Los hippies y la contracultura

Publicado: 9 de diciembre de 2012 en Artículos
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“Que nadie se haga ilusiones

de que la simple ausencia de guerra,

aun siendo tan deseada,

sea sinónimo de una paz verdadera.

No hay verdadera paz

sino viene acompañada de equidad ,

verdad, justicia, y solidaridad”

***

El movimiento hippie fue un giro de contracultura, libertario y pacifista, nacido en la década de los sesenta en Estados Unidos. Y también sus seguidores fueron llamados ‘hippies’. Cada época tiene sus circunstancias, sus vicisitudes, tanto a niveles económicos, sociales y políticos. Y es frecuente descubrir cómo se ha infravalorado este movimiento, quizá por su estética bohemia, poco ambiciosa, completamente antisistema, que intentaba cambiar un mundo que se había convertido en bélico, violento y con absoluta falta de valores sociales y de igualdad. Tras la Segunda Guerra Mundial, el objetivo de muchos países fue trabajar, invertir, ahorrar y desarrollar un futuro, intentando aprender de todo lo que había sucedido, pero al mismo tiempo se estaba creando una plataforma de violencia oscura, subterránea, además de un imperialismo silencioso que pretendía liderar el poder mundial decorado todo ello con una esencia de consumismo extremo y un individualismo que se apoderaría de la rutina de la mayoría de los seres humanos del planeta.

“Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz

de contrarrestar el poder de la bomba atómica

yo sugerí la mejor de todas: la paz”

***

Se partía de la base de crear un mundo paralelo, ajeno a todo lo que se está viviendo, con nuevos valores, adoptando una vida a nivel comunitario, más solidario y más natural. Quizá la palabra natural fue la menos utilizada para describir este fenómeno social, pero era quizá la que encarnaba de la mejor manera dicho movimiento. La naturaleza era la principal droga, gracias a ella los sentimientos fluían y las emociones dejaban expresarse a cada individuo, pero todo pasaba dentro del bien común, sin él todo carecía del sentido principal, dejando a un lado el instinto egoísta. Se buscaba la esencia, la profundidad de las cosas y la interacción personal. Una espiritualidad alternativa envuelta en activismo social y político, un activismo radical liderado con la bandera del ecologismo y de la paz. Se defendía el amor, como un todo y como una necesidad, pero sin paz era realmente difícil conseguir la felicidad. Para conseguir esa felicidad debía renegarse de los nacionalismos, de los imperialismos y de las regulaciones estatales. Se criticaba la burocratización de toda la vida cotidiana, como el consumismo y el capitalismo, todo ello era visto como el enemigo profundo de la naturalidad propia de las personas, y sobre todo, de su libertad como individuos dentro de un marco social comprometido con su entorno.

Entonces el enemigo estaba bien definido. El estado que lo quería controlar todo, la burguesía cada vez más ambiciosa, el paternalismo de los gobiernos, el militarismo en todas sus formas, las empresas multinacionales opresoras de trabajadores y la poca legitimidad internacionalidad y la impunidad de muchos estados a la hora de acometer acciones totalmente terroristas y defendidas por el resto de estados. Se abogaba por salvaguardar los valores sociales más auténticos, los más originales y los más clásicos. Los detalles, los pequeños detalles constituían un todo. La belleza por encima de todo, emocionarse con las pequeñas cosas, no querer ambicionar más allá de lo necesario, interactuar con los semejantes, con los que nos rodeaban. Se intentaba llegar más allá de cualquier forma, experimentando, profundizando. Se buscaban lugares idílicos para comenzar nuevas vidas, para comenzar esa búsqueda personal y verdadera. Se cuidaba el medio ambiente puesto que representaba nuestro hogar.

“Los verdaderos hippies regalaban flores a la gente, 

era un símbolo para ellos, 

usaban ropa muy suelta 

y muchos collares,sandalias, sombreros de alas anchas…

protestaban por la paz en el mundo”

***

Pero nunca tuvo este movimiento una teoría clara, ni a nivel ideológico ni a nivel político, como tampoco tuvo una organización homogénea o estable. Tan sólo existían formas de vida  e ideas similares, con tendencias comunes para crear perspectivas de un socialismo libertario en un entorno ecológico dinamizado y cuidado. De hecho, la mayoría de los hippies fueron grandes representantes del apolitismo. También por su rechazo al sistema establecido. Los sistemas políticos no entraban en sus planes y por eso no se integraban dentro de una comunidad política clara y definida. Ante todo había que defender el derecho a ser uno mismo, respetando el derecho a expresarse, a crear, intentando desmarcarse de las propuestas prefabricadas y dirigiéndose hacia sociedades alternativas. Se tendió a evocar modos de vida paralelos, preindustriales, más descentralizados, donde el calor humano, el contacto con las personas y con la naturaleza fueran las principales funciones.

Había un gusto por viajar, por conocer, por explorar y sentir. Había un gusto por ser nómada continuo, atento a cualquier sensación que pudiera surgir o aparecer. Se prioriza por la necesidad más que por el tener o poseer. Las necesidades eran básicas y todo pasaba por saber valorarlas. La aventura de cada día era la vida en sí. No había más que abrirse, tanto físicamente como mentalmente para disfrutarla. Y había que disfrutar de la vida cada día, cada momento, con intensidad. No había esa constante necesidad de pensar en el dinero, ni en lo material como un todo o parte principal de la vida. La propiedad era cuestión secundaria y no básica. La estética era despreocupada, cualquier cosa servía, puesto que la apariencia no era sinónimo de realidad. Se buscaba la interioridad de las personas y no su aspecto.

“Sexo y drogas en oposición

a la hipocresía dominante,

la familia burguesa y la represión sexual”

***

Alrededor de todo este movimiento apareció la psicodelia y un movimiento cultural paralelo, representado por artistas de todas las escenas, ya fueran escritores, pintores o músicos, pero también el cine intervino en el proceso. Muchas sociedades se vieron inundadas de este fenómeno que cambió la vida y los pensamientos de muchas personas y que desarrollaron después en sus vidas y en sus entornos. Porque una idea fundamental era romper con lo establecido, se llamara familia, comunidad, estado, lugar de trabajo, reglas y normas creadas para controlar al individuo de mil formas. Se atacó al movimiento hippie por su forma de expresar los sentimientos, se les catalogó de promiscuos, donde el sexo era lo más importante y donde no se miraba ni con quien. Las orgías fueron el asunto de moda, las adolescentes experimentaban todas las formas de perversión sexual. Porque era también el momento de la revolución sexual, sobre todo de la mujer. Su emancipación era ya una evidencia y una realidad. La Generación Beat jugó un papel muy importante a nivel intelectual. Muchos de esos escritores y de esos libros sirvieron para influenciar y para dar teoría a muchas de sus ideas. Se repudió el asunto de los celos. Se defendía la libertad sexual. ‘Haz el amor y no la guerra’, ‘Si te sientes bien, hazlo’, ‘Eres libre para amar a quien quieras, cuando quieras, en la forma que quieras’, todas eran frases que incentivaron la actividad sexual espontánea. Porque la naturalidad era la esencia del todo. Incluso se aceptaron las relaciones abiertas de pareja, con la intención de explorar sin rencor. El eslogan fue ‘amor libre’. Y ese amor libre rompía con la tradición de amor, matrimonio, pareja, sexo y bebés. El amor existe si se puede compartir libremente. El experimento sexual venía acompañado del consumo de drogas. Drogas psicodélicas para deshinibir, para traspasar las barreras del cerebro y llegar al espíritu de cada uno. La estética de estar desnudo, mostrarse como se era. La tolerancia a todo tipo de gustos sexuales, ya fueran gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, etc.

Se celebraba la diversidad, la multiculturalidad, el hedonismo y la búsqueda de nuevas culturas ancestrales para poner en práctica nuevos hábitos de comportamiento. Se jugaba con los colores, con las flores, con ropas atípicas, alejadas de la moda. Se confeccionaban ropas propias, para darle a todo un toque personal, original. No se aceptaban copias ni se deseaba ser parte del rebaño. Cada uno debía mostrar su auténtica identidad, su sello personal, de forma natural y espontánea. La música era el acompañante perfecto, la forma más absoluta de expresión. Las fiestas en casas particulares fueron la moda, alejándose de bares y salas de fiesta. Se pretendía buscar la comodidad, la intimidad y lugares especiales. Pero también las fiestas al aire libre representaron el espíritu libre, en contacto constante con la naturaleza. Pero como todo movimiento tuvo su final, aunque su esencia siguió viva y sigue viva. Y quizá hoy más que nunca se necesita un poco de ella. La necesitamos de alguna forma. Crear una contracultura, una base que sirva para identificarse, porque hoy en día a la juventud sobre todo, le cuesta un mundo identificarse con algo. Nada puede hacerle creer en su momento, en su círculo. Cuando una persona adopta su mundo hacia objetivos y pensamientos que se adaptan perfectamente a su forma de pensar es más fácil sentirse bien, tanto con uno mismo como con el mundo que le rodea.

Quizá todo es más sencillo de lo que parece, un viejo coche tiene más encanto que el último modelo. Todo tiene una esencia pero hay que saber identificarla, descubrirla y sentirla. Todo es parte de nosotros pero si nosotros no nos damos cuenta no será posible abrir el tesoro que nos rodea. La existencia de uno debe ser explotada al máximo, por lo menos para no arrepentirnos en el futuro de lo que no hicimos, o de haber hecho lo que no quisimos, por lo menos debemos ser fieles a nuestros ideales, dejando a un lado la parte materialista y decidir de una vez por todas afrontar las auténticas prioridades, y todo parte de una premisa bastante clara : DISFRUTA!! Y disfrutar significa disfrutar, con letras mayúsculas, de todo y de nada, del más pequeño detalle que ni has observado, de cualquier aspecto que te haga sentir. Cuando disfrutamos se nos nota en la cara y viendo las caras que nos rodean a diario nos daremos cuenta de que poca gente disfruta de verdad.

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