Hacerse un regalo

Publicado: 5 de mayo de 2013 en Artículos
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“La cosa más seductora del arte

es la personalidad del propio artista”

(Paul Cezanne)

***

Es sumamente conocido que según los expertos, hacerse un regalo a uno mismo supone una inyección de autoestima y de reconocimiento personal. Sirve para ahuyentar fracasos o malas rachas y realzar el ego. Ese mismo ego que a veces envalentonamos por arte de magia o que dejamos tirado por los suelos como si no fuera con nosotros. Es cierto que a menudo no tenemos sitio para el término medio, tendemos a exagerar de manera normal, y nos cargamos todo lo que tiene que ver con nuestra personalidad a las primeras de cambio y sin previo aviso.

El ego como concepto es muy difícil de definir y muchos filósofos se centraron en ello durante buena parte de su vida. Algunos lograron extraer la esencia y otros se quedaron a medias. No es fácil. Muy al contrario. Es un término que se mezcla en muchas ocasiones con otros, como el ser, el yo, el alma o la conciencia, y es por eso quizá que se hace complicado simplificarlo. El ego abarca buena parte de la personalidad de alguien pero estudiarlo a fondo requiere mucha paciencia y conocimiento. De hecho, conocerse a sí mismo ya entra dentro de un panorama bastante complicado.

Poca gente puede decir orgullosa que se conoce a sí misma. Como pocos son los que destinan muchas horas de su vida a conocerse mejor. Porque no se puede confundir el hecho de saber cómo reaccionamos o no a saber lo que verdaderamente se esconde en nuestro interior. Si escarbamos dentro de nosotros pueden pasar dos cosas fundamentales: que nos guste lo que encontramos o que no nos guste nada. Y para esa tarea hay que estar preparados y dispuestos a ser conscientes con la realidad. Y para eso no todo el mundo está preparado. Nos gusta pensar que somos gente estupenda, de buen carácter, amistosos, abiertos, educados, comprensivos y mil adjetivos calificativos que nos pueden definir como una buena persona. Otros tienden a creer que son todo lo contrario y desde su propio convencimiento cruzan la línea opuesta, cayendo muchas veces en la depresión y en el pesimismo constante. Tenemos que estar preparados para la verdad, la verdad sobre nosotros.

Se podría decir que ni una cosa ni la otra. Que hay más colores aparte del blanco y del negro. Pero que cuando tenemos que ir mezclándolos para saber exactamente cuál de ellos es nuestro color parece que se trate de una tarea ardua y realmente dura . Preferimos seguir imaginando lo que somos, intuyéndolo, dejando todo a nuestra inspiración e intuición, en lugar de sentarse, relajarnos y extraer todo lo que llevamos dentro.

“El estado vino a ser así la verdadera persona

ante la que desaparece la personalidad del individuo;

no soy yo quien vivo, es él quien vive en mí”

(Max Stirner)

***

 Nuestro yo tiene una conciencia y debemos desvelarla, desmenuzarla en pedacitos pequeños para poder analizarla como se merece. Una vez conseguido ese propósito, que no es nada fácil, toca volver a reunirlos todos y juntarlos, como si de un puzzle se tratara para regresar a nuestro yo, pero desde otra perspectiva, más cercana, más real. Porque cuando llegamos a conocernos a fondo todo cambia. Todas las visiones son diferentes, las percepciones, las sensaciones, los problemas, los retos, los objetivos. La simpleza de los resultados no deja margen de dudas. Ni somos tan buenos ni somos tan malos. Somos simples por naturaleza. Nada más. Y desde esa simpleza debemos manejar nuestras acciones.

Cuando nos sentimos faltos o carentes de estímulos que reactiven nuestro ego utilizamos armas para que se levante. Y hacerse un regalo puede servir, claro que sí. Pero hay que saber definir también cuál es el regalo perfecto. Y lo debemos elegir desde la tranquilidad y la paciencia. No es cuestión de gastar más ni de necesitar más. El fondo de las cosas siguen siendo simples. Porque en determinados momentos de la vida necesitamos cosas muy determinadas y precisas. Y hay que saber elegir bien.

Cuando sabemos lo que necesitamos es el momento de hacernos el regalo. Y si lo elegimos correctamente se volverá fabuloso e inolvidable. Y el regalo puede ser un paseo, contemplar un atardecer desde un sitio privilegiado o sonreír junto a un amigo. Nos han impuesto en la mente que gracias al consumo conseguiremos de alguna forma la ansiada felicidad. Y la felicidad se compone precisamente de detalles o de la suma de esos detalles. Y el mayor detalle que nos podemos hacer es entendernos para poder seguir por nuestro camino de vida. La búsqueda del yo será tan difícil como saber elegir el regalo que debemos hacernos.

“Esta disposición para planear sobre uno mismo

es quizá la fuente de toda virtud.

Te arranca de la personalidad, lejos de retenerte en ella”

(Gustave Flaubert)

***

comentarios
  1. rizoswoman dice:

    Hola, me estreno en comentar aquí… :))

    Muchas personas no entienden ese concepto, al igual que dicen que se conocen y están metidos en su caja cuadrada por la que observan hasta donde llega su mirada. Hay que ser conscientes de las limitaciones y capacidades que tenemos para avanzar, superarnos y lograr éxitos en la vida (no me refiero sólo a éxitos laborales).

    Hace bastantes años que decidí hacerme autoregalos y autohomenajes, creo que son necesarios para disfrutar y apreciar más la vida, bueno en mi caso la que yo experimento o he decidido vivir.
    Por mi cumpleaños me hago siempre uno, algunas amistades al principio se sorprendían pero vieron que tenía su lógica. Estoy orgullosa de vivir, de estar en la época que me ha tocado y soy feliz y en muchos aspectos de mi misma!!!
    Ahora, cada vez conozco a más gente que se los hace.
    Los autohomenajes, suelen ser más emotivos, seguidos de un halo más sentimental, más introspectivo, más mío… Como el estar sentada en el sofá con una buena película, unas patatas, unas olivas y una cervecita bien fría y disfrutando yo sola de ese momento, mi momento de soledad escogida…

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  2. El hundimiento de una creencia crea una nueva dimensión del sujeto, al obligarle a conducir su personalidad a lo largo de un eje situado fuera del plano de aquella.
    BENET, Juan

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