Diario de pensamientos: Nunca estamos satisfechos

Publicado: 10 de julio de 2013 en Diario de pensamientos
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“El pájaro quisiera ser nube;
la nube, pájaro…”
(Tagore)
***
Da la sensación que nadie está contento con lo que tiene, con lo que tuvo o con lo que tendrá. Nadie está satisfecho con lo que le tocó. La insatisfacción es ese sentimiento de malestar o disgusto que se tiene cuando no se colma un deseo o no se cubre una necesidad. Pero qué es exactamente la satisfacción. Porque está claro que cada cual la puede ver desde su propio punto de vista y explicarla de manera completamente diferente. Dicen que la satisfacción es un estado en el cual el cerebro produce una mayor o menor optimización en su retroalimentación y donde las diferentes regiones compensan su potencial energético, dando la sensación de plenitud extrema. Es decir, la conclusión podría ser que hablamos simplemente de sensaciones…
Y las sensaciones son las recepciones de estímulos mediante órganos sensoriales que transforman las distintas manifestaciones de los esos estímulos importantes para que el sistema nervioso le dé la información necesaria al cerebro y así concederle una información para conseguir un significado. Pues todo tiene más sentido para nosotros cuando le hemos concedido un significado. Digamos que nos basamos en percepciones vividas para llegar a una conclusión y obligatoriamente necesitamos de ellas. Pero no debemos olvidarnos que las sensaciones vienen determinadas precisamente por nuestras particulares percepciones.

“Nunca he sentido que algo realmente importase,

pero sí la satisfacción de saber

que las cosas que apoyaste y en las que creías

las habías conseguido de la mejor forma que habías podido”

(Eleanor Roosevelt)

***

Quizá nuestro principal problema son las expectativas creadas. Como meras ilusiones las acumulamos albergando montones de esperanzas de que se vean cumplidas. Buscamos esa satisfacción plena y en el camino dejamos de sentir las delicadas notas de percepción que nos indican que aunque algo que vivimos no es del todo satisfactorio sí será capaz de llenarnos con alguno de sus elementos. Pero somos incapaces de sentirlo porque seguimos únicamente concentrados en el resultado final, como si todo el proceso que eso conlleva no contara para nada.

Eso no quiere decir que debamos dejar de crear ilusiones, pero tenemos que saber separarlas convenientemente, definirlas correctamente y ser consecuentes con las posibilidades reales que tienen de éxito. Vivimos rodeados de estímulos, que se van multiplicando como si se trataran de células y que nos rodean por todas partes. Algunos de esos estímulos son poco eficientes, pues no abarcan un perfecto estado de éxtasis pero, sin embargo, otros son capaces de satisfacernos de una manera casi absoluta. Las percepciones las vamos creando también, y muchas de ellas son innatas, se fabrican lentamente desde nuestro cerebro, a veces inconscientemente. El deseo también entra a formar parte del conglomerado, añadiendo suculentas muestras de satisfacción, aunque a veces parezca inconcreto, y sin aparente posibilidad de llegar a ser consumado. Arriba entonces el desencanto y nos empuja hasta el abismo de la desesperación, sin saber apretar el botón del paracaídas, cayendo desde la altura más alta jamás imaginada, con la certeza de que al caer se habrán estrellado todos nuestros sueños. Pero nada más lejos de la realidad. Tendemos a magnificar todo lo que nos sucede y somos nosotros mismos los únicos culpables de ello. Y nadie más. Por mucho que nos propongamos buscarlos.
Ya sean olores, ya sean colores, ya sean nuestras propias ideas, imaginaciones, escenas que nuestro cerebro va elaborando, todo va metido en un espacio definido desde el cual procesamos el resultado y deseamos que sea el mejor de todos. Y como todo en la vida, seguramente no saldrá como esperábamos. Lo planeado se deshace en decepción. La sorpresa a veces es lo que nos da vida. Solemos caer en la insatisfacción, nada nos llena, no somos capaces de digerir la frustración, si la hay, porque a veces nuestra mente nos hace creer que existe. No sabemos admirar, nos cuesta. Relativizamos poco y nos centramos en lo malo. Lo bueno es efímero. No nos completa. Nos hace sentir vacíos porque deseamos que sea eterno, interminable… Y todo es tan fácil que lo único que se nos ocurre es complicarlo.
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“Jamás se descubriría nada
si nos considerásemos satisfechos
con las cosas descubiertas”
(Séneca)
***
Solemos confundir la satisfacción con la felicidad. Pero podemos ser felices con sólo unos pequeños detalles, con unas pequeñas vivencias. La satisfacción plena ya llegará…si llega. Y cuando llegue tampoco debe representar la culminación pues podemos encontrar todavía más satisfacción, y no sólo con proponérnoslo si no simplemente porque la vida contiene todo tipo de momentos para todo tipo de emociones. Nos abatimos fácilmente, nos sentimos mal, nos decaemos, inspiramos pena y tristeza con una facilidad pasmosa, cuando no somos capaces de advertir y encajar la realidad, no ponemos todo en la balanza para pesarlo y conocer nuestra verdad. Pues todo no será perfecto, ni será horrible. Los puntos intermedios están llenos de matices con los que poder jugar y disfrutar. Estaremos al acecho de nuestra inquietud, para alimentarla correctamente, pues va en nosotros y en la naturaleza obtener los mejores momentos, pero deberemos ser consecuentes en que no ocuparán la mayor parte de nuestra vida, ni tampoco una buena parte de ella. Los momentos culminantes serán pocos, aunque eso sí, todos ellos permanecerán en nuestra memoria.
Sin título
Nunca debemos abandonar nuestros estímulos y cuantos más tengamos más activos estaremos, las motivaciones son necesarias para el día a día, pero sin obsesiones, nos marcamos objetivos que en su mayoría no suelen realizarse, pero no por eso debemos abandonar ni tampoco apenarnos. Simplemente los reactivamos con otros nuevos. Si conseguimos realizarlos debemos simplemente disfrutar del momento, conscientes del logro obtenido, orgullosos de nosotros mismos y sabiendo que mañana será un nuevo día para comenzar a trabajar por nuevos retos. Pero de nada sirve fustigarse continuamente con el argumento de que nunca alcanzamos la cima quizá porque no miramos la montaña para deleitarnos con la belleza de su altura y de su paisaje que transmite.

“La satisfacción es la única señal

de la sinceridad del placer”

(André Gide)

***

Cuando alcancemos la satisfacción plena debemos estar alerta pues nuestro nivel de estímulos puede descender, lo cual provocará que nos cueste movernos, actuar y pensar. Ansiaremos mantenernos en ese espacio el mayor tiempo posible y es entonces cuando más precisaremos de motivarnos nuevamente y marcarnos nuevos objetivos para que la lucha sea indefinida. La apatía no nos ayudará en absoluto y lamentarnos mucho menos. No saber apreciar lo que tenemos, lo que somos, lo que logramos no ayuda a conocernos mejor, y eso es precisamente lo que más necesitaríamos buscar…a nosotros mismos. Nuestra mente nos puede jugar malas pasadas, suele pasar, y es nuestro deber encauzar la línea a seguir, conscientes de lo que tenemos y de lo que podemos alcanzar, de los que somos y de lo que podemos llegar a ser, de lo que hemos vivido y podemos llegar a vivir, de lo que hemos amado y podemos llegar a amar…

comentarios
  1. Muy buena reflexión. Me encantó!
    Un fuerte abrazo.

    Me gusta

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