Cómo te llevas con tus ‘ex’…

Publicado: 20 de junio de 2014 en Artículos
Etiquetas:,

adios

‘La experiencia no tiene valor ético alguno,
es simplemente el nombre que damos a nuestros errores’
(Oscar Wilde)
***
Las experiencias que vamos adquiriendo durante nuestra vida nos sirven para ir acumulando conocimiento y sabiduría. Son esos pequeños instantes que, acumulados, van tomando cuerpo, forma y credibilidad, aunque no todos sepamos sacarles todo el provecho que atesoran. Durante nuestra vida vamos encontrando personas que son desconocidas en un principio y que, gracias al espacio tiempo, podemos ir conociendo con calma, con detenimiento y con mayor profundidad. Pero a unas más que a otras. Porque no todas se dejan conocer. Y porque tampoco a todas deseamos conocer. Es un juego continuo en el que nos vemos inmersos. Personalidades variadas, caracteres distintos, miradas que se cruzan, deseos que se encuentran, emociones espontáneas, roces inesperados, atractivos exóticos, pasiones desbordadas, amores imposibles, atracciones fatales.
En una vida son muchas las personas que vamos encontrando, y algunas de ellas llegan a ser íntimas. Las relaciones, como todo en esta vida, es una cuestión de tiempo. Y es el tiempo el que nos va marcando el camino. Tenemos el suficiente como para almacenar relaciones. Nuestras relaciones nos pertenecen. Las hay de todo tipo. Cada uno podría contar su historia. Las hay cercanas, próximas, juveniles, esporádicas, salvajes, ilusionantes, cortas, largas, vitales, inolvidables, rutinarias, aburridas, soñadoras, emocionantes, divertidas, necesarias, fantásticas, erróneas, energéticas, animadas, tristes, melancólicas, locas, extravagantes, increíbles, maduras, equivocadas, repetidas, quemadas, difuminadas, aprovechadas, deseadas, atormentadas, etc…
Esas relaciones pertenecen al pasado, a nuestro pasado. De todas ellas hemos sacado conclusiones. De todas almacenamos recuerdos. Muchos buenos, muchos malos. Algunos abandonados, otros inolvidables, pero todos, todos, están ahí. Dos personas conectan, tienden a atraerse, se unen por un determinado momento que dura lo que dura y, como todo lo que comienza, termina. Dos personas que comparten la parte más sensual de todas, la intimidad, la expresividad hecha movimiento, pensamientos, diálogos, roces, miradas, seducción, pasiones, comprensión, diversión y enfado. Todo lo bueno y todo lo malo se conoce, se comparte. Todo se descubre. Porque enfrentarse a una relación es abrirse y conocer algo nuevo cada día. Una sorpresa tras otra. Tanto por una parte como por la otra. Nos mostramos, nos dejamos conocer. Queremos conocer. Deseamos saber. Todo el misterio que rodea a esa persona es un reto que conseguir. Nosotros mismos somos un reto para el otro/a. Nosotros mismos nos convertimos en reto que descubrir. Nos quieren descubrir. Nos quieren conocer. Nos dejamos llevar…
Cuando las relaciones pasan y se terminan suelen quedar abandonadas en un cajón de poco uso. No todas. Pero sí muchas.  A todas esas personas que una vez fueron protagonistas de nuestra vida las denominamos ‘ex’. Es una calificación lógica. Fueron. Ya dejaron de ser. Estuvieron. O Nunca fueron. Eran durante un momento. Ya no están. Pero siguen ahí. Algun@s. Otr@s no. ¿Cuál es la razón por la que un/a ‘ex’ sigue estando presente en nuestra vida? Quizá la amistad, el cariño, el respeto, la compenetración perfecta de los dos caracteres, la madurez, el saber seguir sacando de esa persona todo lo que nos beneficia. ¿Por qué en otros casos la relación se deteriora, se termina y se olvida con tanta facilidad? Porque no hemos sabido conectar, porque quizá nunca conectamos, porque el error fue unirse cuando no había nada que nos uniera.
‘¿Al cabo de cuánto tiempo se olvida el olor de quien nos ha amado?’
(Anna Gavalda)
***
En muchos casos, el fin de una relación deja un poso de tristeza, de vacío y/o de abandono. Por un tiempo nos sentimos perdidos, sin rumbo. Acaso porque el ser humano se acostumbra a las situaciones, a la rutina. No analizamos convenientemente si esa relación nos beneficia, nos hace crecer, nos complementa y nos hace felices. Sólo vemos que la hemos elegido y que la vivimos. Nos cuesta llegar a un punto en el cual aceptar que quizá ya no nos llena, o que nunca nos llenó, o que lo que creíamos que nos llenaba nunca fue cierto. Una parte de mentira hacia nosotros mismos se alimenta desde nuestro propio cerebro, y el error cometido cuesta admitirlo. A veces, el fin de una relación convierte a ese ‘ex’ en un personaje non grato, que deseamos hacer desaparecer de nuestra vida para siempre y de nuestra mente cuanto más rápido posible. Lo que una vez fue pasión puede convertirse en el futuro en algo poco agradable, un problema, una situación que resolver. Esos ‘ex’ son defenestrados hacia una tierra bien lejana, casi fuera de nuestros mapas. No esperamos nada de ellos. No los necesitamos nunca más en nuestras vidas.
Pero en otros muchos casos, la relación que acabó sigue presente pero de otra manera. Una forma distinta. Ya no como pareja. Ni como relación íntima. Nos une entonces algo más que una simple amistad. Es un vínculo innegable, valioso, que nos hace mucho más fuertes a ambas partes. Conocemos mucho el uno del otro, y lo utilizamos para nuestro presente y nuestro futuro, ya sea consultando, hablando, comentando, analizando o compartiendo. Puede que ese ‘ex’ se convierta en un confesor, en un terapeuta, en un interlocutor completamente básico y perpetuo con quien despejar dudas. Una persona que tenemos allí, ahí, aquí, siempre… Y lo valoramos como tal. Como merece. A veces, los ‘ex’ se convierten en personas imprescindibles, donde la naturalidad y el respeto sobresalen, donde el interés se perdió y quedó la complicidad, donde se puede intentar siempre algo más, sin vacilar, sin miedo y sin precaución. A veces, un ‘ex’, puede tender esa mano necesaria, puede prestar ese oído callado y atento que paciente escucha, puede ofrecer ese abrazo deseado en medio de una tormenta de pensamientos y de problemas, puede representar la necesidad del momento, la voz cálida, la mirada compasiva y el comentario que abre puertas. Muchos de esos ‘ex’ nos conocen muy bien y pueden aconsejarnos desde otro punto de vista. Y tú, ¿qué tal te llevas con tus ‘ex’?
‘Una experiencia nunca es un fracaso,
pues siempre viene a demostrar algo’
(Thomas Edison)
***
mirando
comentarios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s