La belleza de la desnudez

Publicado: 27 de julio de 2013 en Artículos
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“Tu desnudez derriba con su calor los límites,

me abre todas las puertas para que te adivine,

me toma de la mano como a un niño perdido

que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas…”

(Roque Dalton)

***

Nacemos desnudos. Y en la desnudez misma nos sentimos frágiles. Pero la desnudez es la sensación más natural, la absoluta constancia de nuestra ser. La desnudez ya se ha desarrollado en el tiempo como modelo artístico. Es poesía en movimiento y también en la quietud. Durante casi toda la Antigüedad y buena parte del Renacimiento estuvo totalmente relacionada con el arte. Y el desnudo formaba parte de todas las culturas antropológicamente hablando. Para muchas tribus era algo sencillamente natural, para otras algo que debía intentar evitar. Porque con el desnudo se relaciona el pudor. Cuando no debería ser así.

El pudor es recato. Es vergüenza. Para algunos filósofos era una forma de proteger la intimidad de cada individuo. Para muchos incluso era un prejuicio. En el carácter de cada uno se forma la muestra perfecta de lo que somos o pretendemos ser. Nos mostramos como somos. O no. Puesto que la naturalidad no es amiga de todos. La vergüenza puede estar alimentada incluso estando vestidos. No es muestra de pudor, más bien de inseguridad. La actitud que mantengamos con respecto a los demás nos definirá en parte. Nos mostramos hasta ciertos puntos, y esos puntos son los que vamos eligiendo. En determinados momentos alentamos otras formas de expresión. Somos audaces y tratamos de evolucionar, aportando nuevas actitudes a nuestro muestrario.

***

DESNUDA

Desnuda eres tan simple como una de tus manos, 
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente… 
Tienes líneas de luna, caminos de manzana, 
desnuda eres delgada como el trigo desnudo

*

Desnuda eres azul como la noche en Cuba, 
tienes enredaderas y estrellas en el pelo, 
desnuda eres enorme y amarilla 
como el verano en una iglesia de oro

*

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
curva, sutil, rosada hasta que nace el día 
y te metes en el subterráneo del mundo
como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja 
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda

(Pablo Neruda) 

***

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“No hay ninguna desnudez comparable

a lo que uno siente cuando está desnudo

ante alguien por primera vez”

(John Irving)

***

Pero cada cultura y cada sociedad han calificado el desnudo a su manera. Para muchas civilizaciones el mero hecho de que una mujer mostrara su cabello ya se consideraba desnudez. De hecho, sigue siendo un hecho y una realidad actuales. En el Antiguo Egipto ya se consideraba como un acto de desnudez que una mujer mostrara su cabellera libre. El uso de pelucas por parte de las mujeres era un motivo erótico y causa de excitación. Quizá el arte egipcio fue el primero en introducir las transparencias de telas sobre cuerpos desnudos como motivo de arte y de seducción. Los griegos, sin embargo, daban mucha más importancia el cuerpo masculino, mostrando en muchas de sus pinturas y esculturas los cuerpos desnudos de hombres ‘bellos’, ya fueran deportistas o guerreros.

Aunque con el paso de los siglos la desnudez como forma de provocación siempre ha sido relacionada con el sexo femenino. Acaso el imperioso y todavía real poder masculino, su machismo y sus pensamientos se han apoderado de las muestras sociales del desnudo. Durante el período de Napoleón, la moda en Francia consistió en humedecer ropas sobre cuerpos desnudos de mujeres. El argumento era simple y bastante contradictorio, pues se abogaba por ensalzar la belleza del cuerpo femenino sobre el masculino. Una afirmación que no se sostiene, puesto que buena parte de la población podría afirmar lo contrario.

En la década de los 50, en pleno siglo XX, una nueva moda ocupó buena parte de los comentarios de medio mundo. Un nuevo traje de baño que mostraba una semidesnudez evidente se convirtieron en un escándalo para muchos. Las mujeres iban rompiendo barreras, mostrándose como bien deseaban, sin tener que hacerlo por conveniencia ni en lugares indicados por los hombres. La revolución sexual de los 60 evidenció ese desarrollo, cuando el sexo y la desnudez se volvieron más naturales si cabe. Los hippies se encargaron de poner de moda valores que se habían estancado, cuando el ser humano era mucho más simple de lo que parecía que había ocurrido con el paso de los siglos. El conservadurismo, las religiones, las morales contradictorias, un buen flujo de pensadores arcaicos y un poder establecido totalmente fuera de juego con la actualidad del momento hicieron que los avances en esta materia fueran lentos y nunca lo adecuados que hubieran podido ser si se hubiera tenido otro tipo de mentalidad.

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Desde los años 70 y 80, la liberación y el cambio de mentalidad de la sociedad hacia el movimiento gay experimentaron nuevas formas de desnudo. El hombre, los hombres, se pusieron por fin a la altura de las mujeres a la hora de exhibir su cuerpo. La desnudez del hombre ya está integrada en todos los parámetros sociales junto a la de la mujer. Pero la desnudez íntima es especial, diferente. Desnudarnos ante alguien especial, por alguien, mostrarnos como somos ante esas personas que elegimos nos hace ser partes vivas experimentando sensaciones, emociones y evitando prejuicios.

La desnudez de un cuerpo alienta deseo. No todos los cuerpos son hermosos pero la belleza de la simplicidad, de la piel, del cuerpo en general alimenta la emoción. Sólo con la mirada podemos experimentar mil formas de sentimientos, y no digamos si tocamos ese cuerpo desnudo. La desnudez nos pone en bandeja un mundo de síntomas, un camino por el cual adentrarnos y sumergirnos. Un sinfín de estímulos eróticos que cada día más tenemos a nuestro alrededor. La desnudez ya es un comercio, un negocio, una industria publicitaria masiva, un recurso atractivo, un potencial social. Pero como todo en esta vida, el desnudo tendrá la importancia que nosotros mismos le queramos dar. Ni más ni menos. En la era de Internet, las muestras exhibicionistas cada vez son mayores. Una gran masa de gente se ha abierto a experimentar por sí misma un estado nuevo, una desnudez propia que a lo mejor nunca hubiera imaginado. El desnudo, como vemos en playas y en terrazas, deja de ser un espacio acotado para unos cuantos. El número de usuarios de la desnudez aumenta y debemos saborearla como se merece, pues la desnudez de los cuerpos entraña algo tan simple como la realidad del ser humano, sin aditivos, sin conservantes. Ahí no hay trucos que valgan. La desnudez es tal como es. Y desde su reino nos hace partícipes a todos de sus delicias y de sus fantasías.

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“Yo quiero estar desnudo más que vivo,

desnudo de rencor,

de piel,

de frente,

tener un corazón desnudo y rudo.

Cuando la muerte venga de repente

hallarme más desnudo que el desnudo”

(Jorge Debravo)

***

 

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