Diario de pensamientos : La jubilación

Publicado: 18 de mayo de 2013 en Diario de pensamientos
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“Cada edad nos da un papel diferente”

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Mucha gente piensa siempre en ‘cuando se jubile’. De hecho, en algunas ocasiones y en algunas personas, parece toda una obsesión. Existe también otro tipo de gente que pasa completamente del tema. Para algunos es sinónimo de ser previsores y de ir preparando una fase de la vida que indudablemente aparecerá. Para otros, lo primordial es vivir el momento y no hacer cábalas de lo que posiblemente ocurrirá pasadas unas décadas. La inseguridad y la inestabilidad del momento pueden ser las causantes que acentúan los dos pensamientos y los dos comportamientos.

El término jubilación viene del latín jubilatio, palabra que hacía referencia al resultado de jubilarse, es decir, cesar en una actividad o en un trabajo por razones de edad normalmente y teniendo acceso a una pensión. Y fueron los romanos los que comenzaron con esa tradición o idea. Como jubilación se conoce popularmente a esa cantidad de dinero que reciben todos los meses todas esas personas que ya se han jubilado y que tienen acceso a ello, porque hay que recordar que no en todos los países del mundo se puede acceder a ella. No es universal.

Digamos que la idea original era definir una cierta edad en la que el ser humano debía cesar su actividad laboral. No se podría afirmar que ya no estuviera  capacitada para continuar con su actividad laboral normal, pero para analizar dicha exposición hay que ser franco y honesto y comenzar por distinguir entre clases de trabajo. Porque cada trabajo tiene unas funciones diferentes y por supuesto un desgaste diferente. El cuerpo de un trabajador que ha pasado 30 años sumergido en una mina no se puede comparar con aquel que ha pasado los mismos años en una oficina.

“Quiero proponer un brindis por el tiempo,

que es un maestro severo porque te quiere a ti,

no a tus cosas o a tu dinero…”

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Y es curioso observar cómo los gobernantes de todos los rincones del mundo están planteándose modificar la edad de la jubilación, intentando alargarla lo máximo posible. Lógicamente, eso ocurre en países donde la pensión por jubilación está establecida. Es cuestión de ahorrar costes al Estado. Para muchos políticos la edad de jubilación debería ser todavía más avanzada, abogando la idea con el argumento de que la edad media de vida ha aumentado en las últimas décadas, sobre todo en los países del primer mundo, y porque la salud es mucho mejor de lo que era tiempos atrás. Como he dicho antes, puede ser un argumento aceptable siempre y cuando tengamos en cuenta el tipo de trabajo que se ha desempeñado durante la vida laboral. Habrá gente que dirá que eso es muy difícil de cuantificar porque en una vida laboral uno ha podido ir cambiando de trabajos y sería un caos administrativo delimitar el nivel de desgaste de un trabajador u otro.

Pero lo cierto que meter a todo el mundo en una idea de que la vida laboral se puede alargar porque el cuerpo aguanta se queda cuanto menos coja. Como bien dice la frase que abre este post, cada edad nos ofrece la posibilidad de desarrollar un papel diferente. La edad de jubilación sirve para eso precisamente. Una posibilidad para realizar cosas que no hemos podido durante todos los años en los que dedicamos nuestro tiempo a nuestra actividad laboral.

Hoy nos vemos condenados a hacer planes continuamente debido a las circunstancias. Nuestra vida se ha convertido en un rosario continuo de planes que emergen y se sumergen con la misma rapidez como los creamos. El futuro, no nos engañemos, es bastante incierto y algunos lo llevan mejor que otros. La inestabilidad del presente nos precipita hacia un agujero de imprecisiones que nos conducen hasta incluso el bloqueo mental. Pensar en lo que deseáremos hacer  cuando nos jubilemos parece algo remoto. Si para algunos es algo en lo que hay que pensar con tiempo y calma para que luego no nos sorprenda, para otros es una pérdida de tiempo porque no sabemos ni lo que va  a ocurrir mañana. La clave es poder tener el dinero suficiente para poder retirarse con tranquilidad y dedicarse así a lo que en ese momento nos apetezca. Ese sería el concepto general. Una vida laboral completa y trabajada, una jubilación tranquila y sosegada.

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Pero resulta que con los cauces actuales, la seguridad de cobrar esa jubilación se está deshaciendo como un azucarillo en un café caliente. Vemos que la seguridad de cobrar en el futuro va a ser muy incierta, y de hacerlo la cantidad se nos antoja insuficiente, sobre todo viendo cómo sube el coste de vida año tras año. La idea general es que o has ahorrado lo suficiente durante tu vida laboral para poder sentirte tranquilo durante tu jubilación o la posibilidad de seguir trabajando más años va cogiendo forma, no ya tanto como un pensamientos sino como una necesidad. Porque está claro que la mayoría de las cosas que vamos realizando a diario en nuestra vida vienen definidas y marcadas por la necesidad. Y la necesidad actual nos indica que las cosas en el futuro se van a poner peor, sobre todo para todos aquellos que no pudieron ahorrar en su momento. El papa Estado está cada vez más contra las cuerdas. Las cuentas no salen y los políticos de turno tampoco están por la labor para que las cuentas salgan por ese lado. Y quizá todo ello es debido a que las necesidades de los políticos no son las mismas que las de los ciudadanos. No hay otra razón más evidente.

Pero lo más crudo es comprobar, como tantas veces hemos podido hacerlo, como personas de nuestro entorno que han trabajado toda su vida y que justo cuando parecía que al jubilarse iban a comenzar a disfrutar de otra clase de vida han muerto repentinamente y sin haber tenido que almacenar ninguna enfermedad anterior. Toda esa ilusión de descansar y dedicarse a otros menesteres más ociosos se desvanecieron. Porque es evidente que todos dependemos de la salud. Nadie nos puede decir que la edad de vida en el primer mundo ha aumentado y que eso nos dé la seguridad de que con nosotros va a ocurrir lo mismo y nos veremos en esa media. Somos vulnerables. Somos humanos.

Es imaginar como todo ese sueño, creado lentamente, paso a paso y día a día, durante tantos años, alimentado con el lento caminar del esfuerzo individual, se puede evaporar en un segundo y sin conseguir el resultado esperado, para que muchos de nuestros planes se vean tambaleándose al momento. Y como la seguridad de ello es tan frágil nos invade la ansiedad. Para qué sirve todo este esfuerzo actual. Nadie nos puede garantizar nada, absolutamente nada. El mañana está por venir y nadie sabe nada sobre él. Todo son suposiciones, pensamientos, elucubraciones e ilusiones que nadie sabe si llegarán a ser una realidad palpable. Y por eso no somos capaces de relajarnos del todo y dejarnos llevar. Nuestro complejo de sentirnos seres débiles y frágiles nos aleja de esa fase futura conocida como jubilación.

Nos pasamos el tiempo diciendo que la vida hay que vivirla en estado puro. Aprovechando cada segundo, cada mañana y cada tarde. Vislumbrar cada instante como si fuera el último. Permitiéndonos pensar en nosotros mismos un poco más de lo normal y ahora, para poder caminar más adelante, pero de otra manera. Sentir el viento de hoy para guardarlo en la memoria del mañana, de ese día que llegará sin duda, sin necesidad de esperar otro día diferente. Cada día que vivimos celebramos nuestra particular jubilación, aunque sea de otra manera. Si llegamos a estar vivos para cuando eso suceda ese será precisamente nuestro tesoro. Nuestros recuerdos, nuestras vivencias, nuestras memorias. Todos juntos, todos acumulados.

El envejecimiento de la población mundial es un hecho demostrado. Y es evidente debido a todos esos cambios socioeconómicos que llevamos atravesando muchos años y que parece irreversible. En pocos lustros nos vamos a ver sometidos a una masiva llegada de personas a la edad de jubilación y muchas de ellas lo van a hacer en situaciones muy precarias. Debido a la falta absoluta de previsión por parte de muchos estados y debido a las circunstancias del mercado en el cual estamos involucrados. Pensar o no en ello quizá puede parecer algo natural e instintivo. Algo que de vez en cuando aparecerá en nuestras mentes y con lo que deberemos lidiar, aunque no tengamos respuestas a todas esas dudas que se irán amontonando.

La esperanza de vida ha mejorada, ha crecido. Otra cosa es que tipo de vida es. Eso sería otro buen motivo de debate. Tal y como se están dando los acontecimientos en la actualidad nada hace que podamos ser optimistas. La juventud se debate en la lucha por conseguir un empleo con el que poder subsistir. Porque ya no se pide mucho más. Y aún así se hace difícil conseguirlo. Sin ese empleo es difícil que pueda cotizar y verse amparado por la pensión de jubilación. Su precariedad está servida y será crónica. El panorama es desalentador. Pero más desalentador es comprobar como los gobernantes no hacen nada al respecto. La inercia marca el ahora y es en caída libre. Tan sólo debemos agarrarnos fuerte y desear que el golpe no sea demasiado duro. Mientras tanto sigamos pensando en nuestra jubilación.

***

“La edad, es el pasar de la vida,

el acercamiento con la muerte,

al nacer ya estamos muriendo”

***

comentarios
  1. essostre dice:

    Lo peor que me puede pasar, es llegar a viejo con mala salud. Prefiero morirme antes, la verdad. Todos esos grandes hombres, de talento y reconocimiento universal, que murieron en la miseria, nos recuerdan lo injusta que es la vida y las pocas posibilidades de morir con dignidad que tenemos. No nos engañemos, los buenos tiempos son ahora.

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