Diario de pensamientos : ¿Qué hacemos con aquel que no conoce la palabra marketing?

Publicado: 6 de octubre de 2012 en Diario de pensamientos
Etiquetas:,

No hay que irse muy lejos, generacionalmente hablando, para darse cuenta de que muchas personas que todavía están vivas y presentan un buen aspecto desconocen el significado de la palabra ‘marketing’. Resulta que ahora parece que todo el mundo la conoce y que el que la desconoce está completamente fuera de juego. Parece como si asistiéramos a una obra donde no sirven de nada todas las palabras o ideas que no se dirijan hacia una buena venta. Y esto puede extrapolarse hacia cualquier cosa de la vida. Desde presentarse a uno mismo a intentar ofrecer un regalo. Si no se hace de la forma adecuada y con el marketing suficiente puede ser que todo resulte un fracaso. Ahora todo el mundo revisa una y otra vez las palabras a utilizar, las frases a destacar, los párrafos a reseñar y las páginas a publicitar. Todo se centra en mostrar lo correcto, en decir lo deseable, en decorar todo de tal forma que sea apetecible. Y sabemos perfectamente que nos están ofreciendo algo de una manera bonita con el objetivo de que caigamos y compremos o consumamos.

El marketing en sí es todo ese conjunto de técnicas y tácticas que se elaboran gracias a los estudios de mercado y que intentan lograr el máximo beneficio en la venta de un producto. Se trata de conocer qué piensa la mayoría de la gente para poder convencerles de que nuestro producto les interesa. Hay que hacer que sea interesante y para ello necesitamos del marketing. Se supone que su búsqueda está centrada en la satisfacción del cliente, que lo hemos estudiado tan a fondo, a él y a su entorno, que conocemos perfectamente lo que busca y lo que necesita. Digamos que es anticiparse a los gustos de alguien o simplemente ofrecer algo que vaya con sus gustos. Y no deja de sorprender la cantidad de expertos que existen alrededor de todo una gama de productos del mercado. Parece que ha aflorado una categoría especial de genios dedicados a tal hecho.

Ahora muchas de esas técnicas se dirigen hacia la venta de uno mismo. Todo importa, cualquier detalle es esencial. Hay que ver lo que vistes, cómo lo vistes, la pose que muestras, la actitud que presentas, el comportamiento que describes, las palabras elegidas, tu experiencia profesional y de vida, la decoración absoluta  de todos los detalles a los que hagas referencia, qué tipo de gente se relaciona contigo, cuántas redes sociales usas a diario, eres políticamente correcto o no, etc. Todo representa un conjunto de apariencias que parecen ser nuestro propio marketing. Claro que vender la imagen de uno mismo no es nuevo. La venta de la personalidad es algo que ya se utilizaba hace siglos. Es cierto que nuestro entorno y nuestro ambiente nos influencian de alguna manera y que nuestra personalidad de cara a los demás cambia de sintonía según quién la juzgue. Pero ahora está de moda juzgar a la gente y a las personas a primera vista, por pequeños detalles que vemos o que nos cuentan y eso hace muy difícil considearse objetivo. No somos un producto puesto a la venta. Somos una identidad que debemos saber ofrecer.

Y hay todo un proceso alrededor de dicha técnica. No sólo hay que comenzar diseñando un producto ‘x’, establecer un precio atractivo para el cliente, elegir los cauces de distribución, enfocar el producto en el mercado y publicitarlo de la mejor manera posible. Todavía hay más cosas alrededor que son destacables. Por ejemplo, el logotipo de la marca, el eslógan, la frase que romperá y que hará popular el producto, el anuncio publicitario, el spot adecuado, la frase ingeniosa, el envoltorio más sensual, los colores llamativos, el diseño innovador, el envase revolucionario, el volumen necesario, en fin, una larga serie de factores que por separado no cuentan pero que en conjunto pueden hacer su trabajo y conseguir su objetivo. Ahora ya nos resultan familiares todos esos términos como las estrategias de mercado, que si nos los hubieran nombrado hace algunos años nos sonarían un tanto extraños. ¿Y qué decir del ‘packaging’? Parece que incluso este término no tenga traducción en otro idioma. Cuando de toda la vida se ha dicho embalaje. Pero es que resulta que si se dice embalaje deja de tener impacto de mercado. Pierde fuerza. Sin embargo, si decimos packaging toma impulso y todo parece mejor. O al menos eso dicen. Los anglicismos se apoderan cada vez más de los términos comunes de cualquier idioma. Parece ser la norma que impera en el mercado.

Sin duda en toda esta estrategia se concibe la idea de que el público en general es fácilmente influenciable. Se deja llevar por reflejos que le motivan. Ya sea un color vivo, una frase ingeniosa o un envoltorio que no había visto antes. Muchas veces hemos detectado que se venden productos simplemente por su envoltorio, casi sin importar su contenido. Si a muchos de esos clientes que han comprado ‘ese envoltorio’ les preguntáramos qué han comprado realmente seguramente responderían que en sí el producto no tiene nada de especial pero que les ha gustado tanto su formato, su embalaje, que ha sido prácticamente imposible decir que no a su compra. Puede parecer increíble pero funciona. Leí una frase hace años que decía que la mayoría de las personas no saben lo que compran. Sin referirse a ningún producto en concreto, se refería el autor a algo generalizado. La mayoría de la gente se decide en comprar un producto debido a ciertas circunstancias particulares. Uno mira el precio, otro su gramaje, otro quizá la calidad del producto y algunos simplemente el envoltorio porque les llamó la atención.

La influencia del marketing en la gente es mucho más grande de lo que podemos llegar a pensar. Las industrias han ido elaborando y desarrollando sus productos analizando, investigando y observando concienzudamente a sus clientes o a sus potenciales clientes. Ha sido un avance llevado a cabo de manera genial y que ha provocado que sea una estructura básica en casi todas las empresas del mundo. Al menos en las empresas que atienden el marketing. Porque aquí llegamos al punto en que nos encontramos con aquel individuo, pequeño empresario o gran empresa que no atienden a este factor clave y venden sin preocuparse en absoluto de seguir los cauces de las estrategias. Se olvidan del logotipo de empresa, no saben ni lo que es un eslógan, no se publicitan jamás y además no dan mucho valor o importancia al envoltorio en sí. Se fían y confían en que su producto y su calidad es suficiente y que no vale la pena malgastar ni tiempo ni dinero ni personal cualificado en ello para intentar vender más. Pero, ¿no hay empresario que no quiera ganar más? Parece que no, visto lo visto. Quizá hoy más que nunca nos damos más cuenta de todos esos productos que podemos ver en las estanterías de cualquier establecimiento sin ningún tipo de atractivo, incluso con factores que hacen de ese producto algo poco llamativo, poco deseado y con pocas opciones de ser vendido. Pero, sin embargo, continúan ahí en las estanterías. Algo ocurre. Acaso el poder del marketing no ha hecho efecto en ellos. Y tampoco han notado mucho factor negativo en sus ventas, porque si fuera así ya no venderían. Es curioso comprobar que en tiempos de crisis los consumidores cambian las pautas de comportamiento a la hora de comprar. Aquello que era capricho deja de ser necesario, para pasar directamente a fijarse en lo prioritario. Y lo prioritario importa por su precio. La calidad o la marca, el diseño o el embalaje pasan a un segundo plano. Y aquel producto que no era tan atractivo pero que tiene muy buen precio aparece de repente como deseado. ¿Cambian las personas o cambian las tendencias? Es cuestión de necesidad. La necesidad envuelve el momento y el marketing queda a un lado. O quizá no. El marketing se reinventa para pasar a ser atractivo mediante otras fórmulas, es decir, llamar la atención del ‘nuevo cliente’ con medidas que son ahora importantes y que antes no lo eran. El estudio del mercado y del cliente hace que el marketing vaya desarrollándose y cambiando según la necesidad. Sigue siendo importante pero hay que estar atentos a los vaivenes de la sociedad, de los mecanismos de conducta y de las causas que generan las compras.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s