La amargura del sentir

Publicado: 24 de noviembre de 2012 en Artículos
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“La amargura es la catástrofe que lleva al ser humano a la locura”

***

Alguien

Alguien limpia la celda de la totura

que no quede la sangre ni la amargura

Alguien pone en los muros el nombre de ella

ya no cabe en la noche ninguna estrella

Alguien limpia su rabia con un consejo

y la deja brillante como un espejo

Alguien piensa hasta cuando alguien camina

suenan lejos las risas …

(Mario Benedetti)

***

El término amargura significa punzar. Se utiliza para revelar el significado de algo fuerte. La amargura es algo fuerte que punza hasta el corazón. Muchas personas se dejan abatir por ella y caen inexplicablemente en un mundo de amargura del que ya no pueden salir. Son personas tristes, grises, sin aliento. La amargura va comiéndoselas por dentro lentamente hasta convertirlas en algo distinto a lo que eran. Porque la amargura es un estado en el cual nos podemos encontrar pero nunca un sentimiento. Saber afrontar los obstáculos, las idas y venidas continuas, el letargo anunciado y el vaivén de las circunstancias ayuda muchísimo para no caer en ella. Porque de lo contrario la trampa se cierne sobre nosotros y caemos en ella sin dudarlo.

Todo tiene un porqué. No hace falta repetirlo mucho para comprenderlo. Lo único necesario es saber ese origen. Una vez que se detecta podemos combatirlo hasta eliminarlo. De no hacerlo corremos el riesgo de ser nosotros los que seamos eliminados. Eliminados de una angustia general, que no nos permite movernos, que nos limita en nuestras acciones y pensamientos. La amargura del sentir, del pesar. La amargura del estado en el que nos encontramos de repente y nos aprieta cada vez más, soportando el dolor y la pena. Estados humanos de los cuales queremos escapar aunque a veces sea muy difícil. Y no se tratan de esos deseos que no llegamos a alcanzar, ni tampoco de esas decisiones acometidas y fallidas. No se trata de los fracasos y frustraciones, ni tampoco de los sueños y emociones que no se llevaron a cabo. Las realidades sobreponen la escena de la vida, más allá de lo que podamos imaginar. Nuestro pasos van marcando el camino y entre esos pasos se cuela la amargura, sin llamarla. Y no pasa nada por no dejarla entrar. Tal como entra puede salir pero depende un poco de nosotros. Si nos rendimos a sus encantos seremos sus esclavos y nos vencerá. La amargura es el silencioso enemigo que desde dentro corroe las sensaciones, las expulsa y las distorsiona hacia otro espacio diferente que no entendemos.

La amargura más dulce

Te recuerdo,
en mis largas y tristes noches
recuerdo nuestro adiós
recuerdo como chocaron nuestras lágrimas aquel día

Nuestros ojos ardían en melancolía
y esa palabra ardía en mi corazón
que nunca se te olviden 
esos momentos
en los que juntos cruzamos
cielo, estrellas,océano y el infinito
que no se te olviden ni un ratito
la dulce amargura de nuestro
adiós

***

A veces no. Casi siempre las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen. Las soluciones están delante y no nos dejan ver la conclusión. Buscamos desesperadamente respuestas sin saber hacer las preguntas correctas. Nos ahogamos en vasos de agua que nosotros mismos hemos llenado. Vasos de agua que representan a los problemas que van surgiendo y que no sabemos vaciar de manera conveniente. Nos limitamos a querer entender lo que es imposible. Cuando las cosas no tienen explicación o cuando estaba justo a nuestro lado y sonriéndonos. La misma puede salir de nosotros de la misma forma que entró, de forma fulminante. Tan sólo hace falta una decisión.

Amargura

Qué amargura es vivir
con tanto muerto ya en uno;
y esa suma de segundos
que aún están por venir;
si esto no es sufrir,
que me lo explique quien sepa;
si hasta la risa es siniestra
pues que es tan solo fingir.

Amores en los que fui el único importante;

terminaron por secarse
igual que un simple alelí;
menuda rosa de abril
de mi mente enfebrecida,
pues fue más rastro la espina
que el olor que conseguí.

En ese marco tan gris
de la cuita acontecida;
fui supurando la herida
que me dejara el querer;
¿he sido yo, o quién fue,
culpable de mi fracaso?…
solo sé que en estos brazos
va eternizada la sed.

(Emilio Pablo)

***

Nos amargamos más con personas cercanas. También nos cuesta perdonarlas. Nos cuesta acariciarlas. Sentirlas. La pena nos invade cuando todavía no hemos aprendido a expresarnos. Cómo podemos desprendernos de la amargura. ¿Acaso queremos desprendernos de ella? Abrirse en canal, sacar lo que llevamos dentro. La angustia, el desespero, todas las formas del sentir. Los ratos malos, los que provocan interioridades, esos que necesitamos también. No todo es malo, ni todo es bueno, todo tiene su punto de relatividad. Encontrarlo ayuda a escapar de matices para centrarse en la esencia. La esencia de un todo que nos rodea de forma natural y que nos busca una salida a pesar de que no la veamos. Abrir puertas cuando no hay salida. Encontrar caminos cuando nos vemos encerrados. Avanzar, siempre avanzar, sin duda, nuestra meta. La amargura, a nuestro lado, otra compañera con la que aprender.

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