John le Carré

Publicado: 27 de octubre de 2012 en Literatura
Etiquetas:, , ,

Quizá es el oficio más tentador, más atrayente por su atmósfera solitaria, oscura, poco superficial. Quizá es un campo tan desconocido que atrae por sí solo, por su mezcla de la  ignorancia que mostramos ante él  y la osadía y el atrevimiento que creemos atesorar. Todos llevamos un espía dentro de nosotros. El reto de descubrir lo que otros no podrán. El objetivo de encontrar lo que nadie hubiera podido imaginar. El espionaje ha sido, es, y será, un fenómeno de masas, aunque muy pocos sean los que verdaderamente puedan hablar de ello con absoluta certeza, realidad y experiencia. Tiene un rasgo que lo hace antisocial, por lo poco que se sabe de él, o por toda la leyenda que le rodea. Porque todo el mundo cree conocer algo de ese mundo cuando realmente no tiene ni idea de lo que se mueve detrás de todos esos hilos. Fue un oficio que destacó desde hace siglos aunque tuvo su esplendor durante las Guerras Mundiales y durante la famosa Guerra Fría. Una vez leí una frase que decía que para conocer al enemigo lo mejor es conocerlo a fondo, indagar sobre él, leer sus libros y a sus escritores, excavar dentro de su esencia para poder hacerle vulnerable. Porque de eso se trata, de encontrar la vulnerabilidad del enemigo, en eso consiste básicamente el espionaje.

Desde la Antigüedad se encriptaba la información de los reinos e imperios. La amenaza constante del enemigo para descubrir los secretos, los planes y los objetivos de cada uno de esos enemigos era un importante y suficiente estímulo a la hora de intentar guardarlos a salvo e intentar que nadie los descubriera. La referencia más antigua que se tiene de espionaje tal como lo conocemos se le atribuye a Sun Tzu en su libro ‘El arte de la guerra’. Sun Tzu fue un militar chino, estratega militar y filósofo. Se le considera autor de ese libro y está considerado como uno de los libros más influyentes sobre estrategia militar. Una historia que ha tenido un impacto significativo en la historia y culturas chinas y también asiáticas. Hoy ya se puede calificar de leyenda. Incluso algunos historiadores tienen ciertas dudas de que Tzu existiera realmente. Para él, el arte de la guerra consistía no en exterminar al rival en la lucha sino en vencerlo sin necesidad de recurrir a la lucha, ese era el verdadero arte de la guerra.

Dicho así, el espionaje juega una baza muy importante para intentar derrotar al enemigo fuera del campo de batalla, creando un ejército de soldados invisibles, o no, o solamente para el enemigo. Un arte y un juego de poder, oscuro, aparentemente silencioso y desconocido, que se extiende incluso entre las vísceras del más poderoso rival para derrotarle desde dentro. Un caballo de Troya moderno, lleno de sofisticación e inteligencia, bien preparado, buscando siempre el lado más débil para poder atacar desde el interior. Un virus que se introduce en el disco duro del enemigo más vital y lo destruye sin remordimientos.

Ya en los escritos más antiguos de la cultura china se descubren grandes recomendaciones y formas de obtener información importante de los enemigos de la época. Los antiguos egipcios tenían un sistema muy desarrollado para la adquisición de información. Conocer otros idiomas ha significado un gran avance para arrebatar información y hacerse pasar por uno de los enemigos. Los griegos encriptaban toda la información y también  sus escritos. Al igual que los romanos, famosos por cifrar los mensajes, sobre todo los que se enviaban lejos. Tiempos después nadie supo desencriptar aquellos mensajes. Con el paso de los siglos ese arte de esconder la información o de descubrirla se fue sofisticando cada día más, innovando en todo aquello que las mentes exitosas pudieran. Pero con el invento del telégrafo en 1840 se inició una nueva época, sobre todo en el mundo de la información.

Hay muchas técnicas de espionaje, pero quizá las más clásicas e importantes han sido mediante la infiltración y la penetración, usando diversas artes, como el soborno, el chantaje o la simple habilidad de cada uno. Acaso la penetración se ha implantado como la forma preferida, dado que es más segura y porque requiere menos esfuerzo logístico que la infiltración. Con el desarrollo de nuevas tecnologías las técnicas han ido avanzando hasta rincones insospechados. Además del clásico espionaje militar y político, ahora se ha añadido a esa gran gama el espionaje industrial por lo que repercute económicamente en las arcas de grandes compañías.

La literatura de espionaje también ha tenido un capítulo aparte. Ha habido y hay grandes escritores que se especializaron en ese género y algunos destacaron por encima de otros. Hay uno que es calificado como ‘el maestro’. Me estoy refiriendo a David John Moore Cornwell, más conocido como John le Carré, nacido en Dorset, Inglaterra, en octubre de 1931. Sus mejores obras estuvieron relacionadas con los años de la Guerra Fría. Estudió en las universidades de Berna y de Oxford y fue profesor en Eton entre 1956 y 1958. Curiosamente, perteneció al cuerpo diplomático británico entre 1960 y 1964. Conoció los entresijos desde dentro y comenzó a escribir sobre ello. Cuando la Guerra Fría terminó comenzó a estudiarla  bien a fondo. Investigó todos los pequeños detalles de una compleja realidad internacional que asustó al mundo durante muchos años. Todos sus personajes son solitarios, complejos, introvertidos y bastante turbios. No ha creado héroes ni leyendas novelescas, sus personajes encarnan perfectamente a esos espías anónimos que trabajaron para gobiernos que buscaban incesantemente toda la información posible del enemigo o provocar sabotajes dentro de su núcleo. Fue y es un gran conocedor de los estados soviéticos, tanto de la URSS como de los países satélites. Estudió a fondo la estructura militar, política y social de todos esos países que durante tantos y tantos años se amenazaban constantemente uno al otro, y que con un ejército de espías introducían numerosos agentes para poder adelantarse al rival. Muchas de sus novelas han sido llevadas al cine y con bastante éxito. El cine también ha tratado durante toda su historia el ambiente del espionaje y John le Carré ha sido un donante de historias para el séptimo arte. Un escritor que no admite premios literarios, ni títulos ni distinciones, que pocas veces aparece en público y que ha llevado una vida bastante anónima, a pesar de que muchos londinenses conocen perfectamente la ubicación de su casa. Si hablamos de literatura de misterio y de espionaje sin duda este es el mejor ejemplo de ello. Nos sorprenderá cualquiera de sus libros por su amena forma de escribir, de narrar las escenas y de describir los personajes y los escenarios de los años más oscuros de la Europa Occidental. Un mundo creado en la mente de un hombre que tiene mucho de verdad y que aunque pueda parecer novelesco nos adentra a un submundo del que poco conocemos y que tanto deseamos conocer.

Entre sus libros más famosos se pueden destacar por ejemplo la novela que le dio un gran éxito de ventas: ‘El espía que surgió del frío’ (1963), un éxito que le sirvió para dedicarse íntegramente a la literatura. Aunque anteriormente había publicado ‘Llamada para el muerto‘ (1961). Éste último pasó desapercibido, al igual que su segunda publicación ‘Asesinato de calidad‘ (1962).Otros títulos conocidos fueron ‘La chica del tambor’ (1983), ‘La casa Rusia’, ‘El jardinero fiel’, ‘El sastre de Panamá’, ‘El topo’ (1974). Su últimas novelas publicadas han sido ‘La canción de los misioneros‘ (2006), ‘El hombre más buscado’ (2008) y ‘Un traidor como los nuestros’ (2010).

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s