La Independencia mexicana

Publicado: 16 de septiembre de 2012 en Historia
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Habría que comenzar comentando que la política española con respecto a todas sus conquistas fuera de sus fronteras se podría adjetivar con una sola palabra: explotación. No hay que ser un gran historiador para darse cuenta de que la corona española vio en ese llamado Nuevo Mundo la gallina de los huevos de oro, un tesoro interminable desde el cual poder financiar las eternas guerras que realizaba en Europa, además de garantizar una vida de lujo para la nobleza y poder llevar el cristianismo a nuevos territorios, construyendo iglesias, palacios y monasterios tanto en España como por toda América. La corona creó leyes que le garantizaban una quinta parte de todo el oro que llegara de América. De ahí que también los conquistadores, los soldados y los colones vieran grandes posibilidades de futuro y de enriquecerse fácilmente y en poco tiempo. En México, durante el siglo XVIII, algunos de ellos habían amasado grandes fortunas gracias a la minería, al comercio y a la agricultura. Todos ellos poseían grandes haciendas y explotaban a todos sus trabajadores.

La ciudad de Querétaro se convirtió en un hervidero de criollos que fraguaron una rebelión contra el gobierno español. El padre Miguel Hidalgo la desencadenó desde su propia parroquia de Dolores el 16 de septiembre de 1810, fecha que ha quedado como fiesta nacional mexicana. Pero el camino hacia la independencia fue muy duro. El resultado fueron más de once años de lucha entre independentistas y realistas, así como la muerte de muchos de los líderes rebeldes. En 1821, el general rebelde Agustín de Iturbide se reunió con el nuevo virrey español Juan O’Donojú en Córdoba y ambos acordaron los términos para la independencia mexicana. Pero los siguientes años y las siguientes décadas del país como nación independiente no fueron un camino de rosas, todo lo contrario. Hubo mucha inestabilidad política y acabó en una represión tan grave que se convirtió en una revolución social. Es cuando apareció la lucha entre conservadores y liberales.

De todos los personajes históricos de esa época sólo uno de ellos era liberal: Benito Juárez. Los otros dos, Antonio López de Santa Anna y Porfirio Díaz comenzaron siendo liberales para acabar convirtiéndose en conservadores. Fue un momento duro para el país que vio como entre 1921 y mediados de la década de 1860 fue invadido por tres países, lo que condujo a perder grandes extensiones de territorio a manos de Estados Unidos y una época en la que vivió más de cincuenta cambios de presidente. Ninguno de ellos y ningún gobernante importante se preocupó por fomentar la educación ni la economía. El resultado de todo ello fue el aumento imparable de la corrupción. Todos los gobernantes que se fueron sustituyendo unos a otros fueron casi todos de origen español.

Uno de los personajes de la época fue el militar Santa Anna, famoso por haber derrotado a una pequeña fuerza invasora española en Tampico en 1829 y que dos años más tarde derrocó al presidente Anastasio Bustamante para ser elegido presidente en 1833, aunque si es conocido en la historia mexicana fue por su derrota a manos de EEUU en la famosa batalla de Texas en 1836 y sus pérdidas de territorio en la guerra de 1848 también a manos estadounidenses. Concluyó vendiendo las últimas zonas que poseía México en Nuevo México y Arizona por 10 millones de dólares, conocido con el nombre de Tratado de Gadsden en 1853. Ese hecho provocó la revolución de de Ayutla que echó a Santa Anna del poder.

Curiosamente, justo después, fue un indígena de Oaxaca, quien protagonizó el papel determinante en la historia mexicana. Su nombre era Benito Juárez. Miembro del nuevo gobierno liberal en 1855 impulsó la era conocida como Reforma, con la intención de desmantelar el estado conservador asentado en México. Fue nombrado presidente en 1861. Tras la invasión por parte de Francia tuvo que exiliarse con su gobierno a distintas provincias recuperando el control en 1866. Su ambición se vio contemplada con el programa de reformas económicas y educativas. Promulgó la escolarización obligatoria, construyó el ferrocarril en la capital y Veracruz y creó el cuerpo de Rurales (fuera policial rural) para asegurar el transporte de mercancías por todo el territorio mexicano. Por todo ello, Juárez es una de las pocas figuras históricas mexicanas que goza de una reputación intacta. Su lema era : ‘El respeto al derecho ajeno es la paz’.  

A Juárez le sustituyó Porfirio Díaz, quien gobernó 31 años entre 1876 y 1911. A este período se le conoce con el nombre de Porfiriato. Díaz fue el encargado de llevar a México a la era industrial, promovió numerosas obras públicas, líneas telefónicas y telegráficas, y una red ferroviaria muy notable. Libró al país de muchas guerras civiles. Por el contrario, prohibió la oposición política, las elecciones y la libertad de prensa. Despojó a los campesinos de sus derechos a sus tierras y los trabajadores se vieron en unas condiciones laborales terribles. El país se mantuvo en paz gracias a la acción del ejército y del cuerpo de Rurales, que ya se convirtieron en amenazas temibles para el pueblo. La tierra y la riqueza quedaron en manos de unos cuantos, una pequeña minoría. Todo eso provocó la revolución mexicana de 1910.

Esta revolución es conocida por los mexicanos como ‘la Bola’. No fue una lucha entre bandos definidos, tampoco entre facciones políticas. Hubieron constantes alianzas entre fuerzas y líderes de todas las tendencias políticas. Fue una década de anarquía y violencia que supuso la muerte de un millón de personas. En total supuso la pérdida de un 10% de la población total. Los conservadores fueron desbancados por reformistas y revolucionarios pero estos dos bandos nunca se pusieron de acuerdo. No se pudieron obtener gobiernos estables. Se cambió de una dictadura de Porfirio Díaz a un gobierno radical. Francisco Madero, un rico liberal de Coahuila fue encarcelado por Díaz para evitar que pudiera ganarle en las elecciones de 1910. Cuando fue liberado intentó alzar a la nación y consiguió que se creara una rebelión que se extendió por todo el país. Díaz dimitió en 1911 y Madero fue elegido presidente.

Pero Madero fue incapaz de apaciguar los ánimos de las facciones en lucha. Se crearon dos bandos bien diferenciados; por un lado, los reformistas liberales, liderados por el propio Madero; y por otro lado, un grupo de líderes más radicales, en el cual estaba al frente Emiliano Zapata, quien luchaba por el traspaso de las tierras de las haciendas a los campesinos con el famoso grito de: ‘Tierra y libertad’. En 1913, Madero fue derrocado por Victoriano Huerta, uno de sus generales que se pasó al bando de los conservadores. Madero fue ejecutado y Huerta se convirtió en presidente. Tres líderes del norte se unieron en su contra, conocida esta unión como el Plan de Guadalupe. Estos líderes eran Venustiano Carranza, Pancho Villa y Álvaro Obregón. Zapata nunca dejó de luchar contra Huerta. Pero, como siempre había ocurrido, volvieron a estallar combates entre las facciones vencedoras. Por un lado Carranza y Obregón lucharon contra Zapata y Villa. Aunque estos dos últimos nunca llegaron a firmar un acuerdo tácito de unión, con lo cual Carranza acabó venciendo. Los zapatistas reclamaron reformas en el estado de Morelos pero Carranza ordenó asesinar a Zapata en 1919. Un año después el mismo Carranza fue asesinado por orden de Obregón, su antiguo aliado. Pancho Villa fue asesinado en 1923. El resultado de diez años de batallas sin fin fue un reguero de muertes, pobreza, un país asolado y una economía en bancarrota.

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