Timidez contra desfachatez

Publicado: 30 de septiembre de 2012 en Artículos
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      “La timidez es una condición ajena al corazón,

una categoría,

 una dimensión que desemboca en la soledad”

(Pablo Neruda)

***

Conviven en este mundo dos conceptos, dos caracteres completamente diferentes que interactúan a diario. Me estoy refiriendo a la timidez y a la desfachatez. Ambos son habituales y mayoritarios, no sorprenden a nadie. Ambos deambulan en el entramado social con relativa naturalidad y ambos son interesantes de analizar. La timidez muestra muchas características aunque las causas pueden ser múltiples. La timidez dicen que es un estado anímico que afecta al individuo que la sufre en sus relaciones personales, familiares, sociales y laborales. Muchas personas que acentúan esta actitud o este comportamiento limitan indudablemente su posible desarrollo social en su rutina habitual. No está considerada como una enfermedad sino como una forma de ser. Tiene identidad propia y está asociada a millones de personas. Muchos son los teoremas publicados y orientados a superar tal sentimiento, pero parece ser que va en cierta forma intrínseco en el individuo que lo demuestra. Uno puede ser tímido por naturaleza o desarrollar ese comportamiento con el tiempo. Quizá las vicisitudes de la vida puedan hacer que se agudice esa inseguridad y que la timidez aflore como un escudo anti inconvenientes. Una forma de asegurarse el no aparecer para no sufrir. Porque da la sensación de que al tímido lo que le da pavor es mostrarse. Es una forma de inseguridad y de miedo. Un miedo que provoca la mente y que con el tiempo va atesorando poder dentro de la maquinaria del comportamiento. Una incomodidad permanente que limita la acción. Un pensamiento negativo que trae consecuencias negativas. Puede ser de naturaleza psicológica o social. Va asociada a las expectativas y a su evaluación. Con la timidez se pierde naturalidad y se pierden argumentos, se dejan de sentir multitud de sensaciones y de vivencias. La timidez aleja, persigue la soledad y permite que el miedo aumente. Combatirla es duro para quien la padece, puesto que aunque la mente ordene uno se da cuenta perfectamente de que algo dentro de sí mismo está reprimido. La timidez no permite ser uno mismo puesto que cohíbe comportamientos casi vitales. La timidez es una simple limitación que muchos individuos llevan con valentía. Muchos intentan ocultarla hasta que el momento les delata. Otros lo pregonan a los mil vientos para intentar no hacer caer las expectativas puestos en ellos de antemano. Los comportamientos humanos individuales pertenecen también al mundo social, puesto que el ser humano actúa en su medio social, sea éste como sea. Mostrarse o no tal y como uno es puede representar ciertas ventajas y ciertos beneficios pero tampoco es una apuesta segura y muchas pruebas de ello aparecen cuando personas muy tímidas consiguen aquello que se propusieron en su día. Todo ello demuestra que la naturalidad de ser tímido puede ser cierta también. La timidez como naturalidad, aunque suene un tanto incoherente puede resultar certero.

***

Desfachatez: el descaro, la desvergüenza…  

Para buscar definiciones adecuadas acerca de la desfachatez resulta complicado. En cada país se pondrían diferente sinónimos para dar a entender lo que se quiere decir cuando se nombra dicho término. La desfachatez también nos acompaña de forma natural en nuestra vida diaria. Estamos acostumbrados a vivirla en primera persona, a aguantarla, a soportarla y casi casi a resignarnos con su presencia. La desfachatez puede ser el antónimo de la timidez, pero con un efecto contrario. Cuando alguien se pasa de de anti tímido se convierte fácilmente en un descarado. El descaro está mal visto por regla general. Es una forma de perder las formas y la insolencia y el atrevimiento están muy cerca de ese comportamiento. Hay gente que no tiene reparos en comportarse descaradamente. Su desfachatez está incorporada a su carácter de forma natural como le pasa al tímido con su timidez. Al descarado no le importan las apariencias, ni la vergüenza ni el qué dirán. Actúa tal y como comprende que es natural, aunque puede ser también de forma provocativa, ya sea para que hablen de él o para acumular un protagonismo del que carecería de no actuar de tal forma. El insolente suele serlo por carácter. Puede controlarse y serlo menos de vez en cuando pero en cualquier momento podrá mostrarse así porque está en sus genes. Aunque veamos varios sinónimos en la desfachatez, vemos que cada uno tiene unos parámetros distintos. No pensamos lo mismo del descarado que del insolente, ni del sinvergüenza que del cínico. Actuar con desfachatez está muy de moda en los últimos tiempos. Y la desfachatez puede ir acompaña de otros recursos o aderezos, ya sean mentiras, medias verdades, cinismo, sarcasmo o una falta absoluta de vergüenza por lo que se dice o por lo que se hace, sin miedo a nada, actuando como si no pasara nada. Porque quizá esa es la esencia de todo ello: no pasa absolutamente nada por actuar con desfachatez. Te pueden calificar de lo que sea pero tú seguirás actuando de la misma manera puesto que no está penado ni castigado, y como muchos han visto una mina de oro en ese comportamiento continúan y mejoran sus tácticas para llegar a convertirse en auténticos profesionales de la desfachatez. Uno podría pensar que en determinados momentos y cruzando ciertos límites uno puede llegar a detenerse quizá no con algo de vergüenza pero sí quizá con miedo a que demasiada ambición le trastoque los planes que tenía previamente establecidos y preparados. Todos reconocemos palabras que están relacionadas con este tipo de comportamiento: desplante, impertinencia, osadía, impudicia, descompostura, etc. Todas indican un grado de valentía a la hora de encarar cualquier cosa en la vida pero también, si se pasan aquellos límites anteriormente citados, puede convertirse todo ese comportamiento en un arma contra el que lo utiliza. Porque no está nada mal tener empaque en la vida, adelantarse, deslenguarse si es preciso, decir lo que se piensa y en cualquier momento, pero si todo eso no se hace en su justa medida puede ser que sobrepasemos la línea de seguridad, esa en la que el interlocutor pasa a la defensiva y aborta nuestros objetivos.

“Cuando se nos pregunte en la vejez,

¿qué es la conducta?

responderemos: tres cuartos de nuestra existencia”

(Matthew Arnold)

***

Si a cada uno de nosotros nos tocara elegir entre ser tímido o descarado optaríamos por una de las dos. Cada uno se engloba en las características de cada ejemplo y cada uno es capaz de fijarse en sí mismo hacia una u otra dirección. Hay algunos que dirían que en determinados momentos son muy tímidos y que en determinados momentos son muy descarados. El punto medio entre sentirse tímido o descarado puede ser muy relativo. También habría que analizar porqué en algunos casos o secuencias de la vida uno se demuestra muy valiente y dice lo que piensa y en otras circunstancias se lo piensa más de una vez. Puede ser que los factores sean momentáneos y que no haya un patrón de comportamiento. La mente actúa y nos arrastra irremediablemente hacia la naturalidad, sea como sea. La timidez puede ser una actitud a tener en cuenta en determinados momentos, aunque no sea natural. Puede salvarnos de algún que otro problema siempre y cuando sepamos administrarla. Se dice que todos somos un poco tímidos y un poco descarados. A veces solemos disimular la timidez, quizá porque depende del momento podemos vernos inferiores, inseguros o menos competentes que los que nos rodean. Aunque no hay que confundir la timidez con la precaución. Lo que está claro es que tenemos que relacionarnos de una forma u otra y quizá el atreverse o no a según qué puede definirnos como personas. Algunos atacan los conflictos y otros los contemplan desde la lejanía. Para descubrirnos realmente a nosotros mismos deberíamos lanzarnos al vacío de vez en cuando para ver nuestras reacciones más naturales y para comprendernos mejor, para darnos cuenta de que todo no es negro ni blando y que las tonalidades siguen apareciendo día a día. Sorpresas y malas experiencias aparecerán igual porque forman parte de la vida. No podemos amedrentarnos por ello. Debemos ser fieles a nuestras propias sensaciones y actuar de acuerdo a ellas. No es tanto hablar de valor sino de personalidad. Pensar y actuar. Reaccionar y analizar. Secuencias básicas para otorgarnos el beneficio de la duda. Nada es lo parece ni mucho menos.

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comentarios
  1. La timidez : el temor de la gente, algunos se preocupan por ellos mismos y la impresión de los otros … otros tienen miedo de decir algo equivocado y ofender otros … son personas, con un agudo sentido de la autocrítica. Lo contrario de las personas extrovertidas, que dicen lo que sienten sin reparo alguno, y sin darnos cuenta, esa necesidad de atreverse a actuar según su naturaleza, su esencia humana, casi siempre va acompañada por una experiencia de timidez negativa: No veo esto como un mal, sólo hay que buscar el equilibrio.

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  2. Javier dice:

    Desgraciadamente la desfachatez esta ganando terreno, junto a la ignorancia y el atrevimiento
    ( que siempre van juntas ) y para encontrarse a un timido en la calle tienes que pasar primero por una docena de groseros, sin clase ni educacion que se mueven a sus anchas por el mundo pisoteando y abusando, alardeando de su zafiedad, sin ni plantearse por un momento que lo que hacen no esta bien, o mal, ya que palabras como educacion o respeto no estan en su diccionario, ni siquiera las conocen. Cada vez que me encuentro con un timido, me alegro, gracias a dios, este individuo sera caldo de cultivo ideal para concebir un ser humano.
    Javier

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