El poder del dinero

Publicado: 5 de diciembre de 2013 en Artículos
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Qué harías si el dinero no fuera impedimento_

“Quien cambia felicidad por dinero
no podrá cambiar dinero por felicidad”
(José Narosky)
*** 

El dinero se inventó como medio de intercambio aceptado por la sociedad y que se usa para el pago de bienes, servicios y cualquier tipo de obligación. Consistía en una forma más sencilla que el antiguo trueque. El dinero que usamos a diario en cualquier parte del planeta debe estar avalado o certificado por la entidad emisora. En general, son los gobiernos de los estados los encargados de ello, a través de las leyes, las cuales determinan cuál es el tipo de dinero de curso legal, y gracias a los bancos centrales y las casas de las monedas se regula y controla la política monetaria de una economía, además de crear las monedas y billetes necesarios.

“Hay gente tan pobre en el mundo que lo único que tienen es dinero”

***

El hombre descubrió desde la aparición de la agricultura, la ganadería y la pesca, que se generaba un excedente de producto; una cantidad de bienes que no podían ser consumidos por quien los recogía, realizaba o producía. Todo ello generó que se pudiera alimentar a mucha gente que se podría dedicar a producir otros productos también necesarios. Con ese marco se creó el trueque. El trueque era una idea de intercambio de objetos y servicios por otros objetos y servicios. Lógicamente debía existir un excedente de productos determinados que desencadenaría en la división del trabajo. El problema que generaba ese sistema es que los intercambios dependían del excedente acumulado y de las necesidades de demanda de cada individuo, lo que hacía que el proceso fuera lento y algo lejano a considerarse como eficiente. Asimismo, resultaba difícil encontrar a la persona indicada que necesitara el producto excedente del cual otra persona necesitaba deshacerse. Y en muchos casos, la oferta de excedentes no satisfacía las necesidades de muchas personas que igualmente poseían excedentes que no interesaban a otras.

monedas_antiguas_oro_506

Con el tiempo se descubrió que existían bienes que eran más fáciles intercambiables que otros, ya fueran por su utilidad, ya fuera por su capacidad para circular por el mercado y para que sirviera como moneda de cambio. De hecho, muchos individuos almacenaban productos que no producían pero que les servían para poder negociar por otros. Se vio que la necesidad de un producto y la demanda de él era mucho más importante que la variedad. Para poder cambiar ese sistema se crearon alternativas que se utilizaron a modo de dinero: ya fueran joyas, piedras preciosas, metales, conchas, piedras o sal. Y, finalmente, fueron el oro y la plata los más utilizados para los intercambios de bienes, debido a la facilidad de su transporte y a su fácil conservación. El siguiente paso fue acuñar los metales o monedas para avalar su peso y su calidad. Parece ser que fueron los lidios los primeros en introducir el uso de monedas de oro y plata, al igual que establecieron lugares de cambio permanentes. Acuñaron monedas estampadas ya en el siglo VII a.C. La primera moneda fue una aleación de oro y plata, y pesaba unos 5 gramos, que se utilizó para pagar a las tropas de un modo regulado.

“No estimes el dinero ni más ni menos de lo que vale,
porque es un buen siervo y un mal amo”
(Alejandro Dumas)
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En la actualidad, el dinero legal es aquel emitido por bancos centrales y es el aceptado como forma de pago. Aunque no se puede reducir el dinero al dinero legal. Quizá por dinero entendemos el líquido solamente. Existe también el dinero bancario, ya sea mediante créditos o depósitos para los clientes, y que con el desarrollo social se ha convertido en dinero electrónico. Un dinero del cual se dispone, se mueve, se intercambia pero no se ve. Es un dinero que se lee en un papel o en una pantalla, y en el cual se cree aunque no se llegue a comprobar si existe de veras. Cualquier dinero está respaldado mediante metales, generalmente oro. Y el valor está sujeto a la oferta y la demanda.
“Hay tantas cosas más importantes que el dinero…pero cuestan tanto!!!”
(Groucho Marx)
***
Pero lo que se creó como intercambio de bienes se ha convertido casi en toda una religión, una creencia y un dogma difíciles de eliminar. De hecho, el dinero ha corrompido a generaciones y generaciones, y lo sigue haciendo. Por dinero se hace de todo, todo parecer valer. El dinero alienta, emociona, alecciona, ambiciona, alimenta, mata, secuestra, roba, viola, engaña… El dinero es quizá el peor invento del hombre, aunque nunca se hubiera podido imaginar cuando se creó. El mal uso del hombre deviene en la creencia de una mala idea a la hora de analizar un invento. A veces, el invento no deja de ser malo, pero el hombre se empeña en darle la vuelta y convertirlo en algo que por momentos apesta. La sociedad, desde que existe el dinero, se divide y se diferencia por el dinero. En muchos países si preguntas cuántas clases sociales existen te responden que sólo dos: los que tienen dinero y los que no.
“Cuando uno es pobre no importa que no tengas dinero,
lo que importa es que seas feliz
con lo que tienes sin importar el precio” 
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El dinero marca, delimita, impone fronteras, quita y da opciones y/o ventajas, y fractura cualquier posibilidad de igualdad social. Y ahí es cuando hay que plantearse lo de la igualdad social: porque habría que saber qué porcentaje de la sociedad mundial está a favor de la igualdad social a niveles de dinero. Por lo que se comprueba a diario parece ser que la mayoría está totalmente en contra de ello. O al menos, los organismos y las instituciones internacionales que podrían hacer algo. Por no hablar de los gobiernos y las multinacionales. El dinero llama  al dinero. Otra de esas  frases célebres. Porque lo que muchos hacen por dinero cruza a veces esas líneas que deberían ser inquebrantables. El dinero provoca querer más y más. Una avaricia que no tiene límites. Y nunca parece haber suficiente. El dinero se acumula, se derrocha, se manifiesta en la actitud y en el comportamiento de millones de personas que por necesidad, por circunstancias o por simple ambición, son capaces de denigrarse o abusar para conseguir un poquito más.
” Cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión”
(Voltaire)
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Si realmente nos vemos en difícil situación a la hora de juzgar los comportamientos relacionados con todo lo que tiene que ver con el dinero no hace falta más que leer lo que dicen algunos científicos al respecto, cuando afirman que cuando se trata de tomar decisiones relacionadas con el dinero, la mente humana se comporta de forma irracional.  Los economistas conocidos como ‘racionales’ creen que el individuo, por regla general, siempre calcula el riesgo que conlleva gasta más de lo ahorrado. Aunque se ha demostrado recientemente que la conducta de la gente cuando hay dinero por medio cuestiona la filosofía económica dominante, basada en la estabilidad de los mercados y que ha concluido con el estallido de burbujas inmobiliarias en multitud de países del primer mundo. Parece que nos cuesta aceptar el nivel económico que tenemos y, en definitiva, actuamos de forma irracional, deseando adquirir más de lo que podemos, más de lo que necesitamos. Y quizá la sociedad del consumo está creada de esa manera. Un reacción frenética en el comportamiento de los agentes financieros y de los consumidores a la hora de hablar de dinero puede estar sujeta al descubrimiento de que cuando se habla de dinero se activan los mismos circuitos cerebrales de las emociones, al igual que ocurre con las drogas, la comida o el sexo. Quizá por ahí ya vamos entendiendo por qué hay gente que lo hace todo por dinero y por qué se pisotean los derechos de millones de personas en aras de abarcar un poquito más de riqueza, o digamos más dinero…
Lo que está claro es que si la irracionalidad domina en general a la raza humana a la hora de hablar o de tratar con el dinero las soluciones al respecto parecen muy complicadas. No se ven atisbos de mejora. Muy al contrario, la riqueza se va reduciendo a un espectro mínimo de personas que controlan la práctica mayoría de ella, aprisionando al resto a sobrevivir como pueda, creando necesidades cada vez más insalvables y más drásticas, creando pobreza con una rapidez inusitada y cada vez a más millones de personas. El dinero seguirá estando ahí, el mismo, lo que pasa que en manos equivocadas. La repartición de la riqueza parece una utopía de unos pocos. Pero es la ausencia del dinero el que provoca necesidades, y esas necesidades van ligadas intrínsecamente a otras realidades que se ven desarrolladas, aumentadas e incontroladas por momentos, y que en el futuro quizá lleguen a ser parte de la solución aunque de manera muy radical.
comentarios
  1. Aquileana dice:

    Excelente post, Gracias por compartir,

    Saludos, Aquileana :)

    Me gusta

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