Hamacas

Publicado: 24 de mayo de 2014 en Artículos
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‘El arte del descanso es una parte del arte de trabajar’
(John Steinbeck)
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El término ‘hamaca’ viene del idioma taíno y significa ‘red para pescado’. También procede de otra palabra americana ‘chinchorro’ que significa red de pesca. El uso de esas hamacas fue ideado para descansar en medio de la faena de la pesca y en lugares apartados de la propia casa. Realmente son una serie de hilo de fibras vegetales muy resistentes, ya sean de cáñamo, de cumare o fique, bien anudados y con mucha resistencia. Lo cierto es que las hamacas están hechas de diversos materiales, pero su calidad depende, sobre todo, de la calidad y del número de hilos utilizados. Su origen está en el Caribe y es una parte fundamental del decorado caribeño. Es muy utilizada y se ha exportado la idea a todo el mundo. Incluso en el mismo Caribe se utilizan dentro de las casas y todas ellas tienen ganchos en sitios estratégicos para colgarlas.

Su uso comenzó a ser popular a principios del siglo XVII por los marineros de los barcos que llegaban a puerto tras la pesca. Aunque parece ser que su uso tiene ya más de mil años. Los marineros las utilizaban en los barcos, pues la hamaca suele moverse al ritmo del barco y el que la usa no tienen problemas o riesgos de ser arrojado al suelo. Originalmente, se utilizó el algodón para fabricarlas, aunque también se usó la cabuya o la pita. Se teñían con tintes vegetales y con mucha variedad de diseños, colores y tamaños. En la actualidad, el material más utilizado para su producción es el polipropileno, y en muchos lugares se ha retrocedido a los orígenes de su fabricación y se vuelve a utilizar la fibra vegetal. Ya en el siglo XVII su uso se extendió gracias a todas las compañías comerciales navieras que recorrían el Caribe y que apreciaron sus características para el descanso.

‘La lectura, la reflexión y el descanso guardan al corazón de pensar tonterías’

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Nadie se extraña de verlas en cualquier hogar del Caribe o en el sur de México. Muchos lugares de costa también la han añadido a su decorado habitual. Su origen era maya. Hoy no es raro observar su uso en casi todos los países de Latinoamérica. En el sur del continente se distingue de la conocida ‘hamaca’ (columpio) denominándola ‘hamaca paraguaya’. Una de las zonas más famosas por su producción es la zona del Istmo de Tehuantepec (México). Un poco más al norte se encuentra la localidad de San Pablo Yaganiza, donde se fabrica una hamaca única, y que ahora también se fabrica en España gracias a artesanos textiles. Pero llama la atención que, con el paso de los siglos, su fabricación artesanal no haya variado casi nada, con lo cual se puede valorar mucho más el gran invento que tuvieron los pobladores de la zona hace más de diez siglos. 

Para muchos pobladores de lugares cálidos y rurales, la hamaca es el lugar ideal donde dormir. Muchos la sustituyen por la tradicional cama. La costumbre y la comodidad son buenas razones para ello. Las  primeras hamacas se tejieron gracias a la corteza del árbol conocido como Hamack. Esa hamaca original se convirtió en la cama de muchos millones de indígenas de la época. La evolución en los materiales se multiplicó, así como el uso de colores y diseños. Gracias a los conquistadores españoles, la hamaca llegó por fin a Europa. De hecho, el uso de la hamaca en los barcos europeos duró casi tres siglos. Ahí se utilizó un tipo de lona impermeable, poco higiénica, más estrechas y más incómodas. Los ingleses introdujeron su uso incluso en las prisiones. No sólo era cómoda sino que ahorraba espacio.

La visión y el uso de la hamaca en la actualidad están relacionados con el descanso, las vacaciones y el ocio. Cualquier viajero que recorre algún país caribeño no tarda en usarla, en dormir sus siestas en ella, leer un libro o contemplar una puesta de sol frente al mar. Dan sensación de tranquilidad y de descanso. Sólo verlas uno puede caer en la absoluta paz y escapar de todas las preocupaciones. Otro buen uso es cuando cae la noche y el calor y la humedad de esos países caribeños hacen que el dormir en una cama convencional cueste más de la cuenta. Ya es habitual verlas en terrazas, jardines y salas de estar de medio mundo, sobre todo donde el calor hace mella.

Una hamaca se mide en cuartas, una medida tradicional basada en el espacio que se abarca con la mano abierta (unos 20 cm.) Un tamaño normal está sobre 10 y 11 cuartas. El largo se calcula en cuartas, pero no el ancho, puesto que la hamaca se estira. Para fabricarla, lo primero es forma la orilla, luego la hamaca, lo que se conoce como cuerpo. Cuando se termina una porción de 20 vueltas se llama franja, un total de 80 hilos, 40 de guía y 40 de lanzadera. El número de mallas a utilizar varía según el largo de la hamaca, pero también del tipo de material y de la figura de la red. Al terminar la hamaca se coloca la otra orilla. Para terminar se forman los brazos, por donde cuelgan las hamacas, normalmente de un material mucho más grueso. Lo ideal es que todos los hilos del brazo sean exactamente del mismo largo para que la hamaca no se deforme al acostarse en ella, ni forme un incómodo lomo en el centro.

‘Descansar demasiado es oxidarse’
(Walter Scott)
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Hamaca-en-la-playa-by-Carlos-Guzman---m

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