Cyrano de Bergerac

Publicado: 5 de diciembre de 2012 en Literatura
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“Sí, todo me lo quitaréis,

el laurel y la rosa.

Lleváoslos, pero me queda una cosa que llevo.

Y esta noche, cuando entre en la casa de Dios,

brillará intensamente mientras diga mi adiós algo que,

inmaculado,

meceré en un arrullo, y me lo llevaré para siempre;

y es…. mi orgullo”

***

Cyrano de Bergerac nació en París (Francia) en marzo de 1619 y murió en Sannois en julio de 1655. Su verdadero nombre era Hercule-Savinien de Cyrano. Fue conocido por ser poeta, dramaturgo y pensador, de la misma época que Molière y Boileau. Calificado de libertino por su forma de de pensar y por su actitud un tanto o bastante irrespetuosa frente a instituciones religiosas de su tiempo, también ha sido considerado como un precursor de la ciencia ficción, aunque quizá su popularidad y su fama actual le vengan por su obra de teatro con su mismo nombre. Casi toda su vida la pasó en París, aunque su infancia la vivió en la antigua localidad de Saint-Forget, que actualmente se conoce como Yvelines. Con casi veinte años adoptó el nombre de Bergerac, debido a unas tierras que su abuelo había comprado en esa zona del país. Y gracias a ese abuelo y a sus negocios, la familia pudo permitirse entrar en el pequeño círculo de la nobleza. Cyrano eligió la carrera militar y fue famoso por su valor en el campo de batalla. Fue célebre por haber retado a infinidad de adversarios. Famoso por sus numeroso duelos. Pero siendo todavía muy joven tuvo que retirarse del ejército debido a una herida en la batalla de Arras. Fue el momento en que decidió estudiar filosofía. Murió también joven, a consecuencia de las heridas que le causó una viga que le cayó encima. Cyrano fue uno de los más importantes escritores de su siglo, poseyendo una gran personalidad y capaz de tocar muchísimos temas. Su corta vida mostró sus dotes como novelista y como dramaturgo pero también como poeta y autor satírico. Justo antes de morir estaba intentando liderar un movimiento cultural, una nueva filosofía de la vida. Como cualquier talento de su época, fue muy criticado, discutido y controvertido. Fue tachado de científico incomprendido o de racionalista militante, entre otros calificativos.

“Así es mi vida.

He sido el inventor de todo

y al que todo el mundo olvida”

***

Y si Cyrano ha sido conocido fue gracias a la obra de Edmond Rostand, dramaturgo francés que nació en Marsella en abril de 1868 y que murió en París en diciembre de 1918. Rostand estrenó su obra ‘Cyrano de Bergerac’ en París, concretamente en el Teatro de la Renaissance en 1897. Su éxito no se hizo esperar, puesto que desde las primeras representaciones causó una gran diversidad de opiniones y sus seguidores se aglutinaban con el paso de los meses. Esa obra se ha representado desde entonces por todo el mundo, en muchísimos idiomas y el éxito no se ha detenido. Ya es conocida como un clásico del teatro francés y está asociada al neorromanticismo. Una corriente literaria que se originó en la Restauración borbónica española a finales del siglo XIX. Tuvo mayor impacto en el teatro con nombres como Echegaray, Cano o Sellés. Mediante este estilo se acentuaba el dramatismo y el melodrama con el rasgo peculiar de la exposición de lo negativo. Se adaptó a la sociedad del momento, una sociedad burguesa caracterizada por un romanticismo exagerado, además de sus aromas positivistas y realistas. Todo eso condujo a un teatro de costumbres más moralizante que usaba de procedimientos románticos y abusaba de las situaciones trágicas y patéticas. Se planteaba con cada obra un caso de moral y de conciencia, un problema de índole ideológica o de deberes. Lo curioso de la obra de Rostand es que incluso él no sabía ni estaba seguro de que su impacto iba a ser el deseado y temía por el riesgo de semejante obra. Pero ya en el entreacto del estreno la sala se puso en pie a aplaudir. La conclusión fue que Rostand recibió la medalla de la Legión de Honor por el gobierno de turno. Al final de ese estreno los aplausos duraron casi media hora. La obra partía del amor como premisa de vida, pero también describía el orgullo francés tras la pérdida militar de Alsacia-Lorena de 1870.

“Hay personas silenciosas

que son mucho más interesantes

que los mejores oradores”

(Benjamin Disraeli)

***

Aunque se hizo un estreno en el cine de la misma obra en 1950 con la dirección de Michael Gordon, el éxito vino con el segundo intento. En 1990, el director francés  Jean Paul Rappeneau estrenó la obra de Rostand en la gran pantalla con un éxito rotundo. Nació en Auxerre (Francia) en abril de 1932 e inició su carrera cinematográfica como asistente y guionista en varias películas. Su primera película como director  fue ‘La vie de château’ (1966), y aunque tuvo su cuota de éxito no volvió a dirigir hasta 1971 con la película ‘Les Mariés de l’an II’. Dirigió varias películas más pero sin mucho éxito hasta que en 1990 consiguió la gloria con su Cyrano. Gracias a la interpretación de un magnífico Gérard Depardieu y frente a todas las críticas que le habían llegado por lo costoso de su producción. La obra narraba el amor o la atracción que sienten tres hombres por la misma mujer. Uno de ellos ostenta el poder, otro cuenta con la belleza y el último con el talento literario. Cada uno juega sus bazas para conquistar a la mujer deseada. Una mezcla de pasión, amor, guerra y drama real de la vida de la época. Un cierto aroma de nacionalismo francés, de orgullo herido, de soledades intempestivas, de mentiras sumergidas, de pasiones no confesadas, de inseguridad, de cobardía, de injusticia y de tristeza. Una mezcla perfecta que llevaba al espectador a no perder ni un segundo de atención desde el inicio hasta el final. Bajo la luz de la joven Roxana se escondía un cúmulo de emociones contenidas, de realidades perversas y de infelicidades escondidas. Complejos de unos y de otros para llevar a cabo lo que se desea. Mentes cercadas por el miedo a perder o a fracasar en el intento. Un experto poeta y hábil espadachín que expresará su amor por Roxana mediante un apuesto soldado, a escondidas, en silencio. Su carácter fanfarrón, de genio vivo e irónico, lleno de nobleza y de orgullo operará en su contra para conseguir lo amado. Porque detrás de su apariencia fuerte se esconde la personalidad del complejo, del ridículo, de su fealdad y de su pensamiento. Ayudará a su amada a encontrar el amor pero no en él sino en el soldado apuesto, gracias a unas cartas que él mismo siente desde su corazón.

“De las cosas que tienes,

escoge las mejores

y después medita cuán afanosamente

las hubieras buscado si no las tuvieras”

(Marco Aurelio)

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