¿Debemos arrepentirnos?

Publicado: 19 de octubre de 2012 en Artículos
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“Las lágrimas más amargas
que se derramarán sobre nuestra tumba
serán las de las palabras no dichas
y las de las obras inacabadas”
(Harriet Stowe)
***
El arrepentimiento significa literalmente ‘volver’, al menos en su término original, en el idioma hebreo. Podríamos entender que es como dejar el pecado, que es la violación de los mandamientos de Dios. Pero el significado del término en griego es la idea de un cambio de mente, un cambio de actitud. Quizá si a cada uno nos preguntaran por su significado o por lo que entendemos que significa seguramente surgirían muchos más significados. Porque para muchos arrepentirse es un alivio y para otros un fracaso. Para algunos es revivir, sentirse liberados y es la opción que acoge y presenta un nuevo futuro, un nuevo día. Para otros no es dar media vuelta y retornar al camino recorrido para hacerlo de forma diferente. Acaso para muchos el arrepentimiento requiere remordimiento y le dan una importancia capital. Pero para otros, arrepentirse es una acción más en el transcurso diario de los acontecimientos. Si somos objetivos, cada día acometemos retos, decisiones y acciones, y nadie es capaz de asegurar el éxito. Si uno se equivoca, tanto al hablar o al actuar, no ocurre nada por arrepentirse, siempre y cuando esto no provoque una inseguridad a la hora de acometer nuevos retos, decisiones y acciones, porque de eso no nos vamos a librar nunca.

Sentirse mal o no por haber hecho o no haber hecho algo puede ser planteado de muchas formas. Pero hay una frase muy concreta y que define perfectamente este concepto: ‘No te arrepientas de lo que has hecho, sino de todo aquello que no hiciste’. También podemos engañar o engañarnos a la hora de arrepentirnos. Confesar arrepentimiento puede ser muy políticamente correcto y puede sonar muy bien en determinados momentos, aunque por dentro no tengamos ningún indicio de sentir eso. Arrepentirse en muchos casos es más una pose personal y social más que un sentimiento realmente válido y sincero. Pero quizá hay una clara distinción entre arrepentimiento y remordimiento. Porque el remordimiento es sentirse mal y criticarse a uno mismo, mientras que el arrepentimiento es sentirse mal y pedirle perdón al ofendido. Pero también nos arrepentimos por lo hecho a nosotros mismos. O por no haberlo hecho. Quizá ahí es cuando más nos duele.

Arrepentirse puede ocurrir tantas veces como nos sentimos mal o tantas veces como cometemos errores, o más bien, creemos haberlos cometido. Si uno está convencido de que lo que ha dicho o hecho está bien nadie podrá convencerle  para que se arrepienta porque lo considerará innecesario. Y existe el arrepentimiento sincero, el cual dignifica a quien lo ejecuta porque muestra ante todo humildad y porque demuestra que ha analizado seriamente sus actos para saber si eran buenos o malos. Quizá la idea inicial sería pensar las cosas antes de decirlas o hacerlas y no tener que llegar a arrepentirse. Si se pensaran más las cosas antes de ejecutarlas los errores serían menores, pero seguirían existiendo. El ser humano falla por defecto, y no debe ni sorprenderse ni tirarse de los pelos por haberse equivocado. Lo importante es saber analizar las cosas antes de hacerlas y luego saber juzgarlas convenientemente. Si el resultado es erróneo no ocurre nada por reconocerlo y admitir la culpa o el error.

Muchas veces el término arrepentimiento siembra la duda del significado religioso. Es decir, se ha utilizado demasiadas veces por dogmas religiosos para hacer comprender determinadas causas o reacciones. Dejemos de lado a Dios y centrémonos en el hombre, que realmente es lo que nos importa. ¿Debemos arrepentirnos? Pues no hay causas para decir que no. Cuando uno se ve en la necesidad de arrepentirse no le hace menos que nadie. Digamos que es eso simplemente, una necesidad vital. Acometemos actos y decisiones continuamente y se puede decir que es normal como humanos que somos poder equivocarse. Pero el arrepentimiento no debe representar un fracaso ni un camino sin retorno. Lo que hacemos y decimos lo debemos hacer y decir porque estamos plenamente convencidos de ello. No se debe hacer ni decir porque sí. Si analizamos más profundamente nuestros actos nos arrepentiremos mucho menos. Sentir la necesidad de arrepentimiento nos hace sentirnos mal con nosotros mismos y, en cierta forma, nos deprime y nos hace sentir malas personas por lo que dijimos o hicimos. NO ocurre nada por errar, de hecho estamos a diario expuestos a ello y tenemos que aprender a convivir con ello y a capear con todos los acontecimientos que la vida nos va poniendo día a día frente a nosotros.

Debemos arrepentirnos por no haber sido sinceros, por no haber dicho lo que deseábamos, por no haber hecho aquello que queríamos con tanta ansia. El resto son formas de emoción, que cada uno puede calificar a su modo y conveniencia, pero no creceremos más por ello. Lo que nos hará sentirnos realizados en el futuro es echar la vista atrás y poder decir con satisfacción y con una sonrisa en la boca que aquello que una vez quisimos decir y/o hacer lo dijimos y lo hicimos. Eso es lo verdaderamente esencial. Sentirnos libres para poder hacerlos. Y no sufrir por no haberlo hecho. Cuántas veces nos hemos arrepentido por todo aquello que no llegamos a decir, en aquel momento, a aquella persona. Permitirse la libertad de poder ser uno mismo quizá nos alienta mucho más que arrepentirnos de no haber hecho algo que tanto anhelábamos. Darnos la satisfacción de conseguir algo que intentamos es suficiente excusa como para poder arrepentirse si luego sale mal. No nos quedemos al borde del camino lamentándonos por lo que pudo haber sido, sino porque no pudo ser a pesar de haberlo intentado. Seguiremos arrepintiéndonos pase lo que pase, pues ese es el ejercicio diario al que nos tenemos que enfrentar. Pero démosles a nuestras acciones el beneficio de la duda, sobre todo si estamos convencidos de llevarlas a cabo.

“No me arrepiento de nada.
El que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable”
(Baruch Spinoza)
***

comentarios
  1. Manel dice:

    Genial descripción y definición.
    Gracias Vicente

    Me gusta

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