El placer de compartir

Publicado: 2 de noviembre de 2013 en Artículos
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“La soledad se admira y desea cuando no se sufre,

pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente”

(Carmen Martín Gaite)

***

Compartir puede hacer referencia a muchas cosas y a muchas situaciones. Pero entendemos por compartir el mero hecho de disfrutar de algo en común con alguien. El hecho que se comparte puede ser  secundario, porque a menudo se disfruta tanto de lo que se comparte como de la compañía con la que se hace. Esa disfrute puede ser momentáneo, duradero, eterno o simplemente fugaz. De todas formas, no deja de ser un disfrute al cual no deberíamos renunciar. Puede ser algo tangible o no. Un abrazo, una noticia, un sueño, una lágrima, un suspiro, una comida, una ayuda, una mirada, un secreto, un trabajo, un futuro, una vida, una noche, un momento, un segundo, un algo…

A veces, cuando compartimos, revivimos el hecho, la situación, el momento. A veces, cuando compartimos, nos mostramos, porque expresamos lo que nos gusta, lo que nos disgusta, lo que nos emociona. Y compartir es otra forma de comunicar. Una obligación, una necesidad humana. Compartir porque sí, sin más razones. Porque compartir la compañía de alguien durante un tiempo determinado puede ser inolvidable. Igual que recordamos aquella tarde, aquel momento, aquella persona.

“NO quiero que me ames, ni que me adores;

sólo déjame compartir contigo tus mejores horas”

***

Se comparte porque sí, sin esperar que la otra persona vaya a compartir algo también. Se comparte, se da, se intercambia. Y en la acción está la satisfacción. Porque al intercambiar y compartir se expande el hecho, la situación y la emoción. No podemos ser los descubridores de todo, por eso necesitamos de los demás, para que nos abran puertas, para que nos orienten, para que nos enseñen aquello que jamás hubiéramos podido descubrir por nosotros mismos. Muchos creen que lo importante es lo que piensan, lo que sienten, lo que saben. Pensando que lo que los demás les pueden aportar no es tan seductor, tan interesante o tan importante. Pero no se dan cuenta de que lo que piensan, sienten y saben es gracias a otros que compartieron con ellos algo de sus pensamientos, sentimientos y/o conocimientos. Nadie es tan importante, ni tan interesante. Lo importante es poder compartir, eso es lo verdaderamente interesante.

Las comunidades humanas han compartido desde el principio de los tiempos los recursos, como forma de supervivencia. En tiempos de crisis, la gente se da cuenta que se puede compartir mucho más de lo que imaginaban o solían. En tiempos de crisis el ser humano abre su mente y desarrolla el solidarismo y libera la mente hacia la buena voluntad sobre otras personas. En tiempos de bonanza impera el egoísmo, el egocentrismo y el individualismo. Se coopera poco, se tiende a aislarse demasiado, a separarse de los demás, como si no se necesitara nada más. A veces olvidamos lo más elemental, lo más simple y natural. Olvidamos que existen otras formas de concebir el mundo, aunque no sean beneficiosas exclusivamente para nosotros. Curiosamente, en tiempos convulsos, en tiempos complicados, es la gente la que tiende a cambiar, o a buscar cómo cambiar. Mientras que los organismos, los estados y las políticas siguen ancladas en vicios antiguos, en costumbres ya revisadas y muy desgastadas.

Hace falta obtener ideas, y eso no es fácil. Las ideas pueden expandir nuevos pensamientos, nuevos proyectos, nuevos sentimientos y nuevas compañías. Debemos ser abiertos de mente para poder localizar el foco de nuestro mañana, sin olvidar que necesitamos de los demás, de todo lo que nos rodea, que cualquier cosa puede ser importante, decisiva. Ya no se trata tanto de lo material sino de lo esencial. Buscar más valores para conservarlos, para defenderlos, para sostener el entorno en el que nos vemos a veces encerrados. Pero para abrirlo, rompiendo todas las barreras que encontremos en el proceso, sin importarnos cuánto tiempo necesitemos ni cuánto esfuerzo gastemos. Dejar de contar los beneficios, intentando invertir para recoger, aunque sean detalles, porque en los pequeños detalles es donde se encuentra la verdadera importancia de todo. Detalles que compartimos de una manera u otra, que debemos seguir compartiendo cada día más.

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comentarios
  1. Aquileana dice:

    Hola un gusto dar contigo… Y por cierto, qué buen post éste, creo que cuando aprendemos a ceder parte de nuestro tiempo en favor de otros, ese tiempo se multiplica. Claro que hay que saber compartir pero también “con quién” hacerlo…

    Un gran saludo, Aquileana ;)

    Me gusta

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