Trainspotting

Publicado: 19 de julio de 2012 en Cine
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Danny Boyle nació en Manchester (Inglaterra) en octubre de 1956. Ha sido y es director y productor de cine. Hijo de emigrantes irlandeses católicos, dirigió películas desde el comienzo de la década de los 90, con títulos como ‘Shallow grave‘ (1994), ‘A life less ordinary’ (1997), ‘La playa’ (2000), ’28 días después’ (2002), ‘Millones’ (2004), ‘Sunshine’ (2007) o ‘Slumdog millionaire’ (2008), ésta última le ayudó a conseguir el Oscar a mejor director.

Boyle estudió en la Universidad de Gales y tuvo reconocimiento en Gran Bretaña cuando comenzó a producir series para la televisión británica. No tuvo reconocimiento internacional hasta que dirigió ‘Trainspotting’, tras la cual creyó que podría conseguir mejores apoyos de producción para relanzar su carrera, lo que no fue así. La única oferta grande que consiguió fue para el cuarto capítulo de la saga ‘Alien’. Tuvo que reinventarse en películas de poco presupuesto que no llevó al ansiado éxito. Tampoco consiguió grandes taquillas. Su amigo y colaborador desde sus inicios, Ewan McGregor, le sugirió adaptar la novela ‘The beach’, y aunque le prometió el papel protagonista al propio McGregor, luego se dio cuenta de que la productora norteamericana ya tenía apalabrado el papel con Leonardo di Caprio. La situación se volvió un tanto dantesca porque los medios británicos se hicieron eco y antes de que pudiera explicarle la historia real a su amigo provocó que nunca más trabajaran juntos.

Irvine Welsh nació en Edimburgo (Escocia) en septiembre de 1958. Con su primera novela ‘Trainspotting’ tuvo un éxito increíble y rápido, un extraordinario reconocimiento que llevó a la adaptación de la novela por parte del propio Boyle. Incluso formó parte del elenco de actores secundarios de la película. Dejó muy joven la escuela, a la edad de 16 años, cambiando de trabajo durante muchos años y dedicándose a múltiples oficios, hasta que decidió emigrar a Londres gracias a la influencia que tenía en él el movimiento punk. A finales de los 80 regresó a su Escocia natal y trabajó para el Edinburgh District Council mientras que acabó graduándose en la universidad y se dedicaba a la literatura en sus ratos libres.

Sus novelas tienen una característica propia, y no es otra que compartir personajes entre ellas, creando un universo propio dentro de su literatura personal. Trainspotting le llevó a la fama por narrar de forma cruda y pura la historia de un grupo de yonquis escoceses que deciden emigrar a Londres para prosperar. Los protagonistas son diferentes entre sí pero están unidos por las circunstancias de precariedad y poco aliento de cara al futuro. El mismo protagonista principal rechaza la sociedad burguesa tradicional y se declara amoral, pero su amarga experiencia con la droga y las historias paralelas de sus amigos le hacen evolucionar en busca de algo mejor. Reconoce que para salvarse de la autodestrucción tiene que ir a buscar los valores burgueses que antes rechazaba y que para romper con su pasado debe romper con su grupo de amigos que no hacen otra cosa que detenerle en su propia búsqueda personal.

La película comienza con acción pero con pensamiento. El mismo protagonista comenta en voz alta que él es diferente a toda esa gente que escogió una vida, esa vida de hijos, de estabilidad económica y posesiones materiales que den ‘felicidad’ a la vida. Pero él, como sus amigos de banda, eligieron su relación con la heroína. Y el elenco de amigos también está bien buscado; por un lado, está el artista y amoral por naturaleza, el bien parecido y atleta, el ingenuo y el violento y sociópata. Todos ellos logran crear unos personajes creíbles y fuera de toda duda. Comenzando con Ewan McGregor que borda su papel protagonista y acabando por Robert Carlyle, que acaba dando miedo por su caracterización tan increíble del violento fuera de sí durante toda la película. La aspiración de estos amigos es drogarse, inyectarse heroína y desaparecer momentáneamente de su realidad, de su baja autoestima y de disperso entorno.

La película se adentra en las curas de autosalvación personales continuas, su abstinencia que no tiene cura, su esfuerzo por salir del pozo y su ambición por conseguir lo que él cree que necesita para lograr enfrentarse a su futuro, a pesar de la influencia negativa de sus amigos. Recibe la ayuda de su familia para que salga del laberinto de depresión y autodestrucción, pero es difícil. Trasladarse a Londres puede ser la solución y comenzar desde cero, trabajando en una agencia inmobiliaria puede ser el comienzo del cambio. Ahí comienza a disfrutar de la vida como tal, a ahorrar dinero, a ganarse el afecto de sí mismo, pero sus amigos serán su caos de nuevo. Uno comete un robo y se instala en su casa londinense para esconderse de la policía. Todos acaban encontrándose en su apartamento, convertido de la noche a la mañana en una pesadilla sin control en absoluto. La muerte de un amigo por sobredosis les hará regresar a Edimburgo para su funeral.

La búsqueda final no será otra que salir corriendo de esa vida y del entorno de sus amigos. Una filosofía recorre toda la trama, la pregunta esencial de la vida de cualquier individuo: si vale la pena o no elegir un modelo de vida. Se plantean muchos pensamientos contradictorios, muchas dudas al respecto, es complicado llevar una vida normal, al igual que es complicado llevar el caos como forma de vida. Ser drogadicto te libera de algunas ‘cargas’ marcadas por la sociedad, como puede ser la familia, la pareja, el trabajo, no tiene responsabilidades, ni moral, su única preocupación es cómo conseguir dinero para costear su adicción. No hay estrés alternativo, no hay controversias de vida y todo se reduce a un nivel y una vida bastante individual. Pero si uno piensa y medita se da cuenta indudablemente de que no se puede seguir por ese camino a no ser que uno quiera su propia destrucción.

Una historia real y cruda que desata las pasiones de un heroinómano y que describe a la perfección su angustia y su poder de autodestrucción. Una película que provocó la crítica de muchos sectores de la sociedad, que causó controversia en su momento y que fue denunciada por decir que fomentaba la drogadicción en los jóvenes de todo el mundo. Pero fue un bombazo y un gran estreno, ambientada en una gran estética emergente, que generó fans por su contenido social y personal y que fue felicitada por su humanidad con el tema tan contradictorio como el de las drogas. El título del libro de Welsh tiene un doble significado; por un lado hace referencia al momento en que los protagonistas utilizan la estación de trenes para hacer sus necesidades ante lo cual un borracho que transita dicha estación pregunta si están haciendo ‘trainspotting’; por otro lado se refiere al término anglosajón que utiliza la expresión ‘trainspotting’ para referirse a la afición de observar trenes pasar y, cómo no, ‘trainspotting’ significa en argot buscar una vena para inyectarse droga.

Se puede decir que ya es una película de culto de la década de los 90. Boyle ya ha anunciado y prometido que tiene la intención de estrenar la segunda parte de la historia, pero que para ello necesita que los mismos actores envejezcan naturalmente. Será, sin duda, un estreno esperado.

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