Charles Dickens

Publicado: 19 de diciembre de 2012 en Literatura
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Dickens. Caricatura

“Hay hombres que parecen tener sólo una idea

y es una lástima que sea equivocada”

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Para todo aquel que es amante de la literatura será difícil confesar que nunca ha leído uno de sus numerosos libros. Charles Dickens es uno de los símbolos de la literatura victoriana británica y uno de los más grandes escritores británicos de toda la historia. Fue un maestro en el arte narrativo y uno de los que utilizó las armas del humor y de la ironía para hacer crítica social. Un gran conocedor de su tiempo y de su entorno que supo describir a la perfección todos los aromas que le rodeaban, tanto sus gentes como los lugares, ya fueran reales o creados por su imaginación. No cabe duda de la unanimidad en declararle un gran dominador de la lengua inglesa. Quizá en su uso fue uno de los más grandes, además de saber tocar temas sociales y de crear personajes entrañables e inolvidables para todos aquellos que se introdujeron en su mundo literario. Y como gran genio también fue criticado por ser amante de un sentimentalismo exagerado o por crear aromas y acontecimientos irreales y personajes un tanto grotescos.

Su gran variedad de estilos y de narración le proporcionó material para crear toda clase de obras. Desde cuentos cortos o largos, pasando por entregas, artículos, poesía y novelas por entregas, tan habituales en su época. Y fue reconocido en todo el mundo pero quizá su mayor obra fue ‘David Copperfield’. Otra novela que fue publicada en capítulos mensuales. Muchos aspectos de esta obra fueron autobiográficos y tal como señaló él mismo fue su obra favorita a la que le llamó ‘su hijo’. Una novela que le llevó más de dos años de trabajo, durante los cuales se tomó su tiempo necesario para estructurarla convenientemente. La novedad, desde el punto de vista narrativo, fue que Dickens utilizó al personaje principal como nudo conductor de la obra, narrándola en primera persona, algo que no había sucedido en el resto de sus trabajos. La historia detallaba la vida de David Copperfield, desde su infancia hasta su edad adulta, detallando su carácter trabajador y todas las vicisitudes con las que se iba encontrando desde su nacimiento. Su estilo siempre estuvo rodeado de una esencia poética, además de decorarlo con aromas cómicos y de sátiras hacia el esnobismo de la sociedad aristócrata británica.

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“Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”

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Charles Dickens nació en febrero de 1812 en Portsmouth (Inglaterra) pero cuando no tenía dos años su familia se trasladó a Londres. Y unos después a Kent. Acudió tarde a la escuela, cuando estaba a punto de cumplir diez años. Y con sólo doce años ya comenzó a trabajar en una fábrica durante diez horas al día. Y a pesar de que su padre recibió una herencia de su abuela, su madre le hizo conservar el empleo en la fábrica, algo que nunca olvidaría. Por todas las vicisitudes que tuvo que atravesar fueron un buen bagaje para conocer las penurias de los trabajadores y las condiciones deplorables de las clases proletarias. Todo le sirvió para sus futuras obras. Uno de los objetivos de su gran obra fue aprender a ir en contra del primer impulso erróneo del corazón indisciplinado, algo que describió de forma continuada en todas sus obras.

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“El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas;

el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas,

como un buen músico”

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Trabajó como pasante en un bufete de procuradores y después como taquígrafo judicial. Su obra literaria se puede decir que comenzó colaborando como reportero y cronista parlamentario. Su primer interés estuvo centrado en la escena teatral londinense pero sus sueños de actor se desvanecieron muy pronto. El ‘Morning Chronicle‘ le contrató en 1834 como periodista político para cubrir los debates parlamentarios y las campañas electorales. Todos sus artículos fueron publicados en un volumen que acabaron con el proyecto de ‘Los papeles póstumos del club Pickwick’ (1836). Y fue ese mismo año cuando se casó con Catherine Thompson y fijó su residencia en Bloomsbury. Este matrimonio tuvo la friolera de diez hijos. Y también ese año aceptaría el trabajo de editor que le ofrecieron hasta 1839. Sus artículos y colaboraciones en diferentes diarios británicos nunca dejaron de aparecer. Todo su éxito le proporcionó el dinero necesario en 1856 para comprar ‘Gad’s Hill Place‘, una casa ubicada en Kent y que desde pequeñito soñó con habitar. Su segundo trabajo fue ‘Oliver Twist’ (1938), un relato que él mismo confesó como autobiográfico y que se publicó por entregas durante más de dos meses. A esa novela le siguió ‘Nicholas Nickleby’ (1840) y ‘La tienda de antigüedades’ (1841). Todas esas obras le dieron, fama, dinero y prestigio. Se le nombró hijo adoptivo de Edimburgo (Escocia) y aunque fue invitado a varias conferencias en Estados Unidos, sus temas fueron bastante criticados, por los que finalmente fue rechazado. Quizá el detonante fue su novela ‘Notas de América’, una crítica a la esclavitud, aunque finalmente el público norteamericano se deshizo en elogios con él sobre todo gracias a la publicación deCanción de Navidad’ (1843).

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“Acostumbramos a cometer nuestras peores debilidades y flaquezas

a causa de la gente que más despreciamos”

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Si hasta entonces la improvisación había caracterizado su obra, a partir de entonces hubo un giro en su forma de escribir. Se encargó de planificar a conciencia toda su narrativa posterior, comenzando con la obra ‘Dombey e hijo (1848) y apoyándose a toda su experiencia y el manejo de los recursos literarios. Fundó el semanario ‘Household Words’ en 1849 para dar cabida a escritores y autores poco conocidos y donde publicó varias obras, como por ejemplo ‘Bleak House’ (1853) y ‘Hard Times’ (1854). Tras unos viajes por Europa intentó abrirse paso en nuevos proyectos, dentro de la rama artística, donde el teatro siempre le cautivó y sus primeros pinitos en el mundo de la interpretación fueron su siguiente motivación. Un cúmulo de circunstancias le llevaron a un empeoramiento de su salud. La muerte de su padre, de una hermana y de una de sus hijas, unido todo ello a la separación con su esposa en 1858, en el medio de una sociedad victoriana poco dada a causas como ésa y mucho menos en personajes famosos dentro de la élite londinense. Quizá una aventura con su cuñada fue el desencadenante o una relación que se le atribuyó con la actriz Ellen Ternan, pero lo cierto es que su esposa nunca llevó bien la fama de su marido, además de tener grandes dificultades en atender una casa con diez niños. Para muchos de sus amigos, Charles nunca más fue el mismo de antes. Y a pesar de eso continuó escribiendo. Uno de sus mejores amigos escritores, Wilkie Collins le acogió en su domicilio. Durante esa época colaboraron juntos en la narración de varios relatos juntos y se recomendaron ideas para futuros proyectos mutuamente. En 1859 publicó ‘Historia de dos ciudades’. En junio de 1870 murió de una apoplejía. Su epitafio fue: ‘Simpatizante del pobre, del miserable y del oprimido; con su pérdida el mundo ha perdido a uno de los más grandes escritores ingleses de todos los tiempos’. Nunca quiso que se erigieran estatuas en su nombre y su gran sueño fue siempre ser y sentirse libre y se puede decir que gracias a la literatura lo consiguió.

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“El dolor de la separación

no es nada comparado

con la alegría de reunirse de nuevo”

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