Diario de pensamientos : Multinacionales

Publicado: 20 de mayo de 2012 en Diario de pensamientos
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A todo el mundo le suena ese tipo de personas, empresas y organismos que están acostumbrados al ‘todo vale’ cuando se trata de sus acciones, y que echan el grito en el cielo cuando las víctimas son, precisamente, ellos mismos. Entonces el argumento cambia por completo para pasar a ser: ‘a mí no se me puede tocar’. Es un argumento mafioso, antiguo y pasado de moda, pero hay que reconocer que sigue funcionando, y muy bien, al menos, si nos remitimos a los hechos y a los ejemplos que nos rodean alrededor del mundo. Da igual el país, da igual el lugar, las formas son las mismas y los fondos también. Están acostumbrados a actuar de una forma y no la cambian, si acaso, la perfeccionan, y se adaptan a las costumbres del lugar donde se instalen.

Me ha llamado la atención una situación aparecida en México en los últimos días. La cadena multinacional de supermercados norteamericana Wal-Mart, ubicada en México desde hace años, ha sido acusada de sobornar por cantidades superiores a 20 millones de dólares, para acelerar su expansión en el país azteca entre 2002 y 2005. Se denuncia que instauró un sistema por el cual se garantizaba que las peticiones de las autoridades mexicanas competentes, que revisan los permisos y licencias para que la empresa pueda operar en suelo mexicano, fueran debidamente satisfechas sin problemas. La compañía norteamericana ha comunicado que las imputaciones son sólo eso, imputaciones.

México es un país curioso, donde nadie conoce una multa de tráfico física porque siempre se llega a un acuerdo con el policía de tránsito de turno para que no se lleve el coche al depósito y así ahorrarte un tiempo y un dinero. Las conocidas ‘mordidas’ parecen estar amparadas hasta por el mismo gobierno, dado que no cambia el sistema de denuncias ni de actuación. Quizá esas mordidas son lo suficientemente atractivas como para aumentar el sueldo de los policías sin necesidad que lo haga el gobierno de forma oficial. El ahorro es considerable y además la sociedad continúa alimentando el mecanismo de forma espontánea y natural. Mucha gente se queja de eso y de muchas otras cosas, pero lo cierto es que la corrupción es el pan nuestro de cada día, está anclada en la cultura del país y es difícil de erradicar. Y lo más curioso es que, cuando algo tan habitual se toma como algo natural, se eche el grito al cielo luego por lo acaecido con Wal-Mart, como si sorprendiera a alguien. Si es fácil sobornar a un policía que transita las calles equis horas al día con unos cuantos pesos, más fácil será hacerlo con funcionarios o políticos de altas esferas mediante millones de dólares. No hay que ser un intelectual para entenderlo.

Las facilidades que tienen las multinacionales para instalarse en infinidad de países es algo que choca pero que ya se ha convertido en familiar. Todo son ventajas, beneficios para la ciudad, la creación de puestos de trabajo, un sinfín de provechosas situaciones que argumentándolas de forma correcta parece de estúpidos no aceptarlas. Con lo cual, imponen sus principios de empresa, sus condiciones, sus formas de trabajo y de contratación, y el gobierno de turno les hace la ola mientras van soltando dinerito. Porque no nos engañemos, el dinerito corre por todos lados y por todas partes, venga de quien venga.

Recientemente, la multinacional española Repsol YPF ha sido intervenida por el gobierno argentino. La reacción por parte de la empresa no se ha hecho esperar y no ha sorprendido, se ampara en los contratos firmados y en la regulación internacional. De cómo ha conseguido lo que ha conseguido y las diferentes maneras de tratar esos acuerdos hace años ni una palabra, evidentemente, no interesa. Ahora toca ir de víctimas, echar el grito al cielo y llorar bien fuerte para que todos los organismos internacionales acudan en su ayuda. Muchos criticarán las formas del gobierno argentino y no estarán de acuerdo en el fondo del asunto, pero si verdaderamente comienzan a investigar los pormenores del asunto también sería interesante e importante que analizara e investigaran cómo se instauraron en ese país y a qué precio. Evidentemente, muchos argumentarán que fue el gobierno argentino de esa época quien autorizó esos acuerdos, y es cierto, pero no puedo dejar de imaginar cuántos millones de dólares tuvieron la culpa y dónde se encuentran ahora mismo.

Una cosa es cierta, ni la población argentina, ni la española, ni la mexicana ni tampoco la norteamericana tienen la culpa de todos estos asuntos. Son los gobiernos, las empresas, los organismos y los intermediarios los que tienen organizadas unas mafias impresionantes alrededor del planeta y son ellos, y nadie más, los que se van repartiendo el pastel, dejando de a lado a cualquier ciudadano de cualquier parte del mundo fuera del negocio. Suena un tanto irónico que algunos se quejen cuando el viento cambia su rumbo y les perjudica. A veces hay que saber perder, aunque nunca se pierda. Una lección que deberíamos aprender todos aquellos que estamos acostumbrados a perder  y no a ganar.

De nada sirve que muchos miles de personas saquen su vena chovinista y nacionalista atacando a los ciudadanos de los otros países ‘en conflicto’, cuando verdaderamente la multinacional de turno no pertenece a ningún país en concreto, y mucho menos a los ciudadanos de ese país. Al menos en cuanto a beneficios se refiere. Porque el día que vea un euro de beneficio en mi cuenta corriente proveniente de Repsol quizá, repito quizá entonces, mueva un dedo apoyando su argumento. Pero la ignorancia y la manipulación funcionan, como funciona pellizcar el orgullo argentino por parte del gobierno de Cristina Fernández haciendo creer que luchan contra el colonialismo español en pleno siglo XXI; o por aquellos españoles que comienzar a despotricar contra todos los ‘sudacas’ que se menean amparándose en el derecho internacional. Mientras tanto, las multinacionales siguen amasando sus beneficios y buscando nuevos territorios que conquistar.

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