Diario de pensamientos: Llamar la atención

Publicado: 15 de septiembre de 2013 en Diario de pensamientos
Etiquetas:, ,

llamar-atencion-jefe_1_1102845

“Hay palabras que por las ideas que revelan llaman nuestra atención

y atraen nuestras simpatías hacia los seres que las pronuncian” 

(Juan Pablo Duarte) 

***

Llamar la atención puede o no puede ser lo mismo que intentar ser protagonista. Porque seguramente el que intenta ser protagonista lo necesita constantemente, ya sea por complejo o por simple egocentrismo. Al contrario de aquel que busca sólo que alguien le preste la atención que precisa en un determinado instante. A menudo, todos nos vemos en la tesitura y en la necesidad de que alguien nos atienda, nos escuche y/o nos haga caso. Y eso no quiere decir que precisemos demasiada atención ni tampoco que deseemos ser el centro de atención. El mundo es grande y en él habitan miles de millones de personas. Cualquiera de esos rostros que nos rodean a diario desean en un determinado momento ser protagonistas. Pero para ser realistas, el protagonismo, en dosis habituales, está reservado para sólo a unos cuantos. La gran mayoría nos vemos abocados a ser parte importante sólo para nuestro entorno y con eso deberíamos estar satisfechos. Lo que ocurre es que a veces necesitamos más, y algunos más que otros. Son momentos. Son circunstancias. Son necesidades humanas que se agudizan según lo que va transcurriendo.

Los protagonistas  relucen de forma natural y sobre todos los demás. Muchas veces sin proponérselo y, en determinados casos, acuciados por sus propias necesidades y ambiciones. El ego es difícil de definir. En filosofía se relaciona también con el ser, con el alma o con la conciencia. Hay que reconocer que para muchos sólo existe el yo y su circunstancia. El resto queda en un segundo plano. El resto simplemente decora al yo. Sin el yo quedan o se sienten un poco aislados, un tanto vacíos y también faltos de significado. Sin el yo se ven sumergidos en un mar de incertidumbre del cual no saben salir y en el que se ahogan lentamente y sin pedir un salvavidas. Y todo lo que dicen y hacen pasa irremediablemente por la circunstancia de su yo. Y es muy fácil identificar a esas personas. Se expresan de forma natural y todo lo importante pasa por lo que les ocurre a ellos. No escuchan. Sólo hablan. Y casi siempre de ellos.

Destacar

“Escúchalos,

préstales atención:

quien nunca toca la tierra,

puede que nunca llegue al cielo” 

(Adam Mickiewicz)

***

Nunca viene mal del todo un buen trato con nuestro ego. Si lo alimentamos de forma moderada y suficiente siempre nos llenará de manera satisfactoria. Pero si lo intentamos llenar demasiado puede llegar a rebosar y explotarnos en nuestras propias manos. Y esa explosión será a nivel metafórico, porque serán los que nos rodean los que se den cuenta rápidamente de nuestro error. El ego ayuda a sentirnos mejor, pero no siempre. Para alimentar nuestro yo debemos recordar que necesitamos de los demás. Formamos parte de un grupo, de una comunidad, de un entramado social en el que nos vemos rodeados de personas, y nuestras vidas pasan por el tránsito continuo de gente, que va y viene, y cada una de ellas nos aporta un granito de arena en la inmensa playa de nuestra realidad y vida. Nuestro ego, pequeñito, transita también por ese mundo paralelo. Queremos ser algo, ser alguien. Y si podemos ser diferentes pues mejor. Deseamos ser distintos, llamar la atención, que alguien se fije en nosotros por algún pequeño detalle. Destacar por encima del resto sería la conclusión. 

Pero reconocemos cuando algo nos llama la atención, ya sea por su rareza, por su belleza o por su capacidad para sorprendernos. Puede ser un buen síntoma o una pesadez. Porque no es lo mismo que algo o alguien nos distraiga por algo que nos atrae, ya sea una imagen, una frase, un silencio, una mera expresión artística o intelectual, que por no aportarnos nada en absoluto. Una nimiedad en la que el otro interlocutor cree tener nuestra atención cuando sólo ha logrado nuestro desprecio. Ahí pasaríamos a calificar la acción de ‘llamar la atención’ a ‘dar la nota‘. Otra rutina en la que nos vemos a menudo integrados por parte de los que nos rodean. Muchas personas se abonan a dar la nota. Ese falso estímulo de querer ser alguien interesante o importante en un escenario definido y particular, ya sea por un segundo, un minuto o una hora. Un breve espacio de tiempo que parece que nunca olvidarán. Que les servirá para reafirmarse en sí mismos pensando y creyendo que son algo imprescindibles en este mundo. Pero el mismo hecho de apreciar y distinguir a alguien cuando está dando la nota ya sirve para deshacer el castillo de naipes que ha creado en su cabeza todo aquel que lo intenta. La misma definición de lo que nos está mostrando califica su comportamiento.

Mucha gente confunde el conocimiento y las buenas dotes en algún campo o acción con dar la nota. Y nada más lejos de la realidad. Cuando alguien sabe lo que hace, y sabe lo que dice porqué no debería expresarlo. Cuando tiene el conocimiento sobre algo debe transmitirlo. Pero quizá la forma en que lo haga se verá hacia afuera como una forma de creerse importante e interesante, creyendo muchos que está intentando dar la nota. Las formas son también muy importantes, al igual que el fondo. Un paso será lo que nos digan o lo que vemos que hagan, y otra muy básica será la forma en que nos la trasmitan. Y además, cada uno podrá verlo y calificarlo a su antojo. Aunque estamos seguros de cuando algo o alguien nos crea sorpresa, interés y frescura, nos abre la mente y nos despeja algunas dudas. Sabemos diferenciar lo que nos llena de lo que no nos dice nada. Sabemos distinguir porque analizamos todo lo que nuestra conciencia va reconociendo.

7992314974_9a34988d75_z

Somos capaces de apreciar los estímulos externos en el momento adecuado. Y también los falsos estímulos. Sobre todo viniendo de esas personas que sólo pretenden dar la nota. Sin más. Buscamos la atención de los demás mediante dichos estímulos, y deben ser lo suficientemente relevantes para que creen atracción suficiente. Hay que estar atentos, y prestar atención. En el rincón menos imaginado podemos descubrir la existencia de algo que nos cambie la vida, o el día, o un pensamiento, o una idea. Sin nuestro especial mecanismo para captar nuestra atención nos perderíamos demasiadas cosas importantes, y otras que no lo son tanto. Hay que aprender a distinguir. Cualquier cosa nos puede llamar la atención pero no todo nos puede servir. Podemos captar multitud de información al mismo tiempo. Poseemos la intensidad para estar atentos, y oscilamos continuamente según lo que procesamos, aunque hagamos varias cosas a la vez. Variamos nuestro punto de mira constantemente. Controlamos nuestra atención y nos quedamos finalmente con lo que más nos atrae. Somos capaces de eso y de mucho más. Somos potentes a la hora de diseñar nuestra atención. Y la ejercitamos a diario. Por eso debemos filtrarla, afinarla, darle la finalización que se merece para no dejar engañarnos por falsas atenciones, simples vanidades que pretenden ser algo importante para nuestras mentes aunque estén muy lejos de serlo realmente.

comentarios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s