El placer

Publicado: 10 de octubre de 2013 en Artículos
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“El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer”
(Walter Bagehot)
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La búsqueda del placer es constante en las personas. Algunas lo ansían disfrutar y otras prefieren darlo. Incluso dándolo se puede disfrutar del placer. En ocasiones quizá más todavía. Porque el placer y su significado son algo así como algo positivo, una sensación o un sentimiento de confortabilidad, una euforia momentánea que nos excita y nos hace sentir bien. Y el ser humano, ante impulsos o sensaciones positivas siempre reacciona bien, o al menos debería. Hay placeres sencillos pero igual de confortables. Hay placeres más complicados de conseguir pero que se saborean intensamente una vez que se consiguen.

Una necesidad satisfecha puede representar placer, pero también nos encontramos con él en momentos insospechados, no buscados. Esos momentos en que sentimos su bondad sin haberlo ni siquiera imaginado. Quizá esos son los mejores momentos, por inesperados. Aunque el placer de conseguir lo anhelado es indescriptible en ocasiones. Pequeños placeres como un plato de cocina que levanta nuestros sentidos más escondidos, una bebida en un momento especial, un descanso merecido, un paseo entre un paisaje inolvidable, un orgasmo inacabable y con esa persona, una diversión inesperada, un ambiente sorprendente, un descubrimiento cultural, una belleza que trastoca los sentidos, una curiosidad manifiesta, una lectura interesante, una idea proyectada, la compañía de un amigo incomprable, un cielo mágico, una palabra bien dicha, una imagen con los colores perfectos, un sueño cumplido, una mañana desafiante, una noche eterna, un abrazo cariñoso, un beso memorable, un intensa mirada…

“Disfrutar de todos los placeres es insensato; evitarlos, insensible”

(Plutarco)

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Para la filosofía, el placer está asociado a la felicidad. La felicidad es un estado emocional que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. Esa sensación de paz interior que estimula a conquistar nuevas metas, un estado intermedio entre la satisfacción y la alegría que desearíamos fuera eterno. Pero existen muchos tipos de placer: desde el placer físico, que se adquiere por medio de los sentidos, ya sea mediante el instinto sexual o el roce afectivo o el simple hecho de disfrutar con alguno de los sentidos aunque sea por un breve espacio de tiempo; el placer intelectual, cuando vamos descubriendo necesidades espirituales y de conocimiento; el placer del juego; el placer de la belleza; el placer emocional, compartiendo todo tipo de afectos.

Pero el placer hay que tomarlo con buenas dosis. Son momentos determinados que debemos saber degustar, apreciarlos como se merecen y guardarlos en nuestra memoria como pequeños tesoros, para revivirlos en el futuro recordándolos. No se debe abusar del placer, o de la búsqueda del mismo, puesto que aparecerá en el momento menos pensado y nos hará sentir muy bien, sin necesidad de estar esperándolo. Además, si lo viviéramos muchas veces perderíamos el placer de degustar el placer. Todo lo nuevo nos puede estimular para descubrir algo de placer. No se debe cerrar la puerta a la ocasión de vivir la sensación del placer. Porque nos ayuda a sentir la vida de otra manera, a ver el otro lado del dolor y del sufrimiento. Un oasis dentro del desierto de la rutina, los problemas y las vicisitudes cotidianas. El placer nos ayuda a valorar lo mejor de la vida. Damos y recibimos placer. Momentos inolvidables que se acumulan en nuestro disco duro de la felicidad y del bienestar. Placeres de andar por casa, placeres que transcienden, placeres insospechados, inesperados, secuencias que alegran incluso épocas grises y que brillan por sí solas en medio de la oscuridad de las circunstancias. Placer que provoca sonrisas, risas, lágrimas de placer, sollozos de inmensa felicidad, suspiros de no creer lo que se está viviendo. Damos placer y recibimos placer.

Quizá hay que olvidarse un poco de las penas, de las tristezas que a menudo nos invaden. Desalojarse de los momentos que nos afligen y que no nos dejan respirar con sosiego y nos provocan ansiedad desbordante. Quizá deberíamos pensar que tras esas penas llegarán otro placeres que compensarán esos momentos de angustia y aflicción. Porque en eso consiste todo, en la mezcla y la combinación de los momentos. Los placeres se sucederán, como los buenos momentos, como la felicidad; no serán eternos, ni mayoritarios, por eso debemos aprender a valorarlos, a degustarlos y a amarlos por encima del resto. Sin el placer estaríamos bastante vacíos y faltos de la estímulos. Sonriamos al nuevo día, abramos las ventanas para dejar entrar algo de aire fresco y quizá, quién sabe, distingamos muchos más momentos de placer de lo que solíamos sentir.

“Placer y pena son los dos únicos resortes que mueven y moverán el mundo”
(Claude Helvétius)
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comentarios
  1. Comparto lo que has escrito , la vida es así, muy matizada de buenos momentos y otros no tanto.
    Bella jornada para tí.

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  2. Comamos, bebamos y gocemos: trás la muerte no habrá ningún placer.

    CICERÓN, Marco Tulio

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