Maneras de viajar

Publicado: 22 de junio de 2014 en Artículos
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‘El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios’
(Carlo Goldoni)
***
Desde siempre, el ser humano ha sentido la necesidad imperiosa de viajar. Viajar era descubrir otros mundos, otras culturas. El hecho de viajar y de adentrarse por otros territorios era y, aún lo es, un sentimiento instintivo, natural y muy atractivo. Se viajaba y se viaja para sentir, para ver, para observar, para aprender, para comparar, para analizar, para aprender, para valorar, para pensar, para meditar, para soñar y para darse cuenta de que la vida de los hombres de cualquier parte del mundo puede ser tan igual o tan diferente a la nuestra.
‘Al llegar a cada nueva ciudad
el viajero encuentra un pasado suyo
que ya no sabía que tenía:
la extrañeza de lo que no eres
o no posees más te espera al paso
en los lugares extraños y no poseídos’
(Italo Calvino)
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En el pasado, viajar significaba perderse de alguna manera. Porque aquel que emprendía un viaje quizá no regresaba jamás a su punto de partida. Era más que una aventura. Y en la aventura radicaba la esencia de la acción. El que visitaba otros lugares encontraba sorpresas, nuevas formas de vida y de cultura, pero también ofrecía su cultura y su forma de vida. Todo en sí era un aprendizaje. Un intercambio. El que daba y el que recibía. Y en ese aspecto, las dos formas son mutuas. Tanto el visitante como el anfitrión recibían inputs, información desconocida que hacía que su mente abriera nuevos archivos. 

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‘Cuando los hombres buscan la diversidad viajan’
(Wenceslao Fernández Flórez)
***

Los hombres se han movido de su lugar de origen a través de la historia por diversos motivos. La causa más común ha sido la necesidad. Y todavía la sigue siendo. Hoy se viaja más que nunca por placer, pero siguen habiendo millones de personas en el mundo que se ven obligados a emprender viaje y a desplazarse de su lugar de residencia por diferentes motivos, casi todos ellos ajenos a su voluntad. La necesidad atenaza en muchas ocasiones el deseo y la decisión de las personas. Antes se buscaba el lugar donde hubiera alimento, donde hubiera agua, o donde hubiera un clima más benigno. Y, aunque el ser humano ha sabido adaptarse a todas las vicisitudes, el ansia por mejorar y por el cambio le ha hecho descubrir nuevas tierras. 

Pero en la búsqueda de un lugar entran otros factores. Al viajar se buscan sueños, ilusiones, lugares idílicos, se busca el espacio ideal para cualquiera de nosotros. Buscamos lo que no tenemos, lo que no conocemos. Buscamos… Sabemos que siempre puede haber un lugar que nos envuelva con su belleza, que nos deslumbre como nunca nada lo ha hecho. Se viaja para cambiar de alguna manera, para descubrirnos a nosotros mismos, pero de otra forma. Y en el carácter de cada uno de nosotros se interpretan las ganas de viajar y las formas de hacerlo. Cada uno viaja de una manera. Cada uno tiene un concepto de viaje. Y muchos ni siquiera viajan. Porque también existe el miedo a lo desconocido o las mínimas oportunidades de hacerlo. Las circunstancias para emprender un viaje no son siempre las deseables. Pero ciertas personas no lo piensan ni un instante, y en cuanto pueden partir lo hacen. Hacia dónde quizá no es lo importante. Se trata de ir conociendo nuevos lugares, nuevas gentes, nuevos olores y sabores, nuevos paisajes y nuevos amaneceres. Porque al viajar abrimos nuestros sentidos hacia otros espacios desconocidos hasta entonces. Nos introducimos en un mundo donde todo nos parece interesante.

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 ‘Los viajes sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos

y para despojarse del prejuicio

de que sólo en la propia patria

se puede vivir de la manera a que uno está acostumbrado’

(René Descartes)
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Cada uno de los que viajan tiene su propio estilo. Hay mil formas de viajar. Cada uno escoge la suya. Algunos prefieren organizar todo el viaje, el itinerario, los contactos, los hoteles, los desplazamientos. Otros, prefieren planear lo indispensable, y luego ir escogiendo sobre la marcha. Muchos prefieren salir a la aventura, sabiendo de antemano su destino pero sin saber su recorrido. Algunos se lo toman con calma. Otros lo planean durante meses o semanas. En los viajes existe un ritual sagrado y reconfortante, puesto que, gracias a él, viajamos incluso antes de partir. Ahora se puede buscar información del destino, se pueden encontrar miles de páginas web con todos los comentarios y experiencias de otros viajeros. Hay fotos, mil fotos, de cada lugar. Siempre hay un tipo de viaje para cada persona, y aunque hay muchos reacios a viajar, los números dicen que cada año viajan más personas en todo el mundo. Hay viajes para todos los gustos y para todos los bolsillos. Todo depende de nuestras exigencias y objetivos.
Viajando exploraremos lugares que nunca hubiéramos imaginado. Descubriremos joyas, tesoros lejanos, tierras prometidas, mares de otros colores, tierras secas y solitarias, playas vírgenes, lugares donde podremos encontrarnos como fuera del mundo, donde indagaremos en nuestro interior y donde podremos escarbar más allá de nuestras heridas y de nuestro pasado. Viajar nos abrirá la mente, de eso no hay duda. Nos enseñará muchas respuestas y nos aclarará muchas dudas pero, sobre todo, nos hará valorar todo eso que día a día lo damos por supuesto y que no apreciamos como deberíamos, aprenderemos a valorar las pequeñas cosas, los pequeños detalles. Amaremos viajar para distinguir la belleza en cualquier rincón del camino. Sea de la forma que sea hay que viajar.
comentarios
  1. leiresroom dice:

    Buen post.

    No estoy segura de que la mayoría de la gente que viaja hoy en día lo haga por las razones que comentas ni obtengan los beneficios que enumeras. Pues mucha gente, que “ni siquiera viaja”, como dices, hace en cualquier lugar exactamente lo mismo que haría en su pueblo o ciudad. Incluso busca las mismas o muy similares compañías. En cualquier caso, he conocido gente bastante viajada con un grado lamentable de apertura mental. Y otra mucha gente que, por circunstancias diversas, sin haber podido o querido desplazarse tan a menudo ni a tantos sitios diferentes, ha adquirido una libertad, riqueza, cultura, mundo… que resultan envidiables.

    Viajar puede ser un buen ejercicio, es saludable y proporciona placer (a la mayoría de la gente), pero no es la actividad necesaria en que la hemos convertido. Parece que el que no viaja es menos que otros, y no es así. Hay mucha gente que viaja sólo para luego poder contar a otros dónde ha estado y para hacer “listas de países” que ha visitado, o para enseñar sus fotos. ¿A eso lo hemos reducido? Mejor poco y bien que mucho y mal, y viajar para uno mismo y no para los demás.

    Saludos.

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