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La foto de la semana (91)

Publicado: 29 de enero de 2013 en Fotos de la semana
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El día a día en muchos lugares de México y de otros países… 
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“La violencia es el último recurso del incompetente”
(Isaac Asimov)
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Ciudad de México

Publicado: 12 de octubre de 2012 en Rincones del Mundo
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Cuesta imaginar, caminando por todo su asfalto que lo cubre ahora, que esta cuenca del altiplano estuviera formada  por una sucesión de lagos. Y aún cuesta más imaginarse que el centro actual de la ciudad era un islote entrecruzado de canales. Pero tal y como cuentan las crónicas, los españoles que llegaron por primera vez a orillas del lago Texcoco a principios del siglo XVI quedaron asombrados ante tal estampa. Ese lago cubría una gran parte del valle de México cuando los primeros habitantes  llegaron a sus cercanías. Esa época era en el 30000 a.C. Con el paso del tiempo ese lago comenzó a menguar, conseguir comida, en concreto caza, se hizo cada vez más difícil. Hacia el año 200 a.C. un grupo de aldeas ya se habían asentado alrededor del lago. La más grande de la época era Cuicuilco, la cual quedó destruida por una erupción volcánica tres siglos más tarde.

Con el desarrollo de la economía apareció la civilización en Teotihuacán, justo unos 40 kilómetros al noroeste del lago, y durante siglos fue la capital de un imperio cuya influencia se extendió hasta los límites de Guatemala. Pero fue incapaz de sustentar a su población y cayó en el siglo VIII. Los toltecas, que eran descendientes de las tribus nómadas chichimecas se convirtieron en la siguiente potencia. Estos establecieron su capital en Tula, a unos 65 km al norte de lo que hoy se conoce como Ciudad de México. En el siglo XII, Tula también se colapsó y dejó una serie de pequeños  estados que se disputaron el control del valle de México. Pero los aztecas lograron la supremacía finalmente.

Los mexicas, conocidos como aztecas, llegaron un siglo después de la desaparición de los toltecas. Venían de Aztlán, una región mítica situada al noroeste. En su origen eran mercenarios de los tepanecas, que residían en la orilla sur del lago y les permitieron establecerse en el inhóspito terreno de Chapultepec. Cocoxtli, rey de los cohuas, los habitantes de Culhuacan, les envió a luchar contra el vecino Xochimilco. Huyendo de la ira de los clhuas, la tribu erró por las pantanosas riberas del lago hasta llegar a una isla, hacia el año 1325. Y cuenta la leyenda que vieron, posada en un cactus, un águila devorando una serpiente, algo que interpretaron como una señal para detenerse allí y construir una ciudad, que la llamarían Tenochtitlán. Y esta ciudad se convirtió rápidamente en una sofisticada ciudad-estado cuyo poder abarcaría gran parte del centro de México contemporáneo, desde el Pacífico hasta el golfo de México. Los mexicas construyeron la ciudad con un trazado en cuadrícula, surcada por canales que permitían acceder a la orilla del lago. Justo en el centro se encontraba el centro ceremonial con el Templo Mayor. Cuando los españoles aparecieron en Tenochtitlán en 1519 tenía una población que se acercaba a los 300  mil habitantes. Pero en todo el valle de México vivían cerca de un millón y medio de personas, una de las zonas más densamente pobladas del mundo. La toma de esta ciudad fue tan violenta  que quedó completamente arrasada. En la actualidad sólo quedan un puñado de estructuras de aquel período. Pero de esas ruinas apareció una ciudad virreinal repleta de iglesias, monasterios y palacios.

Lo triste es que ese valle descendió su número de habitantes a sólo cien mil en un siglo, pero la ciudad se erigió como la capital de la Nueva España. Se trazaron calles anchas y rectas sobre antiguos canales y pasos elevados. Las obras siguieron durante todo el siglo XVII pero surgieron problemas con las pesadas estructuras y se hundieron en el fondo del lago. El lago Texcoco se desbordada muy a menudo y dañaba edificios, provocando el desplazamiento de miles de personas. Pero en el siglo XVIII, con la construcción de sistemas de alcantarillado y recogida de basuras, se convirtió en la Edad de oro de la Ciudad de México, capital de una clase española y criolla, con minas de plata que daban poder económico. Ciudad de México entró en la edad moderna bajo el poder de Porfirio Díaz. Propició un auge constructor, se inauguraron teatros y mansiones de estilo modernista, los más acaudalados abandonaron el centro de la ciudad para instalarse en nuevos barrios situados al oeste. Se crearon vías de tranvía eléctrico, la industria tomó impulso. En el año 1910 la urbe poseía más de medio millón de habitantes. Pero tras la caída de Díaz en 1911, la revolución mexicana trajo hambre, enfermedades, guerras y depresión. Y tras esa época la ciudad tomó otro impulso, se industrializó, atrajo inversiones externas y más población, lo que produjo un cierto desequilibrio ante tal demanda de viviendas.

Pero el crecimiento de la Ciudad de México fue frenético, sobre todo a partir de los años 60 y 70. Cientos de miles de campesinos que buscaban sustento aparecieron en la ciudad en busca de un futuro. La población pasó de 8,7 millones a 14,5. La ciudad fue incapaz de soportar tal incremento y tuvo que extenderse más allá de los límites del llamado Distrito Federal (DF), con lo cual el llamado Estado de México experimentó un crecimiento increíble. De todos estos cambios tan repentinos se produjo un incremento de la contaminación y de congestión de tráfico que todavía hoy no se han podido solucionar. El metro solucionó el problema durante un tiempo y los intentos por reducir el tráfico también.

El hecho más triste de los últimos tiempos ocurridos en la ciudad fue el terremoto que asoló la urbe el 19 de septiembre de 1985, llegando a alcanzar los 8 grados en la escala de Richter que sacudió toda la ciudad y que provocó la muerte de más de diez mil personas, dejando sin hogar a mucho millares más. En la actualidad, el área metropolitana del valle de México alberga más de veinte millones de habitantes, lo que supone casi un quinto de la población total del país. Ciudad de México es un centro industrial, financiero y de telecomunicaciones. Sus industrias generan una cuarta parte de la riqueza nacional y sus habitantes consumen dos terceras partes de la energía nacional. Quizá el nivel de vida del país es el más alto. Desde 1997 consiguió la autonomía política. El Distrito Federal abarca 16 delegaciones (municipios) a su vez divididas en 1800 colonias (barrios).


“La pintura es una poesía que se ve sin oírla;

y la poesía es una pintura que se oye y no se ve;

son, pues, estas dos poesías o, si lo prefieres, dos pinturas, que utilizan dos sentidos diferentes para llegar a nuestra inteligencia.

Porque si una y otra son pintura,

pasarán al común sentido a través del sentido más noble que es el ojo;

y si una y otra son poesía, habrán de pasar por el sentido menos noble, es decir, el oído”

(Leonardo Da Vinci)

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Frida Kahlo se llamaba realmente Magdalena Carmen Frida Kahlo y nació en la localidad de Coyoacán (Ciudad de México), en julio de 1907, y murió en la misma localidad 47 años más tarde. Famosa pintora internacional que tuvo obstáculos físicos desde que fue pequeña pero que aún así supo sobreponerse a todos ellos para crear y crear durante toda su vida. Cuando era una niña sufrió una poliomielitis que le provocó una serie de sucesivas enfermedades, así como lesiones diversas. Eso le hizo estar nueve meses en cama y le dejó una importante secuela: una pierna mucho más delgada que la otra. Para recuperarse practicó varios deportes. Fue alumna del Colegio Alemán hasta 1921, o al menos eso parece, porque no se ha tenido documentación al respecto.

“Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar”

Pero en septiembre de 1925 sufrió un grave accidente cuando el autobús donde viajaba fue arrollado por un tranvía. Su columna vertebral quedó fracturada en tres partes además de sufrir diversas fracturas por todo su cuerpo. Siempre señaló que fue su forma personal de perder su virginidad. Fue un hecho que le marcó a partir de entonces en su vida. La mantuvo postrada en cama muchos meses y sufrió más de 30 operaciones quirúrgicas. Pero ese hecho le sirvió y lo utilizó para pintar de forma más continuada. Para aquella época ya había comenzado a frecuentar ambientes políticos, artísticos e intelectuales. Su ideología siempre se desvió hacia la izquierda, la influencia comunista estaba latente dentro de sus amistades.  Tiempo después se haría militante del Partido Comunista. Su vida fue espontánea, poco convencional, fuera de lo que se llevaba en su época y en su entorno.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Declarada bisexual, tuvo diferentes amantes distinguidos, entre los cuales estaba León Trotski, durante el exilio de éste a México, aunque se casó con otro de las grandes figuras artísticas mexicanas como era Diego Rivera en 1929. Su relación era amor, aventura, experiencias, relaciones con otras personas, un vínculo de amor y odio, pero muy creativo que finalizó en divorcio diez años después para volver a unirse un año después. A esa relación muchos la denominaron el amor entre un elefante y una paloma, por los físicos de ambos. Las limitaciones físicas de Frida nunca le permitieron tener hijos, algo que tardaría mucho tiempo en aceptar como una realidad en su vida. Diego le fue infiel en muchas ocasiones pero eso no rompió su unión. Diego amaba su pintura y era su máximo admirador y amigo. En cambio, Frida fue la mayor crítica para Diego. Tras su divorcio continuaron compartiendo multitud de cosas, su vida social, su vida artística y su vida política. Cuando volvieron a unirse llegaron al acuerdo de compartir gastos, arte, pero excluir de su relación todo lo que tuviera con el sexo.

“A veces prefiero hablar con obreros y albañiles que con esa gente estúpida que se hace llamar gente culta”

En 1953 se organizó en la Ciudad de México la única exposición individual que se realizó en su país mientras estuvo viva. Muchas críticas concluyeron que su obra y su vida iban de la mano sin discusión. Su obra era su propia autobiografía. La exposición fue un rotundo éxito. Pero tristemente ese mismo año le tuvieron que amputar la pierna por debajo de la rodilla por una infección. Eso supuso caer en una gran depresión que la llevó al intento de suicidio en un par de ocasiones. Fue el momento que aprovechó para escribir poemas, casi todos relacionados con el dolor y el sufrimento.

“Pinto auto retratos porque estoy mucho tiempo sola”

Frida tuvo la suerte de poder exponer su obra en New York y en París. Hasta esas exposiciones internacionales había pintado en privado y sin exhibir su obra a nivel público, y siempre le costó comprender que su obra pudiera tener interés en el resto del mundo. Y esa idea la tuvo durante mucho tiempo a pesar de recibir muy buenas críticas por parte de destacados pintores de su época, como Picasso o Kandinski. Con el tiempo su obra alcanzó fama y reconocimiento unánime, sobre todo después de su muerte y a partir de la década de los 70. Calificada como surrealista ella siempre negó ese hecho pues alegaba que siempre creaba en función de su propia realidad.

“Vé por el camino que desees, que la marea de la maldad te hunda y te entierre”

Murió en su localidad natal en julio de 1954. Fue velada en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y su féretro fue cubierto con la bandera del Partido Comunista Mexicano, algo que fue criticado por la misma prensa nacional. Fue incinerada y sus cenizas descansan en la Casa Azul de Coyoacán, el mismo lugar que la vio nacer. Su obra fue amplia, y se pueden contar más de 200 obras, aunque la mayor parte de ella se concentró en sus propios autorretratos, en los que intentó describir su lucha y su dificultad para intentar sobrevivir. La influencia de Rivera en su obra parece evidente, dado que compartió con él toda la identificación del arte popular mexicano con las raíces indígenas, al igual que otros pintores mexicanos de la época en el llamado período post-revolucionario. Es complicado clasificar su escuela aunque su obra se caracterizó por elementos expresionistas y surrealistas con temática popular.

“No sé si mis pinturas son o no surrealistas pero de lo que sí estoy segura es que son la expresión más franca de mi ser”

La Independencia mexicana

Publicado: 16 de septiembre de 2012 en Historia
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Habría que comenzar comentando que la política española con respecto a todas sus conquistas fuera de sus fronteras se podría adjetivar con una sola palabra: explotación. No hay que ser un gran historiador para darse cuenta de que la corona española vio en ese llamado Nuevo Mundo la gallina de los huevos de oro, un tesoro interminable desde el cual poder financiar las eternas guerras que realizaba en Europa, además de garantizar una vida de lujo para la nobleza y poder llevar el cristianismo a nuevos territorios, construyendo iglesias, palacios y monasterios tanto en España como por toda América. La corona creó leyes que le garantizaban una quinta parte de todo el oro que llegara de América. De ahí que también los conquistadores, los soldados y los colones vieran grandes posibilidades de futuro y de enriquecerse fácilmente y en poco tiempo. En México, durante el siglo XVIII, algunos de ellos habían amasado grandes fortunas gracias a la minería, al comercio y a la agricultura. Todos ellos poseían grandes haciendas y explotaban a todos sus trabajadores.

La ciudad de Querétaro se convirtió en un hervidero de criollos que fraguaron una rebelión contra el gobierno español. El padre Miguel Hidalgo la desencadenó desde su propia parroquia de Dolores el 16 de septiembre de 1810, fecha que ha quedado como fiesta nacional mexicana. Pero el camino hacia la independencia fue muy duro. El resultado fueron más de once años de lucha entre independentistas y realistas, así como la muerte de muchos de los líderes rebeldes. En 1821, el general rebelde Agustín de Iturbide se reunió con el nuevo virrey español Juan O’Donojú en Córdoba y ambos acordaron los términos para la independencia mexicana. Pero los siguientes años y las siguientes décadas del país como nación independiente no fueron un camino de rosas, todo lo contrario. Hubo mucha inestabilidad política y acabó en una represión tan grave que se convirtió en una revolución social. Es cuando apareció la lucha entre conservadores y liberales.

De todos los personajes históricos de esa época sólo uno de ellos era liberal: Benito Juárez. Los otros dos, Antonio López de Santa Anna y Porfirio Díaz comenzaron siendo liberales para acabar convirtiéndose en conservadores. Fue un momento duro para el país que vio como entre 1921 y mediados de la década de 1860 fue invadido por tres países, lo que condujo a perder grandes extensiones de territorio a manos de Estados Unidos y una época en la que vivió más de cincuenta cambios de presidente. Ninguno de ellos y ningún gobernante importante se preocupó por fomentar la educación ni la economía. El resultado de todo ello fue el aumento imparable de la corrupción. Todos los gobernantes que se fueron sustituyendo unos a otros fueron casi todos de origen español.

Uno de los personajes de la época fue el militar Santa Anna, famoso por haber derrotado a una pequeña fuerza invasora española en Tampico en 1829 y que dos años más tarde derrocó al presidente Anastasio Bustamante para ser elegido presidente en 1833, aunque si es conocido en la historia mexicana fue por su derrota a manos de EEUU en la famosa batalla de Texas en 1836 y sus pérdidas de territorio en la guerra de 1848 también a manos estadounidenses. Concluyó vendiendo las últimas zonas que poseía México en Nuevo México y Arizona por 10 millones de dólares, conocido con el nombre de Tratado de Gadsden en 1853. Ese hecho provocó la revolución de de Ayutla que echó a Santa Anna del poder.

Curiosamente, justo después, fue un indígena de Oaxaca, quien protagonizó el papel determinante en la historia mexicana. Su nombre era Benito Juárez. Miembro del nuevo gobierno liberal en 1855 impulsó la era conocida como Reforma, con la intención de desmantelar el estado conservador asentado en México. Fue nombrado presidente en 1861. Tras la invasión por parte de Francia tuvo que exiliarse con su gobierno a distintas provincias recuperando el control en 1866. Su ambición se vio contemplada con el programa de reformas económicas y educativas. Promulgó la escolarización obligatoria, construyó el ferrocarril en la capital y Veracruz y creó el cuerpo de Rurales (fuera policial rural) para asegurar el transporte de mercancías por todo el territorio mexicano. Por todo ello, Juárez es una de las pocas figuras históricas mexicanas que goza de una reputación intacta. Su lema era : ‘El respeto al derecho ajeno es la paz’.  

A Juárez le sustituyó Porfirio Díaz, quien gobernó 31 años entre 1876 y 1911. A este período se le conoce con el nombre de Porfiriato. Díaz fue el encargado de llevar a México a la era industrial, promovió numerosas obras públicas, líneas telefónicas y telegráficas, y una red ferroviaria muy notable. Libró al país de muchas guerras civiles. Por el contrario, prohibió la oposición política, las elecciones y la libertad de prensa. Despojó a los campesinos de sus derechos a sus tierras y los trabajadores se vieron en unas condiciones laborales terribles. El país se mantuvo en paz gracias a la acción del ejército y del cuerpo de Rurales, que ya se convirtieron en amenazas temibles para el pueblo. La tierra y la riqueza quedaron en manos de unos cuantos, una pequeña minoría. Todo eso provocó la revolución mexicana de 1910.

Esta revolución es conocida por los mexicanos como ‘la Bola’. No fue una lucha entre bandos definidos, tampoco entre facciones políticas. Hubieron constantes alianzas entre fuerzas y líderes de todas las tendencias políticas. Fue una década de anarquía y violencia que supuso la muerte de un millón de personas. En total supuso la pérdida de un 10% de la población total. Los conservadores fueron desbancados por reformistas y revolucionarios pero estos dos bandos nunca se pusieron de acuerdo. No se pudieron obtener gobiernos estables. Se cambió de una dictadura de Porfirio Díaz a un gobierno radical. Francisco Madero, un rico liberal de Coahuila fue encarcelado por Díaz para evitar que pudiera ganarle en las elecciones de 1910. Cuando fue liberado intentó alzar a la nación y consiguió que se creara una rebelión que se extendió por todo el país. Díaz dimitió en 1911 y Madero fue elegido presidente.

Pero Madero fue incapaz de apaciguar los ánimos de las facciones en lucha. Se crearon dos bandos bien diferenciados; por un lado, los reformistas liberales, liderados por el propio Madero; y por otro lado, un grupo de líderes más radicales, en el cual estaba al frente Emiliano Zapata, quien luchaba por el traspaso de las tierras de las haciendas a los campesinos con el famoso grito de: ‘Tierra y libertad’. En 1913, Madero fue derrocado por Victoriano Huerta, uno de sus generales que se pasó al bando de los conservadores. Madero fue ejecutado y Huerta se convirtió en presidente. Tres líderes del norte se unieron en su contra, conocida esta unión como el Plan de Guadalupe. Estos líderes eran Venustiano Carranza, Pancho Villa y Álvaro Obregón. Zapata nunca dejó de luchar contra Huerta. Pero, como siempre había ocurrido, volvieron a estallar combates entre las facciones vencedoras. Por un lado Carranza y Obregón lucharon contra Zapata y Villa. Aunque estos dos últimos nunca llegaron a firmar un acuerdo tácito de unión, con lo cual Carranza acabó venciendo. Los zapatistas reclamaron reformas en el estado de Morelos pero Carranza ordenó asesinar a Zapata en 1919. Un año después el mismo Carranza fue asesinado por orden de Obregón, su antiguo aliado. Pancho Villa fue asesinado en 1923. El resultado de diez años de batallas sin fin fue un reguero de muertes, pobreza, un país asolado y una economía en bancarrota.

Octavio Paz

Publicado: 24 de agosto de 2012 en Literatura
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“La soledad, el sentimiento y conocimiento de que uno está solo,

excluido del mundo, no es una característica exclusivamente mexicana.

Todos los hombres, en algún momento de sus vidas, se sienten solos.

Y lo están.

Vivir es separarse de lo que fuimos para acercarnos a lo que seremos en el futuro.

La soledad es el hecho mas profundo de la condición humana”

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La poesía es un género litearario considerado como la manifestación de belleza o del sentimiento estético por medio de las palabras, ya sea en verso o en prosa. Una modalidad textual. Actualmente, la poesía engloba múltiples facetas. Desde la lírica más clásica a la más moderna. La forma de combinar rítmicamente las palabras no es lo único que distingue la poesía de la prosa, pero hasta mediados del XIX era la mejor forma de hacerlo. Con el paso del tiempo, la poesía avanza entre los recursos tecnológicos y los científicos. Nuevas formas de manifestar un mismo concepto: desde la poesía ecologista, a la virtual, pasando por la metapoesía o la poesía de la conciencia. Sin embargo, se lee poca poesía y se fomenta todavía menos. Pero escucharla o leerla es sentirla y descubrir nuevos mundos, paralelos y humanamente posibles. Un lugar donde el ser humano se reencuentra consigo mismo.

Octavio Paz nació en la Ciudad de México (México) en 1914. Escritor y poeta mexicano. Nieto de escritor, ya de pequeño manifestó su atracción por la literatura y publicó sus primeros trabajos en diversas revistas literarias. Estudió Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional. En 1936 se trasladó hasta España para luchar en el bando republicano durante la Guerra Civil y al regresar a México fue uno de los fundadores de Taller (1938) y El Hijo Pródigo. Acabó estudios en Estados Unidos entre 1944 y 1945. Recibió más tarde una beca para ingresar en el servicio exterior mexicano.

“En todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación”

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En 1955 fundó el grupo poético Poesía en Voz Alta, también colaboró en la Revista Mexicana de Literatura y en El Corno Emplumado. Siempre defendió el arte contemporáneo y sus posiciones experimentales. Durante los años que residió en París hizo amistad con André Breton, pero también viajó por diversos países europeos y asiáticos, llegando a ser nombrado embajador de México en la India en 1962. Su obra tuvo muchos campos, desde la poesía hasta la narración, pasando por el ensayo y la edición. Fue un gran impulsor de las letras mexicanas y siempre se mantuvo dentro de la discusión política, artística y social de su país. Su poesía traspasó límites eróticos, experimentó formas y reflexiones diversas dentro de la propia naturaleza del hombre.

“Ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados”

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Más de quince libros de poesía, como por ejemplo: ‘Entre la piedra y la flor‘ (1941), ‘Salamandra’ (1962), ‘Pasado en claro’ (1975), ‘Poemas’ (1979), etc… Y otras tantas obras escritas en prosa, como: ‘El laberinto de la soledad’ (1950), ‘El mono gramático’ (1974), ‘Los hijos del limo’ (1974), ‘Tiempo nublado’ (1983), ‘Hombres de su siglo’ (1984). Cuando se habla de la obra general de Octavio Paz se suele separar en tres grandes fases: la primera es aquella en la que el autor quiso penetrar, a través de la palabra, en un ámbito de energías esenciales que lo llevó a cierta impersonalidad; con la segunda se adentra en la tradición surrealista, antes de encontrar un nuevo impulso con el contacto de lo oriental; y la tercera época, marcada por la lírica, cuando el autor mezcló el erotismo y el conocimiento.

“La poesía debe ser un poco seca para que arda bien, y de este modo iluminarnos y calentarnos”

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Por toda su obra se le concedió el Premio Nobel de Literatura en 1990, y es considerado como uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Sus obras abarcaron un gran abanico de estilos y de géneros. Criado en Mixcoac, su padre era abogado y estuvo involucrado en la reforma agraria que siguió a la revolución, fue diputado y colaboró activamente en el movimiento vasconcelista. Por todo eso, su padre se ausentaba del hogar familiar durante largos períodos. El joven Octavio estudió en el Colegio Williams, gracias a su abuelo comenzó su afición por la literatura y en su adolescencia descubrió autores como Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado. Y siendo adolescente escribió su primer poema. Con 19 años ya estaba considerado el poeta más joven de la capital mexicana. Su futuro se preveía esplendoroso.

“Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje”

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Estudió derecho en la UNAM y tras su viaje a Yucatán en 1937 escribió ‘Entre la piedra y la flor’ (1941), un poema que describía la explotación en el campo y en el campesinado yucateco. Al año siguiente se casaría con Elena Garro, con quien estuvo casado hasta 1959, y con quien tuvo una hija, Laura Helena. Se uniría después con Bona Tibertelli con quien seguiría hasta 1965, mientras fue embajador de México en la India. En 1966 se casó de nuevo con Marie-José Tramini, la cual le acompañaría hasta su muerte. En 1937 viajó a España en plena Guerra Civil y allí demostró su solidaridad por el bando republicano, pero se vio afectado por la represión contra los militantes del Partidos Obrero de Unificación Marxista en Cataluña, donde tenía algunos camaradas. Se desilusionó y abordó la denuncia después de los campos de concentración soviéticos y los crímenes de Stalin.

“Las masas humanas más peligrosas son aquellas

en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio”

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Gracias a una beca estudió en 1943 en la Universidad de Berkeley, en California, y eso le sirvió para trabajar como diplomáticos, destinado primero a Francia hasta 1951, donde se introdujo en el mundo de los surrealistas. En 1953 regresó a México para dirigir la oficina de Organismos Internacionales. En 1959 regresó a París y más tarde a la India. Estando en la India en 1968 se produjo la masacre de Tlatelolco en México y en seña de protesta renunció a su cargo de embajador, dejando claras sus diferencias con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. A partir de ahí se dedicará a dar clases en diversas universidades norteamericanas. Si tuviéramos que identificar su estilo poético seguramente nos resultaría difícil. No es fácil de encasillar. Se le ha nombrado como poeta existencial, como surrealista, neomodernista, todas pueden ser correctas y falsas. Tiene un poco de todo y de nada. No se adueñó de ningún estilo y siempre intentó cambiar de estilo, experimentó desde su propio estilo, siendo una poesía realmente personal y única.

“Quédate siempre detrás del hombre que dispara y delante del hombre que está cagando.

Así estás a salvo de las balas y de la mierda”

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Avenida Insurgentes (México, D.F.)

Publicado: 22 de julio de 2012 en Historia
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Hay tantas calles famosas en el mundo y tan emblemáticas. Hacer una selección de ellas no es fácil. Son muchas y variadas. Se reparte por todo el planeta. La Avenida de los Insurgentes tiene 30 kilómetros de longitud y es una de las arterias más importantes de la Ciudad de México. Atraviesa toda la ciudad de norte a sur y de sur a norte. Por el norte comienza su trayectoria en la intersección con la Avenida Acueducto de Guadalupe y se convierte en carretera que conduce al estado de Hidalgo. Por el sur termina en el cruce con Viaducto Tlalpan para transformarse después en autopista que conduce a la ciudad de Cuernavaca, ubicada en el estado de Morelos.

Por el norte su uso es básicamente habitacional y tras el puente de Nonoalco se transforma en una ruta eminentemente dedicada a servicios, comercio y oficinas. Esa característica se va acentuando conforme se avanza hacia el sur, y entre Viaducto Miguel Alemán y Copilco se puede decir que cobra su mayor dinamismo comercial, para convertirse en una elegante vía donde se combinan la existencia de restaurantes, centros nocturnos, corporativos, bancos, empresas de toda índole, almacenes, supermercados, centros comerciales o agencias de todo tipo. Su punto álgido se encuentra en colonias como la Del Valle o San Angel. Más al sur atraviesa el campus de la Ciudad Universitaria, en el recinto de la Universidad Nacional Autónoma de México (C.U.) tras el cual aparecen de nuevo los comercios y los restaurantes hasta la salida a Cuernavaca.

Durante su trayecto cruza 5 de las 16 delegaciones del Distrito Federal (Tlalpan, Coyoacan, Benito Juárez, Cuauhtémoc y Gustavo Madero). Se ha calculado que, en un solo tramo y en horas de mayor densidad de tráfico pueden cruzar más de mil vehículo por un determinado punto. Para finalizar que al mismo tiempo y durante todo su recorrido pueden estar circulando casi 400 mil vehículos al mismo tiempo. Más de un cuarto de millón de personas la transitan en los transportes públicos.

Tiene su origen en el año 1900 y por aquel entonces se la denominó ‘Vía del Centenario’, la idea era unir el centro histórico con el sur de la ciudad. Luego pasó a conocerse popularmente como Insurgentes hasta que con el gobierno de Miguel Alemán Valdés recibió oficialmente este nombre, en honor al ejército Insurgente, quienes jugaron un papel fundamental en la guerra de Independencia. Justo entonces se extendió al norte desde el Paseo de la Reforma y terminaba en la estación de trenes de Buenavista, la misma que fue derrumbada y reconstruida nuevamente a un kilómetro de distancia para poder ampliar dicha avenida. Actualmente, la Avenida se divide en tres zonas bien diferenciadas: Norte, desde los Indios Verdes hasta la Ribera de San Cosme; Centro, desde la misma Ribera hasta el Paseo de la Reforma; Sur, desde Reforma hasta el Monumento al Caminero.

En el año 2005 se inauguró un nuevo medio de transporte que recorre la arteria. Se le denomina Metrobús y sirvió para combatir el tránsito excesivo creado por la abundancia que había de microbuses que circulaban a diario por esta avenida. En marzo de 2008 se inauguró una ampliación de dicho servicio con lo cual se consiguieron casi 30 kilómetros de servicio repartidos en 42 estaciones y 3 terminales. Hoy se puede decir que es el corredor más extenso de todo América Latina. Se calcula que es utilizado por casi un millón de pasajeros a diario.


Si en algo destaca México es por su imponente arquitectura. Su patrimonio arquitectónico está fuera de toda duda. Por supuesto que se pueden distinguir diversos estilos y épocas arquitectónicas pero todas ellas prevalecen, perdura e iluminan el paisaje de cada rincón del país. Las antiguas civilizaciones mesoamericanas realizaron algunas de las más espectaculares construcciones de toda la Humanidad. Ejemplos claros son Teotihuacán, Monte Albán, Chichén Itza y Uxmal.

Todos ellos son espectaculares centros ceremoniales que pretendían en su origen causar la admiración, la veneración y el temor de los que los observaran, gracias a sus grandes pirámides de piedra, sus palacios y juegos de pelota. La arquitectura azteca era sencilla pero orientada a impresionar por su estructura y su grandeza y tamaño. La arquitectura maya se preocupaba más por la estética, con fachadas repletas de dibujos, cestrerías en los tejados de los templos y sinuosos relieves. Uxmal, Palenque son ejemplos preciosos, entre las más espectaculares de la propia historia del hombre. Las construcciones mayas se caracterizan precisamente por el llamado arco falso: dos muros de piedra apoyados entre sí que se van aproximando hasta casi juntarse en una albardilla de coronamiento.

Durante el período virreinal, la mayor parte de las mansiones, iglesias, monasterios y plazas que tanto contribuyen a la belleza de México, fueron construidos durante los 300 años de dominación española. Aquí resaltan varios estilos, destacando el gótico y el renacentista, que dominaron la arquitectura mexicana durante el siglo XVI y principios del XVII. El estilo gótico se caracteriza por sus airosos contrafuertes, arcos puntuados, grupos de columnas de sección circular y bóvedas de crucería. El Renacimiento recuperó los antiguos ideales grecorromanos de armonía y proporción, dominado por formas como el cuadrado y el círculo, los arcos redondos y las columnas clásicas.

El barroco, que apareció en México a principios del XVII, aportó nuevos efectos dramáticos: curvas, color, contrastes de luces y sombras y una decoración más elaborada. Se unieron a ello la pintura y la escultura, notable en los ornamentados con enormes retablos. La fachada de la catedral de Zacatecas es un claro ejemplo de ello y uno de los exponentes más brillantes del barroco mexicano. Un estilo que alcanzó su apogeo con el estilo conocido como ‘churrigueresca’, entre 1730 y 1780. Aquí la característica era la ornamentación profusa. El estilo neoclásico, que predominó en el México entre 1780 y 1830, supuso otro retorno a los sobrios ideales grecorromanos. Un ejemplo de ello es la alhóndiga de Granaditas de Guanajuato.

Cuando México alcanza la Independencia produjo un resurgimiento del estilo gótico y colonial e imitaciones de estilos contemporáneos franceses e italianos. El Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México es uno de los más representativos de este estilo.Tras la revolución apareció el art déco, pero fue más importante el intento de recuperar las raíces prehispánicas para definir una identidad nacional. Esta tendencia se llamó toltecismo, ya que muchos edificios mostraban la corpulencia de los monumentos toltecas y aztecas. Su punto culminante fue la década de los 50 con el campus de la UNAM, en Ciudad de México, un lugar repleto de edificios revestidos de vistosos murales. El hombre más significativo de la era moderna fue sin duda Ricardo Legorreta que proyectó numeroso y enormes edificios con atrevidas formas de de hormigón y tonos coloniales marrones anaranjados. Fue el responsable del Centro Nacional de las Artes, la Plaza Juárez del D.F. y del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey.

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