Las malditas prisas

Publicado: 22 de marzo de 2015 en Artículos
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prisas

“La rapidez que es una virtud,

engendra un vicio,

que es la prisa”

(Gregorio Marañón)

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Uno de los mayores problemas de las sociedades actuales es la prisa. La prisa que delatamos en el rostro. La prisa que nos contagian. La prisa que contagiamos. Esa misma. Una prisa que es imposible de hacer invisible, o acaso disimularla. Un problema humano que genera nerviosismo, ansiedad y estrés. De hecho, el estrés, junto a la depresión, son las enfermedades del siglo actual. A lo largo de la historia, el ser humano ha sufrido terribles enfermedades, cada una en una época, en una circunstancia, en un entorno determinado. Con la evolución y el paso del tiempo, las enfermedades se han desarrollado también. La ‘modernidad’ ha traído consigo nuevas enfermedades que, no por nuevas, dejan de ser igual de preocupantes y peligrosas.

Hoy lo queremos todo pronto. Y, si es posible, ya. Nos hemos acostumbrado a conseguir todo rápidamente. El deseo llega, se consume y se esfuma. Hemos aprendido a tragar de todo a una velocidad pasmosa. Ya sea un momento mágico, un paisaje, una canción, una película, un beso, una noche de sexo, una charla, un libro o una cena inolvidable. Ahora todo pasa de una forma vertiginosa, casi sin darnos cuenta. No sabemos deleitarnos con nada. Y de las prisas, las malditas prisas, no salimos. No sabemos parar, mirar con detenimiento, con pausa, tomándonos el tiempo necesario, desarrollando todos los sentidos que necesitemos en ese instante, gozando del mínimo detalle. No queremos esperar. La pérdida de tiempo esta sobrevalorada.

“Tanta prisa tenemos por hacer,

escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad,

que olvidamos lo único realmente importante: vivir”

(Robert Louis Stevenson)

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La prisa nos genera un estado de nervios constante, nos hace estar pensando en lo que vendrá a continuación, sin margen a entender, asimilar y/o analizar lo que está ocurriendo ahora mismo. Parece que nos falte tiempo y, lo que ocurre realmente, es que no sabemos manejar nuestro tiempo. Algo totalmente diferente. Y nos llama la atención esa persona calmada, que se toma su tiempo, que parece no tener prisa, que utiliza su vida manejando sus tiempos, creyendo que le falta una velocidad, o que le falta ‘sangre’, cuando realmente lo que hace es vivir el momento, su momento. En lugar de fijarnos y aprender de ella, la criticamos. 

Un momento, el que sea, ya puede ser rutinario o mágico, tenemos que saber interpretarlo. Para ello, no nos queda más remedio que concentrarnos. Dejar todo lo que estamos haciendo (pensar, meditar y planear), y enfocarnos en lo que precisa ese momento. A partir de ahí, el resto viene solo. Pero, lo mejor de todo, es que podremos llegar a saborearlo. Con prisas, será imposible. Ya dicen que son malas consejeras. La precipitación y la urgencia, son problemas derivados que no permitirán que actuemos en consecuencia. Lo sabemos. Pero no aprendemos. Todo tiene que ser ya. Todo tiene que aparecer y ser vivido ya. Y, tal como viene, se va. Y a por el siguiente. Somos devoradores de momentos, sin tiempo a ordenarlos, a clasificarlos y, casi, a recordarlos.

La sociedad de hoy es la de la incertidumbre. De la falta de estabilidad, de la inseguridad continua y de las prisas acumuladas. Del estrés continuo, que creemos que es natural, el que debemos aguantar porque es lo sobrevenido. O eso dicen. Estrés que manejamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Nos falta tiempo para todo, y todo pasa sin que nos demos cuenta. Un día vuela, la semana también, el mes ya se desvanece y los años pasan guiñando un ojo. No nos damos cuenta y estamos exhaustos, fatigados, agotados de estar en esa cinta que no se detiene, que va a toda velocidad, que no nos deja ni descansar. Hasta las vacaciones tienen que ser estresantes, ver cuántas más cosas mejor, visitar todo lo humanamente posible. No se puede perder ni un momento en una terraza tomando un café, observando a los peatones, perdiéndose en un mundo paralelo, que también es nuestro, al que tenemos abandonado, al que no dedicamos prácticamente ningún momento de ésos que evaporamos por arte de magia, con las malditas prisas.

prisa

Ser zurdo

Publicado: 21 de marzo de 2015 en Artículos
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“Encuentro tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás”

(Michel Eyquem de Montaigne)

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Ocurre habitualmente, cuando tengo que escribir algo, que alguien que está justo en frente de mí en ese preciso instante, lanza al aire automáticamente la misma exclamación:  ‘¡Eres zurdo!’. A pesar de que los años pasan, esta reacción se repite constantemente, y es algo que me hace meditar sobre el asunto. Ser zurd@ es tan natural como ser diestr@. Es una tendencia a utilizar preferentemente el lado izquierdo del cuerpo, ya sea la mano o el pie. De hecho, los seres humanos sólo tenemos dos posibilidades. O somos zurdos o diestros. Que el número de zurd@s sea menor que de diestr@s no quiere decir ni mucho menos que los primeros sean raros. Otra cosa es que los diestr@s, durante el transcurso y la evolución humanas, hayan pensado (erróneamente) que eran los ‘normales’, por ser mayoría, y que los que no actuaban como ellos eran los ‘raros’, la minoría. En cierta forma, es una manera un tanto ignorante de argumentar una posición. Pero, curiosamente, sigue siendo algo que sorprende y que trata de diferenciar a las personas. Aún más curioso, quizá, es que existan muchas personas (todavía una minoría mayor) que utilizan ambas manos o ambos pies, los ambidiestr@s, pero éstas, en cambio, son calificadas como personas muy hábiles y no raras.

Los zurd@s están presentes en todo el mundo. No tiene nada que ver con el tipo de sociedad ni de cultura. Se calcula que entre el 8 y el 13% del total de la población mundial es zurda. Y también está comprobado que el ‘fenómeno’ es más común entre los hombres (un 13%) que entre las mujeres (9%). ¿Razones? Se desconocen. Además, qué más da… Se efectuó un estudio en mujeres embarazadas para analizar el comportamiento de los fetos durante el estado de gestación, y sorprendentemente, se mantuvieron los mismos porcentajes de zurdos. Hay muchos zurdos entre los gemelos. Y la zona del mundo con más zurdos es Asia, seguida de la Europa del Este. La zona con menos zurdos es Europa Occidental, Europa del Norte y África. Las causas se desconocen. Tan sólo se conocen las estadísticas.

‘La diferencia entre genialidad y estupidez,

es que la genialidad tiene límites

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La ciencia explica que el uso de las manos depende de la dominación que hace el individuo del hemisferio de su cerebro, en este caso, si ordena el lado derecho del mismo se usará el lado izquierdo del cuerpo, ya sea la mano o el pie y viceversa. El cerebro humano controla el cuerpo de un modo cruzado y, casi siempre, el hemisferio izquierdo es el dominante. De ahí, que a quien utiliza el otro sea visto como raro o especial por el resto. Se oyen tonterías de todos los tipos acerca de los zurdos. Pero una que se repite con asiduidad es la que afirma que los zurdos son más inteligentes, añadiendo al dato una lista de célebres personajes de la historia que fueron o son zurdos para confirmar dicha teoría. Nada que decir al respecto, sino que se podría decir lo mismo de los diestros y añadir célebres personajes de la historia también.

Como la ciencia no tiene certezas sobre las causas de este fenómeno se han creado hipótesis. Y quizá son todavía peores. Se dice que puede ser por la genética (aunque si en la familia del zurdo no hay habido antecedentes familiares), incapacidad de utilizar la parte derecha, altos niveles de testosterona en la fase prenatal de los fetos (especialmente masculinos), estrés de nacimientos (lesiones del bebé en el embarazo o primeros meses de vida, y algunas más que sólo servirían para reírnos todavía más. Lo que indica todo esto es que se sigue pensando en muchos casos que ser zurdo es algo anormal. No hay nada peor para provocar leyendas urbanas que no poder explicar algo. Si alguna habilidad tienen los zurdos en este mundo que destaque por encima de los diestros es, precisamente, adaptarse al mundo de los diestros. Todo está pensado y diseñado para ser diestro. Algo que un diestro ni percibe, porque todo está pensado para su rutina. El zurdo, sin embargo, tiene que pensar un plan alternativo a la hora de utilizar muchísimos objetos cotidianos y que están pensados por y para diestros.

Una estadística que me causó sensación es aquella que afirma que el número de zurdos se reduce con la edad, es decir, que entre la gente mayor hay menos zurdos. Hay más zurdos entre los jóvenes que entre los viejos. Según los estudios, esa gente mayor que en su día fue zurda, sufrió presiones para dejar de ser zurda. Algo habitual décadas anteriores, y en muchas sociedades. Lo que no ha sucedido con las jóvenes generaciones. La ignorancia era y es evidente al presionar a un niño zurdo a dejar de usar su mano natural y comenzar a utilizar la derecha. Esas estadísticas son evidentes en muchos países, desde EEUU a Reino Unido.

Lo que sí está constatado es que los zurdos están siempre en desventaja con respecto a la sociedad donde viven. Casi todos los utensilios, herramientas, diseños de programas informáticos, bailes, muebles, los controles de cualquier aparato, etc. son para diestros. Los diseños para zurdos son escasos y, casi todos ellos, pedidos expresamente. Para un zurdo, el mundo está al revés. Lógicamente, con la evolución y los avances, se han disminuido los problemas, tanto para los zurdos como para las personas con discapacidades. Hoy ya se pueden encontrar todo tipo de objetos y utensilios para zurdos.

La zurdera desde tiempos remotos ha alimentado la superstición entre los diestros y ha entrañado persecución. Estaba considerado algo negativo pero para los diestros. La palabra latina ‘sinister’ (izquierda) tiene relación con siniestro (zurdo), la connotación negativa es evidente. Se acostumbra a atar la mano izquierda de los niños zurdos para que aprendieran a escribir con la derecha, sin pensar en los posibles daños mentales que le pudiera provocar. En la Antigua China, el lado izquierdo era el malo. Expresiones como levantarse con el pie izquierdo son también habituales. Incluso en el mundo islámico, una persona zurda es considerada sucia. En la India se utiliza siempre la mano derecha porque la izquierda se usa para limpiarse. La ignorancia parece no detenerse y mucho menos entiende de fronteras. Y aunque muchos lo llamen tradiciones y costumbres deja en evidencia que el ser humano sigue actuando en muchísimas ocasiones bajo los prejuicios y la falta de comprensión.

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La tranquilidad

Publicado: 20 de marzo de 2015 en Artículos
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“Cuanto más tranquilo se vuelve un hombre, mayor es su éxito, sus influencias, su poder.

La tranquilidad de la mente es una de las bellas joyas de la sabiduría.”

(James Allen)

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Sentir la tranquilidad en todo su sentido puede ser una forma de felicidad. De hecho, lo es. La tranquilidad tan apreciada, como necesaria en nuestras vidas, que nos deja evocar recuerdos, pensamientos, análisis y reflexiones. Esa tranquilidad que permite que veamos todo con su perspectiva idónea. Y cuando la encontramos, aunque sea por unos minutos, la sabemos reconocer. Puesto que nos hace sentir de una forma diferente. Nuestro estado de ánimo cambia, se convierte en otro. Sabemos que es el momento de relajarnos y dejar fluir todas nuestras emociones internas. Es el momento de dejar escapar el intelecto, el pensamiento en su más honda labor, ensanchar los caminos de nuestra vida y alimentarse de ello. Esos momentos de tranquilidad nos inspiran, nos relajan de tal forma que los apreciamos soberanamente. Y no es para menos. En los tiempos que vivimos, parece que la tranquilidad esté reñida con la vida, con nuestra vida.

Palabras como estrés, nerviosismo, aceleración, rapidez, inmediatez, se vuelcan en nuestras rutinas de una forma natural, y las aceptamos como buenas, aún a pesar de que sabemos que no son buenas compañeras de viaje. No está mal interpretar todo de otra forma, más pausada, más tranquila. Porque es ahí cuando reconocemos las verdades, con el tiempo suficiente y justo como para descubrir todos los detalles, sin dejarnos un espacio por investigar, cuando podemos notar los pros y los contras en su medida, sin errores, aceptándolos, examinándolos y tratando de corregirlos. Sin esa pausa necesaria todo se hace más complicado, de hecho, se hace casi imposible de analizar, y muchos menos de arreglar.

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“La tranquilidad perfecta consiste en el buen orden de la mente, en tu propio reino.”

(Marco Aurelio)

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Y lo curioso es que, a pesar de que sabemos exactamente lo que nos ocurre, dejamos que nos envuelva, como si dentro de esa vorágine de confusión y desorientación estuviéramos a salvo. Quizá va más allá, y nuestro comportamiento y nuestro dejar hacer es una muestra de que preferimos no pensar demasiado, que preferimos que las cosas ocurran y que las olas nos empujen, sin el menor esfuerzo, que lo que ocurra ocurrirá porque debe hacerlo, porque si hemos adoptado una postura es debido a que  las circunstancias han devenido así y ha sido ajeno a nuestra voluntad. Nos cuesta detenernos y pensar, parar todo por un instante y darle a los asuntos cotidianos y personales la importancia que merecen. Acaso porque sabemos de antemano que no son tareas fáciles ni sencillas de solucionar, sabemos que una vez que nos adentremos en los entresijos de los problemas necesitaremos tiempo, bastante tiempo para sacar conclusiones. Y decimos como excusa que carecemos de ese tiempo.

Pero gracias a la ansiada tranquilidad podemos alcanzar la paz suficiente, tanto a nivel personal como social, un equilibrio mental y físico que nos relaje lo necesario para meditar de otra forma. A partir de ahí, el nerviosismo o la inquietud parecerán lejanas y nuestro interior podrá corregir todos sus desequilibrios. Nos llenamos la boca de que deseamos la paz en todas sus formas, y no la ponemos sobre la mesa, preferimos la discusión, la no comunicación, los argumentos vacíos, las reacciones no meditadas, las formas más inverosímiles que no sirven para solucionar, añadimos problemas, quejas y reclamos, sin pensar en cambiar la perspectiva, no dejamos que la tranquilidad nos invada de cualquier forma para sentirnos mejor. A pesar de que sabemos que así será.

Alcanzar la tranquilidad externa nos permitirá más fácilmente conseguir la tranquilidad interior. Y gracias a ella podremos renegociar nuestras preocupaciones, pero con la paciencia necesaria, reflexionando tanto como necesitemos, sacando conclusiones que nos sirvan en el futuro, analizando los errores y los aciertos. Una tranquilidad interior nos hará crecer, nos permitirá elevarnos por encima de las nubes que nos cubren y veremos todo desde otra perspectiva, necesaria para solventar obstáculos. Hay gente muy dada a la búsqueda de su paz interior, de su otro yo. Y esa búsqueda provoca conocimiento. Otra gente prefiere seguir acumulando excusas, esperando, perdiendo el tiempo en asuntos que no le interesan, otorgando importancia a temas que no le van a servir para nada, olvidando lo importante. Hay gente que sabe apreciar la

La tranquilidad nos depara un mundo de sensaciones, nos abre la ventana a un espacio diferente, lleno de emociones y de sorpresas, donde es posible encontrar respuestas, donde es posible contemplar situaciones que no hubiéramos imaginado jamás. Porque la tranquilidad depara acontecimientos que benefician nuestra salud y nuestro estado de ánimo. La mente y el cuerpo unidos en una paz que no es idílica, ni ficticia, ocurre y a veces debemos provocarla. De nada sirve lamentarnos todo el tiempo. Debemos buscar esos lugares y esos momentos en que nos sentimos bien, tanto con nuestro entorno como con nosotros mismos. No cerremos puertas a la tranquilidad puesto que a la larga nos ofrecerá mucho. Quién se negaría a ello…

“Recuerda que cuanto más nerviosa esta la gente,

más provechoso es sentirte tranquilo.”

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Frases para despedir inviernos

Publicado: 19 de marzo de 2015 en Frases de portada
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‘La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora’ (José Ortega Y Gasset)

‘Siempre sueña y apunta más alto de lo que sabes que puedes lograr’ (William Faulkner)

‘Pero uno sabe cuándo ya no se le quiere, si está dispuesto a enterarse, cuándo todo se ha reducido a costumbre (Javier Marías)

‘Una mujer se vuelve a casar porque detestaba a su primer marido. Un hombre se vuelve a casar porque adoraba a su primera esposa (Oscar Wilde)

‘Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante’ (Ryszard Kapuscinski)

‘En el fondo son las relaciones con las personas lo que da sentido a la vida’ (Karl Von Humboldt)

‘En vez de amor, dinero o fama, dame la verdad’ (Henry Thoreau)

‘Ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante’ (George Orwell)

‘No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente’ (Francis Bacon)

‘Si deseas hacer enemigos, intenta cambiar algo’ (Woodrow Wilson)

‘Sólo en soledad se siente la sed de la verdad’ (María Zambrano)

‘Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor’ (Jacinto Benavente)

‘Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible’ (Hermann Hesse)

‘Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección’ (William James)

‘Desconfía de la persona que lo ve todo bien, y de aquel que lo ve todo mal’ (Johann Lavater)

‘Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza’ (Paul Géraldy)

‘Una parte de las personas actúa sin pensar y la otra piensa sin actuar’ (Ugo Foscolo)

‘No puedo volver al ayer, porque ya soy una persona diferente’ (Lewis Carroll)

‘Toda reforma fue en un tiempo simple opinión particular’ (Emerson)

‘Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad’ (Octavio Paz)

‘No hay necesidad de complicar las cosas si uno no pierde la cabeza y sabe quién es’ (Dylan Thomas)

‘Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente.’ (Daniel Glattauer)

‘Sentirlo todo de todas las maneras, saber pensar con las emociones y sentir con el pensamiento.’ (Fernando Pessoa)

‘No hay aventuras, no hay momentos perfectos…hemos perdido las mismas ilusiones, hemos seguido los mismos caminos…’ (Jean Paul Sartre)

‘Intentar volver…Debes desearlo aunque no estés seguro de hacerlo nunca’. (Javier Reverte)

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verdad

“El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.”
(Manuel Vicent)
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Siempre tratamos de encontrar la verdad. Al menos, en apariencia. Somos incrédulos por naturaleza y, a menudo, susceptibles de lo que vemos o nos cuentan. Aunque no tanto como deberíamos. La verdad absoluta no existe, al menos tal y como la consideramos. Y entre la verdad que nos revelan y la duda razonable el límite es demasiado pequeño. De hecho, las mentiras se mezclan bastante a menudo con ciertas ‘verdades’, creando un espacio indeterminado y difícil de denominar.

Demandamos sinceridad a todos los que nos rodean, a los que nos importan y los que no. Deseamos que nos expresen sus opiniones y sus sentimientos sin mentiras ni fingimientos. De una manera natural y sencilla. Y creemos que es fundamental que nos cuenten la verdad, sobre unos hechos, sobre unas opiniones, sobre todas realidades que aparecen de repente. Abogamos por la buena fe, por la honestidad de las personas, a sabiendas de que nos van a engañar seguramente, que nos engañan de hecho, que se engañan a sí mismas.

“La verdad triunfa por sí misma,
la mentira necesita siempre complicidad.”
(Epicteto de Frigia)
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La mentira es más humana que la verdad. Sobre ella se cimientan innumerables opiniones, hechos y sugerencias. Y si tienen base para crecer y evolucionar es por la credulidad de sus interlocutores. Y esa confianza en la mentira lanzada al aire se basa en pocos argumentos fiables, por no decir ninguno. Estamos hartos de escuchar: ‘Lo he oído’, ‘Me lo han dicho’, ‘Aseguran que…’, mil formas de plantear un hecho o una opinión sin ningún tipo de confirmación requerida ni exigida. Y mucho menos de rigor a la hora de contar algo. Decir se pueden decir mil cosas, y todas pueden resultar ser mentira o no, lo que pasa es que ya nos hemos acostumbrado tanto a ella que no le damos ninguna importancia cuando aparece de nuevo. 

Creemos en personas, en su buena fe, en su sinceridad  y honestidad, tal vez por un recorrido, por una trayectoria común, por una experiencia, pero no podemos poner la mano en el fuego por nadie por el conjunto de todo lo que cuenta y hace, tal vez porque en algún momento puede faltar a la verdad, por diferentes motivos, e incluso por necesidad. Cuando reclamamos la verdad debemos pensar antes si la queremos realmente o no. Puesto que es muy fácil remitirse a ella por costumbre, exigiéndola como salvoconducto para proseguir escuchando o avalando a la otra persona, pero sin reflexionar seriamente sobre las consecuencias que esa ‘verdad’ nos puede traer. 

“La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.”
(Antonio Machado)
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Nos hemos planteado hasta qué punto estamos dispuestos a escuchar la verdad. Hasta dónde somos capaces de saber y conocer sobre algo en concreto. Hasta dónde queremos llegar a escuchar sobre un asunto. Pensamos seriamente si queremos saber sobre todo eso que preguntamos e indagamos. O es mera curiosidad. Somos curiosos por naturaleza, es algo innato en los animales y los seres humanos. Buscamos información e interactuamos con nuestro entorno y con el resto de personas. Y ante ciertas dudas reclamamos respuestas. Y no siempre esas respuestas son veraces. La necesidad de información provoca a veces la falta de esa veracidad necesaria para conocer mejor, para opinar mejor. 

Necesitamos de la verdad pero debemos dosificarla convenientemente, además de valorarla en su medida. Y también debemos aprender a analizar todo cuanto nos llega, sea verdad o mentira, ser cautelosos ante opiniones y afirmaciones que no tienen base alguna. Y, sobre todo, tenemos que tener claro si queremos saber sobre algo o no antes de indagar sobre ello. La pérdida de tiempo y las consecuencias de nuestra búsqueda pueden llevarnos a la insatisfacción y a la desilusión. El tiempo es demasiado valioso como para perderlo en mentiras o medias verdades. Verdades que pueden llegar incluso a ofendernos.
“Y es que en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira.”
(Ramón de Campoamor)
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La foto de la semana (122)

Publicado: 17 de marzo de 2015 en Fotos de la semana
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“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.

Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos.

Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”

(Eduardo Galeano)

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Conocido en el mundo musical como Johnny Marr, John Martin Maher nació en Manchester, Reino Unido, en octubre de 1963. Es compositor, guitarrista, teclista y cantante. Su fama la alcanzó en los 80 al crear una banda pop junto a Morrissey denominada The Smiths. Y como todo se acabó. A partir de ahí comenzó un trabajo de colaboraciones con distintas bandas, tocando la guitarra para el grupo The The, apoyando la creación de Electronic junto a Bernard Sumner de New Order. Se reinventó en productor musical, grabando junto a Bryan Ferry, The Pretenders, Simple Minds, Talking Heads, Oasis o Pet Shop Boys, entre otros muchos. En el año 2000 creó la banda Johnny Marr and The Healers, aunque su primer álbum tardaría unos años en aparecer con el título de Boomslang. Ahí comenzó su andadura en la escritura de las letras y de la música. Nunca más retomó ese proyecto, a pesar de que la crítica estaba intrigada ante la posible aparición de su segundo álbum. A partir de 2006 se convirtió en miembro oficial de la banda Modest Mouse e incluso escribió algunas de sus canciones del álbum We were dead before the ship even sank. Curiosamente, ese disco alcanzó el número uno de la famosa lista norteamericana Billboard a finales de marzo de 2007, algo que Marr no había conseguido nunca. En 2003 fue reconocido por la revista Rolling Stone con el número 51 de los 100 mejores guitarristas de todos los tiempos. En 2008 probó fortuna con el grupo The Cribs, aunque es en 2013 cuando aparece en solitario finalmente con un álbum verdaderamente sorprendente: ‘The Messenger’, al cual le ha seguido ‘Playland’ (2014).

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‘THE MESSENGER’

JOHNNY MARR

Álbum: THE MESSENGER (2013)

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To see it in something

life you want it takes long

to see him so happy, you find you talking if you want

don’t wanna be a messenger

*

To see it in something

your eyes are opened and you’re on

I’m here and I’m ready

my time’s for taking if you want

who wants to be a messenger?

*

Who wants to be a messenger?

We could get going…

***

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