Diario de pensamientos : Jueces y jueces

Publicado: 12 de diciembre de 2012 en Diario de pensamientos
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“Debemos recordar

que tenemos que hacer jueces con hombres,

y que por el hecho de ser nombrados jueces

no disminuyen sus prejuicios

ni aumenta su inteligencia”

***

El juez es la autoridad pública que sirve en un tribunal de justicia para aplicar la ley las normas jurídicas. Es esa persona que resuelve una controversia o que decide el destino de un imputado en un delito, tomando en cuenta las evidencias o pruebas presentadas en un juicio. Jurídicamente, es un órgano judicial compuesto por personas físicas. La mayoría son empleados o funcionarios públicos aunque todo ello depende de cada país y suelen ser remunerados por el propio Estado dentro del llamado Poder Judicial. Se caracterizan por su autonomía, independencia e inamovilidad. Se les supone objetividad y ausentes de prejuicios y opiniones preestablecidas. Gozan de independencia para actuar aunque sus resoluciones pueden ser revisables por sus superiores, mediante los recursos judiciales, pudiendo ser éstas confirmadas, modificadas o revocadas.

Cuatro características corresponden al juez:
Escuchar cortésmente,
responder sabiamente,
ponderar prudentemente
y decidir imparcialmente”
(Sócrates)
***
Partiendo de esta premisa deducimos que cuando elegimos a un juez lo hacemos por su experiencia, por sus conocimientos, por su carrera, destreza, capacidad, imparcialidad, sensibilidad y su virtud en impartir justicia. Digamos que colocamos en esos puestos a los que mejor representan esos valores y confiamos en ellos nuestra capacidad de justicia como sociedad. Pero todo esto queda en evidencia cuando vamos descubriendo resoluciones a diario que demuestran la incapacidad de muchos de ellos para ser jueces. La pregunta clave sería cómo han podido llegar a serlo.
“Aléjese de los palacios el que quiera ser justo.
La virtud y el poder no se hermanan bien”
(Marco Lucano)
***
El derecho es un sistema complejo de normas y actos jurídicos establecidos de antemano. Pero los órganos de aplicación deciden el significado de la norma y los jueces son los encargados de su interpretación. Cada vez más complicado. Porque cada uno puede tener su propia interpretación de la norma y de lo que es para él la justicia en cada caso y en cada momento, pero siempre teniendo en cuenta su manera de pensar, porque por mucho que nos digan que son imparciales y objetivos no podemos creerlo viendo lo que se determina en algunas salas de justicia. Tener fe en la justicia es como tener fe en un Dios. Unos la tienen y otros no. Todo es defendible y respetable, pero encontrar pruebas de que exista ya se convierte en algo más serio, aparte de ser bastante improbable. ¿Qué es la justicia?
En este mismo blog se preguntó a los lectores si creían en la justicia y el 80% respondió que no. No debe ser una casualidad. La mayoría de la gente no cree en la justicia. Y si no creen es porque no hay muestras de ello en su entorno ni en los miles de casos que ven a diario. Ser juez es difícil y es la prueba más palpable de que ser juez es ser defectuoso. Se equivoca constantemente y puede establecer e interpretar normas que sólo él/ella entiendan. Y por ser juez no tiene la varita mágica para interpretar. Lo que ocurre es que ya vienen siendo habituales los casos judiciales que llaman poderosamente la atención en los últimos tiempos y que no pueden pasar desapercibidos.
No hace mucho un tribunal de la Audiencia de Madrid absolvió a un individuo por dar palmaditas en las nalgas a dos de sus empleadas. Según cuenta la noticia, este tipo se atrevía un día a besar en los labios a una de las víctimas, y otro día les acariciaba una pierna o el pelo. Un día su ardor iba a más y les abrazaba efusivamente. Y a pesar de las quejas de sus empleadas osó darles palmadas en sus nalgas o escribirles cartas incluyendo frases como ‘eres la mujer de mi vida’. Esto ocurría en una farmacia de Madrid y las dos empleadas denunciaron el hecho. El auto concluyó siendo condenado el individuo a tres meses de prisión y al pago de una indemnización de más de 10 mil euros. Pero el fallo pasó a la Audiencia Provincial de Madrid y tras su revisión el farmacéutico ha sido absuelto al entender que nunca hubo acoso sexual, y si hubo algo tan sólo fueron abusos. Curiosamente, un delito más grave, pero por el que no se le acusó, con lo cual no se le puede acusar ahora. Los magistrados concluyen que las situaciones descritas por las dos mujeres (por las que sufrieron depresión) no pueden ser estimadas como suficientes para configurar esa situación objetiva e intimidatoria, hostil y humillante que marca la ley. Tampoco creen que las acciones del acusado supongan proposiciones de relación sexual, a pesar de haberlas invitado a dormir una siesta en un hotel próximo al lugar de trabajo, sino la realización de actos de contenido sexual. Esa sentencia fue votada por unanimidad y firmada por el magistrado Julián Abad Crespo, donde intervinieron también los magistrados Jesús Serrano y José Manuel Fernández Prieto. Y para dar el toque final argumentan que todo ello ‘podría constituir un supuesto fáctico para una condena por delitos de abusos sexuales’.
Julián Ríos, profesor de Derecho Penal en la Universidad de Comillas explica que aunque pueda parecer lo contrario, el Código Penal es muy claro al respecto y que la sentencia puede no ser jurídicamente criticable. Digamos que los magistrados no aprecian en lo ocurrido la gravedad exigida por la ley en las situaciones. Puede serlo o parecerlo a nivel coloquial y definirse la situación como acoso sexual, pero jurídicamente no es así. La conclusión es que las dos mujeres llevaron el caso por vía penal cuando por vía laboral la tipificación de esos delitos es más amplia. Lo curioso de todo esto es que los delitos por esa vía prescriben al año y los hechos acaecidos ocurrieron hace diez años.
Si nos paramos a analizar la situación nos damos cuenta de que algo falla, de que algo no va bien. Unos dirán una cosa, otros otra. Pero mi pregunta es: ¿si este caso hubiese sido contra una esposa o hija de unos de los magistrados pensarían lo mismo o alegarían otras causas o interpretaciones a las leyes? Casos como éste son una buena muestra de que la justicia de ciega tiene poco y de que los ciudadanos se fían muy poco de ella. Y no es para menos. La interpretación de la misma escena por parte de cada uno es diferente y sólo nos queda tener suerte con el juez que nos toque. Hay una gran frase que me hace reír cada vez que la oigo y que dice que todos somos iguales ante la ley… Lo peor de todo es que muchos de estos jueces que van dando ‘ejemplos de justicia’ duermen por la noche como si aquí no hubiera pasado nada.

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