Diario de pensamientos: La memoria selectiva

Publicado: 8 de junio de 2014 en Diario de pensamientos
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Niño recordando

‘La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados’
(Jean Paul)
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Gracias a la memoria nuestra mente puede almacenar toda la información que va acumulando a lo largo de una vida, al igual que recuperarla cuando le es necesario. La memoria surge del resultado de las conexiones repetitivas de las neuronas, creando redes neuronales, lo que se conoce como potenciación a largo plazo. Durante nuestro pasado se van sucediendo una gran variedad de acontecimientos, sensaciones, emociones, imágenes, escenas, vivencias en general que, en un momento determinado, significaron o marcaron un estímulo de nuestra vida. Y la memoria nos permite guardarlos en algún rincón de nuestra mente para recordarlos en el futuro. No conseguimos almacenarlos todos, y resulta curioso comprobar que, algunos que ya estaban incluso olvidados, pueden renacer para ser recordados de nuevo.
Pero la memoria tiene un tiempo determinado y por esa pauta la clasificamos. Puede ser a corto, mediano o largo plazo. El porqué unas situaciones son recordadas durante más tiempo que otras puede quedar fuera del margen de estudio pero resulta interesante comprobar cómo ocurre de esa forma. Hay hechos que son guardados sólo por un espacio corto de tiempo, quizá por falta de interés por nuestra parte, quizá porque nuestra mente no lo considera tan importante. Otros permanecen durante más tiempo, a lo mejor porque han significado momentos más importantes o simplemente porque creemos que nos pueden aportar algo en el futuro. Pero muchos momentos y muchos hechos permanecen durante toda nuestra vida almacenados para ser recordados siempre. Quizá éstos son los imprescindibles. Los que nos han marcado de una manera u otra en un momento determinado.
Porque queramos o no, nuestra vida es un camino por el que se va evolucionando. Lo que pensábamos hace años no es lo mismo que pensamos ahora. Lo que nos pareció muy importante hace tiempo ya no lo es tanto hoy. Vamos seleccionando lo que sí vale o merece la pena conservar como recuerdo, porque el resto lo vamos desechando, como si ya no importara. Lo hacemos de forma inconsciente. Es como un programa que tuviéramos instalado en nuestra mente que va seleccionando esos instantes que necesitamos conservar, mientras que los otros van siendo eliminados, oscurecidos y olvidados.
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Tan sólo al hablar de ciertos temas o de ciertos aspectos nos vienen a la mente aquellos que dejamos un tanto aparcados, y que al despertarlos vuelven a tomar vida por unos instantes, incluso para nuestro asombro, porque muchos de ellos ya habían sido incluso descartados, y gracias a revivirlos parece como si los volviéramos a tener cercanos. Es curioso comprobar cómo nos asaltan esas escenas, esas imágenes, esos momentos otra vez, arremetiendo de repente con fuerza en nuestro presente, intentando tomar protagonismo de nuevo, tal y como lo hacían antes, en el pasado. Pero, lógicamente, ya no tienen la misma fuerza. El paso del tiempo los ha relativizado, los ha puesto en su justo lugar. Ni más importantes ni menos. Con el tiempo sabemos valorar las cosas de otra manera. A lo mejor es la forma de observarlos. A menudo, desde la distancia observamos y analizamos mejor, y esa nueva perspectiva nos cambia la visión por completo. También su significado.
Durante una vida aprendemos. La memoria nos sirve para acumular aprendizajes, experiencias y vivencias. Pero aparece la memoria selectiva y nos damos de morros con la realidad. Somos profesionales del olvido preventivo, del olvido necesario. Olvidamos lo que queremos, lo que no nos interesa. Según muchos expertos, cuanto más tiempo intentamos olvidar un recuerdo, más difícil será luego recuperarlo. Claro que, en parte, ese es el principal objetivo. Lo hacemos para no recordarlo nunca más. Lo hacemos premeditadamente. Cuando un suceso no ha sido como nosotros deseábamos o creíamos que iba a ser, tenemos esa capacidad de darle la vuelta a la tortilla, girar el sentido de lo acontecido y parecer que lo que sucedió fue completamente diferente. Al cambiar el significado del suceso lo que hacemos es intentar olvidar lo que realmente ocurrió. Una manera cómoda de engañarnos pero también de salir airosos de esos pensamientos perturbadores que nos pueden acompañar y presionar durante muchos años y que, de alguna manera, no nos dejan avanzar.

La conclusión es que recordamos lo que memorizamos. La memoria selectiva se encarga de ello gracias a nuestras órdenes. Nos concentramos en unos hechos concretos y son ésos los que almacenamos. Los recuperaremos siempre que los necesitemos pues los tenemos a mano. Son los que nos sirven. O los que nos pueden servir. El conocido como ‘sesgo de confirmación’, es la tendencia a favorecer la información que confirma las propias creencias del individuo. Buscamos los recuerdos que puedan justificar nuestras formas de pensamiento, las ideas que puedan argumentar nuestras ideas. Una de las razones de su uso según los estudios es que las personas sopesan los costes de equivocarse a la hora de actuar mucho más que investigar una nueva opción. El sesgo de confirmación ayuda en la confianza en las creencias personales, sean o no verdaderamente importantes. De hecho, en muchas ocasiones, las decisiones tomadas al usarlo suele acarrear que sean de un nivel pobre o de inferior calidad intelectual.

Nos guste o no, los recuerdos son nuestros. Los buenos y los malos. Algunos nos podrán hacer sentir mal; mientras que otros nos harán sentir mejor. Pero todos y cada uno de ellos forman el conjunto de lo que hemos ido aprendiendo y viviendo, y están plenamente vinculados a nuestra experiencia de vida. Clasificar los recuerdos, valorarlos por los que nos pueden repercutir en el futuro no nos garantiza nada, de hecho, pueden ser incluso una simple excusa para comportarnos de una forma predeterminada, sin llegar a profundizar en ello antes de tomar las decisiones. Todo, absolutamente todo, puede tener su importancia en un momento dado. Y de nosotros depende saber interpretarlo. Eliminando información lo único que hacemos es vaciar el cajón de los recuerdos. Y quizá los que salvamos no sean realmente los necesarios.

 

‘Cada uno tiene el máximo de memoria
para lo que le interesa
y el mínimo para lo que no le interesa’
(Arthur Schopenhauer)
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trastornos-de-memoria

comentarios
  1. Lamentablemente si podemos. Alzheimer se llama. La vivencia y la muerte en total soledad. No reconoces ni a tu memoria.

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