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“Siempre me han inventado amores que no tenía,

de lo cual no me quejo,

porque esto me ha servido para que la gente no se diera cuenta

de los que efectivamente tenía”

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Diego Rivera fue uno de los artistas mexicanos  más famosos y reconocidos en todo el mundo. Nacido en Guanajuato en diciembre de 1886 y destacó por su arte como muralista. Famoso por ser simpatizante de la causa comunista y plasmar con sus obras un alto contenido de mensaje social. Muchas de sus obras se exhiben en edificios públicos. Fue el artífice de varios murales que descansan en distintos puntos del centro histórico de la Ciudad de México y en otras ciudades mexicanas, como Cuernavaca y Acapulco. También hay otras suyas en San Francisco, Detroit y Nueva York.

Al año y medio de haber nacido murió su hermano gemelo Carlos. Estuvo en la Academia de San Carlos en Ciudad de México donde conoció al paisajista José María Velasco. Y en 1905 recibió una beca para poder viajar a España y realizar estudios de las obras de Goya y El Greco, entre otros. Fue esa una época donde alternó sus viajes y sus estancias. Hasta 1916 visitó y residió en México, Ecuador, Argentina, España, Francia y Bolivia. En Francia se puso en contacto con los artistas que merodeaban a diario el barrio de Montparnasse, conoció a intelectuales y a muchos artistas que admiraba, como Pablo Picasso, Valle Inclán o Alfonso Reyes Ochoa. Ahí fue como se introdujo en el cubismo.

“Mi estilo nació como un niño, en un instante;

con la diferencia de que a ese nacimiento

le había precedido un atribulado embarazo de 35 años”

***

Conoció también durante esa época a su primera esposa, Angelina Petrovna Belova, una pintora rusa que era conocida como Angelina Beloff, y con ella tuvo a su primer hijo, Diego, el cual murió al año de edad. En 1917, su desarrollo como artista le condujo a conocer y descubrir el postimpresionismo, de la mano de Paul Cézanne, una plataforma que le sirvió para diferenciarse de todo el resto de muralistas mexicanos, dado que interpretó como nadie la técnica de los acabados y el uso de colores vivos. Un tiempo después y gracias a una relación extramatrimonial que nunca quiso reconocer nacería su hija Marika. Su madre era Marievna Vorobieva y aunque nunca llegó a ser su esposa sí fue sustentada económicamente por el pintor.

“¿Las mujeres que he amado?

Tuve la suerte de amar a la mujer más maravillosa que he conocido.

Ella fue la poesía misma y el genio mismo.

Desgraciadamente no supe amarla a ella sola,

pues he sido siempre incapaz de amar a una sola mujer”

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En 1920 se trasladó a Italia para conocer desde dentro el arte renacentista. Pero la llegada de José Vasconcuelos a la secretaría de educación hizo que regresara a México para participar en las campañas emprendidas por el secretario. Ahí tuvo la oportunidad de participar junto a otros muralistas mexicanos como José Clemente Orozco, Rufino Tamayo o David Alfaro Siqueiros. Mientras los años transcurrían los murales de Rivera se fueron convirtiendo poco a poco en una obra de gran influencia tanto en México como en toda Latinoamérica. En 1922 se casó por segunda vez con Guadalupe Marín, una indígena mexicana de piel morena, larga cabellera negra y ojos verdes. Y de ese matrimonio tuvo dos hijas: Lupe y Ruth.

Tuvo tiempo de crear y fundar la Unión de Pintores, Escultores y Artistas Gráficos Revolucionarios. Y justo en esa misma época se afilió al Partido Comunista Mexicano, uno de los argumentos clave de su obra. En el año 1927 fue invitado a los festejos que conmemoraban los diez años de la Revolución de Octubre en la URSS. Eran momentos difíciles puesto que se  acababa de divorciar de Guadalupe. Tiempo que aprovechó para conocer y casarse por tercera vez con la pintora Frida Kahlo en 1929. Año que coincidió con su expulsión del Partido Comunista, y curiosamente al año siguiente fue invitado a los Estados Unidos para realizar diversas obras. Lógicamente sus trabajos con temática comunista y muy social causó contradicciones, críticas y fricciones con los propietarios de las obras, el gobierno norteamericano y la prensa.

En 1933, el industrial y multimillonario John Rockefeller le contrató para pintar un mural en el vestíbulo de la entrada del lobby del edificio RCA de Nueva York. El que se denominaría Rockefeller Center. El edificio estaba situado en la misma Quinta Avenida y fue considerado como un emblema de la ciudad y del capitalismo. Su diseño se tituló ‘El hombre en el cruce de caminos’. Justo cuando estaba a punto de terminarlo incluyó un retrato de Lenin. La reacción de la prensa no se dejó esperar. Rockefeller lo tomó como un insulto personal y mandó cubrir el mural para destruirlo más tarde. Rivera regresó después a México donde lo pintaría de nuevo. Hoy se exhibe en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes.

Otro dato histórico importante ocurrió en 1936 cuando pidió formalmente al presidente Lázaro Cárdenas el asilo político de León Trotsky, que finalmente lo consiguió al año siguiente.  Fue invitado a la Casa Azul de Frida Kahlo. Pero en un par o tres de años su amistad con Trotsky desapareció, se distanció y se divorció a su vez de Kahlo, para volverse a casar con ella a finales del mismo año. En 1946 quizá pintó una de sus mejores obras: ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central’ ubicada en el Hotel del Prado de la Ciudad de México.

En 1955, tras la muerte de Frida Kahlo se casó con Emma Hurtado y viajó a la URSS para ser intervenido quirúrgicamente y de forma urgente. Finalmente falleció en noviembre de 1957 a punto de cumplir los 71 años de edad. Murió en su casa estudio, actualmente conocida como Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, y sus restos fueron colocados en la Rotonda de las Personas Ilustres, a pesar de que eso iba en contra de su voluntad. Rivera representó un estallido de creatividad en una sociedad falta de energía artística. Destacó por su arte, su ingenio y personalidad. Controvertido, idealista, convencido de sus pensamientos, luchó por expresar todo lo que tenía dentro, con las ambigüedades propias de su época y de su sociedad. Un ejemplo artístico único que todos los amantes del arte contemporáneo deben valorar en su justa medida.

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“Cuando estaba pintando, oí de repente, desde atrás de uno de los pilares coloniales de la espaciosa sala, la voz de una niña que no se veía. (…) Miró directamente hacia mí. -¿Le molesta si lo veo trabajar? -preguntó. -No, señorita; me encantaría –dije. Se sentó y me miró silenciosamente, los ojos fijos en cada movimiento de mi pincel. (…) La muchacha se quedó unas tres horas. Cuando se fue, sólo dijo: -Buenas noches. Un año más tarde supe que ella era la escondida dueña de la voz que había salido de detrás del pilar y que se llamaba Frida Kahlo. Pero no me imaginé que un día llegaría a ser mi esposa”

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La llegada de los españoles a México

Publicado: 28 de junio de 2012 en Historia
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Unos descubriendo mundo, o al menos, eso decían. Otros anclados en culturas tribales, orgullosos de sus rituales. Una mezcla extraña que un día se vio agitada cuando un grupo de soldados españoles vencieron al Imperio azteca, dejaron atrás más de 3000 años de historia, destrozaron una civilización milenaria, implantaron un nuevo sistema religioso y social, cambiando su organización política y cultural. Para los historiadores es un hecho fuera de todo ámbito, dado que nunca se vio como una historia de una sociedad podía sufrir una transformación tan radical en un período tan corto.

Muchas razones se pueden interpretar para tratar de entender primeramente cómo un grupo de soldados fueron capaces de osar combatir con un ejército que les superaba enormemente; y cómo fueron capaces de someter a un pueblo ancestral con tanta facilidad, así como las consecuencias de que su llegada tuviera un efecto tan devastador. Pero si queremos ser honestos con la historia quizá la palabra azar sería la correcta. Aunque hubieron otros factores, como por ejemplo, los propios caracteres de los protagonistas de la contienda, un genio implacable y maquiavélico llamado Hernán Cortés, y el indeciso y superticioso emperador Moctezuma II Xocoyotzin.

Hay que comenzar imaginando lo diferentes que eran los recién llegados, además de hacerlo a un lugar donde los propios indígenas dudaban de su propia condición humana. Lo que hoy puede ser México muy bien podría ser definido por el cruce que se hizo en esa época. La mayoría de mexicanos son mestizos, mezcla de sangre indígena y europea, descendientes lógicamente de las dos culturas. Pero para los mexicanos, Cuauhtémoc, el último emperador azteca es un héroe nacional, Hernán Cortés es considerado un villano y los indígenas que se aliaron con él, los tlaxcaltecas, unos traidores. La realidad, como suele ocurrir generalmente, es mucho más compleja, más rica, más fascinante y más cruel.

La España de 1492 podría ser tratada en varios capítulos y en unas frases se hace breve y escasa para comprender semejante sociedad. Pero la sociedad había librado una batalla interna entre las tropas cristianas y las musulmanas. Casi 700 años de luchas sin cuartel, ambiciones sin depurar, pobreza, miseria, ansias de poder por parte de cuatro y un futuro desalentador para el resto. Todos esos conquistadores españoles que ambicionaban territorios en América eran descendientes directos y naturales de los caballeros de la Reconquista. Tras desembarcar en el Caribe y establecer bases en varias islas, como La Española (Haití y República Dominicana) y Cuba, la cultura de esos militares era promover un colonialismo rozando la esclavitud, explotando a los nativos en la extracción de oro, además de los propios recursos naturales de cada zona. El siguiente paso era adentrarse en el continente, sobre todo por las historias que se contaban de oro y plata. La tentación de riquezas eran superiores al temor, a los ejércitos locales y a las condiciones del lugar.

Diego Velázquez, gobernador de Cuba, ordenó a Hernán Cortés que fuera con una expedición hacia el oeste. Y mientras éste preparaba el viaje Velázquez comenzó a albergar dudas sobre los costes de la misión, y también sobre la lealtad de Cortés. Todo eso le llevó a cancelar la expedición. Pero la ambición de Cortés era tan grande y despiadada que hizo caso omiso de las órdenes y zarpó un 15 de febrero de 1519 con 11 naves, 550 hombres y 16 caballos. Y esa expedición arribó primero a las costas de Cozumel, para más adelante seguir hacia la costa de Tabasco derrotando a los que se iban encontrando por el camino. La mezcla del vestuario de los caballeros, con sus armaduras y encima de esos caballos fueron suficientes para que muchos de los nativos salieran corriendo despavoridos, asustados, creyendo que ese aspecto correspondía a una bestia inhumana.

Cortés siempre tenía un discurso preparado para los nativos, aunque se hace difícil imaginar cómo podían comprender sus palabras. Aún así aprovechaba para comunicarles la importancia del cristianismo y la grandeza del emperador Carlos V. Esos lugareños, entregados, le ofrecieron 20 doncellas, entre las que se encontraba doña Marina (La Malinche), que a la postre se convertiría en su intérprete, compañera, colaboradora y amante. Muchas de las ciudades de la costa dieron la bienvenida a los españoles siendo el pueblo más aliado de ellos el de los tlaxcaltecas, simplemente porque vieron una oportunidad de derrotar a sus enemigos históricos los aztecas.

Pero para comprender el conjunto de la historia hay que conocer también el carácter de emperador Moctezuma. Era un personaje muy peculiar, absorto en un carácter muy indeciso e inseguro, acomplejado por las historias, las leyendas y las creencias aztecas. Cuando comenzó a escuchar esas historias que hablaban de ‘torres que se elevaban sobre las aguas del mar’, repletos de hombres de tez blanca, armados como bestias y envueltos en acero, no pudo evitar recordar lo que contaba la leyenda azteca sobre su calendario, donde preconizaba que en 1519 se produciría el regreso del legendario dios-rey tolteca Quetzalcóatl. Si Cortés era ese individuo o no seguiría siendo la duda de Moctezuma durante todo el proceso. Lo que hizo fue esperara a que llegara. Pero, curiosamente, los augurios se sucedieron, y casualmente un rayo cayó sobre un templo, un cometa surcó la noche y un pájaro con un espejo en la cabeza fue llevado ante Moctezuma, que vio guerreros reflejados en él.

Lo que todo eso provocó fue que los españoles fueran invitados el 8 de noviembre de 1519, junto a sus 6000 aliados indígenas, a entrar en Tenochtitlán, la mayor ciudad que cualquier ciudadano español de la época hubiese podido imaginar.  Y aunque se les trató con toda clase de lujos y honores, no dejaban de ser prisioneros y estar atrapados en el corazón de un imperio que los sobrepasaba en número en una proporción descomunal. Entonces fue que los españoles dudaron de las intenciones reales del emperados azteca y lo hicieron prisionero, y como el propio Moctezuma no tenía muy claro quién era realmente Cortés, contó a su propio pueblo que su reclusión era voluntaria. Y mientras todo esto ocurría otra expedición española había desembarcado en Veracruz, enviada por Velázquez y liderada por Pánfilo de Narváez, con el objetivo de detener a Cortés y devolverlo a Cuba. La reacción de Cortés no se hizo esperar y organizó un grupo de soldados para encabezarlos hasta la costa, dejando el mando en Tenochtitlán a Pedro de Alvarado. 

Alvarado carecía de las dotes frías y calculadoras de Cortés y se puso tan nervioso creyendo que se preveía un ataque sorpresa en cualquier momento que ejecutó a más de doscientos nobles aztecas para asustar a la población. Al regreso victorioso de Cortés (quien hizo huir a Narváez) se encontró con un panorama desolador. Consiguió convencer al emperador azteca de que calmara a su pueblo, éste aceptó y cuando gritaba y se dirigía a la multitud recibió pedradas de los enfurecidos súbditos y murió. Y ahí sucedió otro gran suceso inexplicable, puesto que Cortés, los españoles y sus aliados lograron escapar la noche del 30 de junio de 1520 del palacio totalmente cercado de enemigos y escapar de la ciudad. Y aunque fueron perseguidos y sitiados por un ejército de unos cuarenta mil mexicas, y siendo éstos no más de 500 españoles y 2000 indígenas, con la derrota ya en el zurrón y preparados para ser eliminados, a Cortés se le ocurrió una idea, gracias a las indicaciones de doña Marina, quien le invitó a cargar contra el tepuchtlato, el portaestandarte, para arrebatárselo, mientras otros le clavaban varias espadas. Todos los mexicas fueron poseídos por el horror y el temor que huyeron en desbandada.

Los españoles se refugiaron entonces en Tlaxcala para atacar Tenochtitlán de nuevo en mayo de 1521, acompañados de más de cien mil indígenas. La batalla no fue fácil. Los defensores de la ciudad lucharon y resistieron durante más de tres meses. Cuando pasó ese tiempo, la ciudad estaba completamente arrasada, los cadáveres eran miles y Cuauhtémoc, el último emperador azteca, había sido capturado.

Aztecas

Publicado: 14 de junio de 2012 en Historia
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Según las leyendas aztecas, este pueblo era el elegido de Huitzilopochtli, su dios tribal en forma de colibrí, quien les condujo desde Atlán (su lugar mítico) hasta el altiplano central. Los aztecas eran una de las muchas tribus chichimecas que vagaron durante mucho tiempo por todo altiplano hasta que, finalmente, se instalaron  en las islas del valle de México. Los aztecas, también conocidos como mexicas, ostentaban un ímpetu guerrero muy característico desde el siglo XV, y se convirtieron en el pueblo más poderoso de la zona, consolidando Tenochtitlán como su capital, en lo que hoy está emplazada la Ciudad de México.

Cuenta la leyenda que se eligió esta ubicación por mandato y deseo del propio Huitzilopochtli, el cual indicó a sus sacerdotes detener la peregrinación de su pueblo en el lugar donde vieran a un águila devorando a una serpiente sobre un nopal. Y de esa historia precisamente procede el actual escudo de la República de México. En ese mismo siglo XV los aztecas, siendo el pueblo más poderoso del valle, formaron la Triple Alianza junto a otros dos estados nahuas del valle, Texcoco y Tlacopan, para unidos poder hacer frente a Tlaxcala y Huejotzingo, unos señoríos que se encontraban al este del valle. Los prisioneros de esa época formaban parte de la dieta que el voraz Huitzilopochtli exigía para hacer que el sol saliera cada día para su pueblo.

Esa Triple Alianza pudo controlar casi todo el centro de México, desde la costa del Golfo hasta el Pacífico. Un imperio que contaba 38 provincias y casi 5 millones de habitantes. Su forma de gobierno era una teocracia militarista, orientado a obtener los recursos necesarios en forma de tributos. Esos tributos podían ser joyas, como turquesas, jades,  u otros tipos de materiales u objetos, como por ejemplo, algodón, papel o tabaco, como también fruta y verdura. Todo era necesario para la glorificación de la élite azteca y para el sustento de los numerosos sirvientes.

Tenochtitlán y Tlatelolco casi llegaron a contar más de 200 mil habitantes. Si contáramos todo el valle la población alcanzó el millón de habitantes. La forma de vida para los aztecas, gracias a sus herramientas de piedra y madera, era principalmente mediante métodos de agricultura intensiva, como el regadío, los cultivos en chinampas y la recuperación de terrenos pantanosos. El poder, aunque en su mayor parte estaba ostentado por el emperador, también tenía representación en los miembros de la pilli (nobleza).

Los jefes militares solían ser tecuhtli, soldados profesionales de élite. Otro grupo característico era el de los pochteca, comerciantes militarizados que contribuían a ampliar el imperio, traían mercancías  a la capital y organizaban grandes mercados en las poblaciones más importantes. En la parte más baja del escalafón social se encontraban los peones, que eran realmente los pobres, que se podían vender a sí mismos por un período de tiempo determinado, además de los siervos y los mismos esclavos.

Uno de los rasgos de Tenochtitlán-Tlatelolco es que había centenares de templos. El mayor, conocido como el Templo Mayor, era el centro del mundo para todos los aztecas y estaba dedicado a Huitzilopochtli y Tláloc, el dios de la lluvia. Gran parte de toda la cultura azteca provenía de civilizaciones mexicanas anteriores. Poseían escritura, libros con papel de corteza y el Calendario Redondo, un sistema particular de 52 años utilizado también por mayas, olmecas y zapotecas. Los aztecas también eran asiduos a observar el cielo para sus propios astrológicos. Los sacerdotes, que conservaban celibato, oficiaban ceremonias que incluían sacrificios y bailes con máscaras.

El pueblo azteca creía vivir en el quinto sol (mundo) y que los cuatro anteriores habían sido destruidos por la muerte del sol. Los sacrificios humanos tenían por objeto mantener el movimiento del sol. Para ellos el Universo tenía 4 direcciones, 13 cielos y 9 infiernos.

Mérida (México)

Publicado: 6 de junio de 2012 en Rincones del Mundo
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La península de Yucatán tienes alberga muchos tesoros. Aparte de poseer una gran red hotelera alrededor de sus costas de arena blanca y un clima envidiable, Yucatán posee unas tradiciones que ha conservado celosamente, tradiciones de origen maya, dentro de una belleza absoluta, un paisaje inolvidable, una naturaleza enorme. Hay presente y pasado, ambos se unen para dar una sobredimensión de su muestra.

Cerca de las ruinas mayas de Chichen Itzá y Uxmal serpentean caminos de camino a la costa. Por estas tierras se han vivido guerras, batallas, intrigas, gloria y poder. Sangre de muchas razas y de muchas épocas. Pero a lo lejos se puede encontrar una belleza como Mérida, la mayor ciudad del estado de Yucatán, con casi un millón de habitantes, si no los ha superado ya, y situada al nivel del mar. Mérida representa la capital cultural de la península de Yucatán desde la llegada de los españoles.

Mérida representa muchas cosas y todas ellas perfectamente combinadas. Nos muestra una faceta provinciana, otra cosmopolita, una ciudad que se nos revela repleta de historia virreinal, con estrechas callejuelas, anchas plazas centrales y los mejores museos de la región. Es un punto de partida ideal para recorrer el estado y adentrarse en sus tesoros. Una aventura de sentidos. Un sinfín de emociones esparcidas por un extenso territorio.

Mérida no es una joya desconocida, al contrario, muchos turistas la visitan a pesar de estar rodeada de innumerables riquezas culturales, históricas y turísticas. Fue Francisco de Montejo el Joven quien fundó una colonia española en Campeche, a unos 160 km al suroeste de Mérida en 1540. Aprovechando los conflictos internos entre los mayas conquistó la ciudad de T’ho en 1542. Cuando las tropas de Montejo entraron en la ciudad y contemplaron un importante asentamiento maya de piedras les recordó inmediatamente la arquitectura romana de Mérida en España.

Y no tardaron en rebautizarla, convirtiéndola en capital regional, desmantelando las estructuras mayas y usando todos esos materiales para construir la catedral  y otros edificios señoriales. Desde entonces Mérida siempre recibió órdenes directas de España y no de la capital de México. Y desde entonces Yucatán tuvo siempre una identidad política  cultural bien diferenciada. Hoy en día, Mérida representa el núcleo comercial de la península, una bulliciosa ciudad muy beneficiada por las maquiladoras que comenzaron a producir en la década de los 80 y 90, y por supuesto, de la industria turística que se desarrolló al mismo instante.

La Plaza Grande como llaman los lugareños a su plaza principal, ha sido y es el corazón de la ciudad desde los tiempos mayas. De hecho, casi todos los puntos de interés se hallan en un radio de cinco manzanas alrededor de ella. Otro punto interesante es la Catedral de San Ildefonso, terminada de construir en 1598. También destaca el Museo de Arte Contemporáneo, el cual presenta exposiciones permanentes de los pintores y escultores más famosos de Yucatán. La Casa de Montejo se remonta a 1549, en su origen era un cuartel pero pronto se convirtió en una mansión donde residieron los miembros de la familia Montejo hasta 1970.

El Paseo de Montejo fue un intento de los planificadores urbanos de la ciudad en el siglo XIX de crear un ancho bulevar parecido al paseo de la Reforma de la capital mexicana o los Campos Elíseos de París. La influencia arquitectónica y social de Europa puede observarse en las magníficas mansiones del paseo, construidas por familias acomodadas hacia finales del XIX.


El Estado de Querétaro, con 1,6 millones de habitantes, se puede considerar un lugar repleto de sorpresas para el visitante. Región agrícola y ganadera por excelencia, con una hermosa capital que se distingue por su elegancia, es una zona repleta de extraordinarios atractivos geográficos y turísticos.  También está repleto de joyas históricas.

TEQUISQUIAPAN

Esta pequeña ciudad de casi 30 mil habitantes está situada 70 km al sureste de Querétaro y a casi 2000 metros de altitud; un pintoresco refugio de fin de semana para los habitantes de la capital mexicana o del mismo Querétaro. Famoso lugar por sus termas y también porque varios presidentes mexicanos las visitaban para aliviar sus dolencias y tensiones. Actualmente es más conocida por sus bonitas calles  bordeadas de buganvillas, sus edificios virreinales y sus excelentes mercados.

La atractiva plaza Miguel Hidalgo está rodeada de portales y dominada por la Parroquia de Santa María de la Asunción, un edificio neoclásico del siglo XIX que posee una fachada rosa y una historiada torre.

En Carrizal, una manzana al norte de dicha plaza, hay tres interesantes mercados: el Mercado de artesanías, el Mercado de Barra y Mimbre y el Mercado de Guadalupana (Alimentación). El extenso y frondoso Parque La Pila está a poca distancia del mercado de artesanías.

BERNAL

Es un pequeño pueblo turístico y muy pintoresco. No alcanza los 7000 habitantes y está situado a más de 2000 metros de altitud. Si se le conoce por algo es por la aguja de roca que cobija , de unos 350 metros de altura, el tercer mayor monolito del mundo que además muchos mexicanos consideran místico. De hecho, durante el equinoccio de primavera miles de peregrinos acuden a la roca para absorber su energía positiva.

EL CERRITO

Fundamental para los amantes de la arqueología. Es una estructura piramidal de 30 m de alto situado encima de una colina, en la localidad de El PUeblito, a sólo 7 km del mismo Querétaro. De hecho, muchos arqueólogos siguen trabajando ahí. Se cree que estuvo ocupado entre el 600 y 1600 por las culturas teotihuacana, tolteca, chichimeca, otomí y tarasca.

Junto a la pirámide se ven los restos de lo que podría haber sido un juego de pelota y algunas estructuras dispersas. En la cima, la construcción es parecida a un fuerte con fecha de 1876.

RESERVA DE LA BIOSFERA SIERRA GORDA

Cubre el tercio nororiental del Estado de Querétaro. Más del 90 % de sus casi 4000 km2 son privados y casi 100 mil personas viven en sus ciudades misioneras y dispersos por los pueblos de la montaña. Estas agrestes zonas de la Sierra Madre Oriental abarcan extensas áreas de territorio inexplorado, con viejos bosques nubosos cubiertos de orquídeas, zonas semidesérticas con especies de cactus y orégano silvestre y selvas tropicales donde viven jaguares y una gran variedad de aves. La misma creación de la reserva en 1997 fue gracias a los esfuerzos de la población local. Se ha desarrollado una infraestructura de ecoturismo de propiedad y gerencia local, con cabañas, zonas de camping y guías.


A todo el mundo le suena ese tipo de personas, empresas y organismos que están acostumbrados al ‘todo vale’ cuando se trata de sus acciones, y que echan el grito en el cielo cuando las víctimas son, precisamente, ellos mismos. Entonces el argumento cambia por completo para pasar a ser: ‘a mí no se me puede tocar’. Es un argumento mafioso, antiguo y pasado de moda, pero hay que reconocer que sigue funcionando, y muy bien, al menos, si nos remitimos a los hechos y a los ejemplos que nos rodean alrededor del mundo. Da igual el país, da igual el lugar, las formas son las mismas y los fondos también. Están acostumbrados a actuar de una forma y no la cambian, si acaso, la perfeccionan, y se adaptan a las costumbres del lugar donde se instalen.

Me ha llamado la atención una situación aparecida en México en los últimos días. La cadena multinacional de supermercados norteamericana Wal-Mart, ubicada en México desde hace años, ha sido acusada de sobornar por cantidades superiores a 20 millones de dólares, para acelerar su expansión en el país azteca entre 2002 y 2005. Se denuncia que instauró un sistema por el cual se garantizaba que las peticiones de las autoridades mexicanas competentes, que revisan los permisos y licencias para que la empresa pueda operar en suelo mexicano, fueran debidamente satisfechas sin problemas. La compañía norteamericana ha comunicado que las imputaciones son sólo eso, imputaciones.

México es un país curioso, donde nadie conoce una multa de tráfico física porque siempre se llega a un acuerdo con el policía de tránsito de turno para que no se lleve el coche al depósito y así ahorrarte un tiempo y un dinero. Las conocidas ‘mordidas’ parecen estar amparadas hasta por el mismo gobierno, dado que no cambia el sistema de denuncias ni de actuación. Quizá esas mordidas son lo suficientemente atractivas como para aumentar el sueldo de los policías sin necesidad que lo haga el gobierno de forma oficial. El ahorro es considerable y además la sociedad continúa alimentando el mecanismo de forma espontánea y natural. Mucha gente se queja de eso y de muchas otras cosas, pero lo cierto es que la corrupción es el pan nuestro de cada día, está anclada en la cultura del país y es difícil de erradicar. Y lo más curioso es que, cuando algo tan habitual se toma como algo natural, se eche el grito al cielo luego por lo acaecido con Wal-Mart, como si sorprendiera a alguien. Si es fácil sobornar a un policía que transita las calles equis horas al día con unos cuantos pesos, más fácil será hacerlo con funcionarios o políticos de altas esferas mediante millones de dólares. No hay que ser un intelectual para entenderlo.

Las facilidades que tienen las multinacionales para instalarse en infinidad de países es algo que choca pero que ya se ha convertido en familiar. Todo son ventajas, beneficios para la ciudad, la creación de puestos de trabajo, un sinfín de provechosas situaciones que argumentándolas de forma correcta parece de estúpidos no aceptarlas. Con lo cual, imponen sus principios de empresa, sus condiciones, sus formas de trabajo y de contratación, y el gobierno de turno les hace la ola mientras van soltando dinerito. Porque no nos engañemos, el dinerito corre por todos lados y por todas partes, venga de quien venga.

Recientemente, la multinacional española Repsol YPF ha sido intervenida por el gobierno argentino. La reacción por parte de la empresa no se ha hecho esperar y no ha sorprendido, se ampara en los contratos firmados y en la regulación internacional. De cómo ha conseguido lo que ha conseguido y las diferentes maneras de tratar esos acuerdos hace años ni una palabra, evidentemente, no interesa. Ahora toca ir de víctimas, echar el grito al cielo y llorar bien fuerte para que todos los organismos internacionales acudan en su ayuda. Muchos criticarán las formas del gobierno argentino y no estarán de acuerdo en el fondo del asunto, pero si verdaderamente comienzan a investigar los pormenores del asunto también sería interesante e importante que analizara e investigaran cómo se instauraron en ese país y a qué precio. Evidentemente, muchos argumentarán que fue el gobierno argentino de esa época quien autorizó esos acuerdos, y es cierto, pero no puedo dejar de imaginar cuántos millones de dólares tuvieron la culpa y dónde se encuentran ahora mismo.

Una cosa es cierta, ni la población argentina, ni la española, ni la mexicana ni tampoco la norteamericana tienen la culpa de todos estos asuntos. Son los gobiernos, las empresas, los organismos y los intermediarios los que tienen organizadas unas mafias impresionantes alrededor del planeta y son ellos, y nadie más, los que se van repartiendo el pastel, dejando de a lado a cualquier ciudadano de cualquier parte del mundo fuera del negocio. Suena un tanto irónico que algunos se quejen cuando el viento cambia su rumbo y les perjudica. A veces hay que saber perder, aunque nunca se pierda. Una lección que deberíamos aprender todos aquellos que estamos acostumbrados a perder  y no a ganar.

De nada sirve que muchos miles de personas saquen su vena chovinista y nacionalista atacando a los ciudadanos de los otros países ‘en conflicto’, cuando verdaderamente la multinacional de turno no pertenece a ningún país en concreto, y mucho menos a los ciudadanos de ese país. Al menos en cuanto a beneficios se refiere. Porque el día que vea un euro de beneficio en mi cuenta corriente proveniente de Repsol quizá, repito quizá entonces, mueva un dedo apoyando su argumento. Pero la ignorancia y la manipulación funcionan, como funciona pellizcar el orgullo argentino por parte del gobierno de Cristina Fernández haciendo creer que luchan contra el colonialismo español en pleno siglo XXI; o por aquellos españoles que comienzar a despotricar contra todos los ‘sudacas’ que se menean amparándose en el derecho internacional. Mientras tanto, las multinacionales siguen amasando sus beneficios y buscando nuevos territorios que conquistar.


Cualquier lugar que descubres en una nueva ciudad trae consigo sorpresas. Paseando por el centro del D.F., justo al norte de la Alameda, y siguiendo por la avenida Hidalgo, se llega a la Plaza de la Santa Veracruz. Su nombre se debe a la escultura del mismo nombre, que está inclinada y que se encuentra al lado derecho de la misma. Una fuente y varios bancos son complementos perfectos para sentarse un rato y observar el ajetreado movimiento de la acera y la cotidianidad de los habitantes de la capital en un día de fin de semana. A pesar de estar en pleno centro de la ciudad, sentado en uno de estos bancos se respira tranquilidad.

Si miro al otro lado me encuentro con la Iglesia de la Santa Veracruz. Sobre todo destacan sus pilares muy tallados de la entrada que le dan un talante especial. La construcción data del siglo XVIII y se encuentra justo al otro lado de la plaza. Junto a esa iglesia está situada la entrada principal del Museo Franz Mayer. El edificio que lo alberga es un antiguo hospicio de la orden de San Juan de Dios, el cual, durante el breve reinado de Maximiliano, se conviritó en un centro de reinserción social para prositutas.

Este museo es fruto de todos los esfuerzos de Franz Mayer, un alemán nacido en Mannheim  en 1882. Vivió y prosperó en México gracias a sus negocios financieros y fue reuniendo una gran colección de  objetos de plata, textiles, cerámica y mobiliario en una magnífica exposición permanente. Unida a gran colección de pinturas tanto del siglo XVII español como francés y holandés. El repaso por todos los rincones del edificio es una pequeña joya por descubrir. Muebles de todo tipo, arcones, arcas, joyeros, vajillas, ropas, cuadros, un sinfín de elementos que recorren una época que va desde el siglo XVI hasta el XIX.

Un paseo agradable por las dos plantas que completan el museo y una parte muy interesante donde se puede conocer cómo las sociedades de esas épocas buscaron embellecer los objetos de uso cotidiano, así como las modas y los gustos de los distintos siglos. Pero destaca también una exposición temporal de ‘Evocacion Ming’. Un conjunto de 40 piezas que oscilan entre lo escultórico y lo utilitario pertenecientes a Eduardo Olbés. Un artista de origen filipino que se afincó en México hace ya más de 30 años y que ha trabajado principalmente como escultor, aunque también ha trabajado en esta colección de su mobiliario, una mezcla perfectamente diseñada entre madera y piedra. Un conjunto sencillamente fantástico. Una verdadera sorpresa.

Pero sin duda el mayor descubrimiento es el patio interior del edificio. Jardín con porches ideal para sentarse, relajarse, leer, escuchar el sonido de los pájaros, tomar un té y deleitarse con el tranquilo sosiego de visitantes que recorren con relax contagioso los rincones de este lugar.