George Bernard Shaw y la Sociedad Fabiana

Publicado: 30 de mayo de 2013 en Literatura
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“Ves cosas y dices,”¿Por qué?”

Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, “¿Por qué no?”

***

George Bernard Shaw fue uno de los más originales escritores irlandeses de los siglos XIX y XX. Le daba igual escribir periodismo, ensayo, poesía, teatro o novela. Su talento estaba muy por encima del resto. Uno de los personajes históricos de su país aunque no tan reconocido como otros. Nacido en una familia humilde, pobre y protestante de Dublín en julio de 1856 emigró a Londres con catorce años. Su objetivo no era otro que dedicarse por entero a la faceta literaria. Sus primeros años de carrera transcurrieron entre la crítica literaria, artística y musical.

Años después hizo de crítico teatral lo que le hizo plantearse su introducción a ese mundo. Varios títulos le pusieron en el candelero literario, como su primera obra ‘Candida‘ (1896) o ‘Pigmalión’ (1913). Fue productor de teatro, incluyendo las suyas propias como ‘Heartbreak house‘ (1919) y ‘Saint Joan‘ (1923). Se caracterizó por comenzar sus obras con una larga introducción, una forma particular de dar su opinión al respecto del tema que tratara. Consiguió el Premio Nobel de Literatura y un Oscar al mejor guión en 1938. Murió en 1950 en su casa de Shaw’s Corner, en la localidad de Ayot St.Lawrence, en el condado de Hertfordshire donde residió sus últimos cuarenta años de vida.

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Supo compaginar su pasión con su ideología política. Bastante activo durante toda su vida, fue incluso concejal del distrito de St.Pancras en la capital británica. Su pensamiento estaba íntimamente ligado con el de la Sociedad Fabiana. Esta sociedad consistía en un movimiento socialista británico que  se fundó en enero de 1884. El objetivo principal de este movimiento fue el de avanzar en la aplicación de los principios del socialismo democrático. Se puede considerar como el germen y el origen del actual Partido Laborista británico. El nombre de la sociedad tenía su origen en Quinto Fabio Máximo (‘El Contemporizador’), un militar de la Antigua Roma que se hizo famoso por frenar los ímpetus del ejército de Aníbal gracias al uso de la táctica del desgaste, simplemente dejando que pasara el tiempo mientras se le atacaba con hostigamientos y guerrillas, cortando sus vías de aprovisionamiento y de material.

“Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza,

siempre dice que cumple con su deber”

***

Los fabianos, como eran conocidos los seguidores de dicha sociedad, predicaban y abogaban por un cambio revolucionario. Creían firmemente en la evolución gradual de la sociedad hacia el socialismo y apostaban por reformas continuas y graduales para seguir ascendiendo en la senda del socialismo. Además de Shaw, varios personajes fueron miembros destacados de la sociedad, entre ellos Charlotte Wilson, Sidney Webb o H.G.Wells.

Ante todo, los fabianos destacaban por su pragmatismo. Intentaron siempre alejarse de ideas utópicas que no les pudieran llevar directamente hacia sus objetivos. Para crear una sociedad socialista se necesitaban medidas continuas, ideas en constante movimiento y desarrollo mediante unas instituciones ya existentes pero dentro de un panorama socialista. Debido a los problemas sociales de la época, uno de sus objetivos primordiales era terminar con el desorden y el caos económico existentes. Además de erradicar de una vez todos esos abusos que estaban provocados por el capitalismo. Pretendían extender una sanidad y una educación global y gratuita para todos los ciudadanos y una regulación muy detallada de las condiciones de trabajo para intentar eliminar de raíz la explotación infantil y los miles de accidentes laborales.

“La humanidad se cansa pronto de todo,

sobre todo de lo que más disfruta”

***

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Doce años después de su nacimiento se fundó el Partido Laborista Británico. Un partido que 16 años de historia (1922) ya logró convertirse en la segunda fuerza política del país, dejando por detrás al Partido Liberal. De hecho, los lazos de unión entre el Partido Laborista y la Sociedad Fabiana fue permanente durante toda la primera parte del siglo XX, siendo buena parte de los ministros aportados por el partido miembros de la sociedad.

Pero a partir del final de la década de los 30, y debido principalmente a diferentes posturas encontradas dentro de la sociedad y viendo los resultados y la experiencia de la Unión Soviética, comenzó su declive y la pérdida de su influencia, tanto a nivel social como en el mismo Partido Laborista. A partir de ahí, fueron los sindicalistas y la clase obrera la que tomó el relevo como voz de la calle y del pueblo. Su protagonismo decreció pero nunca desapareció, sobre todo su esencia y su pensamiento. Sus resultados fueron muy buenos y consiguió cumplir muchos de sus objetivos. Muchas de sus pretendidas reformas se pusieron en marcha durante la época de la Gran Depresión y también en los años posteriores. Una buena prueba de sus resultados fue el establecimiento del Estado del Bienestar a partir  de 1945.

“El hombre razonable se adapta al mundo;

el irrazonable intenta adaptar el mundo a sí mismo.

Así pues, el progreso depende del hombre irrazonable”

***

El Estado del Bienestar o Estado Benefactor (The Welfare State) era un concepto en el que se designaba una propuesta política o modelo general de Estado y de organización social, según la cual el Estado proveería ciertos servicios y garantías sociales a la totalidad de los habitantes de un país. Y fue tras el fin de la Segunda Guerra Mundial cuando se puso en marcha. Aunque su idea provenía de años atrás y se le conocía en Inglaterra como ‘asistencia social’ o ‘asistencia pública’ bajo la denominación de ‘leyes de pobres’ (poor laws).En Francia, durante la época del Segundo Imperio (1852-1870), los republicanos ya hablaban de un Estado social, criticando la filosofía individualista de ciertas leyes.


El concepto original tenía la idea de establecer un reparto más equitativo de los beneficios y de la riqueza entre toda una población y evitar así el malestar social que llevó a muchas sociedad europeas a la confrontación y la guerra. Todo se amparaba en la búsqueda del pleno empleo y gracias a los impuestos que aportaban todos los ciudadanos establecer un sistema social para todos. Lo cierto es que ya durante la segunda parte del siglo XIX la mayor parte de los países de Europa Occidental comenzaron a hablar de la ‘cuestión social’, comandada por la presión de los movimientos obreros, que impulso a los gobiernos de la época a adaptar la legislación de entonces a la condición social de la clase trabajadora. Pero sólo se consiguieron medidas puntuales y con un nivel mínimo, pero el caso es que se abrió la puerta a la hora de proponer alternativas sociales. La Gran Depresión y el aumento de las dictaduras espolearon todos los odios y las represiones acumuladas. Aumentaron las protestas, las huelgas y el caos económico. Por supuesto, muchos totalitarismos asomaron la cabeza como garantes de la estabilidad y la seguridad, pero fue la reforma social demócrata y las élites políticas del momento las que se pusieron manos a la obra para intentar establecer un sistema distinto que garantizara la igualdad y la estabilidad entre la sociedad.

“En ningún otro momento, y en ninguna parte,

han sido los hombres más respetados, como hombres,

que en nuestra sociedad”

(Karl Popper, en 1956) 

***

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