Vender la virginidad

Publicado: 13 de diciembre de 2012 en Artículos
Etiquetas:,

“Una de las supersticiones del ser humano

es creer

que la virginidad es una virtud”

(Voltaire)

***

La nueva moda entre muchas jóvenes mujeres del mundo, sobre todo virtual en internet, es subastar y vender al mejor postor su virginidad. Como nueva moda muchos se han estirado de los pelos, cuando otros pregonan la libertad del individuo (en este caso de la mujer en cuestión) para hacer con su cuerpo lo que quiera. Desde tiempos ancestrales la práctica de la prostitución ha sido una rutina habitual, en la que todas las sociedades se han visto inmersas y gracias a la hipocresía y el cinismo muchos han querido oscurecerla, esconderla o hacer ver que no existía. Incluso hoy, el negocio de la prostitución mueve millones y millones de dólares en todo el mundo, con las consiguientes mafias que controlan el mercado y la corrupción añadida por la cual innumerables puestos de responsabilidad cobran dinero a cambio de hacer la vista gorda, ayudar o amparar a su desarrollo.

La virginidad es el estado en el que cualquier cosa u objeto se mantiene sin haber sufrido ninguna alteración desde su origen. En el concepto de la sexualidad humana, el término se conoce y se utiliza para aquellas personas que no han tenido experiencias sexuales, o principalmente, no haber realizado la penetración. Y más concretamente hace referencia al himen, una membrana muy frágil y elástica que se encuentra en la parte exterior de la vagina femenina formando parte de la vulva y que se rompe con la primera penetración, aunque muchas veces ocurre que el himen puede romperse sin haber realizado prácticas sexuales y sin que su propietaria llegue a darse cuenta, ya sea por movimientos bruscos, por actividades deportivas o por el simple hecho de masturbarse. Pero la virginidad, y sobre todo la virginidad femenina, siempre ha estado rodeada de mitos. La sangre que debe brotar al tener la primera relación sexual, el deseo del hombre por poseer a la mujer por primera vez, el tesoro que guarda para la persona más especial. Durante toda la historia muchos hombres calificaron a sus esposas de putas por el simple hecho de no haber sangrado la noche de bodas, un hecho que según su percepción confirmaba que se habían acostado con otro/s antes que con ellos. Muchas mujeres se vieron estigmatizadas por el simple hecho de no llegar vírgenes al matrimonio. Y todavía hoy, en muchas culturas y pueblos sigue estando vigente este pensamiento.

“Tengo 23 años, soy española y estoy estudiando en la universidad.

He decidido vender mi virginidad por internet al mejor postor para poder pagarme mis estudios.

Soy seria, inteligente y guapa”

***

“Se llama Jennifer, tiene 25 años y es colombiana.

Vende su virginidad por 70 mil euros.

Las deudas bancarias, la delicada salud de su madre y su voluntad por empezar una carrera universitaria

le han llevado a ofrecer por internet su cuerpo a cambio de dinero”

***

“Tengo 24 años, vendo mi virginidad a hombre educado, culto y solvente.

Soy estudiante, morena, delgada y mido 1,67.

Puedo demostrar mediante certificado médico mi virginidad.

Acepto solamente ofertas por e-mail y el dinero no será lo único importante.

Recibiré ofertas hasta el 30 de junio y una vez cerrado el trato, buscaremos fecha en julio para llevar a cabo el encuentro”

***

En 2011, una norteamericana, Natalie Dylan, ofreció su virginidad a través del famoso portal de subastas Ebay, con el argumento que necesitaba dinero para pagar un postgrado en matrimonio y terapia familiar. En ese momento ya decía ser licenciada en estudio de la mujer. La subasta fue levantada por el citado portal y Natalie creó su propio sitio web para recibir ofertas. Y recibió más de diez mil de ellas. El ‘premio’ fue para un australiano de 39 años que pagó más de 3,5 millones de $ por el trato. Esta práctica es cada vez más habitual y parece ser que muchos la acaban de descubrir. Y quizá fue la brasileña Catarina Migliorini quien se encargó de ello. Ya que fue ella la que dio muchísima publicidad a la venta de su virginidad, dando la vuelta al mundo y abriendo la controversia con respecto a dicho fenómeno. Catarina comenzó una subasta por internet ofreciéndose y colgando diferentes fotos de su cuerpo hasta conseguir finalmente un comprador. El que más pujó fue un japonés del cual sólo se conoce un alias (Natsu) y que venció a dos norteamericanos y un hindú, pagando finalmente casi 800 mil dólares por el tesoro de la joven brasileña. Muchas productoras cinematográficas han comenzado ya a preparar lo que podría ser una película con la historia, con los lógicos y suculentos dividendos monetarios para la protagonista. El caso de Catarina destapaba un caso concreto pero sirvió para mostrar la cantidad de páginas dedicadas a ello y la cantidad de mujeres de todos los rincones del mundo dispuestas a vender su virginidad a cambio de dinero. Quizá lo más curioso es que la mayoría siempre comenta la razón o el motivo que le mueve a venderla, como si eso pareciera ser necesario, quizás una autojustificación o una manera de crear cierto marketing y darle así otro tono a la venta.

Este caso destapó también la existencia de la venta de la virginidad por parte de muchos hombres. Jóvenes con la misma aspiración económica pero que nunca han podido llegar a recibir las sorprendentes cifras que han conseguido las aspirantes femeninas. Uno de ellos fue Alex Stepanov, de 21 años, que ofreció su virginidad en una subasta online y por la que percibió tan sólo 3 mil dólares por parte de una brasileña. Tras recibir muchas críticas por parte de detractores Catarina respondió a ellas con su propio argumento: “Hacer esto es más sensato que hacerlo borracha en una fiesta y con un auténtico desconocido”. A lo que añadió que parte del dinero lo utilizará para construir casas para pobres. Otra anécdota que deja todo este mercadeo sexual es que a la rumana Alina Percea, de 18 años y que vendió su virginidad por más de 10 mil euros, fue reclamada por la hacienda alemana a pagar impuestos por la mitad de la cantidad percibida, con lo cual el negocio no parece que le saliera tan beneficioso.

Quizá ya estamos acostumbrados a comprobar que el dinero es el auténtico dueño de la mayoría de actividades humanas del momento. Todo parece tener motivaciones económicas y si no hay dinero de por medio parece que todo pierda interés. El materialismo se ha adueñado de las actividades más comunes y el beneficio tiene que ser plasmado con resultados para que sean satisfactorios. La satisfacción personal, el esfuerzo, el conseguir algo por sí mismo, el simple hecho de sentirse bien sin recibir nada a cambio se va perdiendo con suma facilidad y parece cínico e hipócrita criticar a una joven ‘x’  que decide hacer con su cuerpo lo que quiera, sin hacer daño a nadie para conseguir un dinero que por otras vías le sería prácticamente imposible de conseguir. Acaso se debería criticar a aquel millonario, y un tanto fuera de juego de la realidad, que cree que comprando la virginidad de una joven adquiere un tesoro inaccesible para el resto de los seres humanos. Comprando la virginidad de una mujer no se atesora nada de su virtud, ni de su interior ni de sus emociones o deseos. El simple hecho de tener dinero y poder comprar un capricho parece hacerles creer que les da el supuesto marco de originalidad que sólo ellos entienden y la cuota de su  esnobismo obsoleto queda cubierta con mantos de infelicidad. La delgada línea que divide la originalidad del ridículo es muy fina y más de uno la traspasa a diario y sin darse cuenta, haciendo de sus acciones un circo del cual los demás no paran de reírse. Cuando la ignorancia avanza y se detiene en personajes que ostentan dinero, simplemente dinero, nos podemos encontrar cualquier cosa, como esos individuos que creen que la virginidad de una mujer es algo genuino y distinto con lo que poder disfrutar, algo que todo hombre desea conseguir cuantas más veces mejor en su vida, cuando la realidad es bien diferente y alguien debería explicarles a estos ‘compradores de tesoros’ que para disfrutar plenamente de una mujer o de un hombre a nivel sexual lo que hace falta básicamente es un mínimo de experiencia.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s