La ansiada búsqueda de la felicidad

Publicado: 6 de marzo de 2015 en Artículos
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feliz

‘La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte,
que pueden ocurrir pocas veces,
sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.’
(Benjamin Franklin)
***
Definir la felicidad ya resulta un primer obstáculo. Los filósofos griegos ya trataron de definirla y de averiguar cómo lograrla. Decía Aristóteles que la felicidad es aquello que acompaña a la realización del fin propio de cada ser vivo; la felicidad que le corresponde al hombre es la que le sobreviene cuando realiza la actividad que le es más propia y cuando la realiza de un modo perfecto. Dicho lo cual, parece ser que el concepto o la sensación podría variar en cada individuo y en cada momento de su vida. No se puede garantizar obtener o disfrutar de una felicidad duradera, puesto que ésta se mostraría o se sentiría en determinados momentos.
Para algunos la felicidad material de bienes puede ser suficiente, mientras que para otros se condensaría mucho más en los afectos provenientes de las personas que nos rodean y que nos transmiten cariño. Cada quien entenderá la felicidad a su manera. Y no por eso debe ser entendida por los demás. Aunque es evidente que durante el paso de los siglos, el ser humano ha tenido obstinación por alcanzarla. Desde que somos pequeños nos inculcan la idea de que lo más importante es ‘ser feliz’. Y qué significa eso exactamente,  porque para Platón, por ejemplo, la felicidad está en el movimiento tranquilo, en la evolución o el cambio sereno de las cosas, todas esas cosas que están incluidas y que se refieren a la vida misma. Quizá el significado filosófico de la felicidad entraba más en el terreno del alma que en el meramente físico. Para abreviar, la conclusión sería que siendo felices con nuestra alma lo seremos en todo el conjunto de nuestra vida. Y aquí aparecería un nuevo interrogante: ¿Qué es el alma?
‘Felicidad no es hacer lo que uno quiere
sino querer lo que uno hace.’ 
(Jean Paul Sartre)
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Si nos embarcamos en la ardua explicación de la felicidad quizá nos quedaremos a medias. Sin saber muy bien cómo salir del laberinto y sin sacar las conclusiones y respuestas que buscamos. Quizá lo más práctico es no buscarle significado, sino contenido. Es decir, uno sabe cuando se siente feliz. Es ese instante pletórico, que nos excita, que nos hace sentir bien, que nos indica que somos los más afortunados del mundo, que nos hace sentir especiales, que nos fabrica una sonrisa perpetua durante un buen tramo de tiempo. Todos sabemos apreciar ese instante de felicidad. Y lo transmitimos casi con total naturalidad. Es fácil determinar quién se encuentra disfrutando de un momento de felicidad con tan sólo observar su cara. Al igual que es sencillo observar todo lo contrario.

Hay muchas cosas que se pueden asociar a la felicidad misma. Conseguir un sueño que parecía imposible, luchar por una meta o un objetivo y alcanzarlo, disfrutar de una persona que amamos o por la que nos sentimos atraídos, la compañía de unos amigos o de la familia, un buen paseo, una comida inolvidable, una puesta de sol, el placer absoluto sentido en lo más hondo, en resumen, todo lo relacionado con lo que nos hace sentir bien aunque sea a distintos niveles. En general, nos damos por satisfechos albergando condiciones materiales óptimas, una posición social y económica agradable y estable, encontrar un trabajo que nos satisfaga y nos dé una renta suficiente para sufragar todas nuestras necesidades, etc.

‘La felicidad es interior, no exterior;
por lo tanto, no depende de lo que tenemos,
sino de lo que somos.’
(Henry Van Dyke)
***

Lo que ocurre es que aunque muchas de esas cosas las consigamos siempre parece haber un punto en el cual no estamos satisfechos o felices del todo. Es ese punto de insatisfacción que nos provoca llegar al estado de la ansiada búsqueda de la felicidad. Según el budismo, el consejo es buscar la felicidad no en esas cosas materiales y externas que nos rodean, sino en nuestro interior. ¿Sería esa la auténtica felicidad, la verdadera? A lo mejor, es que al partir de un principio erróneo, el mero hecho de pensar que de una determinada forma vamos a conseguir la felicidad, el resultado siempre es negativo. Puede parecer que somos felices en determinados momentos pero a la larga nos damos cuenta de que no, de que esa sensación desaparece tan rápidamente como llegó.

Si conseguimos estar bien con nosotros mismos, aceptándonos, analizándonos, sabiendo y conociendo todos nuestros defectos, errores, puntos que podemos mejorar como personas, podemos llegar a alcanzar ese nivel de auto confianza que nos generaría un sentimiento de, al menos, una satisfacción más perpetua, sin dejarnos llevar por los vaivenes condicionantes que la misma vida nos va poniendo en nuestro camino. Puede ser que la búsqueda sea el error en sí misma. NO se trata de buscar. Lo que importa realmente es estar bien con nosotros mismos. A partir de ahí todo se percibirá de forma diferente. La clave está en nuestra mente, ni más ni menos. Todo es más sencillo de lo que parece. Pero todo necesita de esfuerzo. Y aunque no necesitemos de esa búsqueda constante y un tanto frustrante, sí que tenemos que intentar conseguir introducirnos en nuestra mente. Llegar a conocernos del todo si es posible.

‘Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad.’
(Pearl Buck)
***

Los problemas parecerán menores. Los efectos de las adversidades también. Todo se relativizará convenientemente. Y no estaremos ansiosos por reconocer en cualquier instante ese momento de felicidad, puesto que nuestra misma actitud ya llevará la llevará incorporada. Dicho así resulta muy fácil de conseguir, pero no lo es en absoluto. De hecho, hay gente que no lo consigue durante toda su vida. El número de amargados es cada vez más evidente y numeroso dentro de la especie humana. Y habría que analizar el porqué, puesto que todo tiene una causa.

Nos han enseñado a consumir. Quizá demasiado. Quizá cosas que no necesitamos. Vivimos en un mundo en el cual el tiempo no se detiene nunca. Todo ocurre demasiado deprisa, sin darnos tiempo a degustarlo. Incluso los momentos de felicidad parecen efímeros. La superficialidad es la moda. Nada se analiza puesto que lleva tiempo hacerlo. Es mejor pasar página rápidamente, y si nos ahorramos un tiempo en ello mejor que mejor. Somos verdaderos magos de la transitoriedad de los sentidos. Subimos y bajamos a una velocidad de espanto. Hoy amamos y mañana odiamos. Hoy somos los más felices del mundo y mañana los más desdichados. Si nos paramos a pensarlo seriamente nos daremos cuenta de que algo falla. Y fallamos nosotros. No echemos la culpa al mundo que nos rodea. Nadie nos impone una actitud ante la vida. La formamos, la ideamos,  la mostramos nosotros mismos. Somos los dueños de nuestro estado de ánimo. Y es únicamente nuestra mente la que nos va dictando los estados transitorios de esas emociones que vamos teniendo.

Todos los seres humanos quieren ser felices. Es una realidad. Pero no todos lo consiguen. De hecho, cuando alguien de nuestro entorno nos comunica que se siente feliz casi no nos lo creemos. Parece tan complicado ser feliz… Y siempre pensamos que cuando seamos felices algo pasará que nos estropeará el momento mágico. Cambiar la perspectiva de las cosas ayuda a entender y a clasificarlas de otra manera, más sensata, más natural, sin vaivenes, sin altibajos. Todo se tiene que tomar con calma, meditando, analizando, sacando conclusiones, a partir de ahí comenzaremos a volar…y las alas llegarán solas.

‘¿Qué hace falta para ser feliz?
Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas,
un vientecillo tibio, la paz del espíritu.’
(André Maurois)
***

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comentarios
  1. GabSMarT PH dice:

    Y sin embargo a veces buscamos tantas cosas…

    Me gusta

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