobre todo cuando tuvo que interpretar papeles de personajes de clase alta, como en su primera película ‘Zulú’ (1964), basada en una sangrienta batalla que tuvo lugar en Sudáfrica en enero de 1879, en la que 140 soldados británicos tuvieron que enfrentarse a 4000 guerreros zulúes.

Pero aunque no le fue difícil disimular su acento nunca se desvinculó de él y siempre se sintió orgulloso de su origen y de su entorno. De hecho su padre se dedicó a transportar pescado en el mercado y el propio Michael dejó los estudios a los quince años para desarrollar trabajos de poca monta hasta que lo llamaron a filas y fue destinado a la guerra de Corea, donde incluso llegó a entrar en combate. A su vuelta comenzó a trabajar como asistente de producción en un teatro londinense. Y fue allí cuando decidió desarrollar su carrera como actor. Al principio en pequeños papeles sin importancia que le ayudaron a abrirse camino dentro de la industria. En esos inicios adoptó el nombre de Michael Scott, dado que no encontraba adecuado el suyo propio. Curiosamente, un día su agente le apremió para que se cambiara ese apellido porque otro actor ya lo estaba utilizando. Como estaba hablando por teléfono desde una cabina miró a su alrededor para inspirarse y vio en un cine un gran cartel anunciando una película ‘El motín del Caine’. Le gustó y se lo quedó. A partir de ese día sería conocido como Michael Caine. 

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” A pesar de mi educación,

de mis logros

y de la llamada sabiduría…

no puedo ni imaginar mi propio corazón”

***

Sus primeros años trabajó en diversas películas y en series de televisión, compartiendo piso con otro que llegaría a ser un gran actor, Terence Stamp. Tras su primera película como protagonista trabajó en dos que le dieron mucho éxito: la primera interpretando al espía Harry Palmer, “Ipcress” (1965) de Sidney J. Furie, y la segunda ‘Alfie’ (1966). Con la primera marcó estilo interpretándolo en varias ocasiones, como en “Funeral en Berlín” (1966) de Guy Hamilton y “Un cerebro de un billón de dólares” (1967), y poniendo de moda las gafas que utilizaba. Y quizá esta última no tuvo tanto éxito en los países no anglosajones debido a que no se supo apreciar uno de los mayores atractivos de la película: los monólogos de Caine con su acento ‘cockney’. Con todo ello se le comenzó a considerar como uno de los actores más atractivos de esa época. Su aspecto británico y sus casi 1,90 le daban un porte muy interesante para la pantalla. Con el paso de los años su prestigio fue aumentando, haciendo papeles más complejos y atractivos. La exigencia creció mientras él lo hacía como actor. Desde entonces hasta la actualidad ha interpretado papeles de todo tipo. Y quizá en esa gran diversidad y en su facilidad para transformarse en cualquier personaje le ha hecho obtener un gran respeto y admiración por todos los amantes al cine.

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En 2000 recibió el nombramiento de caballero por parte de la Corte Real Británica. Así se convirtió en Sir Maurice Micklewhite. Y lo recibió con su verdadero nombre tal y como él decidió, como un signo de respeto a su padre. Aunque él nunca he dejado de utilizar su nombre entre sus amigos durante toda su vida. Durante los años 60 interpretó ‘La caja de las sorpresas’ (1966), ‘Ladrona por amor’ (1966), ‘7 Veces mujer’ (1967), de Vittorio de Sica o ‘La batalla de Inglaterra’ (1969). Pero la década de los 70 le consagró a nivel mundial con títulos como: ‘El último valle’ (1970), ‘Comando en el mar de China’ (1970), ‘Asesino implacable’ (1971), ‘Historias peligrosas’ (1972), ‘La huella’ (1972), ‘Una inglesa romántica’ (1975), ‘El hombre que pudo reinar’ (1975), ‘La conspiración’ (1975).

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“Hay que ser como un pato.

Con calma en la superficie,

pero siempre remando como un demonio por debajo”

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Pero durante los siguientes años y décadas supo administrar su talento para continuar con su espléndida carrera. Y siempre a un buen ritmo. También se dedicó a la producción, tanto en cine como en televisión. Los títulos más conocidos de los 80 fueron: ‘Vestida para matar’ (1980), ‘La mano’ (1981), ‘Evasión o victoria’ (1981), ‘La trampa de la muerte’ (1982), ‘Educando a Rita’ (1983), ‘Half moon street’ (1986), ‘Hannah y sus hermanas‘ (1986), por el que recibió el primer Óscar como actor de reparto, y ‘El cuarto protocolo’ (1987). Durante los 90 recibió su segundo Óscar por su interpretación en ‘Las normas de la casa de la sidra’ (1999).

“Mi mayor talento es haber sido un superviviente”

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Daniel Day Lewis

Publicado: 10 de febrero de 2013 en Cine
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 “No me importa lo que mi personaje provoque en el público, 

en ese sentido tengo que ser completamente irresponsable.

Obviamente hay peligros, 

y uno de ellos es alejar a la gente de la película,

pero parte de mi trabajo es no juzgar y tener una identificación muy fuerte con mi personaje,

algo que se desarrolle de un modo íntimo.

Para bien o para mal, 

cuando trabajo no tengo conciencia de lo que provoco con mi personaje.

Si especulas con el resultado chocas

porque ahí no yace el verdadero trabajo del actor”

***

Daniel Blake Day-Lewis nació en abril de 1957 en Inglaterra, aunque nacionalizado irlandés en 1993. Aunque ha rebasado los 50 hace un tiempo nadie lo diría. Atrae a partes iguales a seguidores y cámaras. Su estilo es muy personal y profundo. Si hiciéramos una lista de los mejores actores en activo sin duda su nombre estaría en ella. Y se lo ha ganado a pulso. Actor  que se podría decir que comenzó su vocación en su propio hogar familiar. Su abuelo era productor británico, su padre era poeta y su madre actriz de teatro.

Aunque sus primeros papeles fueron pequeños y casi pasaron inadvertidos, se formó realmente realizando obras de teatro y en series para la BBC británica. Quizá 1985 fue su año, si por eso entendemos cuando se dio a conocer más allá de sus fronteras y cuando dos papeles en dos películas le hicieron ganarse las primeras buenas críticas. La primera fue poniéndose el rostro de un homófobo punky londinense en ‘Mi hermosa lavandería’, y más tarde un papel más secundario en ‘Una habitación con vistas’.

Su formación artística la realizó en la Bristol Old Vic Theatre School. Una escuela de arte dramático inaugurada en 1946, unos meses después de fundarse la Bristol Old Vic Theatre Company por el gran Laurence Olivier. El origen de esa escuela fue una habitación, junto al almacén de frutas, conocida como ‘la escuela fruta’, dado que el edificio estaba rodeado por mercados de fruta. Desde entonces, grandes actores y actrices han pasado por sus aulas.

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Philip Kaufam, director norteamericano,  lo reclutó junto a Juliette Binoche para dar vida al protagonista de la gran novela de Milan Kindera ‘La insoportable levedad del ser’ en 1987. La novela, cargada con grandes dosis de erotismo y profundidad filosófica no era fácil de interpretar, sin embargo, Lewis consiguió que su papel fuese realmente digno de la novela. Sorprendió su interpretación porque tampoco era en aquel entonces tan conocido. En 1989 le ofrecieron el papel de Christy Brown, un artista irlandés discapacitado en ‘Mi pie izquierdo’. Ese papel le consagró, dándole fama, prestigio y un Óscar, además de muchos más premios.

En esa película fue cuando conoció y trabajó por primera vez con el director irlandés Jim Sheridan, quien comenzó su carrera en el teatro como uno de los fundadores del Project Art Centre de Dublín. De ahí que sus primeros años estuvieran centrados en la producción teatral. Se fue a vivir con su familia a Nueva York y allí se matriculó en la Escuela de Cine de la Universidad de Nueva York. Y a finales de la década de los 80 se adentró en el mundo del cine.

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Lewis comenzó entonces una trayectoria que le ha subido al pedestal de los mejores actores en activo. A principios de la década de los 90 trabajó en ‘El último mohicano’ (1992) y en ‘La edad de la inocencia’ (1993), dirigida por Martin Scorsese. Consiguió su primera nominación al Óscar por su rol en la película de Sheridan ‘En el nombre del padre’ (1993) y más tarde realizó ‘The boxer’ (1997). Su colaboración con Scorsese se repitió en ‘Gangs of New York’ en 2002 por la que también fue nominado a los Óscar. Se le conoce por haber rechazado papeles muy comerciales y que le hubieran puesto en el candelero de forma más rápida y eficiente, pero siempre ha intentado elegir sus guiones de acuerdo a sus emociones.

La lista de sus relaciones entre actrices es extensa. Nombres como Isabelle Adjani, Julia Roberts o Winona Ryder son bien conocidos pero los rumores sobre otros muchos romances con otras actrices no se han detenido nunca. Aunque es raro encontrarle en revistas del corazón y contando algo con respecto a su vida privada. También es poco propenso a conceder entrevistas. Su privacidad y su intimidad son bastante sagradas para él. Pero su fama no se ha detenido y, muy al contrario, ha aumentado. Gracias a sus interpretaciones y a saber madurar de forma sublime dentro de una industria que encumbra a sus integrantes de la misma forma que los hunde. Ha sabido mantener su puesto. Su fama y su prestigio. Con el tiempo ha demostrado que su capacidad como actor se ha desarrollado como su madurez. Ha crecido como actor y como persona.

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Lo que ha demostrado con las últimas películas que ha protagonizado es que cada vez más es el protagonista de la trama y de la cámara. Tiene tanto poder su figura y su actuación que por momentos deja a sus compañeros de reparto un tanto apartados. Aglutina poder de atracción y sólo el hecho de estar su nombre le da a la siguiente película un éxito asegurado de antemano. Un ejemplo claro de ello fue ‘Pozos de ambición’ (2007). Su última aportación al séptimo arte ha sido ‘Lincoln’ (2012). Pero no hay duda de que sigue madurando y que tiene por delante muchos retos que afrontar como actor. Seguramente sabrá envejecer aportando nuevos papeles que recordaremos por su calidad. Pocos actores tienen la fuerza que tiene Lewis en la actualidad. Sabe manejarla y la amolda a sus necesidades del guión. Un ejemplo claro de lo que debe ser un actor con letras mayúsculas. Un verdadero ejemplo para jóvenes que tienen intención de dedicarse a este mundo.

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Helen Mirren

Publicado: 11 de enero de 2013 en Cine
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“Soy sexy desde los 14 años”

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Se ha ganado un lugar entre las más grandes actrices británicas de la historia. Y lo ha hecho con paciencia, paso a paso. No fue la jovencita que rompió el mercado del cine  por sus polémicas actuaciones. Se fraguó una carrera con tesón y con independencia. Y con el paso del tiempo ha sido reconocida como lo que es: una auténtica fuera de serie. Porque se ha convertido en una actriz que se ha hecho a sí misma. No ha perdido nunca su estilo y ha sabido crecer y madurar de la mejor manera posible. Pocas actrices son capaces de adaptarse al paso de los años y saber ocupar un lugar destacado en la industria del cine.

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“Ahora soy más grande.

Esas cosas pasan.

Hay un momento de temor cuando te das cuenta de que ya no eres la persona más joven en la reunión.

 Después de eso, naturalmente te das cuenta de que eres la persona más vieja de la reunión.”

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 Aquella frase que pronunció al diario The Guardian hace cuarenta años le acompañó durante muchos años, quizá más de los que hubiera deseado. Pero nunca ha negado su deseo de ser seductora, ya en su vida personal como delante de la cámara. Muchos periodistas tuvieron durante años el morbo de conocer más sobre la vida sexual y privada de esta mujer, y el paso del tiempo ha llenado de admiración a todos los que la siguen desde hace tantos años. Pero ahora se la ve como una inteligente, independiente y atractiva mujer de más de 65 años. Ahora es adorada, reverenciada y envidiada. Se confiesa feliz con lo que hace y con lo que es. Ha sido fiel a sus ideas y eso le ha llevado a la cumbre. El tesón y los principios personales le han hecho triunfar y no niega su alegría por ello.

Ha sido capaz de culminar una carrera con un Oscar, por su papel protagonista en ‘The Queen‘. Se le ha tachado de indomable y lo es. Sus toques peculiares como sus tatuajes, su forma de vestir y su estilo particular forman un carácter que cautiva. Para muchos es conocida desde hace pocos años, a pesar de que su carrera como actriz comenzó hace muchos años.

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“En el pasado a veces fui una chica mala”

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Nació en el barrio de Chiswick (Londres, Reino Unido) en julio de 1945. Curiosamente, nació con el nombre de Ilyena Vasilievna Mironova, nieta de un aristócrata ruso que negoció acuerdos de armas entre Rusia y Japón en Londres justo en el momento que comenzó la Revolución Rusa. Por la relación que tenía con la familia del Zar se vio obligado a exiliarse con su familia. La madre de Helen era hija de un carnicero. Fue educada en Essex y se aficionó desde pequeña al mundo de la interpretación.

En 1965, con veinte años, se estrenó en la obra de teatro ‘Cleopatra’. A ésta le siguieron más, entre las que destacaron ‘Macbeth’ y ‘Troilo y Crésida’. Su trabajo en el cine comenzó en 1968 con ‘El sueño de una noche de verano’. Fue entonces cuando Peter Brooks se fijó en ella y la ofreció una gira por el norte de África con la obra ‘The conference of the birds’ (1971). En 1976 interpretó a Ofelia en ‘Hamlet’. Pero si llegó a ser famosa en esa época fue por sus escenas eróticas en la película ‘Calígula‘ (1979). Comenzó a ser conocida por ser una mujer liberal y sexualmente abierta.

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“Realmente no me gustan las películas románticas mucho

y no me gusta hablar de los sentimientos,así que tengo un hombre disfrazado”

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John Boorman la contrató para interpretar a Morgana en ‘Excalibur’ (1981) y Peter Weir para el papel de esposa de Harrison Ford en ‘La costa de los mosquitos’ (1986). A partir de ahí comenzó una época de gran éxito en su carrera profesional. Aceptó el papel en ‘Cal’ (1984),  en ‘El placer de los sentidos’ (1990) de Paul Schrader y en la famosa ‘El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante’ (1989) de Peter Greenaway y banda sonora de Michael Nyman. En esa película se originó cierto escándalo aunque su actuación fue muy  aclamada.

credit: Mike McGregor / Contour by Getty Images

En 1994 recibió los elogios por su papel secundario en la película ‘La locura del rey Jorge’. Ya por aquel entonces había recibido premios por sus trabajos. Como en su siguiente papel en ‘A month in the country’ (1995). Ya consolidada recibe grandes ofertas de papeles y acepta el de la película de Terry George ‘En el nombre del hijo’ (1996). Su nombre se asocia ya con la imagen de mujer madura, idealista y con fuerza para afrontar todo tipo de retos.

En la década de 2000 apareció en nuevos papeles que la consagraron como: ‘El juramento’ (2001) de Sean Penn, ‘Last Orders’ (2002) y ‘Gosford Park’. Pero la racha continuó con títulos como ‘La sombra de un secuestro’ o ‘Ray’ (2004). El techo y el reconocimiento le llegan con ‘The Queen’, donde interpreta a la Reina Isabel II en el momento que Lady Di fallece en accidente de coche y por el que recibe el Oscar a la mejor actriz. 

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“En mi profesión, no te castigan por ser joven,

pero no ocurre lo mismo con la mayoría de las mujeres.

Soy parte de la primera generación de mujeres que recibimos educación

y pudimos ir a la secundaria aun sin tener dinero.

Esa generación se dedicó a la medicina o ingresó en la policía,

y chocó con esa muralla de discriminación de hombres que no se habían puesto a tono”

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Analizando su pasado y su fama anterior tiene sentimientos enfrentados. Parece haber perdonado el trato que se le dio de joven pero también sabe que algo de eso le ha ayudado a ser como es en la actualidad. Ha sabido madurar fantásticamente. Tiene facilidad para reírse. Y ante todo es natural. Tuvo que soportar el sexismo en diferentes entrevistas en la década de los 70. Critica a los hombres y no tiene pelos en la lengua. Apoya a las mujeres jóvenes a actuar de forma natural y sensual. Hay que ser femeninas sin perder de lado la dignidad y la personalidad. Era capaz de dar giros en los guiones. Se le ve inteligente y lo es. Es una mujer con letras mayúsculas, hecha a sí misma. Y eso se nota. Un ejemplo para nuevas generaciones. Siempre eterna…

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La delgada línea roja

Publicado: 17 de octubre de 2012 en Cine
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“Hay que evitar el combate en lugar de vencer en él.
Hay triunfos que empobrecen al vencido,
pero no enriquecen al vencedor”
(Juan Zorrilla de San Martín)
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James Jones nació en noviembre de 1921 en Robinson, Illinois (EEUU) y murió en mayo de 1977. Con 18 años recién cumplidos se alistó en el ejército norteamericano para servir en la División de Infantería y fue herido en combate durante la Segunda Guerra Mundial, donde combatió en Hawai y en Guadalcanal. La batalla de Guadalcanal se desarrolló entre el 7 de agosto de 1942 y el 9 de febrero de 1943. La isla de Guadalcanal, que en nativo se conoce como Isatabu, está situada en el suroeste del océano Pacífico. Es la isla más grande las Islas Salomón. Pero esa batalla se convirtió en leyenda por ser la mayor ofensiva naval lanzada por los aliados contra las fuerzas del Imperio de Japón. Las fuerzas aliadas iniciaron desembarcos con el objetivo de impedir que esas islas fueran utilizadas como bases para amenazar las rutas de suministro entre los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. El número de efectivos de los aliados fue muy superior al número defensores. Aún así la defensiva japonesa provocó tres importantes batallas en tierra, cinco grandes batallas navales y numerosos combates aéreos casi a diario. Se puede decir que esa batalla fue la primera victoria importante por parte de las fuerzas aliadas en el Pacífico.

La experiencia de Jones en el campo de batalla le proporcionó inspiración para comenzar a escribir novelas bélicas. Primero evocando el ataque japonés en Pearl Harbor en su novela ‘De aquí a la eternidad’ (1951), de la cual nacería la famosa película con el mismo título. Su mayor obra fue la que inspiró su estancia en Guadalcanal, titulada ‘La delgada línea roja’ (‘The thin red line’) publicada en 1962. De esa novela se hicieron dos versiones para la gran pantalla pero sin duda la segunda realizada por Terrence Malick en 1998 destacó por ser sublime. El título de esa novela se refería a una cita que decía más o menos que ‘sólo una delgada línea roja separa el heroísmo de la locura’.

Terrence Malick nació en Texas (EEUU) en noviembre de 1943. Es conocido por ser escritor, guionista, productor y director de cine. Ganador de infinidad de premios internacionales y nominado a los Oscar por su guión adaptado de la novela de Jones y a su dirección de la película. Poco es lo que se sabe de su vida, salvo por su carrera cinematográfica. Quizá su exceso de recelo por conocer parte de su intimidad y de su vida privada han provocado este escaso núcleo informativo alrededor de su persona. Es famosos porque nunca concede entrevistas. Se sabe que su padre era de origen libanés y que trabajaba en una compañía petrolífera de Texas. Malick creció entre Oklahoma y Texas. Estudió filosofía en Harvard y en Oxford y preparó su tesis de fin de carrera sobre Heidegger pero nunca la acabó. Trabajó como periodista independiente (freelance) para varias revistas norteamericanas y fue profesor de filosofía. Comenzó realizando cortometrajes y escribió varios guiones. Su obra como director ha destacado por su descripción de la belleza de la naturaleza en contraposición a la ambición y la crueldad del hombre. Ha narrado episodios oscuros de la historia de su país, tanto la Segunda Guerra Mundial como la destrucción de la cultura nativa norteamericana. ‘La delgada línea roja’ supuso su tercer largometraje. Se estrenó en 1998.

“La guerra es una masacre

de gente que no se conoce

para provecho de gente

que sí se conoce

pero que no se masacra”

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Esta película fue nominada nada menos que a 7 premios Oscar pero, curiosamente, no obtuvo ninguno. Lo que más destacó su gran reparto de grandes actores. Algunos sólo protagonizaron una o dos escenas pero su valor y su calidad estaban fuera de toda duda. Entre ellos estaban Sean Penn, James Caviezel, Nick Nolte, John Cusack, Adrien Brody, Woody Harrelson, John Travolta, John Savage o George Clooney, entre otro muchos. En 2010 salió al mercado una edición especial del archivo de la película con material inédito y escenas que no fueron incluidas en el montaje final. En esa edición aparecían actores muy conocidos que se quedaron fuera como: Viggo Mortensen, Gary Oldman, Bill Pullman, Martin Sheen, Mickey Rourke o Billy Bob Thornton, que acabó apareciendo poniendo su voz en off de narrador.

Se han hecho muchas películas bélicas a lo largo de la historia del cine, pero quizá esta destacó como pocas. Para algunos ha sido definida como la película bélica perfecta jamás realizada, pero para gustos están los colores. Pero no cabe duda de que está entre las mejores. Consolidó a Malick como uno de los mejores directores de su generación y describió a la perfección la novela escrita por Jones y que nunca llegó a ver. La historia narra y describe a un grupo de soldados de la compañía de fusileros que combaten contra el ejército japonés por la conquista de una colina de la isla. Las escenas que se suceden son duras, a menudo dramáticas, no deja un ápice a la especulación. Es una muestra dura de la guerra, no deja pasar ni un momento de tensión pero acerca al espectador a la introspección de los personajes. Una búsqueda a la verdad de cada uno en medio de un campo de batalla. Una obra genial con una fotografía de John Toll que roza la perfección, con un montaje excepcional y con un nivel de acción espectacular desde el primer momento.

Las escenas de meditación también son importantes, la cámara lenta en momentos culminantes, las miradas y los silencios, la música conveniente, los rostros con ojos mirando al infinito, la locura en medio de la realidad. La guerra en su más absoluta crueldad. El hombre contra el hombre. La ignorancia más estúpida entre disparos de uno y otro. Sin lugar a dudas es una obra portentosa, llena de genialidad  por parte de todos los que contribuyeron en algo en ella. Para muchos ya un clásico del cine bélico que será valorada mucho más con el paso de los años.

Alguien voló sobre el nido del cuco

Publicado: 11 de octubre de 2012 en Cine
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Ken Kesey nació en Colorado (EEUU) en septiembre de 1935 y murió en Oregón en noviembre de 2001. Su fama la alcanzó con sus libros. Sobre todo con su primera novela titulada ‘One flew over the cuckoo’s nest’ (Alguien voló sobre el nido del cuco). Esta historia tuvo que ver con las experiencias personales que pudo vivir como voluntario en los experimentos con drogas psicotrópicas que el gobierno norteamericano realizó en Menlo Park a finales de los años 50. Fue el motivo de conocer y descubrir el LSD, esa sustancia psicoactiva que transformó profundamente su percepción de toda la realidad social y personal que le rodeaban. Pero no se detuvo ahí su curiosidad y en 1964, a bordo de un autobús pintado con colores fluorescentes al que llamaron ‘Further’ (‘Más allá), él y un grupo de amigos conocidos todos con el nombre de ‘The Merry Pranksters’ (‘Los alegres bromistas’) recorrieron todo el país realizando actividades propias de los hippies de la época experimentando con LSD y marihuana. Si por algo destacó fue por su personalidad disidente radical hasta la médula. Aunque sólo escribió ocho libros la fama le vino de repente con 27 años. Esa primera novela trataba de la locura, descrita alrededor de un grupo de locos encerrados en un lugar rodeados de profesionales que les atienden. Para todos aquellos que han podido leer la novela, su narrativa es densa, pero el relato es fantástico. Con gran agilidad elabora un relato profundo de la crueldad humana y del control que persigue la cultura y sociedad norteamericanas.

Milos Forman se llama realmente Jan Tomas Forman. Nació en la antigua Checoslovaquia en febrero de 1932. Conocido por ser director de cine, actor, guionista y escritor. Ganó el Oscar al mejor director por ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’. Su infancia fue bastante dura. Quedó huérfano de niño tras morir su madre en el campo de concentración de Auschwitz y su padre en el de Buchenwald, arrestado por distribuir libros prohibidos por el nazismo. Pasó todos los años de la guerra viviendo con parientes y tras ella acudió a la escuela donde coincidió con Vàclav Havel. Comenzó su carrera dirigiendo varias comedias pero cuando en 1968 la URSS invadió su país en la conocida como Primavera de Praga se encontraba casualmente en París firmando su primera producción norteamericana. Se trasladó a Nueva York donde se convirtió en profesor de la Universidad de Columbia. Y así fue que como exiliado de guerra comenzó a dirigir en EEUU. Con esta película alcanzó el éxito en 1975 y en 1977 se convirtió en ciudadano norteamericano.

La película trata sobre un personaje que es acusado por cinco casos de estupro y debe entrar en prisión por ello. Su aparente desequilibrio mental provoca que le envíen a un hospital psiquiátrico del estado para ser examinado. Realmente no presenta ningún daño psicológico sino que pretende eludir la prisión. Se le considera peligroso para la sociedad y es encerrado en el centro. Numerosos episodios ocurrirán dentro del centro entre los enfermos, pacientes y personal a su cuidado. Destaca que a todos los pacientes se les hace ingerir una considerable cantidad de medicación y si no lo hacen voluntariamente se les introduce a la fuerza. La medicación pasa a ser para los pacientes algo sagrado y creen que les va a salvar de alguna manera su alma. Si alguien osa salirse del orden establecido se le castiga con descargas eléctricas o con lobotomía.

Forman logra de forma espectacular describir la vida dentro del centro psiquiátrico, un ambiente estricto, monótono y cerrado. Una rutina habitual y obsesiva. El papel de Jack Nicholson demuestra su fuerza ante la cámara. Él solo se sirve para dar veracidad a la trama y al guión pero el resto de actores protagonizan un trabajo excepcional. La historia habla de la inconformidad del protagonista con el orden impuesto. Sus ganas por rebelarse, por hacer lo que le dé la gana. Una lucha de él solo contra todo lo establecido. Se habla de la represión establecida, del control sobre las personas, del poder sobre la mente y la voluntad natural. Bo Goldman y Lawrence Hauben se encargaron de adaptar la novela de Kesey. Y lograron un buen trabajo. Para todos aquellos que habían leído el libro antes se familiarizaron rápidamente con los personajes y las escenas que vieron en la película. La inflexible disciplina del centro conseguirá que el protagonista acelere su tendencia al caos y al desorden, acabando por desembocar en una guerra entre pacientes y personal de la clínica.

Una película enorme que transmitió todo aquello que Kesey quiso describir. Lo hizo de forma magistral gracias al talento de Forman y de los actores del reparto. Una obra que no dejó indiferente a ningún espectador y que demostró el talento de todos los que participaron en ella. Una cruel realidad de nuestra sociedad que habita en muchísimos lugares del planeta y que siempre puede parecer escondida y con pocos datos que salgan a la luz. Un panorama desalentador que es necesario conocer. La caverna del alma y de la mente donde se sumergen todos los miedos y desequilibrios humanos. La vida de un manicomio puede reflejar absolutamente la vida diaria de la sociedad en la que vivimos. No está tan alejada aunque quede fuera de nuestros márgenes. Estamos acostumbrados a los que nos dictan, a lo que nos ordenan y establecen. La vida de la sociedad es un cúmulo de leyes y normas que dictan el movimiento de los seres humanos y éstos se ven sometidos a la dureza de la vida en ella. Y los personajes que habitan el manicomio son los prototipos que nos encontramos a nuestro alrededor: el inconformista, el que se adapta, el que se calla, el que se somete, el que destaca por no saber callar, etc. La historia trata del miedo de las personas ante situaciones que no controlan. Quizá la conclusión de todo ello es saber quién es el loco y quién no. Una pregunta difícil que pocos podrían asegurar conocer la respuesta. Película de culto que debe revivirse para poder extraer todavía más detalles.

Mo’ better blues

Publicado: 28 de septiembre de 2012 en Cine
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“Jamás había escuchado una música tan sorprendente,

así que me volví un fanático del Jazz

y más tarde un escritor al que el Jazz le enseñó todo”

(Haruki Murakami)

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Spike Lee (Shelton Jackson Lee) es famoso por haber realizado muchas películas y con muchas temáticas. Pero indudablemente su amor por el jazz le hizo concebir una historia plagada de recursos clásicos combinando el amor, la amistad, la competencia, la noche, el ambiente neoyorquino y todo dentro de la más sublime cultura afroamericana. Nació en Atlanta en marzo de 1957 y entre sus facetas están la de escritor, guionista, actor, productor y director de cine. Cuando era muy joven su familia se trasladó a Brooklyn (Nueva York) y allí creció y desarrollo toda su etapa escolar, hasta que estudió cine en la Tisch School of the Arts de Nueva York. Siempre ha tenido predilección y cierta atracción hacia el nacionalismo negro y los movimientos de resistencia.

Estrenó ‘Mo’ better blues’ (‘Cuanto más mejor’) en 1990. En sí la historia era un drama protagonizado por excelentes actores afroamericanos entre los que destacaban  Denzel Washington o Wesley Snipes, incluso el propio Spike Lee aparecía en ella, como tanto le gusta aparecer en sus películas. El mismo Lee escribió el guión, narrando la historia de unos niños que son amigos en el barrio de Brooklyn y que aparecen después convertidos en adultos músicos de jazz. La historia se rodea de la vida de un trompetista de jazz y transcurre en sus propias vicisitudes amorosas y existenciales. Se habla de amistad, de lealtad, de confianza y honestidad, de causa-efecto, de trastornos y frustraciones, de ilusiones y realidades.

Es una película que toma al jazz como vehículo, a la música como camino y a los personajes como verdaderos protagonistas de la escena nocturna, ambientes de humo y elegancia mezclados de sombreros, trajes y distinción. Una serie de ilusiones y de ambiciones, de amistades perdidas y reencontradas, donde todo vale pero ya, donde el futuro no existe sino el ahora.

“Los negros siguen en el gueto del cine de Hollywood”

(Spike Lee)

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“Algunos críticos y algunas escuelas de pensamiento dicen

que el jazz es libertad de expresión y todo ese tipo de cosas,

pero en realidad sus ideas son muy tendenciosas,

porque creen que una personalidad debería estar limitada

a su principal rasgo de identidad”

(Duke Ellington)

***

Pero tiene un trasfondo claro y evidente: la descripción de la vida contemporánea afroamericana en Estados Unidos, en este caso concreto, dentro del mundo del jazz. Spike Lee es un gran aficionado al jazz y supo documentarse convenientemente para darle un aire muy realista. También muestra las malas influencias, las que pueden conseguir echar por tierra cualquier futuro prometedor y como a tantos y a tantos les ha ocurrido en su entorno. Ofrece innumerables guiños al espectador amante del ambiente jazz, un universo paralelo; pero también ofrece drama amoroso, lucha por la misma mujer, amores rotos, amores encontrados, olvidados, reencontrados. Habla del egoísmo y de la soberbia, de la humildad necesaria para triunfar en el camino de la vida y no del arte.

“El jazz es ritmo y significado”

(Henri Matisse)

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El título de la película hacía referencia a la manida frase de ‘aprovecha el momento’, vivir el día a día, sin preocuparse por nada más, cualquier día puede ser el último. Es una historia excelente, que combina varios estilos artísticos, desde la comedia, el drama y el musical. Quizá lo mejor sin duda sea la música tan bien elegida, sobre todo para los amantes del jazz, pero para los que lo desconocen quizá también sea atractivo ese ambiente, esa escenificación perfecta de la noche artística, del grupo en directo, del humo y de las bebidas y de los aplausos en directo.

“Lo que hay que juzgar en cualquier artista de jazz es:

¿Dónde está el proyecto y dónde las ideas?”

(Miles Davis)

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Dead man walking

Publicado: 23 de septiembre de 2012 en Cine
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“La pena de muerte es signo peculiar de la barbarie”

(Víctor Hugo)

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Desde que el hombre es hombre las ganas de matar no se han eliminado nunca. Matar por matar, matar por salvarse, matar en defensa propia, matar por argumentos, matar porque hay guerra, matar porque sí, matar porque es el enemigo, matar sin razón, matar como placer. Matar ha sido, es y será un fenómeno de masas. Y es muy humano. No hace falta imaginar ninguna fiera salvaje que mata para alimentarse. El hombre mata y mata y no deja de matar. No se cansa. Con el paso de los siglos lo que parecía salvajada se convirtió en canallada para dar paso a la legitimidad. Ahora se mata en nombre de Dios, de Alá, en nombre de la patria, de la bandera, del petróleo, de la seguridad del estado, se mata incluso por si acaso alguien se atreve a matarme antes de tener la certeza de que ese alguien iba a intentarlo. Se mata por dinero o sin causa.

De un tiempo a esta parte la discusión acerca de la pena de muerte está en la calle de muchos países. Unos abogan porque sí y otros porque no. Dead man walking (Pena de muerte) es una historia real, basada en el libro de la hermana Helen Prejean. La religiosa fue la consejera espiritual de Patrick Sonnier, un homicida sentenciado a muerte en el estado de Luisiana en 1982 por asesinar a dos adolescentes. De toda la relación que tuvo con él desarrolló su libro, un testimonio emotivo, espiritual y verdadero, que conmovió a la sociedad hasta el punto de hacer meditar sobre el sistema judicial criminal estadounidense.

“La pena de muerte se convierte en un espectáculo

y en un motivo de compasión desdeñosa para algunos;

ambos sentimientos ocupan más el ánimo de los espectadores

que no el saludable temor que pretende inspirar la ley”

(Cesare Beccaria)

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Todo comenzó cuando Helen aceptó trabajar en un proyecto de apoyo a condenados a muerte en todo el país. Su primer trabajo fue precisamente cartearse con Sonnier. Siempre confesó no saber nada acerca de ese hombre, lo único que conocía era que estaba condenado a muerte, por lo que pensó que si estaba condenado a muerte seguramente sería pobre y aceptó porque ella servía a los pobres. Tim Robbins se encargó de dirigir la película y contó para ella con su mujer Susan Sarandon (en el papel de la hermana Helen) y a Sean Penn haciendo de Mattew Poncelet, que sería el papel que describiría a Patrick Sonnier.

El libro no presentaba rasgos de familiarizarse con el condenado de manera romántica, aunque viendo la película parece lo contrario. Ella buscaba exponer los hechos, la angustia, el dolor y el sufrimiento de todos los que tienen que ver en el entramado maquiavélico de la pena de muerte. En su historia aparecían los criminales, las víctimas, los familiares de las víctimas, los guardias de las cárceles y los ejecutores, pero también la sociedad entera. Su conclusión era clara: la pena de muerte era una injusticia tremenda.

En la película se mostraban dos tendencias claramente diferenciadas: por un lado todas aquellas personas que están a favor de que se cumpla la pena de muerte; y por el otro lado, todas aquellas personas que piensan que no se debe ejecutar a nadie. Trata Robbins de aproximarse a la angustia y al sufrimiento de los familiares que creen que con la ejecución del asesino pueden recobrar la normalidad de sus vidas, aunque eso no suceda nunca. También da la visión en favor de la pena de muerte de todos los trabajadores de la cárcel, totalmente  a favor de esta clase de práctica. Cada uno con sus razones pero con sus ideas. La otra tendencia, la de la defensa del reo y de la oposición a ejecutarle tan sólo se muestra en la imagen de la hermana y en el abogado defensor.

“Cuanto más estudiamos la cuestión,

tanto más estamos obligados a afirmar que la sociedad, en sí,

es responsable de las acciones antisociales cometidas en medio de ella;

y que ningún castigo, ninguna cárcel y ningún verdugo puede disminuir el número de tales hechos;

solamente puede hacerlo una reorganización de la sociedad misma”

(Piotr Kropotkin)

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Película que estuvo nominada a 4 Oscar pero que sólo ganó uno: a la de Mejor Actriz (Susan Sarandon). Quizá la película se puede hacer larga y un poco lenta, pero no deja de impresionar. Es emocionante y muy real. Los actores aportan lo suyo y el director hizo un estupendo trabajo. Se transmite la angustia por todos los lados, al igual que el odio acumulado. Pero se siente sobre todo el instinto de venganza que prevalece en la mente humana. Todo parece ser una cuestión de ojo por ojo. Sarandon se salió en la interpretación de la hermana Helen, dándole aroma a empatía terrible y a un alegato por la vida más allá de los crímenes del pasado. El espectador, sin querer, se somete a juicio, y debe tomar partido, no es cuestión de ver y de disfrutar, se trata de entrar en la historia y tomar elección. Decidir sobre qué lado se está y sobre qué lado se siente.

Todos sufren. Nadie se salva del rencor, de la angustia y de la tristeza. Una historia dura que nos hace reflexionar sin duda sobre un hecho que anida todavía en muchos países del mundo. La ira humana que ataca la tolerancia, la ternura y el perdón. Porque también trata del perdón. Y no saber perdonar consigue que la angustia perdure con el paso de los años. Arrepentirse también forma parte del juego. Por lo menos el que se arrepiente salva el alma, aunque luego pueda ser ejecutado. Parece que la conclusión es conseguir la paz espiritual, sobre todo consigo mismo, se esté del lado que sea. Una película inteligente, sensible y abierta a opinión. Que se deja ver, escuchar y pensar.

Crash

Publicado: 8 de septiembre de 2012 en Cine
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Paul Haggis nació en Ontario (Canadá) en 1953. Es escritor, guionista y director de cine. Con tan sólo 22 años se trasladó a Los Ángeles para buscar trabajo como guionista. Durante su trayectoria fue perfeccionando su técnica dentro de la industria del cine, pero su carrera y su trabajo crecían dentro de las series de televisión. Su mayor éxito tras una temporada de decepciones fue cuando trabajó como guionista en la serie ‘Treintaytantos’. Pero cuando comenzó a destacar fue en la década de 2000. Es a partir de entonces que se hace cargo de proyectos más grandes y más ambiciosos, y no solamente como guionista, sino también como productor.

El éxito total y a nivel mundial le llegó con ‘Million dollar baby’, de la que fue guionista y productor y por la que recibiría su primera nominación al Oscar como guionista, aunque finalmente no lo consiguió. Y un año después del estreno de aquel éxito comienza su proyecto más ambicioso y quizá su mejor obra hasta el momento. ‘Crash’ es un joya que destaca su mejor talento como guionista. Además de producirla, eligió la banda sonora y dirigió la película. Estuvo nominado a los Oscar como mejor película, mejor director y mejor guión original.

La película tuvo un impacto tanto de buena crítica como de buena acogida por parte del público. Fue una buena muestra de publicidad boca a boca. El reparto fue enorme, con nombres muy conocidos como Matt Dillon, Brendan Fraser, Thandie Newton, Terrence Howard y un largo etcétera. Todos estuvieron a la altura del proyecto. Y es que el guión escrito por Haggis era insuperable. Consiguió tres Oscar a mejor película, mejor guión y mejor montaje, pero lo mejor de todo fue que ganó los Oscar con una maestría, con calidad y argumento, y no tanto con dinero y superproducción.

La historia comienza con el descubrimiento de un hombre asesinado en una cuenta de la ciudad de Los Ángeles. Y a partir de ahí es una sucesión de personajes entrelazados, una escena tras escena donde se ve lo mejor y lo peor de la raza humana. Nuestras pequeñas miserias, nuestras mentiras, engaños, complejos, ignorancias y demás características tan cotidianas. Situada en un complejo marco urbanístico norteamericano, la película recorre todos los estatus sociales existentes, para adentrarse en la conciencia de todos sus personajes. Retrata el clima moral norteamericano pero también el del ser humano. Tan hábil para criticar comportamientos ajenos y no saber analizarse el propio. Pero es que el recorrido por la ciudad californiana muestra y describe su realidad, una realidad de tráfico, de rencillas raciales y de clases, donde conviven a diario gente de todas las razas habidas y por haber, donde la paranoia colectiva es exagerada pero real, donde se alimenta el odio en breves segundos y donde la solidaridad y la tolerancia no están hechas para la mayoría de sus habitantes.

La vida en Los Ángeles es una cruce de tráfico, ruido, colisiones permanentes, miedos y prejuicios. Una convivencia resignada pero no apetecida ni deseada. Una historia dentro de otra historia para alimentar otra historia, un cruce continuo de caminos y de vidas en medio de una gran urbe. Con el transcurso de los minutos la tensión aumenta, las emociones toman posesión del reino de las sensaciones, todos los personajes comienzan a mostrar sus miedos, sus fobias y sus debilidades. Cada personaje tiene una problemática concreta. Y entre ellos hay esperanza, odio, dolor, soledad, inseguridad, complejos, sacrificio, intolerancia y tragedia. Un gran cóctel de actitudes y caracteres para finalizar con un gran entramado de sensaciones.

El buen trabajo de Haggis reside en los diálogos, perfectamente seleccionados, unos personajes muy creíbles, casi reales, un reparto realmente potente. Es una película inteligente, que refuerza las miradas y el silencio en ocasiones y los gritos y la desesperación en otros. Una ciudad repleta de habitantes que se encuentran solos y abandonados. Tiene fondo y forma, todos las interpretaciones son fantásticas. Sin duda una obra maestra en su conjunto, desde el guión al desarrollo de la historia y de sus personajes, como en sus finales. Todo relacionado pero sin ser ambiguo. Un relato donde su mensaje es claro: nadie es más bueno que nadie ni tan malo como ninguno. Todos podemos ser buenos y malos según el momento en que nos encontremos. La moral es eso que se pierde de forma rápida a pesar de haberla defendido durante muchos años.

Un Dios salvaje

Publicado: 26 de agosto de 2012 en Cine
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Yasmina Reza nació en París hace 53 años. Es una escritora consagrada en su país y fuera de él. Ha conseguido varios premios de teatro tanto en Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos.Últimamente su fama ha aumentado al adaptar Roman Polansky una de sus obras titulada ‘Le diue du carnage’, llevada al cine como simplemente ‘Carnage’ y traducida como ‘Un dios salvaje’. Su primer gran éxito se tituló ‘Arte’ (1994) pero no todas sus obras fueron éxitos. Pero sí se le reconoce un mérito, y es que ha sabido conectar con el público de forma general en todas sus obras y que este público es muy diverso. Pero si se ha ganado una fama merecida ha sido gracias al teatro. Describe a la perfección a esa clase media acomodada y aparentemente triunfadora y educada. Varias obras suyas destacan como, por ejemplo, ‘Tres versiones de la vida’ (2000), que trataba de los sacrificios que exige la sociedad a todo aquel que quiere llegar a lo más alto. Muchos directores se han acercado a ella para adaptar sus guiones al cine. Muchos la comparan como la Woody Allen francesa. Lo más curioso de su éxito ‘Carnage’ es que fue un encargo y lo escribió en pocas semanas.

Carnage es una comedia negra, una coproducción entre Francia-Alemania-Polonia y España, adapta y dirigida por el gran maestro Roman Polanski, quien sigue dando muestras de su talento año tras año. El reparto de cuatro actores roza la perfección para darle un impulso al texto que aunque parece en todo momento una obra de teatro no deja ni un momento para el relax. Toda la película logra concentrar la atención del espectador y todos los diálogos son muestra del talento de Reza.

La historia trata sobre dos parejas que se reúnen en casa de una para hablar tras la pelea que han tenido sus hijos en el parque. Por un lado, la pareja interpretada por Kate Winslet y Christoph Waltz, y por otro la pareja formada por Jodie Foster y John C. Reilly. En principio, las dos parejas aparecen como los ejemplos refinados de la clase media neoyorquina, educados, amantes de la serenidad, de la urbanidad y del diálogo. Mostrarse abiertos a tratar la pelea de un hijo que ha golpeado al otro provocándole la pérdida de algún diente podría ser interpretado como una escena un tanto violenta, pero los padres del hijo agresor aceptan ir a visitar la casa de los padres del hijo agredido, una invitación que suena a que hablando se entiende la gente. Y así parece desde el inicio aunque la situación y la escena se van desarrollando y transformando en algo que no estaba previsto, para sacar a relucir todas las miserias de los cuatro protagonistas, sus ademanes más ruines y sus formas más oscuras. No tardan en perder los nervios, la ironía sale a relucir y el sarcasmo y el cinismo son invitados al rato de comenzar la conversación.

La película obtuvo muchos premios, como las dos nominaciones a mejor actriz al Globo de Oro. Quizá el guión ensalza la labor de Waltz, porque su rol tiene las frases más geniales y más directas. Es el personaje frívolo que escandaliza a cualquiera pero que llega a ser un poco secundario cuando el resto se demuestra tal y como son. Pero el trabajo de Polanski, rodando una película en prácticamente una habitación le hace merecedor de múltiples elogios. No baja la intensidad en ningún momento y sabe darle el golpe de cámara preciso a cada personaje en el momento oportuno. Es una película cien por cien recomendable, donde el espectador no deja ni un segundo al relajamiento y donde genera tal grado de energía y de empatía hacia los personajes, que cada uno a su manera, parecen ser uno mismo. Todos somos ellos.

Como siempre, un buen guión, una buena interpretación y una sencilla puesta en escena producen tantos estímulos imposibles de definir claramente. Cada plano encaja a la perfección.  Y como diría aquel, una perfecta obra maestra que deja al público asombrado ante tal cantidad de calidad de interpretación y de dirección. Tiene de todo, el rato cómico, el rato melancólico, el rato dramático y el rato histérico, todo perfectamente hilvanado para su degustación. La cantidad de escenas inolvidables se suceden una tras otra, sin un segundo para poder digerir la que acaba de ocurrir. La conclusión es que es una delicia descubrir películas así, donde no importa el tiempo que duran sino el goce de visionarla y de sentirla. Una felicitación unánime a todo el conjunto creador por esta maravillosa realización.

Ewan McGregor

Publicado: 2 de agosto de 2012 en Cine
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“Un actor debe interpretar la vida,

y para ello debe estar dispuesto a aceptar

todas las experiencias de la vida que le tiene que ofrecer.

De hecho,

debe buscar más de la vida

que lo que la vida pone a sus pies”

(James Dean)

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Para un actor escocés no es fácil labrarse una carrera como actor y menos imaginar que esa carrera puede acaba en Hollywood. Pero, mira por donde, este actor lo consiguió. Ewan Gordon McGregor nació en Crieff, Escocia, en marzo de 1971. Con 17 años ya ingresó en la Guildhall School of Music and Drama para estudiar arte dramático. Antes incluso de graduarse ya estaba trabajando como protagonista en una serie de 6 capítulos para la BBC. Y a partir de entonces no ha dejado de trabajar. Aunque no fue hasta 1993, con 22 años, que pudo debutar en el cine, exactamente en la película titulada ‘Being human‘. Ya ahí atrajo la atención de la crítica y de muchos profesionales del sector, sobre todo del director Danny Boyle, que le contrató para ‘Shallow grave’ .

Pero la película que le hizo famoso en todo el mundo y por la que consiguió innumerables felicitaciones fue la que dirigió el mismo director en 1996:  ‘Trainspotting’. Su interpretación del drogadicto que intenta reconvertirse en una persona normal y con ambiciones burguesas le encumbró. Y no fue para menos. Su trabajo fue espectacular. A partir de ahí, su carrera se vio lanzada casi sin pretenderlo. Participó en los tres primeros episodios de la saga de ‘Star Wars’ y ya su estrellato era evidente. Pero su capacidad interpretativa posee mucha más potencia, es capaz de interpretar comedia y drama, suspense o intriga, sus métodos de trabajo le han hecho compatible para infinidad de papeles y nunca ha querido encasillarse. Ha tocado todos los estilos y es capaz de proponerse nuevos retos.

“Cuando uno representa un papel

aporta algo de sí mismo al personaje.

Si no es así no está actuando, está mintiendo” 

(Johnny Depp)

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Ejemplos claros de ello fue su interpretación en ‘Moulin Rouge’ o ‘Abajo el amor’. Pero quizá su mejor valor es que todavía es joven. Queda mucho por demostrar. Y se supone que con el tiempo y con la madurez interpretativa elegirá cada vez más sus guiones. Porque acaso ese ha sido su punto débil, la pobre elección de guiones acordes a su calidad como actor. Le falta un poco de ambición en ello, en creerse capaz de encarar proyectos más ambiciosos, retos que sin duda le ayudarían a estar en la cumbre junto a actores de su generación como, por ejemplo, Edward Norton. Muchas veces los actores necesitan esa pizca de suerte que le hagan encontrar o adivinar el guión perfecto. Sin duda la suerte hace mucho, pero quizá su gran papel está todavía por llegar y seguramente él lo sabe. En ‘El escritor’ pudo rozar esa cumbre aunque seguimos esperando ese gran momento.

Su versatilidad está fuera de toda duda. Capaz de interpretar a un bisexual en ‘Velvet Goldmine’ y en ‘Scenes of a sexual nature’. Y uno de los pocos actores que se ha mostrado desnudo de frente en algunas escenas, con lo que se ha ganado la etiqueta de ‘icono gay’. Ha prestado la voz en películas de animación, ha participado en un documental sobre el mundo del motociclismo.  Y aunque se rumoreó que podría ser el próximo James Bond al final no lo fue, aunque no se puede descartar en un futuro próximo. También es aficionado a trabajar en el teatro y varias obras llenan su currículo. Una de sus obras en el Picadilly Theatre de Londres (‘Guys and dolls’) le valió el reconocimiento de la crítica y el premio al mejor actor de 2005 de Lastminute.com. También fue nominado a mejor actor de un musical en los Premios Oliver. Ha trabajado con Woody Allen en ‘Cassandra’s dream’ junto a Colin Farrell y tiene todas las papeletas de interpretar a Kurt Cobain sobre la vida del grupo Nirvana, aunque de momento sólo son rumores.

Casado con Eve Mavrakis, diseñadora francesa desde 1995 con la que ha tenido 3 hijas biológicas y otra adoptiva, tampoco se ha quedado atrás en cuanto a polémica se refiere. Sobre todo cuando criticó a Sean Connery de pregonar su sentimiento escocés cuando no vive en Escocia desde hace más de 25 años. También ha criticado a otros actores y actrices y es que si por algo se caracteriza es por llevar sus ideales y sus pensamientos a su máxima expresión sin pensar en sus repercusiones. Es aficionado a las motocicletas y prueba de ello fue el viaje que hizo junto a un par de amigos en una travesía desde Londres, atravesando toda Europa central y llegando hasta Siberia, un viaje que le inspiró un libro: ‘Long Way Round’, el cual fue un éxito de ventas. Eso le hizo proponer un segundo viaje desde el norte de Escocia hasta Ciudad del Cabo (Sudáfrica) en 2007. A éste le llamó ‘Long Way Down’, un recorrido que tuvo parada en diversos centros de trabajo de UNICEF, ya que desde 2004 es embajador de buena voluntad de la ONU y ha visitado diversos proyectos de esa organización de ayuda infantil, así como centro para ayuda contra el SIDA. Tiene proyectado un tercer viaje desde el cono sur de América hasta el extremo norte del continente. Parece ser que a éste proyecto le llamaría ‘Long way up’. Actualmente reside en Los Ángeles (Estados Unidos).

 

Trainspotting

Publicado: 19 de julio de 2012 en Cine
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Danny Boyle nació en Manchester (Inglaterra) en octubre de 1956. Ha sido y es director y productor de cine. Hijo de emigrantes irlandeses católicos, dirigió películas desde el comienzo de la década de los 90, con títulos como ‘Shallow grave‘ (1994), ‘A life less ordinary’ (1997), ‘La playa’ (2000), ’28 días después’ (2002), ‘Millones’ (2004), ‘Sunshine’ (2007) o ‘Slumdog millionaire’ (2008), ésta última le ayudó a conseguir el Oscar a mejor director.

Boyle estudió en la Universidad de Gales y tuvo reconocimiento en Gran Bretaña cuando comenzó a producir series para la televisión británica. No tuvo reconocimiento internacional hasta que dirigió ‘Trainspotting’, tras la cual creyó que podría conseguir mejores apoyos de producción para relanzar su carrera, lo que no fue así. La única oferta grande que consiguió fue para el cuarto capítulo de la saga ‘Alien’. Tuvo que reinventarse en películas de poco presupuesto que no llevó al ansiado éxito. Tampoco consiguió grandes taquillas. Su amigo y colaborador desde sus inicios, Ewan McGregor, le sugirió adaptar la novela ‘The beach’, y aunque le prometió el papel protagonista al propio McGregor, luego se dio cuenta de que la productora norteamericana ya tenía apalabrado el papel con Leonardo di Caprio. La situación se volvió un tanto dantesca porque los medios británicos se hicieron eco y antes de que pudiera explicarle la historia real a su amigo provocó que nunca más trabajaran juntos.

Irvine Welsh nació en Edimburgo (Escocia) en septiembre de 1958. Con su primera novela ‘Trainspotting’ tuvo un éxito increíble y rápido, un extraordinario reconocimiento que llevó a la adaptación de la novela por parte del propio Boyle. Incluso formó parte del elenco de actores secundarios de la película. Dejó muy joven la escuela, a la edad de 16 años, cambiando de trabajo durante muchos años y dedicándose a múltiples oficios, hasta que decidió emigrar a Londres gracias a la influencia que tenía en él el movimiento punk. A finales de los 80 regresó a su Escocia natal y trabajó para el Edinburgh District Council mientras que acabó graduándose en la universidad y se dedicaba a la literatura en sus ratos libres.

Sus novelas tienen una característica propia, y no es otra que compartir personajes entre ellas, creando un universo propio dentro de su literatura personal. Trainspotting le llevó a la fama por narrar de forma cruda y pura la historia de un grupo de yonquis escoceses que deciden emigrar a Londres para prosperar. Los protagonistas son diferentes entre sí pero están unidos por las circunstancias de precariedad y poco aliento de cara al futuro. El mismo protagonista principal rechaza la sociedad burguesa tradicional y se declara amoral, pero su amarga experiencia con la droga y las historias paralelas de sus amigos le hacen evolucionar en busca de algo mejor. Reconoce que para salvarse de la autodestrucción tiene que ir a buscar los valores burgueses que antes rechazaba y que para romper con su pasado debe romper con su grupo de amigos que no hacen otra cosa que detenerle en su propia búsqueda personal.

La película comienza con acción pero con pensamiento. El mismo protagonista comenta en voz alta que él es diferente a toda esa gente que escogió una vida, esa vida de hijos, de estabilidad económica y posesiones materiales que den ‘felicidad’ a la vida. Pero él, como sus amigos de banda, eligieron su relación con la heroína. Y el elenco de amigos también está bien buscado; por un lado, está el artista y amoral por naturaleza, el bien parecido y atleta, el ingenuo y el violento y sociópata. Todos ellos logran crear unos personajes creíbles y fuera de toda duda. Comenzando con Ewan McGregor que borda su papel protagonista y acabando por Robert Carlyle, que acaba dando miedo por su caracterización tan increíble del violento fuera de sí durante toda la película. La aspiración de estos amigos es drogarse, inyectarse heroína y desaparecer momentáneamente de su realidad, de su baja autoestima y de disperso entorno.

La película se adentra en las curas de autosalvación personales continuas, su abstinencia que no tiene cura, su esfuerzo por salir del pozo y su ambición por conseguir lo que él cree que necesita para lograr enfrentarse a su futuro, a pesar de la influencia negativa de sus amigos. Recibe la ayuda de su familia para que salga del laberinto de depresión y autodestrucción, pero es difícil. Trasladarse a Londres puede ser la solución y comenzar desde cero, trabajando en una agencia inmobiliaria puede ser el comienzo del cambio. Ahí comienza a disfrutar de la vida como tal, a ahorrar dinero, a ganarse el afecto de sí mismo, pero sus amigos serán su caos de nuevo. Uno comete un robo y se instala en su casa londinense para esconderse de la policía. Todos acaban encontrándose en su apartamento, convertido de la noche a la mañana en una pesadilla sin control en absoluto. La muerte de un amigo por sobredosis les hará regresar a Edimburgo para su funeral.

La búsqueda final no será otra que salir corriendo de esa vida y del entorno de sus amigos. Una filosofía recorre toda la trama, la pregunta esencial de la vida de cualquier individuo: si vale la pena o no elegir un modelo de vida. Se plantean muchos pensamientos contradictorios, muchas dudas al respecto, es complicado llevar una vida normal, al igual que es complicado llevar el caos como forma de vida. Ser drogadicto te libera de algunas ‘cargas’ marcadas por la sociedad, como puede ser la familia, la pareja, el trabajo, no tiene responsabilidades, ni moral, su única preocupación es cómo conseguir dinero para costear su adicción. No hay estrés alternativo, no hay controversias de vida y todo se reduce a un nivel y una vida bastante individual. Pero si uno piensa y medita se da cuenta indudablemente de que no se puede seguir por ese camino a no ser que uno quiera su propia destrucción.

Una historia real y cruda que desata las pasiones de un heroinómano y que describe a la perfección su angustia y su poder de autodestrucción. Una película que provocó la crítica de muchos sectores de la sociedad, que causó controversia en su momento y que fue denunciada por decir que fomentaba la drogadicción en los jóvenes de todo el mundo. Pero fue un bombazo y un gran estreno, ambientada en una gran estética emergente, que generó fans por su contenido social y personal y que fue felicitada por su humanidad con el tema tan contradictorio como el de las drogas. El título del libro de Welsh tiene un doble significado; por un lado hace referencia al momento en que los protagonistas utilizan la estación de trenes para hacer sus necesidades ante lo cual un borracho que transita dicha estación pregunta si están haciendo ‘trainspotting’; por otro lado se refiere al término anglosajón que utiliza la expresión ‘trainspotting’ para referirse a la afición de observar trenes pasar y, cómo no, ‘trainspotting’ significa en argot buscar una vena para inyectarse droga.

Se puede decir que ya es una película de culto de la década de los 90. Boyle ya ha anunciado y prometido que tiene la intención de estrenar la segunda parte de la historia, pero que para ello necesita que los mismos actores envejezcan naturalmente. Será, sin duda, un estreno esperado.

Sean Penn

Publicado: 18 de julio de 2012 en Cine
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“Insiste en ser tu mismo, nunca imites a nadie”

(Ralph Waldo Emerson) 

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Si pensamos que con el paso del tiempo aprendemos, mejoramos y evolucionamos, este personaje es un claro ejemplo de que es así. Una perfecta muestra de que a veces, aunque no siempre, un artista puede ir mejorando con el paso del tiempo, y más que mejorar, llegar a ser. Porque al principio de su carrera no se le veía futuro, tenía el molde, tenía los instrumentos, pero fue al madurar que consiguió encontrar lo mejor de sí mismo, la esencia de su talento, para poder alcanzar los objetivos. Un ejemplo de que con tenacidad y trabajo y, por supuesto, ganas e interés, cualquier en su quehacer diario puede superar sus miedos, sus desequilibrios mentales y lograr las metas tan altamente cotizadas, esas metas que una vez se soñaron y que sólo con la paciencia y el trabajo se consiguen.

Sean Justin Penn nació en California (EEUU) en agosto de 1960. Ya se puede decir de él que es actor y director. Ha sido nominado a múltiples premios y ha obtenido dos premios Oscar.  Hijo de familia dedicada a la industria al cine, dado que su padre era Leo Penn (director de cine) y su madre Eileen Ryan (actriz). Su apellido es sefardí, de origen judeoespañol. Por familia materna el origen es italiano e irlandés. Curiosamente, su padre era judío y su madre católica, pero él siempre se ha definido como agnóstico. Su hermano Chris fue actor también pero falleció en 2006, su otro hermano Michael es músico de profesión.

En los últimos años ha tenido una intensa vida dentro de los medios de comunicación, cuando decidió dedicarse activamente a la política y a grupos de conciencia social. Ha viajado por todo el mundo criticando la política exterior norteamericana y ha dedicado buena parte de su tiempo libre y de sus contactos a denunciar hechos que se producen alrededor del mundo. Eso también le cambió como persona y como artista. Sus inicios en el mundo de la fama no fueron realmente buenos ni productivos. La relación que tuvo con la cantante Madonna le pasó factura, fueron muchos años de controversia, conflictos, discusiones y salidas de tono en toda la prensa del corazón. Su reputación salió dañada y le costó mucho tiempo poder sacar la cabeza de nuevo a flote y dedicarse de lleno a lo que deseaba hacer.

Su siguiente relación pareció darle la estabilidad que le faltaba y junto a Robin Wright tuvo dos hijos, Dylan y Hopper. En diciembre de 2007 anunciaron su divorcio, que anularon en abril de 2008, pero la relación terminó definitivamente en 2010. Sus escarceos amororos continuaron dando vida a los diarios sensacionalistas y a las revistas del corazón, sobre todo a raíz de su relación con la actriz del momento, Scarlett Johansson, que igualmente terminó. No se puede negar que se declare abiertamente de izquierdas y salvador de causas perdidas. Su vida tomó otro rumbo y dedicó su tiempo al arte y a la política. Su integridad está fuera de toda duda, muchas veces porque no ha ganado nada diciendo lo que deseaba decir, simplemente diciendo lo que pensaba. De hecho, en muchas ocasiones ha salido trasquilado, criticado y vilipendiado. Aún así, no ha detenido su labor, e incluso ha añadido intensidad a su motivación personal.

Fue uno de los notorios opositores a la invasión de Iraq en 2003, cuando en la sociedad norteamericana prevalecía la opinión contraria, mayormente manipulada. Visitó Iraq semanas antes de la operación militar, aunque nunca se ha declarado miembro de ninguna ideología política ni partidista. Pero su talante y la elección de muchos de sus últimos papeles demuestran que mantiene una posición muy liberal. En febrero de 2012 hizo unas declaraciones muy fuertes criticando el colonialismo y su decadencia, haciendo hincapié en la invasión de las Malvinas por parte de los ingleses. Hecho que le ha valido las críticas de la prensa británica, siempre orgullosa y contraria a las opiniones críticas sobre la política inglesa en el mundo. Ha realizado labores humanitarias en Haití tras el tremendo terremoto que asoló el país.

Sean Penn estudió interpretación en Los Ángeles, en el Group Repertory Theater. Más adelante abandonó California para trasladarse a Nueva York y representar obras de teatro. Debutó en Broadway con la obra ‘Heartland’. En el mundo del cine debutó en los años 80 de la mano de películas como ‘Taps’ (1981) o ‘Aquel excitante curso’ (1982). En 1985 protagonizó ‘Shanghai Surprise’ (1986) junto a la que era su esposa, Madonna. Le siguieron títulos menores como ‘Colors’ (1988), ‘Corazones de hierro’ (1989) o ‘No somos ángeles’ (1989), junto a Robert de Niro, que le sirvió para coger nombre en el mundo de Hollywood.

A partir de la década de los 90 su faceta se extiende, dedicándose ahora a la dirección, con la que debutó en ‘Extraño vínculo de sangre’ (1991). Ese sería el comienzo de una saga de películas dirigidas como ‘Cruzando la oscuridad’ (1995), ‘El juramento’ (2001) o ‘Hacia rutas salvajes’ (2007) o como se la denominó originalmente ‘Into the wild’, película que le consagró como director, puesto que su obra maestra quedó fuera de toda duda. También ha realizado diversos vídeos musicales.

Su carrera como actor comenzó a activarse y a mejorar en los 90, con títulos como ‘El clan de los irlandeses’ (1990), ‘Atrapado por su pasado’ (1993), donde fue nominado para el Globo de Oro como mejor actor secundario. Fue la prueba de que su carrera había cambiado. Otros títulos siguiente confirmaron la sospecha: ‘Pena de muerte’ (1995), por el que consiguió la primera nominación al Oscar; ‘Loved’ (1997), ‘The game’ (1997), ‘La delgada línea roja’ (1998) ‘Acordes y desacuerdos’ (1999), que le llevó a su segunda nominación,  y ‘Yo soy Sam’ (2000), su tercera nominación al Oscar que tampoco consiguió. Su fama y su talento alcanzaron la cima. El éxito total lo consiguió con ‘Mystic river’ (2003), donde por fin consiguió el galardón tan merecido por toda esa trayectoria por el mejor actor de reparto.

En la década de 2000, sus apariciones siguieron su buen rumbo, sus actuaciones siguen siendo tremendas y buenos ejemplos son: ‘Antes que anochezca’ (2001), ‘El peso del agua’ (2001), ’21 gramos’ (2003),’La intérprete’ (2005), ‘Todos los hombres del rey’ (2006) y, sobre todo, ‘Mi nombre es Harvey Milk’ (2008), donde bordó al personaje histórico del político gay de San Francisco, por el que consiguió el Oscar al mejor actor. Esperemos que su talento siga dando de sí, que nos ilumine todavía más en su carrera y que nos indique que el camino que una vez tomó tras un cruce inesperado siga siendo el correcto. De momento no queda otra que deleitarse con su obra, que sólo está a medio hacer.

Criadas y señoras

Publicado: 1 de julio de 2012 en Cine
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“Quería mucho a esa niña y ella a mí,

pero luego se convirtió en mi jefa y todo cambió” 

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Kathryn Stockett nació y se crió en Jackson, Mississippi. Tras graduarse en Inglés y Escritura creativa en Alabama se mudó a Nueva York donde comenzó a trabajar como publicista y en diversas revistas durante casi diez años. Actualmente reside con su familia en Atlanta.  Recogió fama y triunfos gracias a su primera novela titulada ‘The Help’. Una novela que le llevó más de cinco años acabarla. Y tras ese largo proceso tuvo que ver cómo fue rechazada por más de 50 agentes literarios hasta que Susan Ramer, la que se convirtió en su agente, le ayudó a publicarla. Desde entonces la novela se ha editado en más de 30 países y en varios idiomas, ha vendido más de 5 millones de copias y ha permanecido más de 100 semanas en la lista de los más vendidos. Otro ejemplo de la lucidez y la experiencia de dichos agentes.

Tate Taylor es actor, guionista, productor cinematográfico y director. Casualmente nació y se crió en Jackson, Mississippi. Tate conoce a Kathryn desde la edad de preescolar y crecieron juntos en Jackson. Taylor trabajó en Nueva York y Los Ángeles durante muchos años pero actualmente vive en Mississippi Wyolah. Debutó como director en varios largometrajes y en adaptó la novela de su amiga Stockett para llevarla a la gran pantalla en 2011 con el mismo titulo. Se tradujo el título como ‘Criadas y señoras’. La película cosechó muchos premios y el Oscar a la mejor actriz secundaria (Octavia Spencer).

‘The help’, ‘Criadas y señoras’ o ‘Historias cruzadas’ trata del entorno del Mississippi de los años 60. Trata de homenajear a todas esas mujeres negras que una vez fueron de segunda clase haciendo de criadas y de cuidadoras de los bebés de las familias adineradas blancas. Trata de cómo la dignidad está por encima de la ignorancia, aunque ésta se envuelva en mucho dinero o en la ausencia de color. Cuidar a alguien, educarle, aparentemente parece ser cosa de padres. En muchos casos, y sobre todo actualmente, esta misión parece ser realizada por muchos abuelos. Pero hubo un tiempo en que la mayoría de la sociedad norteamericana adinerada consideraba necesario y útil utilizar a esas jóvenes de raza negra, quienes por poco sueldo, aguantaban lo que no podría aguantar nadie: servir a una familia burguesa de clase media alta que se consideraba importante. Donde tenían tiempo para realizar actividades absurdas con vecinos y amigos, pero donde no encontraban momentos íntimos con sus propios hijos.

La película trata de como estar ausente siendo padre/madre incluso aunque estés cerca de tus hijos todo el tiempo. El guión trata de cómo unos niños/as son capaces de llegar a amar y valorar, con el paso lógico de los años, a esas mujeres anónimas que hicieron de su infancia algo más que lujo, dinero, educación y vecindario. Esas jóvenes, que con poca educación, siendo humildes y sencillas, lograron crear dentro de los caracteres de dichos niños/as unos valores de personalidad mucho más altos que los que sus propios padres pudieron crear. Un homenaje fuera de serie, pero además una crítica a todas esas personas que se excusan en el poco tiempo, en sus ‘responsabilidades’ profesionales y demás argumentos fuera de lógica para entregar a sus hijos a sus sirvientes, por el mero hecho de quitarse de en medio de tanta responsabilidad, tiempo y paciencia.

El elenco de actrices destaca poderosamente, porque es esta una película enfocada sobre lo femenino, sobre la parte de mujer de esa sociedad. Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas, Sissy Spacek, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O’Reilly, Allison Janney, Anna Camp, Eleanor Henry, Emma Henry, todas, todas las actrices de esta realidad visual e histórica están a una gran altura y demuestran que la naturalidad resalta sólo en apariencia, para adentrarse en otros terrenos más pantanosos, cuando todos los integrantes de una sociedad espesa, casposa, llena de resentimiento, ignorancia, racismo y vendettas lejanas, no deja ver la realidad, se incrusta en un espacio opaco, sin luz, donde nadie ve nada y aquel que es capaz de ver algo es un insignificante individuo que intenta luchar contra paredes sin demoler.

La protagonista trata de hacer eso, luchar contra la corriente, destapar el tarro de la verdad, de las circunstancias por las que ella mismo transitó, esos años junto a una cuidadora, criadora, compañera, hermana, pseudo madre, que arropándola con cariño, supo sacar de sí misma lo mejor que tenía, la que le dio todo el cariño que no recibió de su familia, la que siempre estaba ahí, cuando la necesitaba. El arrepentimiento por no haber sido capaz de valorarla más y mejor, de no haberle dicho todo cuanto sentía, momentos que quedan en la memoria y en la conciencia de cada uno, que no somos capaces de criticar nuestra ambición, nuestra ignorancia y nuestra soberbia.

La humildad de todas esas mujeres negras que un día fueron parte de la educación de muchas ‘señoras y señores’ en el futuro, demuestra que la cultura no está reñida con los valores más corrientes de la raza humana. Que el dinero no lo hace todo, porque esa mano, ese roce, ese abrazo, imprescindibles todos, demuestran que la raza humana sigue estando identificada por los recursos más innatos, los sentidos más poderosos, los sencillos, esos que permanecen en la retina de cualquiera. Quizá queda en segundo plano la esencia del pensamiento, ese racismo insertado en la sociedad norteamericana de la época que costó tanto derribar y que con el paso de las décadas sigue estando presente, aunque muchos digan que no.

Uno de los nuestros

Publicado: 21 de junio de 2012 en Cine
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“Desde que tengo uso de razón siempre he querido ser un gángster”

 Nicholas Pileggi (Nueva York, EEUU, 1933) es escritor y guionista. Aunque comenzó su carrera como periodista se vio interesado desde siempre por el tema de la mafia, y a través de ese argumento desarrolló una habilidad y una intuición únicas para escribir libros relacionados con esa organización. Uno de sus éxitos fue ‘Wiseguy’ que en el cine fue llevado con el título de ‘Goodfellas’ (‘Uno de los nuestros’). 


Henry Hill, el mafioso en el que estaba basada la historia de Pileggi acaba de fallecer con 69 años. Ni él mismo pensó que podría llegar a esa edad, sobre todo dada su experiencia en el mundo de la mafia. Y tampoco ha muerto de forma violenta, muy al contrario, ha sido por causas naturales debido a una larga enfermedad que padecía. Pensar que uno puede vivir hasta mayor es algo un tanto utópico cuando se mueve entre tanto riesgo. Su personaje en la película estuvo interpretado por Ray Liotta. El estreno fue en 1990 y fue aclamado por crítica y público, y no era para menos. El propio Hill ayudó a Pileggi en la escritura del guión. Siempre dijo que desde pequeño supo que quería ser gángster, quizá influenciado por el ambiente donde vivió, un entorno de violencia gratuita dentro del East New York. Otro de sus deseos era acabar muerto en el fondo de un río pero con unos bonitos zapatos de cemento.

En una de sus últimas entrevistas comentaba seguir sorprendido por estar vivo después de tantos años. Decía estar agradecido por poder estar vivo todavía, a pesar de su edad. Lo calificaba de surrealismo. Hill se basaba en la realidad para opinar eso. Ninguno de sus ‘socios’ mafiosos sobrevivió tras haber protagonizado el robo en efectivo más grande la historia de EEUU. Hill, junto a varios de sus secuaces, lograron sustraer más de 5 millones de dólares de la terminal de carga de Lufthansa del aeropuerto JFK de Nueva York en 1978. Pocos de los que protagonizaron dicho robo acabaron entre rejas pero sí fueron desapareciendo del planeta poco a poco.

La paradoja es que Hill se convirtió después en un gángster arrepentido y tuvo que seguir los pasos de muchos delincuentes a través de entramado estatal de ‘testigo protegido’, junto a su mujer y sus dos hijos. Un tema relacionado con drogas dio al traste con su protección gubernamental y además los jefes de la mafia ya habían puesto precio a su cabeza, que por aquel entonces rondaba el millón de dólares. Curiosamente, una década después, consiguió salir adelante y levantar cabeza, rehizo su vida y volvió a la legalidad. Por aquellas casualidades y anécdotas de la vida, acabó siendo tertualiano en un programa de radio dirigido por el contradictorio Howard Stern.

En cuanto a la película, Martin Scorsese logró una obra maestra de suspense, acción y drama. Aunque nunca abandonó el sentido del humor. La historia narraba el ascenso y caída de tres mafiosos durante el transcurso de tres décadas. Los tres protagonistas realizaron maravillosas aportaciones al guión, estuvieron soberbios e inolvidables. Junto a Ray Liotta estuvieron Robert de Niro y Joe Pesci. Pero el elenco de estrellas no se detuvo ahí y también es bueno recordar las interpretaciones de Lorraine Braco y Paul Sorvino. Los tres protagonistas de la película acostumbraron a intercambiar charlas con Pileggi, quien compartió información privada con ellos que había conseguido gracias a su investigación personal sobre la mafia organizada.

Pero quizá lo que más sorprendió fue la facilidad que ofreció Scorsese a sus actores para la improvisación. Esa libertad plena en expresarse tal como deseaban confió auténticas escenas de una naturalidad vertiginosa. Fue un éxito de taquilla, doblando el presupuesto. Hubo críticas negativas pero eso no quitó que fuera nominada a 6 Oscar, aunque finalmente solo consiguió uno, como mejor actor de reparto (Joe Pesci). Con el paso del tiempo, esta película ha sido calificada como una de las grandes dentro de la historia de Hollywood, y una de las que mejor describió el entramado interno de la mafia.

Sea como fuere, Scorsese nos deleita con otra de sus obras maestras, y ya nos tiene acostumbrados a muchas. Su calidad como director está fuera de toda duda y su facilidad para interiorizar los pensamientos y sentimientos de individuos un tanto fuera de la sociedad es grandiosa. Una historia perfecta, bien escrita, dirigida e interpretada, con todos los alicientes para poder revisitarla tantas veces como se desee. Un lujo al alcance de cualquiera aunque no tenga nada que ver con ese mundo que describe pero que fácilmente puede imaginarse. Aplauso unánime para una película que no se puede olvidar por muchos años que transcurran.


Once were warriors

Publicado: 7 de junio de 2012 en Cine
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Riwia Brown creció en Wellington (Nueva Zelanda), hija de padre diplomático y de madre maorí, con el tiempo combinó su vida entre Nueva Zelanda y Londres. Desde niña fue aficionada al teatro y sus hermanos se dedicaron a ello como profesionales. En 1988 publicó ‘Roimata’, una obra que se adaptó para la televisión pero en la que ya comenzó a incluir la historia del pueblo maorí. A partir de ahí escribió para el teatro e incluso actuó. Conoció al director Lee Tamahori quien le propuso trabajar con él para una adaptación para el cine de la novela de Alan Duff ‘Once were warriors’.

“Me siento muy conectada con la película,

por su gran corazón y por su alma”

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Alan Duff es un escritor neozelandés nacido en 1950 y famoso en su país y en los países de habla inglesa por sus novelas, entre las que destacan: ‘What becomes of the broken hearted?’ (1996) también llevada al cine; ‘One night out stealing’ (1991) o ‘Szabad’ (2003), entre otras. En la novela ‘Once were warriors’, Duff intentó describir la temática de la violencia doméstica dentro de las familias, combinada con otros problemas sociales que se evidencian en el núcleo del hogar familiar, como el alcoholismo o la pobreza. El abuso sexual quedaba marcado en la historia, al igual que la vida de las pandillas callejeras y la violencia urbana, todo ello enclavado en el ambiente decadente de la periferia de Wellington, la capital de Nueva Zelanda.

Narraba el ambiente en el que vive Beth (Rena Owen) y su familia. Un hogar decadente, con precariedad económica y cercano a la pobreza, ubicado en un barrio marginal donde se aglutinan pandillas juveniles y demasiados vicios. Esa mujer debe sacar adelante a sus dos hijos menores, una hija adolescente y un hijo demasiado tentado de comenzar la vida en pandilla y de recoger todos los vicios posibles a su alcance.

Su marido Jake (Temuera Morrison) está ausente la mayor parte del día, casi siempre borracho, sin tener el más absoluto interés en sus hijos. Además es violento con su familia. Lee Tamahori, director de cine y de televisión neozelandés, nacido en 1950 se afincó hace mucho en EEUU. Dirigió películas desde joven pero recogió fama con esta y con la siguiente que presentó en 1996 ‘Mullholand Falls’. Su padre era maorí y su madre inglesa. Comenzó su carrera en la década de los 70. En esta cinta mostró su lado más duro y más crudo. La historia merecía ese trabajo y esa actitud.

Cuando los problemas son reales y serios no se puede ser sensible para decorar otro escenario. Hace falta mostrar la crudeza de la realidad con intensidad, con emoción y con sentimiento. Y Tamahori lo consiguió y además con excelentes críticas al respecto. El elenco de jóvenes actores y actrices tampoco defraudó, todo eso unido a los dos protagonistas adultos que ya tenían un cierto cartel en el cine neozelandés.

Hay escenas inolvidables pero algunas son de una dureza extrema, bien ambientada, mejor fotografiada. La esencia de la cultura maorí, en medio de un marco urbano caótico y fuera de control, donde el futuro no llega a pesar de que se tenga una gran cultura proveniente de los ancestros. Una parte de marginalidad social criticada de forma metódica y sutil, que pone en evidencia que los estratos periféricos de casi todas las ciudades del mundo poseen en sus entrañas rémoras y problemas muy graves que pasan un tanto desapercibidos puesto que no se les presta la debida atención.

Una película inolvidable y necesaria, que parte de unos recursos escasos pero que tiene lo básico, intriga, acción, guión y realidad. Un buen manual para conocer un poco mejor la cultura original neozelandesa, de la mano de estas tribus urbanas de origen maorí, que ‘una vez fueron guerreros’ y ahora se ven atrapados entre las redes inseguras y con poco futuro de las ciudades modernas. Una gran historia y una gran película.


El piano

Publicado: 1 de junio de 2012 en Cine
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‘El Piano’ (The Piano) cuenta la historia de una mujer escocesa (Holly Hunter), cuyo padre la vende en matrimonio a un hombre originario de Nueva Zelanda (Sam Neill). La vende junto con su joven hija (Anna Paquin) y su piano para vivir con él en la isla de Oceanía. La peculiaridad de esta mujer radica en que ha dejado de hablar hace muchos años, utilizando su piano en lugar de su voz para comunicarse con el mundo que le rodea. Su hija sirve a su vez para traducir su comunicación mediante signos.

La llegada a la isla junto a la tripulación de un barco desde Escocia ya es todo un espectáculo. Su nuevo marido la obliga a abandonar el piano en medio de la playa para que un tiempo más tarde sea vendido a un vecino de su marido (Harvey Keitel), amante de la música de piano quien pretende que ella le enseñe mediante clases. Llega a hacer un trato con ella: le dejará tocar el piano (lo que significa el todo para ella) a cambio de que pueda tocarla. Es simplemente el comienzo de una relación curiosa, intensa y llena de emoción entre los dos personajes.

La película se estrenó en 1993  y fue escrita y dirigida por Jane Campion, directora neozelandesa nacida en 1954. Ya es una de las directoras neozelandesas más conocidas en todo el mundo, aunque la mayor parte de su trabajo lo ha realizado fuera de su país, principalmente en Australia (donde reside normalmente) y en los EEUU. Estuvo nominada al Oscar a la mejor dirección. Esta película consiguió tres Oscar: mejor actriz, mejor actriz secundaria y mejor guión original. Y la historia contagia emoción desde el primer momento, gracias a la sensibilidad que desborda por todos los costados, y por esa música compuesta por Michael Nyman que ayuda a meterse dentro de la historia.

Lo que ha conseguido el compositor británico pocos pueden decirlo. Incluir grandes sensaciones humanas en todas sus composiciones para películas, especializado en rasgos muy característicos, haciendo llegar con su música el guión de las películas hacia los espectadores, consiguiendo distinción, fama y popularidad, gracias sobre todo a su talento y a sus detalles estructurales, melodías perfectas, acordes maravillosos, tonos que demandan escucharlos una y otra vez, para adentrarse de lleno en la historia que cuentan.

La prueba de que cuando se une un gran guión, una gran historia, con unos decorados naturales inconfundibles e inmejorables, unido todo esto a un elenco de actores y actrices bordando su papel y a una música que embriaga desde la primera nota, el éxito está garantizado. Emociones humanas cien por cien, sentimientos a flor de piel, pensamientos, miradas, silencios y sonidos, gestos, roces, manos que se unen, lágrimas, sufrimiento, un sinfín de condiciones humanas puestas encima de la mesa para jugar con ellas, para que cada uno pueda combinarlas a su gusto, para comprender el fondo de las personas que intervienen, sus presentes, sus pasados y sus supuestos futuros.

Esta película habla de muchas cosas pero sobre todo de emoción en letras mayúsculas. Y expresar y mostrar emociones no es nada fácil, aunque viendo la película una y otra vez pueda parecer sencillo. Una joya de película que tuvo una gran crítica y un gran éxito de público. No podía ser de otra manera, porque nadie puede quedarse indiferente ante esta avalancha de sensibilidad puesta frente a nuestros ojos de forma adorable y melancólica. Una obra de arte tanto en forma y contenido y que demuestra que la creatividad es un don al alcance de muy pocos. Tan sólo queda disfrutarla en sus revisiones y desglosar esos pequeños detalles que en visiones anteriores se quedaron en el aire debido a la grandiosidad de su belleza.

Una historia de amor dentro de una historia dramática y con ambición. Pero hacía falta dotes de algo de eso para construir semejante obra. Una historia algo atípica, anormal incluso, sobre todo, según a lo que estamos acostumbrados. Sexo asomado sin estridencias, suficientes como para mostrar la evidencia de una relación entre dos seres atípicos, anormales incluso. Dos personas muy diferentes que se unen por necesidad, por soledad o por simple curiosidad. Un deseo que destapa la esencia del amor hasta límites insospechados, incluso para los dos protagonistas. Reparto perfecto, sin peros que valgan. Escenas inolvidables, fotografía espléndida y preciosa y con un final propio de una gran película. Se mire por donde se mire, una obra maestra en todos sus contextos y quizá difícil de igualar y de repetir. Una de esas películas en las que uno está muy satisfecho del tiempo empleado en su visión.

El escritor

Publicado: 25 de mayo de 2012 en Cine
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Robert Harris nació en Nottingham (Inglaterra) en 1957. Es un escritor muy conocido en todo el Reino Unido y en los países de habla inglesa. Un auténtico mago de los best-sellers como tantos otros. Desde muy niño ya tuvo el sueño de convertirse en escritor. Estudió literatura inglesa en Cambridge. Tras sus estudios trabajó como reportero de la BBC, tanto en programas de noticias como en asuntos de actualidad. Fue editor político de ‘The Observer’. Cuando dimitió el primer ministro se dedicó por entero a escribir ‘El poder en la sombra’. El título original ‘The ghost’ se refería  a un escritor negro profesional (ghost writer).

Con el título de ‘The Ghost Writer’ se estrenó la película en Gran Bretaña, una coproducción franco-germana-británica dirigida por el maestro Roman Polanski. El director francés nacido en 1933 y de origen judío polaco, quien siempre ha estado comprometido con la causa política. Durante la segunda guerra mundial perdió a su madre y su padre estuvo recluido durante dos años en un campo de concentración nazi. Desde muy joven se interesó por el cine y estudió la carrera en Lodz (Polonia). El mismo adaptó el guión original de Harris y se hizo rodear de Ewan McGregor y Pierce Brosnan como actores principales.


La película engancha desde el primer momento y hasta el último. Una trama perfectamente diseccionada por el director, mostrando detalles, pistas, pero dejando siempre abierta la puerta del desenlace final. Una joya del cine de género negro. Un guión perfecto que permite sentirse muy a dentro de la historia. Un escritor fantasma (negro) recibe el encargo de escribir las memorias de un ex Primer Ministro británico. Siempre se pensó que Harris se inspiró en Tony Blair, tratando temas como la guerra de Irak, la guerra contra el terrorismo y la estrecha relación con Estados Unidos.

El mismo Harris declaró en una entrevista que los políticos como Blair, cuando han desempeñado su cargo durante mucho tiempo, se apartan de la realidad cotidiana, leen poco y acaban con una perspectiva general bastante limitada. Cuando llega el momento de escribir sus memorias todos necesitan la ayuda de un ‘escritor negro’ para que las escriba. En el guión de la película un padre que ha perdido a su hijo en la guerra de Irak asesinará al ex primer ministro. Aún así, al escritor se le insta a que termine el libro, cosa que hace finalmente. Todo le servirá para descubrir la verdad.


En la película el ex primer ministro Adam Lang es acusado de crímenes contra la humanidad por entregar a ciudadanos británicos a la CIA para luego ser torturados. Polanski utilizó a dos actores muy parecidos físicamente para interpretar a los personajes de Robin Cook y a Condoleezza Rice. Por donde se mire el espectáculo está garantizado, es una película fluida, muy  activa, no decae y convence. Polanski sigue deleitando por su saber, no necesita de grandes efectos, la sutileza, la realidad son sus armas. Es el llamado thriller político en toda su esencia, perfectamente diseñado, soberbiamente realizado. Para muchos, una de las mejores películas del director.


Le ayudó en gran medida el gran trabajo de todos los actores, dando vida cada uno de ellos a la más veraz interpretación de sus personajes. Desde McGregor hasta Brosnan, todos dan paso a una gran intriga llena de momentos estelares que alimentan por sí solos toda la trama del guión. La correcta utilización de los tiempos, donde nunca te deja tiempo ni para el aburrimiento ni para la ansiedad, pasos elegidos con tino para adentrarnos en un círculo de sospechas y de misterios. Una película de la que se termina convencido de haber utilizado verdaderamente bien el tiempo. Una joya que hay que degustar apreciando todos sus detalles. Una historia que dista mucho de ser ficticia y que nos ahonda en el verdadero submundo del poder, donde pocos entran y donde todos seguimos investigando sus efectos, aunque, ciertamente, sigue siendo tarea casi imposible.


Up in the air

Publicado: 16 de mayo de 2012 en Cine
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Quizá el guión no es una obra de arte, y la película no enamora aunque entretiene. De lo que no hay duda es de que esta película sirve para describir los movimientos y las coacciones de las grandes empresas hacia sus trabajadores. Dejando a un lado el lucimiento personal del protagonista (George Clooney), de sobras sabido que sus apariciones se cuentan más por decepciones que por actuaciones sublimes, quizá porque nunca ha sido un gran actor sino uno del montón. Pero ya se sabe que si el físico acompaña y miles de fieles seguidoras le secundan, tiene un talón en blanco para realizar películas año tras año.

‘Up in the air’ fue criticada por muchos. Se la trató de aburrida, por poco consistente, pero no debemos olvidar que desata y destapa argumentos críticos hacia el nuevo camino emprendido por los departamentos de recursos humanos de muchas empresas multinacionales, y no tan grandes, para crear esos protocolos de despido en serie. Como muchas de esas empresas no saben o no se atreven a realizar dichas funciones contratan los servicios de agencias especializadas en tales temas. Crear una agencia especializada en decirle a miles de trabajadores que han sido despedidos por la empresa con la que han trabajado uno, tres, cinco o diez años, por decir algo, parece surrealista, sin embargo, sucede, y se convierte en un nuevo negocio del siglo XXI.

La narración transcurre como una road-movie, utilizando los aviones como plataforma para ir visitando ciudades y empresas de todos los Estados Unidos, con el único instrumental necesario de un maletín y algunas carpetas donde se contiene información de los trabajadores que van a ser despedidos. Suena irónico que el argumento de estas ‘agencias despedidoras’ sea el de reorientar el futuro de los citados trabajadores, haciéndoles ver que quizá la empresa les está haciendo un favor y que, a partir de ese día, son libres para comenzar a realizar la vida que siempre han esperado, aquella con la que han soñado. El cinismo llega a unos niveles imposibles de cuantificar.

Decirle a alguien, a ese trabajador que lleva casi toda una vida dedicada a una empresa, en una fría habitación de la empresa, bien alejada de los despachos de sus jefes, por medio de una persona que no ha visto en toda su vida, y de una forma rápida y directa, que su trabajo y su contrato con dicha empresa ha finalizado en ese preciso instante, tiene ante todo una parte de valentía y de falta de empatía, hay que echarle narices, no todo el mundo vale para eso, sobre todo porque no sabes cómo va a reaccionar la otra persona. Hoy en día, millones de trabajadores de todo el mundo saben o sospechan que en cualquier momento pueden ser despedidos por sus empresas. Es un hecho posible que puede suceder en cualquier momento. Eso puede engendrar nervios, inestabilidad y ansiedad, pero ver las escenas de los despidos en la película cuando menos te deja frío y casi sin ganas de pertenecer a ninguna de esas empresas.

También sirve para comprobar cómo el protagonista se ha creado una forma de vida gracias a su trabajo, dedicado a viajar de un lugar para otro, sin un destino, sin un hogar, sin amigos ni pareja estable. Una vida deambulando de ciudad en ciudad sin conocer nada de todo lo que le rodea. Digamos que es el personaje idóneo para comunicarle a cualquiera que ha sido despedido. La vida transcurre entre aviones, aeropuertos, hoteles, y coches de alquiler. Pero como la ironía en la vida se impone, su propia compañía se plantea recortar costes, y eso incluye todos esos gastos en aviones y hoteles. En cierta forma le intenta cortar o eliminar su propia forma de vida. Y para ello contrata a un cerebrito joven y salido de la universidad interpretado por Anna Kendrick, quien tiene la idea de despedir a los trabajadores a través de videoconferencia. El sistema abarata los costes actuales y además evita la confrontación con el trabajador cara a cara.

Está visto que la sofisticación y la deshumanización son algo que están a la orden del día. Y aquel que consigue mejorar los sistemas hacia esa dirección tiene las puertas abiertas, talón en blanco y posibilidades de futuro en miles de empresas de todo el mundo. Aquel, en cambio, que piense más en la impresión moral o ética hacia el comportamiento de las empresas hacia sus trabajadores, y se preocupe más por la buena impresión, seguirá el camino de éstos, es decir, el despido. Bienvenidos a la realidad laboral mundial.


El jardinero fiel

Publicado: 2 de mayo de 2012 en Cine
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Fernando Meirelles, brasileño, director de cine, siempre se interesó por la arquitectura y de hecho la estudió. Y mientras estudiaba comenzó su carrera cinematográfica en plan aficionado. Con la película ‘Ciudad de Dios’ (2002) le llegó el éxito y la fama. El reconocimiento mundial. Pero ahí no se detuvo. Volvió a sumergirse en oscuras tramas, identificando el cine de drama y de tensión. Amparado por la novela del gran  John le Carré (Inglaterra, 1931), y apoyado en el guión adaptado por Jeffrey Caine, Meirelles bucea en el mundo de las farmacéuticas y en el mundo africano. Atravesando, gracias a una magnífica fotografía de César Charlone, paisajes inolvidables del continente negro, se transpira pobreza, se transpira la esclavitud del siglo XXI, se transpira la opresión y la injusticia.

Es una de esas películas que, visión tras visión, sigues descubriendo detalles escondidos, detalles en los que no te habías detenido. Sin duda, es una gran obra de arte del cine contemporáneo. Una película apasionante, perfecta, conmovedora. Un historia que describe la realidad del ser humano como máquina de engendrar violencia, odio, ambición y poder. Una película que se introduce en la mente de todos aquellos que hacen lo que sea necesario para saciar su codicia, su ambición más desbordada. Hay talento, hay pasión, hay amor y hay amistad.

Meirelles vuelve a saber describir un panorama siniestro, una escena brutal pero real, de la mejor manera. Una forma creíble de ver los rincones escondidos de las multinacionales. Un ejemplo sensato y verídico de lo que algunos (millones) seres humanos tienen que soportar a diario. Un homenaje con mayúsculas hacia ese continente tan olvidado, tan devastado y tan explotado. Pero la historia cuenta cosas reales, hechos que suceden día a día, ante los cuales el espectador reacciona de forma indignada y resume sus reacciones en un asco general por la condición humana.

La acción transcurre en Kenia, donde asesinan a Tessa, papel magistralmente clavado por Rachel Weisz. Tessa es una activista que ha investigado y buscado información para denunciar el trabajo de una multinacional farmacéutica en el país africano. Un médico que le acompaña ha huido y todo hace pensar hacia un crimen pasional. Todos los diplomáticos británicos creen que el asunto será resuelto por su marido, interpretado también de forma fantástica por Ralph Fiennes. Este es un diplomático de perfil bajo, donde busca el equilibrio entre perder a la mujer que ama o ajustar su posición profesional. Juntos protagonizan una pareja fuera del uso, dos seres de personalidades diferentes unidos por el amor, felices en su matrimonio y esperando un hijo. Perseguido por las sospechas de infidelidad decide investigar. Eso le llevará a descubrir la verdad y a salvar el buen nombre de su mujer. Pero para conseguir eso debe aprender sobre la marcha cómo funciona un mundo del cual siente pavor y odio al mismo tiempo, mientras lo descubre lentamente.

Sin duda la película es una crítica directa. Cuenta unos hechos. Pero Meirelles sabe intercalar escenas de amor, de matrimonio, junto a la pobreza del lugar, junto a la realidad de la situación. Mundos paralelos unidos por un territorio, por un lugar. Se habla de sida, se habla de enfermedades, de supuestas mafias farmacéuticas, se habla de infidelidad o de celos, pero se encuentra la lealtad hacia el otro, hacia la pareja, el saber salvaguardar y proteger la situación y la posición del otro. Un refinado placer de saber callar para no desenmascarar antes de tiempo. Destacan los dos protagonistas, de hecho Weisz consiguió el Oscar de reparto, pero Fiennes interpreta a su protagonista de manera sublime, con delicadeza, pasando de ser un personaje secundario a liderar la acción para luego dejarse vencer por los acontecimientos de forma muy natural.

Destaca asimismo en la película el acierto y la profesionalidad de Charlone con una fotografía que plasma verdaderamente la realidad de la luz africana, y la música del español Alberto Iglesias, uno de los mejores músicos de cine del mundo en la actualidad. La aventura africana se nos hace inolvidable y la joya que nos deja Meirelles es difícil de superar. Una historia muy triste, deprimente tal vez, pero la realidad supera siempre la ficción. No debemos olvidar eso. Hay muchas escenas que recordar y que permanecerán en nuestra memoria. Casi todas ellas tristes. Casi todas sintiendo que algo de humano hemos dejado en muchos sitios y sin poder arreglarlo. Suspense, drama, romance, intriga, fascinación, un cúmulo de adjetivos inolvidables que revolucionan nuestra mente y que nos hace meditar profundamente sobre el planeta que vivimos y que compartimos. Una historia poderosa que no se puede olvidar.

Después de una noche

Publicado: 26 de abril de 2012 en Cine
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Ya he dicho en ocasiones que me sorprende que muchas películas que tienen un potencial extraordinario pasen por la vida de los espectadores casi de puntillas, sin hacer ruido prácticamente. Entiendo que la publicidad y la mercadotecnia funciona para eso, y que si una película tiene un respaldo de marketing detrás tendrás mucho que ganar, pero muchas veces ocurre que películas que no han tenido un gran lanzamiento han sido grandes éxitos gracias al boca a boca y a la rapidez de divulgación por parte del mismo público.

Una de esas películas para mí fue ‘Después de una noche’ (1997) . Aparentemente tiene un guión sencillo, muy urbano, muy humano y muy real. Aparentemente no tiene atractivo. Y lo digo con sarcasmo. Porque este guion merece mucha más atención de la que tuvo. Ya había hablado de Mike Figgis cuando comenté su gran éxito ‘Leaving Las Vegas’. En esta cinta es el protagonista de escribir el guión, la música y la dirección. Un verdadero maestro capaz de tocar varios instrumentos a la vez, capaz de mantenerte en un espacio latente durante unos segundo mágicos, para pasar de una escena a otra de forma magistral, en cámara lenta, con silencios, combinando las luces, los ambientes, las palabras, la música. Porque Figgis es un maestro de situar el sonido musical en el momento justo, cuando la escena lo necesita.

La película no le trajo mucho éxito, esa es la verdad, pero no por eso debemos desmerecerla. Al contrario, es una película muy personal, que ahonda las pasiones humanas, el juego secreto de las emociones y las sensaciones, que presenta la naturalidad de las relaciones más allá de lo que la gente es capaz de hacer. Representando la frialdad de una enfermedad del modo que pueda unir a viejos amigos, que pueda dar a conocer nuevas pasiones y nuevos amores. Figgis somete al espectador a meterse en la escena, de una forma externa pero con empatía. Acabas sintiendo lo que otros sienten, mirando lo que otros miran. Tiene una facilidad soberbia para adentrarse en la mente de los protagonistas de la escena de una forma maravillosamente natural. Sin estridencias, sin ruidos, normal, como la vida misma.

Figgis es uno de esos ejemplos de relación amor-odio contra el sistema de Hollywood y siempre ha mostrado su postura crítica, expresando la visión de que necesita constantemente superar su obra anterior, como una necesidad, como un reto personal que le vuelva a resurgir de su antiguo proyecto. Tiene verdadera fascinación con la tecnología de la cámara y le ha servido para crear un sistema de estabilización para cámaras pequeñas, llamado Fig Rig.

La trama de la película es sencilla. Max (Wesley Snipes) tiene una carrera de éxito, todo sopla a favor; un matrimonio feliz, una esposa amada, en la cima de su trabajo. Pero un día visita New York por motivos profesionales y conoce a Karen (Nastassja Kinski) y se seducen mutuamente, para acabar teniendo una relación de una noche en un hotel. Son conscientes de la gravedad del hecho, de la responsabilidad que conlleva la posibilidad de fracturar sus respectivos matrimonios y dan por finalizada la relación, como un hecho aislado que siempre recordarán pero que no volverá a ocurrir. Pero el azar hará que se vuelvan a encontrar, debido a la enfermedad de un viejo amigo homosexual que ha contraído sida (Robert Downey Jr.). Lo que ninguno de los dos preve es que van a ser conocidos y familiares del amigo en cuestión y el reencuentro produce de nuevos la atracción, el deseo, la pasión. Pero por medio están las respectivas parejas.

Ahí comienza un reto personal con sus respectivas dudas. El hecho de lanzarse al vacío y responder a esa pasión y a ese deseo, o reprimirse y darse cuenta de la realidad que les inunda. Un muestra más de la gran puesta en escena de Figgis que nos invita a saborear el poder de la decisión. Saber elegir en cualquier momento por la acción recomendable, más allá de los sentidos, de las emociones más poderosas, almacenando vida donde antes había simplemente pasión. Nos adentra en el mundo de la infidelidad pero desde el sentido del deseo. Teniendo que elegir entre la pareja y la opción de futuro, esa que quizá es la auténtica.

Hay que destacar el gran trabajo de todos los actores, que invitan a vivir una historia que le podría pasar a cualquiera en cualquier momento. La vida nos va enseñando nuevas formas de sentir y debemos elegir en cada momento a qué nos debemos. Seguir los instintos, ser racionales, olvidarnos de la pasión, apostar por un futuro que quizá nunca más se presente. Dudas, dudas en los entresijos de la atracción y del amor. Una maravilla de sensaciones.

Moon

Publicado: 13 de abril de 2012 en Cine
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Duncan Jones, también conocido como ‘Zowie Bowie’ o ‘Joey Bowie’, es el hijo del gran David Bowie (David Robert Jones). Nació en Kent (Inglaterra) en mayo de 1971 y fue un pretexto genial para su padre para componer en su nombre la canción titulada ‘Kook’ que se incluyó en el álbum ‘Hunky Dory’. En 1995 se licenció de la carrera de filosofía en la Universidad de Wooster. Volvió a estudiar en la Universidad de Vanderbilt (Tennessee, EEUU) pero lo dejó antes de terminar para volver a Londres y estudiar en la Escuela de Cine, donde se graduó como director.

Su debú en el cine no ha podido ser más exitoso. Escribió un guión fuera de serie junto a Nathan Parker y dirigió una gran película con un ajustado presupuesto. Un ejemplo de que si la historia es buena no hace falta tanto dinero para impresionar al público ni a la crítica. La película en sí misma es una historia de ciencia ficción aunque poniendo un toque crítico a lo que podemos vernos abocados en un futuro quizá no tan lejano. El protagonista de la historia es Sam Bell, interpretado magistralmente por Sam Rockwell. La película comienza cuando Bell está a punto de terminar su contrato de tres años con una empresa minera que trabaja en la Luna. Tres largos años a solas, con la única ‘compañía’ de GERTY, una entidad robótica con inteligencia artificial, programada para ayudarle, auxiliarle y protegerle.

La historia habla de la soledad, de la ilusión y de los sueños. De la amarga sensación de hacer algo por algo sin saber si valdrá la pena la recompensa. Habla de muchas cosas, pero sobre todo de lo que podría ser capaz el mundo empresarial llegado a un punto donde el control fuera un tanto difuso. Una historia llena de vida aunque con un único protagonista que da vida a una acción totalmente medida, serena, real, cruda y emocionante.

Es una película de ciencia ficción sin efectos especiales. Y es que no los necesita para nada. Una novedosa historia de ciencia ficción, nada que ver con las historias clásicas del género. Y la forma de expresar toda la historia hace que adquiera más crudeza y más credibilidad. Aislado de la Tierra, el protagonista se ve abandonado a su suerte por una empresa que solamente actúa según sus intereses y prioridades. Una vida en la Luna saboreando lo más duro de la rutina, monitorear 3 excavadoras-cosechadoras a su cargo, diseñadas para extraer de las rocas lunares el valioso isótopo Helio-3, indispensable para alimentar los reactores de fusión terrestres. Una vez que los contenedores están llenos Sam debe ir a por ellos en un vehículo especial y extraerlos para mandarlos en una lanzadera a la Tierra para su procesamiento.

El tiempo libre, que es mucho, lo dedica a hacer ejercicio para evitar la atrofia muscular dado que vive en un ambiente de extrema baja gravedad; cuida de unas plantas, arma la maqueta de un pueblo, ve programas antiguos de TV que la base tiene en su memoria, pero sobre todo se comunica a través de mensajes grabados transmitidos vía Jupiter con su esposa y su pequeña hija en su casa de la Tierra. Tan sólo dos semanas más y el trabajo acabará. Será tiempo de regresar a casa. Cuando, de repente, empieza a sentirse mal y a ver visiones.

A pesar de que un único personaje lleva todo el peso de la película en ningún momento carece de ritmo; al contrario, la narración toma cuerpo a medida que avanza la cinta y nos sumerge en un mundo un tanto deprimente y quizá cercano. Un ambiente delirante creado por humanos para convivir entre máquinas, sin alicientes, sin ilusiones, tan sólo alimentándose con la idea de regresar a su vida, a su pasado, a su entorno. Una joya de guión perfectamente mostrada que indaga sobre la más absoluta soledad humana sin necesidad de darse cuenta, sin olvidar ni un ápice de lo que se sueña o se desea. Para deleitarse, sin duda.



El cazador

Publicado: 7 de abril de 2012 en Cine
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Basada en un guión de Deric Washburn, ayudado por el director Michael Cimino, la película ‘The Deer hunter’ (‘El cazador’ o ‘El francotirador’) asombró al mundo del cine y del espectáculo. Un drama en toda su esencia, realizada con gusto, mostrando una cruda realidad, un panorama bélico un tanto desconocido. Se estrenó en 1978 y consiguió 5 Oscars, pero además se la consideró como una de las mejores 100 películas de la historia del cine según el American Film Institute.

Nos presenta una epopeya increíble basada en la vida de tres obreros de la industria siderúrgica de la zona de Pennsylvania (EEUU), cuyas rutinarias y simples vidas, envueltas en un manto de tranquilidad, paz y felicidad se ven, de la noche a la mañana, dentro de una trágica guerra. La guerra de Vietnam será el escenario de la terrible trama. Capturados por el ejército Vietcong, consiguen sobrevivir en una situación casi inhumana, siendo torturados tanto física como mentalmente.

Michael Cimino, nació en Nueva York en 1943, aunque no todos coinciden en que esa fecha sea la real. Se graduó en la Universidad de Yale. Su biografía es uno de los ejemplos más descriptivos de todo Hollywood con respecto a conseguir un ascenso meteórico para luego cosechar una gran y  posterior caída. Escritor de guiones, decidió dedicarse  a la dirección cuando la productora de Clint Eastwood eligió su guión ‘Thunderbolt and lightfoot’ para llevarla a la gran pantalla en 1974. Aunque en un principio iba a ser el propio Eastwood el encargado de dirigirla, Cimino logró convencerle para ser él su propio director de la historia. Esa película fue un éxito. Y gracias a ello pudo contar con un gran reparto de actores para su proyecto más ambicioso.

Su segunda película ‘El cazador’ cosechó todos los éxitos posibles, tanto a nivel de crítica (unánime), como de espectadores. Ganó el Oscar al mejor director y a la mejor película. Quizá la película fue un empujón en las conciencias norteamericanas con respecto a la guerra de Vietnam. Abrió los ojos de mucha gente que se encontraba distante y un poco desinformada de lo que realmente podía estar ocurriendo. Una visión pesimista del conflicto, de la vida de muchos de aquellos que hipotecaron su presente y su futuro por defender no se sabía muy bien qué. Muchos de los que fueron a esa guerra volvieron siendo diferentes. Nunca fueron a ser las mismas personas.

Destacó el trabajo de Cimino en la dirección pero también el del húngaro Vilmos Zsigmond en la fotografía, por no olvidar la banda sonora  de Stanley Myers, con quien colaboró en la guitarra el compositor John Williams. La historia nos presenta durante un buen rato la vida pacífica que reina entre el grupo de amigos. Nos muestra la realidad de sus vidas. Nada que ver con lo que tendrán que lidiar a partir de su marcha a la guerra. El trabajo de todos los actores superó con creces las expectativas. Destacó por encima de todos Christopher Walken, quien consiguió el Oscar al mejor actor secundario, y que hizo una de sus mejores interpretaciones de toda su carrera. Pero la lista de grandes actores no se detuvo en él solamente, el trabajo de Meryl Streep, Robert De Niro, John Savage o John Cazale entre otros fue magnífico. Sobre todo De Niro dio muestras de su grandeza como suele hacer habitualmente. Un perfecto papel de hombre comprometido aunque fuerte por fuera sensible y destrozado por dentro.

Cimino no quiso tan sólo describir la guerra, quiso entablar empatía entre los espectadores, presentando sus vidas tal como son, o como eran. Una crítica al sistema, a la guerra, a las masacres psíquicas. Todo el mundo recuerda la escena de la ruleta rusa, donde los nervios están a flor de piel y donde pudo conseguir generar una angustia propia de las mejores escenas del cine. Esa escena es tratada con realismo y crudeza, como se merece. Pero la crítica va más allá, contra los defensores de la barbarie, contra los norteamericanos que convirtieron Saigón en un centro de prostitución, drogas y alcohol. Una crítica a las heridas provocadas por situaciones extremas con las que el ser humano debe encontrarse en alguna fase de su vida y que dejan su huella y cambian por siempre la personalidad de éste.

También la historia nos habla de amistad, de lealtad, de compromiso. Muchas cosas carecen de significado si abandonamos nuestros principios, nuestros ideales. Sean cuales sean, debemos aferrarnos a ellos con fuerza para poder agarrar el último vestigio de ilusión y de esperanza. La promesa de hacer regresar a su amigo a casa puede representar la única forma de vida. Volver a la tragedia, sin importar las circunstancias, sin pensar en el peligro, tan sólo con la determinación de encontrar a un amigo. El descubrir que ese amigo ha perdido el norte, que se encuentra completamente fuera de sí, que ha perdido todo los argumentos de vida, la dureza más extrema de la mente humana. La desesperación absoluta. El caos.

Un drama con letras mayúsculas que nos sumerge en una realidad agónica, angustiosa, seca y dura. Un golpe en el estómago que te deja sin aliento. Una historia intensa, brutal y conmovedora. Un casi final para su director que a partir de ahí se deslizó hacia un retiro virtual y que jamás consiguió éxito parecido. Una historia épica que sigue en las retinas de los espectadores. Una historia que describe la amistad como fuente de vida y que narra las consecuencias catastróficas que la vida puede ir ofreciendo. Obra maestra que jamás debemos ni queremos olvidar.


Caminar sobre las aguas

Publicado: 29 de marzo de 2012 en Cine
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Eytan Fox nació en Nueva York en agosto de 1964, pero con tan sólo dos años su familia decidió mudarse a Israel. Es escritor, guionista y director. En 2004 alcanzó éxito mundial con su película ‘Caminar sobre las aguas’. Una de las características del director es haberse declarado abiertamente gay y participar activamente en el tratamiento del mundo gay bajo su propio prisma. Actualmente vive en Francia. La película fue una coproducción sueca-israelí y su rodaje tuvo  lugar en Estambul, en Israel, en el Mar de Galilea, en el Mar Muerto, en Jerusalén y en Berlín.

Antes de ese éxito Fox ya había dirigido varias películas entre las que destacan ‘After’ (1990), que fue su primera cinta o ‘Yossi & Jagger’ (2002). Pero si por algo gustó e impactó esa película fue por su tratamiento de forma natural, sincera y directa de varios temas muy delicados, pero con un único trasfondo y un único mensaje: la amistad. Porque Fox trata la amistad por encima de todas las cosas, por encima de los complejos, de la historia, de la sociedad, de los artilugios más obsoletos, por encima del odio y del racismo, por encima de las inseguridad y de las ansias, por encima de la desesperación y la angustia.

(Eytan Fox)

Eyal es el nombre del protagonista de la historia, protagonizado por Lior Ashkenazi, un agente del servicio secreto israelí que tras el suicidio de su mujer se hunde en una solitaria depresión. Su mente parece estar en otro sitio mientras regresa de su última misión en Estambul (el asesinato de un supuesto terrorista islámico). Ahí comienza la historia y ahí comienza a atraparte la descripción de la narración. Desde el comienzo Fox trata de mostrarnos el lado más oscuro de Eyal, su mente aislada del mundo, una soledad enfermiza que no alcanza consuelo y que se deja llevar por sus intolerantes pensamientos. Todos esos pensamientos que tratará de no mostrar cuando sus superiores deciden apartarlo del servicio más activo para encargarle una misión a priori mucho más sencilla y apacible: la búsqueda y localización de Alfred Himmelman, un ex alto oficial alemán de la época nazi que, según sus últimas noticias, sigue vivo en algún lugar.

A pesar de su contrariedad y oposición, Eyal no tiene más remedio que acatar órdenes y es ahí cuando conoce al nieto del supuesto oficial nazi, Axel, interpretado por Knut Berger, el cual decide visitar a su hermana Pia que se ha mudado a vivir a Israel tras romper con su familia en Alemania. La misión de Eyal será la de hacer de guía turístico para Axel y así poder espiar a los dos hermanos con el fin de encontrar pistas que le lleven a encontrar a su abuelo. Esa misión hará que dos personalidades muy diferentes tengan que convivir durante unos días y así poder analizar el carácter del otro.

Axel se muestra jovial, natural, espontáneo, divertido, amante de la vida y de los placeres, tolerante con su entorno y dispuesto a declarar sus gusto sexuales en favor de los hombres. Por otro lado, Eyal muestra su lado más machista, más soberbio, distante, conservador  e intolerante, sin saber sacarse de encima su lado más racista, más profundamente ignorante e incapaz de poder disfrutar de un solo momento. Dos personalidades encontradas dispuestas a mostrarse tal como son. Una tensión que irá en aumento a partir de que los minutos de la cinta sigan adelante.

Se trata de superar miedos, de enfrentarse a realidades, a encararse con la verdad antes de salir huyendo, de emprender una huida hacia el futuro y no hacia el pasado. Pero también se trata de encontrar y establecer nuevas amistades, alejándose de las sombras que anidan en nuestro cerebro, aceptando las cosas tal como son y no con lo que nos han contado. Se trata de ser natural, de ver la vida como un medio para poder disfrutar y de conocer. De saborear la auténtica amistad más allá de recursos lógicos. Fox nos muestra una película dura y real, una joya con la que deleitarse cada minuto. Una oda a la amistad más genérica por encima de todas las cosas.

Una vez más una historia nos demuestra que encontrar la amistad más original merece todo lo que podamos imaginar. La amistad está por encima de todo, ya sean ideologías, pasado, educación y cultura. La amistad emerge para crear vínculos indestructibles y por eso es tan grande. Una maravillosa historia que conmueve y que enamora.


Los puentes de Madison

Publicado: 22 de marzo de 2012 en Cine
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En 1992 el escritor, fotógrafo y músico Robert J. Waller escribió la novela ‘The bridges of Madison County’ (Los puentes de Madison). Nacido en 1939 en Iowa y se licenció en la Escuela de Negocios de Kelley (Indiana) en 1968. Más tarde volvió a la Universidad para enseñar Económicas y continuó ejerciendo hasta 1986. Algunos de sus libros fueron de los más vendidos según la lista del New York Times. Actualmente, Waller reside en Texas.

Clint Eastwood acostumbra a devorar novelas. Según él mismo intenta comprar los derechos de todas las novelas por las que se siente cautivado para poder llevarlas al cine. Cuando eligió esa novela sabía perfectamente lo que hacía. La historia de Francesca (Meryl Streep), una italiana ama de casa solitaria, condenada a una aburrida vida junto a su esposo, un ex soldado norteamericano, en una granja de Iowa, y juntos a sus dos hijos, ya nace con un argumento muy interesante. La crítica a muchos de esos matrimonios que parecen albergar amor y cariño por todos los costados cuando verdaderamente están condenados a seguir juntos, ya sea por las circunstancias, por la educación o por el miedo a cambiar sus vidas.

Clint Eastwood encargó la adaptación de ese guión a Richard LaGravenese y se apoyó en Meryl Streep para que le acompañara en el reparto de los papeles principales. Porque esta historia cuenta con sólo dos protagonistas por los que transcurre toda la historia. Un suceso que dura cuatro días y que cambia por completo la vida de esa ama de casa, para hacerle entender que quizá la vida que lleva no es la quiere ni desea y que el futuro le puede proveer de la felicidad que ansía. La tentación de romper con todo y salir corriendo de la mano de su nuevo amante, por el que siente lo que nunca ha sentido convierte la decisión de Francesca en la clave del guión.

Meryl Streep fue nominada para el Oscar a mejor actriz, pero el papel de Eastwood en el fotógrafo Robert Kincaid de la revista National Geographic no desmerece. Una fotografía excepcional de Jack N. Green, quien supo describir fielmente los puentes y los entornos del condado de Madison nos ayudó a imaginarnos el ambiente por el que la historia caminaba allá por 1965. Una feria de ganado en el estado de Illinois provoca que Francesa se quede sola durante unos días en su granja. Justo en ese momento aparece el fotógrafo de la revista que viene a hacer un reportaje de los famosos puentes de la comarca. Ahí comienza una natural, estupenda, cariñosa y verdadera pasión, más duradera que todos los años de matrimonio, más auténtica que toda la vida anterior. Una historia de amor que encerraba mensajes de crítica hacia la vida insulsa y monótona de muchas mujeres de la época.

Todo lo que experimenta esa mujer lo escribe en su diario. Un diario que la historia hará que sus hijos lo descubran una vez que ella muera. Una vuelta de tuerca para ver la reacción de sus dos hijos ya en edad madura y que representa una forma de enjuiciar la actitud de su madre aquellos cuatro días. Un dardo lanzado hacia la moral norteamericana, hacia la búsqueda de respuestas naturales ante la norma antinatural e incomprensible. Un grito de rabia ante la pérdida de los sueños de juventud para casarse con un hombre por el que no se siente apenas nada, sino simplemente cariño. Una fuerza natural que lucha ante la rutina que amenaza la estabilidad para prometer lo inaudito, lo imaginado.

Celebrada por público y crítica como una de las obras románticas más bien realizadas en las últimas décadas nos deja un último mensaje sobre la pantalla; cuando ella debe tomar la decisión de su vida: continuar con su rutina, ser fiel a su marido y a sus hijos, o correr en manos de su amante y verdadero amor y vivir una vida real alejada de ese lugar. Un interrogante que produce una empatía hacia su protagonista cuando en la mejor escena de la película duda entre permanecer dentro de la furgoneta que conduce su marido o abrir la puerta y correr para vivir una nueva vida. La lluvia, que cae con fuerza en ese mismo momento, parece presagiar la causa de su decisión.

Una película de imágenes, miradas, silencios y verdades. Una historia conmovedora que nos inunda de realismo para dejarnos entrever que quizá estemos a tiempo de cambiar nuestra historia y nuestro destino. Somos parte de nuestra vida y muchas veces nuestro futuro depende de nosotros. La toma de decisiones puede cambiar el curso de nuestras vidas. Una película maravillosa que mantiene los mensajes subliminales a flor de piel para dejarnos los interrogantes abiertos, simplemente para que nosotros mismos seamos capaces de tomar las decisiones adecuadas cuando éstas nos sorprendan.

Una historia que habla de la vida al natural, de sus pros y sus contras, de sus realidades más crueles. Unos silencios que enamoran por su realismo y crudeza. Unas miradas que dicen mucho más de lo que hablan. Unas escenas brillantes que nos enseñan la dificultad de las personas para expresar lo que sienten y para la toma de decisiones cruciales que se van apareciendo en sus vidas. Un pasaje maravilloso por las entrañas de seres normales dedicados a la rutina más irrelevante, aquella con la que todos sentimos hastío y aburrimiento. Una joya que deleita en cada escena.



Gattaca

Publicado: 12 de marzo de 2012 en Cine
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Andrew Niccol (Nueva Zelanda, 1964) inició su carrera en Londres dirigiendo spots publicitarios para más adelante trasladarse a Los Ángeles para realizar películas. Este polifacético artista es capaz de escribir guiones, de producirlos y de dirigirlos. En 1997 concibió una historia que acabó siendo un gran proyecto personal. Escribió el guión de ‘Gattaca’, quizá uno de lo mejores relatos de ciencia ficción de los últimos años. Danny DeVito acabó produciendo el guión y el propio Niccol dirigió la película.

Para el reparto se valió de tres grandes actores: por un lado, Ethan Hawke, quien encarnaba el papel principal; por otro lado, Uma Thurman, coprotagonista y pareja en la película; y por último, Jude Law. Niccol se basó en la escena de una sociedad futura donde la mayor parte de los niños eran concebidos in vitro y seleccionando las mejores técnicas genéticas. El protagonista, Vincent, es uno de esos niños concebidos de forma natural, y nace con una deficiencia cardíaca, además de tener problemas de visión. Los médicos no le auguran más de treinta años de vida y lo consideran un inválido, al igual que los niños que le rodean en su infancia y también por el resto de la sociedad. A todos aquellos que son considerados así se les condena a trabajar en los puestos que nadie desea. No pueden aspirar a nada mejor.

Por otro lado, su hermano Anton, ha recibido todas las atenciones genéticas posibles para poder ser considerado ‘normal’ o ‘válido’, y tendrá todas las facilidades para conseguir lo que se proponga en la vida. El mundo es para él un abanico de posibilidades y oportunidades.

Pero la historia nos cuenta que el pequeño Vincent tiene un sueño: viajar al espacio. Y sobre ese sueño vive su vida. Aunque sabe que todo serán impedimentos y prohibiciones, aunque sabe que nunca será aceptado decide intentarlo, decide luchar por ello. No por el mero hecho de ser un sueño, su sueño, sino porque también nota el rechazo de la propia sociedad que le rodea. Una de las escenas más inolvidables de la película es cuando los dos hermanos compiten nadando en el mar por la noche para ver quién llega más lejos. A pesar de sus deficiencias físicas, Vincent siempre era capaz de vencer a su hermano. Al final de la película la duda de su hermano es tan grande que no puede dejar de preguntar cómo lo conseguía. La respuesta de Vincent es sencilla. No dejaba espacio físico para la vuelta. En su mente tan sólo valía seguir hacia adelante.

El ser humano es capaz de muchas más cosas de lo que él mismo puede llegar a imaginar. Cuando se propone algo y lucha con todas sus fuerzas por conseguirlo es capaz de sobreponerse a múltiples obstáculos. Eso le ocurre precisamente a nuestro personaje, que durante años se ve relegado a ejercer toda clase de trabajos hasta que un día ve una puerta abierta cuando conoce a un hombre que le proporciona la clave para formar parte de la élite a la que él nunca hubiera podido imaginar alcanzar. Para ello debe suplantar la identidad de Jerome, un ‘válido’ que ha quedado paralítico debido a un accidente.

A partir de ahí otro mundo (La Corporación Gattaca) se abre para Vincent. Una industria aeroespacial a su alcance, su sueño. Niccol nos propuso un mundo diferente, pero que bien mirado, podría ser perfectamente real en no muchos años. Incluso hoy en día nadie podría asegurar que no se hubiera producido ya. Quizá lo mejor que tiene la ciencia ficción es la posibilidad de acercarnos con la imaginación a otros momentos de la sociedad futura. Sociedades que pierden toda su ética y moral para adentrarse en el caótico mundo de la perfección. El ser humano traspasa líneas de riesgo constantemente, digamos que vive entre la frontera del bien y del mal casi a diario. Y en esa fase de complejos renace el personaje oscuro, aquel que no cuenta para ser protagonista de la historia, de su historia, para poner en entredicho a todo el orden establecido, para criticar abiertamente las formas de ejecución de una sociedad convertida en miseria humana.

Una película auténtica, grande en su género, una historia que nos hace gozar en cada escena, con una ambientación futurista perfectamente diseñada y con unos maravillosos intérpretes que sacan de sí todo su saber para hacernos más creíble toda su emoción. Una historia que aunque parezca futurista nos puede hacernos sentir cercanos en cuanto a su concepción. Interesante cuestión, llena de complejas dudas y de consecuencias emocionales y humanas, donde la moral atraviesa la eterna puerta del no retorno.

Niccol firmó simplemente una obra maestra, con una fotografía que impacta desde su inicio, y que con el paso de los años sabremos apreciar todavía más. Para muchos fue una llamada de atención por lo que pueda venir. Para otros una realidad casi cercana, una inquietante historia que merece una profunda reflexión.

Leaving Las Vegas

Publicado: 2 de marzo de 2012 en Cine
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“No sé si mi esposa me dejó porque empecé a beber, o empecé a beber porque mi esposa me dejó”

El escritor, productor y director de cine Mike Figgis utilizó como base la novela autobiográfica del mismo nombre escrita por John O’Obrien para deleitarnos con una película donde describía el camino sin retorno hacia el suicidio premeditado mediante el alcohol de un protagonista (Nicolas Cage) quien conoce durante su caída a una prostituta de Las Vegas (Elisabeth Sue).

Curiosamente, el escritor John O’Brien se suicidió justo dos semanas después del inicio de la producción de la película. El trabajo continuó siendo éste una excusa para homenajearle. Mike Figgis nació en Carlisle (Inglaterra) pero creció en África. Supo utilizar ese guión para ofrecerles a los dos protagonistas una herramienta para lucirse. Y ambos la usaron del mejor modo. Ninguno pudo interpretar mejor sus papeles. Una historia abocada al drama personal, engullido por una sociedad ausente de empatía, un suicidio anunciado lleno de frialdad y falto de cariño que encuentra en el gesto y en el cariño de una prostituta aquello que no pide, un poco de comprensión. Es curioso que las almas perdidas, abandonas o simplemente solitarias se encuentran para elaborar un vínculo majestuoso por donde intentar andar a pesar de todos los obstáculos.

Es una joya de narración tanto descriptiva como fotográfica, donde los silencios, los dolores y los gestos encarnan la realidad más cruda, la vida más desangelada. Una película que se estrenó en 1996 y que tuvo un éxito rotundo. La historia de un guionista de Hollywood que pierde su trabajo por sus problemas con la bebida y su bajo rendimiento, en un momento en el cual no posee ni amigos ni familia y que decide liberarse de todos sus males yéndose a Las Vegas para quemar sus últimos días entre botella y botella. Un camino sin retorno remojado en alcohol. Una prostituta de la calle lo conoce y se encariña con él, ambos sentirán cariño y atracción por el otro. Una pareja surrealista en un mundo surrealista.


Una historia de amor extraña, poco ortodoxa, como toda la historia, pero no por eso menos convincente, menos creíble. Una dependencia más que una entrega hacia el otro. Un estado de necesidad que se sumerge en el mundo del otro para cubrir el propio. Un escape de los conflictos, de los problemas mediante escenas inolvidables. Una pareja que enamora a cualquier espectador que se preste. Una pareja que se encuentra, se separa para reencontrarse de nuevo, en la huida más desesperada, en el intento inútil de terminar lo que ya terminó. Un intento de alargar lo que ya no tiene sentido pero que, gracias a la pasión, merece el intento. Tan sólo una condición:

“Nunca me pidas que deje de beber” 

Una historia bien narrada, bien descrita, bien dirigida y bien interpretada. Tan sólo habla de seres humanos perdidos en un mundo carente de ternura. Un calor humano digno de la prioridad del momento y del entorno, una ciudad como Las Vegas donde el ruido se solapa con las dudas existenciales de las personas que la llenan. Unas imágenes nocturnas bellísimas que sirvieron al cantante Sting para inspirarse en una banda sonora deslumbrante. Unas letras y una música que decoran los decorados de esta historia inolvidable y que permanecerá viva durante muchas décadas. Grandes diálogos, grandes frases, grandes escenas, grandes silencios, en definitiva, una aventura preciosa en el lado más oscuro del amor y del dolor.




Sucede a menudo que ves una película que nadie te ha recomendado, que aparece de repente y que con el paso de su visión cada vez estimula en ti más sensaciones. Una de esas películas que te sorprende desde el principio por su sencillez, por su calidez, por su mensaje directo y por la facilidad para transmitir emociones. Un ejemplo de una película así es ‘Nada personal’ (‘Nothing personal’) estrenada en 2009. El guión y la dirección corren a cargo de Urszula Antoniak, una polaca afincada en Holanda, y que con esta su primera película ha sido capaz de conquistar festivales y numerosas nominaciones. Se nutrió con un actor de sobrada experiencia como el irlandés Stephen Rea y de una actriz casi principiante, Lotte Verbeek, quien demostró muy buenas maneras y que promete un gran futuro dentro de la profesión.

No me gustan las películas que intentan describir complejas motivaciones humanas a través de la “psicología de los personajes”.

¿Cuánto necesitamos saber de la gente para fiarnos de ellos o entenderlos?

Ésta es la cuestión básica de la película,

que trata sobre las relaciones humanas a un nivel muy básico. 

La pareja protagonista lleva el peso de la cinta pero en ningún caso supone un defecto. Más bien al contrario, la complicidad de ambos se reúne con el espectador para hacer la historia todavía más bella. La historia describe a una joven holandesa de temperamento rebelde y radical que decide recorrer Irlanda como una vagabunda, fuera de toda sociedad y disfrutando de su propia soledad. Una búsqueda personal hacia no se sabe bien adónde. Y en ese camino conoce a un hombre maduro que vive solo en una casa apartada de una isla maravillosa. Aquí nace el estímulo de la historia, puesto que ambos son completamente diferentes, con caracteres opuestos, pero ambos tienen una idea común, quizá la única: sólo la soledad garantiza la libertad. Ese hombre le propone darle comida a cambio de trabajo y la chica acepta con una sola condición: de que no haya nada personal entre ambos. Y a partir de ahí ambos entrarán en el mundo de la curiosidad del otro pero sin querer romper el trato. La vida continuará con sus días y con sus noches, con su trabajo y con su descanso hasta que cada vez se acerquen más.

La historia quizá nos sumerge en la tentación de descubrir quién será el que rompa ese pacto. Pero la historia narra mucho más. Una secuencia de emociones silenciosas, de miradas encontradas, de estímulos imaginarios. Una sucesión de deseos y de encuentros, de sueños y de recuerdos. Una unión natural dentro de un mundo bastante surrealista. Una idea magnífica perfectamente diseñada, narrada y descrita. Un gran papel por parte de ambos protagonistas que indican las verdaderas formas del ser humano en cuanto el roce los determina. Cómo se pueden cambiar los pensamientos, cómo se pueden cambiar los planes en cuanto menos imaginas. La forma seductora, la soledad más llamativa y la astucia de la naturalidad como ser supremo nos envuelve desde el inicio y no nos deja escapar. Una atracción verdadera que culmina de forma soberbia. Un tranquilidad que el espíritu agradece. Un paisaje espléndido, unos colores mágicos gracias a la fotografía de Daniel Bouquet.

Siendo mujer, me siento naturalmente atraída por las protagonistas fuertes

y no me gusta presentar a las mujeres como víctimas

Una cinta que no necesita de mucho diálogo para impactar, que nos sumerge en el ambiente con una excelente música de Ethan Rose. Una originalidad que se basa en la soledad, dividida en cuatro capítulos que parecen uno y con poca información para que el espectador tenga que pensar e imaginar por su cuenta. Una hermosa y relajante historia que se recomienda por sí sola. Proyectos tan personales es lo que provoca el placer por este arte. A veces la sencillez y lo simple superan lo más exigente.

La ironía está muy enraizada en la tradición centroeuropea,

aunque es una cuestión más de tono que de tema.

Para mi la ironía es la salsa de la vida y la mayor sabiduría.



Edward Norton

Publicado: 19 de febrero de 2012 en Cine
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Edward Harrison Norton nació en Columbia, Maryland (EEUU), en agosto de 1969. Pertenece a esa nueva saga de actores que están predestinados a dejar huella y a tomar el relevo de los grandes actores más consagrados. Desde muy pequeño ya se interesó por la interpretación. Estudió Historia en la Universidad de Yale, y según sus propias palabras, había elegido esa carrera porque le podría servir en el futuro para su carrera en el mundo del cine.

Estudió interpretación en varias escuelas e incluso pasó por el teatro neoyorquino. Su debut en el cine fue un gran comienzo. Fue junto a Richard Gere en 1996 con la película ‘Las dos caras de la verdad’ (Primal Fear), dirigida por Gregory Hoblit. Ya con esa película consiguió el Globo de Oro y fue nominado al Oscar como mejor actor de reparto que finalmente ganó Cuba Gooding Jr., otro actor de su generación.

El talento de ese joven actor solamente acababa de descubrirse puesto que a partir de entonces sus películas se sucederían. Se le reconoció su talento desde el primer momento, ese talento natural y esa cautivadora imagen que sólo unos cuantos tienen en el mundo del cine y del espectáculo. Supo desarrollar su carrera, gracias a su capacidad de auto mejora y a su obsesión por los detalles y la perfección. Es un hecho que se le ha criticado mucho por parte de algunos directores. Su perfeccionismo.

Participó en el mismo año 1996 en la película ‘El escandalo de Larry Flynt’, de Milos Forman;  y en ‘Everyone says I love you’, de Woody Allen. Pero cuando consiguió verdadero éxito fue con su interpretación en la película de 1998 del director Tony KayeAmerican History X’ , la historia de un nezonazi que conmovio al espectador y por la que consiguió su segunda nominación al Oscar, pero en esa ocasión como mejor actor protagonista que ganó finalmente ese año Roberto Benigni.

Ese mismo año participó en ‘Rounders’ y en 1999 junto a Brad Pitt protagonizó un gran film dirigido por David Fincher titulado  ‘El club de la lucha’ (Fight Club), que se basó en la novela del mismo título escrita por Chuck Palahniuk y que fue calificada por los expertos como una de las mejores películas de la década de los 90.

Su fama y su prestigio no se detuvieron, incluso aumentaron. Su talento iba desarrollando nuevas capas y se le reconocía su trabajo cada día más. Siempre ha intentado colaborar con tiempo y con dinero a causas que para él son importantes, como por ejemplo, mejorar el nivel de vida de todas las colectividades afectadas por la pobreza. Es también miembro de la asociación ‘Enterprise Foundation’, un organismo sin ánimo de lucro que se dedica a mejorar y rehabilitar viviendas destinadas a familias de clase baja en diferentes ciudades del mundo. Su compromiso social está fuera de toda duda. Amante del ecologismo y de las energías renovables, ha ayudado al programa BP Solar Neighbors, orientado en facilitar paneles solares que permiten la obtención de energía para los hogares menos favorecidos del este de Los Angeles (EEUU). Recinetemente fue desingado Embajador de buena voluntad de las Nacones Unidas para la Biodiversidad.

En 2001 trabajó en ‘The Score’ junto a Robert de Niro , y ese mismo año ‘Smoochy’ junto a Robin Williams. También tuvo un pequeño trabajo en la película ‘Frida’ . En 2002 también participó en ‘Red Dragon’ y en 2003 ‘The italian job’. Colaboró con Spike Lee con un proyecto independiente ‘25th hour’, donde su monólogo todavía sigue siendo uno de los momentos favoritos de los amantes del cine. En 2005 ‘El reino d elos cielos’, o ‘Down in the Valley’en 2006 ‘The painted veil’ o ‘El Ilusionista’ le valieron nuevos elogios. El trabajo en ‘El Increíble Hulk’ le valieron discusiones y la ruptura con la productora Marvel. Sus colaboraciones en el guión nunca fueron acreditadas.

También ha sido pasto de la prensa rosa por sus escarceos amorosos, aunque no es muy dado a ese tipo de especulaciones. Pero sus relaciones con Courtney Love, Drew Barrymore o Salma Hayek, fueron bien conocidas, al igualo que se conoce su relación con la actriz Evan Rachel Wood y su última pareja conocida la productora Shauna Robertson. Pero quizá se conoce poco de sus inquietudes culturales y quizá es lo que más sorprende de este actor. Se sabe que es un gran aficionado a la historia y al idioma japoneses. Todo lo que está relacionada con dicha cultura le atrae sobre manera. Habla un japonés bastante fluido. Le encanta la música y sabe tocar la guitarra, incluso tocó en varios conciertos con el grupo de Courtney Love ‘Hole’. Otra de sus causas es la lucha contra el tabaco, de hecho, es una de sus condiciones cuando trabaja, puesto que ninguno de sus personajes fume en sus películas. La única excepción fue en el club d ela lcuha y sólo fuma cuando su papel toma un giro para una transformación personal.

Desde hace algunos años creó junto a su hermano Jim, el escritor Stuart Blumberg y el productor Bill Migliore ‘Class 5 Films’, una productora que llegó a un acuerdo con Universal Pictures, y que se dedicará sobre todo a la producción de películas sobre naturaleza y ciencia. También se ha iniciado en el mundo de la dirección con títulos como ‘Keeping the faith’ (2000) que protagonizaron Ben Stiller y Jenna Elfman y donde tuvo un pequeño papel. En la versión original se pudo comprobar cómo es capaz de hablar castellano.

Birdy

Publicado: 11 de enero de 2012 en Cine
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Sentirse libre es necesario. Sentirse libre pero verse encerrado puede resultar fatal. Y si ese encierro es tu propia vida, tu propio entorno, entonces estás perdido. Cuando te sientes fuera de juego necesitas otras cosas, diferentes de las que otras personas pueden considerar normales. Cosas que te alivien y que hagan sentir único para poder soportar la amargura que te envuelve. Un hombre necesita libertad y la sensación de libertad es diferente en cada mente y en cada momento. Y como no podemos entrar y explorar todas las mentes que nos rodean solemos juzgar demasiado a la ligera a muchas de esas personas que aparentan ser diferentes a nosotros. Personas que experimentan cosas distintas de modos distintos y que se declaran ‘diferentes’ al resto de la Humanidad.

Esa clase de gente también es necesaria. Y no debemos juzgarla así como así. Escribir una historia como esta requiere un sentido de la sensibilidad mayúsculo. Y esa es la clase de sensibilidad que tuvo William Wharton cuando con 53 años publicó ‘Birdy’. Wharton destacó como escritor y pintor, nacido en EEUU, se dice que muchas de sus obras son en cierta forma autobiográficas. De hecho, él mismo tenía más de 200 canarios cuando era adolescente. Eso quizá le llevó a escribir  ‘Birdy’, una historia sobre  un joven que se creía un pájaro y su mundo giraba alrededor de sus ansias por volar. Pero el amor de Wharton por el arte tuvo su origen durante su participación en la Segunda Guerra Mundial. Ahí fue gravemente herido y tomó la decisión de regresar a Europa para pintar. Estudió psicología y se mudó a París y allí se instaló en una vivienda-barco. Tuvo cuatro hijos pero su hija mayor Kate falleció en accidente de tráfico. Ese episodio se reflejó en una de sus novelas donde evocaba algunas de sus conversaciones con ella. En una de esas escenas relataba una conversación donde su hija Kate le preguntó ‘¿qué era el amor?‘. El escritor quiso ser conciso debido a que era una llamada telefónica y le contestó: ‘Que yo sepa, el amor es pasión, admiración y respeto. Si tienes dos de ellas, es suficiente. Si tienes las tres, entonces no te hace falta morir para ir al cielo’.

‘Birdy’ se basaba en la vida de dos amigos de una barrio obrero de Filadelfia que comparten su vida desde el colegio hasta que se incorporan al servicio militar rumbo a la Guerra de Vietnam. La fijación de uno de ellos por los pájaros provoca que el otro le ponga un mote y que, a partir de entonces, sea conocido en el barrio como ‘Birdy’. El deseo que albergaba era volar. Un deseo irrefrenable y que aumentaba con el paso del tiempo. Una obsesión que sólo comparte con su amigo. Y la guerra de Vietnam provoca el hundimiento de ambos, cada uno dentro de sus obsesiones.

Muchos creyeron que ese deseo de volar era en realidad un deseo inequívoco de escapar de la realidad, una forma de eludir la madurez, una huida hacia adelante ante la realidad de su mundo. Otros creyeron que se trataba más bien de todos los traumas que quería neutralizar tras su paso por la Guerra de Vietnam. Su ingreso en un sanatorio mental no hace sino provocar el deseo de su amigo por pasar más tiempo con él, compartir sus heridas emocionales e intentar evocar todos los recuerdos de la infancia que compartieron.

Sir Alan Parker, actor, escritor, productor y director de cine, nacido en Inglaterra en 1944, comenzó su carrera como redactor en una agencia de publicidad para luego continuar con la filmación de anuncios. Cuando conoció al productor David Puttnam se inició en la dirección de películas y logró muy buenas críticas por varias de ellas como, por ejemplo, ‘Expreso de medianoche’ (1978) o ‘Arde Mississippi‘ (1988). También dirigió varios musicales y fue condecorado con el título de Caballero del Imperio Británico en 2002. En 1984  estrenó su adaptación de la novela de Wharton, donde consiguió grandes críticas y unos fieles seguidores.

Parker logró confeccionar una verdadera obra maestra de narración emocional. Emotiva y sensual, era un alegato crudo y real sobre la amistad y sus consecuencias. Un saber ayudar al que lo necesita en las peores circunstancias, un compartir problemas profundos de personalidades complejas y heridas, abandonadas dentro de un mundo difícil de calificar, un mundo carente de empatía hacia sus enfermos y hacia sus víctimas sociales. Era una descripción perfectamente lograda del deseo de la gente a juzgar lo que no comprende o lo que se sale de lo normal. Era una forma de describir que quizá los locos no están tan locos y que los que parecen cuerdos acaso merecen más atención médica.

Volar a veces significa escapar, es cierto. Volar puede significar metafóricamente  abstraerse de la realidad. Una forma de suicidio en vida, un morir sin vivir, o un vivir sin morir. Una forma diferente y alternativa de tomarse la vida, de encarar los problemas. Una forma de tratar las propias pesadillas y analizarlas de forma que sirvan para algo. Toda la historia converge entre el amor a la vida y a sus consecuencias, a la absurda realidad que nos retrae hasta un mundo paralelo donde nos encontramos a nosotros mismos de otra manera, más sugerente y más versátil, donde nos realizamos con acciones que sobrepasan los límites de la normalidad.

Una película que seduce sobremanera con una banda sonora excelente de Peter Gabriel y una gran fotografía de Michael Seresin. En el reparto los dos protagonistas principales, tanto Matthew Modine como Nicolas Cage, acapararon las buenas críticas, los méritos y unos  trabajos formidables. Un drama de excelente ejecución dirigida magistralmente que recordaremos siempre.

Drácula de Bram Stoker

Publicado: 3 de enero de 2012 en Cine
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Bram Stoker era un seudónimo que pertenecía realmente a Abraham Stoker (1847-1912), escritor y novelista irlandés, mundialmente conocido por su libro ‘Drácula’ (1897). Nacido dentro del seno de una familia burguesa, austera y trabajadora, fue el tercero de siete hijos. Estudió matemáticas y ciencias y años después trabajó como funcionario en Dublín y como crítico teatral. Incluso realizó algunas obras teatrales que se publicaron en diferentes periódicos. Aficionado a la literatura de terror, comenzó su carrera literaria en la revista ‘Shamrock’. Acostumbrado a escribir de noche se hizo un gran adepto a la vida nocturna.

 En 1876 se trasladó a Londres donde junto a Henry Irving dirigirían el Lyceum Theatre. Stoker se convirtió en gran y fiel seguidor de Irving, llegando a convertirse en una marioneta de éste. Irving se consideraba Dios y su ego no tienía límites conocidos. En 1897 publicó ‘Drácula’, para el que se sirvió de los conocimientos de un erudito húngaro, con el que se reuniría varias veces para que le contara las aventuras del Príncipe de Valaquia (Vlad Draculea). Lo que quiso reflejar Stoker con su novela era la lucha del hombre contra el bien y el mal. Según Oscar Wilde, era la obra de terror mejor escrita de todos los tiempos y también la más hermosa. Fue un éxito mundial y todavía perdura como un gran clásico.
James V. Hart adaptó su novela para que en 1992 Francis Ford Coppola llevara la historia a la gran pantalla. Lo que trató el director fue mostrar varios géneros dentro de uno mismo. Junto al terror, el drama y la acción, unió el romance para crear una auténtica obra maestra. Se valió de un gran reparto de actores que hicieron su trabajo a la perfección, destacando sobre todo Gary Oldman, quien interpretó al conde Drácula. Junto a él aparecieron Keanu Reeves, Anthony Hopkins y Winona Ryder entre otros muchos. La banda sonora de Wojciech Kilar destacó aunque la canción que cerraba la cinta, ‘Love song for a vampire’ fue escrita por Annie Lennox.
A pesar de que la novela de Stoker tuvo varias adaptaciones anteriores, esta se considera la adaptación oficial, dado que fue más fiel a la novela. Narra perfectamente el poder del conde Drácula para manejar a su antojo la fauna de la naturaleza, el poder convertirse en niebla, su capacidad para volar o para adaptarse a la forma de un murciélago o un lobo. Es una historia de Drácula más romántica, menos monstruosa, un personaje más cercano, más sensible, enamorado, vulnerable en sentimientos, un adorador de mujeres y un amante platónico por excelencia. Una mezcla perfecta de amor y terror. Un binomio de sentimientos, donde el espectador queda perfectamente contagiado de sus escenas, donde permanece espectante durante las más de dos horas que dura la cinta, contemplando una gran fotografía de Michael Ballhaus.
El éxito de la película fue indudable, sus recaudaciones en todo el mundo así lo acreditan, y también supuso la salvación financiera para su director, que gracias a ella pudo sacar la cabeza del agua tras sus problemas económicos anteriores. Esta película logró 3 Oscar de poco valor pero quedó en la retina de todos sus fieles seguidores como una película de culto.
Para muchos una poesía decorada con notas de terror y acción. Para otros la fiel e increíble adaptación de un clásico de terror con todas sus consecuencias. Un deseo inmortal. Una ilusión que perdura con el paso de los siglos. Una leyenda que extiende sus alas más allá de donde nosotros mismos podemos observar. El deseo es más fuerte que el poder de conseguirlo. Un lujo de belleza sublime y encantamiento soberbio.


Robert de Niro

Publicado: 2 de enero de 2012 en Cine
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El actor ideal no debe tener alma,

porque tiene que recibir el alma de los demás.

Y esta carencia de alma es una de las razones por las que la profesión de actor

siempre ha resultado un tanto sospechosa a la autoridad oficial.

(Vittorio Gassman)

Actuar y franquear barreras puede parecer similar. Actuar e  inmiscuirse en personas ajenas, en ficciones surrealistas puede convertirse en rutina. Actuar puede resultar algo nada fácil, por mucho que haya gente intentando creer lo contrario. Actuar puede querer decir tantas cosas y ninguna. Puede ser creerse lo que no es, imaginarse lo que no es, soñar lo que no es. Debe ser el navegar en un mar distinto, correr por un camino desconocido que quizá no te lleva a ninguna parte. Actuar debe ser ver ese rostro. Infranqueable. Concreto. Actuar debe ser mirar a la cámara y comérsela. Invadir un todo con una mirada, con una simple mirada. Absorber con una personalidad innata una escena inolvidable.

Robert de Niro nació en la ciudad de Nueva York en 1943, en el barrio de Greenwich Village, hijo de unos padres artistas. Su madre Virginia escribía poesía y pintaba. Su padre, Robert, era pintor expresionista y escultor. Su apellido le viene del origen de su padre que tenía ascendencia medio italiano-albanesa y medio irlandesa. En cambio, su madre, tenía orígenes ingleses, alemanes, franceses y holandeses. Casualmente, sus padres se conocieron en clases de pintura de Hans Hofmann en Massachusetts y, tras casarse, se divorciaron cuando el pequeño Robert tenía tan sólo tres años.

‘El actor debe ser capaz de crear un universo en la palma de su mano’

(Lawrence Olivier)

Existen actores con letra mayúscula, esa clase de actores que te envuelven en nubes repletas de luces y de colores y que te hacen creer que vives la historia desde dentro, desde mucho más adentro de lo que nunca hubieras podido imaginar. Existen actores capaces de engrandecer un arte, de hacerlo suyo, con naturalidad aparente, con facilidad, como el que hace de su oficio algo tremendamente propio y característico. Existen actores que encarnan mil yos, sin exagerar, sin inmutarse, dejándose querer por las mismas cámaras que grabaran sus rostros eternos en retinas fascinadas por la profundidad de sus actos.

El pequeño Robert fue criado por su madre pero su padre vivió muy cerca de él. De adolescente se inscribió en la High School of Music and Art pero sólo acudió por un corto período de tiempo. Sus amigos del barrio lo conocían como ‘Bobby Milk’ (quizá por su tez pálida). Se crió alrededor de las calles de Little Italy y muchos de esos amigos con los que compartió juegos perduraron como amigos en su vida. Con 16 años decidió dedicarse a la interpretación. Estudió en Actors Studio y su primer papel relevante fue con 20 años en la película de Brian De Palma ‘The wedding party’, pero su estreno no fue hasta 1969. Ese fue el comienzo de una gran relación y amistad con el director, quien le llamó para otras nuevas películas, como en 1968 en la titulada ‘Greetings’ o en la de 1970 titulada  ‘¡Hola, mamá!‘. Y fue el mismo De Palma el encargado de ir introduciendo al joven actor entre los diferentes directores de su círculo. Y gracias a eso consigue el papel en la película ‘Muerte de un jugador‘ (1973) del director John Hancock, y justo después comienza a trabajar con el que sería su director fetiche Martin Scorsese en la que sería su primer éxito ‘Malas calles’ (1973).

‘Hay que tener fe en uno mismo.

Ahí reside el secreto.

Aún cuando estaba en el orfanato y recorría las calles buscando qué comer para vivir,

incluso entonces, me consideraba el actor más grande del mundo.

Sin la absoluta confianza en sí mismo, uno está destinado al fracaso.’

(Charles Chaplin)

Considerado como uno de los más grandes actores del cine norteamericano, también es reconocido tanto por la prensa como por los espectadores por su habilidad por la versatilidad y la facilidad para cambiar de registro en cada nueva película. El apodo del camaleón le describe perfectamente. Capaz de interpretar a un marido atormentado, a un joven ilusionado, a un gángster frío y asesino, a personajes conflictivos, atormentados y turbulentos, persigue con absoluta sencillez el camino a la perfección en todo lo que hace, poniéndose en la piel del protagonista y trabajando sus variantes interpretativas de modo adecuado y  natural. Tanto le da el rol dramático (el cual borda), como el de la comedia o el terror. Ha tocado todos los géneros sin importarle la dificultad. No ha sido encasillado en ningún rol determinado gracias a una gran carrera llena de cambios de guión y de perfil.

La relación con Scorsese daría lugar a una gran serie de colaboraciones como ‘Taxi Driver’ (1976), ‘New York, New York’ (1977), ‘Toro salvaje’ (1980), ‘El rey de la comedia’ (1983), ‘Goodfellas’ (1990), ‘Cape Fear’ (1991) y ‘Casino’ (1995). Su interpretación del boxeador Jake La Motta le valió para ganar un Oscar como mejor actor. Su interpretación como taxista nocturno y perturbado le valió su primer gran éxito y convertirse en estrella del celuloide a nivel mundial. Es un actor alabado por su fiel compromiso con el personaje que interpreta, por su técnica metódica de actuación y por el intenso estudio que realiza de los antecedentes del personajes o los grandes rasgos físicos o psicológicos del mismo. Incluso a pesar de ser zurdo puede escribir y realizar acciones con su mano derecha si el guión lo exige. Es capaz de ganar más de 25 kilos si es preciso para interpretar a un boxeador o a un capo de la mafia, aprender a tocar el saxofón, o vivir una larga temporada en Sicilia para aprender a dominar el dialecto siciliano, trabajar como taxista varias semanas para conocer el oficio desde dentro o gastarse más de 5 mil dólares para estropearse los dientes a propósito por las exigencias del guión y volver a tener que pagar otros 20 mil para volver a arreglarlos.

‘Un actor debe interpretar la vida,

y para ello deben estar dispuestos a aceptar todas las experiencias de la vida tiene que ofrecer.

De hecho, debe buscar más de la vida que lo que la vida pone a sus pies’.

(James Dean) 

En 1974 participó en ‘El Padrino II’ de Francis Ford Coppola. Ese papel le permitió conseguir un Oscar como actor de reparto. Su carrera continuó con papeles variados, como en ‘Novecento’ (1976) de Bernardo Bertolucci o en ‘El cazador’ (1978) de Michael Cimino. Otra gran actuación fue la que realizó en el papel de un gángster judío en ‘Erase una vez en América’ (1984) de Sergio Leone. Pero si algo tiene claro en su mente es el no encasillarse en un perfil de personajes que no le dejen extender su capacidad de interpretación. De ahí que haya sentido la necesidad de ir intercambiando papeles de drama a comedia de forma tan natural. De ahí esos registros tan variados, tan curiosos. De todas formas, la lista de películas con su sello no deja de extenderse y casi se hace difícil recordarlas todas. Pero ahí van quizá las más importantes: ‘La misión‘ (1986), ‘Despertares‘ (1990), ‘Sleepers’ (1996) ‘La cortina de humo’ (1997), y así podríamos continuar con un largo etcétera.

El paciente inglés

Publicado: 26 de diciembre de 2011 en Cine
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Michael Ondaatje, escritor, novelista y poeta canadiense (a pesar de haber nacido en Ceilán), escribió su novela ‘El Paciente Inglés’ en 1992, obteniendo por ello el Premio Booker. Anthony Minghella adaptó su novela en un guión para el cine en 1996. La historia está ambientada en los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial. Un hombre herido viaja en una caravana por Italia. El camino está minado y todo ello provoca que una joven enfermera franco-canadiense, descubra el cuerpo herido del protagonista. Eso le produce una gran tristeza y decide trasladarse junto a él a un monasterio deshabitado y medio derruido. Su cuerpo está prácticamente quemado a consecuencia de un accidente áereo sufrido en África pero la compañía de la enfermera hará que le cuente su historia. Lo único que le consuela es la dosis de morfina que le va inyectando cada cierto tiempo para aliviarle el dolor que sufre.

Gracias a ello, la enfermera va descubriendo mediante flash backs la realidad que esconde su pasado, la historia vivida y experimentada por él. Un conde de origen húngaro que sirve a la Real Academia de Geografía en África y que conoce a una mujer de quien se enamora. Y la trama de la película transita por esa inolvidable historia de amor, capaz de superar todas las barreras inimaginables, capaz de enfrentarse a lo imposible.

John Seale ganó el Oscar a la Mejor Fotografía. Y una de las escenas que causaron impacto y que todavía retienen los fans de la película en la retina es cuando la enfermera ilumina con una antorcha los frescos que se encuentran en una capilla. Capilla que en realidad se llama Bacci y se encuentra en la Basílica de San Francisco en Arezzo, en la Tosca italiana y los frescos fueron pintados por Piero della Francesa.

La película tuvo un elenco de actores que realizaron un trabajo magnífico. Ralph Fiennes interpretó al protagonista, Kristin Scott Thomas a su amante, Juliette Binoche realizó el papel de enfermera por el que conseguiría el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto. La película cosechó 9 Oscars ese año de 12 candidaturas a ello. Y fue la ganadora de la noche al conseguir el Oscar a Mejor Película, a Mejor Director y a Guión Adaptado. También lo consiguió con su estupenda banda sonora realizada por Gabriel Yared.

El montador Walter Murch, conocido por sus trabajos con Francis Ford Coppola consiguió dos Oscar, tanto por montaje como por sonido, un gran trabajo, lleno de horas utilizadas y con muchas tomas desechadas.

Y lo cierto es que desde la primera escena la película hipnotiza de una forma natural, trasladándote a esos paisajes inolvidables, a esas acciones románticas que, aunque parezcan irreales, son absolutamente estremecedoras e increíbles. Una película llena de dulzura, pasión y crudeza. Una lírica hecha imagen y sonido. Una experiencia apasionante. Un romanticismo fuera de lo habitual, donde el espectador se introduce en la mente de sus protagonistas dándole a todo ello aroma a verdadero. Una película imprescindible con sabor a clásico. Que perdura y que perdurará a lo largo de los años del cine.

Una maravillosa historia con toques dramáticos y románticos. Una historia para soñar. Una historia de película. Una gran adaptación de una gran novela de ficción. Una historia sencillamente fascinante que te atrapa desde el inicio, con la fuerza de sus personajes, con el gran trabajo de actores tanto principales como secundarios, con una fotografía bestial que te invade sea cual sea su ambiente, con un movimiento de cámara que certifica la sabiduría de Minghella, con una banda sonora que te embriaga y que te hace volar sobre sus escenarios. Mezcla de amor, pasión, odio, dolor, entrega, desesperación, oscuridad, soledad, amistad, bondad y perdón, repleta de heridas que jamás cicatrizarán y un largo tormento de recuerdos que jamás se olvidarán.


Blade Runner

Publicado: 19 de diciembre de 2011 en Cine
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Cuando uno no es un gran aficionado a las obras de ciencia ficción siempre se queda impactado en el momento que una de ellas le gusta y le emociona con sutileza y belleza y le deja atrapado para siempre. Con el paso de los años (y ya van casi 30) uno se da cuenta de que esa película futurista sigue siendo moderna, actual, futurista en cuanto a concepto y una gran obra maestra del celuloide.

Philip K. Dick escribió su novela ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ en 1968. Este escritor californiano fue un gran novelista de ciencia ficción e influyó notablemente en el género. Estuvo siempre interesado en temas como la sociología, la política y la metafísica. Ya en sus primeras novelas aparecen como temas de su interés las empresas monopolísticas, los gobiernos autoritarios y los estados alterados de la conciencia. Más adelante, profundizó su análisis con la metafísica y la teología. Utilizó su experiencia personal en el uso de drogas, así como sus problemas personales con la paranoia y la esquizofrenia en algunas de sus novelas. Pasó su vida entre la pobreza y fue antes de su muerte cuando se acabó reconociendo su obra, hoy en día considerada una de las más populares y aplaudida por público y crítica.

Philip K. Dick

El guión fue adaptado por Hamton Fancher y David Peoples y Ridley Scott la dirigió en 1982. El argumento tenía sospechas de convertir la película en un tremendo éxito pero sin duda el trabajo de Scott, la fotografía de Jordan Cronenweth, la banda sonora de Vangelis y la lista de grandes actores que bordaron su papel convirtieron a esta película en una auténtica obra maestra del género de ciencia ficción, siendo considerada ya un clásico. Entre ellos destacan Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos o Daryl Hannah.

El guión describe una sociedad futurista, concretamente un Los Angeles de 2019. Una empresa poderosa, gracias a los avances de la ingeniería genética, construye un robot llamado ‘Nexus 6’, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad y de nombre ‘replicante’. Estos robots trabajan como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Tras una sangrienta rebelión de un equipo de Nexus 6, los replicantes fueron desterrados de la Tierra. Los ‘Blade Runners’ eran brigadas especiales de la policía y tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado las órdenes de destierro. A esta misión no se llamaba ejecución, sino ‘retiro’.

Al principio, la película recibió críticas dado que parte de la prensa especializada estuvo sorprendida y decepcionada puesto que la acción de la película no tenía el ritmo narrativo que se esperaba. Tampoco obtuvo brillantes resultados de taquilla en EEUU, sin embargo, se convirtió en un gran éxito en el resto del mundo. Se ganó rápidamente el calificativo de ‘película de culto’. La mayoría de fans coincidían en que la calidad y calificación de la cinta ganaba con las sucesivas visiones, con lo cual su éxito se demostró también en el alquiler de los video-clubs.

Ha sido una película aclamada ya como un clásico moderno, por su ambientación, por sus efectos especiales y por adelantarse y ser pionera en plantear temas y preocupaciones fundamentales en el siglo XXI. Una de las películas más influyentes de todos los tiempos. Un despliegue visual postmoderno exquisito. Una descripción excepcional y realista de un futuro urbano en decadencia. Una sociedad en su ocaso. Un futuro próximo quizá posible. Obtuvo dos nominaciones a los Óscar.

Y lo cierto es que con cada nueva toma aparecen nuevos detalles, descubres nuevos elementos que no habías descubierto, disfrutas de cada nueva-vieja escena, cada toma coge un nuevo protagonismo y, al final, te das cuenta de que la cinta te encandila. Un gran trabajo de Rutger Hauer y quizá el mejor papel de Harrison Ford en toda su carrera. Una mezcla de futuro y realidad, de temor por lo que puede venir, por lo que hay, por lo que nos podemos encontrar. Una historia de fantasía que nos envuelve con su humo de alcantarilla esparcido por las esquinas, con sus calles lluviosas grises y ténebres, un decorado sombrío que embriaga ante la más absoluta decadencia de pasión, de sueños y de sentimientos. Un ambiente urbano apasionante y decadente. Sin duda merece un aplauso esta magnífica obra, en todos sus rincones, en todas sus facetas. Casi 30 años después nos sigue impactando por su ambientación y modernidad. Obras así te definen lo que es el cine de ciencia ficción.

El gran Lebowski

Publicado: 12 de diciembre de 2011 en Cine
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‘No voy a llevar el dinero, conducir el coche y hablar por teléfono con la punta de la polla…’

Conforme van pasando los años te das cuenta de lo que te gustó más o menos en realidad. Es decir, algo te puede gustar cuando lo ves, cuando lo lees, cuando lo escuchas, pero con el paso del tiempo valoras racionalmente si aquello que viste, que leíste y que escuchaste, te gustó por un momento determinado o te gustó de verdad. Y si algo te gustó de verdad te sigue gustando cada vez que lo ves, que lo lees o que lo escuchas. Y eso me ocurre precisamente cuando vuelvo a ver esa gran película titulada ‘El Gran Lebowski’. Es quizá la mejor película de los hermanos Coen. Son muchas y variadas películas las que han realizado este par de hermanos. La lista de las películas realizadas por Joel David y Ethan Jesse es de sobras conocida. ‘El gran salto‘, ‘O Brother‘, ‘Fargo‘, ‘Barton Flink‘, etc. son sólo algunos de sus títulos. Ambos intervienen tanto en la elaboración del guión, como en la producción y dirección de sus películas, aunque suele aparecer Joel como director y Ethan como productor en los títulos de crédito. Siempre se ha dicho de ellos que están sumamente compenetrados. Son un gran exponente del cine independiente norteamericano. Capaces de entusiasmar a críticos y público por igual.

‘Algunas veces, tu te comes al oso… otras veces, el oso te come a ti’

La historia de ‘El gran Lebowski‘ narra y describe a un vago ex-combatiente de Vietnam, jugador de bolos como única y solitaria afición y desempleado de Los Ángeles. Tiene un alías por el que es conocido por todos: ‘El Nota’ (en inglés ‘The Dude‘). Pero su auténtico apellido es Lebowski, el mismo nombre que tiene un afamado multimillonario, con lo cual la trama transita en el error de identidad entre ambos debido a su nombre. El guión en sí no es que tenga un gran argumento de calidad. Simplemente es un nexo de unión que se usa para poner de relieve a varios personajes que inundan la película con su carácter, su actuación y su gran trabajo. El protagonista de la película es Jeff Bridges, fantástico papel que realiza en la piel del personaje principal, inmutable ante las circunstancias, completamente abstraído del mundo que le rodea, sin ningún tipo de ilusión ni proyectos de futuro, que tan sólo pretende vivir de la manera más relajada posible, evitando meterse en problemas. Para bordarlo, Bridges engordó durante semanas y tuvo que dejarse crecer el pelo durante meses. Pero si el personaje que él interpreta tuvo éxito, nada tienen que envidiar la relación de secundarios, pues  fue maravillosamente magistral, desde la confección por los hermanos Coen de una lista fantástica de individuos que brillan en la cinta desde el principio hasta el final, hasta la consecución de un trabajo elaborado por maravillosos actores que dan vida a una historia rocambolesca pero muy entretenida. John Goodman, en el papel de mejor amigo de ‘El Nota’ borda su papel, totalmente perjudicado por su pasado en la guerra de Vietnam, extrapola cualquier acontecimiento a sus experiencias vividas en el campo de batalla. Steve Buscemi, Julianne Moore, Phillip Seymour Hoffman, David Huddleston, Tara Reid, todos ellos bordan sus personajes y contribuyen a convertir la película en una grande del género. Y quizá la mayor sorpresa de la película ocurre cuando aparece en pantalla  John Turturro escenificando a un chulo y matón latino.

‘Afortunadamente estoy siguiendo un régimen de drogas bastante estricto para mantener la mente ya sabes… ágil’

A pesar de que en su momento no fue un éxito comercial recibió críticas muy positivas. Las secuencias surrealistas, los diálogos fuera de lo común, entrelazando la ignorancia propia de los personajes con la seriedad de las escenas, consiguen enganchar a un público entregado que ha convertido a esta cinta en una película de culto. Además el presupuesto de la película resultó relativamente bajo, comparado a lo que suele ser habitual. Ejemplo del seguimiento de los fieles seguidores de la película es el festival que se celebra cada años desde 2002 en Louisville (Kentucky), conocido como la ‘Lebowski Fest’, una idea que se ha ido extendiendo a distintas ciudades norteamericanas.

Algunas de sus escenas ya son célebres al igual que algunos de sus diálogos. Pero quizá me quedaría con la escena en la que los dos protagonistas quieren lanzar las cenizas de su amigo muerto al Océano Pacífico. Puedes ver la escena una o mil veces pero no pararás de reírte. Son de ese tipo de escenas que te hacen reír sin importar cuántas veces la hayas visto.

Diálogo 1

-Ese dedo no es de ella, Nota….
-Entonces de quién era, Walter
-Y yo qué coño sé. Lo que sé es que no hay nada que indique..
-¡Pero el esmalte de uñas, Walter!
-Vale, Nota… como si no fuera posible coger un esmalte de uñas, aplicarlo al dedo de otra persona y…
-¿De otra persona? ¿Cómo cojones van a conseguir un dedo de…?
-¿Quieres un dedo? Puedo conseguirlo. Créeme, hay maneras pero es mejor que no las sepas

-No me jodas, Walter, eso es imposible.

-Yo te consigo un dedo antes de las tres. Con esmalte de uñas. Já… putos aficionados… nos mandan un dedo y por eso nos tenemos que cagar de miedo… Dios Santo.
-Walter, esos tíos van a matarla y luego van a matarme a mí.
-Nota, oye… te dejas llevar por los nervios. Hasta ahora, lo que tenemos, según mi opinión son una serie de crímenes…
-¿¿y qué pasa con el dedo??
-¡¡¡OLVÍDATE YA DEL PUTO DEDO!!!

Diálogo 2

– No vi morir a mis amigos en Vietnam para que esa puta zorra se quedara con el dinero.
– Walter, ¡WALTER! Esto no tiene nada que ver con Vietnam.
– ¿Como que no? Tienen una relación muy directa.

Como curiosidad, se podría decir que la palabra ” joder o  follar” y sus variaciones es dicha 241 veces en la película. Alrededor de 2.5 veces cada minuto. Quizá el estilo de los diálogos estaba orientado a esta clase social, falta de argumentos y de facilidad de palabra, con mentes un tanto tocadas por las drogas, la guerra, el alcohol y las circunstancias. Digamos que esa forma de hablar entraba dentro de la obligada descripción de los personajes, puesto que de lo contrario no hubiesen sido creíbles. De todas formas, no deja de ser una cinta entrañable, seductora, entretenida, fantástica, con mil detalles que descubrir y con mil escenas con las que poder disfrutar. Un recuerdo que simplemente nombrarlo te motiva a, como mínimo, sonreír. El éxito de sus sucesivas revisiones está garantizado.

Marlon Brando

Publicado: 5 de diciembre de 2011 en Cine
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 “Un actor es una persona que no te escucha a menos que estés hablando de él”
(Marlon Brando)

Cuando oyes hablar de cine y quieres evocar las mejores interpretaciones que recuerdas su rostro es uno de los que suelen aparecer siempre. El magnetismo de este actor, para algunos quizá el mejor actor que ha tenido el cine, es más grande que su interminable carrera. El poder de seducción, su arrogante mirada y su desgarradora posesión de la escena provocan por lo menos que te sientas conmovido. Cuando se habla de actuar este es el actor. Cuando se habla de impactar ante una cámara, este es el rostro. Impenetrable, atrayente y perturbador. Marlon Brando consiguió marcar época dentro de la industria del cine, pero supo desarrollar su carrera, desarrollando su juventud de sus principios con la madurez de sus años, mejorando con el tiempo, dando lo mejor de sí. Un extraordinario genio de la interpretación que quedará para siempre en nuestras retinas y que, de alguna manera, forma parte de nuestras vidas.

Marlon Brando nació en Nebraska en 1924. Su familia paterna descendía de franceses que americanizaron su apellido original, ‘Brandeau’. Su afición por la interpretación le vino de la mano de su madre, una artista aficionada al teatro, al igual que a sus dos hermanas mayores.  Si en algo destacó ya de niño fue por su facilidad de observar a la gente e imitar sus gestos y ademanes. De adolescente fue rebelde, expulsado de varios colegios. Aunque su padre se lo recriminó en varias ocasiones siempre le motivó para que buscara su propio camino. Al joven Bud (como se le conocía familiarmente) le intentaron someter a la disciplina militar en contra de su voluntad en una Academia Militar de Minnesota pero ni incluso ahí pudieron enderezar su carácter. De hecho a los dos años lo expulsaron por insubordinación.

Los problemas de pareja de sus padres llevaron a su madre al alcoholismo y a la pronta emancipación tanto del joven Marlon como de sus dos hermanas. Y obligado a trabajar desde entonces probó diferentes profesiones, fue albañil y conductor de excavadoras. Mientras tanto, sus hermanas se trasladaron a Nueva York para probar fortuna en el teatro. Y a comienzos de 1943, con 19 años, decide irse a vivir con su hermana Joselyn con el mismo objetivo, aunque tuvo que dedicar horas del día a diferentes trabajos para ganarse la vida. La sucesión de ocupaciones demuestra la versatilidad de su carácter y la poca estabilidad laboral. Desde botones a lavaplatos, desde vendedor de refrescos a ascensorista en unos grandes almacenes. Todo mientras esperaba su  oportunidad.

Quizá su mejor decisión fue estudiar interpretación en la New School y, sobre todo, en Actor’s Studio. Esta escuela fundada en 1947, es conocida por su trabajo refinado y su método de enseñanza, según Konstantin Stanislavski, actor, director y administrador del Teatro de Arte de Moscú, el método de las acciones físicas, conocido como el ‘sistema Stanislavski‘, y que consiste básicamente en hacer que el actor experimente durante la ejecución del papel emociones semejantes, parecidas a las que experimenta el personaje interpretado; para ello se recurre a ejercicios que estimulan la imaginación, la capacidad de improvisación, la relajación muscular, la respueta inmediata a una situación imprevista, la repoducción de emociones experimentadas en el pasado, la claridad en la emisión verbal. El sistema es el resultado de muchos años de esfuerzos por parte de Stanislavski para determinar cómo una persona puede controlar el rendimiento en los aspectos más intangibles e incontrolables del comportamiento humano, tales como las emociones y la inspiración artística.

El Studio logró reconocimiento mundial bajo la dirección de Lee Strasberg, quien tomó su dirección en 1952. La lista de actores y actrices famosos que han pasado por él es interminable: Paul Newman, Jane Fonda,  James Dean, Marilyn Monroe, Dustin Hoffman, Robert de Niro, Jack Nicholson o Steve McQueen, por poner sólo unos ejemplos se formaron allí. Sus primeros pinitos fueron pequeñas obras de teatro clásico que le sirvieron para foguearse hasta que Elia Kazan se fijó en él para su estreno en Broadway de la obra de Tennessee Williams ‘Un tranvía llamado deseo‘ (1951). Ahí comenzó verdaderamente su carrera. Logró que todo Broadway hablara de él. Y fue precisamente ese éxito teatral el que provocó el estreno de la versión cinematográfica.   Brando supo trasladar a la pantalla toda la fuerza con la que había invadido al personaje de la historia y bordó el papel, pero gracias al cine su éxito y fama se multiplicaron irremediablemente. Fue también su primera nominación para los premios Oscar. Y se dice que esa película provocó el nacimiento de un icono único en la industria del cine y un mito dentro y fuera de dicho arte.

Con sus siguientes películas estuvo nominado al Oscar también : ‘¡Viva Zapata!‘ (1952), ‘Julio Cesar’ (1953), pero fue gracias al personaje que encarnó en  ‘La ley del silencio‘ (1954) por el que consiguió su primera estatuilla y por el se reconoció su primera trayectoria como actor. Lo cierto es que nuevamente bordó su papel en la piel de un individuo ex boxeador que se busca la vida en los muelles de Nueva York. El personaje olía a premio desde el principio y así fue. Como se supo por sus memorias, nunca fue consciente exactamente del alcance de su imagen y del efecto de su fama, de su alabada rebeldía. Pero más títulos contribuyeron a aumentar dicha fama: ‘¡Salvaje!’ (1954), ‘Piel de serpiente’ (1959). Su versatilidad era evidente. Su facilidad para cambiar de personaje película tras película lo convirtió en una estrella, al alcance de muy pocos.

Pero si por algo destacó su personalidad entre lo que abundaba en Hollywood fue se aspecto rebelde. Encarnaba el inconformismo por encima de todo, no se acobardaba, trabajaba contra el star-system, siempre a espaldas de la industria, lo que ocurría es que esa imagen y esa pose convenía a la fábrica de sueños. Fue sin duda el mejor comercial del cine de Hollywood de la época. Sólo él era capaz de hacer vender un producto, fuera cual fuera. Rechazó muchas ofertas, pero muchas veces fue más por saturación que por ideología. Lo que eligió fue ir cambiando el género, lo que también contribuyó a variar su calidad, pero demostró su talento y su adaptación ante nuevos retos, contribuyendo todo eso a aumentar su prestigio. En 1958 interpretó a un capitán del ejército alemán en ‘El baile de los malditos’, convirtiendo la imagen del protagonista en alguien más cercano y más humano que lo acostumbraba a verse en los filmes bélicos de la época. Esa década de los 50 la cerró estrenándose como director en ‘El rostro impenetrable’ (1961), un western original y que no causó la sensación que debía y tampoco fue valorado suficientemente.

Y fue en la década de los 60 aprovechando la cima de su carrera cuando trabajó en: ‘La casa de té de la luna de agosto‘  y ‘Rebelión a bordo‘, para luego entrar en una fase de descenso en la que se alejó del cine. Pero fue gracias a Coppola que recuperó su fama y se consagró con su trabajo en ‘El Padrino’, lo que le llevó a conseguir un nuevo Oscar en su carrera. Galardón que rechazó. A partir de entonces, su vida comenzó un surrealismo total del que ya no pudo salir. Pidió 14 millones de dólares por aparecer en ‘Superman’ (1978), un ejemplo claro de lo que llegó a ser. Fue entonces cuando se convirtió en un actor mercenario que aceptaba todo según la oferta económica, acuciado por las deudas y los problemas económicos. Compró un atolón en Tahití en 1966 y sus diversos divorcios y dramáticas relaciones sentimentales le acabaron de hundir tanto psicológicamente como económicamente. Problemas con ex parejas, problemas con hijos, problemas con nuevas parejas. Un camino sin retorno que lo alejaron de lo que era su pasión, el cine. Tan sólo en aquella época rodó una película por la que todavía es recordado, ‘El último tango en París’. Su fama cambió, convirtiéndose en actor polémico, conflictivo y exigente.

Y esa condición y calificativo continuó cuando rodó junto a Coppola ‘Apocalypse Now’, cuando al llegar al rodaje se le vio extramadamente gordo y con la cabeza rapada, con lo que el director tuvo que improvisar y rodar la mayoría de las escenas entre sombras. Aún así, su poder de seducción frente a la cámara seguía siendo muy evidente. Nunca perdió su calidad ni su fuerza. Nunca fue menospreciado por su carrera, quizá sí por su actitud y su carácter. Pero nos dejó maravillosas escenas y películas inolvidables que seguirán siendo eternas. La controversia al respecto de sus miedos de infancia y los complejos de su carácter seguirán alimentando los rumores, pero no hay duda de que su temperamento le sirvió para caracterizar a personajes con una brillantez asombrosa. En el aspecto familiar el caos se apoderó de toda posibilidad de estabilidad. Brando fallecería en julio de 2004, con 80 años y enfermo de fibrosis pulmonar. Nos dejó una maravillosa carrera que nunca olvidaremos.

Woody Allen

Publicado: 29 de noviembre de 2011 en Cine
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‘En realidad, prefiero la ciencia a la religión.

Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire’

Describir a este personaje puede ser relativamente sencillo o no. Puede resultar complicado o no. Todo depende desde el nivel sobre el que nos dispongamos a describir su carrera. Una carrera, por otra parte, repleta de obras maestras y de ingenio por todos lados. Un personaje irrepetible que ha hecho las delicias de millones de espectadores, que posee una multitud de seguidores y fieles espectadores, con el cual es difícil traspasar la línea entre la ficción y la realidad, un personaje capaz de describir y mostrar las escenas más inverosímiles del ser humano urbano y cosmopolita, pero que, al mismo tiempo, inunda con sus paranoias y sus pensamientos todo lo que produce.

Allan Steart Königsberg nació en Nueva York en 1935, pero utilizó un alías para ser conocido profesionalmente o artísiticamente. Woody Allen es multifacético. Capaz de escribir libros, cuentos, poesía, relatos breves, guiones, libros y novelas, pero también capaz de tocar el clarinete en una banda de jazz  y de realizar multitud de películas. Puede ser visto como un privilegiado. Ese tipo de personas que han logrado incorporar todos sus gustos y aficiones dentro de sus trabajos. Sus inquietudes, sus sueños, sus manías, sus valores, sus ideales, todo está expuesto en su cine, en sus variadas películas. Una unión perfecta de gustos y aficiones, de música perfectamente elegida, de personajes curiosos, que parecen sacados del surrealismo para percatarte más tarde que pueden ser reconocidos en cualquier ciudad del mundo con algunos millones de habitantes.

Porque, si algo hay en la obra de este genial director que destaca por encima de todo, es que ha sabido describir fielmente su visión del Nueva York intelectual, burgués y sobradamente preparado. Un neoyorkino que ha vivido su especial infancia y juventud marcada por la relación con su familia y su religión. Proviene de una familia judía de orígenes ruso-austríacos, a la que el propio Allen define como «burguesa, bien alimentada, bien vestida, e instalada en una cómoda casa». NO es la visión objetiva de Nueva York. Es su visión particular. Es simplemente la visión que él mamó, en la que creció y en la que desarrolló su vida. Digamos simplemente que ha traspasado todas sus vivencias a la gran pantalla. No se puede decir que es lo que cualquier persona puede encontrar de esa gran urbe, sino que es lo que él ha vivido en primera persona y gracias a su inmensa imaginación le ha dado un vuelco para crear historias y personajes a la altura de un gran escritor. Porque ante todo, Allen es escritor. Un narrador de historias a veces sencillas pero con mensaje, de historias imaginativas pero con carácter, de historias divertidas pero llenas de intelectualidad y crítica. La sutileza y la ironía están usadas continuamente. El sarcasmo es otro personaje más dentro de su obra. Utiliza la técnica más básica para allanar el camino de unión entre lo que está contando el personaje en acción y el espectador pasivo que se sienta frente a la gran pantalla. Historias sencillas que dicen más de lo que parece en un primer momento. Muestra perfecta de que de vez en cuando un gran mensaje no tiene que tener una gran apariencia. A veces con un diálogo bien elaborado es suficiente para construir una gran escena. No hace falta mucho más.

‘La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema’

Allen se crió con las películas de Ingmar Bergman y de Federico Fellini. Cogió ideas de sus ídolos cómicos como Groucho Marx y Bob Hope. Todas ellos fueron influencias totalmente conocidas de la mano del propio director, que nunca ha negado su devoción por todos ellos. Temas variados, casi todos como autoanálisis de su propio carácter. Parecen todas las películas como terapia propia, autosugestión para disipar miedos, dudas y preguntas. Con los espectadores como invitados a su propia reunión de confesión pública. Historias de todo tipo, con el humor por estandarte, pero un humor especial, inteligente, a veces poco comprendido, rechazando el chiste fácil, indagando en la mente humana más allá de lo previsible, con notas de oscuridad o de luz según convenga, con aparente naturalidad, con sencillez.

‘El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida,

que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia’

Hasta los 8 años estudió en una escuela hebrea y después en una escuela pública. Ya desde niño se introdujo en el mundo de la música tocando el violín para pasar después al clarinete. Esa afición musical la utiliza para las bandas sonoras de sus películas asiduamente. Fué un niño solitario e introvertido. Tuvo aversión a las escuelas tanto primaria como secundaria. Con 16 años comenzó su carrera como humorista y a los 17 ya adoptó su apodo. Trabajó en solitario. Escribía chistes para enviarlos a columnistas de periódicos neoyorquinos. Con 18 ingresó en la universidad de Nueva York y entre otras materias estudió producción cinematrográfica. Pero no se interesó mucho por las clases y sí por las proyecciones de películas que tenía la misma asignatura. Dejó la universidad. Y dos años después consiguió su primer trabajo. Actuó en numerosos locales y en programas de televisión, hasta que consiguió la posibilidad de elaborar un guión y trabajar como actor en la película ‘What’s new, Pussy Cat?.

‘El amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas’

Y a partir de 1968 comienza una carrera meteórica que todavía no ha abandonado. Casi sale a película por año. Su primera realización ‘Coge el dinero y corre’ ya fue un gran éxito. A partir de ahí la lista es muy larga: ‘Bananas‘ (1970), ‘El dormilón‘ (1973), ‘Love and death’ (1975). En 1977 consigue su primer Oscar como director con ‘Annie Hall’ (1977) y se le reconoce como un director de primera línea. Es entonces cuando se decanta por ambientar sus películas en su ciudad natal, con ejemplos grandiosos como ‘Manhattan’ (1979), considerada como quizá la mejor película que ha rodado hasta la fecha, tanto por sus personajes, como por su fotografía y por su guión. Curiosamente, su público más fiel está fuera de Estados Unidos.

‘La única manera de ser feliz es que te guste sufrir’

A estos grandes títulos les han seguido una cantidad de películas con letras mayúsculas y muchos títulos ya no se pueden olvidar ‘Hannah y sus hermanas‘ (1986),  ‘Otra mujer‘ (1988), ‘Delitos y faltas‘ (1989), ‘Maridos y mujeres‘ (1992), ‘Misterioso asesinato en Manhattan’ (1993), ‘Balas sobre Broadway’ (1994), quizá en su mejor etapa, en la que destacó su afán por las historias personales y autocríticas. Una época introspectiva.

‘En mi casa mando yo, pero mi mujer toma las decisiones’

Con el paso de los años su visión global le ha hecho salir más de su Nueva York natal para adentrarse a filmar en ciudades amadas y en la búsqueda de talentos europeos y de un clima completamente nuevo y diferente. También los guiones han ido cambiando y se ha adentrado en un ciclo digamos vital dentro de su carrera. Realmente hace lo que quiere cuando quiere. No tiene dueños ni compromisos. Realiza lo que desea con la naturalidad de siempre. Y en los últimos años ha destacado por su sorprendente capacidad de no dejar a nadie indiferente. La crítica no le ha perdonado algunos errores pero su público sigue siéndole fiel. Y él sigue siendo fiel anualmente a su cita con su estreno. De su última etapa se pueden destacar los siguientes títulos: ‘Granujas de medio pelo‘ (2000), ‘Un final made in Hollywood’ (2002), ‘Match Point’ (2005), ‘Si la cosa funciona’ (2009).

‘Una película de éxito es aquella que consigue llevar a cabo una idea original’

Seguramente, si a cada uno de sus seguidores les preguntáramos por sus títulos favoritos nos daríamos cuenta que cada uno tiene los suyos. La lista es suficientemente larga como para elegir. Cada uno tiene sus gustos, sus personajes en la memoria, sus escenas inolvidables, pero la mayoría coincidiría en destacar su versatilidad a la hora de abordar historias y personajes, la facilidad con la que resuelve sus diálogos, su inagotable fuente de imaginación y su sencilla pero valorada técnica. Woody Allen no es un creador de grandes realizaciones, al contrario, siempre trabaja con presupuestos humildes dentro de la industria norteamericana cinematográfica, quizá porque no ha querido nunca hipotecar ni sus ideas, ni su talento, ni su forma de trabajar. Ha sido fiel a eso en todo momento y es lo que le ha llevado a su autorealización y la creación de auténticas obras maestras que nunca olvidaremos. Un auténtico placer para el disfrute, el conocimiento, el pensamiento y el encuentro con historias que ya forman parte de nosotros.

‘Para ti soy ateo. Para Dios, la oposición’

La naranja mecánica

Publicado: 22 de noviembre de 2011 en Cine
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La historia del escritor y compositor inglés Anthony Burgess es de esas que te dejan un momento para la reflexión. Nacido en 1917, tras la Segunda Guerra Mundial trabajó en Brunei y Malasia hasta que en 1959 sufrió un colapso y se le diagnosticó tumor cerebral inoperable, con lo cual las esperanzas de vida a largo plazo eran nulas. Este hecho le hizo escribir con la única intención de que su mujer pudiera vivir con holgura gracias a los ingresos provenientes de los derechos de autor de su obra. Se retiró de la enseñanza y se convirtió en escritor a tiempo completo. En un año y medio escribió 5 novelas, y parece ser que ese hecho, esa actividad artística tuvo consecuencias sobre su salud mental. El faltal desenlace no tuvo efectos reales. Y a partir de ahí escribió y publicó más de 50 libros con un gran abanico de temas a lo largo de toda su carrera. Pero si por algo ha sido conocido mundialmente fue por su novela ‘A clockwork Orange’ (‘La naranja mecánica’) escrita en 1962.

La historia estaba inspirada originalmente en un suceso vivido por el autor durante la Segunda Guerra Mundial, cuando él y su mujer fueron asaltados en 1944, siendo su esposa víctima de robo y de violación por parte de cuatro marines estadounidenses en las calles londinenses. Embarazada durante ese momento, la paliza que le propinaron sus atacantes le provocó un aborto. Burgess trató de escribir un libro describiendo la libre voluntad y la moral, la manipulación de los individuos por fuerzas como los sistemas políticos, la represión general, la corrupción del ser humano.

En 1971, el director Stanley Kubrick adaptó la novela de Burgess dándole el mismo nombre. Malcolm McDowell dio vida al personaje protagonista Alex DeLarge y bordó una de sus mejores interpretaciones de su carrera. La figura de ese psicópata social, carismático, enigmático, líder de una pandilla de matones londinenses a los que llama ‘drugos’ (del término ruso ‘colegas’) recorrió el mundo y su tratada imagen impactó en el público de la época. Pero el personaje aunque aparece como un sádico indomable tiene momentos para la cultura, escucha música clásica, a Beethoven particularmente; narra la mayor parte del filme en nadsat, una jerga adolescente ficticia que combina la lengua eslava (ruso), inglés y una jerga rimada cockney londinense. Alex se ve ninguneado e incomprendido por su familia y no deja de ser un individuo distante, lejano de la sociedad que le rodea, que busca un protagonismo aunque sea a costa de la violencia gratuita y de dominar tanto mental como físicamente a sus compañeros de fechorías.

Pero la película se adentraba en el mundo de los instintos humanos urbanos. Una joya diseñada por el gran director que pretendía describir a una sociedad enferma, dado que todo el entramado decorativo ya adivinaba una sociedad futurista, donde el grupo de delincuentes sólo parece ser un breve ejemplo de lo que se podría descubrir. Un grupo que disfruta con la violencia más gratuita, golpeando a indigentes por la calle, robando, violando mujeres, asesinando a personas inocentes. La ultra-violencia en su aspecto más frío, más distante con respecto al ser humano, dándole aspecto de placer, de comprensión y de auténtica malicia.

La estética de la película todavía hoy puede considerarse moderna y futurista en algunos aspectos. Nominada a 4 Oscar no consiguió ninguno finalmente. John Alcott nos descubrió una fotografía sorprendente de un paisaje londinense inédito. Película de culto que sigue enganchando a miles de espectadores y sus escenas siguen en la retina de muchos que descubrieron una historia dramática, crítica con la sociedad que nos rodea, donde los personajes parecen recordarnos a muchos que vemos cada día a nuestro alrededor. Una sociedad enferma que trata de utilizar la hipocresía para establecer los límites del bien y del mal y que utiliza la enfermedad del protagonista para alardear de curas infalibles para modernizar las mentes. Un análisis crudo de la realidad violenta que convive con el hombre dentro de todas sus urbes y que forma parte del subconsciente animal que llevamos dentro.

Temas actuales y candentes todavía hoy  como el pandillerismo juvenil, la violencia gratuita, las teorías conductivas. Al psicópata enfermo se le critica y se le encierra. Se trata de rehabilitarlo mediante nuevos métodos, utilizando una técnica de psicología conductista.  Una vez rehabilitado es rechazado por la sociedad, por su familia y por sus amigos. Además se encuentra con la sorprendente noticia de que sus propios compañeros de fechorías son ahora policías y agentes de la autoridad, sus padres se siente avergonzados por la figura de su hijo e incluso se han buscado un sustituto políticamente correcto, los pobres indigentes se lo encuentran por casualidad y es repudiado por todos, sin excepción. Nadie perdona. La misma sociedad agredida por él busca venganza. El ser humano reinterpreta lo acontecido con él hacia los demás.

Sus antiguos compañeros le secuestran y lo llevan a un bosque para golpearle, para vengarse de sus propias vejaciones hacia ellos. La huida descontrolada y totalmente aterrorizada le llevará casualmente a la misma casa que atacó, a reencontrarse con su víctima, aquel marido agredido y obligado a visionar la violación y asesinato de su propia mujer. La venganza no se hace esperar. Y en su intento por escapar de la terrible realidad intenta el suicidio como método de evasión. No lo logra pero sí que pone a los medios de comunicación en aviso sobre los métodos perpetrados por el Estado contra él.

El trabajo de Kubrick provocó algo de controversia, entre otros motivos porque la película, pese a haber sido filmada en Gran Bretaña, sigue la versión de la obra según fue editada en los EEUU, la cual no incluye el polémico capítulo final del libro de Burgess, en el cual el protagonista se regenera, pues al crecer unos años comprende que es preferible canalizar su energía de un modo constructivo. La escena final de la película hace sospechar todo lo contrario.

Verdadera obra maestra que convierte el genio de Kubrick y la historia de Burgess en la combinación perfecta para deleitarnos con una descripción real de la sociedad urbana, donde todos sus habitantes son sospechosos y donde nadie tiene la apariencia de la inocencia ganada; más bien al contrario, todos pertenecemos al grupo de los sospechosos habituales, por obra, por omisión, por complicidad y por hipocresía abonada al mundo real y trágico de la vida humana. Una descripción realista de unos hechos tristes pero cotidianos a la mirada de nuestros ojos.

Apocalypse Now

Publicado: 16 de noviembre de 2011 en Cine
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Joseph Conrad escribió la novela ‘El corazón de las tinieblas‘ ambientada en el África de finales del siglo XIX. John Milius y Francis Ford Coppola adaptaron dicha novela y crearon un guión cinematográfico ambientado en la guerra de invasión norteamericana en Vietnam. La película llevaría el título de ‘Apocalypse Now’ y se estrenaría en 1979. Aunque nominada a 6 Oscar (entre ellos mejor director y mejor película) sólo logró dos: uno a la mejor fotografía de  Vittorio Storaro y otro al mejor sonido.

Si algo trata de contar la película es el lado oscuro de la vida, de la guerra, de las personas y del mundo en general. Todo tiene dos caras. Todos tenemos dos caras. No todo es como imaginamos, como nos muestra y como aparece. No todos somos lo que aparentamos, ni lo que mostramos ni siquiera lo que imaginan los demás. Detrás de todo lo que aparece delante de nosotros, delante de nuestra propia vida, delante de todo eso que creemos real, aparece ese otro lado escondido, el lado oscuro, el lado al que todos temen, otra realidad, diferente al fin y al cabo, pero que nos hace reflexionar sobre la verdadera actitud humana y sobre el comportamiento del hombre por encima de todo. El lado animal del ser humano se sacude la parte racional del modo más agresivo posible, de la forma más imprevista.

Los mismos escenarios de la película son buen ejemplo de la descripción, desarrollándose con el paso de los minutos para ir cambiando hacia decorados cada vez más surrealistas, menos conocidos, más introvertidos. La película se va adentrando lentamente hacia ese otro lado, iluminando la perfección del caos, la muerte, la salvaje lucha humana por no desprenderse de su identidad. Escenas inolvidables que se guardan en la retina por su fuerte contenido de expresión y mensaje. La comunicación entre espectador e historia no permite ni un solo minuto al aburrimiento. Desde la primera escena hasta la última nos vemos sumergidos entre tinieblas humanas cada vez más intensas y decadentes. La suciedad extrema del ser humano en toda su intensidad. Una guerra absurda con enemigos invisibles, nutrida de hombres abandonados al alcohol y a las drogas, perdidos, abandonados, sin ninguna ilusión vital, con la única esperanza de terminar pronto con su suplicio existencial.

Coppola nos mostró una territorio de pocas esperanzas, donde el valor de la vida no tienen nada que ver con lo que estamos acostumbrados. Un capitán del ejército norteamericano (Martin Sheen) es enviado a Vietnam para adentrarse en la jungla donde deberá localizar y asesinar a un coronel de nombre Kurtz (Marlon Brando), un hombre enigmático, ex boina verde del ejército que ha creado su propio ejército y que ha creado un pequeño imperio dentro de la selva donde es adorado por un puñado de nativos de la zona. El tormento que sufre el capitán se irá empeorando a medida que se adentre por la jungla, navegando por un río donde se verá afectado por los poderes de la naturaleza, conflictos bélicos, infecciones y enfermedades. Con el paso de los días ese capitán se convierte en una copia exacta del hombre al que debe de asesinar.

El director también trató de experimentar sobre el trasfondo de los procesos mentales y morales que anidan en las personas que se encuentran sometidas a condiciones adversas, fuera de su habitual hábitat, condiciones que afectan de forma diferente a cada personaje que aparece en pantalla. Sus actos, sus conciencias, sus comportamientos y sus personalidades se ven examinados constantemente por las circunstancias.

El rodaje de la película se llevó a cabo en Filipinas y según cuentan se convirtió en un auténtico suplicio. Muchos rumores dentro y fuera del rodaje que aumentaron los enigmas acerca del guión. Un reparto de actores de lujo que supieron interpretar cada uno su papel de la forma más espectacular. Un M. Sheen que quizá bordó su mejor trabajo en toda su carrera y un final apoteósico interpretado por la gran sombra de un Marlon Brando que, aunque dio bastantes quebraderos de cabeza tanto al director como al productor, ofreció otra brillante interpretación y maravilló por su calidad.

La historia de un hombre con problemas que le encargan la difícil y peligrosa tarea de llevar a cabo una misión por un enclave imposible. Historia que mezclar el horror de la guerra en toda su extensión, los detalles más escabrosos de la mente humana, el caos general, hundido en el pozo de las miserias absolutas, bajos fondos de inutilidad humana buceando entre corales de sangre y destrucción. Ambiciones imposibles, locura incomprendida. Un descenso al infierno más cruel y el encuentro con un personaje (Brando) que consagra la búsqueda del ser humano por el poder y la gloria personificada en un militar cualquiera con altos grados de demencia.

Obra maestra llevada al extremo por un gran Coppola que supo extraer el miedo de los personajes, la crueldad, la cobardía y la valentía, la pérdida consciente e inconsciente de la moral y de la ética más liviana. Pérdida constante de la noción de realidad, de la verdad, demencia colectiva que se apodera de cuantos aparecen en la pantalla. Un dilema moral surrealista y lleno de catástrofe. Mentiras que vienen por parte de los gobiernos y que se van introduciendo dentro de una monstruosa guerra que tienen en el personaje de Brando la parte crítica hacia la sociedad norteamericana. La hipocresía de la sociedad encarnada por una persona.

Groucho Marx

Publicado: 11 de noviembre de 2011 en Cine
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‘El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido’

Groucho Marx se llamaba realmente Julius Henry Marx, pero si se le conoce mundialmente es por su nombre artístico. Creó un personaje difícil de igualar en el mundo del cine y del espectáculo y fue capaz de crear escuela. Ante todo fue escritor, pero también fue actor y comediante. Nacido en Nueva York en octubre de 1890 en el seno de una modesta familia de inmigrantes judíos-alemanes.

‘¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!’

Su madre Minnie emigró a EEUU desde Alemania junto a sus padres y sus hermanos y su padre Samuel, aunque nació en territorio alsaciano y su apellido era Marrix, al anexionarse Alsacia al Imperio Alemán tras la Guerra franco-prusiana de 1871, pasó a ser ciudadano alemán y su nombre quedó como Marx. También emigró a EEUU aunque siempre se le recordó por su orgullo por su pasado francés y se le conoció siempre con el alías de  ‘Frenchy’.

‘Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien’

Groucho, con 15 años, ya sorprendió a muchos iniciando su carrera artística como cantante solista. Años después comenzó a actuar junto a sus hermanos en vodeviles, en tríos y cuartetos musicales y también en revistas. La obra titulada ‘Coconuts’ que interpretaron entre 1925 y 1928 dio a los Marx su oportunidad en actuar en Broadway. Tras el primer éxito firmaron con la productora Paramount con la que hicieron varias películas, algunas inolvidables como ‘Los cuatro cocos’, ‘Plumas de caballo’ y ‘Sopa de ganso’.

‘No permitiré injusticias ni juego sucio, pero, si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared… ¡Y daremos la orden de disparar! ‘

Gracias al productor Irving Thalberg firmaron con la productora Metro Goldwyn Mayer donde realizaron películas que alcanzaron el éxito total. ‘Una noche en la ópera’ o ‘Un día en las carreras’ fueron dos de ellas. En la época de los 50, cada hermano continuó trabajando independientemente tanto en radio, televisión y cine. Pero Groucho fue el que mejor éxito tuvo, gracias a sus artes en la escritura y a un programa televisivo que se conoció con el nombre de ‘Apueste su vida’.

‘Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros’

La televisión le hizo llegar a miles de hogares norteamericanos y fue desde ahí donde cosechó fama dentro de una generación de ciudadanos que nunca llegaron a conocerle actuando en el teatro ni tampoco llegaron a ver sus películas. El mundo de la televisión puso a Groucho en su sitio, otorgándole un lugar entre los más grandes dentro del mundo del espectáculo.

‘Solo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si responde “sí”, sabes que es un corrupto’

Cuando falleció en Los Ángeles a causa de una neumonía dejó atrás una gran carrera, repleta de películas (18) y de millones de admiradores que fueron aumentando con el paso del tiempo. Porque quizá ese ha sido el rasgo más característico del humorista, con el tiempo ha ido ganando adeptos gracias a su genialidad. Nunca deja de estar presente gracias a sus maravillosas frases, a sus grandes elocuencias, a sus perspicaces salidas. Una maravillosa opinión de una vida que vivió en plena efervescencia y que nos descubrió a un personaje entre lo real y lo ficticio difícil de repetir.

‘Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota’

Ironía intrigante, sarcasmo agudo, la capacidad mental de este personaje traspasó todas las barreras. Con la televisión ganó en improvisación, en espontaneidad y en naturalidad. Los éxitos le llegaron poco a poco pero nunca dejaron de aparecer. La irreverencia fue su tarjeta de presentación y su peculiar estilo interpretativo, a menudo burlón, siempre descarado, provocó las risas de millones de espectadores y en la actualidad seguimos disfrutando de su intelecto. Personajes como él hacen falta en un mundo cada vez más serio, más triste y más decaído. Personajes como Groucho deberían existir en cada casa, en cada familia, en cada país y en cada gobierno. La realidad no nos deja ver las cosas absurdas, las locuras que adquieren un tono más conciso, más breve, más importante, más verdadero. Gracias a tipos como Marx sonreímos de otro modo, más perverso, más cómplice. Gente que nos hace sonreír siempre deberían ser considerados Dioses.

‘Odio a esos tipos que se presentan en tu casa dos horas antes de que empiece la fiesta. Les tienes que abrir en pijama porque no te has cambiado todavía y mientras te vistes a toda prisa para no hacerles un feo se beben todo tu minibar’


Carrington

Publicado: 2 de noviembre de 2011 en Cine
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“Ella tuvo muchos amantes pero sólo un amor”

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En 1995, el director Christopher Hampton estrenó la película ‘Carrington’, basada en la vida de la pintora Dora Carrington y su particular relación de amor con el escritor  Lytton Strachey. Basado en la novela de Michael Holroyd, el mismo director se encargó de escribir el guión por el que recibió el Oscar al  mejor guión adaptado y se apoyó tanto en una gran fotografía de Denis Lenoir  como en una impecable banda sonora del gran Michael Nyman.

Dora Carrington fue conocida como ‘Carrington’. Nació en Hereford (Inglaterra) en 1893. Asistió en su infancia a una escuela que promovía el arte y sus padres eran muy aficionados al dibujo. Ganó una beca para estudiar en la ‘Slade School of Art’ de Londres. Fue entonces cuando comenzó a utilizar su apellido únicamente (práctica habitual de la escuela). Su obra no fue muy conocida en vida pues acostumbraba a no firmar sus obras y apenas expuso. y murio en 1932. Fue pintora y decoradora.

Aunque no llegó a formar parte siempre se le asoció indirectamente con los miembros del Grupo de Bloomsbury, círculo de intelectuales británicos que durante el primer tercio del siglo XX destacaron en el terreno literario, artístico o social. El nombre del grupo se tomó del barrio de Londres que rodea al Museo Británico y donde habitaban la mayor parte de sus integrantes. Este grupo comenzó a reunirse en la casa de Virginia Woolf y de su hermana Vanessa que estaba casada con el crítico de arte Clive Bell. Todos coincidían en su gran desprecio por la religión, contra la moral victoriana y el realismo del siglo XIX. Todos se consideraban miembros de una élite intelectual ilustrada, de ideología liberal y humanista y casi todos habían estudiado en Cambridge o en el King’s College de Londres. Propugnaron sobre todo la independencia de criterio y el individualismo esencial.

Carrington se caracterizó por su ‘estilo de vida bohemio’, su larga y profunda relación sentimental con el Strachey (el cual era homosexual confeso) y sus escarceos homosexuales. Sus romances conocidos fueron con el pintor inglés Mark Gertler y con el escritor Gerald Brenan. Se casó con Ralph Partirdge pero compartió la mayor parte de su vida junto a Strachey. A la muerte de éste debido al cáncer fue incapaz de superar su pérdida y dos meses después se suicidó de un disparo. Su marido pudo salvarla de un primer intento de suicidio cuando intentó asfixiarse dentro de su coche, pero no pudo evitar el fatal desenlace. La vida junto al escritor le marcó de tal forma que su pérdida le creó un enorme vacío imposible de rellenar. Lo amaba profundamente.

La obra de Carrington está llena de retratos y paisajes, aunque también utilizó artes aplicadas y decorativas, llegando a pintar sobre cualquier superficie, como por ejemplo muebles, tejas, letreros, etc. Decoró vajillas. Con su muerte se llegó a valorar su obra y consiguió críticas muy positivas y valoraciones que en vida no alcanzó.

La historia de amor entre la pintora y el escritor traspasa fronteras. La naturalidad de sus caracteres. Su respeto muto. La adoración que sentían el uno por el otro. Su mutua comprensión. Llegaron al punto culminante donde los dos consiguieron complementarse, sin necesidad de recriminar nada, sin quejas, sin demandas, aportando tan sólo su confianza, sabiendo sacar del otro lo mejor, lo interesante, lo artístico, la esencia al fin y al cabo. Una relación de amor, donde el sexo quedó en un segundo plano, inexistente, innecesario, expresado de puertas hacia afuera, donde ninguno tenía atracción física por el otro pero donde la pasión intelectual era más fuerte que el impulso vital. Su comportamiento abierto, absolutamente extraño en esa Inglaterra victoriana de principios del siglo XX todavía hoy tiene algo de moderno, de rompedor de barreras, de transgresor, de irreverente frente a la sociedad conservadora que les rodeaba. Un ejemplo de complicidad más allá de los pensamientos y comportamientos, donde la pasión sobrepasa límites para adentrarse en el territorio de la ternura y el cariño. Los dos aprendieron a rellenar su espacio vital y sexual con la necesidad de relacionarse con otras personas, pero en la intimidad se juntaban, en la soledad se unían.

Su historia nos descubre sentimientos desconocidos, pasiones inconfensables, confianzas extremas y algo de soledad. Pues fueron simplemente eso, dos almas perdidas, abandonadas, sintiéndose solas y desamparadas, que se unieron para sentirse de forma diferente pero intensa, de forma exquisita y bella, y donde la fuerza del amor y del cariño pudo con el resto. Compartiendo mucho más que sus inquietudes, alcanzando el punto más alto que una pareja puede imaginar, lo sublime, el éxtasis, dos mentes unidas por una misma pasión: el otro.

James Dean

Publicado: 31 de octubre de 2011 en Cine
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James Byron Dean nació en Mario, Indiana (EEUU) un 8 de febrero de 1931. Murió a los 24 años víctima de un accidente de coche el 30 de septiembre de 1955.

Su inesperada y joven muerte supuso la consagración como uno de esos actores grandes por lo poco que pudo aportar en su carrera. Fue una lástima no poder haber contado más con sus participaciones futuras y sólo nos dejó tres grandes interpretaciones que todavía permanecen en nuestras retinas. Parecía nombrado a ser el gran adversario y compañero de generación de Marlon Brando pero se quedó todo en un proyecto lamentablemente.

El cambio de profesión de su padre que pasó a ser técnico dental antes de haber sido agricultor supuso el cambio de residencia de la familia Dean de Indiana a California. Su madre murió cuando el tenía 9 años. Su padre, sin posiblidad de poder cuidar de él envió al pequeño James con su hermana que vivía con su marido en una granja de Fairmount (Indiana). Durante esos años recibió la educación de un pastor metodista que se le supone haber influido en su formación, sobre todo en materias como los toros, las carreras de coches y el teatro. Llegó a ser un atleta popular, jugó en aficionado al teatro aunque nada destacado en su época de Instituto. Se decidió por estudiar dramatización.

Un día Elizabeth Taylor confesó algo que se había mantenido como un secreto en la vida de James Dean. Según la actriz, el joven James sufrió abusos sexuales por parte de dicho pastor y ese hecho le atormentó por el resto de su corta vida.

Su primera película como protagonista fue ‘Al Este del Edén’ (1954) gracias a que el director Elia Kazan le eligiera para encarnar el papel de Cal Trask.Kazan confesaría que lo eligió por su similitud con el personaje, introvertido, tosco, melancólico y apasionado. Durante su estancia en Hollywood el joven Dean salió con muchas mujeres pero se dice que el amor de su vida fue la actriz Pier Angeli a quien conoció durante el rodaje de la película. La madre de ésta se opuso a esa relación pero aún así estuvieron juntos durante un tiempo hasta que ella le comunicó que iba a casarse con el cantante Vic Damone. Según algunos de sus biógrafos, aquella decisión no sentó bien a Jimmy que incluso llegó a golpearla. El matrimonio de la actriz duraría poco puesto que fallecería en 1971. Dean no acudió al estreno de la película (9 de marzo de 1955) donde curiosamente Marilyn Monroe y Marlene Dietrich trabajaron como acomodadoras. Por ese papel recibió una nominación al Oscar.


Justo después conseguiría su segundo papel protagonista gracias a que el director Nicholas Ray le eligiera para encarnar a Jim Stark en ‘Rebelde sin causa’ (1955). Compartió trabajo con Natalie Wood. Fue entonces cuando regresó a Hollywood de nuevo cuando compró un Porsche Speedster 356 blanco descapotable. Y fue entonces cuando comenzó a correr en varias carreras.

El 1 de mayo de ese mismo año (1955) comenzó a rodar la que sería su última película ‘Gigante’ junto a Rock Hudson y Elizabeth Taylor. Encarnó otro personaje que se asemejaba a sí mismo, Jett Rink, solitario e introvertido. Durante ese rodaje participó en su cuarta carrera en la que se retiró por avería. Los estudios le prohibieron correr carreras durante el rodaje de la película, que se realizó cerca de la frontera de México. Por esa película también recibió la nominación al Oscar (que sería póstumo) junto a su compañero Rock Hudson aunque ninguno lo conseguiría. 

Durante el rodaje de su última película, Dean comró un Porsche Spyder 550, bautizado como ‘Little Bastard’ por Bill Hickman,  amigo personal del actor y también corredor y especialista en rodajes de escenas peligrosas con coches. Unos días antes de su muerte participó en un anuncio publicitario en el que advertía a los jóvenes sobre la necesidad de conducir con precaución y prudencia. Y cuando terminó el rodaje de ‘Gigante’ se fue a competir a una carrera de automóviles en Salinas, cerca de San Francisco. En un principio iba a llevar su Porsche en el remolque de su ranchera pero decidió a última hora conducir el coche a lo largo de la costa para hacerle unos cuantos kilómetros. Junto a él en el coche iba su mecánico Rolf Wütherich. Dean conducía a velocidad moderada pero tuvo la mala suerte de encontrarse con un Ford que circulaba a gran velocidad cerca de Cholame (California) conducido por un estudiante. Aunque trató de esquivarlo no pudo. El coche se incrustó por el lado izquierdo y Dean sufrió la rotura del cuello perdiendo la vida instantáneamente cuando sólo contaba 24 años. El conductor del Ford tan sólo tuvo fractura de nariz y el mecánico de Dean salió despedido fracturándose una pierna y la mandíbula.

La fama adquirida por el actor se multiplicó debido a su fatal accidente. Pasó a convertirse en una víctima joven y con un gran futuro. Las películas que rodó se convirtieron entonces en obras de culto, sus fans aumentaron de forma vertiginosa. Un gran actor que tuvo la suerte de encontrar unos papeles que encajaban perfectamente con su carácter y que supo aprovechar al cien por cien. Su afición por los coches fueron su final pero no dejó de seguir siendo un icono para millones de jóvenes de su época y un actor considerado por la crítica. Lo que pudo haber llegado a ser jamás lo sabremos pero su carrera estaba destinada a ser una de las más importantes de Hollywood. Nos quedan sus papeles, su trabajo, su talento. Una obra pequeña, escasa y de corta duración pero intensa, emotiva y con grandes dosis de emoción y amargura.



Clint Eastwood

Publicado: 24 de octubre de 2011 en Cine
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CLINT EASTWOOD nació en San Francisco, California (EEUU) en 1930. En su larga carrera ha sido actor, director, productor, guionista y músico. Comenzó su carrera en 1955, cuando tenía 25 años y en la actualidad sigue teniendo una gran facilidad para la creación.

Como no venía de una familia adinerada sus padres no pudieron costearle sus estudios universitarios con lo cual se vio obligado a comenzar a trabajar tras acabar sus estudios primarios. Durante esa época el joven Clinton realizó multitud de trabajos, desde leñador, albañil, pianista, bombero, obrero del metal, limpiapiscinas y un largo etcétera que le dio la experiencia necesaria para ganarse la vida por sí mismo. Durante su servicio militar realizó labores de instructor de natación con lo que consiguió un dinero extra que utilizó para pagarse unas clases de arte dramático en Los Angeles College. Con 23 años se casó con Maggie Johnson y con ella tendría dos hijos Kyle y Alison. Su debú como actor fue en una película llamada ‘Revenge of the creature’. Al año siguiente trabajó en varias películas y más tarde comenzó su carrera en series de televisión, como por ejemplo en ‘Rawhide’ en la que trabajó durante más de 6 años.

Pero si se recuerda o comienza a conocerse exactamente al actor Eastwood es a partir de la década de los 60 cuando comienza a trabajar con el director Sergio Leone en películas catalogadas como ‘Spaghetti westerns’,  rodadas muchas de ellas en el desierto de Almería (España). De esa época varios títulos permanecen en la memoria de millones de espectadores: ‘Por un puñado de dólares’, ‘La muerte tenía un precio‘, ‘El bueno, el feo y el malo‘. Se formó una imagen particular, de tipo duro, sin piedad, con carisma, solitario y enigmático, consiguiendo llegar a ser una gran estrella del cine.

Es entonces cuando se lanza a crear su propia productora ‘Malpaso Productions’ con las que crearé sus propias películas. Fue en esa misma época que acepta encarnar el papel que le dará la fama mundial y que marcará su carrera a partir de entonces. El papel de ‘Harry el sucio‘, retomando su imagen de hombre duro pero esta vez desde el punto de vista de guardián de la ley. A esa saga le siguió ‘Harry el fuerte’.

En 1986 se presentó como alcalde para la ciudad donde reside habitualmente (Carmel) y consigue el puesto pero sólo lo mantendría durante un año debido a que el puesto le impedía realizar películas. Fue la época en la que conoce a la actriz Sondra Locke y que provoca la ruptura con su ex mujer tras 25 años de matrimonio. La relación con Locke durará solo unos años hasta que conoce a la también actriz Frances Fisher con la que tendrá una hija. Tras siete años de relación se casaría con la periodista latina Dina Ruiz.

Pero si de algo hay que recordar a este polifacético personaje por encima del resto es por sus obras en el mundo de la dirección. Amante de la literatura, devorador de libros, escoge historias que le han impactado por su lectura y las convierte en películas. La lista de obras maestras realizadas por él sigue aumentando a medida que sus años van pasando. Aquí van algunas de las que prensa, crítica y espectadores han aclamado por ser verdaderas joyas cinematográficas.

Hay una diferencia clara y distante entre el Eastwood actor y el director. Con la primera carrera hizo fama pero no consiguió reconocimiento debido a la fragilidad de sus interpretaciones. Así como a sus débiles actuaciones. No hubo una actuación que impactara realmente o quizá no consiguió buenos guiones con los que poder desarrollar su carrera. Pero cuando se entregó a la dirección consiguió establecer los parámetros entre su deseo de hacer cine y lo que el espectador estaba contemplando. Esa magia la consiguió gracias a magníficos guiones que muchas veces eligió personalmente. Se hace muy difícil elegir entre una de sus maravillosas obras pero todas forman una carrera impresionante que hacen del Eastwood director uno de los mejores de su época. Una larga lista que ojalá siga aumentando para nuestro placer.

‘Bird’ (1988) Biopic del saxofonista de jazz Charlie ’Bird’ Parker, al que interpretó Forest Withaker.

‘Sin perdón’ (1992) Western por el que consiguió el Oscar al mejor director y a mejor película y la nominación a mejor actor. Eastwood resucitó el western, moribundo por aquel entonces, haciendo de forajido y acompañado por Morgan Freeman.

‘Un mundo perfecto‘ (1993) Kevin Costner se puso a las órdenes de Eastwood para dar vida a un fugitivo que toma a un niño como rehén, al que irá conociendo a medida que avanza la huída. Quizá la mejor interpretación de Costner en su carrera.

‘Los puentes de Madison’ (1995) La secreta historia de amor entre el fotógrafo Robert Koncaid y Francesca aún permanece en la retina de muchos amantes del séptimo arte.

‘Medianoche en el jardín del bien y del mal’ (1997) La adaptación de la novela de John Berendt cosechó un éxito de la crítica pero no tanto entre el público. John Cusak, Kevin Spacey y un jovencísimo Jude Law se repartieron los roles principales en un thriller con tintes dramáticos.

‘Mystic River’ (2003) Aclamada adaptación de la novela de Dennis Lehane en torno a la investigación del asesinato de una joven. Le valió el Oscar a Sean Penn (actor principal) y a Tim Robbins (actor secundario).

‘Million Dollar Baby’ (2004) Éxito mundial incontestable para la desgarradora historia de una joven boxeadora. Se llevó cuatro Oscars, entre ellos mejor película, director y actriz.

‘Banderas de nuestros padres’ (2006) La otra cara de la moneda fue la recreación de los homenajes a los soldados que (supuestamente) levantaron la bandera estadounidense en la batalla de Iwo Jima.

‘Cartas desde Iwo Jima‘ (2006) La cinta ambientada en Japón del díptico de Eastwood sobre la Segunda Guerra Mundial fue la que mejor acogida tuvo por la crítica. Le valió la nominación al Oscar a la mejor película.

‘El intercambio‘ (2008) Angelina Jolie encarna a una madre que lucha por la búsqueda de su hijo desaparecido, y se ve envuelta en una turbia investigación.

‘Gran Torino’ (2008) Eastwood nos presentó lo mejor de su repertorio como actor en su última interpretación hasta la fecha, dando vida a un agrio ex-combatiente de la Guerra de Corea.

‘Invictus‘ (2009) Nelson Mandela, el apartheid y el rugby motivaron a Eastwood para llevar al cine el libro de John Carlin ‘El factor humano’. Matt Damon y Morgan Freeman se repartieron el protagonismo.

‘Más allá de la vida ‘(2010) Clint alcanza de nuevo éxito de público con las historias de tres personas que se cruzan y a las que la muerte persigue de distintas forma.


Hacia rutas salvajes

Publicado: 17 de octubre de 2011 en Cine
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Jon Krakauer publicó un libro titulado ‘Into the wild’ en 1996 y se convirtió en un éxito de ventas. La historia contaba la vida de un joven norteamericano que tras finalizar sus estudios universitarios decide alejarse de la sociedad por completo. Lo primero que hace es cambiarse el nombre y de Christopher McCandless pasa a denominarse Alexander Supertramp. Abandona sus posesiones y dona sus ahorros (24.000 dólares) a la caridad. Eso incluía todo los lujos, todas las comodidades con las que estaba familiarizado hasta entonces. Sus gustos literarios, cercanos al existencialismo lo llevan a tomar semejante decisión para convertirse en un trotamundos. Atraviesa varios estados, en un viaje que le llevó más de dos años hasta que la aventura le incita a tomar la postura de vivir alejado de todo el mundo, en contacto únicamente con la naturaleza. Su idea le hace vagar hasta que llega a Alaska.

Encuentra un viejo autobús abandonado y le sirve de refugio y hogar improvisado. Aprende a vivir en esa escena, con un viejo fusil para cazar y un libro sobre plantas silvestres comestibles. Fue escribiendo sus experiencias en un diario. Y con la búsqueda de sus eternas respuestas a dudas existenciales llega a la tremenda conclusión de que para ser feliz, para poder disfrutar de la vida, necesita estar rodeado de gente. Se da cuenta de que nada tiene sentido y si lo que siente, lo que disfruta, lo que verdaderamente le hace vivir, no lo puede compartir con nadie. Es ahí donde está la fábula de la historia. Nada que disfrutemos en la vida se puede hacer siempre de forma solitaria. Necesitamos la compañía de gente aunque sólo sea por unos momentos. No siempre pero sí en determinados momentos. El hombre es ser social, no puede luchar contra la evidencia. La búsqueda interior, la lucha por conocerse a uno mismo está enfrentada a la necesaria y continua compañía de otros seres humanos, con los que le toca compartir, tolerar, pensar, opinar, ayudar, construir, perder, ganar, llorar, comer, reír… En definitiva, vivir.

Sean Penn adaptó el guión y la llevó al cine. La dirigió también, formando un gran equipo junto a Eric Gautier (fotografía). El papel principal del protagonista recayó en Emile Hirsch, siendo éste su papel más importante de su carrera hasta el momento. La banda sonora realizada por Eddie Vedder consiguió varios premios y se le reconoció unánimemente por parte de la crítica especializada. La canción ‘Guaranteed’ ganó el Globo de Oro.

Excelente película totalmente recomendable. Gran banda sonora, gran fotografía, buenos actores y una gran dirección. Un guión adaptado perfecto y una historia que conmueve, no te deja indiferente y te hace pensar y reflexionar. Más de dos horas en las que te sientes a gusto por haberlas aprovechado bien. Películas que te dan el sentido a lo que el cine debería ser. Un entretenimiento enfocado desde el punto de vista del mensaje directo. Una excitante y cautivadora aventura que se mete dentro de ti y que te convierte en algo más que espectador, casi casi en protagonista.

Taxi Driver

Publicado: 5 de octubre de 2011 en Cine
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“Escuchad imbéciles de mierda,

aquí hay un hombre que va a cortar por lo sano,

un hombre que va a hacer frente a la chusma,

a la prostitución, a las drogas, a la podredumbre, a la basura.

Un hombre que acabará con todo eso”

***

Hoy toca hacer un homenaje a una obra maestra del cine. Se cumplen 35 años del estreno de ‘Taxi Driver’ (1976), ese gran clásico que con las sucesivas visiones no hacen sino volverte más loco. Y nunca mejor dicho. Porque de eso trata el argumento. Ambientada en el ambiente neoyorquino justo después del fin de la guerra de Vietnam, narra la historia de un ex-combatiente de esa guerra, sin mucha educación y una inteligencia limitada, que viéndose rechazado por la sociedad y sumido en una absoluta soledad en un principio, y por una voluntaria de un candidato a la presidencia de los EEUU después, debido a sus excesos, sus vicios pornográficos y su maltrecha personalidad, decide ponerse como objetivo el asesinato de ese candidato mientras pasa sus noches al volante de un taxi para ganarse la vida y combatir su crónico insomnio. Durante el transcurso de la historia conocerá a una prostituta infantil por la que sentirá compasión y a la que tratará de alejar de ese mundo en el que vive.

Las magníficas actuaciones de Robert de Niro, que facilitó su consagración como gran actor, y el descubrimento de Jodie Foster, que a pesar de sus sólo catorce años encandiló al público, unidas al gran guión de Paul Schrader, inspirado en el libro ‘Pickpocket’ de Robert Bresson, y a la gran dirección de Martin Scorsese que ya había despuntado con ‘Malas calles’ (1973) y que culminaría su gran inicio de carrera con el estreno en 1980 de ‘Toro salvaje’, no sirvieron todo ese conjunto de circunstancias para que la Academia de Hollywood la premiara como merecía a pesar de sus cuatro nominaciones, siendo derrotada ese año por ‘Rocky’.

A pesar de ser ignorada en su momento, con el paso de los años esta cinta ha permanecido como obra de culto para muchos, convirtiéndose en uno de los títulos más aclamados y representativos de esa década. La violencia, el machismo, el abuso, la prostitución infantil, la búsqueda de redención, la soledad, la angustia, todos esos géneros humanos tan rutinarios como esenciales en las sociedades de la época nos son cercanos ahora, en nuestra sociedad. Nos damos cuenta de que esa sociedad norteamericana sigue anclada en una guerra tras otra, con lo cual, individuos como Travis Bickle continúan habitando el planeta, dispuestos dentro de su solitario mundo, amenazados por la sociedad que los consume, a perpetrar crímenes fríos y calculados, arrebatando símbolos a la sociedad que odia, sintiéndose superior por un momento, creyéndose importante, protagonista de una escena aunque solo sea por un instante.

Una excelente fotografía de Michael Chapman supo admirar ese Manhattan alternativo, esa noche neoyorquina llena de matices, de personajes varios, de inquietas criaturas deambulando como fantasmas en la noche, en la oscuridad, en las cloacas sociales, en las más oscuras tinieblas de lo cotidiano.  Almas perdidas, humanos desconcertados coincidiendo unos segundos de su vida con gente que no tiene nada que ver con su vida, compartiendo algo más que cafés y cigarrillos. Inestabilidad mental a la orden del día, en una sociedad enferma pero usual, conocida, extremadamente normal.

Dura crítica social hacia la falta de cultura y educación. Absoluta falta de valores, pérdida inconsciente del respeto hacia los demás, hacia el prójimo y, en definitiva, hacia sí mismo. Dura crítica al sistema, un sistema podrido al que el protagonista culpa de su mala suerte y que provoca la ira y la violencia. Una magistral radiografía de esa salvaje sociedad urbana. Imágenes poderosas que siguen permaneciendo en nuestra retinas y que vemos repetidas en las constantes escenas cotidianas de la sociedad de nuestros días, como si los 35 años que han transcurrido desde entonces solamente hubiesen sido o significado 35 minutos.

“Los días se suceden con monotonía, uno tras otro, ninguno de ellos se diferencia del anterior ni del siguiente,

son como eslabones de una larga cadena,

hasta que de repente surge el cambio”

*** 

 

 

 

 

 

 

 

Érase una vez en América

Publicado: 2 de julio de 2011 en Cine
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“Te quité toda tu vida, y la he vivido en tu lugar,

te lo robé todo, el dinero, la mujer que amabas,

y a ti solo te dejé 35 años de dolor por haberme matado,

¿por qué no disparas?”

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El otro día ojeando unas imágenes de Brooklyn en los años 70 me acordé de esa fantástica película dirigida por Sergio Leone en 1984. Y creo que se merece un pequeño homenaje. La historia es un retrato de una pandilla de amigos de Nueva York a principios del siglo XX. La amistad de éstos se transforma en la formación de una banda que prospera rápidamente, llegando a ser unos importantes mafiosos. Nunca olvidas su banda sonora, su reparto, su dirección y, por supuesto, su fotografía.

Estas grandes películas que en un momento dado nos han marcado deberían tener por nuestra parte un pequeño reconocimiento de vez en cuando, al igual que esa canción que nunca olvidamos o ese libro que seguimos conservando y que cada vez que vemos descansando en nuestra estantería nos traslada hasta los momentos en los que descubríamos sus páginas. Al fin y al cabo, si nos damos cuenta, la vida que vamos viviendo está compuesta por pequeñas piezas que completan un puzzle, el puzzle de nuestra vida. Y cada pieza de este puzzle está diseñada por esos pequeños detalles que nos marcaron; ese libro, esa canción, esa película, esa noche, ese mar, ese plato, ese amig@, ese amante, esa luna, ese beso, esa caricia, ese viaje, esa frase, esa imagen, ese cuerpo, esa voz, ese roce, ese paisaje. Cada pieza va dando cuerpo al puzzle y, con el paso de los años, la imagen de nuestro puzzle va adquiriendo forma y tamaño.

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No somos capaces de desintegrar ninguna de esas piezas, porque una vez adquiridas ya forman parte de nosotros. Nos pertenecen. Además, quién querría deshacerse de alguna de ellas. Sería absurdo. Somos nuestro pasado. Y todo el pasado se refleja en nosotros, en lo bueno y en lo malo, en lo triste y en lo alegre. Somos los que hemos visto, lo que hemos sentido, lo que hemos vivido. Todo, absolutamente todo lo vivido nos pertenece. Y no hay que rechazarlo. Pertenece a nuestra memoria.

Pero evocar de vez en cuando los recuerdos hacia uno de esos momentos nunca viene mal. Algunos lo llaman melancolía, otros simplemente revisión del pasado. Dicen los historiadores que para entender el presente hay que conocer y estudiar el pasado. Lo mismo pasa con nuestras vidas. Para entender dónde estamos y porqué hemos llegado aquí y de qué forma lo hemos hecho tenemos que analizar nuestro pasado, desmontarlo en pequeñísimos momentos para ir componiéndolo de nuevo. Es un análisis duro y no exento de dificultad, pero es un ejercicio que nos equilibra y nos hace ser realistas con nosotros mismos.

Analizar tu pasado quiere decir que te vuelves a encontrar con tus errores, con tus fracasos, pero también con aquellos pequeños momentos de felicidad, inigualables, inconfundibles, especialmente inolvidables. Alguna sonrisa soltaremos y, seguramente también, alguna lágrima. Porque tenemos derecho a sentirnos melancólicos. No significa que tiempos pasados fueran mejores sino que los vivimos y su recuerdo nos hace felices de nuevo, aunque no fueran buenos momentos.

Hay gente a la que no le gusta recordar su pasado. Quizá porque se ofusca en querer eliminar lo que no le gustó. Pero ese no es el camino. Porque volver a recordar las páginas de nuestro libro sirve para enfrentarnos con nuestro propio yo y eso nos hace más fuertes, más grandes. Muchas veces, mientras estás envuelto en la rutina diaria recordamos algo y nos preguntamos porqué hicimos tal cosa y no la otra. Y para saberlo debemos parar, sentarnos y pensar. Trasladarnos hasta ese preciso instante y recordar todos los detalles del momento. Es un ejercicio arduo pero edificante. Es un reencuentro con nuestro propio yo, otro yo, pero nuestro yo.

Trasladarse a una escena del pasado es entenderse de alguna manera. Y mientras nos vamos entendiendo, vamos comprendiendo el porqué de muchas cosas. Porqué leímos aquel libro, porqué hicimos aquel viaje, porqué conocimos a aquella persona, porqué tomamos aquella decisión… Todas esas preguntas que nos hacemos tienen respuesta y solamente hay que buscarla. Y cuando la encontremos nos conoceremos mejor, nos entenderemos mejor a nosotros mismos y eso será lo verdaderamente importante.

Daremos gracias por haber vivido esos momentos porque entenderemos que son nuestros momentos, que nadie nos los puede quitar. Nos es familiar esa fotografía de un anciano sentado en un banco del parque, inmóvil, con la mirada perdida, pensativo. Muchos dicen que al llegar a esa edad es cuando uno puede ir desgranando momento a momento todo lo que ha vivido durante su vida, durante su viaje. Y parece como si de alguna manera ese anciano estuviera haciendo balance de todo lo vivido. Pero no debemos esperar a ser ancianos para recrearnos en algo que es tan evidente, nuestro pasado está ahí ya, no hace falta esperar a ser ancianos. Debemos abrir sus páginas y revivirlo, reconocerlo, comprenderlo.

Dicen que malgastamos el presente pensando en el futuro. No llegamos a sacarle todo el fruto que tiene. No valoramos lo que estamos experimentando ahora. El ahora es igual de importante que el mañana y que el ayer. El ayer nos ha ayudado a fabricar nuestro hoy y ese hoy nos hará fabricar el mañana. No debemos saltarnos ninguna casilla porque cada una tiene una importancia vital.

“La edad se me marchita. Los dos hemos envejecido. Nos quedan los recuerdos, nada más”

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