Dead man walking

Publicado: 23 de septiembre de 2012 en Cine
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“La pena de muerte es signo peculiar de la barbarie”

(Víctor Hugo)

***

Desde que el hombre es hombre las ganas de matar no se han eliminado nunca. Matar por matar, matar por salvarse, matar en defensa propia, matar por argumentos, matar porque hay guerra, matar porque sí, matar porque es el enemigo, matar sin razón, matar como placer. Matar ha sido, es y será un fenómeno de masas. Y es muy humano. No hace falta imaginar ninguna fiera salvaje que mata para alimentarse. El hombre mata y mata y no deja de matar. No se cansa. Con el paso de los siglos lo que parecía salvajada se convirtió en canallada para dar paso a la legitimidad. Ahora se mata en nombre de Dios, de Alá, en nombre de la patria, de la bandera, del petróleo, de la seguridad del estado, se mata incluso por si acaso alguien se atreve a matarme antes de tener la certeza de que ese alguien iba a intentarlo. Se mata por dinero o sin causa.

De un tiempo a esta parte la discusión acerca de la pena de muerte está en la calle de muchos países. Unos abogan porque sí y otros porque no. Dead man walking (Pena de muerte) es una historia real, basada en el libro de la hermana Helen Prejean. La religiosa fue la consejera espiritual de Patrick Sonnier, un homicida sentenciado a muerte en el estado de Luisiana en 1982 por asesinar a dos adolescentes. De toda la relación que tuvo con él desarrolló su libro, un testimonio emotivo, espiritual y verdadero, que conmovió a la sociedad hasta el punto de hacer meditar sobre el sistema judicial criminal estadounidense.

“La pena de muerte se convierte en un espectáculo

y en un motivo de compasión desdeñosa para algunos;

ambos sentimientos ocupan más el ánimo de los espectadores

que no el saludable temor que pretende inspirar la ley”

(Cesare Beccaria)

***

Todo comenzó cuando Helen aceptó trabajar en un proyecto de apoyo a condenados a muerte en todo el país. Su primer trabajo fue precisamente cartearse con Sonnier. Siempre confesó no saber nada acerca de ese hombre, lo único que conocía era que estaba condenado a muerte, por lo que pensó que si estaba condenado a muerte seguramente sería pobre y aceptó porque ella servía a los pobres. Tim Robbins se encargó de dirigir la película y contó para ella con su mujer Susan Sarandon (en el papel de la hermana Helen) y a Sean Penn haciendo de Mattew Poncelet, que sería el papel que describiría a Patrick Sonnier.

El libro no presentaba rasgos de familiarizarse con el condenado de manera romántica, aunque viendo la película parece lo contrario. Ella buscaba exponer los hechos, la angustia, el dolor y el sufrimiento de todos los que tienen que ver en el entramado maquiavélico de la pena de muerte. En su historia aparecían los criminales, las víctimas, los familiares de las víctimas, los guardias de las cárceles y los ejecutores, pero también la sociedad entera. Su conclusión era clara: la pena de muerte era una injusticia tremenda.

En la película se mostraban dos tendencias claramente diferenciadas: por un lado todas aquellas personas que están a favor de que se cumpla la pena de muerte; y por el otro lado, todas aquellas personas que piensan que no se debe ejecutar a nadie. Trata Robbins de aproximarse a la angustia y al sufrimiento de los familiares que creen que con la ejecución del asesino pueden recobrar la normalidad de sus vidas, aunque eso no suceda nunca. También da la visión en favor de la pena de muerte de todos los trabajadores de la cárcel, totalmente  a favor de esta clase de práctica. Cada uno con sus razones pero con sus ideas. La otra tendencia, la de la defensa del reo y de la oposición a ejecutarle tan sólo se muestra en la imagen de la hermana y en el abogado defensor.

“Cuanto más estudiamos la cuestión,

tanto más estamos obligados a afirmar que la sociedad, en sí,

es responsable de las acciones antisociales cometidas en medio de ella;

y que ningún castigo, ninguna cárcel y ningún verdugo puede disminuir el número de tales hechos;

solamente puede hacerlo una reorganización de la sociedad misma”

(Piotr Kropotkin)

***

Película que estuvo nominada a 4 Oscar pero que sólo ganó uno: a la de Mejor Actriz (Susan Sarandon). Quizá la película se puede hacer larga y un poco lenta, pero no deja de impresionar. Es emocionante y muy real. Los actores aportan lo suyo y el director hizo un estupendo trabajo. Se transmite la angustia por todos los lados, al igual que el odio acumulado. Pero se siente sobre todo el instinto de venganza que prevalece en la mente humana. Todo parece ser una cuestión de ojo por ojo. Sarandon se salió en la interpretación de la hermana Helen, dándole aroma a empatía terrible y a un alegato por la vida más allá de los crímenes del pasado. El espectador, sin querer, se somete a juicio, y debe tomar partido, no es cuestión de ver y de disfrutar, se trata de entrar en la historia y tomar elección. Decidir sobre qué lado se está y sobre qué lado se siente.

Todos sufren. Nadie se salva del rencor, de la angustia y de la tristeza. Una historia dura que nos hace reflexionar sin duda sobre un hecho que anida todavía en muchos países del mundo. La ira humana que ataca la tolerancia, la ternura y el perdón. Porque también trata del perdón. Y no saber perdonar consigue que la angustia perdure con el paso de los años. Arrepentirse también forma parte del juego. Por lo menos el que se arrepiente salva el alma, aunque luego pueda ser ejecutado. Parece que la conclusión es conseguir la paz espiritual, sobre todo consigo mismo, se esté del lado que sea. Una película inteligente, sensible y abierta a opinión. Que se deja ver, escuchar y pensar.

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