Puebla

Publicado: 21 de marzo de 2012 en Rincones del Mundo
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Fundada por colones españoles en 1531 con el nombre de Puebla de los Angeles. Puebla posee 1,5 millones de habitantes y está situada a 2160 metros de altitud. Ya por sí sola merece una visita pues ostenta más de 70 iglesias de todos los estilos alrededor de su centro histórico, más de mil edificios virreinales adornados con azulejos y una larga y particular historia gastronómica.

Puebla se encuentra a poca distancia del centro prehispánico de Cholula. Se desarrolló rápidamente para convertirse en un importante centro del virreinato. Era típica de la zona la cerámica que llegó a convertirse en arte y en industria. También se creó un gran centro de producción de vidrio y tejidos. Un terremoto ocurrido en 1999 con 6,9 grados en la escala de Richter provocó la conservación y restauración del centro histórico. A pesar de lo que se pueda imaginar, Puebla es un lugar muy relajante, poco bullicioso y lugar ideal para pasear por sus calles encantadoras.

Antiguo baluarte del conservadurismo, catolicismo y tradición, ha evolucionado para que los jóvenes puedan disfrutar de una vida nocturna muy dinámica y artística. Los centros comerciales se han ido multiplicando y la modernidad ha llegado a sus barrios alejados del centro. De todas formas, las distancias en Puebla son cortas. Las escapadas de los ‘chilangos’ (habitantes del DF) siguen llenando sus calles los fines de semana. Los hoteles siguen abriendo sus puertas, desde los más clásicos hasta los más modernos. Las terrazas de sus plazas le dan una belleza y un ambiente únicos.

En 1811, los 50 mil habitantes la hacían la segunda ciudad más poblada de México hasta que Guadalajara la sobrepasó en el mismo siglo XIX. En 1862, el general Ignacio de Zaragoza fortificó el cerro de Guadalupe contra los invasores franceses y el 5 de mayo de ese mismo año se produjo un hecho histórico, cuando 2000 soldados frenaron el ataque de 6000 franceses, casi todos ellos aquejados de diarrea. Ese éxito militar produjo la celebración nacional anual y para nombrar a cientos de calles de todo el país como 5 de mayo. Lo que ocurrió el año siguiente ya no se recuerda tanto, cuando los mismos franceses tomaron Puebla y la ocuparon hasta 1867.

La vida cotidiana de los ‘poblanos’ sigue girando alrededor de su casco antiguo, cuyo núcleo es el zócalo franqueado por la catedral en uno de sus extremos. Casi todas las zonas históricas y de interés turístico están alrededor de esta zona. El Zócalo es la plaza mayor de Puebla y en su origen era un mercado donde se celebraban corridas de toros, obras de teatro y ejecuciones públicas en la horca, para años después convertirse en jardín botánico (1854). Los vendedores ambulantes, los vendedores de globos se entremezclan entre las familias que pasean apaciblemente.

Hay una infinidad de museos como el Museo Amparo, un museo privado que posiblemente sea la mejor atracción de la ciudad, distribuido en dos edificios virreinales conectados de los siglos XVI y XVII. Su colección es asombrosa, repleta de piezas prehispánicas bien expuestas con información exhaustiva. También están el Museo Poblano de Arte Virreinal, el Museo del Ferrocarril, el Museo de la Revolución, el Museo Casa del Alfeñique o el Museo Bello.

Entre sus monumentos destacan el Templo de Santo Domingo, el Templo de San Francisco y la Iglesia de la Compañía. Justo al lado está Cholula, una pequeña ciudad de más de 80 mil habitantes que casi parece un barrio alejado de Puebla. Se distingue por su historia y su ambiente peculiar. En su interior se encuentra situada la pirámide más ancha del mundo (Tepanapa), aunque casi es una desconocida dado su gran deterioro y su abandono. En sus orígenes, Cholula era un importante centro religioso. En la actualidad existen 39 iglesias, un número increíble para una ciudad tan pequeña.

Años después de mi primera visita a este lugar su encanto ha seguido embriagándome. Sus calles empedradas, sus balcones, sus fachadas de colores, su tranquilidad, la delicadeza de sus museos, sus gentes paseando, el aroma de sus platos, el sonido de las terrazas de los bares en las plazas, un conjunto bellísimo para recordarlo siempre y para saborearlo sin duda alguna. Un lugar exquisito para vivir y para visitar. Uno de esos lugares que enamoran fácilmente al viajero, venga de donde venga.

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