La personalidad

Publicado: 15 de julio de 2012 en Artículos
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“Condiciones de vida difíciles son indispensables

para forjar la la personalidad humana”

(Alexis Carrel)

***

Todos creemos tener personalidad. Una concreta, personal, única y diferente al resto de los que nos rodean. Todos creemos poseer rasgos personales que inciden en nuestro comportamiento para mostrarnos distintos. Muchas veces se dice que hay personas que carecen de personalidad, cuando damos por hecho que cada quien tiene la suya propia. Podría ser un contrasentido aunque lo cierto es que hay personalidades que sobresalen por encima de otras. Otras, en cambio, carecen de carisma, al menos de un mínimo carisma que les haga poseer una pizca de atracción. Una personalidad vacía o carente de contenido la podríamos llamar.

Para muchos la personalidad puede ser una marca, un distintivo, una forma de sobresalir dentro de un conjunto, un color más o menos llamativo entre toda la gama de ellos. Puede que para algunos la personalidad consista únicamente en unos rasgos atractivos y sobresalientes. Y si la personalidad fuera eso y mucho más, o mucho menos. Qué tal si hablásemos de ella como un todo, como una esencia, un efecto, un encanto propio, una sincera muestra del alma, del pensamiento, del interior de cada uno de nosotros.

***

“En medio de lo impersonal personificado,

aquí hay una personalidad.

Aunque sólo un punto, como máximo:

de donde quiera que haya venido;

a donde quiera que vaya;

pero mientras vivo terrenalmente,

esa personalidad, como una reina,

vive en mí, y siente sus reales derechos”

(Herman Melville)

***

Pero la personalidad puede componerse de rasgos positivos y negativos. Y depende de cada quien que uno de esos rasgos relumbre por encima de los otros. Osamos a menudo interpretar la personalidad de los que están a nuestro alrededor, sin saber demasiado, sin saber ni siquiera algo íntimo o personal de esa persona en concreto. Podemos decir que parece bueno, que parece malo, que parece sincero, que parece poco fiable. Todo son apariencias, poco indagamos acerca de ‘su personalidad’. Intuiciones indecisas, vagas aproximaciones a la realidad humana pero, sin embargo, somos capaces de hacer cábalas, aspiraciones necias que desencadenan en falsos desengaños, en mentiras sin fin. Puesto que para conocer la personalidad de alguien, sea quien sea, hay que conocerlo un poco en profundidad para adentrarse en el mundo de las anunciaciones, de las opiniones con argumentos, aunque hoy en día baste con lanzar cualquier improperio sobre alguien para pensar por parte de cualquiera que conocemos a ese alguien. Todo falso. Todo bien alejado de la certeza.

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“Cada hombre contiene varios hombres en su interior,

y la mayoría de nosotros saltamos de uno a otro sin saber jamás quienes somos”

(Paul Auster)

***

¿Conocemos realmente a la gente que creemos conocer? ¿Hemos indagado sobre su verdadera personalidad? ¿Qué es lo que diferencia a un individuo de otro, o del resto? Persiste la personalidad, se combina, evoluciona, tal vez se estanca, adquiere nuevos valores, se engrandece, se multiplica, se apaga, se aparta del individuo, se distancia del yo, pervive más allá del tiempo, del momento y de la causa. Nos miramos al espejo y no indagamos sino en la superficie, más allá, en el interior, radica la esencia de uno mismo, su otro yo convertido en el auténtico, en el que a veces nosotros mismos tratamos de oscurecer, de esconder y de no mostrar. La personalidad encerrada, la exaltada, esa que nunca aparecerá, pero que estuvo, que existió en algún momento.

Pero la personalidad transita por el mismo mundo que su poseedor. Va cambiando de forma, evolucionando de un modo constante, prestada e influenciada por todas las circunstancias ajenas que se van presentando. Y aunque persiste en su existencia se divisa en distintas situaciones, según el momento y según la forma. El instinto se aferra a la personalidad para dotarla de carácter, la supervivencia la encara con su propio yo, presenta formas diferentes y se vuelve agresiva, destructiva o alegre en distintas etapas.

“Somos temerosos de lo que nos hace diferentes”

(Anne Rice)

La búsqueda, a menudo frustrada, de la auto realización es el motivo y el argumento más comunes para poder evolucionar dentro de uno mismo. Llegar a ser aunque nunca se consiga. Llegar a intentar ser aunque los obstáculos inunden el camino. La llamada teoría de la realización por el cual el individuo potencia su organismo en pos de un objetivo al que cree poder conseguir. Todos poseemos rasgos que nos identifican, algunos sobresalen más que otros y por eso la ansiedad, la tristeza, la sociabilidad, la agresividad o la empatía destacan por encima de otros aspectos. Pero es complicado acertar con la personalidad de cualquier individuo, además tampoco sería emocionante conocerla a fondo. Se trata de un proceso en continuo cambio que está expuesto a todas las vicisitudes que el entorno pueda depararle y, por lo tanto, tiende a ser variable.

Según los especialistas en la materia el individuo puede englobarse en cinco diferentes categorías de la personalidad. Serían la extroversión, la afabilidad, la dependencia, la estabilidad emocional y la cultura o inteligencia. Hay rasgos que predominan en nuestra personalidad, eso es indudable. Pero hay incógnitas: ¿el ser humano mantiene una conducta persistente y estable? No lo creo. Cómo se puede medir la personalidad. Es como medir la inteligencia. Simplemente son rasgos difíciles de medir. No deseamos conocer la personalidad de otro, su mejor cara, sino que deseamos averiguar la conducta típica de ese sujeto, como si eso fuera suficiente para hacernos una idea de su forma de ser. Sólo hay que ver que a la personalidad se le caracteriza y se le representa con el símbolo de una máscara. Algo penetrable pero indeciso, algo opaco que nos cierra la puerta a la verdad. Nuestra identidad por encima de todo, nuestros propios símbolos y características. Mostrar más y mejor todo eso puede resultar inequívocamente atractivo además de ser muy muy recomendable para que los demás lleguen a conocernos un poco mejor, aunque nunca del todo.

comentarios
  1. Nick dice:

    En cierta manera como dice la siguiente frase,
    “La personalidad está determinada en gran medida por los genes”,de Hans Eysenck, creo que
    “Los pensamientos son los ladrillos con los que has de construir el edificio de tu personalidad. El pensamiento determina el destino. El mundo que te rodea es el reflejo de tus propios pensamientos”,como bien dice Swami Sivananda.

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