Lesbianismo… ¿La próxima revolución?

Publicado: 10 de mayo de 2014 en Artículos
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‘Disfrutemos de la lujuria,

el sexo y la pasión,

hagamos el amor cada día y jamás digamos que no’

***

Lo más natural en el ser humano es el sexo. Pese a quien le pese. Ese proceso de combinación de dos cuerpos o más sea cual sea su sexo. El sexo es instintivo, es naturalidad en grado máximo, es la suma de muchas sensaciones. Es la espontaneidad mezclada con el deseo. Y, ¡qué lástima que sólo existan dos sexos! En la variedad está el gusto y en el sexo la limitación es obvia. Tan sólo hay dos. Algunos se decantan por el sexo contrario, otros por el mismo, algunos por los dos y los menos por ninguno (aunque no se lo crea nadie). Pero imaginarse entre una variedad de sexos y adivinar la cantidad de variantes posibles provoca una sonrisa cómplice.

La homosexualidad es tan antigua como la heterosexualidad. Pese a quien le pese. Ya en la Antigua Grecia era habitual. Y ya los poetas de la época daban por hecho que todos los hombres podían tener un deseo homosexual en algún momento de sus vidas. Curiosamente, incluso esa práctica homosexual de la época era machista, pues aunque estaba considerada normal, no lo era el lesbianismo, puesto que se entendía a la mujer como garante de vida humana y de reproducción; mientras que al hombre se le entendía su derecho al placer aunque fuera con otro hombre. En la Antigua Roma había diferentes opiniones al respecto de la homosexualidad, pero era frecuente que un hombre penetrara a un esclavo o a un joven, aunque si ocurría lo contrario era considerado como una desgracia. Durante la Edad Media, la iglesia católica se encargó de perseguir a los homosexuales, argumentando que la sodomía podía estar relacionada con la herejía. Y hasta el siglo XVIII era una práctica habitual quemar en la hoguera a los homosexuales. Y el paso del tiempo, la llegada del siglo XX no mejoró la situación. Famosa fue la persecución nazi contra la homosexualidad, argumentando que era un defecto genético. Una fase de la historia alemana totalmente distinta a la del siglo XIX donde Berlín fue uno de los centros con mayor movimiento homosexual en toda Europa. En la actualidad, se puede decir que todo depende de donde se viva. Todavía sigue habiendo persecución en muchos lugares del mundo, mientras que en otros ya están reconocidos los derechos a la persona a elegir sobre su orientación sexual y la unión civil es ya un hecho.

Un dato curioso ocurrió en mayo de 1990 cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud) excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud. ¡En mayo de 1990! Lo cierto es que la lucha por el reconocimiento al derecho de una persona a elegir su sexualidad ha sido constante. Y en muchos países reconocer ser homosexual ya no provoca escándalos ni sorpresas, aunque en muchas de las ocasiones la sociedad lo apruebe por ser un pensamiento mayoritario. En muchas sociedades occidentales se defiende mayoritariamente la homosexualidad y sus derechos. Y el hombre homosexual ha ido ganando terreno en todas las esferas. En muchos momentos incluso se ha creado hasta una popularidad que parece excesiva, aunque es más debido a las modas que a otros conceptos.

‘El sexo forma parte de la naturaleza.
Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza’
(Marilyn Monroe)
***
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Con el lesbianismo la historia se repite. Ha estado presente desde los tiempo más antiguos del ser humano. Parece que socialmente apareció mucho más tarde que su versión masculina, debido quizá a que el desarrollo del papel de la mujer en la sociedad fue mucho más lento provocado por  todas las barreras que tenían en su camino, ya fueran religiosas, familiares, morales o sociales. Considerada desde siempre como una minoría continúa siendo hoy para muchos un tema tabú y del que poco se habla. Lógicamente, el machismo generalizado ha dado mucha más importancia al hecho homosexual masculino que al femenino, creando una tela de opacidad a la hora de hablar del lesbianismo abiertamente como se ha hecho con la homosexualidad. En muchos casos, ha pasado inadvertida, desvalorizada o poco difundida. Y, por supuesto, nada aprobada y siempre criticada. Se dice que la relación íntima entre dos mujeres puede ser incluso muy fuerte habiendo o no relaciones sexuales de por medio. Pero eso se podría decir también de la relación entre dos hombres. 

Los primeros grupos feministas creados en EEUU consiguieron crear organizaciones de mujeres que defendían el derecho de las lesbianas. Y de ahí que para muchos hombres, el feminismo estuviera ligado al lesbianismo. Nada que ver por cierto. El feminismo tiene su argumento en la defensa de los derechos de las mujeres, sea cual sea su condición social, sexual o religiosa. Ese movimiento surgió en los años setenta, una época clave en el desencadenante de un nuevo movimiento social mundial dominado por el revolucionario ideario de los grupos hippies y de la contracultura. Fue un momento clave también para la liberación sexual de la mujer, y el lesbianismo no iba a quedarse atrás. Pero para muchas sociedades ancladas en el pasado y con un pensamiento profundamente machista, la idea y el concepto lésbico parecía incluso de otro planeta. Poca información, mucho secretismo, infinidad de tabúes, todo era un conjunto que hacía perder toda la transparencia y naturalidad al tema.

Pero a pesar del paso de las décadas parece que hay algo que bloquea esa apertura social con respecto al lesbianismo. Muchas mujeres no quieren salir del armario todavía, y es que las sociedades (muchas) parecen no estar preparadas para ese fenómeno, por otra parte tan normal y natural. Siguen siendo demasiado noticia esas celebridades que gota a gota van saliendo del armario y anunciando su lesbianismo, y cómo se puede demostrar, sin reacción alguna. Quizá alguna sorpresa, como ocurre cuando un hombre se declara gay, pero no por eso se forma un morbo adicional con respecto a su persona. Cuando se actúa de forma natural y directa es cuando menos sorpresa y reacción hay. En cambio, cuando se alimenta el rumor y la especulación es cuando más se habla y se divaga con respecto a todo.

La revolución de las lesbianas todavía no ha llegado. Al menos, a voces. Es una lucha subterránea, inteligente, taimada y silenciosa que sigue creciendo a pesar de los rencores de muchos. Es una lucha que debería ser pública y abierta, tal y como está siendo la de los gays, pero quizá la modernidad es algo que está por llegar aunque se hable tanto de ella. Quién sabe cuando se producirá un estallido social que haga aparecer de repente el verdadero número de lesbianas en el mundo, que lo puedan transmitir sin miedos, sin complejos. Que se hagan ver y sentir de forma natural y no tengan que guardar las apariencias. Quién sabe cuándo se producirá esa revolución pendiente en todo el mundo. Sería un buen ejemplo de que las sociedades en general avanzan y no se estancan, una evolución lógica y que sigue pendiente de no se sabe qué. A qué estamos esperando, nos podríamos preguntar. Seguiremos esperando algo que ya debería haber sido noticia hace muchas décadas.

 

‘Sexo: lo que sucede en diez minutos
es algo que excede a todo el vocabulario de Shakespeare’
(Robert L. Stevenson)
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