Diario de pensamientos: Acostumbrarse al clima

Publicado: 26 de junio de 2013 en Diario de pensamientos
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“El viento endereza el árbol después de haberlo inclinado…”

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Otra de las cosas que no dejan de sorprender del ser humano es la continua obsesión que tiene por el clima. No hay día que pase que no se comente el día que hace en cualquier parte del planeta. Si no es obsesión ya comienza a parecer un entretenimiento un poco pesado. Que si llueve porque llueve, que si hace calor porque hace calor, que si hace frío porque hace frío, que si nieva porque nieva, que si la tormenta llegó, que el granizo apareció, que el viento es muy fuerte, que sólo se ven nubes, que vienen unas nubes negras increíbles, que no se puede estar ni en la sombra, que el día es divino, que el día es horroroso, que el frío es insoportable…y así hasta un largo etcétera de tópicos sobre el clima que apabullan a cualquiera, aunque no esté muy al tanto de dichos comentarios.

“No hay viento favorable para el que no sabe donde va…”

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Dicen que una de las situaciones más molestas y más inseguras que le ocurren a los seres humanos es verse encerrados en un ascensor con personas desconocidas, y que la mejor forma de comenzar una conversación o de romper el hielo es comentar algo acerca del tiempo. Parece que en eso todos estamos de acuerdo y que nos une de una forma u otra. Una cosa trivial que nos anima a comenzar una conversación. Y ahí te das cuenta del poder del silencio…

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“El hombre clásico es tan solo un manojo de rutina, ideas y tradición”

(Bruce Lee)

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Ya es habitual que cuando se habla de una zona del mundo o de un país concreto lo primero que le viene a la mente a la gente es el clima que dicen hace por allí. Y el tópico elevado a la máxima potencia deja completamente en desuso a todo aquel que ose contradecirlo. Si alguien dice que allí o allá siempre llueve es porque es verdad;  si se dice que aquí siempre hace frío será cierto. Y punto. Y aunque no se sepa muy bien el clima que hace en esa zona con el simple argumento de decir que alguien me lo ha dicho o que lo dice todo el mundo ya sirve. Nos convertimos en meteorólogos en un instante y además expertos en clima. Y no deja de sorprender la cantidad de tonterías que sobre el clima se pueden escuchar a diario por falta absoluta de conocimiento. Nos gusta generalizar y catalogar. Y cuando no sabemos a ciencia cierta por donde generalizar o catalogar nos crea inseguridad. Lo más fácil es conseguir algo de información al respecto para poder calificar rápidamente. 

Cuando alguien vive en cualquier parte del mundo alejados de nosotros la primera pregunta que se le hace es: ‘¿Qué tal el clima por ahí?‘ Y con esa simple pregunta parece que tenemos todo bajo control. Habría que pensar seriamente sobre el tema y darse cuenta de que el clima que haga o deje de hacer será secundario a lo que nos pasa a diario, porque seguramente si lo miramos fríamente hay muchas cosas más importantes, y porque nuestra vida no puede depender del clima que haga o vaya a hacer, salvo en determinados momentos o circunstancias. No podemos pasarnos el día viendo los pronósticos del tiempo para saber cómo va a ser nuestro día. Nuestra alegría no aumentará ni nuestra tristeza se verá influenciada por ello. Todo son imaginaciones nuestras, y además las alimentamos con fuerza. Nuestra rutina es la que marca habitualmente nuestros planes. Y el clima no deja de ser una cosa secundaria, que está ahí pero que no limita ni delimita nuestro quehacer diario, salvo en contadas excepciones. Podríamos decir que es el decorado de nuestra vida y que suele cambiar a menudo. Y gracias a ese cambio está la diversidad.

Con el paso de los siglos, el hombre ha sabido aclimatarse a todos los climas posibles. Al fuerte calor, a la humedad constante y elevada, al viento, al frío continuo, a la lluvia diaria o cualquier otro clima que nos podamos imaginar. Salvo en parajes muy extremos y donde la vida se hace difícilmente tratable, el hombre ha sabido moverse y seguir con su vida a pesar del clima reinante. Si existiera un clima perfecto y todos dependiéramos de ello, la mayoría nos trasladaríamos allí sin dudarlo, pero no lo hacemos, y si no lo hacemos será lógicamente por algo, y es que existen otras cosas más importantes que nos atan a un lugar, sea cual sea el clima que exista ahí. Y además sería imposible que todo el mundo viviera en un lugar concreto.

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Pero las quejas sobre el clima son repetitivas, diarias y aburridas. No descansan. Y ya no son originales. Es un martilleo continuo que parece que ya hemos asimilado como necesario. Y si no lo repetimos parece que no estamos conectados al mundo. Deberíamos centrarnos más en otros detalles, en otros estímulos, intentar cambiar nuestra actitud y nuestra forma de encarar las cosas y los días. Un día gris puede ser igual de fantástico que un día de sol. Y si no lo creemos empezamos mal. Ninguna nube me va a cambiar la risa en un momento determinado ni lo a gusto que esté con alguien. Ni la lluvia hará que no salga a pasear. Acostumbrarse al clima es necesario. Y lo hacemos instintivamente. Sin necesidad de pensar. Si hace frío nos tapamos y si hace calor nos destapamos. Así de sencillo.

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