Sionismo. Algo más que un dogma.

Publicado: 22 de diciembre de 2013 en Artículos
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“Es bien sabido que la ciencia y el nacionalismo son cosas que se contradicen,

aunque los monederos falsos de la política nieguen ocasionalmente ese saber:

pero también llegará ¡por fin!

El día en que se comprenderá que sólo para su daño

puede ahora toda cultura superior

seguir cercada por vallas nacionales”

(Friedrich Nietzsche)

***

Antes que nada habría que indagar acerca de lo que es realmente el sionismo. Se conoce con ese término al movimiento internacional que propugnó el restablecimiento de una patria propia para el pueblo de Israel. Lo que se conocía como la Tierra de Israel. Fue el origen de lo que luego sería el Estado de Israel. El origen del movimiento es muy antiguo pero se estableció como movimiento político a finales del siglo XIX. El objetivo era claro: fomentar la migración judía mundial hacia la denominada Tierra Prometida y la creación de un Estado de Israel. El sionismo no era sino un tipo de nacionalismo al uso. Amparado por el despliegue y emigración de judíos por todo el mundo debido a su persecución fue proclamado como el movimiento de liberación nacional del pueblo judío. El término en sí proviene de la palabra hebrea Sion, que se refiere al Monte del mismo nombre, situado cerca de la ciudad de Jerusalén y a la fortaleza homónima. Durante el reinado del Rey David, con ese término ya se refería a toda la ciudad de Jerusalén y a la Tierra de Israel. Y fue el editor austríaco Nathan Birnbaum quien en 1890 utilizó la palabra por primera vez en su diario.  Pero no hay que olvidar que el nacimiento del movimiento sionista se encontraba en el mismo período en el cual hubo un gran avance de los nacionalismos europeos, alineados todos bajo un mismo lema: un pueblo, un Estado. No dejaba de ser una idea que representaba la creación de un Estado-nación. 

La tesis del sionismo abogaba porque los judíos representaban un grupo nacional y no un grupo religioso propiamente dicho. Como tales tenían derecho a crear su propio Estado dentro de su territorio histórico. La inmigración judía hacia Israel comenzó en 1882. Los primeros inmigrantes estaban dentro de lo que se conoció como Primera Aliyá y procedían principalmente de Rusia debido al antisemitismo que se respiraba en ese territorio. La segunda ya se produjo en los primeros años del siglo XX. En el período de entreguerras se aprovechó la situación para crear nuevas oleadas de inmigrantes. Casi todos los recién llegados fundaron asentamientos agrícolas subvencionados por judíos adinerados de la Europa occidental. La Declaración Balfour de 1917 apoyó la creación de una Patria Judía en el Mandato Británico de Palestina. Y a lo largo de todo el siglo XX el sionismo fue ganando adeptos poco a poco. Tras el Holocausto ganó enteros la idea de crear el Estado de Israel en Palestina. Pero el sionismo se componía de dos elementos: por un lado conseguir la independencia; y, por otro lado, la soberanía del pueblo judío. Israel sería el centro de la identidad judía en todo el mundo. Se pretendía la unión de todo el pueblo judío, con un vínculo histórico que era la patria y un estado central con Jerusalén como capital. Pero como en todas las ideologías y pensamientos, el sionismo también recogía diferencias y se desarrollaron varias escuelas de pensamientos sionista, como por ejemplo: el socialista , el revisionista, el general o el religioso. Pero también se desarrollaron pensamientos contrarios a la idea. La oposición a las ideas sionistas se conoció con el nombre de integracionismo o asimilacionismo, que afirmaba que el sionismo era análogo al antisemitismo, dado que ambos niegan la condición de nacionales de un determinado país a los judíos. Lógicamente, la población árabe, eterna enemiga de los judíos, se opuso a la idea de la creación del  Estado Judío que finalmente se consiguió en mayo de 1948. Y curiosamente, los británicos, que habían firmado la Declaración Balfour, dificultaron después la inmigración judía a Palestina.

Pero en 1975, en plena etapa de la Guerra Fría, la Asamblea General de la ONU adoptó la famosa Resolución 3379, gracias al impulso de los países árabes y del apoyo del bloque soviético, que no era vinculante pero que asociaba el sionismo con el racismo. Lo que está claro es que cada uno es y debe ser libre a la hora de decidir si defiende la idea sionista o no, se puede estar de acuerdo o no. Pero desde su establecimiento y desarrollo, el sionismo mismo ha utilizado el concepto para atacar a todos aquellos que critican a Israel, al Estado de Israel o a la política del Estado de Israel. Porque también se puede estar de acuerdo o no con la política de un gobierno de un país ‘x’, se le puede criticar, se le puede denunciar si consideramos que comete alguna injusticia, pero no por eso se le puede tachar a quien lo hace de enemigo del sionismo. Basar todo un argumento de defensa de un pensamiento, una idea o una ideología en considerar contrario y enemigo de ello a todo aquel que lo critica es aparte de mediocre, miserable y débil, en una estrategia que ya resulta bastante habitual. Sin ir más lejos, muchos periodistas de investigación norteamericanos han denunciado todas las trabas y la mala reputación que desde diferentes ámbitos se les ha realizado por escribir en contra de las políticas exteriores del gobierno de Israel. Campañas de desprestigio que inciden en la mente de una masa acostumbrada a ser manipulada, aunque a veces no se dé cuenta. Lo cierto es que desde el momento en que osas penetrar esa línea de crítica y de búsqueda de la verdad, o simplemente cuando te atreves a opinar personalmente sobre alguna de las acciones del Estado de Israel, quedas estigmatizado para siempre sin que tengas derecho a réplica. Es lo mismo que ocurre en muchas ocasiones cuando a alguien se le ocurre criticar a un gobierno o a las políticas de éste, siendo automáticamente tratado como antidemócrata, radical o antisistema. Etiquetas que no dejan la verdad y que intentan ocultar la verdadera realidad. Y, como siempre ocurre, nada tiene que ver el concepto o la idea original con lo que el mismo hombre desarrolla con el tiempo.

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