Diario de pensamientos : ¿Cómo se calcula la ignorancia?

Publicado: 4 de noviembre de 2012 en Diario de pensamientos
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“Tres clases hay de ignorancia:
no saber lo que debiera saberse,
saber mal lo que se sabe,
y saber lo que no debiera saberse”
(François de la Rochefoucauld)
***
Por ignorancia entendemos la ausencia de conocimiento. Puede ser mínima o máxima, circunstancial o crónica. Nunca sabemos calificar el grado de ignorancia de uno mismo y mucho menos de los demás. Nos creemos ignorantes por naturaleza y por eso debemos desde muy niños comenzar a conocer. Sin conocimiento se pierde la esencia de las cosas, su entendimiento y su forma de manejarlas. La ignorancia es un problema que el hombre ha intentado subsanar con el paso de los siglos y que en el pasado siglo XX consiguió eliminarlo cada vez más, sobre todo haciendo que un número más alto de población mundial tuviera acceso a la educación, se eliminara ostensiblemente el analfabetismo y se intentara mediante la ética y las formas llegar a alcanzar un nivel mínimo para la convivencia ideal entre las personas.
De un tiempo a esta parte, y en contra de lo que se preveía que sería la inercia de la situación, la línea para erradicar la ignorancia ha caído en picado y en lugar de desarrollar nuevas ideas para paliar este grave problema social y mundial, se ha detectado como ha crecido incluso en países que se creía controlada. La ignorancia está así, descontrolada. Ha perdido el respeto por todos y se ha metido en un círculo de vaivenes y de velocidad sin frenos dispuesta a apoderarse de todos los entramados y estructuras sociales. Es cierto que se pueden hacer distinciones al respecto. No es lo mismo la ignorancia como concepto general que un ignorante. Puede ser una calificación o un insulto, también depende del contexto y de la forma en que se utilice. Pero cuando llamamos a alguien ignorante a qué nos referimos exactamente. Porque todos, de una manera u otra, y en un momento determinado u otro, podemos ser o considerarnos o ser visto como unos ignorantes. Puede referirse, en determinados momentos, al hecho de no conocer o de no saber algo concreto, sin tener eso que ver con conocer o saber de otras materias. Se puede ser muy ignorante según de lo que se hable.
La conclusión puede ser más o menos que cuando hablamos de una ignorancia determinada nos referimos a la ausencia de conocimiento con respecto a algo en concreto. Y quizá la palabra adecuada que deberíamos utilizar en este caso es carencia más que ausencia. Pero, como suele ocurrir, todo tiene solución, sobre todo si depende de nosotros. Rellenar ese espacio que se presenta vacío y por el que tenemos interés depende de nosotros. La inquietud natural del ser humano hace que logre y alcance metas que se impuso o que nunca creyó poder alcanzar. Para lograr que esa carencia se estanque, perdure y se haga más grande debemos simplemente ponernos manos a la obra y parte del problema lo tendremos solucionado. Partiendo de la base de que nadie es perfecto y que nadie nació enseñado. Podemos decir que hay gente más inteligente y más docta para determinadas materias, pero no es menos cierto que sin interés, actitud y ganas no podemos afrontar retos.
“La ignorancia es la noche de la mente:
pero una noche sin luna y sin estrellas”
(Confucio)
***
Porque la ignorancia se presenta como un reto personal. Cuando algo no lo conocemos y nos interesa de verdad debemos indagar sobre ello, buscar, analizar, investigar, estudiar, leer y, sobre todo, conocer al respecto y si hace falta preguntar. Es la única manera de poder conseguir esa meta. Pero es ahí donde radica el principal problema. En el interés del conocimiento. Y es ahí donde la carencia se convierte en grandiosa. Y es ahí precisamente donde el núcleo del problema se hace más claro y evidente. Sin interés por un tema será imposible que una persona logre conocer algo sobre ello. Gran parte de la ignorancia actual está provocada por el desinterés y la apatía. Como no me interesa no hago nada por conocer. Pero el desinterés forma parte a su vez de la ignorancia misma. Se puede considerar más ignorante al que no quiere conocer que a aquel que desconoce por falta de medios. Porque los factores para desconocer pueden ser varios, pero la ausencia de ganas y de interés en conocer debe ser reconocido como algo intrínseco en el carácter de una persona. Algo inexplicable y que produce vergüenza ajena.
Y no es menos cierto que lo peor que puede hacer un ignorante es creer que conoce algo referente a un tema concreto. Cuando se desconoce de algo se debe ser humilde, intentar aprender, escuchar, para luego poder tener voz y opinión. La palabra en sí es gratuita y demasiado utilizada, sobre todo por aquellos que desconocen o no saben. Y la ignorancia todavía se expresa con mayores argumentos, llegando a un punto donde la vergüenza desaparece y la sensación de ridículo también. Se piensa poco y se habla demasiado. Se busca mucha información que no se lleva a la práctica. Se limitan las búsquedas de esa información y los filtros no nos sirven para conocer más, sino para resumir. Nos hemos convertido en una maquinaria perfecta de síntesis, pero es una síntesis errónea, sin argumentos y sin conocimientos. La estupidez es no querer saber, en no querer aprender. Sobre todo cuando depende de uno mismo.
“Los hombres comenzaron a filosofar movidos por la admiración.
Primero ante los fenómenos más sorprendentes;
luego avanzando y planteándose problemas mayores.
Pero el que se plantea un problema o se admira o reconoce su ignorancia.
Aquellos hombres filosofaron para huir de la ignorancia,
buscaban el saber y el conocimiento”
(Aristóteles)
***

Puede parecer despectivo el hecho de considerar a alguien como ‘ignorante’ cuando quizá sólo estás describiendo una situación, una actitud o un carácter. La estupidez total no existe. Cada uno tiene sus capacidades, lo único que hace falta es utilizarlas y explotarlas convenientemente. Mucha gente teme a lo desconocido, a lo que no puede interpretar, a lo que no entiende. El ser humano se guía generalmente por lo conocido, por la rutina y por la comodidad. Los estados desconocidos desprenden aromas de inseguridad. Y los prejuicios y los complejos salen a la luz. Y la ignorancia sobre muchos de esos estados y situaciones provoca reacciones que denotan una absoluta ignorancia. Como no sé reacciono mal. Y en esa reacción puede aparecer el insulto, el odio, la indiferencia, el racismo o la violencia de cualquier género o entorno. Es difícil para una sociedad progresar adecuadamente si sus componentes almacenan multitud de complejos, no hacen desaparecer inseguridades y se dejan llevar por el camino del interés, de la inquietud y el conocimiento. Pero esto es fácil decirlo para luego comprobar que la realidad es mucho más diferente de lo que desearíamos. Quizá el deseo de progreso de unos cuantos genera por inercia el cambio de otros muchos. Y gracias a esos cuantos se van generando cambios sustanciales en la sociedad, sin que eso signifique que la sociedad en su conjunto haya cambiado. Para conocer hay que intercambiar opiniones, escuchar a los demás. No tenemos la verdad absoluta sobre todo y por eso es necesario compartir la información y la opinión. Y cuanto más se conoce más se da uno cuenta de que no conoce. Es un hilo del que se va tirando y al cual nunca descubrimos su final. Hay que razonar, asumir nuestra ignorancia para poder avanzar.

comentarios
  1. Nedda dice:

    Es difícil quedarse con un sólo concepto sobre “ignorancia”, tal como sobre varias otras definiciones. Y es que por encima de lo enciclopédico influyen nuestros propios pensamientos y experiencias.
    Me gustó mucho la sabiduría de Confucio para expresar una de las facetas de la ignorancia.
    Un saludo afectuoso desde Argentina.

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  2. Nick dice:

    Mertxe me comentó una vez respecto la ignorancia, ” La ignorancia es la madre del atrevimiento”, y me parece realmente acertada.

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