La época que nos ha tocado vivir

Publicado: 5 de junio de 2014 en Artículos
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PerroflautaDylan

‘No creas en el tiempo y cree en el ahora, que es lo único que sabes con certeza…’

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Si nos preguntaran en qué época nos hubiera gustado vivir seguramente la mayoría elegiría otra distinta a la que le ha tocado. Una de las razones es por lo que imaginamos acerca de esa época, por lo que hemos leído, visto, o por lo que nos han contado. Cada época tiene lo bueno y lo malo. No hay una época que marque más que otra. Es más cuestión de azar. Nacemos, y en ese preciso momento, nos instalamos en una sociedad ‘x’ que se ubica en un lugar ‘x’. Hay muchos tipos de vida en una misma época. No tiene nada que ver la vida que lleva un ciudadano de Australia con uno de Mozambique, como tampoco tiene nada que ver la vida que pueda tener un iraní con un hondureño, por ejemplo.  Cada época es distinta, pero a la vez, en cada lugar es distinta también. Todo depende de muchos factores. La sociedad de un lugar a otro cambia por completo, las costumbres, la economía, las opciones, las normas, etc. No podemos imaginar una época cualquiera porque habría que saber primero dónde estaríamos viviéndola. No es lo mismo vivir en los sesenta en Inglaterra que en España, como tampoco lo era vivir en los años veinte en Francia o en Brasil. Los factores determinantes y sus características particulares deberían ser analizadas profundamente antes de tomar una decisión, aunque sea ficticia, porque la época que nos ha tocado vivir es la que tenemos en nuestras manos ahora mismo.

Seguramente, si hubiéramos podido decidir en algo acerca de cómo queríamos que fuera la época en que vivimos, habríamos hecho mil cambios, habríamos añadido mil cosas que no hay, y habríamos eliminado otras tantas que creemos que sobran. La evolución del ser humano viene marcada por los acontecimientos. Por un lado, se ve esa evolución en la tecnología, en las máquinas, en los adelantos; pero, por otra parte, parece que la sociedad global sigue anclada en el pasado y en épocas anteriores en muchos aspectos, y parece que se hace difícil desprenderse de esas herencias. Las opiniones al respecto y ante temas tan generales podrían ser numerosas y de mil interpretaciones posibles. Cada uno tiene en su mente lo que le gusta y lo que no de lo que vive a diario. Nos guste o no las cosas suceden, se repiten y parece que ya son habituales. Nos acostumbramos a ellas, y debemos hacerlo. Las cosas que se van sucediendo tienen fecha de caducidad, pero nunca sabemos a ciencia cierta esa fecha, con lo cual toca lidiar con todo hasta que algo desaparece o algo nuevo aparece.

 Cada uno vive su época a su manera, e incluso los que viven en un mismo ambiente, entorno o sociedad pueden vivir su época de forma diferente. Las sensaciones, las compañías, las experiencias y las emociones varían de uno a otro, así como la forma de encarar el día a día. Cada uno desprende una energía, una forma de ser. Un carácter que se va estableciendo según las vivencias, por lo tanto, lo que se va descubriendo adquiere tonos y estilos distintos. Las formas de ver todo varían según el día, el momento y el estado de ánimo. Nuestra época no es mejor ni peor que otra. Nuestra época es la que es. Además no hay otras donde poder elegir. Teniendo esto claro, no vale de mucho quejarse continuamente sobre la situación que nos ha tocado, o repitiendo aquélla en la que nos hubiera gustado estar inmersos. Nos ha tocado una época que varía a una velocidad impresionante en muchos factores, pero que en otros tantos parece seguir estancada. Hay que intentar por todos los medios que la forma de transcurrir por nuestras vidas tenga un sentido, y ese sentido se lo tenemos que dar nosotros. Porque, a fin de cuentas, muchas de las situaciones que vayamos a vivir dependerán de nuestra actitud y de nuestra decisión. Todo ocurre, pero ocurre por algo. Algunos tratan de reaccionar y otros se dejan llevar.

Y dentro de una vida pueden aparecer diferentes períodos. Son etapas tras etapas, incluidas dentro de una época, dentro de una vida. Vamos abriendo y cerrando etapas casi sin darnos cuenta, y nada tiene que ver la vida que llevábamos hace veinte años a la que llevábamos hace cinco. Si echamos la vista atrás nos daremos cuenta de que vamos adquiriendo experiencias de vida, que actuamos según éstas, y que reaccionamos muchas veces por el conocimiento que ya hemos adquirido anteriormente. Vamos cambiando porque vamos evolucionando, aunque esto no ocurre con todas las personas. Pero, dentro de esa evolución, surgen cambios, muchos cambios, que nos permiten ver variantes, que nos dejan reinventarnos tantas veces como deseemos o como seamos capaces de realizar. Evolucionamos dentro de la evolución, nos transformamos dentro de nuestra propia transformación. Vamos moldeando nuestra forma de pensar a medida que los acontecimientos se suceden.

Y lo único seguro que tenemos es que nuestro período tiene fecha de caducidad, aunque nunca sepamos cuándo será. La muerte nos define el final de un camino. Y todo ese camino es nuestro período, nuestra época. Algunas veces queremos regresar al pasado, pero en el futuro querremos regresar más veces al presente. La conclusión es que pensando en el pasado que pudo haber sido y el futuro que podrá ser nos vamos perdiendo lo que está siendo. Intentamos adivinar lo que vendrá sin darnos cuenta de que lo que estamos viviendo en este mismo instante es enorme, intenso, inolvidable e irrepetible. La pasión de un momento no tiene límites, y tampoco volverá. La belleza de ese segundo mágico no tiene parangón. Lo sabemos. Pero, aún así, no reparamos en ello. Seguimos actuando igual. Imaginando lo que podría haber sido, arrepintiéndonos por lo no hecho, creyendo que todo podría haber sido diferente, albergando dudas y más dudas y sin conseguir las respuestas. Más pendientes del mañana que de hoy. Y así vamos pasando las épocas, las etapas, los años y los días, entre horas muertas y segundos sin sentido, analizando pasados ya muertos que sólo habitan en nuestra mente, que sirven pero que no dominan, con futuros indefinibles y opacos, siempre sorprendentes, a menudo inútiles, porque esos presentes que vamos dejando escapar ya no vuelven.

‘Coged las rosas mientras podáis
veloz el tiempo vuela. 
La misma flor que hoy admiráis, 
mañana estará muerta…’
(Walt Whitman)
***

Neopan+400+(1)

comentarios
  1. Siempre estamos inventando falsos paraísos y, aún teniéndolo todo no vemos el regalo / El instante es lo eterno; lo real, el verdadero prodigio.

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