El estilo

Publicado: 19 de mayo de 2013 en Artículos
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“El estilo es el exterior del contenido

y el contenido el interior del estilo,

no pueden ir separados”

(Jean Luc Godard)

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Cada uno tiene su estilo, dicen. Cada uno, gracias a su capacidad y a su experiencia va adquiriendo una forma de hacer las cosas que le distinguen de otros. Es una firma propia, un sello particular, una cualidad distinta que hace que cada cual pueda brillar con su luz  dentro del entramado social en el que nos vemos metidos. Aunque muchos carecen de estilo por completo. Y el estilo es utilizado por muchos para mil facetas de la vida. De hecho, es curioso comprobar que normalmente, cuando utilizamos la palabra ‘estilo’ lo primero con lo que la relacionamos es con el mundo de la moda, con la forma de vestir y de aparentar. El marketing realizado durante décadas por todas las grandes firmas de ropa ha hecho del término ‘estilo’ algo propio y suyo, cuando en la forma de vestir sólo encontramos una de las muchas muestras con las que poder definir la palabra.

“Me alegro de decir que no he encontrado mi estilo aún.

Me encantaría ser aburrido hasta la muerte”

(Edgar Degas)

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El estilo se manifiesta de mil formas, puede ser en cualquier momento o en cualquier acción. Puede aparecer en una simple sonrisa o en una carcajada, en una palabra muy rebuscada o en un comportamiento fuera de lo normal. Por supuesto que es nuestro carácter el que se encarga de dar forma a nuestro estilo, o que nuestro estilo es el encargado de dar forma a nuestro carácter. Y en la sociedad actual hay una tendencia clara y absoluta en clasificar toda muestra de arte por estilos.

Antiguamente, el estilo estaba considerado como un conjunto de rasgos o caracteres que constituía una categoría permanente e inamovible en la expresión literaria. Más adelante se confundió también con lo que caracterizaba a un habla en particular. Hoy en día, el término estilo está relacionado con diferentes conceptos, como por ejemplo; la manera de ser;  los usos o costumbres adquiridos; la moda, la manera de escribir o de hablar;  todo aquello que puede ser característico en la forma de combinar frases, palabras, tonos y oraciones; todos los mecanismos en los que actúa un escritor, un artista, un músico o cualquiera que pretenda proyectar una faceta creativa;  todos esos rasgos comunes en un pensamiento, en una política determinada, en una economía o en una ciencia.

clases

El estilo preconiza un conjunto de rasgos comunes también en una colectividad o en un grupo, ya sea pequeño o grande, y puede ser que se configure a nivel cultural o a nivel social. Puede ser incluso nacional, aunque los generalismos puedan llegar a confundirnos. Definir los estilos parece que es lo que está de moda. Hay que clasificarlos de una manera u otra. Y si no estamos seguros del tipo de estilo nos inventamos su nombre y punto. Muchos críticos se han puesto manos a la obra en crear su propio estilo a la hora de clasificar estilos. Siendo más llamativos, dando la nota o llamando la atención. Cualquier devaneo con lo que nunca se ha escuchado a la hora de hablar de estilos parece que inyecta una atracción diferente, o al menos es lo que ellos creen.

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“El hombre, la criatura viva, el individuo que crea,

es siempre más importante

que cualquier estilo o sistema establecido”

(Bruce Lee)

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La originalidad ha creado un submundo de creación de estilos, precisamente cuando las modas se reinventan desde la copia antigua, es decir, que todo vuelve pero de otra manera. Lo retro se lleva y se vuelve moderno. El estilo antiguo nunca muere y los nuevos estilos se crean con las ideas de los de antes. Y esto ocurre en todos los segmentos artísticos. Ahora parece hasta difícil clasificar un tipo de música. Un ejemplo claro es la combinación de estilos y la fusión de sonidos que han provocado un abanico de posibilidades a la hora de crear nuevas facetas de interpretación y de clasificación. Los términos utilizados son ahora casi imposibles de entender cuando estábamos acostumbrados a las clásicas de rock & roll, pop, jazz, blues, clásica, country, dance, reggae, gospel, flamenco, etc…

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Con el tiempo aparecieron otros que ya son habituales en nuestro vocabulario como la new age, new wave, hip-hop, electrónica, grunge, para ir desarrollándose nuevos géneros hasta llegar a una lista interminable de términos que prácticamente no entendemos: white metal, black metal, cowpunk, punk-celta, tecnocumbia, grindcore, nu-metal,  glam, rock progresivo, americana, trance… Una lista que se nos haría interminable de escribir. Y lo mismo ocurre dentro del mundo del cine, de la literatura, del teatro y de cualquier forma artística. Ahora todos son clasificaciones de estilos. Y a quien se le ocurra alguna más original pareciera como que ganara enteros dentro de su terreno. Y con la misma facilidad que los ‘creadores de estilos’ bautizan a sus engendros, los espectadores se pierden en absurdas catalogaciones que nadie entiende.

Quizá lo más sencillo es siempre lo que se entiende con facilidad. La mezcla de estilos se basan en raíces ya conocidas. No por crear una denominación que nadie ha escuchado nunca va a tener algo más éxito. La sofisticación de estilos nos lleva hacia el desconcierto absoluto. La evolución de estilos no condiciona la clasificación de éstos. Y por mucho que nos quieran invitar a esta bacanal de denominaciones y de ininteligibles términos no caeremos en esa trampa. Las cosas son mucho más sencillas que todo eso. No hay tanta diferencia entre los estilos. Acaso el estilo propio es el único que puede albergar denominación de origen. Y en eso tenemos que perder algo más de tiempo de lo normal y no en diagnosticar el estilo de los demás. Tenemos que demostrar que nuestro estilo es ‘único’, aunque no nos demos cuenta.

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“Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor,

elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.

Tal cosa es consustancial al estilo propio,

aunque no se trate, únicamente, del estilo.

Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor.

Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro”

(Raymond Carver)

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