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La foto de la semana (91)

Publicado: 29 de enero de 2013 en Fotos de la semana
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El día a día en muchos lugares de México y de otros países… 
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“La violencia es el último recurso del incompetente”
(Isaac Asimov)
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Ciudad de México

Publicado: 12 de octubre de 2012 en Rincones del Mundo
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Cuesta imaginar, caminando por todo su asfalto que lo cubre ahora, que esta cuenca del altiplano estuviera formada  por una sucesión de lagos. Y aún cuesta más imaginarse que el centro actual de la ciudad era un islote entrecruzado de canales. Pero tal y como cuentan las crónicas, los españoles que llegaron por primera vez a orillas del lago Texcoco a principios del siglo XVI quedaron asombrados ante tal estampa. Ese lago cubría una gran parte del valle de México cuando los primeros habitantes  llegaron a sus cercanías. Esa época era en el 30000 a.C. Con el paso del tiempo ese lago comenzó a menguar, conseguir comida, en concreto caza, se hizo cada vez más difícil. Hacia el año 200 a.C. un grupo de aldeas ya se habían asentado alrededor del lago. La más grande de la época era Cuicuilco, la cual quedó destruida por una erupción volcánica tres siglos más tarde.

Con el desarrollo de la economía apareció la civilización en Teotihuacán, justo unos 40 kilómetros al noroeste del lago, y durante siglos fue la capital de un imperio cuya influencia se extendió hasta los límites de Guatemala. Pero fue incapaz de sustentar a su población y cayó en el siglo VIII. Los toltecas, que eran descendientes de las tribus nómadas chichimecas se convirtieron en la siguiente potencia. Estos establecieron su capital en Tula, a unos 65 km al norte de lo que hoy se conoce como Ciudad de México. En el siglo XII, Tula también se colapsó y dejó una serie de pequeños  estados que se disputaron el control del valle de México. Pero los aztecas lograron la supremacía finalmente.

Los mexicas, conocidos como aztecas, llegaron un siglo después de la desaparición de los toltecas. Venían de Aztlán, una región mítica situada al noroeste. En su origen eran mercenarios de los tepanecas, que residían en la orilla sur del lago y les permitieron establecerse en el inhóspito terreno de Chapultepec. Cocoxtli, rey de los cohuas, los habitantes de Culhuacan, les envió a luchar contra el vecino Xochimilco. Huyendo de la ira de los clhuas, la tribu erró por las pantanosas riberas del lago hasta llegar a una isla, hacia el año 1325. Y cuenta la leyenda que vieron, posada en un cactus, un águila devorando una serpiente, algo que interpretaron como una señal para detenerse allí y construir una ciudad, que la llamarían Tenochtitlán. Y esta ciudad se convirtió rápidamente en una sofisticada ciudad-estado cuyo poder abarcaría gran parte del centro de México contemporáneo, desde el Pacífico hasta el golfo de México. Los mexicas construyeron la ciudad con un trazado en cuadrícula, surcada por canales que permitían acceder a la orilla del lago. Justo en el centro se encontraba el centro ceremonial con el Templo Mayor. Cuando los españoles aparecieron en Tenochtitlán en 1519 tenía una población que se acercaba a los 300  mil habitantes. Pero en todo el valle de México vivían cerca de un millón y medio de personas, una de las zonas más densamente pobladas del mundo. La toma de esta ciudad fue tan violenta  que quedó completamente arrasada. En la actualidad sólo quedan un puñado de estructuras de aquel período. Pero de esas ruinas apareció una ciudad virreinal repleta de iglesias, monasterios y palacios.

Lo triste es que ese valle descendió su número de habitantes a sólo cien mil en un siglo, pero la ciudad se erigió como la capital de la Nueva España. Se trazaron calles anchas y rectas sobre antiguos canales y pasos elevados. Las obras siguieron durante todo el siglo XVII pero surgieron problemas con las pesadas estructuras y se hundieron en el fondo del lago. El lago Texcoco se desbordada muy a menudo y dañaba edificios, provocando el desplazamiento de miles de personas. Pero en el siglo XVIII, con la construcción de sistemas de alcantarillado y recogida de basuras, se convirtió en la Edad de oro de la Ciudad de México, capital de una clase española y criolla, con minas de plata que daban poder económico. Ciudad de México entró en la edad moderna bajo el poder de Porfirio Díaz. Propició un auge constructor, se inauguraron teatros y mansiones de estilo modernista, los más acaudalados abandonaron el centro de la ciudad para instalarse en nuevos barrios situados al oeste. Se crearon vías de tranvía eléctrico, la industria tomó impulso. En el año 1910 la urbe poseía más de medio millón de habitantes. Pero tras la caída de Díaz en 1911, la revolución mexicana trajo hambre, enfermedades, guerras y depresión. Y tras esa época la ciudad tomó otro impulso, se industrializó, atrajo inversiones externas y más población, lo que produjo un cierto desequilibrio ante tal demanda de viviendas.

Pero el crecimiento de la Ciudad de México fue frenético, sobre todo a partir de los años 60 y 70. Cientos de miles de campesinos que buscaban sustento aparecieron en la ciudad en busca de un futuro. La población pasó de 8,7 millones a 14,5. La ciudad fue incapaz de soportar tal incremento y tuvo que extenderse más allá de los límites del llamado Distrito Federal (DF), con lo cual el llamado Estado de México experimentó un crecimiento increíble. De todos estos cambios tan repentinos se produjo un incremento de la contaminación y de congestión de tráfico que todavía hoy no se han podido solucionar. El metro solucionó el problema durante un tiempo y los intentos por reducir el tráfico también.

El hecho más triste de los últimos tiempos ocurridos en la ciudad fue el terremoto que asoló la urbe el 19 de septiembre de 1985, llegando a alcanzar los 8 grados en la escala de Richter que sacudió toda la ciudad y que provocó la muerte de más de diez mil personas, dejando sin hogar a mucho millares más. En la actualidad, el área metropolitana del valle de México alberga más de veinte millones de habitantes, lo que supone casi un quinto de la población total del país. Ciudad de México es un centro industrial, financiero y de telecomunicaciones. Sus industrias generan una cuarta parte de la riqueza nacional y sus habitantes consumen dos terceras partes de la energía nacional. Quizá el nivel de vida del país es el más alto. Desde 1997 consiguió la autonomía política. El Distrito Federal abarca 16 delegaciones (municipios) a su vez divididas en 1800 colonias (barrios).


“La pintura es una poesía que se ve sin oírla;

y la poesía es una pintura que se oye y no se ve;

son, pues, estas dos poesías o, si lo prefieres, dos pinturas, que utilizan dos sentidos diferentes para llegar a nuestra inteligencia.

Porque si una y otra son pintura,

pasarán al común sentido a través del sentido más noble que es el ojo;

y si una y otra son poesía, habrán de pasar por el sentido menos noble, es decir, el oído”

(Leonardo Da Vinci)

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Frida Kahlo se llamaba realmente Magdalena Carmen Frida Kahlo y nació en la localidad de Coyoacán (Ciudad de México), en julio de 1907, y murió en la misma localidad 47 años más tarde. Famosa pintora internacional que tuvo obstáculos físicos desde que fue pequeña pero que aún así supo sobreponerse a todos ellos para crear y crear durante toda su vida. Cuando era una niña sufrió una poliomielitis que le provocó una serie de sucesivas enfermedades, así como lesiones diversas. Eso le hizo estar nueve meses en cama y le dejó una importante secuela: una pierna mucho más delgada que la otra. Para recuperarse practicó varios deportes. Fue alumna del Colegio Alemán hasta 1921, o al menos eso parece, porque no se ha tenido documentación al respecto.

“Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar”

Pero en septiembre de 1925 sufrió un grave accidente cuando el autobús donde viajaba fue arrollado por un tranvía. Su columna vertebral quedó fracturada en tres partes además de sufrir diversas fracturas por todo su cuerpo. Siempre señaló que fue su forma personal de perder su virginidad. Fue un hecho que le marcó a partir de entonces en su vida. La mantuvo postrada en cama muchos meses y sufrió más de 30 operaciones quirúrgicas. Pero ese hecho le sirvió y lo utilizó para pintar de forma más continuada. Para aquella época ya había comenzado a frecuentar ambientes políticos, artísticos e intelectuales. Su ideología siempre se desvió hacia la izquierda, la influencia comunista estaba latente dentro de sus amistades.  Tiempo después se haría militante del Partido Comunista. Su vida fue espontánea, poco convencional, fuera de lo que se llevaba en su época y en su entorno.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”

Declarada bisexual, tuvo diferentes amantes distinguidos, entre los cuales estaba León Trotski, durante el exilio de éste a México, aunque se casó con otro de las grandes figuras artísticas mexicanas como era Diego Rivera en 1929. Su relación era amor, aventura, experiencias, relaciones con otras personas, un vínculo de amor y odio, pero muy creativo que finalizó en divorcio diez años después para volver a unirse un año después. A esa relación muchos la denominaron el amor entre un elefante y una paloma, por los físicos de ambos. Las limitaciones físicas de Frida nunca le permitieron tener hijos, algo que tardaría mucho tiempo en aceptar como una realidad en su vida. Diego le fue infiel en muchas ocasiones pero eso no rompió su unión. Diego amaba su pintura y era su máximo admirador y amigo. En cambio, Frida fue la mayor crítica para Diego. Tras su divorcio continuaron compartiendo multitud de cosas, su vida social, su vida artística y su vida política. Cuando volvieron a unirse llegaron al acuerdo de compartir gastos, arte, pero excluir de su relación todo lo que tuviera con el sexo.

“A veces prefiero hablar con obreros y albañiles que con esa gente estúpida que se hace llamar gente culta”

En 1953 se organizó en la Ciudad de México la única exposición individual que se realizó en su país mientras estuvo viva. Muchas críticas concluyeron que su obra y su vida iban de la mano sin discusión. Su obra era su propia autobiografía. La exposición fue un rotundo éxito. Pero tristemente ese mismo año le tuvieron que amputar la pierna por debajo de la rodilla por una infección. Eso supuso caer en una gran depresión que la llevó al intento de suicidio en un par de ocasiones. Fue el momento que aprovechó para escribir poemas, casi todos relacionados con el dolor y el sufrimento.

“Pinto auto retratos porque estoy mucho tiempo sola”

Frida tuvo la suerte de poder exponer su obra en New York y en París. Hasta esas exposiciones internacionales había pintado en privado y sin exhibir su obra a nivel público, y siempre le costó comprender que su obra pudiera tener interés en el resto del mundo. Y esa idea la tuvo durante mucho tiempo a pesar de recibir muy buenas críticas por parte de destacados pintores de su época, como Picasso o Kandinski. Con el tiempo su obra alcanzó fama y reconocimiento unánime, sobre todo después de su muerte y a partir de la década de los 70. Calificada como surrealista ella siempre negó ese hecho pues alegaba que siempre creaba en función de su propia realidad.

“Vé por el camino que desees, que la marea de la maldad te hunda y te entierre”

Murió en su localidad natal en julio de 1954. Fue velada en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y su féretro fue cubierto con la bandera del Partido Comunista Mexicano, algo que fue criticado por la misma prensa nacional. Fue incinerada y sus cenizas descansan en la Casa Azul de Coyoacán, el mismo lugar que la vio nacer. Su obra fue amplia, y se pueden contar más de 200 obras, aunque la mayor parte de ella se concentró en sus propios autorretratos, en los que intentó describir su lucha y su dificultad para intentar sobrevivir. La influencia de Rivera en su obra parece evidente, dado que compartió con él toda la identificación del arte popular mexicano con las raíces indígenas, al igual que otros pintores mexicanos de la época en el llamado período post-revolucionario. Es complicado clasificar su escuela aunque su obra se caracterizó por elementos expresionistas y surrealistas con temática popular.

“No sé si mis pinturas son o no surrealistas pero de lo que sí estoy segura es que son la expresión más franca de mi ser”

La Independencia mexicana

Publicado: 16 de septiembre de 2012 en Historia
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Habría que comenzar comentando que la política española con respecto a todas sus conquistas fuera de sus fronteras se podría adjetivar con una sola palabra: explotación. No hay que ser un gran historiador para darse cuenta de que la corona española vio en ese llamado Nuevo Mundo la gallina de los huevos de oro, un tesoro interminable desde el cual poder financiar las eternas guerras que realizaba en Europa, además de garantizar una vida de lujo para la nobleza y poder llevar el cristianismo a nuevos territorios, construyendo iglesias, palacios y monasterios tanto en España como por toda América. La corona creó leyes que le garantizaban una quinta parte de todo el oro que llegara de América. De ahí que también los conquistadores, los soldados y los colones vieran grandes posibilidades de futuro y de enriquecerse fácilmente y en poco tiempo. En México, durante el siglo XVIII, algunos de ellos habían amasado grandes fortunas gracias a la minería, al comercio y a la agricultura. Todos ellos poseían grandes haciendas y explotaban a todos sus trabajadores.

La ciudad de Querétaro se convirtió en un hervidero de criollos que fraguaron una rebelión contra el gobierno español. El padre Miguel Hidalgo la desencadenó desde su propia parroquia de Dolores el 16 de septiembre de 1810, fecha que ha quedado como fiesta nacional mexicana. Pero el camino hacia la independencia fue muy duro. El resultado fueron más de once años de lucha entre independentistas y realistas, así como la muerte de muchos de los líderes rebeldes. En 1821, el general rebelde Agustín de Iturbide se reunió con el nuevo virrey español Juan O’Donojú en Córdoba y ambos acordaron los términos para la independencia mexicana. Pero los siguientes años y las siguientes décadas del país como nación independiente no fueron un camino de rosas, todo lo contrario. Hubo mucha inestabilidad política y acabó en una represión tan grave que se convirtió en una revolución social. Es cuando apareció la lucha entre conservadores y liberales.

De todos los personajes históricos de esa época sólo uno de ellos era liberal: Benito Juárez. Los otros dos, Antonio López de Santa Anna y Porfirio Díaz comenzaron siendo liberales para acabar convirtiéndose en conservadores. Fue un momento duro para el país que vio como entre 1921 y mediados de la década de 1860 fue invadido por tres países, lo que condujo a perder grandes extensiones de territorio a manos de Estados Unidos y una época en la que vivió más de cincuenta cambios de presidente. Ninguno de ellos y ningún gobernante importante se preocupó por fomentar la educación ni la economía. El resultado de todo ello fue el aumento imparable de la corrupción. Todos los gobernantes que se fueron sustituyendo unos a otros fueron casi todos de origen español.

Uno de los personajes de la época fue el militar Santa Anna, famoso por haber derrotado a una pequeña fuerza invasora española en Tampico en 1829 y que dos años más tarde derrocó al presidente Anastasio Bustamante para ser elegido presidente en 1833, aunque si es conocido en la historia mexicana fue por su derrota a manos de EEUU en la famosa batalla de Texas en 1836 y sus pérdidas de territorio en la guerra de 1848 también a manos estadounidenses. Concluyó vendiendo las últimas zonas que poseía México en Nuevo México y Arizona por 10 millones de dólares, conocido con el nombre de Tratado de Gadsden en 1853. Ese hecho provocó la revolución de de Ayutla que echó a Santa Anna del poder.

Curiosamente, justo después, fue un indígena de Oaxaca, quien protagonizó el papel determinante en la historia mexicana. Su nombre era Benito Juárez. Miembro del nuevo gobierno liberal en 1855 impulsó la era conocida como Reforma, con la intención de desmantelar el estado conservador asentado en México. Fue nombrado presidente en 1861. Tras la invasión por parte de Francia tuvo que exiliarse con su gobierno a distintas provincias recuperando el control en 1866. Su ambición se vio contemplada con el programa de reformas económicas y educativas. Promulgó la escolarización obligatoria, construyó el ferrocarril en la capital y Veracruz y creó el cuerpo de Rurales (fuera policial rural) para asegurar el transporte de mercancías por todo el territorio mexicano. Por todo ello, Juárez es una de las pocas figuras históricas mexicanas que goza de una reputación intacta. Su lema era : ‘El respeto al derecho ajeno es la paz’.  

A Juárez le sustituyó Porfirio Díaz, quien gobernó 31 años entre 1876 y 1911. A este período se le conoce con el nombre de Porfiriato. Díaz fue el encargado de llevar a México a la era industrial, promovió numerosas obras públicas, líneas telefónicas y telegráficas, y una red ferroviaria muy notable. Libró al país de muchas guerras civiles. Por el contrario, prohibió la oposición política, las elecciones y la libertad de prensa. Despojó a los campesinos de sus derechos a sus tierras y los trabajadores se vieron en unas condiciones laborales terribles. El país se mantuvo en paz gracias a la acción del ejército y del cuerpo de Rurales, que ya se convirtieron en amenazas temibles para el pueblo. La tierra y la riqueza quedaron en manos de unos cuantos, una pequeña minoría. Todo eso provocó la revolución mexicana de 1910.

Esta revolución es conocida por los mexicanos como ‘la Bola’. No fue una lucha entre bandos definidos, tampoco entre facciones políticas. Hubieron constantes alianzas entre fuerzas y líderes de todas las tendencias políticas. Fue una década de anarquía y violencia que supuso la muerte de un millón de personas. En total supuso la pérdida de un 10% de la población total. Los conservadores fueron desbancados por reformistas y revolucionarios pero estos dos bandos nunca se pusieron de acuerdo. No se pudieron obtener gobiernos estables. Se cambió de una dictadura de Porfirio Díaz a un gobierno radical. Francisco Madero, un rico liberal de Coahuila fue encarcelado por Díaz para evitar que pudiera ganarle en las elecciones de 1910. Cuando fue liberado intentó alzar a la nación y consiguió que se creara una rebelión que se extendió por todo el país. Díaz dimitió en 1911 y Madero fue elegido presidente.

Pero Madero fue incapaz de apaciguar los ánimos de las facciones en lucha. Se crearon dos bandos bien diferenciados; por un lado, los reformistas liberales, liderados por el propio Madero; y por otro lado, un grupo de líderes más radicales, en el cual estaba al frente Emiliano Zapata, quien luchaba por el traspaso de las tierras de las haciendas a los campesinos con el famoso grito de: ‘Tierra y libertad’. En 1913, Madero fue derrocado por Victoriano Huerta, uno de sus generales que se pasó al bando de los conservadores. Madero fue ejecutado y Huerta se convirtió en presidente. Tres líderes del norte se unieron en su contra, conocida esta unión como el Plan de Guadalupe. Estos líderes eran Venustiano Carranza, Pancho Villa y Álvaro Obregón. Zapata nunca dejó de luchar contra Huerta. Pero, como siempre había ocurrido, volvieron a estallar combates entre las facciones vencedoras. Por un lado Carranza y Obregón lucharon contra Zapata y Villa. Aunque estos dos últimos nunca llegaron a firmar un acuerdo tácito de unión, con lo cual Carranza acabó venciendo. Los zapatistas reclamaron reformas en el estado de Morelos pero Carranza ordenó asesinar a Zapata en 1919. Un año después el mismo Carranza fue asesinado por orden de Obregón, su antiguo aliado. Pancho Villa fue asesinado en 1923. El resultado de diez años de batallas sin fin fue un reguero de muertes, pobreza, un país asolado y una economía en bancarrota.

Octavio Paz

Publicado: 24 de agosto de 2012 en Literatura
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“La soledad, el sentimiento y conocimiento de que uno está solo,

excluido del mundo, no es una característica exclusivamente mexicana.

Todos los hombres, en algún momento de sus vidas, se sienten solos.

Y lo están.

Vivir es separarse de lo que fuimos para acercarnos a lo que seremos en el futuro.

La soledad es el hecho mas profundo de la condición humana”

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La poesía es un género litearario considerado como la manifestación de belleza o del sentimiento estético por medio de las palabras, ya sea en verso o en prosa. Una modalidad textual. Actualmente, la poesía engloba múltiples facetas. Desde la lírica más clásica a la más moderna. La forma de combinar rítmicamente las palabras no es lo único que distingue la poesía de la prosa, pero hasta mediados del XIX era la mejor forma de hacerlo. Con el paso del tiempo, la poesía avanza entre los recursos tecnológicos y los científicos. Nuevas formas de manifestar un mismo concepto: desde la poesía ecologista, a la virtual, pasando por la metapoesía o la poesía de la conciencia. Sin embargo, se lee poca poesía y se fomenta todavía menos. Pero escucharla o leerla es sentirla y descubrir nuevos mundos, paralelos y humanamente posibles. Un lugar donde el ser humano se reencuentra consigo mismo.

Octavio Paz nació en la Ciudad de México (México) en 1914. Escritor y poeta mexicano. Nieto de escritor, ya de pequeño manifestó su atracción por la literatura y publicó sus primeros trabajos en diversas revistas literarias. Estudió Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional. En 1936 se trasladó hasta España para luchar en el bando republicano durante la Guerra Civil y al regresar a México fue uno de los fundadores de Taller (1938) y El Hijo Pródigo. Acabó estudios en Estados Unidos entre 1944 y 1945. Recibió más tarde una beca para ingresar en el servicio exterior mexicano.

“En todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación”

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En 1955 fundó el grupo poético Poesía en Voz Alta, también colaboró en la Revista Mexicana de Literatura y en El Corno Emplumado. Siempre defendió el arte contemporáneo y sus posiciones experimentales. Durante los años que residió en París hizo amistad con André Breton, pero también viajó por diversos países europeos y asiáticos, llegando a ser nombrado embajador de México en la India en 1962. Su obra tuvo muchos campos, desde la poesía hasta la narración, pasando por el ensayo y la edición. Fue un gran impulsor de las letras mexicanas y siempre se mantuvo dentro de la discusión política, artística y social de su país. Su poesía traspasó límites eróticos, experimentó formas y reflexiones diversas dentro de la propia naturaleza del hombre.

“Ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados”

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Más de quince libros de poesía, como por ejemplo: ‘Entre la piedra y la flor‘ (1941), ‘Salamandra’ (1962), ‘Pasado en claro’ (1975), ‘Poemas’ (1979), etc… Y otras tantas obras escritas en prosa, como: ‘El laberinto de la soledad’ (1950), ‘El mono gramático’ (1974), ‘Los hijos del limo’ (1974), ‘Tiempo nublado’ (1983), ‘Hombres de su siglo’ (1984). Cuando se habla de la obra general de Octavio Paz se suele separar en tres grandes fases: la primera es aquella en la que el autor quiso penetrar, a través de la palabra, en un ámbito de energías esenciales que lo llevó a cierta impersonalidad; con la segunda se adentra en la tradición surrealista, antes de encontrar un nuevo impulso con el contacto de lo oriental; y la tercera época, marcada por la lírica, cuando el autor mezcló el erotismo y el conocimiento.

“La poesía debe ser un poco seca para que arda bien, y de este modo iluminarnos y calentarnos”

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Por toda su obra se le concedió el Premio Nobel de Literatura en 1990, y es considerado como uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Sus obras abarcaron un gran abanico de estilos y de géneros. Criado en Mixcoac, su padre era abogado y estuvo involucrado en la reforma agraria que siguió a la revolución, fue diputado y colaboró activamente en el movimiento vasconcelista. Por todo eso, su padre se ausentaba del hogar familiar durante largos períodos. El joven Octavio estudió en el Colegio Williams, gracias a su abuelo comenzó su afición por la literatura y en su adolescencia descubrió autores como Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado. Y siendo adolescente escribió su primer poema. Con 19 años ya estaba considerado el poeta más joven de la capital mexicana. Su futuro se preveía esplendoroso.

“Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje”

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Estudió derecho en la UNAM y tras su viaje a Yucatán en 1937 escribió ‘Entre la piedra y la flor’ (1941), un poema que describía la explotación en el campo y en el campesinado yucateco. Al año siguiente se casaría con Elena Garro, con quien estuvo casado hasta 1959, y con quien tuvo una hija, Laura Helena. Se uniría después con Bona Tibertelli con quien seguiría hasta 1965, mientras fue embajador de México en la India. En 1966 se casó de nuevo con Marie-José Tramini, la cual le acompañaría hasta su muerte. En 1937 viajó a España en plena Guerra Civil y allí demostró su solidaridad por el bando republicano, pero se vio afectado por la represión contra los militantes del Partidos Obrero de Unificación Marxista en Cataluña, donde tenía algunos camaradas. Se desilusionó y abordó la denuncia después de los campos de concentración soviéticos y los crímenes de Stalin.

“Las masas humanas más peligrosas son aquellas

en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio”

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Gracias a una beca estudió en 1943 en la Universidad de Berkeley, en California, y eso le sirvió para trabajar como diplomáticos, destinado primero a Francia hasta 1951, donde se introdujo en el mundo de los surrealistas. En 1953 regresó a México para dirigir la oficina de Organismos Internacionales. En 1959 regresó a París y más tarde a la India. Estando en la India en 1968 se produjo la masacre de Tlatelolco en México y en seña de protesta renunció a su cargo de embajador, dejando claras sus diferencias con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. A partir de ahí se dedicará a dar clases en diversas universidades norteamericanas. Si tuviéramos que identificar su estilo poético seguramente nos resultaría difícil. No es fácil de encasillar. Se le ha nombrado como poeta existencial, como surrealista, neomodernista, todas pueden ser correctas y falsas. Tiene un poco de todo y de nada. No se adueñó de ningún estilo y siempre intentó cambiar de estilo, experimentó desde su propio estilo, siendo una poesía realmente personal y única.

“Quédate siempre detrás del hombre que dispara y delante del hombre que está cagando.

Así estás a salvo de las balas y de la mierda”

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Avenida Insurgentes (México, D.F.)

Publicado: 22 de julio de 2012 en Historia
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Hay tantas calles famosas en el mundo y tan emblemáticas. Hacer una selección de ellas no es fácil. Son muchas y variadas. Se reparte por todo el planeta. La Avenida de los Insurgentes tiene 30 kilómetros de longitud y es una de las arterias más importantes de la Ciudad de México. Atraviesa toda la ciudad de norte a sur y de sur a norte. Por el norte comienza su trayectoria en la intersección con la Avenida Acueducto de Guadalupe y se convierte en carretera que conduce al estado de Hidalgo. Por el sur termina en el cruce con Viaducto Tlalpan para transformarse después en autopista que conduce a la ciudad de Cuernavaca, ubicada en el estado de Morelos.

Por el norte su uso es básicamente habitacional y tras el puente de Nonoalco se transforma en una ruta eminentemente dedicada a servicios, comercio y oficinas. Esa característica se va acentuando conforme se avanza hacia el sur, y entre Viaducto Miguel Alemán y Copilco se puede decir que cobra su mayor dinamismo comercial, para convertirse en una elegante vía donde se combinan la existencia de restaurantes, centros nocturnos, corporativos, bancos, empresas de toda índole, almacenes, supermercados, centros comerciales o agencias de todo tipo. Su punto álgido se encuentra en colonias como la Del Valle o San Angel. Más al sur atraviesa el campus de la Ciudad Universitaria, en el recinto de la Universidad Nacional Autónoma de México (C.U.) tras el cual aparecen de nuevo los comercios y los restaurantes hasta la salida a Cuernavaca.

Durante su trayecto cruza 5 de las 16 delegaciones del Distrito Federal (Tlalpan, Coyoacan, Benito Juárez, Cuauhtémoc y Gustavo Madero). Se ha calculado que, en un solo tramo y en horas de mayor densidad de tráfico pueden cruzar más de mil vehículo por un determinado punto. Para finalizar que al mismo tiempo y durante todo su recorrido pueden estar circulando casi 400 mil vehículos al mismo tiempo. Más de un cuarto de millón de personas la transitan en los transportes públicos.

Tiene su origen en el año 1900 y por aquel entonces se la denominó ‘Vía del Centenario’, la idea era unir el centro histórico con el sur de la ciudad. Luego pasó a conocerse popularmente como Insurgentes hasta que con el gobierno de Miguel Alemán Valdés recibió oficialmente este nombre, en honor al ejército Insurgente, quienes jugaron un papel fundamental en la guerra de Independencia. Justo entonces se extendió al norte desde el Paseo de la Reforma y terminaba en la estación de trenes de Buenavista, la misma que fue derrumbada y reconstruida nuevamente a un kilómetro de distancia para poder ampliar dicha avenida. Actualmente, la Avenida se divide en tres zonas bien diferenciadas: Norte, desde los Indios Verdes hasta la Ribera de San Cosme; Centro, desde la misma Ribera hasta el Paseo de la Reforma; Sur, desde Reforma hasta el Monumento al Caminero.

En el año 2005 se inauguró un nuevo medio de transporte que recorre la arteria. Se le denomina Metrobús y sirvió para combatir el tránsito excesivo creado por la abundancia que había de microbuses que circulaban a diario por esta avenida. En marzo de 2008 se inauguró una ampliación de dicho servicio con lo cual se consiguieron casi 30 kilómetros de servicio repartidos en 42 estaciones y 3 terminales. Hoy se puede decir que es el corredor más extenso de todo América Latina. Se calcula que es utilizado por casi un millón de pasajeros a diario.


Si en algo destaca México es por su imponente arquitectura. Su patrimonio arquitectónico está fuera de toda duda. Por supuesto que se pueden distinguir diversos estilos y épocas arquitectónicas pero todas ellas prevalecen, perdura e iluminan el paisaje de cada rincón del país. Las antiguas civilizaciones mesoamericanas realizaron algunas de las más espectaculares construcciones de toda la Humanidad. Ejemplos claros son Teotihuacán, Monte Albán, Chichén Itza y Uxmal.

Todos ellos son espectaculares centros ceremoniales que pretendían en su origen causar la admiración, la veneración y el temor de los que los observaran, gracias a sus grandes pirámides de piedra, sus palacios y juegos de pelota. La arquitectura azteca era sencilla pero orientada a impresionar por su estructura y su grandeza y tamaño. La arquitectura maya se preocupaba más por la estética, con fachadas repletas de dibujos, cestrerías en los tejados de los templos y sinuosos relieves. Uxmal, Palenque son ejemplos preciosos, entre las más espectaculares de la propia historia del hombre. Las construcciones mayas se caracterizan precisamente por el llamado arco falso: dos muros de piedra apoyados entre sí que se van aproximando hasta casi juntarse en una albardilla de coronamiento.

Durante el período virreinal, la mayor parte de las mansiones, iglesias, monasterios y plazas que tanto contribuyen a la belleza de México, fueron construidos durante los 300 años de dominación española. Aquí resaltan varios estilos, destacando el gótico y el renacentista, que dominaron la arquitectura mexicana durante el siglo XVI y principios del XVII. El estilo gótico se caracteriza por sus airosos contrafuertes, arcos puntuados, grupos de columnas de sección circular y bóvedas de crucería. El Renacimiento recuperó los antiguos ideales grecorromanos de armonía y proporción, dominado por formas como el cuadrado y el círculo, los arcos redondos y las columnas clásicas.

El barroco, que apareció en México a principios del XVII, aportó nuevos efectos dramáticos: curvas, color, contrastes de luces y sombras y una decoración más elaborada. Se unieron a ello la pintura y la escultura, notable en los ornamentados con enormes retablos. La fachada de la catedral de Zacatecas es un claro ejemplo de ello y uno de los exponentes más brillantes del barroco mexicano. Un estilo que alcanzó su apogeo con el estilo conocido como ‘churrigueresca’, entre 1730 y 1780. Aquí la característica era la ornamentación profusa. El estilo neoclásico, que predominó en el México entre 1780 y 1830, supuso otro retorno a los sobrios ideales grecorromanos. Un ejemplo de ello es la alhóndiga de Granaditas de Guanajuato.

Cuando México alcanza la Independencia produjo un resurgimiento del estilo gótico y colonial e imitaciones de estilos contemporáneos franceses e italianos. El Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México es uno de los más representativos de este estilo.Tras la revolución apareció el art déco, pero fue más importante el intento de recuperar las raíces prehispánicas para definir una identidad nacional. Esta tendencia se llamó toltecismo, ya que muchos edificios mostraban la corpulencia de los monumentos toltecas y aztecas. Su punto culminante fue la década de los 50 con el campus de la UNAM, en Ciudad de México, un lugar repleto de edificios revestidos de vistosos murales. El hombre más significativo de la era moderna fue sin duda Ricardo Legorreta que proyectó numeroso y enormes edificios con atrevidas formas de de hormigón y tonos coloniales marrones anaranjados. Fue el responsable del Centro Nacional de las Artes, la Plaza Juárez del D.F. y del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey.

arquitectura


“Siempre me han inventado amores que no tenía,

de lo cual no me quejo,

porque esto me ha servido para que la gente no se diera cuenta

de los que efectivamente tenía”

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Diego Rivera fue uno de los artistas mexicanos  más famosos y reconocidos en todo el mundo. Nacido en Guanajuato en diciembre de 1886 y destacó por su arte como muralista. Famoso por ser simpatizante de la causa comunista y plasmar con sus obras un alto contenido de mensaje social. Muchas de sus obras se exhiben en edificios públicos. Fue el artífice de varios murales que descansan en distintos puntos del centro histórico de la Ciudad de México y en otras ciudades mexicanas, como Cuernavaca y Acapulco. También hay otras suyas en San Francisco, Detroit y Nueva York.

Al año y medio de haber nacido murió su hermano gemelo Carlos. Estuvo en la Academia de San Carlos en Ciudad de México donde conoció al paisajista José María Velasco. Y en 1905 recibió una beca para poder viajar a España y realizar estudios de las obras de Goya y El Greco, entre otros. Fue esa una época donde alternó sus viajes y sus estancias. Hasta 1916 visitó y residió en México, Ecuador, Argentina, España, Francia y Bolivia. En Francia se puso en contacto con los artistas que merodeaban a diario el barrio de Montparnasse, conoció a intelectuales y a muchos artistas que admiraba, como Pablo Picasso, Valle Inclán o Alfonso Reyes Ochoa. Ahí fue como se introdujo en el cubismo.

“Mi estilo nació como un niño, en un instante;

con la diferencia de que a ese nacimiento

le había precedido un atribulado embarazo de 35 años”

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Conoció también durante esa época a su primera esposa, Angelina Petrovna Belova, una pintora rusa que era conocida como Angelina Beloff, y con ella tuvo a su primer hijo, Diego, el cual murió al año de edad. En 1917, su desarrollo como artista le condujo a conocer y descubrir el postimpresionismo, de la mano de Paul Cézanne, una plataforma que le sirvió para diferenciarse de todo el resto de muralistas mexicanos, dado que interpretó como nadie la técnica de los acabados y el uso de colores vivos. Un tiempo después y gracias a una relación extramatrimonial que nunca quiso reconocer nacería su hija Marika. Su madre era Marievna Vorobieva y aunque nunca llegó a ser su esposa sí fue sustentada económicamente por el pintor.

“¿Las mujeres que he amado?

Tuve la suerte de amar a la mujer más maravillosa que he conocido.

Ella fue la poesía misma y el genio mismo.

Desgraciadamente no supe amarla a ella sola,

pues he sido siempre incapaz de amar a una sola mujer”

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En 1920 se trasladó a Italia para conocer desde dentro el arte renacentista. Pero la llegada de José Vasconcuelos a la secretaría de educación hizo que regresara a México para participar en las campañas emprendidas por el secretario. Ahí tuvo la oportunidad de participar junto a otros muralistas mexicanos como José Clemente Orozco, Rufino Tamayo o David Alfaro Siqueiros. Mientras los años transcurrían los murales de Rivera se fueron convirtiendo poco a poco en una obra de gran influencia tanto en México como en toda Latinoamérica. En 1922 se casó por segunda vez con Guadalupe Marín, una indígena mexicana de piel morena, larga cabellera negra y ojos verdes. Y de ese matrimonio tuvo dos hijas: Lupe y Ruth.

Tuvo tiempo de crear y fundar la Unión de Pintores, Escultores y Artistas Gráficos Revolucionarios. Y justo en esa misma época se afilió al Partido Comunista Mexicano, uno de los argumentos clave de su obra. En el año 1927 fue invitado a los festejos que conmemoraban los diez años de la Revolución de Octubre en la URSS. Eran momentos difíciles puesto que se  acababa de divorciar de Guadalupe. Tiempo que aprovechó para conocer y casarse por tercera vez con la pintora Frida Kahlo en 1929. Año que coincidió con su expulsión del Partido Comunista, y curiosamente al año siguiente fue invitado a los Estados Unidos para realizar diversas obras. Lógicamente sus trabajos con temática comunista y muy social causó contradicciones, críticas y fricciones con los propietarios de las obras, el gobierno norteamericano y la prensa.

En 1933, el industrial y multimillonario John Rockefeller le contrató para pintar un mural en el vestíbulo de la entrada del lobby del edificio RCA de Nueva York. El que se denominaría Rockefeller Center. El edificio estaba situado en la misma Quinta Avenida y fue considerado como un emblema de la ciudad y del capitalismo. Su diseño se tituló ‘El hombre en el cruce de caminos’. Justo cuando estaba a punto de terminarlo incluyó un retrato de Lenin. La reacción de la prensa no se dejó esperar. Rockefeller lo tomó como un insulto personal y mandó cubrir el mural para destruirlo más tarde. Rivera regresó después a México donde lo pintaría de nuevo. Hoy se exhibe en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes.

Otro dato histórico importante ocurrió en 1936 cuando pidió formalmente al presidente Lázaro Cárdenas el asilo político de León Trotsky, que finalmente lo consiguió al año siguiente.  Fue invitado a la Casa Azul de Frida Kahlo. Pero en un par o tres de años su amistad con Trotsky desapareció, se distanció y se divorció a su vez de Kahlo, para volverse a casar con ella a finales del mismo año. En 1946 quizá pintó una de sus mejores obras: ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central’ ubicada en el Hotel del Prado de la Ciudad de México.

En 1955, tras la muerte de Frida Kahlo se casó con Emma Hurtado y viajó a la URSS para ser intervenido quirúrgicamente y de forma urgente. Finalmente falleció en noviembre de 1957 a punto de cumplir los 71 años de edad. Murió en su casa estudio, actualmente conocida como Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, y sus restos fueron colocados en la Rotonda de las Personas Ilustres, a pesar de que eso iba en contra de su voluntad. Rivera representó un estallido de creatividad en una sociedad falta de energía artística. Destacó por su arte, su ingenio y personalidad. Controvertido, idealista, convencido de sus pensamientos, luchó por expresar todo lo que tenía dentro, con las ambigüedades propias de su época y de su sociedad. Un ejemplo artístico único que todos los amantes del arte contemporáneo deben valorar en su justa medida.

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“Cuando estaba pintando, oí de repente, desde atrás de uno de los pilares coloniales de la espaciosa sala, la voz de una niña que no se veía. (…) Miró directamente hacia mí. -¿Le molesta si lo veo trabajar? -preguntó. -No, señorita; me encantaría –dije. Se sentó y me miró silenciosamente, los ojos fijos en cada movimiento de mi pincel. (…) La muchacha se quedó unas tres horas. Cuando se fue, sólo dijo: -Buenas noches. Un año más tarde supe que ella era la escondida dueña de la voz que había salido de detrás del pilar y que se llamaba Frida Kahlo. Pero no me imaginé que un día llegaría a ser mi esposa”

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La llegada de los españoles a México

Publicado: 28 de junio de 2012 en Historia
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Unos descubriendo mundo, o al menos, eso decían. Otros anclados en culturas tribales, orgullosos de sus rituales. Una mezcla extraña que un día se vio agitada cuando un grupo de soldados españoles vencieron al Imperio azteca, dejaron atrás más de 3000 años de historia, destrozaron una civilización milenaria, implantaron un nuevo sistema religioso y social, cambiando su organización política y cultural. Para los historiadores es un hecho fuera de todo ámbito, dado que nunca se vio como una historia de una sociedad podía sufrir una transformación tan radical en un período tan corto.

Muchas razones se pueden interpretar para tratar de entender primeramente cómo un grupo de soldados fueron capaces de osar combatir con un ejército que les superaba enormemente; y cómo fueron capaces de someter a un pueblo ancestral con tanta facilidad, así como las consecuencias de que su llegada tuviera un efecto tan devastador. Pero si queremos ser honestos con la historia quizá la palabra azar sería la correcta. Aunque hubieron otros factores, como por ejemplo, los propios caracteres de los protagonistas de la contienda, un genio implacable y maquiavélico llamado Hernán Cortés, y el indeciso y superticioso emperador Moctezuma II Xocoyotzin.

Hay que comenzar imaginando lo diferentes que eran los recién llegados, además de hacerlo a un lugar donde los propios indígenas dudaban de su propia condición humana. Lo que hoy puede ser México muy bien podría ser definido por el cruce que se hizo en esa época. La mayoría de mexicanos son mestizos, mezcla de sangre indígena y europea, descendientes lógicamente de las dos culturas. Pero para los mexicanos, Cuauhtémoc, el último emperador azteca es un héroe nacional, Hernán Cortés es considerado un villano y los indígenas que se aliaron con él, los tlaxcaltecas, unos traidores. La realidad, como suele ocurrir generalmente, es mucho más compleja, más rica, más fascinante y más cruel.

La España de 1492 podría ser tratada en varios capítulos y en unas frases se hace breve y escasa para comprender semejante sociedad. Pero la sociedad había librado una batalla interna entre las tropas cristianas y las musulmanas. Casi 700 años de luchas sin cuartel, ambiciones sin depurar, pobreza, miseria, ansias de poder por parte de cuatro y un futuro desalentador para el resto. Todos esos conquistadores españoles que ambicionaban territorios en América eran descendientes directos y naturales de los caballeros de la Reconquista. Tras desembarcar en el Caribe y establecer bases en varias islas, como La Española (Haití y República Dominicana) y Cuba, la cultura de esos militares era promover un colonialismo rozando la esclavitud, explotando a los nativos en la extracción de oro, además de los propios recursos naturales de cada zona. El siguiente paso era adentrarse en el continente, sobre todo por las historias que se contaban de oro y plata. La tentación de riquezas eran superiores al temor, a los ejércitos locales y a las condiciones del lugar.

Diego Velázquez, gobernador de Cuba, ordenó a Hernán Cortés que fuera con una expedición hacia el oeste. Y mientras éste preparaba el viaje Velázquez comenzó a albergar dudas sobre los costes de la misión, y también sobre la lealtad de Cortés. Todo eso le llevó a cancelar la expedición. Pero la ambición de Cortés era tan grande y despiadada que hizo caso omiso de las órdenes y zarpó un 15 de febrero de 1519 con 11 naves, 550 hombres y 16 caballos. Y esa expedición arribó primero a las costas de Cozumel, para más adelante seguir hacia la costa de Tabasco derrotando a los que se iban encontrando por el camino. La mezcla del vestuario de los caballeros, con sus armaduras y encima de esos caballos fueron suficientes para que muchos de los nativos salieran corriendo despavoridos, asustados, creyendo que ese aspecto correspondía a una bestia inhumana.

Cortés siempre tenía un discurso preparado para los nativos, aunque se hace difícil imaginar cómo podían comprender sus palabras. Aún así aprovechaba para comunicarles la importancia del cristianismo y la grandeza del emperador Carlos V. Esos lugareños, entregados, le ofrecieron 20 doncellas, entre las que se encontraba doña Marina (La Malinche), que a la postre se convertiría en su intérprete, compañera, colaboradora y amante. Muchas de las ciudades de la costa dieron la bienvenida a los españoles siendo el pueblo más aliado de ellos el de los tlaxcaltecas, simplemente porque vieron una oportunidad de derrotar a sus enemigos históricos los aztecas.

Pero para comprender el conjunto de la historia hay que conocer también el carácter de emperador Moctezuma. Era un personaje muy peculiar, absorto en un carácter muy indeciso e inseguro, acomplejado por las historias, las leyendas y las creencias aztecas. Cuando comenzó a escuchar esas historias que hablaban de ‘torres que se elevaban sobre las aguas del mar’, repletos de hombres de tez blanca, armados como bestias y envueltos en acero, no pudo evitar recordar lo que contaba la leyenda azteca sobre su calendario, donde preconizaba que en 1519 se produciría el regreso del legendario dios-rey tolteca Quetzalcóatl. Si Cortés era ese individuo o no seguiría siendo la duda de Moctezuma durante todo el proceso. Lo que hizo fue esperara a que llegara. Pero, curiosamente, los augurios se sucedieron, y casualmente un rayo cayó sobre un templo, un cometa surcó la noche y un pájaro con un espejo en la cabeza fue llevado ante Moctezuma, que vio guerreros reflejados en él.

Lo que todo eso provocó fue que los españoles fueran invitados el 8 de noviembre de 1519, junto a sus 6000 aliados indígenas, a entrar en Tenochtitlán, la mayor ciudad que cualquier ciudadano español de la época hubiese podido imaginar.  Y aunque se les trató con toda clase de lujos y honores, no dejaban de ser prisioneros y estar atrapados en el corazón de un imperio que los sobrepasaba en número en una proporción descomunal. Entonces fue que los españoles dudaron de las intenciones reales del emperados azteca y lo hicieron prisionero, y como el propio Moctezuma no tenía muy claro quién era realmente Cortés, contó a su propio pueblo que su reclusión era voluntaria. Y mientras todo esto ocurría otra expedición española había desembarcado en Veracruz, enviada por Velázquez y liderada por Pánfilo de Narváez, con el objetivo de detener a Cortés y devolverlo a Cuba. La reacción de Cortés no se hizo esperar y organizó un grupo de soldados para encabezarlos hasta la costa, dejando el mando en Tenochtitlán a Pedro de Alvarado. 

Alvarado carecía de las dotes frías y calculadoras de Cortés y se puso tan nervioso creyendo que se preveía un ataque sorpresa en cualquier momento que ejecutó a más de doscientos nobles aztecas para asustar a la población. Al regreso victorioso de Cortés (quien hizo huir a Narváez) se encontró con un panorama desolador. Consiguió convencer al emperador azteca de que calmara a su pueblo, éste aceptó y cuando gritaba y se dirigía a la multitud recibió pedradas de los enfurecidos súbditos y murió. Y ahí sucedió otro gran suceso inexplicable, puesto que Cortés, los españoles y sus aliados lograron escapar la noche del 30 de junio de 1520 del palacio totalmente cercado de enemigos y escapar de la ciudad. Y aunque fueron perseguidos y sitiados por un ejército de unos cuarenta mil mexicas, y siendo éstos no más de 500 españoles y 2000 indígenas, con la derrota ya en el zurrón y preparados para ser eliminados, a Cortés se le ocurrió una idea, gracias a las indicaciones de doña Marina, quien le invitó a cargar contra el tepuchtlato, el portaestandarte, para arrebatárselo, mientras otros le clavaban varias espadas. Todos los mexicas fueron poseídos por el horror y el temor que huyeron en desbandada.

Los españoles se refugiaron entonces en Tlaxcala para atacar Tenochtitlán de nuevo en mayo de 1521, acompañados de más de cien mil indígenas. La batalla no fue fácil. Los defensores de la ciudad lucharon y resistieron durante más de tres meses. Cuando pasó ese tiempo, la ciudad estaba completamente arrasada, los cadáveres eran miles y Cuauhtémoc, el último emperador azteca, había sido capturado.

Aztecas

Publicado: 14 de junio de 2012 en Historia
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Según las leyendas aztecas, este pueblo era el elegido de Huitzilopochtli, su dios tribal en forma de colibrí, quien les condujo desde Atlán (su lugar mítico) hasta el altiplano central. Los aztecas eran una de las muchas tribus chichimecas que vagaron durante mucho tiempo por todo altiplano hasta que, finalmente, se instalaron  en las islas del valle de México. Los aztecas, también conocidos como mexicas, ostentaban un ímpetu guerrero muy característico desde el siglo XV, y se convirtieron en el pueblo más poderoso de la zona, consolidando Tenochtitlán como su capital, en lo que hoy está emplazada la Ciudad de México.

Cuenta la leyenda que se eligió esta ubicación por mandato y deseo del propio Huitzilopochtli, el cual indicó a sus sacerdotes detener la peregrinación de su pueblo en el lugar donde vieran a un águila devorando a una serpiente sobre un nopal. Y de esa historia precisamente procede el actual escudo de la República de México. En ese mismo siglo XV los aztecas, siendo el pueblo más poderoso del valle, formaron la Triple Alianza junto a otros dos estados nahuas del valle, Texcoco y Tlacopan, para unidos poder hacer frente a Tlaxcala y Huejotzingo, unos señoríos que se encontraban al este del valle. Los prisioneros de esa época formaban parte de la dieta que el voraz Huitzilopochtli exigía para hacer que el sol saliera cada día para su pueblo.

Esa Triple Alianza pudo controlar casi todo el centro de México, desde la costa del Golfo hasta el Pacífico. Un imperio que contaba 38 provincias y casi 5 millones de habitantes. Su forma de gobierno era una teocracia militarista, orientado a obtener los recursos necesarios en forma de tributos. Esos tributos podían ser joyas, como turquesas, jades,  u otros tipos de materiales u objetos, como por ejemplo, algodón, papel o tabaco, como también fruta y verdura. Todo era necesario para la glorificación de la élite azteca y para el sustento de los numerosos sirvientes.

Tenochtitlán y Tlatelolco casi llegaron a contar más de 200 mil habitantes. Si contáramos todo el valle la población alcanzó el millón de habitantes. La forma de vida para los aztecas, gracias a sus herramientas de piedra y madera, era principalmente mediante métodos de agricultura intensiva, como el regadío, los cultivos en chinampas y la recuperación de terrenos pantanosos. El poder, aunque en su mayor parte estaba ostentado por el emperador, también tenía representación en los miembros de la pilli (nobleza).

Los jefes militares solían ser tecuhtli, soldados profesionales de élite. Otro grupo característico era el de los pochteca, comerciantes militarizados que contribuían a ampliar el imperio, traían mercancías  a la capital y organizaban grandes mercados en las poblaciones más importantes. En la parte más baja del escalafón social se encontraban los peones, que eran realmente los pobres, que se podían vender a sí mismos por un período de tiempo determinado, además de los siervos y los mismos esclavos.

Uno de los rasgos de Tenochtitlán-Tlatelolco es que había centenares de templos. El mayor, conocido como el Templo Mayor, era el centro del mundo para todos los aztecas y estaba dedicado a Huitzilopochtli y Tláloc, el dios de la lluvia. Gran parte de toda la cultura azteca provenía de civilizaciones mexicanas anteriores. Poseían escritura, libros con papel de corteza y el Calendario Redondo, un sistema particular de 52 años utilizado también por mayas, olmecas y zapotecas. Los aztecas también eran asiduos a observar el cielo para sus propios astrológicos. Los sacerdotes, que conservaban celibato, oficiaban ceremonias que incluían sacrificios y bailes con máscaras.

El pueblo azteca creía vivir en el quinto sol (mundo) y que los cuatro anteriores habían sido destruidos por la muerte del sol. Los sacrificios humanos tenían por objeto mantener el movimiento del sol. Para ellos el Universo tenía 4 direcciones, 13 cielos y 9 infiernos.

Mérida (México)

Publicado: 6 de junio de 2012 en Rincones del Mundo
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La península de Yucatán tienes alberga muchos tesoros. Aparte de poseer una gran red hotelera alrededor de sus costas de arena blanca y un clima envidiable, Yucatán posee unas tradiciones que ha conservado celosamente, tradiciones de origen maya, dentro de una belleza absoluta, un paisaje inolvidable, una naturaleza enorme. Hay presente y pasado, ambos se unen para dar una sobredimensión de su muestra.

Cerca de las ruinas mayas de Chichen Itzá y Uxmal serpentean caminos de camino a la costa. Por estas tierras se han vivido guerras, batallas, intrigas, gloria y poder. Sangre de muchas razas y de muchas épocas. Pero a lo lejos se puede encontrar una belleza como Mérida, la mayor ciudad del estado de Yucatán, con casi un millón de habitantes, si no los ha superado ya, y situada al nivel del mar. Mérida representa la capital cultural de la península de Yucatán desde la llegada de los españoles.

Mérida representa muchas cosas y todas ellas perfectamente combinadas. Nos muestra una faceta provinciana, otra cosmopolita, una ciudad que se nos revela repleta de historia virreinal, con estrechas callejuelas, anchas plazas centrales y los mejores museos de la región. Es un punto de partida ideal para recorrer el estado y adentrarse en sus tesoros. Una aventura de sentidos. Un sinfín de emociones esparcidas por un extenso territorio.

Mérida no es una joya desconocida, al contrario, muchos turistas la visitan a pesar de estar rodeada de innumerables riquezas culturales, históricas y turísticas. Fue Francisco de Montejo el Joven quien fundó una colonia española en Campeche, a unos 160 km al suroeste de Mérida en 1540. Aprovechando los conflictos internos entre los mayas conquistó la ciudad de T’ho en 1542. Cuando las tropas de Montejo entraron en la ciudad y contemplaron un importante asentamiento maya de piedras les recordó inmediatamente la arquitectura romana de Mérida en España.

Y no tardaron en rebautizarla, convirtiéndola en capital regional, desmantelando las estructuras mayas y usando todos esos materiales para construir la catedral  y otros edificios señoriales. Desde entonces Mérida siempre recibió órdenes directas de España y no de la capital de México. Y desde entonces Yucatán tuvo siempre una identidad política  cultural bien diferenciada. Hoy en día, Mérida representa el núcleo comercial de la península, una bulliciosa ciudad muy beneficiada por las maquiladoras que comenzaron a producir en la década de los 80 y 90, y por supuesto, de la industria turística que se desarrolló al mismo instante.

La Plaza Grande como llaman los lugareños a su plaza principal, ha sido y es el corazón de la ciudad desde los tiempos mayas. De hecho, casi todos los puntos de interés se hallan en un radio de cinco manzanas alrededor de ella. Otro punto interesante es la Catedral de San Ildefonso, terminada de construir en 1598. También destaca el Museo de Arte Contemporáneo, el cual presenta exposiciones permanentes de los pintores y escultores más famosos de Yucatán. La Casa de Montejo se remonta a 1549, en su origen era un cuartel pero pronto se convirtió en una mansión donde residieron los miembros de la familia Montejo hasta 1970.

El Paseo de Montejo fue un intento de los planificadores urbanos de la ciudad en el siglo XIX de crear un ancho bulevar parecido al paseo de la Reforma de la capital mexicana o los Campos Elíseos de París. La influencia arquitectónica y social de Europa puede observarse en las magníficas mansiones del paseo, construidas por familias acomodadas hacia finales del XIX.


El Estado de Querétaro, con 1,6 millones de habitantes, se puede considerar un lugar repleto de sorpresas para el visitante. Región agrícola y ganadera por excelencia, con una hermosa capital que se distingue por su elegancia, es una zona repleta de extraordinarios atractivos geográficos y turísticos.  También está repleto de joyas históricas.

TEQUISQUIAPAN

Esta pequeña ciudad de casi 30 mil habitantes está situada 70 km al sureste de Querétaro y a casi 2000 metros de altitud; un pintoresco refugio de fin de semana para los habitantes de la capital mexicana o del mismo Querétaro. Famoso lugar por sus termas y también porque varios presidentes mexicanos las visitaban para aliviar sus dolencias y tensiones. Actualmente es más conocida por sus bonitas calles  bordeadas de buganvillas, sus edificios virreinales y sus excelentes mercados.

La atractiva plaza Miguel Hidalgo está rodeada de portales y dominada por la Parroquia de Santa María de la Asunción, un edificio neoclásico del siglo XIX que posee una fachada rosa y una historiada torre.

En Carrizal, una manzana al norte de dicha plaza, hay tres interesantes mercados: el Mercado de artesanías, el Mercado de Barra y Mimbre y el Mercado de Guadalupana (Alimentación). El extenso y frondoso Parque La Pila está a poca distancia del mercado de artesanías.

BERNAL

Es un pequeño pueblo turístico y muy pintoresco. No alcanza los 7000 habitantes y está situado a más de 2000 metros de altitud. Si se le conoce por algo es por la aguja de roca que cobija , de unos 350 metros de altura, el tercer mayor monolito del mundo que además muchos mexicanos consideran místico. De hecho, durante el equinoccio de primavera miles de peregrinos acuden a la roca para absorber su energía positiva.

EL CERRITO

Fundamental para los amantes de la arqueología. Es una estructura piramidal de 30 m de alto situado encima de una colina, en la localidad de El PUeblito, a sólo 7 km del mismo Querétaro. De hecho, muchos arqueólogos siguen trabajando ahí. Se cree que estuvo ocupado entre el 600 y 1600 por las culturas teotihuacana, tolteca, chichimeca, otomí y tarasca.

Junto a la pirámide se ven los restos de lo que podría haber sido un juego de pelota y algunas estructuras dispersas. En la cima, la construcción es parecida a un fuerte con fecha de 1876.

RESERVA DE LA BIOSFERA SIERRA GORDA

Cubre el tercio nororiental del Estado de Querétaro. Más del 90 % de sus casi 4000 km2 son privados y casi 100 mil personas viven en sus ciudades misioneras y dispersos por los pueblos de la montaña. Estas agrestes zonas de la Sierra Madre Oriental abarcan extensas áreas de territorio inexplorado, con viejos bosques nubosos cubiertos de orquídeas, zonas semidesérticas con especies de cactus y orégano silvestre y selvas tropicales donde viven jaguares y una gran variedad de aves. La misma creación de la reserva en 1997 fue gracias a los esfuerzos de la población local. Se ha desarrollado una infraestructura de ecoturismo de propiedad y gerencia local, con cabañas, zonas de camping y guías.


A todo el mundo le suena ese tipo de personas, empresas y organismos que están acostumbrados al ‘todo vale’ cuando se trata de sus acciones, y que echan el grito en el cielo cuando las víctimas son, precisamente, ellos mismos. Entonces el argumento cambia por completo para pasar a ser: ‘a mí no se me puede tocar’. Es un argumento mafioso, antiguo y pasado de moda, pero hay que reconocer que sigue funcionando, y muy bien, al menos, si nos remitimos a los hechos y a los ejemplos que nos rodean alrededor del mundo. Da igual el país, da igual el lugar, las formas son las mismas y los fondos también. Están acostumbrados a actuar de una forma y no la cambian, si acaso, la perfeccionan, y se adaptan a las costumbres del lugar donde se instalen.

Me ha llamado la atención una situación aparecida en México en los últimos días. La cadena multinacional de supermercados norteamericana Wal-Mart, ubicada en México desde hace años, ha sido acusada de sobornar por cantidades superiores a 20 millones de dólares, para acelerar su expansión en el país azteca entre 2002 y 2005. Se denuncia que instauró un sistema por el cual se garantizaba que las peticiones de las autoridades mexicanas competentes, que revisan los permisos y licencias para que la empresa pueda operar en suelo mexicano, fueran debidamente satisfechas sin problemas. La compañía norteamericana ha comunicado que las imputaciones son sólo eso, imputaciones.

México es un país curioso, donde nadie conoce una multa de tráfico física porque siempre se llega a un acuerdo con el policía de tránsito de turno para que no se lleve el coche al depósito y así ahorrarte un tiempo y un dinero. Las conocidas ‘mordidas’ parecen estar amparadas hasta por el mismo gobierno, dado que no cambia el sistema de denuncias ni de actuación. Quizá esas mordidas son lo suficientemente atractivas como para aumentar el sueldo de los policías sin necesidad que lo haga el gobierno de forma oficial. El ahorro es considerable y además la sociedad continúa alimentando el mecanismo de forma espontánea y natural. Mucha gente se queja de eso y de muchas otras cosas, pero lo cierto es que la corrupción es el pan nuestro de cada día, está anclada en la cultura del país y es difícil de erradicar. Y lo más curioso es que, cuando algo tan habitual se toma como algo natural, se eche el grito al cielo luego por lo acaecido con Wal-Mart, como si sorprendiera a alguien. Si es fácil sobornar a un policía que transita las calles equis horas al día con unos cuantos pesos, más fácil será hacerlo con funcionarios o políticos de altas esferas mediante millones de dólares. No hay que ser un intelectual para entenderlo.

Las facilidades que tienen las multinacionales para instalarse en infinidad de países es algo que choca pero que ya se ha convertido en familiar. Todo son ventajas, beneficios para la ciudad, la creación de puestos de trabajo, un sinfín de provechosas situaciones que argumentándolas de forma correcta parece de estúpidos no aceptarlas. Con lo cual, imponen sus principios de empresa, sus condiciones, sus formas de trabajo y de contratación, y el gobierno de turno les hace la ola mientras van soltando dinerito. Porque no nos engañemos, el dinerito corre por todos lados y por todas partes, venga de quien venga.

Recientemente, la multinacional española Repsol YPF ha sido intervenida por el gobierno argentino. La reacción por parte de la empresa no se ha hecho esperar y no ha sorprendido, se ampara en los contratos firmados y en la regulación internacional. De cómo ha conseguido lo que ha conseguido y las diferentes maneras de tratar esos acuerdos hace años ni una palabra, evidentemente, no interesa. Ahora toca ir de víctimas, echar el grito al cielo y llorar bien fuerte para que todos los organismos internacionales acudan en su ayuda. Muchos criticarán las formas del gobierno argentino y no estarán de acuerdo en el fondo del asunto, pero si verdaderamente comienzan a investigar los pormenores del asunto también sería interesante e importante que analizara e investigaran cómo se instauraron en ese país y a qué precio. Evidentemente, muchos argumentarán que fue el gobierno argentino de esa época quien autorizó esos acuerdos, y es cierto, pero no puedo dejar de imaginar cuántos millones de dólares tuvieron la culpa y dónde se encuentran ahora mismo.

Una cosa es cierta, ni la población argentina, ni la española, ni la mexicana ni tampoco la norteamericana tienen la culpa de todos estos asuntos. Son los gobiernos, las empresas, los organismos y los intermediarios los que tienen organizadas unas mafias impresionantes alrededor del planeta y son ellos, y nadie más, los que se van repartiendo el pastel, dejando de a lado a cualquier ciudadano de cualquier parte del mundo fuera del negocio. Suena un tanto irónico que algunos se quejen cuando el viento cambia su rumbo y les perjudica. A veces hay que saber perder, aunque nunca se pierda. Una lección que deberíamos aprender todos aquellos que estamos acostumbrados a perder  y no a ganar.

De nada sirve que muchos miles de personas saquen su vena chovinista y nacionalista atacando a los ciudadanos de los otros países ‘en conflicto’, cuando verdaderamente la multinacional de turno no pertenece a ningún país en concreto, y mucho menos a los ciudadanos de ese país. Al menos en cuanto a beneficios se refiere. Porque el día que vea un euro de beneficio en mi cuenta corriente proveniente de Repsol quizá, repito quizá entonces, mueva un dedo apoyando su argumento. Pero la ignorancia y la manipulación funcionan, como funciona pellizcar el orgullo argentino por parte del gobierno de Cristina Fernández haciendo creer que luchan contra el colonialismo español en pleno siglo XXI; o por aquellos españoles que comienzar a despotricar contra todos los ‘sudacas’ que se menean amparándose en el derecho internacional. Mientras tanto, las multinacionales siguen amasando sus beneficios y buscando nuevos territorios que conquistar.


Cualquier lugar que descubres en una nueva ciudad trae consigo sorpresas. Paseando por el centro del D.F., justo al norte de la Alameda, y siguiendo por la avenida Hidalgo, se llega a la Plaza de la Santa Veracruz. Su nombre se debe a la escultura del mismo nombre, que está inclinada y que se encuentra al lado derecho de la misma. Una fuente y varios bancos son complementos perfectos para sentarse un rato y observar el ajetreado movimiento de la acera y la cotidianidad de los habitantes de la capital en un día de fin de semana. A pesar de estar en pleno centro de la ciudad, sentado en uno de estos bancos se respira tranquilidad.

Si miro al otro lado me encuentro con la Iglesia de la Santa Veracruz. Sobre todo destacan sus pilares muy tallados de la entrada que le dan un talante especial. La construcción data del siglo XVIII y se encuentra justo al otro lado de la plaza. Junto a esa iglesia está situada la entrada principal del Museo Franz Mayer. El edificio que lo alberga es un antiguo hospicio de la orden de San Juan de Dios, el cual, durante el breve reinado de Maximiliano, se conviritó en un centro de reinserción social para prositutas.

Este museo es fruto de todos los esfuerzos de Franz Mayer, un alemán nacido en Mannheim  en 1882. Vivió y prosperó en México gracias a sus negocios financieros y fue reuniendo una gran colección de  objetos de plata, textiles, cerámica y mobiliario en una magnífica exposición permanente. Unida a gran colección de pinturas tanto del siglo XVII español como francés y holandés. El repaso por todos los rincones del edificio es una pequeña joya por descubrir. Muebles de todo tipo, arcones, arcas, joyeros, vajillas, ropas, cuadros, un sinfín de elementos que recorren una época que va desde el siglo XVI hasta el XIX.

Un paseo agradable por las dos plantas que completan el museo y una parte muy interesante donde se puede conocer cómo las sociedades de esas épocas buscaron embellecer los objetos de uso cotidiano, así como las modas y los gustos de los distintos siglos. Pero destaca también una exposición temporal de ‘Evocacion Ming’. Un conjunto de 40 piezas que oscilan entre lo escultórico y lo utilitario pertenecientes a Eduardo Olbés. Un artista de origen filipino que se afincó en México hace ya más de 30 años y que ha trabajado principalmente como escultor, aunque también ha trabajado en esta colección de su mobiliario, una mezcla perfectamente diseñada entre madera y piedra. Un conjunto sencillamente fantástico. Una verdadera sorpresa.

Pero sin duda el mayor descubrimiento es el patio interior del edificio. Jardín con porches ideal para sentarse, relajarse, leer, escuchar el sonido de los pájaros, tomar un té y deleitarse con el tranquilo sosiego de visitantes que recorren con relax contagioso los rincones de este lugar.

Mayas

Publicado: 3 de mayo de 2012 en Historia
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Para muchos historiadores, el período de la civilización maya fue la más brillante de la América prehispánica. Y esta cultura floreció en tres zonas muy definidas:

Norte: todas las tierras bajas dela península mexicana de Yucatán

Centro: toda la selva del Petén, justo al norte de la actual Guatemala, y todas las tierras bajas limítrofes de Chiapas y Tabasco en México, al oeste, y de Belice a este.

Sur: toda la zona de altiplanos de Guatemala y una pequeña porción de Honduras.

Donde los mayas florecieron con mayor esplendor y donde alcanzaron unos altos niveles de expresión artística y arquitectónica fue en la región central. Este pueblo tenía conocimientos en muchos campos y destacaban en astronomía, matemáticas y astrología, y no fueron superados por ninguna otra civilización prehispánica.

La ciudad maya prototípica funcionaba como centro religioso, político y comercial para aldeas agrícolas. Existía un centro ceremonial que se ubicaba en las plazas rodeadas de altas pirámides. Los altares llevaban grabadas fechas, episodios históricos y figuras humanas y divinas. Los principales centro mayas en Chipas son Yaxchilán, Bonampak, Toniná y Palenque. Palenque cobró importancia durante el reinado de Pakal, en el siglo VII, cuya tumba fue descubierta en el interior del bello templo de las Inscripciones en 1952. En el sur de Yucatán se encuentran las zonas de Río Bec y Chenes, conocidas por sus famosas tallas de monstruos y serpientes en sus edificios. Los yacimientos de esta zona incluyen Calakmul, Becán, Xpuhil y el propio Río Bec.

La tercera concentración de la cultura maya clásica se encuentra en la península de Yucatán y lleva el nombre de zona Puuc. Su ciudad más importante es Uxmal, al sur de Mérida. La decoración de esta zona alcanzó su máximo esplendor en el palacio del Gobernador de Uxmal y se caracteriza por sus intrincados mosaicos de piedra, que a menudo incluyen los rostros de Chac, la versión maya de Tláloc, el dios de la lluvia.

Los mayas desarrollaron un complejo sistema de escritura, a la vez pictórico y fonético, que contenía entre 300 y 500 símbolos. También perfeccionaron un calendario utilizado por otros pueblos prehispánicos, y lo convirtieron en una herramienta para registrar y prever acontecimientos terrenales y celestiales. Los mayas medían el tiempo en varios ciclos entrelazados, que iban desde semanas de 13 días hsata el ‘Gran Ciclo’ de 1872000 días. Creían que el mundo en el que vivían no era más que uno de una sucesión de mundos, y este carácter cícilio permitía predecir el futuro basándose en el pasado.

El 21 de diciembre de 2012 marca el final del 13º bak’tun del antiguo calendario maya. Un bak’tun representa 400 años. En principio, los antiguos textos dejaban muy claro que la creación anterior a la nuestra sólo duró 13 bak’tun, y que luego se iniciaba una nueva cuenta larga o bak’tun. No queda muy claro entonces todo ese catastrofismo que abunda alrededor del fin de ese calendario, puesto que se supone que comenzaría uno nuevo. De todas formas, este hecho ha servido para filmar películas, escribir libros, realizar programas de televisión al respecto. Realmente, lo que creían los escritos mayas al respecto es que al final de los grandes ciclos se avecinaban momentos de transformación y renovación. Nunca dijeron que el 13º fuera el fin. Para ellos significaría más bien una celebración, un gran cumpleaños. Además, los mayas modernos no utilizan ese calendario para nada y tampoco significa nada en especial para ellos.

Los mayas creían vivir en un universo plano, con un centro y cuatro esquinas, cada una de ellas asociada a un color: el este era rojo, el norte blanco, el oeste negro y el sur amarillo. El centro era verde. Los dioses más importantes de la cultura maya eran: Itzamná, el dios del fuego y creador; Ah Puch, dios de la muerte; Chac, el dios de la lluvia; Yum Kaax, el dios del maíz y de la vegetación.

La religión impregnaba todos los aspectos de la vida maya. Eran muy creyentes de la predestinación y seguían una astrología muy compleja. Elaboraban rituales para ganarse el favor de los dioses, donde se incluían danzas, fiestas, sacrificios, consumo de alcohol llamado ‘balche’ y la práctica habitual de sangrías en orejas, penes y lengua. El método más habitual de sacrificio era la decapitación.

En la segunda mitad del siglo VIII empezaron a aumentar los conflictos entre las ciudades-estado mayas. Y a principios del siglo X, los varios millones de habitantes mayas ya habían desaparecido y con ello el fin del período clásico. Se atribuye a un cataclismo por una serie de sequías y la presión demográfica. Se cree que muchos de esos mayas emigraron a la región de Yucatán  o  a las tierras altas de Chiapas, donde hoy viven sus descendientes. La misma selva se apoderó de nuevo de esas antiguas ciudades de tierras bajas y recientemente se volvió a talar.

Carlos Fuentes

Publicado: 28 de abril de 2012 en Literatura
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“Si del amor hacemos la meta más cierta y el más cierto placer de nuestras vidas,

ello se debe a que, por serlo para serlo,

debe soñarse ilimitado sólo porque es, fatalmente, limitado”

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Comenzamos nuestro particular periplo por las letras mexicanas. Como ya hice en Noruega, voy a ir conociendo todavía más a fondo la cultura de este país que voy descubriendo poco a poco y con mucho cariño. La literatura mexicana es una de las más prolíficas e influyentes de la lengua española, al igual que la argentina y la cubana. Dentro de la historia literaria mexicana encontramos grandes nombres como Juan Rulfo, Amado Nervo, Federico Gamboa, José Emilio Pacheco, Alfonso Reyes y muchos más. Destaca por encima de todos ellos Octavio Paz, el único que fue capaz de conseguir el Premio Nobel de Literatura.

Os me voy a detener en la biografía de uno de esos grandes escritores mexicanos, que sigue todavía demostrando su valía y su arte. Me estoy refiriendo a Carlos Fuentes. Curiosamente nació en Panamá, en noviembre de 1928. Debido a que su padre era diplomático su familia viajó mucho durante su infancia, y ésta se desarrolló de un país a otro, entre Chile, Brasil, Estados Unidos, Argentina y varios países latinoamericanos más. Estudió derecho en México y en Suiza y trabajó en diversos organismos oficiales hasta 1958. Al mismo tiempo se interesó por fundar y dirigir la Revista Mexicana de Literatura’ y colaboró activamente en Siempre’Más adelante fundaría ‘El espectador’. 

“Un artista sabe que no hay belleza sin forma

pero también que la forma de la belleza depende del ideal de una cultura.

El artista trasciende, parcial y momentáneamente, el dilema,

añadiendo un factor: no hay belleza sin mirada.

Es natural que un artista privilegie a la mirada.

Pero un gran artista no invita no sólo a mirar sino a imaginar”

***

Su andadura dentro de la escena literaria fue gracias al volumen de cuentos ‘Los días enmascarados’ (1954), que ya recibió una buena acogida tanto por parte del público como de la crítica. Varios obras siguientes le suben a la cima y al éxito popular: ‘La región más transparente’ (1958), ‘Las buenas conciencias’ (1959) y, sobre todo, con ‘La muerte de Artemio Cruz’ (1962), quizá la obra que le consolida en un lugar alto dentro del panorama literario mexicano e iberoamericano.

“Toda gran obra literaria nos propone la salvación mínima de la palabra.

Toda gran obra literaria nos propone imaginar.

Tenemos un pasado que debemos recordar.

Tenemos un porvenir que podemos desear”

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Después varió sus entregas, pasando del relato fantástico como en ‘Aura’ (1962) a cuentos como en ‘Cantar de ciego’ (1966) o a una novela corta en ‘Zona sagrada’ (1967). Obtuvo el Premio Biblioteca Breve por ‘Cambio de piel’ (1967) y el Premio Rómulo Gallegos de 1977 con su novela ‘Terra nostra’ (1975), una obra que le llevará más de seis años para acabarla.

Posteriormente se introduce en el mundo teatral de la mano de ‘Orquídeas a la luz de la luna’, estrenada en 1982 en Harvard. Una auténtica crítica a la política exterior norteamericana. En 1984 recibió el Premio Nacional de Literatura de México y justo entonces terminó su novela ‘Gringo Viejo‘ (1984) que había comenzado a escribir por 1948. Siguió consiguiendo premios como el Premio Miguel de Cervantes en 1987, justo el mismo año que fue elegido como miembro del Consejo de Aministración de la Biblioteca Pública de Nueva York.

“Es que no hay buena revolución que no sea traicionada,

sólo las malas revoluciones no se traicionan a sí mismas…”

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En 1990 publicó ‘Valiente mundo nuevo’. Su popularidad, su fama y su calidad estaban fuera de duda por aquel entonces. Los premios no pararon de llegar y los reconocimientos ya eran unánimes, prueba de ello fueron los de la Legión de Honor Francesa (1992), la Orden al Mérito de Chile (1993) y el Premio Príncipe de Asturias (1994), entre otro muchos. En 2006 publicó ‘Todas las familias felices‘ , a la que siguió ‘La voluntad y la fortuna’ (2008) y ‘Adán en Edén‘ (2009).

En 1975 aceptó el nombramiento de Embajador de México en Francia como homenaje a su padre. Pero en 1977 renuncia a su cargo en protesta contra el nombramiento del ex presidentes Díaz Ordaz como primer embajador de México en España, después de la muerte de Franco. Defensor público de la figura de Fidel Castro, en algunas ocasiones le ha creado algún problema. También se enorgullece de tener amistad con Bill Clinton o Jacques Chirac. Es un gran aficionado al cine, e incluso ha escrito algún guión para películas. De hecho, una de sus novelas, ‘La cabeza de la hidra’ fue llevada al cine en 1981 por el director mexicano Paul Leduc, con el título de ‘Complot Petróleo: La cabeza de la hidra’, con guión adaptado del mismo Carlos Fuentes.

“¿Podemos hoy imaginar el mundo sin Don Quijote? Cuesta mucho.

¿Sin Hamlet? Cuesta mucho.

Sin embargo, hubo una época en que no existían.

Hoy ellos forman parte de la realidad porque fueron imaginados;

lo que se imagina se convierte entonces en parte de la realidad indisoluble

y ya no puedes entender la realidad sin lo que imaginó el escritor”

***

Otro de sus libros destacados son: ‘Agua quemada’ (1983), ‘Los años con Laura Díaz’ (1999), ‘La silla del águila’ (2003) o ‘Vlad’ (2010).

Jacaranda

Publicado: 20 de abril de 2012 en Artículos
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Una de las cosas que más me han llamado la atención desde mi llegada a la Ciudad de México ha sido el descubrimiento del árbol conocido como ‘jacaranda’. La jacaranda, también conocido como gualanday o tarco, es un género de unas cuarenta especies de árboles y arbustos de la familia de las bignoniáceas, típicos de la América intertropical y subtropical, que prosperan preferentemente en zonas con un buen régimen de lluvias, aunque pueden implantarse y prosperar en zonas más templadas.

Existen jacarandas centenarios en Buenos Aires o Montevideo. Pueden alcanzar desde los 2 a los 30 metros de altura. Florece dos veces por año, en primavera y en otoño, produciendo inflorescencias racimosas de flores de color azul violáceo y forma tabular en algunas especies, como la famosa jacaranda mimosifolia, pero varía su color, que puede ser incluso rosado. Las flores, de un color azul violáceo, permanecen largamente en el árbol. Su fruto es una cápsula plana y leñosa.

Su madera es aromática y muy apreciadas tanto por ebanistas como carpinteros, en especial para realizar laminados. Las hojas de la jacaranda tienen uso medicinal, se usa como antiséptico y antibacteriano. Su corteza es astringente, aunque no en dosis que admitan su uso industrial.

***

CUENTO

Había una vez en un parque una jacaranda que no había florecido nada,

los áborles de junto estaban de fiesta, todos tenían hojas verdes y brillantes. 

Muy contentos, mecían con el suave viento de la primavera.

“¡Sería mejor que la cortaran! ¡No se ve bonita entre nosotros!” dijo un álamo,

“¡Si! No tiene color ni canta con el viento. ¡Mejor que la corten!” dijo un sauce.

La jacaranda se estremeció de miedo. “¿De verdad me irán a cortar?”, se preguntó y se puso a llorar.

Una hada llamada El hada Azulita, que pasaba cerca, escuchó los sollozos de la jacaranda y le preguntó:

“¿Quié llora? ¿Quién está triste en primavera?”. Los arboles dijeron: “Es la jacaranda. 

Está triste porque la van a cortar ¡Se ve fea y muy seca!”

El hada Azulita se acercó para consolar a la jacaranda “No llores lo que te hace falta son cuidados y cariño.

Voy a pedir a mis amigos que te ayuden” El hada Azulita se despidió de la jacaranda y fue a ver al Sol.

¡Señor Sol! ¿Puede used darle unos de mis rayos a la jacaranda? dijo El hada Azulita,

“No puedo, Me gustaría, pero la señora Nube no se ha movido y no deja que mis rayos lleguen a la jacaranda”

“Entonces hablaré con la nube, querida señora ¿Podría moverse un poquito para que los rayos del sol pueda llegar a la jacaranda?”

“No puedo ¿No ve usted que estoy cargada de agua y no puedo moverme?” dijo la nube. 

El hada se quedó pensando y se le ocurrió pedirle ayuda al viento.

“Señor viento ¿Podría ayudarme a mover a la nube para que la luz del Sol pueda llegar hasta la jacaranda?” dijo el hada.

El viento aceptó y comenzó a soplar, hasta que la reventó.

Después el Sol le dio luz y calor. Poco a poco aparecieron hermosas florecitas que llenaron las ramas de la jacaranda.

Entonces, el hada Azulita dijo: “Para que la jacaranda se vea aún más hermosa, pintaré sus flores de mi color preferido” 

Al tocarlas con su varita mágica todas las flores se volvieron azulitas.

Los árboles se sorprendieron, pero se alegraron mucho al ver que la jacaranda florida ardonaba el parque con su hermoso color.

Desde ese día ya nadie pensó cortarla.

Fin

***



Asistir a un Museo donde el título del mismo es Memoria y Tolerancia ya indica lo que nos vamos a encontrar una vez traspasemos sus puertas. Porque si de algo se ha visto el mundo un tanto vacío es de Memoria y de Tolerancia, a pesar de que sean dos palabras muy utilizadas y manidas en cualquier discurso de cualquier organismo en cualquier parte del mundo. Muchos miles de personas en el mundo no saben todavía lo que es Memoria y mucho menos Tolerancia. Todo se basa en la educación, en el respeto y en la igualdad. Si no partimos de esa base difícilmente podemos utilizar palabras con tanto significado como Memoria y Tolerancia. Una vez entra en el Museo, el visitante ya se encuentra de bruces con la realidad, la realidad histórica más dura y cruel. Hablamos del Holocausto judío. Una exhaustiva descripción del régimen nacional-socialista alemán desde sus orígenes y establecimiento en el poder hasta el fin de la guerra mundial es el comienzo de la visita. Está muy bien detallado, cuenta con argumentos, informes, pruebas, fotografías, vídeos, relatos de supervivientes. Hay incluso una sección a ciertos personajes anónimos que desde su entorno salvaron cientos o miles de vidas de judíos de los campos de concentración.

Pero las formas de extinción, sus detalles, sus normas para distinguir razas, cuando la raza judía no se considera como tal, así como el establecimiento de una raza ‘superior’ cuando puede sonar tan ridícula sobre todo viendo a personajes que estuvieron en las más altas esferas del poder nazi, ejemplos de todo menos de una raza superior y aria, puesto que éste era el argumento, de sobras reconocido como manipulador. Porque si de algo trata el régimen nazi y fascista es de exaltar a las masas, provocarlas, hacerlas creer que gracias a ella se conseguirá lo que no se ha conseguido de otra forma, la superioridad como sociedad y como nación.

A lo largo de la historia del hombre las injusticias, los abusos, las violaciones de los derechos humanos, la explotación, la esclavitud son platos que se sirven a diario. A pesar de que son muchos los mensajes que recuerda y que aconsejan no caer de nuevo en errores anteriores, el hombre tienen esa particularidad de seguir haciendo de la crueldad un argumento de vida. Ya suena incluso un tópico o una utopía hablar de las injusticias y de la tolerancia, por no mentar la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de igualdad. Queramos o no la realidad nos indica que el ser humano es incapaz de cumplir con mínimos suficientes como para pensar que las sociedades son capaces de conseguir algo de lo anteriormente citado. Salas de la Memoria: -HOLOCAUSTO – EX-YUGOSLAVIA – RUANDA – GUATEMALA – CAMBOYA – DARFOR (SUDÁN) – CORTE PENAL INTERNACIONAL

La zona del museo dedicada a la ‘Tolerancia’ es una exhibición permanente que cuenta con un recorrido por varias salas donde se tocan diversos como el diálogo, la discriminación, los derechos humanos, el poder de los medios de comunicación, la riqueza de la diversidad, los actos que inspiran, las realidades intolerables, entre otros muchos. Se hace referencia a los pueblos indígenas mexicanos y a las migraciones que han contribuido al enriquecimiento cultural de nuestra nación; la exhibición de ‘Nuestro México’ termina con la discriminación y las violaciones a los derechos humanos en ese país.

La zona final está dedicada al ‘Compromiso o Indiferencia’, en la que se canaliza el proceso de reflexión hacia una acción social. Se presentan proyectos sociales que trabajan día a día por la construcción de un mejor y más justo país. En conjunto se trata de un museo muy interesante y que intenta captar la atención de muchos visitantes un tanto alejados de las realidades históricas. Su documentación es muy seria y detallada y vale la pena pasar un día por ahí para no olvidar, para recordar, para darse cuenta de que seguimos estando rodeados de injusticias allá por donde miramos. Nuestra mirada sigue atenta y sorprendida de cómo los hombres pueden ser capaces de replicar daños históricos sin la más mínima repercusión en sus conciencias. Guerras y guerras, armas y más armas, violencia en cada esquina, muertes gratuitas, sufrimiento generado con gratuidad, incoherencia repartida por millones de lugares que no deja avanzar a un grupo mayoritario y que simplemente desea la paz, la PAZ con mayúsculas, aunque suena como casi siempre, a utópico e irreal. No soñamos, todo es posible, la educación también es básica para conseguirlo. Entre todos podemos.


Tepotzotán es uno de los pueblos con categoría conocida como de ‘pueblo mágico de México’. Localizado a 43 km al noreste del centro de la ciudad de México, es uno de los destinos más típicos para escaparse del ruido capitalino y poder disfrutar de unas horas de relax, paseando por sus calles y contagiándose del ritmo tranquilo de sus vecinos. Es uno de los destinos más fáciles y cercanos que poseen los habitantes del D.F. y con sólo 40 mil habitantes es el lugar perfecto para encontrar todo aquello de lo que se carece en una gran ciudad. Sobre todo porque esta pequeña localidad irradia tranquilidad. Enclavado en el Valle de México, este lugar ofrece un gusto estético envidiable e invita a moverse a pie por todas sus plazas y lugares de interés.

Su principal atractivo es el Museo Nacional del Virreinato, situado en el que fue en su día el colegio jesuita de San Martín y San Francisco Javier, así como el templo de San Pedro Apóstol. Pero si uno prefiere comenzar su paseo por cualquiera de sus calles se dará cuenta de que casi todas ellas van orientadas hacia el centro, donde resplandece su enorme plaza rodeada de portales, restaurantes y tiendas de artesanía. La naturaleza es otro de sus bellezas, puesto que hay buenos ejemplos de ella, como el Parque Estatal Sierra de Tepotzotlán, dedicado a la protección y conservación ecológica que posee como tesoro el monumental Acueducto de Xalpa, de 440 metros de longitud y que es conocido popularmente como Arcos del Sitio. Toda esa área ha sido invadida por un turismo ecológico y ha creado una escuela dedicada a la Educación Ambiental para entretenimiento del visitante.

Sus fiestas más populares son las ‘pastorelas‘ que se celebran en diciembre como representación teatral del nacimiento de Cristo. Otro atractivo turístico es La Concepción, construida por los jesuitas a unos 15 km del pueblo. Adquirida en 1780 por Pedro Romero de Terreros y que en 1993 fue restaurada, conservando y respetando la arquitectura original, una obra que finalizó en 1997 y de la que se puede disfrutar actualmente.

Tepotzotlán fue poblado por los otomíes, quienes posteriormente fueron sometidos al Señorío de Cuautitlán. Después de la Conquista, se convirtió en una dependencia del Convento de San Francisco de Cuautitlán. Más adelante, en 1580, Tepotzotlán fue cedido a los jesuitas para continuar la evangelización. Pero sin duda, el visitante quedará prendado por el Museo del Virreinato. Gran parte del arte popular y sacro que se expone proviene de la gran colección de la catedral de Ciudad de México y su nivel artístico es elevadísimo.

Destacan los cálices de plata y oro, las imágenes de marquetería, la porcelana, los muebles, las pinturas y las estaturas religiosas. Todo el recinto se remonta al año 1606. Durante los siguientes 150 años se añadieron otros elementos, que crearon una fascinante muestra de los estilos arquitectónicos desarrollados en Nueva España. Es esencial visitar la Capilla Doméstica, cuyo retablo mayor de estilo churrigueresco está repleto de espejos. La fachada está compuesta por una fantasmagórica selección de tallas de santos, ángeles, plantas y personas, mientras que los muros interiores y el camarín de la Virgen, junto al altar, están abigarrados de adornos dorados.

Visitar esta localidad en fin de semana permite saborear todos los pequeños puestos del mercado ambulante por todo el centro. Infinidad de variedad de dulces típicos se mezclan con artesanía, bisutería, ropa y, por supuesto, comida. No puede faltar todo tipo de ‘antojitos mexicanos‘ en cualquier esquina para apagar el hambre.



Visitar el Museo de Antropología es casi obligatorio cuando uno empieza a descubrir la capital mexicana.  El complejo que lo alberga fue construido en la década de los 60 por el arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez y está situado dentro del bosque de Chapultepec. Es visita habitual para grupos de niños de colegios de todas las edades, visita cultural por excelencia tanto para adultos como para pequeños.

Tan sólo entrar el visitante se encuentra con una inmensa fuente de piedra justo en el centro del recinto. Es un patio rectangular que está rodeado en tres de sus lados por salas de exposición en dos niveles. Las primeras 12 salas, las que se encuentran en la planta baja están dedicadas al México prehispánico. En la planta superior hay muestras de las distintas culturas amerindias más contemporáneas. En la planta baja están situados también numerosos jardines donde se alzan réplicas de los templos más conocidos del país.

Lo cierto es que la organización y la distribución son magníficas. Uno va adentrándose entre siglos de historia con una facilidad asombrosa. Muestras de huesos, de animales prehistóricos, ejemplos de casas indígenas, telas, objetos de caza, de cocina, un número infinito de la artesanía más popular, más clásica. Una visita puede durar todo el día pero, aún así, será insuficiente. Es enorme, y además contiene demasiada información. No obstante, se puede degustar un poco de cada sala y conocer de primera mano algo más de todo lo que encierran sus paredes.

Sin duda una visita que merece la pena, en un lugar precioso y que invita a recorrer todos sus rincones. Una visita que debe repetirse para poder englobar todo su contenido.


Fundada por colones españoles en 1531 con el nombre de Puebla de los Angeles. Puebla posee 1,5 millones de habitantes y está situada a 2160 metros de altitud. Ya por sí sola merece una visita pues ostenta más de 70 iglesias de todos los estilos alrededor de su centro histórico, más de mil edificios virreinales adornados con azulejos y una larga y particular historia gastronómica.

Puebla se encuentra a poca distancia del centro prehispánico de Cholula. Se desarrolló rápidamente para convertirse en un importante centro del virreinato. Era típica de la zona la cerámica que llegó a convertirse en arte y en industria. También se creó un gran centro de producción de vidrio y tejidos. Un terremoto ocurrido en 1999 con 6,9 grados en la escala de Richter provocó la conservación y restauración del centro histórico. A pesar de lo que se pueda imaginar, Puebla es un lugar muy relajante, poco bullicioso y lugar ideal para pasear por sus calles encantadoras.

Antiguo baluarte del conservadurismo, catolicismo y tradición, ha evolucionado para que los jóvenes puedan disfrutar de una vida nocturna muy dinámica y artística. Los centros comerciales se han ido multiplicando y la modernidad ha llegado a sus barrios alejados del centro. De todas formas, las distancias en Puebla son cortas. Las escapadas de los ‘chilangos’ (habitantes del DF) siguen llenando sus calles los fines de semana. Los hoteles siguen abriendo sus puertas, desde los más clásicos hasta los más modernos. Las terrazas de sus plazas le dan una belleza y un ambiente únicos.

En 1811, los 50 mil habitantes la hacían la segunda ciudad más poblada de México hasta que Guadalajara la sobrepasó en el mismo siglo XIX. En 1862, el general Ignacio de Zaragoza fortificó el cerro de Guadalupe contra los invasores franceses y el 5 de mayo de ese mismo año se produjo un hecho histórico, cuando 2000 soldados frenaron el ataque de 6000 franceses, casi todos ellos aquejados de diarrea. Ese éxito militar produjo la celebración nacional anual y para nombrar a cientos de calles de todo el país como 5 de mayo. Lo que ocurrió el año siguiente ya no se recuerda tanto, cuando los mismos franceses tomaron Puebla y la ocuparon hasta 1867.

La vida cotidiana de los ‘poblanos’ sigue girando alrededor de su casco antiguo, cuyo núcleo es el zócalo franqueado por la catedral en uno de sus extremos. Casi todas las zonas históricas y de interés turístico están alrededor de esta zona. El Zócalo es la plaza mayor de Puebla y en su origen era un mercado donde se celebraban corridas de toros, obras de teatro y ejecuciones públicas en la horca, para años después convertirse en jardín botánico (1854). Los vendedores ambulantes, los vendedores de globos se entremezclan entre las familias que pasean apaciblemente.

Hay una infinidad de museos como el Museo Amparo, un museo privado que posiblemente sea la mejor atracción de la ciudad, distribuido en dos edificios virreinales conectados de los siglos XVI y XVII. Su colección es asombrosa, repleta de piezas prehispánicas bien expuestas con información exhaustiva. También están el Museo Poblano de Arte Virreinal, el Museo del Ferrocarril, el Museo de la Revolución, el Museo Casa del Alfeñique o el Museo Bello.

Entre sus monumentos destacan el Templo de Santo Domingo, el Templo de San Francisco y la Iglesia de la Compañía. Justo al lado está Cholula, una pequeña ciudad de más de 80 mil habitantes que casi parece un barrio alejado de Puebla. Se distingue por su historia y su ambiente peculiar. En su interior se encuentra situada la pirámide más ancha del mundo (Tepanapa), aunque casi es una desconocida dado su gran deterioro y su abandono. En sus orígenes, Cholula era un importante centro religioso. En la actualidad existen 39 iglesias, un número increíble para una ciudad tan pequeña.

Años después de mi primera visita a este lugar su encanto ha seguido embriagándome. Sus calles empedradas, sus balcones, sus fachadas de colores, su tranquilidad, la delicadeza de sus museos, sus gentes paseando, el aroma de sus platos, el sonido de las terrazas de los bares en las plazas, un conjunto bellísimo para recordarlo siempre y para saborearlo sin duda alguna. Un lugar exquisito para vivir y para visitar. Uno de esos lugares que enamoran fácilmente al viajero, venga de donde venga.