El maravilloso mundo de la danza

Publicado: 1 de mayo de 2013 en Artículos
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“Danzar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar;

Usted ama, sufre y siente. ¡Usted danza!”

(Isadora Duncan)

***

Dentro de todas las expresiones artísticas existentes, la danza o el baile es aquella donde se utiliza todo el cuerpo para expresar todavía más si cabe, donde en cada movimiento y sin necesidad de sonidos, la excelencia del alma sobrecoge a todo aquel que la contempla. Puede ser acompañada de música, pero tampoco tiene que ser imprescindible. Los movimientos del cuerpo son ancestrales, una forma inequívoca de realzar y de extraer parte de uno mismo y de su alma. Igual que un pintor necesita de su imaginación, como el escritor su inspiración  o el músico su estilo, el bailarín muestra en su escenificación sus particulares artes.

El hombre, desde que es hombre, siempre ha sentido necesidad de utilizar la danza como parte de su cultura, de su quehacer diario, ambientado por sus formas sociales, familiares o de entorno. Un elemento sociocultural que sale de las entrañas y que puede ser heredado por varias generaciones. Es también una seña de identidad. Una forma de diferenciarse. Una forma de crear vínculos humanos. Por supuesto, la danza es comunicación. Pero para quien la escuche. No todos son capaces de percatarse de ello.

“La danza es una construcción de la personalidad.

Un modo de interpretación de las propias emociones

que se traduce en movimientos expresivos socializados”

(S.Vignoli)

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La multitud de gestos, de emociones a través de los movimientos, de mezcla de ilusión y de realidad junto a los sonidos, la percusión o la melodía. Un mundo paralelo para perderse sin motivo. El ser humano tiene casi la imperiosa necesidad de comunicarse con el cuerpo. Son estados de ánimo que nos inundan de arte. Y casi siempre la danza se relacionó con la celebración. Cuando se festejaba algún acontecimiento la danza era necesaria para añadir el complemento perfecto. Pero con el paso de los siglos, la danza he demostrado ser capaz de integrarse a todas las formas humanas de ánimo. Y no necesariamente se danza para celebrar algo. Se danza por necesidad de ánimo. Simplemente. Pero también puede ser para expresar dolor, angustia y tristeza. La melancolía puede reflejarse de forma absoluta por medio del movimiento.

“... Los grandes bailarines no son geniales por su técnica,

son geniales por su PASIÓN”

(Martha Graham)

***

La danza se ha ido desarrollando con el paso de los siglos, pero para definirla hacen falta toda esa serie de factores sociales, culturales, estéticos y artísticos que la conforman. Pero todas las danzas tienen algo en común, ya se la flexibilidad, la sutilidad, el arte del movimiento y la condición física. Pero hay una danza que destaca por encima del resto. El ballet o danza clásica. En esta la técnica se basa en el control total y absoluto del cuerpo, y la cual se debe aprender a temprana edad. De hecho se recomienda comenzar a practicarla con seis o siete años. Es una disciplina que requiere mucha concentración y entrega, sacrificio y esfuerzo, pero también actitud y capacidad para ello. En esta danza participan las manos, los brazos, la cabeza, los pies, rodillas y todo el cuerpo en general. Es una expresión corporal en total armonía con los movimientos.

“De todas las Artes,

la Danza es la única capaz de acercarnos a lo cósmico”

(Marta Bercy)

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La palabra ballet viene de bailar y como expresión artística se originó en la Italia del Renacimiento, entre 1400-1600. Pero fue en Francia donde se profesionalizó por primera vez durante el reinado de Luis XIV. En 1661 se creó la primera escuela de danza, la denominada Académie Royale de la danse. Y fue R.A.Feuillet, quien en 1700, publicó ‘La Coreografía del Arte de Nuestra Danza‘, donde por primera vez se reproducían la totalidad de los pasos codificados. En 1725, P.Rameau publicó su ‘Tratado Maestro para ballet’, perfeccionando el libro anterior. También fue muy importante la aportación por parte de G.Magri con su ‘Tratado teórico práctio de ballet’ en 1779.
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Fue en 1713 cuando se creó la segunda escuela de ballet, la famosa Académie Royale, conocida hoy como la Opera de París. La creación de la primera escuela oficial y profesional de danza en Francia supuso que el hecho se divulgara alrededor de todo el mundo. Se caracterizaba por una extremada precisión en la ejecución y en la elegancia del movimiento. Más tarde se creó la Escuela Danesa, concretamente en 1771, fundada por August Bournonville, una herencia clara de la tradición francesa pero con un estilo particular donde la virtuosidad de los bailarines destacaba por la rapidez de sus pies. Lógicamente, la escuela se iba desarrollando y perfeccionando. En 1812 se fundó la Escuela Italiana gracias a Enrico Cecchetti. Se caracterizó por la continuidad del flujo del movimiento en los desplazamientos y en el centro de gravedad. Mientras décadas después se desarrolló en Rusia el Método Vaganova, nombre que se adoptó de su creadora Agrippina Vaganova. Consistía su método en un sistema pedagógico que contribuyó a la formación de la Escuela Rusa. Se diferenciaba del resto por ser muy alegre, con una graciosa gestualidad, acentuando el peso y el aplomo en el suelo, la fuerza del impulso y el desarrollo de la elasticidad.

Curiosamente, tras la Revolución Rusa de 1917, muchos de los maestros de la Escuela Rusa emigraron al continente americano, configurando la Escuela Americana. Una de las escuelas más famosas sería la Escuela Cubana, basada en el método Vaganova e impulsada por Alicia Alonso. 

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“Hay una diferencia cuando estás bailando con la música que amas,

cuando hay un encuentro entre la música

y el bailarín que se fusionan en uno.

Esas son la experiencias por las cuales vivimos”

(Alicia Alonso)

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Para realizar la técnica del ballet clásico es necesario usas las puntas. Unas zapatillas especiales que las bailarinas utilizarán tras un período requerido para conseguir la fuerza adecuada en los pies en las pantorrillas. El inicio del proceso suele ser doloroso, tanto para los dedos de los pies como para las articulaciones, pero el paso de los años provoca la fuerza y los conocimientos necesarios para que los pies sufran cada vez menos. El primer uso de las puntas se dice que fue a cargo de de Marie Taglioni y gracias a que su propio padre se las confeccionara. En las escuelas de ballet no se suelen utilizar hasta casi el final del primer año de estudio, cuando se entiende que la musculatura ya se encuentra preparada y lista para ello. De hecho los primeros ejercicios son básicos, tan sólo se limitan a elevarse en las puntas sobre los dos pies y siempre con la ayuda de una barra para el equilibrio. Más adelante ya se comienza a hacer ejercicios más complejos y difíciles, como pasos, piruetas y saltos. Durante el siglo XX hubo una cierta revolución global en el mundo del ballet. Fue una época constante de cambios, de renovaciones y experimentos por parte de todas las escuelas del mundo. Es en la década de los años 20 cuando se considera al estudio de la danza clásica como una disciplina académica.

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